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2 CRÓNICAS

Capítulo 26

1 Entonces todo el pueblo de Judá tomó a Uzías, que tenía 16 años de edad, y

lo proclamaron rey en lugar de su padre Amasías. 2 El reedificó Eilat y la restituyó a

Judá, después que el rey reposó con sus padres. 3 Uzías tenía 16 años cuando

comenzó a reinar, y reinó 52 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Jecolía,

de Jerusalén. 4 El hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, conforme a todas las cosas

que había hecho su padre Amasías. 5 Se propuso buscar a Dios en los días de

Zacarías, entendido en las visiones de Dios; y en el tiempo en que buscó a Jehovah,

Dios le prosperó. 6 Salió y combatió contra los filisteos, y abrió brecha en el muro

de Gat, en el muro de Yabne y en el muro de Asdod. Edificó ciudades en la zona de

Asdod y entre los filisteos. 7 Dios le ayudó contra los filisteos, contra los árabes que

habitaban en Gur-baal y contra los meunitas. 8 Los amonitas dieron tributo a Uzías, y

su nombre se difundió hasta la entrada de Egipto, porque se había hecho poderoso

en extremo. 9 Uzías también edificó torres en Jerusalén, junto a la puerta de la

Esquina, junto a la puerta del Valle y junto al ángulo, y las fortificó. 10 También

edificó torres en el desierto y cavó muchos pozos, porque tenía mucho ganado,

tanto en la Sefela como en la costa. Tuvo también agricultores y viñadores en la

región montañosa y en los campos fértiles, porque era amante de la agricultura.

11 Uzías mantuvo un ejército entrenado para la batalla, que salía a la campaña por

divisiones, conforme al número de su lista hecha por el escriba Jeiel y por el oficial

Maasías, bajo la dirección de Ananías, uno de los funcionarios del rey. 12 El número

total de los jefes de las casas paternas al frente de los guerreros valientes era de

2.600. 13 Bajo su mando estaba un ejército de 307.500 guerreros, una fuerza

poderosa para ayudar al rey contra los enemigos. 14 Uzías preparó para todo el

ejército escudos, lanzas, cascos, cotas de malla, arcos y piedras para las hondas.

15 En Jerusalén hizo máquinas, ingeniosamente diseñadas por técnicos, para que

estuviesen en las torres y en las esquinas, a fin de lanzar dardos y grandes piedras.

Su fama se difundió muy lejos, porque halló ayuda de manera sorprendente, hasta

que se hizo fuerte.

16 Cuando Uzías se hizo fuerte, su corazón se enalteció hasta corromperse. El

actuó con infidelidad contra Jehovah su Dios y entró en la casa de Jehovah para

quemar incienso en el altar del incienso. 17 El sacerdote Azarías entró tras él, y

ochenta sacerdotes de Jehovah con él, hombres valientes. 18 Estos se pusieron

contra el rey Uzías y le dijeron: — ¡No te corresponde a ti, oh Uzías, quemar

incienso a Jehovah, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que han sido consagrados

para ello! ¡Sal del santuario, porque has actuado mal! ¡Esto no te servirá de gloria

delante de Jehovah Dios! 19 Pero Uzías, quien tenía en su mano un incensario para

quemar incienso, se llenó de ira. Y al airarse contra los sacerdotes, brotó lepra en su

frente, en presencia de los sacerdotes, en la casa de Jehovah, junto al altar del

incienso. 20 El sumo sacerdote Azarías y todos los sacerdotes lo vieron, y he aquí

que él tenía leprosa la frente. Entonces le hicieron salir aprisa de allí. El mismo se

apresuró a salir, porque Jehovah lo había herido. 21 El rey Uzías quedó leproso hasta

el día de su muerte. Siendo leproso habitó aislado en una casa, porque había sido

excluido de la casa de Jehovah. Su hijo Jotam tenía a su cargo la casa del rey y

gobernaba al pueblo de la tierra. 22 Los demás hechos de Uzías, los primeros y los

últimos, los ha escrito el profeta Isaías hijo de Amoz. 23 Uzías reposó con sus

padres, y lo sepultaron con sus padres en el campo de sepultura de los reyes,

aunque dijeron: “El es leproso.” Y su hijo Jotam reinó en su lugar.

Capítulo 27

1 Jotam tenía 25 años cuando comenzó a reinar, y reinó 16 años en Jerusalén. El

nombre de su madre era Jerusa hija de Sadoc. 2 El hizo lo recto ante los ojos de

Jehovah, conforme a todas las cosas que había hecho su padre Uzías, salvo que no

entró en el templo de Jehovah. Sin embargo, el pueblo continuaba corrompiéndose.

3 Jotam edificó la puerta superior de la casa de Jehovah e hizo muchas edificaciones

en la muralla del Ofel. 4 Edificó ciudades en la región montañosa de Judá, y

fortalezas y torres en los bosques. 5 También hizo guerra contra el rey de los hijos de

Amón, a los cuales venció. Aquel año los hijos de Amón le dieron 100 talentos de

plata, 10.000 coros de trigo y 10.000 coros de cebada. Esto mismo le dieron los

hijos de Amón el segundo y el tercer año. 6 Jotam se hizo fuerte, porque dispuso sus

caminos delante de Jehovah su Dios. 7 Los demás hechos de Jotam, todas sus

guerras y sus actividades, he aquí que están escritos en el libro de los reyes de Israel

y de Judá. 8 Tenía 25 años cuando comenzó a reinar, y reinó 16 años en Jerusalén.

9 Jotam reposó con sus padres, y lo sepultaron en la Ciudad de David. Y su hijo

Acaz reinó en su lugar.

Capítulo 28

1 Acaz tenía 20 años cuando comenzó a reinar, y reinó 16 años en Jerusalén. El

no hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, en contraste con su padre David.

2 Anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y aun hizo de metal fundido

imágenes de los Baales. 3 Quemó incienso en el valle de Ben-hinom e hizo pasar por

fuego a sus hijos, conforme a las prácticas abominables de las naciones que Jehovah

había echado de delante de los hijos de Israel. 4 Asimismo, ofreció sacrificios y

quemó incienso en los lugares altos, sobre las colinas y debajo de todo árbol

frondoso. 5 Entonces Jehovah su Dios lo entregó en mano del rey de Siria; ellos lo

derrotaron y le tomaron muchos cautivos, a los cuales llevaron a Damasco. También

fue entregado en mano del rey de Israel, el cual le ocasionó una gran derrota.

6 Pécaj hijo de Remalías mató en Judá a 120.000 en un solo día, todos hombres

valientes, porque habían abandonado a Jehovah, Dios de sus padres. 7 También

Zicri, un hombre poderoso de Efraín, mató a Maasías, hijo del rey, a Azricam,

encargado del palacio, y a Elcana que era segundo después del rey. 8 Los hijos de

Israel también tomaron cautivos a 200.000 de sus hermanos: mujeres, hijos e hijas.

Además, tomaron de ellos un gran botín y se lo llevaron a Samaria. 9 Había allí un

profeta de Jehovah que se llamaba Oded, el cual salió al encuentro del ejército,

cuando llegaba a Samaria, y les dijo: — He aquí, fue debido a que Jehovah, Dios de

vuestros padres, estaba airado contra Judá, que la entregó en vuestra mano. Pero

vosotros los habéis matado con tal saña que ha llegado hasta el cielo. 10 Y ahora

habéis determinado someter a los hijos de Judá y de Jerusalén como vuestros

siervos y siervas. ¿No sois vosotros los verdaderos culpables ante Jehovah vuestro

Dios? 11 Ahora pues, escuchadme y haced volver a los cautivos que habéis tomado

de vuestros hermanos, porque el furor de la ira de Jehovah está sobre vosotros.

12 Entonces se levantaron contra los que venían de la guerra algunos hombres de los

jefes de los hijos de Efraín (Azarías hijo de Johanán, Berequías hijo de Mesilemot,

Ezequías hijo de Salum y Amasa hijo de Hadlai), 13 y les dijeron: — No traigáis acá

a los cautivos, porque esto nos hará culpables delante de Jehovah. Vosotros tratáis

de añadir sobre nuestros pecados y sobre nuestra culpa, a pesar de que ya es

grande nuestra culpa y de que el furor de su ira está sobre Israel. 14 Entonces el

ejército abandonó a los cautivos y el botín delante de los jefes y de toda la

congregación. 15 Unos hombres que fueron designados por nombre se levantaron,

tomaron a los cautivos y vistieron del botín a todos los que entre ellos estaban

desnudos. Los vistieron, los calzaron y les dieron de comer y de beber. Los

ungieron, condujeron en asnos a todos los débiles, y los llevaron hasta Jericó, la

ciudad de las palmeras, junto a sus hermanos. Después regresaron a Samaria.

16 En aquel tiempo el rey Acaz envió a pedir ayuda al rey de Asiria, 17 porque

otra vez habían venido los edomitas y habían atacado a los de Judá, llevándose

cautivos. 18 Asimismo, los filisteos habían hecho una incursión en las ciudades de la

Sefela y del Néguev de Judá, y habían tomado Bet-semes, Ajalón, Gederot, Soco

con sus aldeas, Timna con sus aldeas y Gimzo con sus aldeas; y habitaron en ellas.

19 Ciertamente Jehovah humilló a Judá por causa de Acaz, rey de Judá, porque él

había permitido la corrupción en Judá y había actuado gravemente contra Jehovah.

20 Tiglat-pileser, rey de Asiria, vino a él, pero lo redujo a estrechez en lugar de

fortalecerlo. 21 A pesar de que Acaz había despojado la casa de Jehovah, la casa

del rey y las casas de los gobernadores, para darlo al rey de Asiria, éste no le prestó

ayuda. 22 En el tiempo de su aflicción el rey Acaz persistió en su infidelidad a

Jehovah, 23 porque ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que le habían

derrotado. Y dijo: “Puesto que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, yo

también les ofreceré sacrificios, para que me ayuden a mí.” Pero ellos fueron los que

lo hicieron fracasar a él y a todo Israel. 24 Además de esto, Acaz recogió los

utensilios de la casa de Dios. Destrozó los utensilios de la casa de Dios, y cerró las

puertas de la casa de Jehovah. Se hizo altares en todos los rincones de Jerusalén.

25 E hizo lugares altos en todas las ciudades de Judá, para quemar incienso a otros

dioses, provocando a ira a Jehovah, Dios de sus padres. 26 Los demás hechos de

Acaz, todos su caminos, los primeros y los últimos, he aquí que están escritos en el

libro de los reyes de Judá y de Israel. 27 Acaz reposó con sus padres, y lo

sepultaron en la ciudad de Jerusalén, pero no lo pusieron en los sepulcros de los

reyes de Israel. Y su hijo Ezequías reinó en su lugar.

Capítulo 29

1 Ezequías comenzó a reinar cuando tenía 25 años, y reinó 29 años en Jerusalén.

El nombre de su madre era Abía hija de Zacarías. 2 El hizo lo recto ante los ojos de

Jehovah, conforme a todas las cosas que había hecho su padre David. 3 En el mes

primero del primer año de su reinado, abrió las puertas de la casa de Jehovah y las

reparó. 4 Hizo venir a los sacerdotes y a los levitas, los reunió en la plaza oriental 5 y

les dijo: — Oídme, oh levitas: Purificaos ahora, y purificad luego la casa de Jehovah,

Dios de vuestros padres, sacando del santuario la inmundicia. 6 Porque nuestros

padres han sido infieles y han hecho lo malo ante los ojos de Jehovah, nuestro Dios.

Ellos le han abandonado, han apartado sus rostros del tabernáculo de Jehovah, y le

han vuelto las espaldas. 7 Incluso han cerrado las puertas del pórtico y han

apagado las lámparas. No han quemado incienso ni han ofrecido holocaustos en el

santuario al Dios de Israel. 8 Por eso la ira de Jehovah ha venido sobre Judá y

Jerusalén, y los ha entregado a turbación, horror y escarnio, como lo veis con vuestros

propios ojos. 9 He aquí que por esto nuestros padres han caído a espada, y nuestros

hijos, nuestras hijas y nuestras mujeres están cautivos. 10 Ahora pues, yo he decidido

hacer un pacto con Jehovah Dios de Israel, para que aparte de nosotros el furor de su

ira. 11 Ahora pues, hijos míos, no seáis negligentes, porque Jehovah os ha escogido a fin

de que estéis delante de él y le sirváis, para que seáis sus servidores y le queméis

incienso.”

12 Entonces se levantaron los levitas Majat hijo de Amasai y Joel hijo de

Azarías, de los hijos de Cohat; Quis hijo de Abdi y Azarías hijo de Jehalelel, de los

hijos de Merari; Jóaj hijo de Zima y Edén hijo de Jóaj, de los hijos de Gersón;

13 Simri y Jeiel, de los hijos de Elizafán; Zacarías y Matanías, de los hijos de Asaf;

14 Yejiel y Simi, de los hijos de Hemán: Semaías y Uziel, de los hijos de Jedutún.

15 Estos reunieron a sus hermanos, se purificaron y entraron para limpiar la casa de

Jehovah, conforme al mandato del rey, basado en la palabra de Jehovah. 16 Los

sacerdotes entraron en la parte interior de la casa de Jehovah para limpiarla.

Sacaron al atrio de la casa de Jehovah toda la inmundicia que hallaron en el templo

de Jehovah, y los levitas la tomaron para sacarla fuera, al arroyo de Quedrón.

17 Comenzaron a purificarlo el primero del mes primero. El octavo día del mismo

mes entraron en el pórtico de Jehovah y purificaron la casa de Jehovah en ocho días.

Y acabaron el día 16 del mes primero. 18 Luego pasaron adentro, ante el rey

Ezequías, y le dijeron: — Ya hemos limpiado toda la casa de Jehovah, el altar del

holocausto y todos sus utensilios; igualmente, la mesa de la presentación y todos sus

utensilios. 19 Asimismo, hemos preparado y consagrado todos los utensilios que en

su infidelidad había puesto de lado el rey Acaz mientras reinaba. He aquí, ellos están

delante del altar de Jehovah.

20 El rey Ezequías se levantó muy de mañana, reunió a los dirigentes de la ciudad

y subió a la casa de Jehovah. 21 Llevaron siete toros, siete carneros, siete corderos y

siete machos cabríos para hacer un sacrificio por el pecado a favor del reino, del

santuario y de Judá. Y mandó a los sacerdotes hijos de Aarón que los ofreciesen

como holocausto sobre el altar de Jehovah. 22 Entonces mataron los toros, y los

sacerdotes tomaron la sangre y la esparcieron sobre el altar. Mataron luego los

carneros y esparcieron la sangre sobre el altar. Asimismo, mataron los corderos y

esparcieron la sangre sobre el altar. 23 Después hicieron acercar ante el rey y la

multitud los machos cabríos de la ofrenda por el pecado, y pusieron sus manos

sobre ellos. 24 Entonces los sacerdotes los degollaron y con su sangre

hicieron un sacrificio por el pecado en el altar, para hacer expiación por todo Israel.

Porque el rey había ordenado el holocausto y el sacrificio por el pecado, por todo

Israel. 25 También puso a los levitas en la casa de Jehovah, con címbalos, liras y

arpas, conforme al mandato de David, de Gad, vidente del rey, y del profeta Natán;

porque éste fue el mandamiento de Jehovah por medio de sus profetas. 26 Así que

los levitas estuvieron de pie con los instrumentos de David, y los sacerdotes con las

trompetas. 27 Entonces Ezequías mandó que se ofreciera el holocausto sobre el altar.

Y cuando el holocausto empezó a ser ofrecido, comenzó el canto a Jehovah con las

trompetas y los instrumentos de David, rey de Israel. 28 Toda la congregación

adoraba mientras resonaba el canto y sonaban las trompetas, todo hasta acabarse el

holocausto. 29 Cuando acabaron de ofrecer el holocausto, el rey y todos los que

estaban con él se arrodillaron y adoraron. 30 Entonces el rey Ezequías y los

dirigentes mandaron a los levitas que alabasen a Jehovah con las palabras de David

y del vidente Asaf. Y ellos alabaron con grande gozo, y se inclinaron y adoraron.

31 Luego Ezequías tomó la palabra y dijo: — Ahora vosotros os habéis consagrado

a Jehovah. Acercaos y presentad sacrificios y ofrendas de acción de gracias en la

casa de Jehovah. Entonces la multitud presentó sacrificios y ofrendas de acción de

gracias, y todos los de corazón generoso ofrecieron holocaustos. 32 El número de los

holocaustos que trajo la asamblea fue de 70 toros, 100 carneros y 200 corderos;

todos éstos fueron para el holocausto a Jehovah. 33 Las ofrendas consagradas

fueron de 600 toros y 3.000 ovejas. 34 Sin embargo, los sacerdotes eran pocos y no

bastaban para desollar todos los holocaustos, de modo que sus hermanos los levitas

les ayudaron, hasta que acabaron la obra y hasta que los sacerdotes se purificaron.

Porque los levitas habían sido más concienzudos que los sacerdotes en purificarse.

35 Así, pues, hubo una gran cantidad de holocaustos, con los sebos de los sacrificios

de paz y con las libaciones de cada holocausto. Así quedó restablecido el servicio

de la casa de Jehovah. 36 Ezequías y todo el pueblo se alegraron por lo que Dios

había realizado a favor del pueblo, porque la cosa se había hecho con rapidez.

Capítulo 30

1 Ezequías envió mensajeros por todo Israel y Judá, y también escribió cartas a

los de Efraín y Manasés para que acudieran a Jerusalén, a la casa de Jehovah, para

celebrar la Pascua de Jehovah Dios de Israel. 2 El rey había tomado el acuerdo,

junto con sus magistrados y con toda la congregación en Jerusalén, de celebrar la

Pascua en el mes segundo. 3 No la habían podido celebrar a su debido tiempo,

porque los sacerdotes no se habían purificado en número suficiente, ni el pueblo se

había reunido en Jerusalén. 4 Esto les pareció bien al rey y a toda la asamblea, 5 y

determinaron pasar una proclama por todo Israel, desde Beerseba hasta Dan, para

que acudieran a celebrar la Pascua a Jehovah Dios de Israel, en Jerusalén. Porque

hacía mucho tiempo que no la habían celebrado según estaba escrito. 6 Fueron,

pues, los mensajeros por todo Israel y Judá, con cartas de parte del rey y de sus

magistrados, como el rey lo había mandado, que decían: Oh hijos de Israel, volveos

a Jehovah, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, para que él se vuelva a los que

han escapado y sobrevivido de mano de los reyes de Asiria. 7 No seáis como

vuestros padres y como vuestros hermanos, que actuaron con infidelidad a Jehovah,

Dios de sus padres, por lo cual él los entregó a la desolación, como vosotros veis.

8 Ahora pues, no endurezcáis vuestra cerviz como vuestros padres. Someteos a

Jehovah, y venid a su santuario que él ha santificado para siempre. Servid a Jehovah

vuestro Dios, y el furor de su ira se apartará de vosotros. 9 Porque si os volvéis a

Jehovah, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán misericordia delante de quienes

los llevaron cautivos, y volverán a esta tierra. Porque Jehovah vuestro Dios es

clemente y misericordioso, y si vosotros os volvéis a él, no esconderá de vosotros su

rostro. 10 Los mensajeros pasaron de ciudad en ciudad por la tierra de Efraín y de

Manasés, y hasta Zabulón; pero se reían de ellos y los ridiculizaban. 11 Solamente

algunos hombres de Aser, de Manasés y de Zabulón se humillaron y fueron a

Jerusalén. 12 También en Judá se manifestó la mano de Dios, dándoles un solo

corazón para cumplir el mandato del rey y de los magistrados, conforme a las

palabras de Jehovah.

13 En el mes segundo se reunió en Jerusalén mucha gente, una gran

congregación, para celebrar la fiesta de los panes sin levadura. 14 Luego se

levantaron y quitaron los altares que había en Jerusalén. También quitaron los altares

de incienso, y los echaron al arroyo de Quedrón. 15 Entonces sacrificaron la víctima

de la Pascua el 14 del mes segundo. Los sacerdotes y los levitas estaban

avergonzados y se purificaron, y llevaron holocaustos a la casa de Jehovah.

16 Tomaron su respectivo lugar conforme a lo establecido en la ley de Moisés,

hombre de Dios, y los sacerdotes esparcían la sangre que recibían de mano de los

levitas. 17 Puesto que había muchos en la congregación que no estaban purificados,

los levitas estuvieron a cargo del sacrificio de las víctimas de la Pascua, por todos

los que no se habían purificado, a fin de consagrarlas a Jehovah. 18 La mayoría de la

gente, muchos de Efraín, de Manasés, de Isacar y de Zabulón, no se había

purificado; pero comieron la víctima de la Pascua, aunque no de acuerdo con lo

prescrito. Pero Ezequías oró por ellos diciendo: “Jehovah, que es bueno,

perdone a todo aquel que ha preparado su corazón para buscar a Dios, 19 a

Jehovah, Dios de sus padres, aunque no sea de acuerdo con la purificación ritual.”

20 Y Jehovah escuchó a Ezequías y sanó al pueblo.

21 Así los hijos de Israel que se hallaban en Jerusalén celebraron la fiesta de los

Panes sin Levadura, durante siete días, con gran gozo. Los levitas y los sacerdotes

alababan a Jehovah día tras día, cantando a Jehovah con instrumentos resonantes.

22 Ezequías habló al corazón de todos los levitas que demostraban tener buen

conocimiento de Jehovah, y durante siete días comieron la porción asignada,

ofreciendo sacrificios de paz y dando gracias a Jehovah, Dios de sus padres.

23 Entonces toda la congregación determinó que se celebrase otros siete días. Y

celebraron otros siete días con alegría. 24 Porque Ezequías, rey de Judá, había dado

para la congregación 1.000 toros y 7.000 ovejas; y también los magistrados habían

dado para la congregación 1.000 toros y 10.000 ovejas, y muchos sacerdotes ya se

habían purificado. 25 Toda la congregación de Judá se regocijó, como también los

sacerdotes, los levitas y toda la congregación que había venido de Israel. Asimismo

los forasteros que habían venido de la tierra de Israel y los que habitaban en Judá.

26 Hubo gran alegría en Jerusalén, porque no había habido cosa semejante en

Jerusalén desde los días de Salomón hijo de David, rey de Israel. 27 Después los

sacerdotes y los levitas se levantaron y bendijeron al pueblo. Y su voz fue oída, y su

oración llegó a su santa morada, al mismo cielo.

Capítulo 31

1 Cuando se acabó todo esto, todos los de Israel que habían estado presentes

fueron por las ciudades de Judá; rompieron las piedras rituales, cortaron los árboles

rituales de Asera y derribaron los lugares altos y los altares en todo Judá y

Benjamín, y también en Efraín y Manasés, hasta acabar con ellos. Después todos los

hijos de Israel regresaron a sus ciudades, cada uno a su posesión. 2 Ezequías

constituyó los grupos de los sacerdotes y de los levitas, conforme a sus grupos, y

cada uno según su oficio (tanto los sacerdotes como los levitas), para los

holocaustos y los sacrificios de paz; a fin de que sirviesen, diesen gracias y alabasen

en las puertas de la morada de Jehovah. 3 El rey contribuyó con una parte de su

patrimonio para los holocaustos: para los holocaustos de la mañana y de la tarde, y

para los holocaustos de los sábados, de las lunas nuevas y de las fiestas solemnes,

como está escrito en la ley de Jehovah. 4 También mandó al pueblo que habitaba en

Jerusalén que diesen a los sacerdotes y a los levitas la porción que les correspondía,

para que se mantuviesen dedicados a la ley de Jehovah. 5 Cuando fue divulgada

esta orden, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino nuevo, aceite,

miel y de todos los frutos de la tierra. Asimismo, trajeron en abundancia los diezmos

de todas las cosas. 6 También los hijos de Israel y de Judá que habitaban en las

ciudades de Judá trajeron los diezmos de las vacas y de las ovejas, y los diezmos de

las cosas consagradas a Jehovah su Dios, y lo acumularon en montones.

7 Comenzaron a hacer aquellos montones en el mes tercero, y acabaron en el mes

séptimo. 8 Ezequías y los magistrados fueron a ver los montones, y bendijeron a

Jehovah y a su pueblo Israel. 9 Ezequías preguntó a los sacerdotes y a los levitas

acerca de los montones. 10 Y Azarías, sumo sacerdote de la casa de Sadoc, le

respondió: “Desde que comenzaron a traer la ofrenda a la casa de Jehovah, hemos

comido y nos hemos saciado, y ha sobrado mucho. Porque Jehovah ha bendecido a

su pueblo, y ha sobrado esta gran cantidad.”

11 Entonces Ezequías mandó que preparasen unas cámaras en la casa de

Jehovah. Las prepararon 12 y pusieron fielmente en ellas las ofrendas, los diezmos y

las cosas consagradas. A cargo de ello estaban el oficial Conanías, levita, y su

hermano Simei, segundo en rango. 13 Yejiel, Azazías, Najat, Asael, Jerimot,

Jozabad, Eliel, Ismaquías, Majat y Benaías eran supervisores bajo el mando de

Conanías y de su hermano Simei, por disposición del rey Ezequías y de Azarías,

director de la casa de Dios. 14 El levita Coré hijo de Imna, guardia de la puerta

oriental, estaba encargado de las ofrendas voluntarias hechas a Dios, de la

distribución de las contribuciones a Jehovah y de las cosas más sagradas. 15 Bajo su

mando estaban Edén, Miniamín, Jesúa, Semaías, Amarías y Secanías en las ciudades

de los sacerdotes encargados de distribuir con fidelidad a sus hermanos sus

porciones, conforme a sus grupos, desde el mayor hasta el menor; 16 a los varones,

de acuerdo con sus genealogías, de tres años para arriba, todos los que entraban en

la casa de Jehovah, para realizar su tarea diaria, según su servicio, en sus deberes y

de acuerdo con sus grupos. 17 Lo mismo a los sacerdotes inscritos en las

genealogías, según sus casas paternas, y a los levitas de 20 años para arriba,

conforme a sus deberes y a sus grupos. 18 Ellos estaban inscritos en el registro con

todos sus bebés, sus mujeres, sus hijos e hijas, de toda la asamblea, porque con

fidelidad se consagraban a las cosas sagradas. 19 Además, para los hijos de Aarón,

los sacerdotes, que estaban en los campos alrededor de sus ciudades, había

hombres designados por nombre en cada una de las ciudades, para que dieran

porciones a cada varón entre los sacerdotes y a todos los levitas registrados en las

genealogías. 20 De esta manera hizo Ezequías en todo Judá. El hizo lo bueno, lo

recto y lo verdadero delante de Jehovah su Dios. 21 El buscó a su Dios en toda

obra que emprendió en el servicio de la casa de Dios y en la ley y los mandamientos.

Lo hizo de todo corazón y fue prosperado.

Capítulo 32

1 Después de estas cosas y de esta fidelidad, vino Senaquerib, rey de Asiria; e

invadió Judá y acampó contra las ciudades fortificadas, con la intención de

conquistarlas. 2 Al ver que había venido Senaquerib y que su propósito era combatir

contra Jerusalén, Ezequías 3 tomó consejo con sus generales y sus valientes para

cegar los manantiales de aguas que estaban fuera de la ciudad; y ellos le apoyaron.

4 Se reunió mucha gente, y cegaron todos los manantiales y el arroyo que corría a

través del territorio, diciendo: “¿Por qué han de hallar tanta agua los reyes de Asiria,

cuando vengan?” 5 Ezequías se animó y reconstruyó toda la muralla que tenía

brechas, y sobre ella levantó torres y edificó por fuera otra muralla. Fortificó el Milo

en la Ciudad de David, e hizo muchas lanzas y muchos escudos. 6 También designó

comandantes de guerra sobre el pueblo; y los hizo reunir ante él en la plaza de la

puerta de la ciudad, y les habló al corazón diciendo: 7 Esforzaos y sed valientes; no

temáis ni desmayéis ante el rey de Asiria, ni ante toda la multitud que viene con él;

porque más poderoso es el que está con nosotros que el que está con él. 8 Con él

está un brazo de carne; pero con nosotros está Jehovah, nuestro Dios, para

ayudarnos y para llevar a cabo nuestras batallas.” Y el pueblo tuvo confianza en las

palabras de Ezequías, rey de Judá.

9 Después de esto Senaquerib, rey de Asiria, que estaba sitiando Laquis con

todas sus fuerzas, envió sus servidores a Jerusalén para decir a Ezequías, rey de

Judá, y a todos los de Judá que estaban en Jerusalén: 10 Así ha dicho Senaquerib,

rey de Asiria: ¿En qué confiáis vosotros que permanecéis sitiados en Jerusalén?

11 ¿No os engaña Ezequías, para entregaros a morir de hambre y de sed, diciendo:

‘Jehovah nuestro Dios nos librará de mano del rey de Asiria’? 12 ¿No es éste aquel

cuyos lugares altos y cuyos altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a

Jerusalén: ‘Delante de un solo altar adoraréis, y sobre él quemaréis incienso’?

13 ¿No sabéis lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de aquellas

tierras? ¿Pudieron los dioses de las naciones de aquellas tierras librar sus tierras de

mi mano? 14 ¿Cuál de todos los dioses de aquellas naciones que mis padres

destruyeron por completo pudo salvar a su pueblo de mi mano, para que vuestro

dios pueda libraros de mi mano? 15 Ahora pues, ¡no os engañe Ezequías, ni os haga

errar de esta manera! ¡No le creáis! Porque ningún dios de ninguna nación ni

reino ha podido librar a su pueblo de mi mano ni de la mano de mis padres. ¡Cuánto

menos vuestro dios os podrá librar de mi mano!” 16 Estas y otras cosas hablaron sus

servidores contra Jehovah Dios y contra su siervo Ezequías. 17 Además, escribió

cartas en las que afrentaba a Jehovah Dios de Israel, y hablaba contra él diciendo:

“Como los dioses de las naciones de otras tierras no pudieron librar a sus pueblos

de mi mano, tampoco el dios de Ezequías librará a su pueblo de mi mano.”

18 Entonces gritaron a gran voz en hebreo al pueblo de Jerusalén que estaba sobre la

muralla, para atemorizarlos e infundirles miedo, a fin de poder tomar la ciudad.

19 Hablaron del Dios de Jerusalén como de los dioses de los pueblos de la tierra,

que son obra de manos de hombres. 20 Entonces el rey Ezequías y el profeta Isaías

hijo de Amoz oraron acerca de esto y clamaron a los cielos. 21 Y Jehovah envió un

ángel, el cual hirió a todos los guerreros esforzados, a los oficiales y a los jefes en el

campamento del rey de Asiria. Senaquerib se volvió a su tierra con el rostro

avergonzado. Y cuando entró en el templo de su dios, algunos de sus propios hijos

lo mataron allí a espada. 22 Así libró Jehovah a Ezequías y a los habitantes de

Jerusalén de mano de Senaquerib, rey de Asiria, y de mano de todos. Y les dio

reposo en derredor. 23 Muchos traían a Jerusalén ofrendas para Jehovah, y

preciosos regalos para Ezequías, rey de Judá. Y después de esto fue engrandecido

ante todas las naciones.

24 En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte y oró a Jehovah. El le

respondió y le dio una señal milagrosa. 25 Pero Ezequías no correspondió al bien que

le había sido hecho; antes bien, se enalteció su corazón, y el furor de Dios vino

contra él, contra Judá y contra Jerusalén. 26 Pero después que se enalteció su

corazón, Ezequías se humilló, junto con los habitantes de Jerusalén; y el furor de

Jehovah dejó de venir sobre ellos en los días de Ezequías. 27 Ezequías tuvo

muchísimas riquezas y gloria. Adquirió tesoros de plata y oro, piedras preciosas,

especias aromáticas, escudos y toda clase de objetos valiosos. 28 También tuvo

depósitos para los productos del grano, del vino nuevo y del aceite, establos para

toda clase de ganado y rediles para los rebaños. 29 Adquirió ciudades, rebaños de

ovejas y vacas en gran abundancia, porque Dios le dio muchísimas posesiones. 30 El

mismo Ezequías cegó la salida de las aguas de Guijón Alto, y las condujo

directamente hacia abajo, hacia el oeste, a la Ciudad de David. Ezequías tuvo éxito

en todo lo que hizo, 31 excepto en el asunto de los intermediarios de los jefes de

Babilonia, que fueron enviados a él para investigar el prodigio que había acontecido

en el país. Dios lo abandonó para probarlo, a fin de conocer todo lo que estaba en

su corazón. 32 Los demás hechos de Ezequías y sus obras piadosas, he aquí que

están escritos en la visión del profeta Isaías hijo de Amoz y en el libro de los reyes

de Judá y de Israel. 33 Ezequías reposó con sus padres, y lo sepultaron en la subida

de los sepulcros de los hijos de David. Todo Judá y los habitantes de Jerusalén le

honraron en su muerte. Y su hijo Manasés reinó en su lugar.

Capítulo 33

1 Manasés tenía 12 años cuando comenzó a reinar, y reinó 55 años en Jerusalén.

2 El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, conforme a las prácticas abominables de

las naciones que Jehovah había echado de delante de los hijos de Israel. 3 Volvió a

edificar los lugares altos que su padre Ezequías había destruido. Erigió altares a los

Baales, hizo árboles rituales de Asera, y se postró ante todo el ejército de los cielos

y les rindió culto. 4 También edificó altares en la casa de Jehovah, de la cual Jehovah

había dicho: “En Jerusalén estará mi nombre para siempre.” 5 Edificó altares a todo

el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehovah. 6 Hizo pasar por

fuego a sus hijos en el valle de Ben-hinom; practicó la magia, la adivinación y la

hechicería; evocó a los muertos y practicó el espiritismo. Abundó en hacer lo malo

ante los ojos de Jehovah, provocándole a ira. 7 La imagen tallada del ídolo que había

hecho, él la puso en la casa de Dios, de la cual Dios había dicho a David y a su hijo

Salomón: “En esta casa y en Jerusalén, que he elegido entre todas las tribus de

Israel, pondré mi nombre para siempre. 8 No volveré a quitar los pies de Israel de la

tierra que yo he establecido para vuestros padres, con tal de que procuren hacer

todas las cosas que les he mandado: toda la ley, los estatutos y los decretos, dados

por medio de Moisés.” 9 Manasés hizo que Judá y los habitantes de Jerusalén se

desviaran; e hicieron lo malo, más que las naciones que Jehovah había destruido ante

los hijos de Israel. 10 Jehovah habló a Manasés y a su pueblo, pero no escucharon.

11 Por ello Jehovah trajo contra ellos a los jefes del ejército del rey de Asiria,

quienes aprisionaron con ganchos a Manasés, y lo llevaron a Babilonia atado con

cadenas de bronce. 12 Sin embargo, cuando fue puesto en angustia, imploró el favor

de Jehovah su Dios y se humilló mucho delante del Dios de sus padres. 13 El oró a

Dios, quien aceptó su oración y escuchó su súplica, y lo hizo volver a Jerusalén y a

su reino. Entonces Manasés reconoció que Jehovah es Dios. 14 Después de esto

edificó la muralla exterior de la Ciudad de David, al oeste de Guijón, en el valle,

hasta la entrada de la puerta del Pescado, y cercó el Ofel, elevándola mucho.

También puso oficiales del ejército en todas las ciudades fortificadas de Judá.

15 Quitó de la casa de Jehovah los dioses extraños y el ídolo, asimismo todos

los altares que había edificado en el monte de la casa de Jehovah y en Jerusalén; y

los echó fuera de la ciudad. 16 Luego restauró el altar de Jehovah, y sobre él ofreció

sacrificios de paz y de acción de gracias, y mandó a los de Judá que sirviesen a

Jehovah Dios de Israel. 17 Sin embargo, el pueblo seguía ofreciendo sacrificios en los

lugares altos, aunque sólo a Jehovah su Dios. 18 Los demás hechos de Manasés, su

oración a su Dios y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre de

Jehovah Dios de Israel, he aquí que están escritos en las crónicas de los reyes de

Israel. 19 Asimismo, su oración y cómo fue escuchado, todo su pecado e infidelidad,

los sitios donde edificó lugares altos y puso árboles rituales de Asera e imágenes,

antes de que se humillase, he aquí que están escritos en las crónicas de los videntes.

20 Manasés reposó con sus padres, y lo sepultaron en su casa. Y su hijo Amón reinó

en su lugar.

21 Amón tenía 22 años cuando comenzó a reinar, y reinó 2 años en Jerusalén.

22 El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, como había hecho su padre Manasés.

Amón ofrecía sacrificios y rendía culto a todos los ídolos que había hecho su padre

Manasés. 23 Pero nunca se humilló delante de Jehovah, como se humilló su padre. Al

contrario, Amón añadió más a su culpa. 24 Sus servidores conspiraron contra él y lo

mataron en su casa. 25 Pero el pueblo de la tierra mató a todos los que habían

conspirado contra el rey Amón. Luego, en su lugar, el pueblo de la tierra proclamó

rey a su hijo Josías.

Capítulo 34

1 Josías tenía 8 años cuando comenzó a reinar, y reinó 31 años en Jerusalén. 2 El

hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, y anduvo en los caminos de su padre David,

sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda. 3 A los ocho años de su reinado,

siendo aún muchacho, comenzó a buscar al Dios de su padre David. Y a los doce

años comenzó a limpiar Judá y Jerusalén de los lugares altos, de los árboles rituales

de Asera, de las imágenes talladas y de las imágenes de fundición. 4 Delante de él

derribaron los altares de los Baales; destrozó los altares de incienso que estaban

puestos encima y quebró los árboles rituales de Asera. Redujo a polvo las imágenes

talladas y las imágenes de fundición, y esparció el polvo sobre los sepulcros de los

que les habían ofrecido sacrificios. 5 Quemó sobre sus altares los huesos de los

sacerdotes, y limpió a Judá y a Jerusalén. 6 Lo mismo hizo en las ciudades de

Manasés, Efraín, Simeón y hasta en Neftalí y en sus ruinas alrededor. 7 Derribó,

pues, los altares y quebró los árboles rituales de Asera y los ídolos hasta hacerlos

polvo, y destrozó los altares de incienso en toda la tierra de Israel. Después regresó

a Jerusalén.

8 En el año 18 de su reinado, cuando acabó de purificar la tierra y el templo,

envió a Safán hijo de Azalías, a Maasías el alcalde de la ciudad y al cronista Jóaj

hijo de Joacaz, para que reparasen la casa de Jehovah su Dios. 9 Estos fueron al

sumo sacerdote Hilquías y le dieron el dinero que había sido traído a la casa de

Dios, dinero que los levitas que guardaban la puerta habían recogido de los de

Manasés y Efraín, y de todo el remanente de Israel, de todo Judá y de Benjamín y

de los habitantes de Jerusalén. 10 Ellos lo entregaron en manos de los que hacían la

obra, los que estaban encargados de la casa de Jehovah; y éstos lo entregaron a los

que hacían la obra y trabajaban en la casa de Jehovah, para reparar y restaurar la

casa. 11 Lo entregaron a los carpinteros y constructores, a fin de comprar piedra

labrada y madera para las uniones, y para poner vigas a los edificios que los reyes

de Judá habían dejado arruinar. 12 Estos hombres procedían con fidelidad en la

obra. Los que estaban encargados de ellos para dirigirlos eran Yajat y Abdías,

levitas de los hijos de Merari, y Zacarías y Mesulam, de los hijos de Cohat, y todos

los levitas expertos en los instrumentos de música. 13 También estaban encargados

de los cargadores y dirigían a todos los que se ocupaban en diversos aspectos de la

obra. Entre los levitas también había escribas, oficiales y porteros.

14 Al sacar el dinero que había sido traído a la casa de Jehovah, el sacerdote

Hilquías halló el libro de la Ley de Jehovah, dada por medio de Moisés. 15 Entonces

Hilquías habló al escriba Safán diciendo: — He hallado el libro de la Ley en la casa

de Jehovah. E Hilquías entregó el libro a Safán. 16 Entonces Safán llevó el libro al

rey, y además le dio informes diciendo: — Tus siervos han cumplido todo lo que les

fue encargado. 17 Ellos han vaciado el dinero que se halló en la casa de Jehovah, y lo

han entregado en manos de los que están encargados, en manos de los que hacen la

obra. 18 — Asimismo, el escriba Safán declaró al rey diciendo — : El sacerdote

Hilquías me ha dado un libro. Safán leyó en él delante del rey. 19 Y sucedió que

cuando el rey escuchó las palabras de la Ley, rasgó sus vestiduras. 20 Luego el rey

mandó a Hilquías, a Ajicam hijo de Safán, a Abdón hijo de Micaías, al escriba Safán

y a Asaías el siervo del rey, diciendo: 21 — Id y consultad a Jehovah por mí y por

los sobrevivientes de Israel y de Judá, respecto a las palabras del libro que ha sido

hallado. Porque grande es la ira de Jehovah que ha sido derramada sobre nosotros,

por cuanto nuestros padres no guardaron el mandamiento de Jehovah de hacer

conforme a todo lo que está escrito en este libro. 22 Entonces Hilquías y los hombres

del rey fueron a la profetisa Hulda, esposa de Salum hijo de Ticva, hijo de Jarjas,

guarda de las vestiduras, la cual vivía en el Segundo Barrio de Jerusalén; y hablaron

con ella de este asunto. 23 Y ella les dijo: — Así ha dicho Jehovah Dios de Israel:

“Decid al hombre que os ha enviado a mí, que así ha dicho Jehovah: 24 ‘He aquí yo

traeré el mal sobre este lugar y sobre sus habitantes, es decir, todas las maldiciones

que están escritas en el libro que han leído delante del rey de Judá. 25 Porque me han

abandonado y han quemado incienso a otros dioses, provocándome a ira con todas

las obras de sus manos. Por eso se derramará mi ira sobre este lugar, y no será

apagada.’” 26 Así diréis al rey de Judá que os ha enviado para consultar a Jehovah:

“Así ha dicho Jehovah Dios de Israel con respecto a las palabras que has

escuchado: 27 ‘Por cuanto tu corazón se ha enternecido y te has humillado delante de

Dios, cuando escuchaste sus palabras contra este lugar y contra sus habitantes; por

cuanto te humillaste delante de mí y rasgaste tus vestiduras y lloraste en mi presencia,

yo también te he escuchado, dice Jehovah. 28 He aquí que yo te reuniré con tus

padres, y serás reunido en tu sepulcro en paz. Tus ojos no verán todo el mal que

traeré sobre este lugar y sobre sus habitantes.’” Y ellos dieron la respuesta al rey.

29 Entonces el rey mandó reunir a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén.

30 Luego el rey subió a la casa de Jehovah con todos los hombres de Judá, los

habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, desde el más

grande hasta el más pequeño. Y leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del

pacto que había sido hallado en la casa de Jehovah. 31 El rey se puso de pie en su

lugar e hizo pacto delante de Jehovah, de andar en pos de Jehovah y de guardar sus

mandamientos, sus testimonios y sus estatutos con todo su corazón y con toda su

alma; para poner por obra las palabras del pacto escritas en este libro. 32 Entonces

hizo que se comprometieran todos los que estaban en Jerusalén y en Benjamín. Y

los habitantes de Jerusalén hicieron conforme al pacto de Dios, el Dios de sus

padres. 33 Después Josías quitó todas las abominaciones de todas las tierras que

tenían los hijos de Israel, e hizo que todos los que se hallaban en Israel sirvieran a

Jehovah su Dios. No se apartaron de ir en pos de Jehovah, el Dios de sus padres,

todo el tiempo que Josías vivió.

Capítulo 35

1 Josías celebró la Pascua de Jehovah en Jerusalén. Sacrificaron la víctima de la

Pascua el 14 del mes primero, 2 y él puso a los sacerdotes en sus cargos y los alentó

al servicio de la casa de Jehovah. 3 Dijo a los levitas que enseñaban a todo Israel y

que estaban consagrados a Jehovah: “Poned el arca sagrada en el templo que

edificó Salomón hijo de David, rey de Israel, para que no tengáis que llevarla más

sobre los hombros. Ahora serviréis a Jehovah, vuestro Dios, y a su pueblo Israel.

4 Preparaos según vuestras casas paternas y por vuestros grupos, conforme a lo

prescrito por David, rey de Israel, y por el documento de su hijo Salomón.

5 Permaneced en el santuario según la distribución de las casas paternas de vuestros

hermanos los hijos del pueblo, y del grupo de las casas paternas de los levitas.

6 Sacrificad la víctima de la Pascua, purificaos y preparadla para vuestros hermanos,

a fin de que hagan conforme a la palabra de Jehovah, dada por medio de Moisés.”

7 Luego el rey Josías dio a los hijos del pueblo para los sacrificios de la Pascua, para

todos los que se hallaban presentes, rebaños de corderos y cabritos en número de

30.000, y 3.000 cabezas de ganado vacuno. Esto procedía del patrimonio del rey.

8 También sus magistrados dieron con liberalidad al pueblo, a los sacerdotes y a los

levitas. Hilquías, Zacarías y Yejiel, oficiales de la casa de Dios, dieron a los

sacerdotes 2.600 ovejas y 300 cabezas de ganado vacuno para los sacrificios de la

Pascua. 9 Y Conanías, Semaías y Natanael, sus hermanos, y Hasabías, Jeiel y

Josabad, jefes de los levitas, dieron a los levitas 5.000 ovejas y 500 cabezas de

ganado vacuno para los sacrificios de la Pascua. 10 Preparado así el servicio, los

sacerdotes se colocaron de pie en sus puestos, y los levitas según sus grupos,

conforme al mandato del rey. 11 Entonces sacrificaron la víctima de la Pascua; y los

levitas la desollaban, mientras los sacerdotes esparcían la sangre recibida de mano

de ellos. 12 Luego quitaron el holocausto para darlo a las divisiones, según las casas

paternas de los hijos del pueblo, para que lo ofreciesen a Jehovah según está escrito

en el libro de Moisés. Lo mismo hicieron con las cabezas de ganado vacuno.

13 Asaron al fuego la carne de la víctima de la Pascua, según lo establecido; pero lo

que había sido santificado lo cocieron en ollas, calderos y sartenes, y lo llevaron

rápidamente a todos los hijos del pueblo. 14 Después prepararon para sí y para los

sacerdotes, porque los sacerdotes hijos de Aarón estuvieron ocupados hasta la

noche en ofrecer los holocaustos y los sebos. Por eso los levitas prepararon para

ellos mismos y para los sacerdotes hijos de Aarón. 15 También los cantores, hijos de

Asaf, estaban en su puesto conforme al mandato de David, de Asaf, de Hemán y de

Jedutún, vidente del rey. También los porteros estaban en cada puerta. No era

necesario que se apartasen de su servicio, porque sus hermanos los levitas

preparaban para ellos. 16 Así fue organizado aquel día todo el servicio de Jehovah,

para hacer el sacrificio de la Pascua y para ofrecer los holocaustos sobre el altar de

Jehovah, conforme al mandato del rey Josías. 17 En aquel tiempo los hijos de Israel

que se hallaban presentes celebraron el sacrificio de la Pascua y la fiesta de los

Panes sin Levadura, durante siete días. 18 No había sido celebrada en Israel

una Pascua como ésta desde el tiempo del profeta Samuel, ni ninguno de los reyes

de Israel celebró una Pascua como la que celebró Josías, con los sacerdotes, los

levitas y todo Judá e Israel que se hallaron allí, junto con los habitantes de Jerusalén.

19 Esta Pascua fue celebrada en el año 18 del reinado de Josías.

20 Después de todas estas cosas, cuando Josías había reparado el templo,

Necao, rey de Egipto, subió a combatir en Carquemis, junto al Eufrates, y Josías le

salió al encuentro. 21 Necao le envió mensajeros diciendo: “¿Qué tenemos tú y yo,

oh rey de Judá? Yo no he venido ahora contra ti, sino contra el pueblo que me hace

la guerra. Dios me ha dicho que me apresure. Por tu bien, deja de resistir a Dios,

porque él está conmigo; no sea que él te destruya.” 22 Pero Josías no se apartó de

él; se disfrazó para combatir contra él, y no hizo caso a las palabras de Necao, que

en realidad procedían de la boca de Dios. Josías fue para combatir en el valle de

Meguido, 23 pero los arqueros tiraron contra el rey Josías. Entonces el rey dijo a sus

servidores: “¡Retiradme, porque estoy gravemente herido!” 24 Sus servidores lo

retiraron del carro y lo pusieron en otro carro que él tenía. Lo llevaron a Jerusalén,

pero murió; y lo sepultaron en los sepulcros de sus padres. Todo Judá y Jerusalén

hicieron duelo por Josías. 25 Jeremías compuso un lamento por Josías, y todos los

cantores, hombres y mujeres, mencionan a Josías en sus lamentaciones, hasta el día

de hoy, pues lo pusieron como un precepto en Israel. He aquí que está escrito entre

las lamentaciones. 26 Los demás hechos de Josías y sus obras piadosas conforme a

lo escrito en la ley de Jehovah, 27 sus hechos, los primeros y los últimos, he aquí que

están escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá.

Capítulo 36

1 Luego el pueblo de la tierra tomó a Joacaz hijo de Josías, y le proclamó rey en

Jerusalén, en lugar de su padre. 2 Joacaz tenía 23 años cuando comenzó a reinar, y

reinó tres meses en Jerusalén. 3 Pero el rey de Egipto lo depuso en Jerusalén, e

impuso al país una multa de 100 talentos de plata y un talento de oro. 4 El rey de

Egipto proclamó a Eliaquim, hermano de Joacaz, rey sobre Judá y Jerusalén, pero le

cambió su nombre por el de Joacim. Y a Joacaz, su hermano, Necao lo tomó y lo

llevó a Egipto. 5 Joacim tenía 25 años cuando comenzó a reinar, y reinó 11 años en

Jerusalén. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah su Dios. 6 Entonces

Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió contra él y lo ató con cadenas de bronce

para llevarlo a Babilonia. 7 Nabucodonosor también llevó a Babilonia algunos

utensilios de la casa de Jehovah, y los puso en su palacio en Babilonia. 8 Los

demás hechos de Joacim, las abominaciones que hizo y lo que se halló en su contra,

he aquí que están escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá. Y su hijo

Joaquín reinó en su lugar. 9 Joaquín tenía 18 años cuando comenzó a reinar, y reinó

tres meses y diez días en Jerusalén. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, 10 y al

año siguiente el rey Nabucodonosor mandó llevarle a Babilonia, junto con los

utensilios preciosos de la casa de Jehovah. En lugar de él proclamó rey sobre Judá y

Jerusalén a Sedequías, hermano de su padre.

11 Sedequías tenía 21 años cuando comenzó a reinar, y reinó 11 años en

Jerusalén. 12 El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, su Dios, y no se humilló

delante del profeta Jeremías que le hablaba por mandato de Jehovah. 13 Asimismo,

se rebeló contra el rey Nabucodonosor, quien le había hecho jurar por Dios.

Endureció su cerviz y obstinó su corazón para no volver a Jehovah Dios de Israel.

14 También todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus

infidelidades, siguiendo todas las abominaciones de las naciones y contaminando la

casa de Jehovah, que él había santificado en Jerusalén. 15 Jehovah, Dios de sus

padres, les envió sus mensajeros persistentemente, porque tenía misericordia de su

pueblo y de su morada. 16 Pero ellos se burlaban de los mensajeros de Dios,

despreciaban sus palabras y hacían escarnio de sus profetas, hasta que la ira de

Jehovah estalló contra su pueblo, y ya no hubo remedio. 17 Así trajo contra ellos al

rey de los caldeos, quien mató a espada a sus jóvenes en su mismo santuario, sin

perdonar la vida de los jóvenes ni de las jóvenes, de los ancianos ni de los

decrépitos. A todos los entregó en su mano. 18 Asimismo, todos los utensilios de la

casa de Dios, grandes y pequeños, los tesoros de la casa de Jehovah y los tesoros

del rey y de sus magistrados, todo lo llevó a Babilonia. 19 Luego incendiaron la casa

de Dios y derribaron la muralla de Jerusalén. Incendiaron todos sus palacios y

destruyeron todos sus objetos preciosos. 20 A los sobrevivientes de la espada, los

llevó cautivos a Babilonia, y fueron hechos esclavos del rey y de sus hijos hasta el

establecimiento del reino de Persia, 21 para que se cumpliese la palabra de Jehovah

por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubiera disfrutado de su reposo. Todo el

tiempo de su desolación reposó, hasta que se cumplieron los setenta años.

22 En el primer año de Ciro, rey de Persia, y para que se cumpliese la palabra de

Jehovah por boca de Jeremías, Jehovah despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia,

quien hizo pregonar por todo su reino, oralmente y por escrito, diciendo:

23 Así ha dicho Ciro, rey de Persia: “Jehovah, Dios de los cielos, me ha dado

todos los reinos de la tierra y me ha comisionado para que le edifique un templo

en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, que

Jehovah su Dios sea con él, y suba.”

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