Menú del Antiguo Testamento
1 REYES
Capítulo 1
1 Cuando el rey David era anciano, de edad avanzada, lo cubrían con ropas,
pero no se calentaba. 2 Por tanto, sus servidores le dijeron: “Que busquen para mi
señor el rey una joven virgen, a fin de que esté en la presencia del rey, le atienda y
duerma en su seno, para que dé calor a mi señor el rey.” 3 Entonces buscaron a una
joven bella por todo el territorio de Israel. Hallaron a Abisag la sunamita y la
llevaron al rey. 4 La joven era sumamente bella. Ella atendía al rey y le servía, pero el
rey no la conoció.
5 Entonces Adonías, hijo de Haguit, se enalteció diciendo: “¡Yo seré rey!” Y se
consiguió un carro, jinetes y cincuenta hombres que corriesen delante de él. 6 En
toda su vida, su padre no le había contrariado diciéndole: “¿Por qué has actuado
así?” El era también de muy buena presencia y había nacido después de Absalón.
7 Adonías tenía tratos con Joab, hijo de Sarvia, y con el sacerdote Abiatar. Ellos
respaldaban a Adonías; 8 pero el sacerdote Sadoc, Benaías hijo de Joyada, el
profeta Natán, Simei, Rei y los valientes que tenía David no seguían a Adonías.
9 Adonías mató ovejas, vacas y ganado engordado junto a la peña de Zojélet, que
está cerca de En-rogel; e invitó a todos sus hermanos, los hijos del rey, y a todos los
hombres de Judá, servidores del rey. 10 Pero no invitó al profeta Natán, ni a
Benaías, ni a los valientes, ni a su hermano Salomón.
11 Entonces Natán habló a Betsabé, madre de Salomón, diciendo: — ¿No has
oído que reina Adonías, hijo de Haguit, sin que lo sepa nuestro señor David?
12 Ahora pues, ven, déjame darte un consejo para que salves tu vida y la vida de tu
hijo Salomón: 13 Vé, entra a la presencia del rey David y dile: “Mi señor el rey, ¿no
has jurado tú a tu sierva diciendo: ‘Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se
sentará en mi trono’? ¿Por qué, pues, reina Adonías?” 14 Mientras tú aún estés allí
hablando con el rey, he aquí que yo entraré detrás de ti y confirmaré tus palabras.
15 Entonces Betsabé entró en el dormitorio del rey. El rey era muy anciano, y Abisag
la sunamita le servía. 16 Betsabé se inclinó y se postró ante el rey, y éste preguntó: —
¿Qué quieres? 17 Ella le respondió: — Señor mío, tú has jurado a tu sierva por
Jehovah tu Dios: “Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi
trono.” 18 Pero ahora, he aquí que reina Adonías; y tú, mi señor el rey,
no lo sabes. 19 El ha matado numerosos bueyes, ganado engordado y ovejas; ha
invitado a todos los hijos del rey, al sacerdote Abiatar y a Joab, jefe del ejército;
pero no ha invitado a tu siervo Salomón. 20 Ahora bien, oh mi señor el rey, los ojos
de todo Israel están puestos en ti, para que les declares quién se ha de sentar en el
trono de mi señor el rey, después de él. 21 De otra manera, acontecerá que cuando
mi señor el rey repose con sus padres, mi hijo Salomón y yo seremos tenidos por
culpables. 22 Y he aquí, mientras ella todavía hablaba con el rey, llegó el profeta
Natán. 23 E informaron al rey diciendo: — El profeta Natán está aquí. Cuando él
entró a la presencia del rey, se postró a tierra sobre su rostro ante el rey.
24 Entonces dijo Natán: — Mi señor el rey, ¿has dicho tú: “Adonías reinará después
de mí, y él se sentará en mi trono”? 25 Porque hoy ha descendido y ha matado
numerosos bueyes, ganado engordado y ovejas. Ha invitado a todos los hijos del
rey, a los jefes del ejército y al sacerdote Abiatar. He aquí, ellos están comiendo y
bebiendo ante él, y han dicho: “¡Viva el rey Adonías!” 26 Pero no me ha invitado a
mí, tu siervo; ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaías hijo de Joyada, ni a tu siervo
Salomón. 27 ¿Ha sido ordenado este asunto por mi señor el rey, sin haber informado
a tu siervo quién se habría de sentar en el trono de mi señor el rey, después de él?
28 Entonces el rey David respondió diciendo: — Llamadme a Betsabé. Ella entró a
la presencia del rey y se puso de pie delante de él. 29 Y el rey juró diciendo: —
¡Vive Jehovah que rescató mi alma de toda adversidad, 30 que como yo te he jurado
por Jehovah Dios de Israel, diciendo: “Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él
se sentará en mi trono en mi lugar”, ciertamente así lo haré en el día de hoy!
31 Entonces Betsabé se inclinó con el rostro a tierra y se postró ante el rey, diciendo:
— ¡Viva para siempre mi señor, el rey David!
32 Y el rey David dijo: — Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y a
Benaías hijo de Joyada. Ellos entraron a la presencia del rey, 33 y el rey les dijo: —
Tomad con vosotros a los servidores de vuestro señor, haced montar a mi hijo
Salomón sobre mi mula y hacedle descender a Guijón. 34 El sacerdote Sadoc y el
profeta Natán lo ungirán allí rey de Israel. Luego tocaréis la corneta y diréis “¡Viva el
rey Salomón!” 35 Después subiréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi
trono, y él reinará en mi lugar; porque a él le he designado para que sea el soberano
de Israel y de Judá. 36 Benaías hijo de Joyada respondió al rey diciendo: — ¡Amén!
Así lo diga Jehovah, Dios de mi señor el rey. 37 De la manera que Jehovah ha estado
con mi señor el rey, así esté con Salomón y engrandezca su trono más que el trono
de mi señor, el rey David. 38 El sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaías hijo de
Joyada, los quereteos y los peleteos descendieron e hicieron montar a Salomón
sobre la mula del rey David y lo condujeron a Guijón. 39 Entonces el sacerdote
Sadoc tomó del tabernáculo el cuerno de aceite y ungió a Salomón. Luego tocaron
la corneta, y todo el pueblo gritó: — ¡Viva el rey Salomón! 40 Después todo el
pueblo subió tras él. La gente tocaba flautas y se regocijaba con tal regocijo que la
tierra se partía con el estruendo de ellos.
41 Cuando habían acabado de comer, Adonías lo oyó, junto con todos los
invitados que estaban con él. Y al oír Joab el sonido de la corneta, dijo: — ¿Por qué
se alborota la ciudad con bullicio? 42 Mientras él aún hablaba, he aquí que llegó
Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar; y Adonías le dijo: — Entra, porque tú eres
hombre valeroso y traerás buenas noticias. 43 Jonatán respondió y dijo a Adonías:
— Al contrario; porque nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón. 44 El
rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, a Benaías hijo de
Joyada y también a los quereteos y a los peleteos, los cuales le han hecho montar
sobre la mula del rey. 45 El sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo han ungido rey en
Guijón. De allá han subido con gran regocijo, y la ciudad está llena de bullicio. Este
es el alboroto que habéis oído. 46 Además, Salomón se ha sentado en el trono real.
47 También los servidores del rey han ido a congratular a nuestro señor el rey David,
diciendo: “¡Tu Dios haga el nombre de Salomón más ilustre que tu nombre y
engrandezca su trono más que el tuyo!” El mismo rey ha hecho reverencia desde su
cama, 48 y el rey también ha hablado así: “¡Bendito sea Jehovah Dios de Israel, que ha
dado hoy quien se siente en mi trono, y que mis ojos lo vean!” 49 Entonces todos los
invitados que estaban con Adonías se estremecieron, se levantaron y se fueron, cada
uno por su camino. 50 Pero Adonías, temiendo a Salomón, se levantó y fue a asirse de
los cuernos del altar. 51 E informaron a Salomón diciendo: — He aquí que Adonías
tiene miedo del rey Salomón, y se ha asido de los cuernos del altar, diciendo: “¡Que me
jure ahora el rey Salomón que no matará a espada a su siervo!” 52 Entonces Salomón
dijo: — Si demuestra ser un hombre digno, ni uno de sus cabellos caerá en tierra; pero
si se halla maldad en él, morirá. 53 El rey Salomón mandó que le hicieran bajar del altar.
El vino y se postró ante el rey Salomón. Y Salomón le dijo: — Vete a tu casa.
Capítulo 2
1 Cuando se acercaban los días de la muerte de David, mandó a su hijo
Salomón diciendo: 2 “Yo me voy por el camino de todo el mundo. Tú, esfuérzate y
sé hombre. 3 Guarda lo que Jehovah tu Dios te ha encomendado, para andar en sus
caminos y guardar sus estatutos, sus mandamientos, sus decretos y sus testimonios,
como está escrito en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todo lo que hagas y
en todo lo que emprendas; 4 a fin de que Jehovah cumpla su promesa que hizo
acerca de mí, diciendo: ‘Si tus hijos guardan sus caminos andando delante de mí con
fidelidad, con todo su corazón y con toda su alma, jamás te faltará un hombre sobre
el trono de Israel.’ 5 “ También tú sabes lo que me hizo Joab, hijo de Sarvia: lo que
hizo a dos jefes del ejército de Israel, a Abner hijo de Ner y a Amasa hijo de Jeter,
a quienes mató derramando sangre de guerra en tiempo de paz y poniendo sangre
de guerra en el cinturón que llevaba sobre sus lomos y en el calzado que tenía en sus
pies. 6 Tú harás conforme a tu sabiduría; no dejarás que sus canas desciendan en paz
al Seol. 7 “ Pero mostrarás benevolencia a los hijos de Barzilai el galadita. Que ellos
estén entre los que comen a tu mesa, porque se pusieron a mi lado cuando yo iba
huyendo de tu hermano Absalón. 8 “ He aquí, tienes contigo a Simei hijo de Gera, el
benjaminita de Bajurim, quien me maldijo con una cruel maldición el día que yo iba a
Majanaim. Pero cuando él mismo descendió a recibirme al Jordán, le juré por
Jehovah diciendo: ‘No te mataré a espada.’ 9 Pero ahora no lo absolverás. Puesto
que tú eres un hombre sabio, sabrás lo que debes hacer con él; harás descender sus
canas con sangre al Seol.” 10 Entonces David reposó con sus padres y fue sepultado
en la Ciudad de David. 11 El tiempo que David reinó sobre Israel fue de 40 años. En
Hebrón reinó 7 años, y en Jerusalén reinó 33 años.
12 Salomón se sentó en el trono de su padre David, y su reino fue firmemente
establecido. 13 Entonces Adonías, hijo de Haguit, fue a Betsabé, madre de Salomón,
y ella le preguntó: — ¿Es pacífica tu visita? El respondió: — Es pacífica. 14 — Y
añadió — : Tengo que decirte algo. Ella dijo: — Habla. 15 El dijo: — Tú sabes que
el reino era mío y que todo Israel había puesto la mirada en mí, para que yo reinara.
Pero el reino cambió de manos y pasó a ser de mi hermano, porque por
determinación de Jehovah era suyo. 16 Ahora, yo te hago una petición; no me la
niegues. Ella le dijo: — Habla. 17 Entonces él dijo: — Por favor, habla al rey
Salomón, porque él no te lo negará, para que me dé por mujer a Abisag la sunamita.
18 Y Betsabé dijo: — Bien, yo hablaré al rey por ti. 19 Betsabé fue al rey Salomón
para hablarle a favor de Adonías. El rey se levantó para recibirla y le hizo
reverencia. Volvió a sentarse en su trono e hizo poner una silla para la madre del
rey, quien se sentó a su derecha. 20 Entonces ella dijo: — Te haré una pequeña
petición; no me la niegues. El rey le dijo: — Pide, madre mía, que no te la negaré.
21 Ella dijo: — Que Abisag la sunamita sea dada por mujer a tu hermano Adonías.
22 El rey Salomón respondió y dijo a su madre: — ¿Por qué pides a Abisag la
sunamita para Adonías? ¡Pide también el reino para él, porque es mi hermano
mayor, y además tiene de su parte al sacerdote Abiatar y a Joab, hijo de Sarvia!
23 Entonces el rey Salomón juró por Jehovah diciendo: — ¡Así me haga Dios y aun
me añada, que Adonías ha hablado estas palabras contra su propia vida! 24 Ahora
pues, vive Jehovah que me ha confirmado, me ha hecho sentar en el trono de mi
padre David y me ha hecho casa, como me había dicho, que Adonías morirá hoy
mismo. 25 Entonces el rey Salomón envió a Benaías hijo de Joyada, quien arremetió
contra Adonías, y éste murió.
26 Después dijo el rey al sacerdote Abiatar: — Vete a tus campos en Anatot,
pues tú eres digno de muerte. Pero no te mataré hoy, porque has llevado el arca del
Señor Jehovah delante de mi padre David, y porque has participado de todo aquello
que mi padre sufrió. 27 Así excluyó Salomón a Abiatar de ser sacerdote de Jehovah,
cumpliéndose la palabra que Jehovah había hablado en Silo acerca de la casa de Elí.
28 La noticia llegó hasta Joab, porque Joab también se había adherido a Adonías,
aunque no se había adherido a Absalón. Joab huyó al tabernáculo de Jehovah y se
asió de los cuernos del altar. 29 Informaron al rey Salomón que Joab había huido al
tabernáculo de Jehovah y que estaba junto al altar. Entonces Salomón envió a
Benaías hijo de Joyada, diciendo: — ¡Vé y arremete contra él! 30 Benaías entró en el
tabernáculo de Jehovah y le dijo: — El rey dice que salgas. El dijo: — No, sino que
aquí moriré. Benaías llevó la respuesta al rey diciendo: — Así ha dicho Joab, y así
me ha respondido... 31 Entonces el rey le dijo: — Haz como él ha dicho. Arremete
contra él, y sepúltalo. Así quitarás de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab
ha derramado injustamente. 32 Jehovah hará recaer su sangre sobre su cabeza,
porque sin que lo supiera mi padre David, arremetió y mató a espada a dos hombres
más justos y mejores que él: a Abner hijo de Ner, jefe del ejército de Israel; y a
Amasa hijo de Jeter, jefe del ejército de Judá. 33 La sangre de ellos recaiga sobre la
cabeza de Joab y sobre la cabeza de sus descendientes, para siempre. Pero haya
paz de parte de Jehovah para David y sus descendientes, y para su casa y su trono,
por siempre. 34 Entonces Benaías hijo de Joyada fue, arremetió contra él y lo mató.
Y fue sepultado en su casa en el desierto.
35 El rey puso en su lugar, al mando del ejército, a Benaías hijo de Joyada;
también el rey puso al sacerdote Sadoc en lugar de Abiatar. 36 Después el rey envió
a llamar a Simei y le dijo: — Edifícate una casa en Jerusalén y habita allí. No salgas
de allí a ninguna parte, 37 porque debes saber bien que el día que salgas y cruces el
arroyo de Quedrón, morirás irremisiblemente; y tu sangre recaerá sobre tu cabeza.
38 Simei dijo al rey: — Está bien lo que dices. Tu siervo hará así como ha dicho mi
señor el rey. Simei habitó en Jerusalén mucho tiempo. 39 Pero aconteció, pasados
tres años, que se le escaparon a Simei dos esclavos y se fueron a Aquis hijo de
Maaca, rey de Gat. E informaron a Simei, diciendo: “He aquí que tus esclavos están
en Gat.” 40 Entonces Simei se levantó, aparejó su asno y fue a Gat, ante Aquis, para
buscar a sus esclavos. Fue, pues, Simei e hizo volver de Gat a sus esclavos. 41 Se le
informó a Salomón que Simei había ido de Jerusalén a Gat y que había regresado.
42 El rey envió a llamar a Simei y le dijo: — ¿No te hice jurar por Jehovah y te
advertí diciendo: “El día que salgas y vayas a alguna parte, ten por cierto que
morirás irremisiblemente”? Y tú me dijiste: “Está bien lo que dices; yo obedeceré.”
43 ¿Por qué, pues, no guardaste el juramento de Jehovah y el mandato que te
impuse? 44 — El rey dijo además a Simei — : Tú conoces, tú conoces bien toda la
maldad que cometiste contra mi padre David. Jehovah, pues, ha vuelto tu maldad sobre
tu cabeza. 45 El rey Salomón será bendito, y el trono de David será firme delante de
Jehovah para siempre. 46 Entonces el rey mandó a Benaías hijo de Joyada, quien salió
y arremetió contra Simei, y éste murió. Así fue consolidado el reino en mano de
Salomón.
Capítulo 3
1 Salomón emparentó con el faraón, rey de Egipto, porque tomó a la hija del
faraón y la trajo a la Ciudad de David, mientras acababa de edificar su casa, la casa
de Jehovah y los muros alrededor de Jerusalén. 2 Hasta entonces el pueblo ofrecía
sacrificios en los lugares altos, porque en aquellos tiempos no había sido edificada
una casa al nombre de Jehovah. 3 Salomón amaba a Jehovah y caminaba en los
estatutos de su padre David; sólo que sacrificaba y quemaba incienso en los lugares
altos. 4 Entonces el rey fue a Gabaón, que era el lugar alto principal, para ofrecer
sacrificios allí. Salomón ofreció mil holocaustos sobre aquel altar.
5 En Gabaón Jehovah se apareció a Salomón en el sueño de la noche. Y le dijo
Dios: — Pide lo que quieras que yo te dé. 6 Y Salomón respondió: — Tú has
mostrado gran misericordia a tu siervo David, mi padre, porque él anduvo delante
de ti con fidelidad, con justicia y con rectitud de corazón para contigo. Tú le has
conservado esta gran misericordia y le has dado un hijo que se siente en su trono,
como en este día. 7 Y ahora, oh Jehovah, Dios mío, tú has constituido a tu siervo rey
en lugar de mi padre David, a pesar de que yo soy muy joven y no sé cómo salir ni
entrar. 8 Tu siervo está en medio de tu pueblo al cual escogiste; un pueblo tan
numeroso que por su multitud no se puede contar ni se puede numerar. 9 Da, pues,
a tu siervo un corazón que sepa escuchar, para juzgar a tu pueblo, y para discernir
entre lo bueno y lo malo. Porque, ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan
grande? 10 Pareció bien al Señor que Salomón pidiese esto. 11 Y Dios le dijo: —
Porque has pedido esto, y no has pedido para ti muchos años, ni has pedido para ti
riquezas, ni has pedido la vida de tus enemigos, sino que has pedido para ti
discernimiento para administrar justicia, 12 he aquí que yo haré conforme a tus
palabras. He aquí que yo te daré un corazón sabio y entendido, tal que no ha habido
antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú. 13 Y también te
daré las cosas que no has pedido: riquezas y gloria tales que no haya nadie como tú
entre los reyes en todos tus días. 14 Y si andas en mis caminos, guardando mis leyes
y mis mandamientos, como anduvo tu padre David, yo prolongaré tus días.
15 Cuando Salomón despertó, he aquí que había sido un sueño. Entonces volvió a
Jerusalén, se puso de pie delante del arca del pacto del Señor, ofreció holocaustos e
hizo sacrificios de paz. También dio un banquete a todos sus servidores.
16 Por aquel entonces dos prostitutas vinieron al rey y se pusieron de pie delante
de él. 17 Una de ellas dijo: — ¡Ay, señor mío! Esta mujer y yo habitábamos en la
misma casa. Yo di a luz mientras estaba en la casa con ella. 18 Y sucedió que tres
días después de mi parto, esta mujer también dio a luz. Las dos estábamos juntas, y
nadie de fuera estaba con nosotras en casa; sólo nosotras dos estábamos en casa.
19 Cierta noche murió el hijo de esta mujer, porque ella se recostó encima de él.
20 Entonces se levantó a medianoche, y estando yo, tu sierva, dormida, ella tomó a
mi hijo de mi lado, y lo puso en su seno; y puso a su hijo muerto en mi seno.
21 Cuando me levanté por la mañana para dar de mamar a mi hijo, he aquí que
estaba muerto. Pero lo observé bien por la mañana y he aquí que no era mi hijo, el
que yo había dado a luz. 22 Entonces dijo la otra mujer: — ¡No! Sino que mi hijo es
el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: — ¡No! Sino que tu hijo
es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey. 23 Entonces el rey
dijo: — Esta dice: “Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto”; y la otra dice:
“¡No! Sino que tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive.” 24 — Y el rey añadió
— : ¡Traedme una espada! Trajeron la espada ante el rey, 25 y enseguida dijo el rey:
— ¡Partid al niño vivo en dos, y dad la mitad a la una y la otra mitad a la otra!
26 Entonces la mujer de quien era el hijo vivo habló al rey, porque sus entrañas se
conmovieron por su hijo, y dijo: — ¡Ay, señor mío! Dad a ésta el niño vivo; no lo
matéis. Pero la otra dijo: — No será ni para mí ni para ti. Partidlo.
27 El rey respondió diciendo: — Dad a aquélla el hijo vivo. No lo matéis; ella es su
madre. 28 Todo Israel se enteró de la sentencia que había dado el rey, y tuvieron
temor al rey, porque vieron que en él había sabiduría de Dios para administrar
justicia.
Capítulo 4
1 El rey Salomón reinó sobre todo Israel. 2 Estos fueron los oficiales que tenía:
Azarías hijo de Sadoc era el sacerdote. 3 Elijoref y Ajías, hijos de Sisa, eran los
escribas. Josafat hijo de Ajilud era el cronista. 4 Benaías hijo de Joyada estaba al
mando del ejército. Sadoc y Abiatar eran los sacerdotes. 5 Azarías hijo de Natán
estaba al mando de los gobernadores. Zabud hijo de Natán era sacerdote y amigo
del rey. 6 Ajisar era el administrador del palacio. Y Adoniram hijo de Abda estaba a
cargo del tributo laboral. 7 Salomón tenía doce gobernadores en todo Israel, los
cuales abastecían al rey y a su casa. Cada uno de ellos estaba obligado a
abastecerle durante un mes al año. 8 Estos eran sus nombres: Ben-hur, en la región
montañosa de Efraín. 9 Ben-decar, en Macaz, Saalbim, Bet-semes y Elon-bet-janán.
10 Ben-jésed, en Arubot. Este también lo era en Soco y en toda la tierra de Hefer.
11 Ben-abinadab, en toda Nafot-dor. Este tenía por mujer a Tafat hija de Salomón.
12 Baaná hijo de Ajilud, en Taanac y Meguido, y en todo Bet-seán, que está cerca
de Zaretán, más abajo de Jezreel; y desde Bet-seán hasta Abel-mejola y hasta la
otra parte de Jocmeam. 13 Ben-geber, en Ramot de Galaad. Este también lo era en
las aldeas de Jaír hijo de Manasés, las cuales estaban en Galaad. Tenía también la
región de Argob, que estaba en Basán; sesenta grandes ciudades con muros y
cerrojos de bronce. 14 Ajinadab hijo de Ido, en Majanaim. 15 Ajimaas, en Neftalí.
Este también tomó por mujer a Basemat hija de Salomón. 16 Baaná hijo de Husai, en
Aser y en Alot. 17 Josafat hijo de Parúaj, en Isacar. 18 Simei hijo de Ela, en
Benjamín. 19 Geber hijo de Uri, en la tierra de Galaad, en la tierra de Sejón rey de
los amorreos, y de Og rey de Basán. Y había un solo gobernador en la tierra
20 de Judá. Israel era numeroso, como la arena que está junto al mar en multitud;
y comían, bebían y se regocijaban. 21 Salomón gobernaba sobre todos los reinos,
desde el Río hasta la tierra de los filisteos y hasta la frontera con Egipto. Traían
tributo y servían a Salomón todos los días de su vida. 22 Las provisiones diarias de
Salomón eran: 30 coros de harina refinada, 60 coros de harina corriente, 23 10
vacunos de engorde, 20 vacunos de pasto y 100 ovejas, sin contar los venados,
las gacelas, los corzos y las aves engordadas. 24 Porque él dominaba en toda la
región al oeste del Río, desde Tifsaj hasta Gaza, sobre todos los reyes del oeste del
Río, y tuvo paz por todos los lados en derredor suyo. 25 Judá e Israel, desde Dan
hasta Beerseba, vivían seguros todos los días de Salomón, cada uno debajo de su
vid y debajo de su higuera. 26 Salomón tenía 4.000 establos para los caballos de sus
carros, y 12.000 jinetes. 27 Los gobernadores proveían, cada uno durante un mes, al
rey Salomón y a todos los que venían a la mesa del rey Salomón, haciendo que nada
faltase. 28 También hacían llevar cebada y paja para los caballos y para los corceles
al lugar donde él estaba, cada uno conforme a su cuota.
29 Dios dio a Salomón sabiduría, gran entendimiento y amplitud de corazón,
como la arena que está a la orilla del mar. 30 La sabiduría de Salomón sobrepasaba
la de todos los orientales y toda la sabiduría de los egipcios. 31 El fue el más sabio de
todos los hombres: más que Eitán el ezrajita y que Hemán, Calcol y Darda, hijos de
Majol. Su nombre llegó a ser conocido en todas la naciones de alrededor.
32 Salomón compuso 3.000 proverbios y 1.005 poemas. 33 También disertó acerca
de las plantas, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que crece en la pared.
Asimismo, disertó acerca de los cuadrúpedos, las aves, los reptiles y los peces.
34 De todos los pueblos venían para escuchar la sabiduría de Salomón, de parte de
todos los reyes de la tierra que habían oído de su sabiduría.
Capítulo 5
1 Entonces Hiram, rey de Tiro, al oír que a Salomón lo habían ungido rey en
lugar de su padre, envió sus servidores a Salomón; porque Hiram siempre había
estimado a David. 2 Y Salomón envió a decir a Hiram: 3 “ Tú sabes que, debido a las
guerras que le rodearon, mi padre David no pudo edificar una casa al nombre de
Jehovah su Dios, hasta que Jehovah puso a sus enemigos bajo las plantas de sus
pies. 4 Pero ahora, Jehovah mi Dios me ha dado reposo por todas partes; no existe
adversario ni calamidad. 5 Y he aquí, yo me he propuesto construir una casa al
nombre de Jehovah mi Dios, como Jehovah habló a mi padre David diciendo: ‘Tu
hijo, al que pondré en tu trono en tu lugar, él edificará una casa a mi nombre.’
6 Ahora pues, manda que corten cedros del Líbano para mí. Mis siervos estarán con
tus siervos, y yo te daré por tus siervos el pago según todo lo que indiques, porque
tú sabes que no hay nadie entre nosotros que sepa cortar los árboles como los
sidonios.” 7 Aconteció que cuando Hiram oyó las palabras de Salomón, se alegró
muchísimo y dijo: “¡Bendito sea hoy Jehovah, que ha dado un hijo sabio a David
sobre ese pueblo tan numeroso!” 8 Entonces Hiram envió a decir a Salomón: “He
escuchado lo que me mandaste a decir. Yo haré todo lo que desees con respecto a
la madera de cedro y a la madera de ciprés. 9 Mis siervos las bajarán desde el
Líbano hasta el mar, y yo las transportaré en balsas por mar hasta el lugar que tú me
indiques. Allí yo las desataré, y tú te las llevarás. Tú cumplirás mi deseo dando
provisiones a mi casa.”
10 Entonces Hiram daba a Salomón toda la madera de cedro y de ciprés que
quiso. 11 Y Salomón daba a Hiram, para el sustento de su casa, 20.000 coros de
trigo y 20.000 batos de aceite puro. Esto daba Salomón a Hiram año tras año.
12 Jehovah dio a Salomón sabiduría, tal como le había prometido. Había paz entre
Hiram y Salomón, y ambos hicieron una alianza. 13 Entonces el rey Salomón realizó
una leva en todo Israel, para tributo laboral. Los reclutados para el tributo laboral
fueron 30.000 hombres. 14 El los enviaba al Líbano, 10.000 al mes, por turno, para
que pasaran un mes en el Líbano y dos meses en sus casas. Adoniram estaba a
cargo del tributo laboral. 15 Además, Salomón tenía 70.000 cargadores y 80.000
canteros en la región montañosa, 16 sin contar los oficiales que Salomón había
establecido al frente de la obra, los cuales eran 3.300. Estos mandaban a la gente
que hacía la obra. 17 El rey mandó que extrajesen piedras grandes, piedras costosas,
para poner los cimientos del templo con piedras labradas. 18 Los constructores de
Salomón, los de Hiram y los de Biblos, tallaron y prepararon la madera y las piedras
para construir el templo.
Capítulo 6
1 Aconteció que Salomón comenzó a edificar la casa de Jehovah en el año 480
después que los hijos de Israel salieron de la tierra de Egipto, en el mes de Ziv, que
es el mes segundo, del cuarto año del reinado de Salomón sobre Israel. 2 La casa
que el rey Salomón edificó para Jehovah tenía 60 codos de largo, 20 codos de
ancho y 30 codos de alto. 3 El pórtico delante del lugar santo del templo tenía 20
codos de largo, a lo ancho de la casa, y 10 codos de ancho en el frente de la casa.
4 También hizo al edificio ventanas anchas por dentro y angostas por fuera. 5 Contra
el muro del edificio construyó galerías alrededor de los muros del templo, es decir,
del lugar santo y del santuario interior; y les hizo cuartos laterales alrededor. 6 La
galería inferior tenía 5 codos de ancho, la intermedia 6 codos de ancho y la tercera 7
codos de ancho. Porque había hecho rebajos en el lado exterior, alrededor del
edificio, para que las vigas de las galerías no se empotrasen en los muros del templo.
7 Cuando edificaron el templo, usaron piedras enteras labradas en las canteras, de
manera que mientras lo construían, no se oía en el templo el ruido de martillos,
hachas ni otras herramientas de hierro. 8 La entrada a la galería baja estaba al lado
sur del templo. Se subía a la galería intermedia y de ésta a la superior, mediante una
escalera de caracol. 9 Construyó, pues, el templo y lo terminó. Luego cubrió el
edificio con vigas y tablas de cedro. 10 También construyó las galerías alrededor de
todo el templo, cada una de 5 codos de alto, y estaban apoyadas en el templo con
vigas de cedro.
11 Entonces vino la palabra de Jehovah a Salomón, diciendo: 12 “Respecto a este
templo que tú edificas, si caminas en mis estatutos, y pones por obra mis decretos, y
guardas todos mis mandamientos andando de acuerdo con ellos, yo cumpliré
contigo mi palabra que hablé a tu padre David: 13 Habitaré en medio de los hijos de
Israel, y no abandonaré a mi pueblo Israel.” 14 Salomón edificó el templo y lo
terminó.
15 Después revistió el lado interior de los muros del templo con tablas de cedro;
los recubrió de madera por dentro, desde el suelo del templo hasta las vigas del
artesonado. También cubrió el suelo del templo con tablas de ciprés. 16 Al fondo del
templo hizo un compartimento de 20 codos, con tablas de cedro desde el suelo
hasta las vigas. Y adentro le dispuso el santuario interior, es decir, el lugar santísimo.
17 El templo, es decir, el lugar santo que estaba delante, tenía 40 codos. 18 El templo
estaba revestido por dentro con cedro, con bajorrelieves de calabazas y de flores
abiertas. Todo era de cedro, y no se veía ninguna piedra. 19 También preparó por
dentro el santuario interior, en medio del templo, para poner allí el arca del pacto de
Jehovah. 20 El santuario interior tenía 20 codos de largo, 20 codos de ancho y 20
codos de alto; y lo recubrió de oro puro. También recubrió de cedro el altar.
21 Después Salomón recubrió de oro puro el interior del templo y puso cadenas de
oro en la parte delantera del santuario interior, y lo recubrió de oro. 22 Y recubrió de
oro todo el templo, hasta que todo el templo fue terminado. También recubrió de
oro todo el altar que estaba delante del santuario interior. 23 Hizo también en el
santuario interior dos querubines de madera de olivo, cada uno de 10 codos de alto.
24 El ala de un querubín tenía 5 codos, y la otra ala del querubín tenía 5 codos.
Había 10 codos desde el extremo de un ala hasta el extremo de la otra. 25 De la
misma manera, el segundo querubín tenía 10 codos. Los dos querubines tenían la
misma medida y la misma forma. 26 El primer querubín tenía 10 codos de alto, e
igualmente el segundo querubín. 27 Luego puso los querubines en medio del
santuario interior. Las alas de los querubines se extendían de modo que el ala de uno
tocaba una pared, y el ala del otro querubín tocaba la otra pared; y las otras dos
alas que daban al centro del recinto se tocaban ala con ala. 28 Luego recubrió de oro
los querubines. 29 En todas las paredes alrededor del templo, en el interior y en el
exterior, talló bajorrelieves de querubines, palmeras y flores abiertas. 30 Y cubrió de
oro el suelo del santuario, tanto el interior como el exterior. 31 Para la entrada del
santuario interior hizo puertas de madera de olivo. Los postes de la puerta eran
pentagonales. 32 Las dos puertas eran de madera de olivo, y talló en ellas
bajorrelieves de querubines, palmeras y flores abiertas, y las recubrió de oro;
también recubrió de oro los querubines y las palmeras. 33 De la misma manera hizo
para la entrada del templo postes cuadrangulares de madera de olivo. 34 Las dos
puertas eran de madera de ciprés. Las dos hojas de una puerta eran giratorias. Y las
dos hojas de la otra puerta también eran giratorias. 35 También en ellas talló
querubines, palmeras y flores abiertas, y los recubrió de oro, ajustado a los
grabados. 36 Hizo el atrio interior de tres hileras de piedras labradas y una hilera de
vigas de cedro. 37 En el mes de Ziv del año 4, fueron puestos los cimientos de la
casa de Jehovah; 38 y en el mes de Bul, es decir, el mes octavo, del año 11, fue
terminado el templo en todos sus detalles y en todas sus especificaciones. Lo edificó
en siete años.
Capítulo 7
1 Después Salomón edificó su propia casa en trece años, y terminó toda su casa.
2 Edificó la Casa del Bosque del Líbano, la cual tenía 100 codos de largo, 50 codos
de ancho y 30 codos de alto, sobre cuatro hileras de columnas de cedro con vigas
de cedro sobre las columnas. 3 Estaba cubierta de cedro encima de las vigas que se
apoyaban sobre 45 columnas, 15 columnas por hilera. 4 Había tres hileras de
ventanas, una ventana frente a otra en grupos de tres. 5 Todas las puertas y ventanas
tenían marcos cuadrados, y una ventana estaba frente a otra ventana, en grupos de
tres. 6 También edificó el Pórtico de las Columnas, que tenía 50 codos de largo por
30 codos de ancho. Y frente a las columnas de este pórtico, había otro pórtico con
columnas, que tenía una cubierta delante. 7 También edificó el Pórtico del Trono, o
Pórtico del Juicio, donde había de juzgar, y lo recubrió con cedro desde el suelo
hasta las vigas. 8 En la casa donde habitaba, había otro atrio más adentro del
pórtico, del mismo tipo de construcción. Salomón también edificó una casa parecida
a este pórtico, para la hija del faraón, que había tomado por mujer. 9 Todas estas
obras, desde el cimiento hasta las cornisas, y afuera hasta el gran atrio, eran de
piedras costosas, bloques labrados a medida, cortados con sierra, tanto por el lado
interior como por el lado exterior. 10 El cimiento era de piedras costosas y piedras
grandes, piedras de 10 codos y piedras de 8 codos. 11 Arriba también había piedras
costosas, bloques labrados a medida y madera de cedro. 12 Y el gran atrio tenía en
derredor un muro de tres hileras de bloques labrados y una hilera de vigas de cedro,
como el atrio interior de la casa de Jehovah y el pórtico de la misma.
13 El rey Salomón envió a traer de Tiro a Hiram, 14 hijo de una viuda de la tribu
de Neftalí, cuyo padre era un hombre de Tiro, un artesano en bronce. El estaba
lleno de sabiduría, inteligencia y experiencia para hacer todo el trabajo en bronce. El
fue al rey Salomón e hizo toda su obra. 15 Hiram modeló las dos columnas de
bronce; cada columna tenía 18 codos de alto, y una circunferencia de 12 codos.
16 Hizo también dos capiteles de bronce fundido, para que fuesen puestos sobre la
parte superior de las columnas. Un capitel tenía 5 codos de alto, y el otro capitel
también tenía 5 codos de alto. 17 Los capiteles que estaban en la parte superior de
las columnas tenían redes de trenzas en forma de cadenillas; siete para un capitel y
siete para el otro capitel. 18 Hizo las granadas en dos hileras alrededor de cada red,
para cubrir los capiteles de la parte superior de las columnas. Lo mismo hizo para el
otro capitel. 19 Los capiteles que estaban sobre las columnas en el pórtico tenían
forma de lirios, y eran de 4 codos. 20 Los capiteles sobre las dos columnas tenían
200 granadas en dos hileras, encima de la parte abultada del capitel que estaba
encima de la red, tanto en el primer capitel como en el segundo. 21 Entonces erigió
las columnas en el pórtico del templo. Cuando erigió la columna del sur, llamó su
nombre Jaquín; y cuando erigió la columna del norte, llamó su nombre Boaz. 22 Puso
en la parte superior de las columnas un motivo de lirios. Así concluyó la obra de las
columnas. 23 Hizo también la fuente de bronce fundido que tenía 10 codos de borde
a borde. Era circular y tenía 5 codos de alto, y una circunferencia de 30 codos.
24 Había motivos de calabazas por debajo y alrededor del borde en número de diez
por cada codo, dispuestas en dos hileras de calabazas alrededor de la fuente, las
cuales habían sido fundidas en una sola pieza con ella. 25 Estaba asentada sobre
doce bueyes: tres miraban al norte, tres al oeste, tres al sur y tres al este. La fuente
estaba asentada sobre ellos, y todas sus partes traseras daban hacia la parte interior.
26 La fuente tenía un palmo menor de espesor; su borde era como el borde de un
cáliz o de una flor de lirio. Tenía una capacidad de 2.000 batos. 27 Hizo también diez
bases de bronce. Cada base tenía 4 codos de largo, 4 codos de ancho y 3 codos de
alto. 28 Este era el diseño de las bases: Tenían marcos, y los marcos estaban
entre los paneles. 29 Y sobre los marcos que había entre los paneles había figuras de
leones, bueyes y querubines. Y sobre los paneles, tanto encima como debajo de los
leones y de los bueyes, había guirnaldas en bajorrelieve. 30 Cada base tenía cuatro
ruedas de bronce con ejes de bronce. En sus cuatro patas había unos soportes
debajo de la pila. Estos soportes eran de bronce fundido y tenían guirnaldas a cada
lado. 31 Su abertura sobresalía del interior un codo, a manera de capitel. Su abertura
era redonda, hecha como una base de un codo y medio de diámetro. También
alrededor de su abertura había bajorrelieves. Sus marcos eran cuadrados, no
redondos. 32 Las cuatro ruedas estaban debajo de los marcos. Los ejes de las
ruedas salían de la base. Cada rueda tenía un codo y medio de alto. 33 El diseño de
las ruedas era como el de las ruedas de un carro. Sus ejes, sus aros, sus rayos y sus
cubos eran todos de metal fundido. 34 También los cuatro soportes de las cuatro
esquinas de cada base salían de la misma base. 35 En la parte superior de la base
había un soporte circular de medio codo de alto, y sobre la base había soportes y
marcos que salían de la misma. 36 Sobre las planchas de sus soportes y de sus
marcos grabó querubines, leones y palmeras, según el espacio de cada uno, con
guirnaldas en derredor. 37 De esta manera hizo las diez bases del mismo metal
fundido, de la misma medida y de la misma forma. 38 Hizo también diez pilas de
bronce. Cada una tenía una capacidad de 40 batos. Cada pila tenía 4 codos de
circunferencia. Colocó una pila sobre cada una de las diez bases. 39 Después puso
cinco bases al lado sur del templo y las otras cinco al lado norte del templo. Y puso
la fuente al lado sur del templo, hacia el sureste. 40 Hiram también hizo las ollas, las
palas y los tazones. Así terminó Hiram de hacer toda la obra que hizo para el rey
Salomón, en la casa de Jehovah: 41 las dos columnas, los tazones de los capiteles
que estaban en la parte superior de las dos columnas; y las dos redes que cubrían
los dos tazones de los capiteles que estaban en la parte superior de las columnas;
42 las 400 granadas para las dos redes (dos hileras de granadas para cada red) para
cubrir los dos tazones de los capiteles que estaban en la parte superior de las
columnas; 43 las diez bases y las diez pilas sobre las bases; 44 la fuente con los doce
bueyes debajo de la fuente; 45 las ollas, las palas y los tazones. Todos estos
utensilios que Hiram hizo para el rey Salomón, en la casa de Jehovah, eran de
bronce bruñido. 46 El rey los hizo fundir en la llanura del Jordán, en tierra arcillosa,
entre Sucot y Saretán. 47 Salomón dejó de pesar todos estos utensilios por su gran
cantidad; no se averiguó el peso del bronce.
48 Salomón también hizo todos los utensilios de la casa de Jehovah: el altar de
oro, la mesa de oro sobre la cual estaba el pan de la Presencia, 49 cinco candelabros
de oro puro que estaban al sur, y otros cinco al norte, delante del santuario interior,
con las flores, las lámparas y las tenazas de oro. 50 Asimismo, hizo de oro puro las
copas, las despabiladeras, los tazones, las cucharas y los incensarios. También eran
de oro los goznes de las puertas de la sala interior, el lugar santísimo, y los de las
puertas de la sala del templo. 51 Así se terminó toda la obra que el rey Salomón hizo
para la casa de Jehovah. Entonces Salomón introdujo las cosas que su padre David
había consagrado, y puso la plata, el oro y los utensilios en los tesoros de la casa de
Jehovah.
Capítulo 8
1 Entonces Salomón congregó en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos los
jefes de las tribus y a los jefes de las casas paternas de los hijos de Israel ante el rey
Salomón, para hacer subir el arca del pacto de Jehovah desde la Ciudad de David,
que es Sion. 2 Y se congregaron ante el rey Salomón todos los hombres de Israel en
la fiesta en el mes de Etanim, que es el mes séptimo. 3 Fueron todos los ancianos de
Israel, y los sacerdotes tomaron el arca. 4 Luego subieron el arca de Jehovah, el
tabernáculo de reunión, y todos los utensilios sagrados que estaban en el
tabernáculo; los sacerdotes y los levitas los subieron. 5 El rey Salomón y con él toda
la congregación de Israel, que se había reunido junto a él, estaban delante del arca,
sacrificando tantas ovejas y vacas que por su gran cantidad no se podían contar ni
numerar. 6 Entonces los sacerdotes introdujeron el arca del pacto de Jehovah en su
lugar, en el santuario interior del templo, en el lugar santísimo, debajo de las alas de
los querubines. 7 Porque los querubines extendían las alas sobre el lugar del arca, de
modo que los querubines cubrían el arca y sus varas por encima. 8 Las varas eran
tan largas que los extremos de las varas se podían ver desde el lugar santo, que
estaba delante del santuario interior; pero no se podían ver desde afuera. Y allí han
quedado hasta el día de hoy. 9 Ninguna cosa había en el arca, excepto las dos tablas
de piedra que Moisés había colocado allí en Horeb, donde Jehovah hizo pacto con
los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto. 10 Y sucedió que cuando
los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehovah. 11 Y los
sacerdotes no pudieron continuar sirviendo por causa de la nube, porque la gloria de
Jehovah había llenado la casa de Jehovah.
12 Entonces Salomón dijo: “Jehovah ha dicho que él habita en la densa
oscuridad. 13 Ciertamente te he edificado una casa sublime, una morada donde
habites para siempre.” 14 El rey se volvió y bendijo a toda la congregación de
Israel. Y toda la congregación de Israel estaba de pie. 15 Entonces dijo: “¡Bendito
sea Jehovah Dios de Israel, quien con su mano ha cumplido lo que con su boca
prometió a mi padre David, diciendo: 16 ‘Desde el día en que saqué a mi pueblo
Israel de Egipto, no había elegido ninguna ciudad de todas las tribus de Israel para
edificar una casa donde estuviese mi nombre. Pero elegí a David para que estuviese
al frente de mi pueblo Israel.’ 17 “ Estuvo en el corazón de mi padre David el anhelo
de edificar una casa al nombre de Jehovah Dios de Israel. 18 Pero Jehovah dijo a mi
padre David: ‘Por cuanto ha estado en tu corazón el anhelo de edificar una casa a mi
nombre, has hecho bien en tener esto en tu corazón. 19 Sin embargo, tú no edificarás
la casa, sino tu hijo que te nacerá, él edificará la casa a mi nombre.’ 20 “Jehovah ha
cumplido su promesa que había hecho, y yo me he levantado en lugar de mi padre
David. Me he sentado en el trono de Israel, como Jehovah había prometido, y he
edificado la casa al nombre de Jehovah Dios de Israel. 21 Y he dispuesto allí un lugar
para el arca, en la cual está el pacto de Jehovah que él hizo con nuestros padres
cuando los sacó de la tierra de Egipto.”
22 Entonces Salomón se puso de pie delante del altar de Jehovah, frente a toda
la congregación de Israel, y extendió sus manos al cielo. 23 Y dijo: “¡Oh Jehovah
Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra! Tú
guardas el pacto y la misericordia para con tus siervos que caminan delante de ti con
todo su corazón. 24 Tú has cumplido con tu siervo David, mi padre, lo que le
prometiste. Con tu boca lo prometiste, y con tu mano lo has cumplido, como sucede
en este día. 25 Ahora pues, oh Jehovah Dios de Israel, cumple con tu siervo David,
mi padre, lo que le prometiste diciendo: ‘No te faltará delante de mí un hombre que
se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su camino para andar
delante de mí, como tú has andado delante de mí.’ 26 Ahora pues, oh Dios de Israel,
sea confirmada tu palabra que hablaste a tu siervo David, mi padre. 27 “Pero, ¿es
verdad que Dios ha de habitar sobre la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los
cielos no te pueden contener. ¡Cuánto menos este templo que he edificado! 28 Sin
embargo, oh Jehovah, Dios mío, vuélvete hacia la oración y la plegaria de tu siervo,
para oír el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti. 29 Estén abiertos
tus ojos de noche y de día hacia este templo, hacia el lugar del cual has dicho: ‘Allí
estará mi nombre’, para escuchar la oración que tu siervo haga hacia este lugar.
30 Escucha la plegaria de tu siervo y de tu pueblo Israel, cuando oren hacia este
lugar. Escucha tú en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha tú y perdona. 31 “Si
alguna persona peca contra su prójimo, y éste le toma juramento al hacerle jurar, y
él entra bajo juramento ante tu altar en este templo, 32 entonces escucha tú en los
cielos y actúa. Juzga a tus siervos condenando al injusto, haciendo recaer su
conducta sobre su cabeza y justificando al justo, dándole conforme a su justicia.
33 “Cuando tu pueblo Israel sea derrotado delante del enemigo por haber pecado
contra ti, y ellos se vuelvan a ti y confiesen tu nombre, y oren y te supliquen en este
templo, 34 entonces escucha tú en los cielos, perdona el pecado de tu pueblo Israel y
hazles volver a la tierra que diste a sus padres. 35 “ Cuando los cielos estén cerrados
y no haya lluvia, por haber ellos pecado contra ti; si oran hacia este lugar, confiesan
tu nombre y se vuelven de su pecado cuando los aflijas, 36 entonces escucha tú en
los cielos y perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel. Sí, enséñales el
buen camino por el que deben andar y dales lluvia sobre tu tierra, la cual has dado a
tu pueblo por heredad. 37 “Cuando en la tierra haya hambre; cuando haya peste;
cuando haya tizón, añublo, langosta o pulgón, o cuando su enemigo lo asedie en la
tierra de sus ciudades (cualquiera que sea la plaga o la enfermedad), 38 cualquiera
que sea la oración o la plegaria que haga algún hombre o todo tu pueblo Israel (cada
uno reconociendo la plaga de su corazón y extendiendo sus manos hacia este
templo), 39 entonces escucha tú en los cielos, el lugar de tu morada, perdona y actúa.
Da a cada uno conforme a todos sus caminos, pues conoces su corazón (porque
sólo tú conoces el corazón de todo hombre); 40 a fin de que te teman todos los días
que vivan sobre la superficie de la tierra que tú has dado a nuestros padres.
41 “ Asimismo, cuando el extranjero que no sea de tu pueblo Israel venga de una
tierra lejana a causa de tu nombre 42 (porque oirán de tu gran nombre, de tu
poderosa mano y de tu brazo extendido), y venga a orar a este templo, 43 entonces
escucha tú en los cielos, el lugar de tu morada. Haz conforme a todo aquello por lo
cual el extranjero clame a ti, a fin de que todos los pueblos de la tierra conozcan tu
nombre, te teman como tu pueblo Israel y sepan que este templo que he edificado es
llamado por tu nombre. 44 “ Si tu pueblo sale a la batalla contra su enemigo por el
camino que los envíes, y ellos oran a Jehovah en dirección a la ciudad que tú has
elegido y a la casa que he edificado a tu nombre, 45 entonces escucha en los cielos
su oración y su plegaria, y ampara su causa. 46 “ Si pecan contra ti (pues no hay
hombre que no peque), y te enojas contra ellos y los entregas ante el enemigo, y
éstos los llevan como cautivos suyos a la tierra del enemigo, lejana o cercana; 47 si
ellos vuelven en sí en la tierra a donde hayan sido llevados cautivos, y se vuelven y te
suplican en la tierra de los que los llevaron cautivos, diciendo: ‘Hemos pecado;
hemos hecho iniquidad; hemos actuado impíamente’; 48 si en la tierra de sus
enemigos, a donde los hayan llevado cautivos, ellos se vuelven a ti con todo su
corazón y con toda su alma, y oran a ti en dirección a la tierra que diste a sus
padres, a la ciudad que has elegido y al templo que he edificado a tu nombre,
49 entonces escucha en los cielos, el lugar de tu morada, su oración y su plegaria, y
ampara su causa. 50 Perdona a tu pueblo que ha pecado contra ti, y todas las
transgresiones que han cometido contra ti, y hazles objeto de misericordia ante los
que los han llevado cautivos, para que tengan misericordia de ellos. 51 Porque ellos
son tu pueblo y tu heredad que sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro.
52 “ Estén abiertos tus ojos a la plegaria de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo
Israel, para escucharles en todo aquello que te invoquen. 53 Porque tú, oh Señor
Jehovah, los has separado para ti como tu heredad de entre todos los pueblos de la
tierra, como lo dijiste por medio de tu siervo Moisés, cuando sacaste a nuestros
padres de Egipto.”
54 Y sucedió que cuando Salomón terminó de hacer toda esta oración y plegaria
a Jehovah, se levantó de estar de rodillas delante del altar de Jehovah, con sus
manos extendidas al cielo. 55 Entonces se puso de pie y bendijo en alta voz a toda la
congregación de Israel, diciendo: 56 “¡Bendito sea Jehovah, que ha dado descanso a
su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había prometido! No ha fallado ninguna
palabra de todas sus buenas promesas que expresó por medio de su siervo Moisés.
57 Jehovah nuestro Dios esté con nosotros, como estuvo con nuestros padres; no
nos desampare ni nos deje. 58 Incline él nuestro corazón hacia sí, para que andemos
en todos sus caminos y guardemos sus mandamientos, sus leyes y sus decretos, que
mandó a nuestros padres. 59 Que estas palabras mías, con que he suplicado delante
de Jehovah, estén cerca de Jehovah nuestro Dios, de día y de noche, para que él
ampare la causa de su siervo y la de su pueblo Israel, según la necesidad de cada
día; 60 a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehovah es Dios y que
no hay otro. 61 Sea, pues, íntegro vuestro corazón para con Jehovah nuestro Dios, a
fin de andar en sus leyes y guardar sus mandamientos, como en este día.”
62 Entonces el rey y todo Israel con él ofrecieron sacrificios delante de Jehovah.
63 Salomón ofreció a Jehovah, como sacrificios de paz, 22.000 toros y 120.000
ovejas. Así el rey y todos los hijos de Israel dedicaron la casa de Jehovah. 64 Aquel
mismo día el rey consagró la parte central del atrio que estaba delante de la casa de
Jehovah, pues allí ofreció los holocaustos, las ofrendas vegetales y el sebo de los
sacrificios de paz. Porque el altar de bronce que estaba delante de Jehovah era
demasiado pequeño para contener los holocaustos, las ofrendas vegetales y el sebo
de los sacrificios de paz. 65 En aquella ocasión Salomón y todo Israel con él, una
gran congregación desde Lebo-hamat hasta el arroyo de Egipto, hicieron fiesta
delante de Jehovah nuestro Dios durante siete días, y otros siete días más, es decir,
durante catorce días. 66 Al octavo día despidió al pueblo. Ellos bendijeron al rey
y se fueron a sus moradas, alegres y con el corazón gozoso por toda la bondad que
Jehovah había hecho a su siervo David y a su pueblo Israel.
Capítulo 9
1 Sucedió que cuando Salomón había acabado de construir la casa de Jehovah,
la casa del rey y todo lo que había deseado hacer, 2 Jehovah se apareció a Salomón
por segunda vez, como se le había aparecido en Gabaón. 3 Y Jehovah le dijo: “He
escuchado tu oración y tu plegaria que has hecho en mi presencia. He santificado
esta casa que has edificado para que yo ponga allí mi nombre para siempre. Mis
ojos y mi corazón estarán allí todos los días. 4 Y en cuanto a ti, si andas delante de
mí como anduvo tu padre David, con integridad de corazón y con rectitud, haciendo
todas las cosas que te he mandado y guardando mis leyes y mis decretos, 5 entonces
estableceré para siempre el trono de tu reino sobre Israel, como prometí a tu padre
David, diciendo: ‘No te faltará un hombre sobre el trono de Israel.’ 6 Pero si
obstinadamente vosotros y vuestros hijos os apartáis de mí y no guardáis mis
mandamientos y mis estatutos que he puesto delante de vosotros, y os vais y servís a
otros dioses y los adoráis, 7 entonces eliminaré a Israel del suelo que les he dado. Y
la casa que he santificado a mi nombre, la apartaré de mi presencia. Entonces Israel
servirá de refrán y escarnio entre todos los pueblos. 8 En cuanto a esta casa, que es
sublime, todo el que pase por ella se asombrará y silbará. Ellos preguntarán: ‘¿Por
qué ha hecho así Jehovah a esta tierra y a esta casa?’ 9 Y responderán: ‘Porque
abandonaron a Jehovah su Dios que sacó a sus padres de la tierra de Egipto, y se
aferraron a adorar y servir a otros dioses. Por eso Jehovah ha traído sobre ellos
todo este mal.’”
10 Aconteció al cabo de veinte años, durante los cuales Salomón había edificado
las dos casas (la casa de Jehovah y la casa del rey, 11 para las cuales Hiram, rey de
Tiro, había proporcionado a Salomón madera de cedro y de ciprés y oro, conforme
a todo su deseo), que el rey Salomón dio a Hiram veinte ciudades en la tierra de
Galilea. 12 Pero cuando Hiram salió de Tiro para ver las ciudades que Salomón le
había dado, no le agradaron. 13 Y comentó: “¿Qué ciudades son éstas que me has
dado, hermano mío?” Y se las llama Tierra de Cabul, hasta el día de hoy. 14 Hiram
había enviado al rey 120 talentos de oro.
15 Esta es la razón de la leva que el rey Salomón realizó: edificar la casa de
Jehovah, su propia casa, el Milo, la muralla de Jerusalén, Hazor, Meguido y Gezer.
16 (El faraón, rey de Egipto, había subido y tomado Gezer, y la había incendiado;
había dado muerte a los cananeos que habitaban en la ciudad y la había dado como
dote matrimonial a su hija, la mujer de Salomón. 17 Y Salomón reedificó Gezer.)
También reedificó Bet-jorón Baja, 18 Baalat, Tadmor en el desierto del país; 19 y
todas las ciudades almacenes que tenía Salomón, las ciudades para los carros y las
ciudades para los jinetes; todo lo que Salomón se propuso edificar en Jerusalén, en
el Líbano y en toda la tierra bajo su dominio. 20 A todo el pueblo que había quedado
de los amorreos, heteos, ferezeos, heveos y jebuseos (que no eran de los hijos de
Israel, 21 sino sus descendientes que habían quedado después de ellos en la tierra, a
quienes los hijos de Israel no pudieron exterminar), Salomón los sometió a tributo
laboral, hasta el día de hoy. 22 Pero a ninguno de los hijos de Israel sometió a
servidumbre; porque ellos eran hombres de guerra, sus servidores, sus oficiales, sus
comandantes, los jefes de sus carros y sus jinetes. 23 Estos jefes de los oficiales que
Salomón tenía sobre la obra eran 550, los cuales mandaban sobre la gente que hacía
la obra. 24 También la hija del faraón subió de la Ciudad de David a su casa que
Salomón le había edificado. Luego él edificó el Milo. 25 Tres veces al año Salomón
ofrecía holocaustos y sacrificios de paz sobre el altar que había edificado a Jehovah,
y quemaba incienso delante de Jehovah, cuando había terminado el templo. 26 El rey
Salomón también construyó una flota en Ezión-geber, que está junto a Eilat, a orillas
del mar Rojo, en la tierra de Edom. 27 Hiram envió en la flota a sus siervos,
marineros y conocedores del mar, junto con los siervos de Salomón. 28 Estos fueron
a Ofir y tomaron de allí 420 talentos de oro, y los llevaron al rey Salomón.
Capítulo 10
1 La reina de Saba oyó de la fama de Salomón, debido al nombre de Jehovah, y
vino para probarle con preguntas difíciles. 2 Vino a Jerusalén con un gran séquito,
con camellos cargados de especias aromáticas, oro en gran abundancia y piedras
preciosas. Cuando vino a Salomón, habló con él de todo lo que tenía en su corazón.
3 Y Salomón respondió a todas sus preguntas; ninguna cosa hubo tan difícil que el
rey no le pudiese responder. 4 La reina de Saba vio toda la sabiduría de Salomón, la
casa que había edificado, 5 los manjares de su mesa, las sillas de sus servidores, la
presentación y las vestiduras de sus siervos, sus coperos, y los holocaustos que él
ofrecía en la casa de Jehovah; y se quedó sin aliento. 6 Entonces dijo al rey: “¡Era
verdad lo que había oído en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría! 7 Yo no creía
las palabras hasta que vine, y mis ojos lo han visto. Y he aquí que no se me había
contado ni la mitad. En sabiduría y en bienes tú superas la fama que yo había
oído. 8 ¡Dichosos tus hombres, dichosos estos servidores tuyos que continuamente
están de pie delante de ti y escuchan tu sabiduría! 9 ¡Bendito sea Jehovah tu Dios,
que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel! Por causa del eterno amor
que Jehovah tiene por Israel, te ha constituido rey, a fin de que practiques el derecho
y la justicia.” 10 Entonces ella dio al rey 120 talentos de oro, una gran cantidad de
especias aromáticas y piedras preciosas. Nunca llegó una cantidad tan grande de
especias aromáticas como la que la reina de Saba dio al rey Salomón. 11 También la
flota de Hiram, que traía oro de Ofir, trajo de Ofir gran cantidad de madera de
sándalo y piedras preciosas. 12 Y el rey hizo con la madera de sándalo pilares para
la casa de Jehovah y para la casa del rey, además de arpas y liras para los músicos.
Nunca llegó semejante madera de sándalo, ni se ha visto hasta el día de hoy. 13 El
rey Salomón dio a la reina de Saba todo lo que ella quiso pedirle, además de lo que
le dio conforme a la generosidad real de Salomón. Entonces ella se volvió y regresó
a su tierra, con sus servidores.
14 El peso del oro que le llegaba a Salomón cada año era de 666 talentos de
oro, 15 aparte del de los mercaderes, de los negocios de los comerciantes, de todos
los reyes de Arabia y de los gobernadores del país. 16 El rey Salomón hizo 200
escudos grandes de oro trabajado. En cada escudo empleó 600 siclos de oro.
17 También hizo otros 300 escudos pequeños de oro trabajado. En cada escudo
empleó 3 minas de oro. Y el rey los puso en la Casa del Bosque del Líbano. 18 El
rey también hizo un gran trono de marfil y lo recubrió de oro refinado. 19 El trono
tenía seis gradas, y la parte alta del respaldo era redonda. A ambos lados del asiento
tenía soportes para los brazos, y junto a los brazos había dos leones de pie. 20 Había
también doce leones de pie, uno a cada lado de las seis gradas. Jamás se hizo algo
semejante para ningún reino. 21 Todos los vasos de beber del rey Salomón eran de
oro, y toda la vajilla de la Casa del Bosque del Líbano era de oro fino. Nada era de
plata, pues en los días de Salomón ésta no era estimada para nada. 22 Porque el rey
tenía en el mar la flota de Tarsis con la flota de Hiram; y una vez cada tres años
venía la flota de Tarsis trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales. 23 El rey
Salomón superaba a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría. 24 Y toda
la tierra procuraba estar en la presencia de Salomón para oír la sabiduría que Dios
había puesto en su corazón. 25 Año tras año cada uno de ellos le llevaba su presente:
objetos de plata, objetos de oro, vestiduras, armas, perfumes, caballos y mulos.
26 Salomón también acumuló carros y jinetes. Tenía 1.400 carros y 12.000 jinetes,
que puso en las ciudades de los carros, y en Jerusalén junto al rey.
27 El rey hizo que la plata fuera tan común en Jerusalén como las piedras, y que el
cedro fuera tan abundante como los sicómoros que hay en la Sefela. 28 Los caballos
de Salomón provenían de Egipto y de Coa. Los mercaderes del rey los adquirían en
Coa al contado. 29 Cada carro que era importado de Egipto costaba 600 siclos de
plata; y cada caballo, 150 siclos. Y así los exportaban por medio de ellos, a todos
los reyes de los heteos y a los reyes de Siria.
Capítulo 11
1 Pero el rey Salomón amó, además de la hija del faraón, a muchas otras
mujeres extranjeras: moabitas, amonitas, edomitas, sidonias y heteas; 2 de los
pueblos de los que Jehovah había dicho a los hijos de Israel: “No os unáis a ellos ni
ellos se unan a vosotros, no sea que hagan desviar vuestros corazones tras sus
dioses.” A éstos Salomón se apegó con amor. 3 Tuvo 700 mujeres reinas y 300
concubinas. Y sus mujeres hicieron que se desviara su corazón. 4 Y sucedió que
cuando Salomón era ya anciano, sus mujeres hicieron que su corazón se desviara
tras otros dioses. Su corazón no fue íntegro para con Jehovah su Dios, como el
corazón de su padre David. 5 Porque Salomón siguió a Astarte, diosa de los
sidonios, y a Moloc, ídolo detestable de los amonitas. 6 Salomón hizo lo malo ante
los ojos de Jehovah y no siguió plenamente a Jehovah como su padre David.
7 Entonces Salomón edificó un lugar alto a Quemós, ídolo detestable de Moab, en el
monte que está frente a Jerusalén, y a Moloc, ídolo detestable de los hijos de Amón.
8 Y así hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y
ofrecían sacrificios a sus dioses.
9 Jehovah se indignó contra Salomón, porque su corazón se había desviado de
Jehovah Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces 10 y le había mandado
acerca de esto, que no siguiese a otros dioses. Pero él no guardó lo que Jehovah le
había mandado. 11 Entonces Jehovah dijo a Salomón: “Por cuanto ha habido esto en
ti y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, ciertamente
arrancaré de ti el reino y lo entregaré a un servidor tuyo. 12 Pero por amor a tu padre
David, no lo haré en tus días; lo arrancaré de la mano de tu hijo. 13 Sin embargo, no
arrancaré todo el reino, sino que daré a tu hijo una tribu, por amor a mi siervo David
y por amor a Jerusalén, que yo he elegido.”
14 Entonces Jehovah levantó un adversario a Salomón: Hadad el edomita, de la
descendencia real en Edom. 15 Sucedió que cuando David estuvo en Edom, Joab,
jefe del ejército, subió a enterrar a los muertos y mató a todos los varones de Edom.
16 (Porque Joab había permanecido allí seis meses, con todo Israel, hasta que
exterminaron a todos los varones de Edom.) 17 Pero Hadad huyó con algunos
hombres edomitas de los servidores de su padre, y se fue a Egipto. Entonces Hadad
era un muchacho pequeño. 18 Partieron de Madián, fueron a Parán, tomaron consigo
a algunos hombres de Parán y se fueron a Egipto, al faraón rey de Egipto, quien le
dio casa, le prometió alimentos y le dio tierras. 19 Hadad halló gran favor ante los
ojos del faraón, quien le dio por mujer a la hermana de su esposa, la hermana de la
reina Tajpenes. 20 La hermana de Tajpenes le dio a luz a su hijo Genubat, al cual
destetó Tajpenes en la casa del faraón. Genubat estaba en la casa del faraón, entre
los hijos del faraón. 21 Hadad oyó en Egipto que David había reposado con sus
padres y que Joab, el jefe del ejército, había muerto. Entonces Hadad dijo al faraón:
— Déjame ir, para que regrese a mi tierra. 22 El faraón le preguntó: — Pero, ¿qué te
falta conmigo, para que procures irte a tu tierra? El respondió: — Nada, pero de
todas maneras déjame ir. 23 Dios también le levantó como adversario a Rezón hijo
de Eliada, quien había huido de su señor Hadad-ezer, rey de Soba. 24 Cuando
David mató a los de Soba, aquél reunió gente alrededor de sí y se hizo jefe de una
banda armada. Después se fueron a Damasco y habitaron allí, y reinaron en
Damasco. 25 Fue adversario de Israel todos los días de Salomón, además del mal
que hacía Hadad; fue hostil a Israel y reinó sobre Siria.
26 También Jeroboam hijo de Nabat, servidor de Salomón, efrateo de Zereda,
se rebeló contra el rey. Su madre era una mujer viuda llamada Zerúa. 27 Estas son
las circunstancias en las que se rebeló contra el rey: Salomón estaba edificando el
Milo y cerró la brecha de la muralla de la Ciudad de David, su padre. 28 Este
Jeroboam era hombre valeroso. Salomón vio que el joven era eficiente y le puso a
cargo de todo el trabajo forzado de la casa de José. 29 Aconteció en aquel tiempo
que Jeroboam salió de Jerusalén, y el profeta Ajías de Silo lo encontró en el camino.
Este estaba cubierto con un manto nuevo, y los dos estaban solos en el campo.
30 Entonces Ajías tomó el manto nuevo que llevaba sobre sí, lo rasgó en doce
pedazos, 31 y dijo a Jeroboam: “Toma para ti diez pedazos, porque así ha dicho
Jehovah Dios de Israel: ‘He aquí, yo arranco el reino de la mano de Salomón, y a ti
te daré diez tribus. 32 Pero él tendrá una tribu por amor a mi siervo David y por
amor a Jerusalén, la ciudad que yo he elegido de entre todas las tribus de Israel.
33 Porque me han dejado y han adorado a Astarte, diosa de los sidonios; a Quemós,
dios de Moab; y a Moloc, dios de los hijos de Amón. No han andado en mis
caminos para hacer lo recto ante mis ojos y guardar mis estatutos y mis decretos,
como su padre David. 34 “ ‘Pero no quitaré de su mano todo el reino, porque lo he
puesto como gobernante todos los días de su vida, por amor a mi siervo David, al
cual yo elegí, y el cual guardó mis mandamientos y mis estatutos. 35 Pero quitaré el
reino de mano de su hijo y a ti te daré las diez tribus. 36 Sin embargo, a su hijo le
daré una tribu, para que mi siervo David tenga en él una lámpara delante de mí
continuamente en Jerusalén, la ciudad que yo me he elegido para poner allí mi
nombre. 37 “ ‘Yo, pues, te tomaré a ti, y reinarás en todo lo que desee tu alma, y
serás rey de Israel. 38 Y sucederá que si obedeces todo lo que te mande, y andas en
mis caminos y haces lo recto ante mis ojos, guardando mis estatutos y mis
mandamientos como hizo mi siervo David, yo estaré contigo y te edificaré una casa
estable como se la edifiqué a David, y te entregaré Israel. 39 Afligiré a la
descendencia de David por causa de esto, pero no para siempre.’” 40 Salomón
procuró matar a Jeroboam; pero Jeroboam se levantó, huyó a Egipto, a Sisac rey de
Egipto, y estuvo allí hasta la muerte de Salomón.
41 Los demás hechos de Salomón, todas las cosas que hizo y su sabiduría, ¿no
están escritos en el libro de los hechos de Salomón? 42 El tiempo que reinó Salomón
en Jerusalén sobre todo Israel fue de 40 años. 43 Salomón reposó con sus padres, y
fue sepultado en la Ciudad de David, su padre. Y su hijo Roboam
reinó en su lugar.
Volver al Menú de la Biblia