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APOCALIPSIS

Capítulo 12

1 Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol y con la luna

debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. 2 Y estando

encinta, gritaba con dolores de parto y sufría angustia por dar a luz. 3 Y apareció

otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón rojo que tenía siete cabezas y diez

cuernos, y en sus cabezas tenía siete diademas. 4 Su cola arrastraba la tercera

parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. El dragón se puso de

pie delante de la mujer que estaba por dar a luz, a fin de devorar a su hijo en

cuanto le hubiera dado a luz. 5 Ella dio a luz un hijo varón que ha de guiar

todas las naciones con cetro de hierro. Y su hijo fue arrebatado ante Dios y su

trono. 6 Y la mujer huyó al desierto, donde tenía un lugar que Dios había

preparado, para ser alimentada allí durante 1.260 días. 7 Estalló entonces una

guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles pelearon contra el dragón. Y el dragón y

sus ángeles pelearon, 8 pero no prevalecieron, ni fue hallado más el lugar de ellos

en el cielo. 9 Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua que se llama

diablo y Satanás, el cual engaña a todo el mundo. Fue arrojado a la tierra, y sus

ángeles fueron arrojados junto con él. 10 Oí una gran voz en el cielo que decía:

“¡Ahora ha llegado la salvación y el poder y el reino de nuestro Dios, y la

autoridad de su Cristo! Porque ha sido arrojado el acusador de nuestros

hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios. 11 Y ellos lo

han vencido por causa de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio

de ellos, porque no amaron sus vidas hasta la muerte.

12 Por esto, alegraos, oh cielos, y los que habitáis en ellos. ¡Ay de la tierra y

del mar! Porque el diablo ha descendido a vosotros y tiene grande ira, sabiendo

que le queda poco tiempo.” 13 Y cuando el dragón vio que había sido arrojado a

la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. 14 Pero le fueron

dadas a la mujer dos alas de gran águila, para volar de la presencia de la

serpiente, al desierto, a su lugar donde recibe alimento por un tiempo, y tiempos

y la mitad de un tiempo. 15 Tras la mujer, la serpiente echó de su boca agua

como un río, para que ella fuese arrastrada por el torrente. 16 Pero la tierra

ayudó a la mujer. Y la tierra abrió su boca y tragó por completo el río que el

dragón había echado de su boca. 17 Entonces el dragón se enfureció contra la

mujer, y se fue para hacer guerra contra los demás descendientes de ella,

quienes guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.

Y él se puso de pie sobre la arena del mar.

Capítulo 13

1 Y vi que subía del mar una bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas.

Sobre sus cuernos tenía diez diademas, y sobre sus cabezas había un nombre de

blasfemia. 2 La bestia que vi era semejante a un leopardo; sus pies eran como de

oso, y su boca como la boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono y

grande autoridad. 3 Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su

herida mortal se había sanado. Y toda la tierra se maravilló en pos de la bestia,

4 y adoraron al dragón porque le había dado autoridad a la bestia, y adoraron

a la bestia diciendo: “¿Quién es semejante a la bestia, y quién puede combatir

contra ella?” 5 Y a la bestia le fue dada una boca que hablara insolencias y

blasfemias, y le fue dada autoridad para actuar por cuarenta y dos meses. 6 Y

abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar contra su nombre y

contra su tabernáculo, es decir, contra los que tienen morada en el cielo. 7 Y le fue

permitido hacer guerra contra los santos y vencerlos. También le fue dado poder

sobre toda raza y pueblo y lengua y nación. 8 Y le adorarán todos los habitantes

sobre la tierra, cuyos nombres no están inscritos en el libro de la vida del Cordero,

quien fue inmolado desde la fundación del mundo. 9 Si alguno tiene oído, oiga: 10 Si

alguien lleva en cautividad, es llevado en cautividad; si alguien mata a espada, tiene

que ser muerto a espada. ¡Aquí está la perseverancia y la fe de los santos!

11 Y vi otra bestia que subía de la tierra. Y tenía dos cuernos semejantes a

los de un cordero, y hablaba como un dragón. 12 Y ejerce toda la autoridad de

la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y sus habitantes

adoren a la primera bestia cuya herida mortal fue sanada. 13 Y hace grandes

señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante

de los hombres. 14 Y engaña a los habitantes de la tierra a causa de las señales

que se le concedió hacer en presencia de la bestia, mandándoles a los habitantes

de la tierra hacer una imagen en honor de la bestia que tiene la herida de espada

y que revivió. 15 También le fue permitido dar aliento a la imagen de la bestia,

para que la imagen de la bestia hablase e hiciera que fueran muertos todos los

que no adoraran a la imagen de la bestia. 16 Y ella hace que a todos, a pequeños

y a grandes, a ricos y a pobres, a libres y a esclavos, se les ponga una marca en

la mano derecha o en la frente, 17 y que nadie pueda comprar ni vender, sino el

que tenga la marca, es decir, el nombre de la bestia o el número de su nombre.

18 Aquí hay sabiduría: El que tiene entendimiento calcule el número de la bestia,

porque es número de un hombre; y su número es 666.

Capítulo 14

1 Y miré, y he aquí el Cordero de pie sobre el monte Sion, y con él estaban

los 144.000 que tenían su nombre y el nombre de su Padre escrito en sus

frentes. 2 Oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas y como la voz

de un gran trueno. Y la voz que escuché era como de arpistas cuando tocan sus

arpas. 3 Ellos cantan un himno nuevo delante del trono y en presencia de los

cuatro seres vivientes y de los ancianos. Nadie podía aprender el himno, sino

sólo los 144.000, quienes habían sido redimidos de la tierra. 4 Estos son los que

nunca se mancharon con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al

Cordero por dondequiera que vaya. Estos fueron redimidos de entre los

hombres, primicias para Dios y para el Cordero. 5 Y en sus bocas no se halló

engaño; son sin mancha.

6 Vi a otro ángel que volaba en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno

para predicarlo a los que habitan en la tierra: a toda nación y raza y lengua y

pueblo. 7 Decía a gran voz: “¡Temed a Dios y dadle gloria, porque ha llegado la

hora de su juicio! Adorad al que hizo los cielos y la tierra y el mar y las fuentes

de las aguas.” 8 Y siguió otro ángel, un segundo, diciendo: “¡Ha caído, ha caído

Babilonia la grande! Todas las naciones habían bebido del vino de la furia de su

inmoralidad.” 9 Y siguió otro ángel, un tercero, diciendo a gran voz: “¡Si alguno

adora a la bestia y a su imagen, y recibe su marca en la frente o en la mano, 10 él

también beberá del vino del furor de Dios que ha sido vertido puro en la copa

de su ira, y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y

delante del Cordero. 11 El humo del tormento de ellos sube para siempre jamás. Y

no tienen descanso ni de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen,

ni cualquiera que recibe la marca de su nombre. 12 ¡Aquí está la perseverancia de

los santos, quienes guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús!”

13 Y oí una voz del cielo que decía: “Escribe: ¡Bienaventurados los muertos

que de aquí en adelante mueren en el Señor!” “Sí,” dice el Espíritu, “para que

descansen de sus arduos trabajos; pues sus obras les seguirán.” 14 Y miré, y he

aquí una nube blanca, y sobre la nube estaba sentado uno semejante al Hijo de

Hombre. Tenía en su cabeza una corona de oro y en su mano una hoz afilada.

15 Y otro ángel salió del templo, gritando a gran voz al que estaba sentado sobre

la nube: “¡Mete tu hoz y siega! Porque ha llegado la hora de segar, porque la

mies de la tierra está madura.” 16 Y el que estaba sentado sobre la nube lanzó su

hoz sobre la tierra, y la tierra fue segada. 17 Luego salió otro ángel del templo

que estaba en el cielo, llevando también él una hoz afilada. 18 Y salió del altar

otro ángel que tenía poder sobre el fuego. Y llamó a gran voz al que tenía la hoz

afilada, diciendo: “¡Mete tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la

tierra, porque las uvas están maduras!” 19 Entonces el ángel lanzó su hoz afilada

en la tierra, y vendimió la viña de la tierra. Echó las uvas en el gran lagar de la ira

de Dios. 20 Y el lagar fue pisado fuera de la ciudad, y salió sangre del lagar hasta

la altura de los frenos de los caballos, a lo largo de 1.600 estadios.

Capítulo 15

1 Vi otra señal en el cielo, grande y admirable: siete ángeles que tenían las

siete últimas plagas, con las cuales la ira de Dios es consumada. 2 Vi algo como

un mar de vidrio mezclado con fuego y a los vencedores sobre la bestia y su

imagen y el número de su nombre. Estaban de pie sobre el mar de vidrio,

teniendo las arpas de Dios. 3 Y cantan el cántico de Moisés, el siervo de Dios, y

el cántico del Cordero, diciendo: “Grandes y maravillosas son tus obras, Señor

Dios Todopoderoso. Justos y verdaderos son tus caminos, Rey de las naciones.

4 Oh Señor, ¿quién no temerá y glorificará tu nombre? Porque sólo tú eres

santo. Todas las naciones vendrán y adorarán delante de ti; porque tus juicios

han sido manifestados.”

5 Después de esto miré, y el santuario del tabernáculo del testimonio fue

abierto en el cielo; 6 y del santuario salieron los siete ángeles que tenían las siete

plagas. Estaban vestidos de lino limpio y resplandeciente, ceñidos alrededor del

pecho con cintos de oro. 7 Y uno de los cuatro seres vivientes dio a los siete

ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios quien vive por los siglos de

los siglos. 8 El templo se llenó de humo por la gloria de Dios y por su poder, y

nadie podía entrar en el templo hasta que fuesen consumadas las siete plagas de

los siete ángeles.

Capítulo 16

1 Entonces oí una gran voz que desde el templo decía a los siete ángeles: “Id

y derramad las siete copas de la ira de Dios sobre la tierra.” 2 Fue el primer

ángel y derramó su copa sobre la tierra. Y se produjo una llaga dolorosa y

maligna sobre los hombres que tenían la marca de la bestia y los que adoraban

su imagen. 3 El segundo ángel derramó su copa sobre el mar. Y se convirtió en

sangre como de muerto. Y murió todo ser viviente que estaba en el mar. 4 El

tercer ángel derramó su copa sobre los ríos y sobre las fuentes de las aguas, y se

convirtieron en sangre. 5 Oí al ángel de las aguas decir: “Justo eres tú que eres y

que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas. 6 Porque ellos derramaron

la sangre de los santos y de los profetas, tú también les has dado a beber

sangre, pues se lo merecen.” 7 Y oí al altar decir: “¡Ciertamente, oh Señor Dios

Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos!”

8 El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, y le fue dado quemar a los

hombres con fuego. 9 Los hombres fueron quemados con el intenso calor y

blasfemaron el nombre del Dios que tiene autoridad sobre estas plagas, pero no

se arrepintieron para darle gloria. 10 El quinto ángel derramó su copa sobre el

trono de la bestia, y su reino fue convertido en tinieblas. Se mordían las lenguas

de dolor 11 y blasfemaron al Dios del cielo por sus dolores y sus llagas, pero no

se arrepintieron de sus obras.

12 El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates, y sus aguas se

secaron para que fuese preparado el camino de los reyes del Oriente. 13 Vi salir

de la boca del dragón y de la boca de la bestia y de la boca del falso profeta,

tres espíritus impuros semejantes a ranas. 14 Pues son espíritus de demonios que

hacen señales, los cuales salen a los reyes de todo el mundo habitado para

congregarlos para la batalla del gran día del Dios Todopoderoso. 15 “He aquí,

yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela y guarda sus vestidos para

que no ande desnudo y vean su vergüenza.” 16 Y los congregó en el lugar que se

llama en hebreo Armagedón.

17 El séptimo ángel derramó su copa por el aire. Y salió una gran voz del

santuario desde el trono, que decía: “¡Está hecho!” 18 Entonces se produjeron

relámpagos y estruendos y truenos, y hubo un gran terremoto. Tan fuerte fue ese

gran terremoto como jamás había acontecido desde que el hombre existe sobre

la tierra. 19 La gran ciudad se dividió en tres partes, y las ciudades de las

naciones cayeron. Y la gran Babilonia fue recordada delante de Dios, para darle

a ella de la copa del vino del furor de su ira. 20 Toda isla huyó, y las montañas no

fueron halladas más. 21 Y del cielo cayó sobre los hombres enorme granizo,

como de un talento de peso. Y los hombres blasfemaron a Dios por la plaga del

granizo, porque la plaga era grande en extremo.

Capítulo 17

1 Vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas y habló conmigo

diciendo: “Ven acá, y te mostraré la condenación de la gran ramera que está

sentada sobre muchas aguas. 2 Con ella fornicaron los reyes de la tierra,

y los que habitan en la tierra se embriagaron con el vino de su fornicación.”

3 Me llevó en el Espíritu al desierto. Y vi una mujer sentada sobre una bestia

escarlata llena de nombres de blasfemia y que tenía siete cabezas y diez cuernos.

4 La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y estaba adornada con oro y

piedras preciosas y perlas. En su mano tenía una copa de oro llena de

abominaciones y de las impurezas de su inmoralidad. 5 En su frente estaba

escrito un nombre, un misterio: “Babilonia la grande, madre de las rameras y de

las abominaciones de la tierra.” 6 Vi a la mujer embriagada con la sangre de los

santos, y con la sangre de los mártires de Jesús. Al verla, quedé asombrado con

gran asombro.

7 Y el ángel me dijo: “¿Por qué estás asombrado? Yo te explicaré el misterio

de la mujer y de la bestia que la lleva y que tiene siete cabezas y diez cuernos.

8 La bestia que has visto era, y no es, y ha de subir del abismo, y va a la

perdición. Los habitantes de la tierra, cuyos nombres no están inscritos en el

libro de la vida desde la fundación del mundo, se maravillarán cuando vean a la

bestia que era y no es y será. 9 Aquí está la mente que tiene sabiduría: Las siete

cabezas son siete montes sobre los cuales está sentada la mujer. 10 Y son siete

reyes: Cinco han caído, uno es, y otro aún no ha venido; y cuando venga, debe

quedar sólo por un breve tiempo. 11 La bestia que era y no es, también es el

octavo, y procede de los siete y va a la perdición. 12 Los diez cuernos que has

visto son diez reyes que todavía no han recibido reino, pero toman autoridad por

una hora como reyes junto con la bestia. 13 Estos tienen un solo propósito, y

entregan su poder y autoridad a la bestia.

14 Ellos harán guerra contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él

es Señor de señores y Rey de reyes, y los que están con él son llamados y

elegidos y fieles.” 15 También me dijo: “Las aguas que has visto donde está

sentada la ramera, son pueblos y multitudes, naciones y lenguas. 16 Los diez

cuernos que has visto, y la bestia, éstos aborrecerán a la ramera y la dejarán

desolada y desnuda. Comerán sus carnes y la quemarán con fuego; 17 porque

Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar su propósito, y que tengan un solo

propósito, y que entreguen su reino a la bestia hasta que se cumplan las palabras

de Dios. 18 La mujer que has visto es la gran ciudad que tiene imperio sobre los

reyes de la tierra.”

Capítulo 18

1 Después de estas cosas vi a otro ángel que descendía del cielo y que tenía

gran autoridad, y la tierra se iluminó con su gloria. 2 Y proclamó con potente voz

diciendo: “¡Ha caído, ha caído Babilonia la grande! Se ha convertido en

habitación de demonios, refugio de todo espíritu inmundo, y refugio de toda ave

inmunda y aborrecible. 3 Porque todas las naciones han bebido el vino de la furia

de su fornicación. Los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los

comerciantes de la tierra se han enriquecido con la potencia de su lujosa

sensualidad.” 4 Oí otra voz del cielo que decía: “¡Salid de ella, pueblo mío, para

que no participéis de sus pecados y para que no recibáis sus plagas! 5 Pues sus

pecados se han amontonado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus

injusticias. 6 Pagadle tal como ella os ha pagado, y devolvedle el doble según sus

obras. En la copa que ella preparó, preparadle el doble. 7 En la medida que ella

se ha glorificado y ha vivido en sensualidad, así dadle tormento y llanto, porque

dice en su corazón: ‘Estoy sentada como reina; no soy viuda, ni jamás veré

llanto.’ 8 Por eso, en un solo día le sobrevendrán las plagas: muerte, llanto y

hambre. Y será quemada con fuego, porque fuerte es el Señor Dios quien la

juzga.

9 “Cuando vean el humo de su incendio, llorarán y se lamentarán por ella los

reyes de la tierra que han fornicado con ella y han vivido de su sensualidad.

10 Estando de pie, desde lejos por temor de su tormento, dirán: ‘¡Ay! ¡Ay de ti,

oh gran ciudad, oh Babilonia, ciudad poderosa; porque en una sola hora vino tu

juicio!’ 11 “Y los comerciantes de la tierra lloran y se lamentan por ella, porque

ya nadie compra más su mercadería: 12 mercadería de oro, plata, piedras

preciosas, perlas, lino fino, púrpura, seda, escarlata, toda madera olorosa, todo

artículo de marfil, todo artículo de madera preciosa, y de cobre, y de hierro y de

mármol; 13 canela, especias aromáticas, incienso, mirra, perfumes, vino, aceite,

harina refinada, trigo, ganado, ovejas, caballos, carros, y cuerpos y almas de

hombres. 14 “El fruto que anhela tu alma se apartó de ti. Todas las cosas

exquisitas y espléndidas se te desvanecieron, y jamás las hallarán. 15 “Los

comerciantes de estos bienes que se han enriquecido de ella, estarán de pie,

desde lejos por temor de su tormento, llorando y lamentando, 16 diciendo: ‘¡Ay!

¡Ay de la gran ciudad, vestida de lino fino y de púrpura y de escarlata, adornada

de oro y piedras preciosas y perlas! 17 ¡Porque en una sola hora ha sido

asolada tanta riqueza!’ “Y todo timonel, todo el que navega de lugar en lugar, y

los marineros y cuantos trabajan en el mar se pusieron de pie desde lejos. 18 Y

viendo el humo de su incendio, daban voces diciendo: ‘¿Qué ciudad era

semejante a esta gran ciudad?’ 19 Echaron polvo sobre sus cabezas, y llorando y

lamentando, gritaban diciendo: ‘¡Ay! ¡Ay de la gran ciudad! En ella todos los

que tenían barcos en el mar se enriquecieron de la opulencia de ella. ¡Porque en

una sola hora ha sido asolada!’ 20 “Alégrate sobre ella, oh cielo, y vosotros

santos y apóstoles y profetas. Porque Dios ha juzgado vuestra causa contra

ella.” 21 Y un ángel poderoso tomó una piedra como una gran piedra de molino

y la arrojó al mar diciendo: “Con semejante violencia será derribada Babilonia la

grande ciudad, y nunca jamás será hallada. 22 Nunca más será oído en ti el

tañido de arpistas, de músicos, de flautistas o de trompetistas. Nunca más se

hallará en ti ningún artesano de cualquier oficio. Y el ruido de los molinos nunca

más se oirá en ti. 23 La luz de la antorcha nunca más alumbrará en ti. Y la voz del

novio y de la novia nunca más se oirá en ti; porque tus comerciantes eran los

magnates de la tierra, y porque todas las naciones fueron engañadas por tus

hechicerías. 24 Y en ella fue hallada la sangre de los profetas y de los santos y de

todos los que han sido muertos en la tierra.”

Capítulo 19

1 Después de estas cosas, oí como la gran voz de una enorme multitud en el

cielo, que decía: “¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder pertenecen a

nuestro Dios. 2 Porque sus juicios son verdaderos y justos; pues él ha juzgado a

la gran ramera que corrompió la tierra con su inmoralidad, y ha vengado la

sangre de sus siervos de la mano de ella.” 3 Y por segunda vez dijeron:

“¡Aleluya!” Y el humo de ella subió por los siglos de los siglos. 4 Y se postraron

los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes y adoraron a Dios que

estaba sentado sobre el trono, diciendo: “¡Amén! ¡Aleluya!”

5 Entonces salió del trono una voz que decía: “¡Load a nuestro Dios, todos

sus siervos y los que le teméis, tanto pequeños como grandes!” 6 Oí como la voz

de una gran multitud, como el ruido de muchas aguas y como el sonido de

fuertes truenos, diciendo: “¡Aleluya! Porque reina el Señor nuestro Dios

Todopoderoso. 7 Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han

llegado las bodas del Cordero, y su novia se ha preparado. 8 Y a ella se le ha

concedido que se vista de lino fino, resplandeciente y limpio.” Porque el lino

fino es los actos justos de los santos. 9 El ángel me dijo: “Escribe:

Bienaventurados los que han sido llamados a la cena de las bodas del Cordero.”

Me dijo además: “Estas son palabras verdaderas de Dios.” 10 Yo me postré

ante sus pies para adorarle, pero él me dijo: “¡Mira, no lo hagas! Yo soy

consiervo tuyo y de tus hermanos que tienen el testimonio de Jesús. ¡Adora a

Dios! Pues el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.”

11 Vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se

llama Fiel y Verdadero. Y con justicia él juzga y hace guerra. 12 Sus ojos son

como llama de fuego. En su cabeza tiene muchas diademas, y tiene un nombre

escrito que nadie conoce sino él mismo. 13 Está vestido de una vestidura teñida

en sangre, y su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS. 14 Los ejércitos en el

cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino fino, blanco y limpio. 15 De

su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones, y él las guiará

con cetro de hierro. El pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios

Todopoderoso. 16 En su vestidura y sobre su muslo, tiene escrito el nombre:

REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES. 17 Vi a un ángel que estaba de

pie en el sol, y él gritó con gran voz a todas las aves que volaban en medio del

cielo, diciendo: “¡Venid! ¡Congregaos para el gran banquete de Dios! 18 Para

que comáis la carne de reyes, de comandantes, y de los poderosos; y la carne

de caballos y de sus jinetes; y la carne de todos, tanto de libres como de

esclavos, tanto de pequeños como de grandes.” 19 Y vi a la bestia y a los reyes

de la tierra y a sus ejércitos, congregados para hacer la guerra contra el que

estaba montado sobre el caballo y contra su ejército. 20 Y la bestia fue tomada

prisionera, junto con el falso profeta que había hecho delante de ella las señales

con que había engañado a los que recibieron la marca de la bestia y adoraban a

su imagen. Ambos fueron lanzados vivos al lago de fuego ardiendo con azufre.

21 Los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que estaba

sentado sobre el caballo, y todas las aves se hartaron de la carne de ellos.

Capítulo 20

1 Vi a un ángel que descendía del cielo y que tenía en su mano la llave del

abismo y una gran cadena. 2 El prendió al dragón, aquella serpiente antigua quien

es el diablo y Satanás, y le ató por mil años. 3 Lo arrojó al abismo y lo cerró, y

lo selló sobre él para que no engañase más a las naciones, hasta que se

cumpliesen los mil años. Después de esto, es necesario que sea desatado por un

poco de tiempo. 4 Y vi tronos; y se sentaron sobre ellos, y se les concedió hacer

juicio. Y vi las almas de los degollados por causa del testimonio de Jesús y por

la palabra de Dios. Ellos no habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni

tampoco recibieron su marca en sus frentes ni en sus manos. Ellos volvieron a

vivir y reinaron con Cristo por mil años. 5 Pero los demás muertos no volvieron a

vivir, sino hasta que se cumplieran los mil años. Esta es la primera resurrección.

6 Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección. Sobre

éstos la segunda muerte no tiene ningún poder; sino que serán sacerdotes de

Dios y de Cristo, y reinarán con él por los mil años. 7 Cuando se cumplan los mil

años, Satanás será soltado de su prisión 8 y saldrá para engañar a las naciones

que están sobre los cuatro puntos cardinales de la tierra, a Gog y a Magog, a fin

de congregarlos para la batalla. El número de ellos es como la arena del mar.

9 Y subieron sobre lo ancho de la tierra y rodearon el campamento de los santos

y la ciudad amada, y descendió fuego del cielo y los devoró. 10 Y el diablo que

los engañaba fue lanzado al lago de fuego y azufre, donde también están la bestia

y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

11 Vi un gran trono blanco y al que estaba sentado sobre él, de cuya

presencia huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar fue hallado para ellos. 12 Vi

también a los muertos, grandes y pequeños, que estaban de pie delante del

trono, y los libros fueron abiertos. Y otro libro fue abierto, que es el libro de la

vida. Y los muertos fueron juzgados a base de las cosas escritas en los libros, de

acuerdo a sus obras. 13 Y el mar entregó los muertos que estaban en él, y la

Muerte y el Hades entregaron los muertos que estaban en ellos; y fueron

juzgados, cada uno según sus obras. 14 Y la Muerte y el Hades fueron lanzados

al lago de fuego. Esta es la muerte segunda, el lago de fuego. 15 Y el que no fue

hallado inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

Capítulo 21

1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera

tierra pasaron, y el mar ya no existe más. 2 Y yo vi la santa ciudad, la nueva

Jerusalén que descendía del cielo de parte de Dios, preparada como una novia

adornada para su esposo. 3 Oí una gran voz que procedía del trono diciendo:

“He aquí el tabernáculo de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos; y

ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. 4 Y Dios

enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. No habrá más muerte, ni habrá más

llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas ya pasaron.” 5 El que

estaba sentado en el trono dijo: “He aquí yo hago nuevas todas las cosas.” Y

dijo: “Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas.” 6 Me dijo

también: “¡Está hecho! Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que

tenga sed, yo le daré gratuitamente de la fuente de agua de vida. 7 El que venza

heredará estas cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo. 8 Pero, para los

cobardes e incrédulos, para los abominables y homicidas, para los fornicarios y

hechiceros, para los idólatras y todos los mentirosos, su herencia será el lago

que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.”

9 Vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete

últimas plagas, y habló conmigo diciendo: “Ven acá. Yo te mostraré la novia, la

esposa del Cordero.” 10 Me llevó en el Espíritu sobre un monte grande y alto, y

me mostró la santa ciudad de Jerusalén, que descendía del cielo de parte de

Dios. 11 Tenía la gloria de Dios, y su resplandor era semejante a la piedra más

preciosa, como piedra de jaspe, resplandeciente como cristal. 12 Tenía un muro

grande y alto. Tenía doce puertas, y a las puertas había doce ángeles, y nombres

inscritos que son los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel. 13 Tres

puertas daban al este, tres puertas al norte, tres puertas al sur y tres puertas al

oeste. 14 El muro de la ciudad tenía doce fundamentos, y sobre ellos los doce

nombres de los apóstoles del Cordero. 15 El que hablaba conmigo tenía una

caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. 16 La ciudad

está dispuesta en forma cuadrangular. Su largo es igual a su ancho. El midió la

ciudad con la caña, y tenía 12.000 estadios. El largo, el ancho y el alto son

iguales. 17 Midió su muro, 144 codos según medida de hombre, que es la del

ángel. 18 El material del muro era jaspe, y la ciudad era de oro puro semejante al

vidrio limpio. 19 Los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con

toda piedra preciosa. El primer cimiento era de jaspe, el segundo de zafiro, el

tercero de ágata, el cuarto de esmeralda, 20 el quinto de ónice, el sexto de

cornalina, el séptimo de crisólito, el octavo de berilo, el noveno de topacio, el

décimo de crisoprasa, el undécimo de jacinto, el duodécimo de amatista. 21 Las

doce puertas eran doce perlas; cada puerta fue hecha de una sola perla. La

plaza era de oro puro como vidrio transparente. 22 No vi en ella templo, porque

el Señor Dios Todopoderoso, y el Cordero, es el templo de ella. 23 La ciudad

no tiene necesidad de sol ni de luna, para que resplandezcan en ella; porque

la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lámpara. 24 Las naciones andarán

a la luz de ella, y los reyes de la tierra llevan a ella su gloria. 25 Sus puertas nunca

serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. 26 Y llevarán a ella la gloria y la

honra de las naciones. 27 Jamás entrará en ella cosa impura o que hace

abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la

vida del Cordero.

Capítulo 22

1 Después me mostró un río de agua de vida, resplandeciente como cristal,

que fluye del trono de Dios y del Cordero. 2 En medio de la avenida de la

ciudad, y a uno y otro lado del río, está el árbol de la vida, que produce doce

frutos, dando cada mes su fruto. Las hojas del árbol son para la sanidad de las

naciones. 3 Ya no habrá más maldición. Y el trono de Dios y del Cordero estará

en ella, y sus siervos le rendirán culto. 4 Verán su rostro, y su nombre estará en

sus frentes. 5 No habrá más noche, ni tienen necesidad de luz de lámpara, ni de

luz del sol; porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos

de los siglos.

6 Me dijo además: “Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el

Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel para mostrar a sus

siervos las cosas que tienen que suceder pronto. 7 ¡He aquí vengo pronto!

Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.” 8 Yo,

Juan, soy el que he oído y visto estas cosas. Cuando las oí y las vi, me postré

para adorar ante los pies del ángel que me las mostraba. 9 Y él me dijo: “¡Mira,

no lo hagas! Pues yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos los profetas y de los

que guardan las palabras de este libro. ¡Adora a Dios!” 10 Y me dijo: “No selles

las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. 11 El que

es injusto, haga injusticia todavía. El que es impuro, sea impuro todavía. El que

es justo, haga justicia todavía, y el que es santo, santifíquese todavía. 12 He aquí

vengo pronto, y mi recompensa conmigo, para pagar a cada uno según sean sus

obras. 13 Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin.”

14 Bienaventurados los que lavan sus vestiduras, para que tengan derecho al

árbol de la vida y para que entren en la ciudad por las puertas. 15 Pero afuera

quedarán los perros, los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras y

todo el que ama y practica la mentira. 16 “Yo, Jesús, he enviado a mi ángel para

daros testimonio de estas cosas para las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de

David, la estrella resplandeciente de la mañana.” 17 El Espíritu y la esposa dicen:

“¡Ven!” El que oye diga: “¡Ven!” El que tiene sed, venga. El que quiere, tome

del agua de vida gratuitamente. 18 Yo advierto a todo el que oye las palabras de

la profecía de este libro: Si alguno añade a estas cosas, Dios le añadirá las

plagas que están escritas en este libro; 19 y si alguno quita de las palabras del

libro de esta profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la santa

ciudad, de los cuales se ha escrito en este libro.

20 El que da testimonio de estas cosas dice: “¡Sí, vengo pronto!” ¡Amén!

¡Ven, Señor Jesús! 21 La gracia de nuestro Señor Jesús sea con todos.