Menú del Nuevo Testamento
APOCALIPSIS
Capítulo 1
1 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos las
cosas que deben suceder pronto; y que dio a conocer enviándola por medio de
su ángel a su siervo Juan, 2 quien ha dado testimonio de la palabra de Dios y del
testimonio de Jesucristo, de todo lo que ha visto.
3 Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía, y
guardan las cosas escritas en ella, porque el tiempo está cerca. 4 Juan, a las siete
iglesias que están en Asia: Gracia a vosotros y paz de parte del que es y que era
y que ha de venir, y de parte de los siete Espíritus que están delante de su trono,
5 y de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos y el
soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos libró de nuestros
pecados con su sangre, 6 y nos constituyó en un reino, sacerdotes para Dios su
Padre; a él sea la gloria y el dominio para siempre jamás. Amén. 7 He aquí que
viene con las nubes, y todo ojo le verá: aun los que le traspasaron. Todas las
tribus de la tierra harán lamentación por él. ¡Sí, amén! 8 “Yo soy el Alfa y la
Omega”, dice el Señor Dios, “el que es, y que era y que ha de venir, el
Todopoderoso.”
9 Yo Juan, vuestro hermano y copartícipe en la tribulación y en el reino y en
la perseverancia en Jesús, estaba en la isla llamada Patmos por causa de la
palabra de Dios y del testimonio de Jesús. 10 Yo estaba en el Espíritu en el día
del Señor y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, 11 que decía:
“Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias: a Efeso, a Esmirna,
a Pérgamo, a Tiatira, a Sardis, a Filadelfia y a Laodicea.” 12 Di vuelta para ver la
voz que hablaba conmigo. Y habiéndome vuelto, vi siete candeleros de oro, 13 y
en medio de los candeleros vi a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido con
una vestidura que le llegaba hasta los pies y tenía el pecho ceñido con un cinto
de oro. 14 Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la
nieve, y sus ojos eran como llama de fuego. 15 Sus pies eran semejantes al
bronce bruñido, ardiente como en un horno. Su voz era como el estruendo de
muchas aguas. 16 Tenía en su mano derecha siete estrellas, y de su boca
salía una espada aguda de dos filos. Su rostro era como el sol cuando
resplandece en su fuerza. 17 Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y puso
sobre mí su mano derecha y me dijo: “No temas. Yo soy el primero y el último,
18 el que vive. Estuve muerto, y he aquí que vivo por los siglos de los siglos. Y
tengo las llaves de la muerte y del Hades. 19 Así que, escribe las cosas que has
visto, y las que son, y las que han de ser después de éstas. 20 En cuanto al
misterio de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete
candeleros de oro: Las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los
siete candeleros son las siete iglesias.
Capítulo 2
1 “Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en su
mano derecha, el que camina en medio de los siete candeleros de oro, dice estas
cosas: 2 Yo conozco tus obras, tu arduo trabajo y tu perseverancia; que no
puedes soportar a los malos, que has puesto a prueba a los que dicen ser
apóstoles y no lo son, y que los has hallado mentirosos. 3 Además, sé que tienes
perseverancia, que has sufrido por causa de mi nombre y que no has
desfallecido. 4 “Sin embargo, tengo contra ti que has dejado tu primer amor.
5 Recuerda, por tanto, de dónde has caído. ¡Arrepiéntete! Y haz las primeras
obras. De lo contrario, yo vendré pronto a ti y quitaré tu candelero de su lugar,
si no te arrepientes. 6 “Pero tienes esto: que aborreces los hechos de los
nicolaítas, que yo también aborrezco. 7 “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu
dice a las iglesias. Al que venza le daré de comer del árbol de la vida que está en
medio del paraíso de Dios.
8 “Escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el último, el que
estuvo muerto y vivió, dice estas cosas: 9 Yo conozco tu tribulación y tu pobreza
— aunque eres rico — , y la blasfemia de los que dicen ser judíos y no lo son; más
bien, son sinagoga de Satanás. 10 No tengas ningún temor de las cosas que has de
padecer. He aquí, el diablo va a echar a algunos de vosotros en la cárcel para que
seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te
daré la corona de la vida. 11 “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las
iglesias. El que venza, jamás recibirá daño de la muerte segunda.
12 “Escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda
de dos filos dice estas cosas: 13 Yo conozco dónde habitas: donde está el trono
de Satanás. Y retienes mi nombre y no has negado mi fe, aun en los días de
Antipas, mi testigo fiel, quien fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás.
14 “Sin embargo, tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes allí a algunos que
se adhieren a la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo
delante de los hijos de Israel, a comer de lo sacrificado a los ídolos y a cometer
inmoralidad sexual. 15 Asimismo, tú también tienes a los que se adhieren a la
doctrina de los nicolaítas. 16 Por tanto, ¡arrepiéntete! Pues de lo contrario
vendré pronto a ti y pelearé contra ellos con la espada de mi boca. 17 “El que
tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venza le daré de
comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca y en la piedrecita un
nombre nuevo escrito, que nadie conoce sino el que lo recibe.
18 “Escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios, que tiene sus ojos
como llama de fuego y sus pies semejantes al bronce bruñido, dice estas cosas:
19 Yo conozco tus obras, tu amor, tu fidelidad, tu servicio y tu perseverancia; y que
tus últimas obras son mejores que las primeras. 20 “Sin embargo, tengo contra ti
que toleras a la mujer Jezabel, que dice ser profetisa, y enseña y seduce a mis
siervos a cometer inmoralidad sexual y a comer lo sacrificado a los ídolos. 21 Le he
dado tiempo para que se arrepienta, y no quiere arrepentirse de su inmoralidad.
22 He aquí, yo la echo en cama, y a los que con ella adulteran, en muy grande
tribulación, a menos que se arrepientan de las obras de ella . 23 Y a sus hijos
mataré con penosa muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriño
la mente y el corazón. Y os daré a cada uno de vosotros conforme a vuestras
obras. 24 “Pero a los demás en Tiatira, a cuantos no tienen esta doctrina, quienes
no han conocido las cosas profundas de Satanás (como las llaman), os digo: No os
impongo ninguna carga más. 25 Solamente aferraos a lo que tenéis, hasta que yo
venga. 26 Al que venza y guarde mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad
sobre las naciones, 27 — él las guiará con cetro de hierro; como vaso de
alfarero son quebradas — , así como yo también he recibido de mi Padre.
28 Además, yo le daré la estrella de la mañana. 29 “El que tiene oído, oiga lo que
el Espíritu dice a las iglesias.
Capítulo 3
1 “Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete Espíritus de
Dios y las siete estrellas dice estas cosas: Yo conozco tus obras, que tienes
nombre de que vives, pero estás muerto. 2 Sé vigilante y refuerza las cosas que
quedan y están a punto de morir, porque no he hallado que tus obras hayan sido
acabadas delante de Dios. 3 Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído.
Guárdalo y arrepiéntete. Si no eres vigilante, vendré como ladrón; nunca sabrás
a qué hora vendré a ti. 4 “Sin embargo, tienes unas pocas personas en Sardis
que no han manchado sus vestidos y que andarán conmigo en vestiduras
blancas, porque son dignas. 5 De esta manera, el que venza será vestido con
vestidura blanca; y nunca borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su
nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles. 6 “El que tiene oído, oiga
lo que el Espíritu dice a las iglesias.
7 “Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: El Santo y Verdadero, el que
tiene la llave de David, el que abre y nadie cierra, y cierra y nadie abre, dice
estas cosas: 8 Yo conozco tus obras. He aquí, he puesto delante de ti una puerta
abierta, la cual nadie puede cerrar; porque tienes un poco de poder y has
guardado mi palabra y no has negado mi nombre. 9 He aquí, yo te daré algunos
de la sinagoga de Satanás, de los que dicen ser judíos y no lo son, sino que
mienten. He aquí, yo haré que lleguen y se postren delante de tus pies, y
conocerán que yo te he amado. 10 Porque guardaste la palabra de mi paciencia,
yo también te guardaré a la hora de la prueba que ha de venir sobre todo el
mundo habitado, para probar a los moradores de la tierra. 11 “Yo vengo pronto.
Retén lo que tienes para que nadie tome tu corona. 12 Al que venza, yo le haré
columna en el templo de mi Dios, y nunca jamás saldrá fuera. Y escribiré sobre
él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios — la nueva
Jerusalén que desciende del cielo, enviada por mi Dios — y mi nombre nuevo.
13 “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
14 “Escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: El Amén, el testigo fiel y
verdadero, el origen de la creación de Dios, dice estas cosas: 15 Yo conozco tus
obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! 16 Así, porque
eres tibio, y no frío ni caliente, estoy por vomitarte de mi boca. 17 Ya que tú
dices: ‘Soy rico; me he enriquecido y no tengo ninguna necesidad’, y no sabes
que tú eres desgraciado, miserable, pobre, ciego y desnudo, 18 yo te aconsejo
que de mí compres oro refinado por el fuego para que te hagas rico, y vestiduras
blancas para que te vistas y no se descubra la vergüenza de tu desnudez, y
colirio para ungir tus ojos para que veas. 19 “Yo reprendo y disciplino a todos
los que amo. Sé, pues, celoso y arrepiéntete. 20 He aquí, yo estoy a la puerta y
llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él
conmigo. 21 Al que venza, yo le daré que se siente conmigo en mi trono;
así como yo también he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono.
22 “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”
Capítulo 4
1 Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo. La primera
voz que oí era como de trompeta que hablaba conmigo diciendo: “¡Sube acá, y
te mostraré las cosas que han de acontecer después de éstas!” 2 De inmediato
estuve en el Espíritu; y he aquí un trono estaba puesto en el cielo, y sobre el
trono uno sentado. 3 Y el que estaba sentado era semejante a una piedra de
jaspe y de cornalina, y alrededor del trono había un arco iris semejante al
aspecto de la esmeralda. 4 También alrededor del trono había veinticuatro
tronos, y sobre los tronos vi a veinticuatro ancianos sentados, vestidos de
vestiduras blancas, con coronas de oro sobre sus cabezas. 5 Del trono salen
relámpagos y truenos y voces. Y delante del trono arden siete antorchas de
fuego, las cuales son los siete Espíritus de Dios. 6 Y delante del trono hay como
un mar de vidrio, semejante al cristal. Junto al trono, y alrededor del mismo, hay
cuatro seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrás. 7 El primer ser
viviente es semejante a un león, y el segundo ser viviente es semejante a un
becerro, y el tercer ser viviente tiene cara como de hombre, y el cuarto ser
viviente es semejante a un águila volando.
8 Y cada uno de los cuatro seres vivientes tiene seis alas, y alrededor y por
dentro están llenos de ojos. Ni de día ni de noche cesan de decir: “¡Santo, Santo,
Santo es el Señor Dios Todopoderoso, que era y que es y que ha de venir!” 9 Y
cada vez que los seres vivientes dan gloria, honra y alabanza al que está sentado
en el trono y que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos se
postran delante del que está sentado en el trono y adoran al que vive por los siglos
de los siglos; y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11 “Digno eres tú, oh
Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder; porque tú has creado
todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron creadas.”
Capítulo 5
1 Vi en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono, un libro
escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. 2 También vi a un ángel
poderoso que proclamaba a gran voz: “¿Quién es digno de abrir el libro y de
desatar sus sellos?” 3 Pero ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la
tierra, podía abrir el libro; ni siquiera mirarlo. 4 Y yo lloraba mucho, porque
ninguno fue hallado digno de abrir el libro; ni siquiera de mirarlo. 5 Y uno de los
ancianos me dijo: “No llores. He aquí el León de la tribu de Judá, la Raíz de
David, ha vencido para abrir el libro y sus siete sellos.”
6 Y en medio del trono y de los cuatro seres vivientes y de los ancianos vi un
Cordero de pie, como inmolado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los
siete Espíritus de Dios enviados a toda la tierra. 7 El fue y tomó el libro de la
mano derecha del que estaba sentado en el trono. 8 Cuando tomó el libro, los
cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del
Cordero. Cada uno tenía un arpa y copas de oro llenas de incienso, que son las
oraciones de los santos. 9 Ellos entonaban un cántico nuevo, diciendo: “¡Digno
eres de tomar el libro y de abrir sus sellos! Porque tú fuiste inmolado y con tu
sangre has redimido para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación.
10 Tú los has constituido en un reino y sacerdotes para nuestro Dios, y reinarán
sobre la tierra.” 11 Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono y
de los seres vivientes y de los ancianos. El número de ellos era miríadas de
miríadas y millares de millares. 12 Y decían a gran voz: “Digno es el Cordero,
que fue inmolado, de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la
honra, la gloria y la alabanza.” 13 Y oí a toda criatura que está en el cielo y sobre
la tierra y debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que hay en ellos,
diciendo: “Al que está sentado en el trono y al Cordero sean la bendición y la
honra y la gloria y el poder por los siglos de los siglos.” 14 Los cuatro seres
vivientes decían: “¡Amén!” Y los veinticuatro ancianos se postraron y adoraron.
Capítulo 6
1 Y miré cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, y oí a uno
de los cuatro seres vivientes que decía con voz de trueno: “¡Ven!” 2 Y miré, y he
aquí un caballo blanco. El que estaba montado sobre él tenía un arco, y le fue
dada una corona; y salió venciendo y para vencer.
3 Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente que decía:
“¡Ven!” 4 Y salió otro caballo, rojo. Al que estaba montado sobre él, le fue
dado poder para quitar la paz de la tierra y para que se matasen unos a otros.
Y le fue dada una gran espada. 5 Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser
viviente que decía: “¡Ven!” Y miré y he aquí un caballo negro, y el que estaba
montado sobre él tenía una balanza en su mano. 6 Y oí como una voz en medio
de los cuatro seres vivientes, que decía: “¡Una medida de trigo por un denario, y
tres medidas de cebada por un denario! Y no hagas ningún daño al vino ni al
aceite.” 7 Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente que
decía: “¡Ven!” 8 Y miré, y he aquí un caballo pálido; y el que estaba montado
sobre él se llamaba Muerte; y el Hades le seguía muy de cerca. A ellos les fue
dado poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada y con
hambre y con pestilencia y por las fieras del campo.
9 Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que
habían sido muertos a causa de la palabra de Dios y del testimonio que ellos
tenían. 10 Y clamaban a gran voz diciendo: “¿Hasta cuándo, oh soberano Señor,
santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre sobre los que moran en la
tierra?” 11 Y a cada uno de ellos le fue dado un vestido blanco; y se les dijo que
descansaran todavía un poco de tiempo, hasta que se completase el número de
sus consiervos y sus hermanos que también habían de ser muertos como ellos.
12 Y miré cuando él abrió el sexto sello, y se produjo un gran terremoto. El sol
se puso negro como tela de cilicio; la luna entera se puso como sangre, 13 y las
estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como una higuera arroja sus higos
tardíos cuando es sacudida por un fuerte viento. 14 El cielo fue apartado como
un pergamino enrollado, y toda montaña e isla fueron removidas de sus lugares.
15 Los reyes de la tierra, los grandes, los comandantes, los ricos, los poderosos,
todo esclavo y todo libre se escondieron en las cuevas y entre las peñas de las
montañas, 16 y decían a las montañas y a las peñas: “Caed sobre nosotros y
escondednos del rostro del que está sentado sobre el trono y de la ira del
Cordero. 17 Porque ha llegado el gran día de su ira, y ¡quién podrá permanecer
de pie!”
Capítulo 7
1 Después de esto, vi a cuatro ángeles que estaban de pie sobre los cuatro
puntos cardinales de la tierra, y que detenían los cuatro vientos de la tierra, para
que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún
árbol. 2 Y vi que otro ángel, subiendo del oriente, tenía el sello del Dios vivo.
Y llamó a gran voz a los cuatro ángeles a quienes les fue dado hacer daño a la
tierra y al mar, 3 diciendo: “¡No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles,
hasta que marquemos con un sello la frente de los siervos de nuestro Dios!” 4 Oí
el número de los sellados: 144.000 sellados de todas las tribus de los hijos de
Israel. 5 Sellados, de la tribu de Judá, 12.000 de la tribu de Rubén, 12.000 de la
tribu de Gad, 12.000 6 de la tribu de Aser, 12.000 de la tribu de Neftalí, 12.000
de la tribu de Manasés, 12.000 7 de la tribu de Simeón, 12.000 de la tribu de
Leví, 12.000 de la tribu de Isacar, 12.000 8 de la tribu de Zabulón, 12.000 de la
tribu de José, 12.000 de la tribu de Benjamín, 12.000. 9 Después de esto miré,
y he aquí una gran multitud de todas las naciones y razas y pueblos y lenguas, y
nadie podía contar su número. Están de pie delante del trono y en la presencia
del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y llevando palmas en sus manos.
10 Aclaman a gran voz diciendo: “¡La salvación pertenece a nuestro Dios que
está sentado sobre el trono, y al Cordero!” 11 Todos los ángeles que estaban de
pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, se
postraron sobre sus rostros delante del trono y adoraron a Dios diciendo:
12 “¡Amén! La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la
honra y el poder y la fortaleza sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos.
¡Amén!”
13 Uno de los ancianos me preguntó diciendo: — Estos que están vestidos
con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido? 14 Y yo le dije: —
Señor mío, tú lo sabes. Y él me dijo: — Estos son los que vienen de la gran
tribulación; han lavado sus vestidos y los han emblanquecido en la sangre del
Cordero. 15 Por esto están delante del trono de Dios y le rinden culto de día y
de noche en su templo. El que está sentado en el trono extenderá su tienda
sobre ellos. 16 No tendrán más hambre, ni tendrán más sed, ni caerá sobre ellos
el sol ni ningún otro calor; 17 porque el Cordero que está en medio del trono los
pastoreará y los guiará a fuentes de agua viva, y Dios enjugará toda lágrima de
los ojos de ellos.
Capítulo 8
1 Cuando él abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por
media hora. 2 Y vi a los siete ángeles que estaban delante de Dios, y les fueron
dadas siete trompetas. 3 Y otro ángel vino y se puso de pie delante del altar.
Tenía un incensario de oro, y le fue dado mucho incienso para que lo añadiese a
las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro, que estaba delante del
trono. 4 Y el humo del incienso con las oraciones de los santos subió de la mano
del ángel en presencia de Dios. 5 Y el ángel tomó el incensario, lo llenó con
fuego del altar y lo arrojó sobre la tierra. Y se produjeron truenos y estruendos y
relámpagos y un terremoto. 6 Los siete ángeles que tenían las siete trompetas se
dispusieron a tocarlas.
7 El primero tocó la trompeta. Y se produjo granizo y fuego mezclados con
sangre, y fueron arrojados sobre la tierra. Y la tercera parte de la tierra fue
quemada, y la tercera parte de los árboles fue quemada, y toda la hierba verde
fue quemada. 8 El segundo ángel tocó la trompeta. Y algo como un gran monte
ardiendo con fuego fue lanzado al mar. Y la tercera parte del mar se convirtió en
sangre; 9 y murió la tercera parte de las criaturas vivientes que estaban en el mar,
y la tercera parte de los barcos fue destruida. 10 El tercer ángel tocó la trompeta.
Y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha; y cayó sobre la
tercera parte de los ríos y sobre las fuentes de agua. 11 El nombre de la estrella
es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, y muchos
hombres murieron por las aguas, porque fueron hechas amargas. 12 El cuarto
ángel tocó la trompeta. Y fue herida la tercera parte del sol, la tercera parte de
la luna y la tercera parte de las estrellas, de manera que se oscureció la tercera
parte de ellos, y no alumbraba el día durante una tercera parte, y también la
noche de la misma manera. 13 Miré y oí volar un águila por en medio del cielo,
diciendo a gran voz: “¡Ay, ay, ay de los que habitan en la tierra, por razón de los
demás toques de trompeta que los tres ángeles aún han de tocar!”
Capítulo 9
1 El quinto ángel tocó la trompeta. Y vi que una estrella había caído del cielo
a la tierra, y le fue dada la llave del pozo del abismo. 2 Y abrió el pozo del
abismo, y subió humo del pozo como el humo de un gran horno; y fue
oscurecido el sol y también el aire por el humo del pozo. 3 Y del humo salieron
langostas sobre la tierra, y les fue dado poder como tienen poder los
escorpiones de la tierra. 4 Y se les dijo que no hiciesen daño a la hierba de la
tierra ni a ninguna cosa verde, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres
que no tienen el sello de Dios en sus frentes. 5 Se les mandó que no los matasen,
sino que fuesen atormentados por cinco meses. Su tormento era como el
tormento del escorpión cuando pica al hombre. 6 En aquellos días los
hombres buscarán la muerte, pero de ninguna manera la hallarán. Anhelarán
morir, y la muerte huirá de ellos. 7 El aspecto de las langostas era semejante a
caballos equipados para la guerra. Sobre sus cabezas tenían como coronas,
semejantes al oro, y sus caras eran como caras de hombres. 8 Tenían cabello
como cabello de mujeres, y sus dientes eran como dientes de leones. 9 Tenían
corazas como corazas de hierro. El estruendo de sus alas era como el ruido de
carros que con muchos caballos corren a la batalla. 10 Tienen colas semejantes a
las de los escorpiones, y aguijones. Y en sus colas está su poder para hacer daño a
los hombres durante cinco meses. 11 Tienen sobre sí un rey, el ángel del abismo,
cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego tiene por nombre Apolión. 12 El
primer ay ha pasado. He aquí vienen aún dos ayes después de esto.
13 El sexto ángel tocó la trompeta. Y oí una voz que salía de los cuatro
cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, 14 diciendo al sexto ángel que
tenía la trompeta: “Desata a los cuatro ángeles que han estado atados junto al gran
río Eufrates.” 15 Fueron desatados los cuatro ángeles que habían estado
preparados para la hora y día y mes y año, para que matasen a la tercera parte
de los hombres. 16 El número de los soldados de a caballo era de dos miríadas de
miríadas; yo escuché el número de ellos. 17 Y de esta manera, vi en la visión los
caballos y a los que cabalgaban en ellos, que tenían corazas color de fuego, de
jacinto y de azufre. Las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y
de sus bocas salía fuego, humo y azufre. 18 La tercera parte de los hombres
fueron muertos por estas tres plagas: por el fuego, el humo y el azufre que salían
de la boca de ellos. 19 Pues el poder de los caballos está en sus bocas y en sus
colas. Porque sus colas son semejantes a serpientes, y tienen cabezas con las
cuales hieren. 20 Los demás hombres que no fueron muertos con estas plagas ni
aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, para dejar de adorar a los
demonios y a las imágenes de oro, y de plata, y de bronce, y de piedra, y de
madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni caminar. 21 Tampoco se arrepintieron
de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su inmoralidad sexual, ni de sus
robos.
Capítulo 10
1 Vi a otro ángel poderoso que descendía del cielo envuelto en una nube, y
el arco iris estaba sobre su cabeza. Su rostro era como el sol, y sus piernas
como columnas de fuego, 2 y tenía en su mano un librito abierto. Puso su pie
derecho sobre el mar y su pie izquierdo sobre la tierra, 3 y gritó a gran voz,
como cuando ruge el león. Cuando gritó, los siete truenos emitieron sus voces.
4 Cuando los siete truenos hablaron, yo estaba por escribir, pero oí una voz del
cielo que decía: “Sella las cosas que los siete truenos hablaron; no las escribas.”
5 Y el ángel que vi de pie sobre el mar y sobre la tierra levantó su mano derecha
al cielo 6 y juró por el que vive para siempre jamás, quien creó el cielo y las
cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las
cosas que están en él: “Ya no hay más tiempo, 7 sino que en los días de la voz
del séptimo ángel, cuando él esté por tocar la trompeta, también será
consumado el misterio de Dios, como él lo anunció a sus siervos los profetas.”
8 Y la voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, diciendo: “Vé, toma el
librito abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y sobre la
tierra.” 9 Fui al ángel diciéndole que me diera el librito, y me dijo: “Toma y
trágalo; y hará amargar tu estómago, pero en tu boca será dulce como la miel.”
10 Y tomé el librito de la mano del ángel y lo tragué. Y era dulce en mi boca
como la miel, pero cuando lo comí, mi estómago se hizo amargo. 11 Y me
dijeron: “Te es necesario profetizar otra vez a muchos pueblos y naciones y
lenguas y reyes.”
Capítulo 11
1 Entonces me fue dada una caña, semejante a una vara de medir, y se me
dijo: “Levántate y mide el templo de Dios y el altar, y a los que en él adoran. 2 Y
deja aparte el atrio de afuera del templo. Y no lo midas, porque ha sido dado a
los gentiles, y ellos pisotearán la ciudad santa por cuarenta y dos meses.
3 Yo mandaré a mis dos testigos, y ellos profetizarán por 1.260 días,
vestidos de cilicio. 4 Ellos son los dos olivos y los dos candeleros que están
delante del Dios de la tierra. 5 Si alguien les quiere dañar, fuego sale de la boca
de ellos y devora a sus enemigos. Cuando alguien les quiera hacer daño, tiene
que morir de esta manera. 6 Ellos tienen poder para cerrar el cielo, de modo que
no caiga lluvia durante los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas,
para convertirlas en sangre y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces
quieran. 7 Cuando hayan concluido su testimonio, la bestia que sube del abismo
hará guerra contra ellos, los vencerá y los matará. 8 Y sus cadáveres estarán en
la plaza de la gran ciudad que simbólicamente es llamada Sodoma y Egipto,
donde también fue crucificado el Señor de ellos. 9 Y por tres días y medio, la
gente de los pueblos y de las razas y de las lenguas y de las naciones miran sus
cadáveres; y no permiten que sus cadáveres sean puestos en sepulcros. 10 Y los
habitantes de la tierra se gozan sobre ellos y se alegran. Y se enviarán regalos
unos a otros, porque estos dos profetas habían sido un tormento para los
habitantes de la tierra. 11 Después de los tres días y medio el aliento de vida
enviado por Dios entró en ellos, y se levantaron sobre sus pies. Y un gran temor
cayó sobre los que los veían. 12 Oyeron una gran voz del cielo que les decía:
“¡Subid acá!” Y subieron al cielo en la nube, y sus enemigos los vieron. 13 Y en
aquella hora se produjo un gran terremoto, y cayó la décima parte de la ciudad.
Murieron por el terremoto 7.000 hombres, y los demás estaban aterrorizados y
dieron gloria al Dios del cielo.
14 Ha pasado el segundo ay. He aquí el tercer ay viene pronto. 15 El séptimo
ángel tocó la trompeta. Y en el cielo se oyeron grandes voces que decían: “El
reino del mundo ha venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo. El reinará por
los siglos de los siglos.” 16 Y los veinticuatro ancianos, que estaban sentados en
sus tronos delante de Dios, se postraron sobre sus rostros y adoraron a Dios
17 diciendo: “Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, que eres y que
eras, porque has asumido tu gran poder, y reinas. 18 Las naciones se
enfurecieron, pero ha venido tu ira y el tiempo de juzgar a los muertos y de dar
su galardón a tus siervos los profetas y a los santos y a los que temen tu nombre,
tanto a los pequeños como a los grandes, y de destruir a los que destruyen la
tierra.” 19 Y fue abierto el templo de Dios que está en el cielo, y se hizo visible el
arca de su pacto en su templo. Entonces estallaron relámpagos, voces, truenos,
un terremoto y una fuerte granizada.