Menú del Antiguo Testamento
2 SAMUEL
Capítulo 1
1 Aconteció que después de la muerte de Saúl, cuando David había vuelto de la
derrota de los amalequitas, David se quedó dos días en Siclag. 2 Y al tercer día, he
aquí que un hombre vino del campamento de Saúl, con su ropa rasgada y tierra
sobre su cabeza. Al llegar a David, se postró en tierra e hizo reverencia. 3 Y David le
preguntó: — ¿De dónde vienes? El le respondió: — Me he escapado del
campamento de Israel. 4 David le preguntó: — ¿Qué ha acontecido? Dímelo, por
favor. El respondió: — El pueblo ha huido de la batalla. Muchos del pueblo también
han caído y han muerto. Saúl y su hijo Jonatán también han muerto. 5 David dijo al
joven que le informaba: — ¿Cómo sabes que Saúl y su hijo Jonatán han muerto? 6 Y
el joven que le informaba respondió: — Me encontré por casualidad en el monte
Gilboa, y he aquí que Saúl estaba apoyado sobre su lanza, y que los carros y los
jinetes le alcanzaban. 7 Entonces Saúl miró hacia atrás y me vio, y me llamó. Yo dije:
“Heme aquí.” 8 Me preguntó: “¿Quién eres tú?” Le respondí: “Soy un amalequita.”
9 Y me dijo: “Por favor, ponte a mi lado y mátame; porque la agonía se ha
apoderado de mí, pero mi vida está todavía en mí.” 10 Entonces me puse a su lado y
lo maté, porque sabía que él no podría vivir después de su caída. Luego tomé la
diadema que tenía en su cabeza y el brazalete que llevaba en su brazo, y los he
traído aquí a mi señor.
11 Entonces David agarrando sus vestiduras las rasgó. Lo mismo hicieron todos
los hombres que estaban con él. 12 E hicieron duelo, lloraron y ayunaron hasta el
anochecer por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo de Jehovah y por la casa de
Israel; porque habían caído a espada. 13 Después David preguntó al joven que le
informaba: — ¿De dónde eres tú? El respondió: — Soy hijo de un extranjero, un
amalequita. 14 Le dijo David: — ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para
destruir al ungido de Jehovah? 15 Entonces David llamó a uno de los jóvenes y le
dijo: — ¡Acércate y mátalo! El lo hirió, y murió. 16 Y David le dijo: — Tu sangre
caiga sobre tu cabeza, porque tu propia boca ha atestiguado contra ti al decir: “Yo
maté al ungido de Jehovah.”
17 David entonó este lamento por Saúl y por su hijo Jonatán, 18 y mandó que
enseñasen a los hijos de Judá el Canto del Arco. He aquí que está escrito en
el libro de Jaser: 19 “ ¡El esplendor, oh Israel, ha perecido sobre tus montes! ¡Cómo
han caído los valientes! 20 No lo anunciéis en Gat, ni deis las nuevas por las calles de
Ascalón. No sea que se alegren las hijas de los filisteos; no sea que se regocijen las
hijas de los incircuncisos. 21 “ Oh montes de Gilboa: Ni rocío ni lluvia haya sobre
vosotros, ni seáis campos de ofrendas; porque allí fue profanado el escudo de los
valientes, el escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite. 22 El arco de
Jonatán jamás volvía sin la sangre de los muertos y sin la gordura de los valientes;
tampoco volvía vacía la espada de Saúl. 23 “Saúl y Jonatán, amados y amables en su
vida, tampoco en su muerte fueron separados. Eran más veloces que las águilas;
eran más fuertes que los leones. 24 ¡Oh hijas de Israel, llorad por Saúl, quien os
vestía de escarlata y cosas refinadas, y ponía adornos de oro en vuestros vestidos!
25 ¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ¡Jonatán ha perecido sobre
tus montes! 26 “ Angustia tengo por ti, hermano mío, Jonatán, que me fuiste muy
querido. Más maravilloso fue para mí tu amor que el amor de las mujeres.
27 “ ¡Cómo han caído los valientes, y se han perdido las armas de guerra!”
Capítulo 2
1 Después de esto aconteció que David consultó a Jehovah diciendo: — ¿Subiré
a alguna de las ciudades de Judá? Jehovah le respondió: — Sube. David volvió a
preguntar: — ¿A dónde subiré? Jehovah le respondió: — A Hebrón. 2 Entonces
David subió allá con sus dos mujeres: Ajinoam, de Jezreel, y Abigaíl, que fuera
mujer de Nabal, de Carmel. 3 David hizo subir también a sus hombres que estaban
con él, cada uno con su familia; y habitaron en las aldeas de Hebrón. 4 Entonces
vinieron los hombres de Judá y ungieron allí a David como rey sobre la casa de
Judá. Informaron a David diciendo: “Los hombres de Jabes, en Galaad, son los que
sepultaron a Saúl.” 5 Entonces David envió mensajeros a los hombres de Jabes, en
Galaad, y les dijo: “Benditos seáis de Jehovah, porque habéis hecho esta bondad a
Saúl vuestro señor, y le habéis dado sepultura. 6 Ahora pues, que Jehovah os
muestre misericordia y verdad. Y yo también os haré bien por esto que habéis
hecho. 7 Y ahora, fortaleced vuestras manos y sed hombres valientes; porque ha
muerto Saúl vuestro señor, y la casa de Judá me ha ungido rey sobre ellos.”
8 Pero Abner hijo de Ner, jefe del ejército de Saúl, tomó a Isboset hijo de Saúl
y le trasladó a Majanaim. 9 Entonces lo proclamó rey sobre Galaad, sobre Gesur,
sobre Jezreel, sobre Efraín, sobre Benjamín y sobre todo Israel.
10 Isboset hijo de Saúl tenía 40 años cuando comenzó a reinar sobre Israel y reinó
dos años. Sin embargo, la casa de Judá seguía a David. 11 El tiempo que David fue
rey en Hebrón sobre la casa de Judá fue de siete años y seis meses. 12 Abner hijo de
Ner y los siervos de Isboset hijo de Saúl fueron de Majanaim a Gabaón. 13 También
salieron Joab, hijo de Sarvia, y los servidores de David; y los encontraron junto al
estanque de Gabaón. Entonces se sentaron los unos a un lado del estanque, y los
otros al otro lado. 14 Luego Abner dijo a Joab: — ¡Levántense los jóvenes y
compitan delante de nosotros! Joab respondió: — ¡Que se levanten! 15 Entonces se
levantaron y pasaron en número igual, doce de parte de los hijos de Benjamín y de
Isboset hijo de Saúl, y doce de los servidores de David. 16 Cada uno agarró a su
adversario por la cabeza y colocó su espada en el costado de su adversario, y
cayeron juntos. Por esto se llamó el nombre de aquel lugar Helcat-hazurim, el cual
está en Gabaón. 17 Aquel día la batalla fue muy dura. Abner y los hombres de Israel
fueron derrotados por los servidores de David.
18 Estaban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, Abisai y Asael. Asael era ligero de
pies como un venado en el campo. 19 Y Asael persiguió a Abner, yendo tras él sin
apartarse ni a la derecha ni a la izquierda. 20 Abner se volvió hacia atrás y preguntó:
— ¿Eres tú Asael? El respondió: — Sí, yo soy. 21 Entonces Abner le dijo: —
Apártate a la derecha o a la izquierda. Atrapa a alguno de los jóvenes y toma para ti
sus despojos. Pero Asael no quiso dejar de seguirle. 22 Y Abner volvió a decir a
Asael: — ¡Deja de seguirme! ¿Por qué te he de herir, derribándote a tierra? ¿Cómo
podría después levantar mi cara ante tu hermano Joab? 23 Como él rehusó apartarse,
Abner lo hirió en el vientre con el extremo trasero de la lanza, y la lanza le salió por
detrás. Así cayó allí y murió en el mismo sitio. Sucedió que todos los que pasaban
por el lugar donde Asael había caído y había muerto, se detenían. 24 Pero Joab y
Abisai persiguieron a Abner. El sol se puso cuando llegaron a la colina de Amá,
frente a Guíaj, en el camino del desierto de Gabaón.
25 Luego se agruparon los hijos de Benjamín tras Abner formando un solo
escuadrón, y se detuvieron en la cumbre de cierta colina. 26 Entonces Abner dio
voces a Joab diciendo: — ¿Ha de consumir la espada para siempre? ¿No sabes tú
que al final sólo habrá amargura? ¿Hasta cuándo esperas para decir al pueblo que se
vuelva de perseguir a sus hermanos? 27 Joab respondió: — ¡Vive Dios, que si tú no
hubieras hablado, el pueblo habría dejado de perseguir a sus hermanos desde la
mañana! 28 Entonces Joab tocó la corneta, y todo el pueblo se detuvo. Y no
persiguieron más a Israel, ni continuaron luchando más. 29 Abner y sus hombres
caminaron por el Arabá toda aquella noche, cruzaron el Jordán, y atravesando todo
el Bitrón llegaron a Majanaim. 30 Joab también volvió de perseguir a Abner y reunió
a toda la gente. Y faltaban de los servidores de David 19 hombres, además de
Asael. 31 Pero los servidores de David hirieron a 360 de Benjamín, de los hombres
de Abner, los cuales murieron. 32 Luego se llevaron a Asael y lo sepultaron en la
tumba de su padre, que está en Belén. Joab y sus hombres caminaron toda aquella
noche, y les amaneció en Hebrón.
Capítulo 3
1 Fue larga la guerra entre la casa de Saúl y la casa de David. Pero David se iba
fortaleciendo, y la casa de Saúl se iba debilitando. 2 A David le nacieron hijos en
Hebrón. Su primogénito fue Amnón, de Ajinoam, de Jezreel. 3 El segundo fue
Quileab, de Abigaíl, que fuera mujer de Nabal, de Carmel. El tercero fue Absalón,
hijo de Maaca hija de Talmai, rey de Gesur. 4 El cuarto fue Adonías, hijo de Haguit.
El quinto fue Sefatías, hijo de Abital. 5 El sexto fue Itream, de Egla, mujer de David.
Estos le nacieron a David en Hebrón. 6 Aconteció que mientras había guerra entre la
casa de Saúl y la casa de David, Abner se hacía más fuerte en la casa de Saúl.
7 Saúl había tenido una concubina que se llamaba Rizpa hija de Ayías. Entonces
Isboset preguntó a Abner: — ¿Por qué te has unido a la concubina de mi padre?
8 Abner se enfureció muchísimo por las palabras de Isboset y le dijo: — ¿Acaso soy
yo una cabeza de perro que pertenece a Judá? Hoy estoy mostrando lealtad a la
casa de tu padre Saúl, a sus hermanos y a sus amigos, y no te he entregado en mano
de David. ¿Y hoy me llamas a cuentas por una falta con esta mujer? 9 Así haga Dios
a Abner y aun le añada, si yo no hago con David lo que Jehovah le ha jurado:
10 transferir el reino de la casa de Saúl y confirmar el trono de David sobre Israel y
sobre Judá, desde Dan hasta Beerseba. 11 Isboset no pudo responder palabra a
Abner, porque le tenía miedo. 12 Entonces Abner envió mensajeros a David para
decirle de parte suya: “¿De quién es la tierra? ¡Haz alianza conmigo, y he aquí que
mi mano estará contigo para hacer volver a ti a todo Israel!” 13 David respondió:
“Bien. Yo haré alianza contigo, pero te pido una cosa: No vengas a verme sin que
primero me traigas a Mical hija de Saúl, cuando vengas a verme. 14 Entonces David
envió mensajeros a Isboset hijo de Saúl, diciendo: “Restitúyeme a mi mujer Mical, a
la cual yo desposé conmigo por cien prepucios de filisteos.” 15 Isboset envió a
quitársela a su marido, Paltiel hijo de Lais. 16 Su marido fue con ella, siguiéndola
y llorando tras ella, hasta Bajurim. Y Abner le dijo: — ¡Anda, vuélvete! Entonces él
se volvió. 17 Abner habló con los ancianos de Israel, diciendo: — Hace tiempo que
procurabais que David fuese rey sobre vosotros. 18 Ahora pues, hacedlo, porque
Jehovah ha hablado a David diciendo: “Por mano de mi siervo David libraré a mi
pueblo Israel de mano de los filisteos y de mano de todos sus enemigos.” 19 Abner
habló también a los de Benjamín, y Abner mismo fue a Hebrón para decir a David
todo lo que parecía bien a los de Israel y a toda la casa de Benjamín. 20 Abner fue a
David en Hebrón junto con veinte hombres, y David hizo banquete para él y para los
hombres que habían venido con él. 21 Entonces Abner dijo a David: — Yo me
levantaré e iré a reunir a todo Israel junto a mi señor el rey, para que hagan una
alianza contigo, de modo que tú reines sobre todo lo que deseas. Luego David
despidió a Abner, y él se fue en paz.
22 He aquí que los servidores de David llegaron con Joab de una incursión,
trayendo consigo mucho botín. Pero Abner ya no estaba en Hebrón con David,
pues éste le había despedido, y él se había ido en paz. 23 Cuando llegaron Joab y
todo el ejército que estaba con él, le informaron a Joab diciendo: — Abner hijo de
Ner vino al rey. El le ha dejado ir, y Abner se ha ido en paz. 24 Entonces Joab fue al
rey y le dijo: — ¿Qué has hecho? He aquí que Abner vino a ti; ¿por qué, pues, le
dejaste ir? ¡Ahora se ha ido! 25 Tú conoces a Abner hijo de Ner, que vino para
engañarte, para conocer tu entrada y tu salida, y para saber todo lo que haces.
26 Cuando Joab salió de la presencia de David, envió mensajeros tras Abner, los
cuales le hicieron regresar desde el pozo de Sira, sin que David lo supiera.
27 Entonces Abner volvió a Hebrón, y Joab lo apartó a la entrada de la ciudad como
para hablar en privado con él. Allí le hirió en el vientre, a causa de la sangre de
Asael su hermano; y así murió. 28 Después de esto, David lo oyó y dijo: —
¡Inocente soy yo, y también mi reino, ante Jehovah para siempre, de la sangre de
Abner hijo de Ner! 29 ¡Que recaiga su sangre sobre la cabeza de Joab y sobre toda
su casa paterna! ¡Nunca falte en la casa de Joab quien padezca flujo, o quien sea
leproso, o quien ande con bastón, o quien muera a espada, o quien carezca de pan!
30 Joab y su hermano Abisai mataron a Abner, porque éste había dado muerte a
Asael, hermano de ellos, en la batalla de Gabaón. 31 Entonces dijo David a Joab y a
todo el pueblo que estaba con él: — ¡Rasgad vuestra ropa! Ceñíos de cilicio y
haced duelo delante de Abner. El rey David iba detrás del féretro, 32 y sepultaron a
Abner en Hebrón. El rey alzó su voz y lloró junto al sepulcro de Abner, y también
lloró todo el pueblo. 33 El rey entonó este lamento por Abner, diciendo: “¿Había de
morir Abner como muere un insensato? 34 Tus manos no estaban atadas; tus pies
no estaban sujetos con grillos. Caíste como los que caen ante los malvados.” Todo
el pueblo volvió a llorar por él. 35 Entonces todo el pueblo fue para persuadir a
David a que tomase alimento, mientras aún era de día. Pero David juró diciendo: —
¡Así me haga Dios y aun me añada, si antes que se ponga el sol yo pruebo pan o
cualquier cosa! 36 Todo el pueblo llegó a saber esto y le pareció bien, porque todo
lo que el rey hacía parecía bien a todo el pueblo. 37 Aquel día, todo el pueblo y todo
Israel entendieron que no había procedido del rey el asesinar a Abner hijo de Ner.
38 Entonces el rey dijo a sus servidores: — ¿No sabéis que hoy ha caído en Israel un
príncipe y un gran hombre? 39 Ahora yo soy débil, aunque soy un rey ungido; y estos
hombres, los hijos de Sarvia, son más duros que yo. ¡Jehovah retribuya al que hace
mal, conforme a su maldad!
Capítulo 4
1 Cuando Isboset hijo de Saúl oyó que Abner había muerto en Hebrón, sus
manos se debilitaron; y todo Israel fue atemorizado. 2 El hijo de Saúl tenía dos
hombres, los cuales eran jefes de tropa: El nombre de uno era Baaná, y el nombre
del otro Recab. Eran hijos de Rimón, de Beerot, de los hijos de Benjamín. (Beerot
era considerada como de Benjamín; 3 los berotitas huyeron a Gitaim, donde habitan
como forasteros hasta el día de hoy.) 4 Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de
los pies. Tenía cinco años cuando la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán llegó
de Jezreel, y su nodriza lo tomó y huyó. Y sucedió que cuando huía
apresuradamente, el niño se cayó y quedó cojo. El se llamaba Mefiboset. 5 Recab y
Baaná, hijos de Rimón de Beerot, fueron y en pleno calor del día llegaron a la casa
de Isboset, quien se hallaba durmiendo la siesta. 6 Y he aquí, entraron en el interior
de la casa como para llevar trigo, y le hirieron en el vientre. Después Recab y su
hermano Baaná se escaparon. 7 Así que entraron en la casa mientras él estaba
acostado en su cama, en su dormitorio, y lo hirieron y mataron. Luego le cortaron la
cabeza, la tomaron y anduvieron toda la noche por el camino del Arabá. 8 Llevaron
la cabeza de Isboset a David, en Hebrón, y dijeron al rey: — ¡He aquí la cabeza de
Isboset hijo de Saúl, tu enemigo que atentó contra tu vida! Jehovah ha vengado hoy
a mi señor el rey, de Saúl y de su descendencia.
9 Pero David respondió a Recab y a Baaná, su hermano, hijos de Rimón de
Beerot, y les dijo: — ¡Vive Jehovah, que ha rescatado mi vida de toda adversidad!
10 Si cuando uno, imaginándose que me traía buenas noticias, me informó diciendo:
“Saúl ha muerto”, yo lo prendí y lo maté en Siclag, en pago de sus buenas noticias,
11 ¡cuánto más a unos hombres malvados que mataron a un hombre justo en su
casa y sobre su cama! Ahora pues, ¿no demandaré su sangre de vuestras manos,
eliminándoos de la tierra? 12 Entonces David dio orden a los jóvenes, y ellos los
mataron. Luego les cortaron las manos y los pies, y los colgaron junto al estanque de
Hebrón. Pero tomaron la cabeza de Isboset y la enterraron en el sepulcro de Abner,
en Hebrón.
Capítulo 5
1 Entonces vinieron todas las tribus de Israel a David, en Hebrón, y le hablaron
diciendo: “He aquí nosotros somos hueso tuyo y carne tuya. 2 En tiempos pasados,
cuando Saúl aún reinaba sobre nosotros, tú eras quien sacaba y hacía volver a
Israel. Y Jehovah te dijo: ‘Tú pastorearás a mi pueblo Israel, y tú serás el soberano
de Israel.’” 3 Fueron, pues, todos los ancianos de Israel al rey, en Hebrón. Y el rey
David hizo un pacto con ellos en Hebrón, delante de Jehovah. Entonces ungieron a
David como rey sobre Israel. 4 David tenía 30 años cuando comenzó a reinar, y
reinó 40 años. 5 En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses, y en Jerusalén
reinó 33 años sobre todo Israel y Judá.
6 Entonces el rey, con sus hombres, fue a Jerusalén, contra los jebuseos que
habitaban en aquella tierra. Y ellos hablaron a David diciendo: “Tú no entrarás acá;
pues incluso los ciegos y los cojos te rechazarán, diciendo: ‘David no podrá entrar
acá.’” 7 Sin embargo, David tomó la fortaleza de Sion, que es la Ciudad de David.
8 Aquel día dijo David: “Todo el que ataque a los jebuseos, use el conducto para
alcanzar a los cojos y a los ciegos, a los cuales aborrece el alma de David.” Por eso
se dice: “Ni el ciego ni el cojo entrará en la casa.” 9 David habitó en la fortaleza, y la
llamó Ciudad de David. Luego David la edificó alrededor, desde Milo hacia
adentro. 10 David iba engrandeciéndose más y más, y Jehovah Dios de los Ejércitos
estaba con él.
11 Entonces Hiram, rey de Tiro, envió mensajeros a David; también madera de
cedro, carpinteros y canteros para los muros; y edificaron una casa para David.
12 Entonces David comprendió que Jehovah le había confirmado como rey sobre
Israel y que había enaltecido su reino por amor a su pueblo Israel. 13 Después que
vino de Hebrón, David tomó más concubinas y mujeres de Jerusalén; y le nacieron a
David más hijos e hijas. 14 Estos son los nombres de los que le nacieron en
Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán, Salomón, 15 Ibjar, Elisúa, Néfeg, Jafía, 16 Elisama,
Eliada y Elifelet.
17 Cuando los filisteos oyeron que habían ungido a David rey sobre Israel,
subieron todos los filisteos en busca de David. Cuando David oyó esto, descendió a
la fortaleza. 18 Los filisteos llegaron y se extendieron por el valle de Refaím.
19 Entonces David consultó a Jehovah diciendo: — ¿Subiré contra los filisteos? ¿Los
entregarás en mi mano? Y Jehovah respondió a David: — Sube, porque ciertamente
entregaré a los filisteos en tu mano. 20 David llegó a Baal-perazim, y allí los derrotó
David. Entonces dijo: — ¡Jehovah ha irrumpido contra mis enemigos delante de mí,
como irrumpen las aguas! Por eso llamó el nombre de aquel lugar Baal-perazim.
21 Los filisteos abandonaron allí sus ídolos, y David y sus hombres se los llevaron.
22 Los filisteos volvieron a subir y se extendieron por el valle de Refaím. 23 David
consultó a Jehovah, y él le respondió: — No subas, sino rodéalos por detrás, y
alcánzalos frente a los árboles de bálsamo. 24 Y sucederá que cuando escuches el
sonido de una marcha en las copas de los árboles, entonces actuarás con decisión,
porque entonces Jehovah saldrá delante de ti para derrotar al ejército de los filisteos.
25 David lo hizo conforme Jehovah le había mandado y derrotó a los filisteos desde
Geba hasta la entrada de Gezer.
Capítulo 6
1 David volvió a reunir a todos los escogidos de Israel, 30.000 en total.
2 Entonces David se levantó, y con todo el pueblo que estaba con él, partió de Baala
de Judá para subir desde allí el arca de Dios, sobre la cual es invocado el nombre de
Jehovah de los Ejércitos, que tiene su trono entre los querubines. 3 Luego colocaron
el arca de Dios sobre una carreta nueva y se la llevaron de la casa de Abinadab, que
estaba en la colina. Uza y Ajío, hijos de Abinadab, guiaban la carreta nueva 4 con el
arca de Dios, y se la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba en la colina. Ajío
iba delante del arca. 5 David y toda la casa de Israel se regocijaban delante de
Jehovah, con toda clase de instrumentos de madera de ciprés: arpas, liras,
panderetas, sistros y címbalos.
6 Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios y la
sujetó, porque los bueyes tropezaron. 7 Entonces el furor de Jehovah se encendió
contra Uza, y Dios lo hirió allí por el atrevimiento. Y murió allí, junto al arca de Dios.
8 David se disgustó porque Jehovah había irrumpido contra Uza, y llamó aquel lugar
Perez-uza, hasta el día de hoy. 9 Aquel día David tuvo miedo de Jehovah y dijo:
“¿Cómo ha de venir a mí el arca de Jehovah?” 10 David ya no quiso llevar consigo el
arca de Jehovah, a la Ciudad de David. Más bien, David la desvió a la casa de
Obed-edom el geteo. 11 El arca de Jehovah se quedó en casa de Obed-edom el
geteo durante tres meses. Y Jehovah bendijo a Obed-edom y a toda su familia.
12 Se le informó al rey David diciendo: “Jehovah ha bendecido la casa de Obededom
y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios.” Entonces David fue e hizo subir
con regocijo el arca de Dios de la casa de Obed-edom a la Ciudad de David. 13 Y
sucedió que cuando los que llevaban el arca de Dios habían dado seis pasos, David
sacrificó un toro y un carnero engordado. 14 David danzaba con toda su fuerza
delante de Jehovah, y David estaba vestido con un efod de lino. 15 David y toda la
casa de Israel subían el arca de Jehovah, con gritos de júbilo y sonido de corneta.
16 Sucedió que cuando el arca de Jehovah llegó a la Ciudad de David, Mical hija de
Saúl miró por la ventana; y al ver al rey David saltando y danzando delante de
Jehovah, lo menospreció en su corazón. 17 Así trajeron el arca de Jehovah y la
colocaron en su lugar, en medio de la tienda que David había erigido para ella.
Luego David ofreció holocaustos y sacrificios de paz delante de Jehovah. 18 Cuando
David acabó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de paz, bendijo al pueblo en
el nombre de Jehovah de los Ejércitos. 19 Entonces repartió a todo el pueblo, a toda
la multitud de Israel, tanto a hombres como a mujeres, a cada uno una torta de pan,
una de dátiles y una de pasas. Y todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.
20 Luego volvió David para bendecir a su familia. Pero Mical hija de Saúl,
saliendo para encontrar a David, le dijo: — ¡Cómo se ha cubierto de honra hoy el
rey de Israel, descubriéndose hoy ante los ojos de las criadas de sus servidores,
como se descubriría sin decoro un cualquiera! 21 David respondió a Mical: — Fue
delante de Jehovah, que me eligió en lugar de tu padre y de toda su casa, para
constituirme como el soberano del pueblo de Jehovah, de Israel. Por tanto, me
regocijaré delante de Jehovah. 22 Y aún me haré más vil que esta vez y me rebajaré
ante mis propios ojos. Pero con las criadas que has mencionado, ¡junto con ellas
seré honrado! 23 Y Mical hija de Saúl no tuvo hijos hasta el día de su muerte.
Capítulo 7
1 Aconteció que cuando el rey habitaba ya en su casa, y Jehovah le había dado
descanso de todos sus enemigos en derredor, 2 el rey dijo al profeta Natán: — Mira;
yo habito en una casa de cedro, mientras que el arca de Dios habita en una tienda.
3 Y Natán dijo al rey: — Anda, haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehovah
está contigo.
4 Pero aconteció que aquella noche vino la palabra de Jehovah a Natán,
diciendo: 5 “ Vé y di a mi siervo David que así ha dicho Jehovah: ‘¿Me edificarás tú
una casa en la que yo habite?’ 6 Ciertamente yo no he habitado en una casa desde el
día en que hice subir a los hijos de Israel de Egipto, hasta el día de hoy. Más bien,
he estado peregrinando en una tienda y en un tabernáculo. 7 Dondequiera que he
peregrinado con todos los hijos de Israel, ¿acaso he dicho una palabra a alguna de
las tribus de Israel a la que yo comisioné para apacentar a mi pueblo Israel,
preguntando: ‘¿Por qué no me habéis edificado una casa de cedro?’ 8 “Ahora pues,
dirás a mi siervo David que así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: ‘Yo te tomé del
prado, de detrás del rebaño, para que fueras el soberano de mi pueblo Israel. 9 He
estado contigo por dondequiera que has andado. He eliminado a todos tus enemigos
de tu presencia, y haré que tu nombre sea grande, como el nombre de los grandes
de la tierra. 10 Asimismo, dispondré un lugar para mi pueblo Israel, y lo plantaré para
que habite en su lugar sin que sea molestado más, ni los inicuos vuelvan a afligirlo
como al comienzo, 11 desde el día en que constituí jueces sobre mi pueblo Israel. Y
yo te daré descanso de todos tus enemigos. “‘Además, Jehovah te declara que
Jehovah te hará casa a ti. 12 Cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres,
yo levantaré después de ti a un descendiente tuyo, el cual procederá de tus entrañas,
y afirmaré su reino. 13 El edificará una casa a mi nombre, y yo estableceré el trono
de su reino para siempre. 14 Yo seré para él, padre; y él será para mí, hijo. Cuando
haga mal, yo le corregiré con vara de hombres y con azotes de hijos de hombre.
15 Pero no quitaré de él mi misericordia, como la quité de Saúl, al cual quité de tu
presencia. 16 Tu casa y tu reino serán firmes para siempre delante de mí, y tu trono
será estable para siempre.’” 17 Natán habló a David conforme a todas estas palabras
y conforme a toda esta visión.
18 Entonces entró el rey David, se sentó delante de Jehovah y dijo: “Oh Señor
Jehovah, ¿quién soy yo, y qué es mi casa para que me hayas traído hasta aquí? 19 Y
aun esto te ha parecido poco, oh Señor Jehovah, pues también has hablado del
futuro de la casa de tu siervo. ¿Se comporta de esta manera el hombre, oh Señor
Jehovah? 20 ¿Qué más puede añadir David al hablar contigo? Pues tú conoces a tu
siervo, oh Señor Jehovah. 21 Por causa de tu palabra y conforme a tu corazón, has
realizado toda esta gran cosa para darla a conocer a tu siervo. 22 Por tanto, tú eres
grande, oh Jehovah Dios; porque no hay nadie como tú, ni hay Dios aparte de ti,
conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos. 23 “¿Y qué otra nación hay
en la tierra como tu pueblo Israel, al cual Dios fue para rescatarlo como pueblo para
sí, a fin de darse renombre y hacer a favor de él hechos grandes y temibles, al
expulsar las naciones y sus dioses ante tu pueblo que rescataste para ti de Egipto?
24 Has establecido para ti a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre; y tú, oh
Jehovah, has llegado a ser su Dios. 25 “Ahora pues, oh Jehovah Dios, confirma para
siempre la palabra que has hablado acerca de tu siervo y de su casa, y haz tal como
has dicho. 26 Sea engrandecido tu nombre para siempre, a fin de que se diga:
‘Jehovah de los Ejércitos es Dios de Israel.’ Que la casa de tu siervo David sea
estable delante de ti; 27 porque tú, oh Jehovah de los Ejércitos, Dios de Israel, lo has
revelado al oído de tu siervo, diciendo: ‘Yo te edificaré casa a ti.’ Por esto, tu siervo
ha hallado valor en su corazón para dirigirte esta oración. 28 Ahora pues, oh Señor
Jehovah, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y has prometido este bien a tu
siervo. 29 Y ahora, ten a bien bendecir la casa de tu siervo, a fin de que permanezca
para siempre delante de ti. Porque tú lo has prometido, oh Señor Jehovah, y con tu
bendición la casa de tu siervo será bendita para siempre.”
Capítulo 8
1 Aconteció después de esto que David derrotó a los filisteos y los sometió.
Entonces David tomó Meteg-haamá de mano de los filisteos. 2 También derrotó a
los moabitas y los midió con cordel. Los hizo tenderse en el suelo y midió dos
cordeles para que murieran y un cordel entero para que vivieran. Los moabitas
fueron hechos siervos de David y le llevaban tributo. 3 También derrotó David a
Hadad-ezer hijo de Rejob, rey de Soba, cuando éste iba a establecer su dominio
hasta el río Eufrates. 4 David le capturó 1.700 jinetes y 20.000 hombres de
infantería. Y desjarretó David todos los caballos de los carros, pero dejó de ellos
los de 100 carros. 5 Los sirios de Damasco fueron para ayudar a Hadad-ezer, rey
de Soba; y David hirió a 22.000 hombres de los sirios. 6 Después David instaló
puestos militares entre los sirios de Damasco. Así llegaron los sirios a ser siervos de
David y le llevaban tributo. Y Jehovah daba la victoria a David por dondequiera que
iba. 7 David tomó los escudos de oro que llevaban los servidores de Hadad-ezer y
los trajo a Jerusalén. 8 Asimismo, el rey David tomó gran cantidad de bronce de
Beta y de Berotai, ciudades de Hadad-ezer.
9 Cuando Toi, rey de Hamat, oyó que David había derrotado a todo el ejército
de Hadad-ezer, 10 Toi envió a su hijo Joram al rey David para saludarlo y felicitarlo
por haber combatido contra Hadad-ezer y por haberlo derrotado, porque Toi
estaba en guerra con Hadad-ezer. Joram llevó consigo objetos de plata, de oro y de
bronce, 11 que el rey David también consagró a Jehovah, junto con la plata y el oro
que había consagrado de todas las naciones que había conquistado: 12 de Edom, de
Moab, de los hijos de Amón, de los filisteos, de Amalec y del botín de Hadad-ezer
hijo de Rejob, rey de Soba. 13 David adquirió renombre cuando regresó de derrotar
a 18.000 hombres de Edom en el Valle de la Sal. 14 El instaló puestos militares en
Edom; por toda Edom instaló puestos militares, y todos los edomitas llegaron a ser
siervos de David. Y Jehovah daba la victoria a David por dondequiera que iba.
15 David reinaba sobre todo Israel, y practicaba David el derecho y la justicia
con todo su pueblo. 16 Joab, hijo de Sarvia, estaba al mando del ejército. Josafat
hijo de Ajilud era el cronista. 17 Sadoc hijo de Ajitob y Ajimelec hijo de Abiatar eran
los sacerdotes. Seraías era el escriba. 18 Benaías hijo de Joyada estaba al mando de
los quereteos y de los peleteos. Y los hijos de David eran sacerdotes.
Capítulo 9
1 Entonces David preguntó: — ¿Hay todavía alguno que haya quedado de la
casa de Saúl, a quien yo muestre bondad por amor a Jonatán? 2 Había un siervo de
la casa de Saúl que se llamaba Siba, al cual llamaron a la presencia de David. Y el
rey le preguntó: — ¿Eres tú Siba? El respondió: — Tu siervo soy. 3 El rey le
preguntó: — ¿No queda nadie de la casa de Saúl a quien yo pueda mostrar la
bondad de Dios? Siba respondió al rey: — Aún queda un hijo de Jonatán, lisiado de
ambos pies. 4 Entonces le preguntó el rey: — ¿Dónde está? Siba respondió al rey:
— He aquí que está en la casa de Maquir hijo de Amiel, en Lo-debar. 5 El rey
David envió a traerlo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lo-debar. 6 Entonces
Mefiboset hijo de Jonatán, hijo de Saúl, vino a David, y cayendo sobre su rostro se
postró. David le dijo: — ¿Mefiboset? Y él respondió: — He aquí tu siervo. 7 David
le dijo: — No tengas temor, porque ciertamente yo te mostraré bondad por amor a
tu padre Jonatán. Te devolveré todas las tierras de tu padre Saúl, y tú comerás
siempre a mi mesa. 8 El se postró y preguntó: — ¿Quién es tu siervo, para que mires
a un perro muerto como yo?
9 Entonces el rey llamó a Siba, siervo de Saúl, y le dijo: — Yo he dado al hijo
de tu señor todo lo que pertenecía a Saúl y a toda su casa. 10 Labrarás para él la
tierra, tú, tus hijos y tus siervos, y almacenarás los productos para que el hijo de
tu señor tenga provisiones. Pero Mefiboset, el hijo de tu señor, comerá siempre a mi
mesa. Siba tenía quince hijos y veinte siervos. 11 Y Siba respondió al rey: — Tu
siervo hará conforme a todo lo que mande mi señor el rey a su siervo. Y Mefiboset
comía a la mesa de David como uno de los hijos del rey. 12 Mefiboset tenía un hijo
pequeño que se llamaba Micaías. Todos los que habitaban en la casa de Siba eran
siervos de Mefiboset. 13 Pero Mefiboset habitaba en Jerusalén, porque comía
siempre a la mesa del rey. El era cojo de ambos pies.
Capítulo 10
1 Después de esto aconteció que murió el rey de los hijos de Amón, y su hijo
Hanún reinó en su lugar. 2 Entonces David pensó: “Mostraré bondad a Hanún hijo
de Najas, como su padre mostró bondad conmigo.” David envió a sus servidores
para darle el pésame por la muerte de su padre. Pero cuando los servidores de
David llegaron a la tierra de los hijos de Amón, 3 los jefes de los hijos de Amón
dijeron a Hanún, su señor: “¿Te parece que David está honrando a tu padre, porque
te ha enviado personas que te den el pésame? ¿No te habrá enviado David a sus
servidores para reconocer y espiar la ciudad a fin de destruirla?” 4 Entonces Hanún
tomó a los servidores de David, les rapó la mitad de su barba, cortó sus vestidos
por la mitad, hasta sus nalgas, y los despidió. 5 Le informaron a David, y él envió a
encontrarles, porque los hombres estaban sumamente avergonzados. El rey mandó
que les dijeran: “Permaneced en Jericó hasta que os crezca la barba, y entonces
volved.”
6 Al ver los hijos de Amón que se habían hecho odiosos a David, los hijos de
Amón enviaron a tomar a sueldo a los sirios de Bet-rejob y a los sirios de Soba,
20.000 hombres de infantería; del rey de Maaca, 1.000 hombres; y de Istob,
12.000 hombres. 7 Cuando David oyó esto, envió a Joab con todo el ejército de los
valientes. 8 Los hijos de Amón salieron y dispusieron la batalla a la entrada de la
ciudad, mientras que los sirios de Soba, de Rejob, de Istob y de Maaca estaban
aparte, en el campo. 9 Al ver Joab que el frente de batalla estaba delante y detrás de
él, eligió a algunos de entre todos los escogidos de Israel y dispuso sus escuadrones
para enfrentar a los sirios. 10 Puso al resto de la gente bajo el mando de su hermano
Abisai, quien dispuso sus escuadrones para enfrentar a los hijos de Amón. 11 Y Joab
dijo: “Si los sirios son más fuertes que yo, tú me darás auxilio; pero si los hijos de
Amón son más fuertes que tú, yo iré a auxiliarte. 12 Esfuérzate, y luchemos
valientemente por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios; y que Jehovah
haga lo que le parezca bien.” 13 Entonces se acercó Joab, con la gente que estaba
con él, para combatir contra los sirios; pero éstos huyeron ante él. 14 Al ver que los
sirios habían huido, los hijos de Amón también huyeron ante Abisai y entraron en la
ciudad. Entonces Joab dejó de atacar a los hijos de Amón y volvió a Jerusalén.
15 Los sirios, al verse derrotados por Israel, se volvieron a reunir. 16 Hadad-ezer
envió a traer a los sirios que estaban al otro lado del Río. Estos llegaron a Helam
teniendo al frente de ellos a Sobac, jefe del ejército de Hadad-ezer. 17 Cuando se le
informó a David, éste reunió a todo Israel; y cruzando el Jordán, llegó a Helam. Los
sirios dispusieron sus escuadrones para enfrentarse con David, y combatieron contra
él. 18 Pero los sirios huyeron ante Israel, y David mató de los sirios a 700 hombres
de los carros y a 40.000 jinetes. También hirió a Sobac, jefe del ejército sirio, quien
murió allí mismo. 19 Al ver todos los reyes vasallos de Hadad-ezer que habían sido
derrotados por Israel, hicieron la paz con Israel y le sirvieron. Y los sirios tuvieron
miedo de volver a socorrer a los hijos de Amón.
Capítulo 11
1 Aconteció al año siguiente, en el tiempo en que los reyes suelen salir a la
guerra, que David envió a Joab junto con sus servidores y con todo Israel. Ellos
destruyeron a los hijos de Amón y pusieron sitio a Rabá. Pero David se había
quedado en Jerusalén. 2 Y sucedió que al atardecer David se levantó de su cama y
se paseaba por la azotea del palacio, cuando vio desde la azotea a una mujer que se
estaba bañando. Y la mujer era muy bella. 3 David mandó preguntar por la mujer, y
alguien le dijo: — ¿No es ésta Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías el heteo?
4 David envió mensajeros y la tomó. Cuando ella vino a él, él se acostó con ella, que
estaba purificándose de su impureza. Entonces ella regresó a su casa. 5 La mujer
concibió y mandó que lo hicieran saber a David, diciendo: “Yo estoy encinta.”
6 Entonces David mandó a decir a Joab: “Envíame a Urías el heteo.” Y Joab
envió a Urías a David. 7 Cuando Urías vino a él, David le preguntó cómo estaban
Joab y el pueblo, y cómo iba la guerra. 8 Después David dijo a Urías: — Desciende
a tu casa y lava tus pies. Cuando Urías salió del palacio, fue enviado tras él un
obsequio de parte del rey. 9 Pero Urías durmió a la puerta del palacio junto con
todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa. 10 E informaron de esto a
David diciendo: “Urías no descendió a su casa.” Entonces David preguntó a Urías:
— ¿No has llegado de viaje? ¿Por qué no descendiste a tu casa?
11 Urías respondió a David: — El arca, Israel y Judá están en cabañas, y mi señor
Joab y los servidores de mi señor están acampados al aire libre. ¿Y había yo de
entrar en mi casa para comer y beber y dormir con mi mujer? ¡Por tu vida y por la
vida de tu alma, que no haré semejante cosa! 12 David dijo a Urías: — Quédate hoy
también aquí, y mañana te dejaré ir. Entonces Urías se quedó en Jerusalén aquel día
y el día siguiente. 13 David le invitó, y Urías comió y bebió con él; y le emborrachó.
Pero al anochecer él salió a dormir en su cama con los siervos de su señor, y no
descendió a su casa.
14 Y sucedió que por la mañana David escribió una carta a Joab, y la envió por
medio de Urías. 15 Y en la carta escribió lo siguiente: “Poned a Urías en el frente más
peligroso de la batalla; luego retiraos de él, para que sea herido y muera.” 16 Y
aconteció que cuando Joab sitió la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que
estaban los hombres más valientes. 17 Los hombres de la ciudad salieron y
combatieron contra Joab, y murieron algunos del ejército de los servidores de
David. Y murió también Urías el heteo. 18 Joab mandó a informar a David de todos
los detalles de la batalla. 19 E instruyó al mensajero diciendo: — Cuando acabes de
exponer al rey todos los detalles de la batalla, 20 si sucede que se enciende la ira del
rey, y te dice: “¿Por qué os acercasteis a la ciudad para combatir? ¿No sabíais que
ellos tirarían desde arriba del muro? 21 ¿Quién mató a Abimelec hijo de Jerobaal?
¿No fue una mujer quien arrojó sobre él desde arriba del muro una piedra de
molino, y él murió en Tebes? ¿Por qué os acercasteis al muro?” Entonces le dirás:
“También tu servidor Urías el heteo ha muerto.” 22 Fue el mensajero, y al llegar
contó a David todas las cosas que le había mandado Joab. 23 Dijo el mensajero a
David: — Los hombres prevalecieron contra nosotros, y salieron al campo contra
nosotros; pero les hicimos retroceder hasta la entrada de la puerta de la ciudad.
24 Entonces los arqueros tiraron contra tus servidores desde arriba del muro y
murieron algunos de los servidores del rey. También tu servidor Urías el heteo ha
muerto. 25 Entonces David dijo al mensajero: — Así dirás a Joab: “Que esto no
parezca malo a tus ojos, pues la espada devora unas veces a uno y otras veces a
otro. Refuerza tu ataque contra la ciudad y destrúyela.” Y tú aliéntalo. 26 Al oír la
mujer de Urías que su marido, Urías, había muerto, hizo duelo por su marido.
27 Pasado el luto, David envió a traerla a su palacio. Ella vino a ser su mujer y le dio
a luz un hijo. Pero esto que David había hecho pareció malo a los ojos de Jehovah.
Capítulo 12
1 Jehovah envió a Natán a David, y al venir a él le dijo: — Había dos hombres
en una ciudad: el uno rico y el otro pobre. 2 El rico tenía numerosas ovejas y vacas;
3 pero el pobre no tenía más que una sola corderita que él había comprado y criado,
que había crecido junto con él y sus hijos. Comía de su pan, bebía de su vaso y
dormía en su seno. La tenía como a una hija. 4 Pero un viajero vino al hombre rico, y
éste no quiso tomar una de sus ovejas o de sus vacas para guisarla para el viajero
que le había llegado, sino que tomó la corderita de aquel hombre pobre, y la guisó
para el hombre que había venido a él. 5 Entonces se encendió en gran manera la ira
de David contra aquel hombre y dijo a Natán: — ¡Vive Jehovah, que el que hizo
semejante cosa es digno de muerte! 6 El debe pagar cuatro veces el valor de la
corderita, porque hizo semejante cosa y no tuvo compasión. 7 Entonces Natán dijo a
David: — Tú eres ese hombre. Así ha dicho Jehovah Dios de Israel: “Yo te ungí
como rey sobre Israel y te libré de la mano de Saúl. 8 Te di la casa de tu señor y
puse las mujeres de tu señor en tu seno. Te di la casa de Israel y de Judá; y por si
esto fuera poco, yo te habría añadido muchas otras cosas. 9 ¿Por qué, pues,
menospreciaste la palabra de Jehovah e hiciste lo malo ante sus ojos? Has matado a
espada a Urías el heteo; has tomado a su mujer por mujer tuya, y a él lo has matado
con la espada de los hijos de Amón. 10 Ahora pues, porque me has menospreciado
y has tomado la mujer de Urías el heteo para que sea tu mujer, jamás se apartará la
espada de tu casa. 11 Así ha dicho Jehovah: He aquí yo levantaré contra ti el mal en
tu propia casa. Ante tus propios ojos tomaré tus mujeres y las daré a tu prójimo, el
cual se acostará con tus mujeres a la luz del sol. 12 Ciertamente tú lo hiciste en
secreto, pero yo haré esto ante todo Israel y en pleno día.” 13 David respondió a
Natán: — He pecado contra Jehovah. Y Natán dijo a David: — Jehovah también ha
perdonado tu pecado; no morirás. 14 Pero como en este asunto has hecho blasfemar
a los enemigos de Jehovah, el hijo que te ha nacido morirá irremisiblemente.
15 Después Natán regresó a su casa. Entonces Jehovah hirió al niño que la mujer
de Urías había dado a David, y enfermó de gravedad. 16 David rogó a Dios por el
niño. David ayunó, entró y pasó la noche acostado en el suelo. 17 Los ancianos de su
casa fueron a él para hacer que se levantase del suelo, pero él no quiso ni tampoco
tomó alimentos con ellos. 18 Sucedió que al séptimo día murió el niño. Y los siervos
de David temían informarle que el niño había muerto, pues pensaban así: “He aquí
que cuando el niño todavía vivía, le hablábamos, y él no quería escuchar nuestra voz.
¿Cómo vamos a decirle que el niño ha muerto? ¡Puede hacer algo malo!” 19 Pero
David, al ver que sus siervos susurraban entre sí, entendió que el niño había muerto.
Entonces David preguntó a sus siervos: — ¿Ha muerto el niño? Ellos respondieron:
— Ha muerto. 20 Entonces David se levantó del suelo, se lavó, se ungió, se cambió
de ropa, entró en la casa de Jehovah y adoró. Después fue a su casa y pidió
alimentos. Le sirvieron comida, y comió. 21 Sus siervos le preguntaron: — ¿Qué es
esto que has hecho? Mientras el niño vivía, ayunabas y llorabas; pero ahora que ha
muerto, te levantas y comes. 22 El respondió: — Mientras el niño vivía, yo ayunaba y
lloraba pensando: “Quién sabe si Jehovah tendrá compasión de mí, y el niño vivirá.”
23 Pero ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver?
¡Yo iré a él, pero él no volverá a mí! 24 David consoló a Betsabé su mujer. Y fue a
ella y se acostó con ella. Ella dio a luz un hijo, y llamó su nombre Salomón. Jehovah
amaba al niño, 25 y envió un mensaje por medio del profeta Natán, quien llamó su
nombre Yedidías, a causa de Jehovah.
26 Joab estaba combatiendo contra Rabá de los hijos de Amón, y tomó la
ciudad real. 27 Entonces Joab envió mensajeros a David diciendo: “He combatido
contra Rabá y también he tomado el barrio de las Aguas. 28 Ahora pues, reúne al
resto del pueblo, acampa contra la ciudad y tómala tú; no sea que tomándola yo, sea
llamada por mi nombre.” 29 David reunió a todo el pueblo, fue a Rabá, combatió
contra ella y la tomó. 30 Entonces tomó la corona de la cabeza de su rey, la cual
pesaba un talento de oro y tenía piedras preciosas. Y fue puesta sobre la cabeza de
David. También sacó mucho botín de la ciudad. 31 A la gente que estaba en ella la
sacó y la puso a trabajar con sierras, trillos de hierro y hachas de hierro. También la
hizo trabajar en los hornos de ladrillos. Lo mismo hizo con todas las ciudades de los
hijos de Amón. Luego David regresó con todo el pueblo a Jerusalén.
Volver al Menú de la Biblia