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DANIEL
Capítulo 1
1 En el tercer año del reinado de Joacim rey de Judá, Nabucodonosor rey de
Babilonia fue a Jerusalén, y la sitió. 2 El Señor entregó en su mano a Joacim rey de
Judá y parte de los utensilios de la casa de Dios. Los trajo a la tierra de Sinar, a la
casa de su dios, y colocó los utensilios en el tesoro de su dios. 3 El rey dijo a
Aspenaz, jefe de sus funcionarios, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real y
de los nobles, 4 a jóvenes en quienes no hubiese ningún defecto, bien parecidos,
instruidos en toda sabiduría, dotados de conocimiento, poseedores del saber y
capaces para servir en el palacio del rey; y que les enseñase la escritura y la lengua
de los caldeos. 5 El rey les asignó para cada día una ración de los manjares del rey y
del vino que él bebía. Ordenó que se les educase durante tres años, para que al fin
de ellos se presentaran al servicio del rey. 6 Entre ellos estaban Daniel, Ananías,
Misael y Azarías, de la tribu de Judá. 7 A éstos, el jefe de los funcionarios les puso
nombres: A Daniel llamó Beltesasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a
Azarías, Abed-nego.
8 Pero Daniel se propuso en su corazón no contaminarse con la ración de la
comida del rey ni con el vino que éste bebía. Pidió, por tanto, al jefe de los
funcionarios que no fuera obligado a contaminarse. 9 Dios concedió a Daniel que se
ganara el afecto y la buena voluntad del jefe de los funcionarios, 10 y el jefe de los
funcionarios dijo a Daniel: — Tengo temor de mi señor el rey, quien ha asignado
vuestra comida y vuestra bebida; pues cuando él vea vuestras caras más
demacradas que las de los jóvenes de vuestra edad, expondréis mi vida ante el rey.
11 Entonces Daniel dijo al inspector, a quien el jefe de los funcionarios había puesto
a cargo de Daniel, Ananías, Misael y Azarías: 12 — Por favor, prueba a tus siervos
durante diez días; que nos den de comer sólo legumbres y de beber sólo agua.
13 Luego sean vistos delante de ti nuestro aspecto y el de los jóvenes que comen de
la ración de los manjares del rey. Y según lo que veas, así harás con tus siervos.
14 Les escuchó en este asunto y los probó durante diez días. 15 Al final de los diez
días el aspecto de ellos se veía mejor y más nutrido de carnes que el de los otros
jóvenes que comían de la ración de los manjares del rey. 16 De modo que el
inspector retiraba la ración de los manjares de ellos y el vino que habían de beber, y
les daba legumbres.
17 A estos cuatro jóvenes Dios les dio conocimiento y habilidad en toda clase de
escritura y sabiduría. Y Daniel era entendido en toda clase de visiones y sueños.
18 Pasados los días, al fin de los cuales el rey había dicho que los trajesen, el jefe de
los funcionarios los llevó a la presencia de Nabucodonosor. 19 El rey habló con ellos,
y no se encontró entre todos ellos ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías.
Así se presentaron al servicio del rey. 20 En todo asunto de sabiduría y entendimiento
que el rey les consultó, los encontró diez veces mejores que todos los magos y
encantadores que había en todo su reino. 21 Y Daniel continuó hasta el primer año
del rey Ciro.
Capítulo 2
1 En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, éste tuvo un sueño; y su
espíritu se perturbó, y no pudo dormir. 2 El rey mandó llamar a los magos, a los
encantadores, a los hechiceros y a los caldeos para que le declarasen sus sueños.
Vinieron y se presentaron delante del rey. 3 Y el rey les dijo: — He tenido un sueño,
y mi espíritu se ha turbado por entender el sueño. 4 Entonces los caldeos dijeron al
rey en arameo: — ¡Oh rey, para siempre vivas! Di el sueño a tus siervos, y te
declararemos la interpretación. 5 El rey respondió y dijo a los caldeos: — De mi
parte el asunto está decidido: Si no me dais a conocer el sueño y su interpretación,
seréis descuartizados, y vuestras casas serán convertidas en ruinas. 6 Pero si me
declaráis el sueño y su interpretación, recibiréis de mí regalos, favores y grandes
honores. Por tanto, declaradme el sueño y su interpretación. 7 Le respondieron por
segunda vez diciendo: — Diga el rey el sueño a sus siervos, y nosotros declararemos
su interpretación. 8 El rey respondió: — Ciertamente yo me doy cuenta de que
vosotros ponéis dilaciones, porque veis que de mi parte el asunto está decidido: 9 Si
no me dais a conocer el sueño, habrá una sola sentencia para vosotros. Ciertamente
os habéis puesto de acuerdo para dar una respuesta mentirosa y corrupta delante de
mí, entre tanto que las circunstancias cambien. Por tanto, decidme el sueño, para
que yo sepa que también podéis declarar su interpretación. 10 Los caldeos
respondieron delante del rey: — No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar
el asunto del rey, porque ningún rey grande y poderoso ha pedido cosa semejante a
ningún mago ni encantador ni caldeo. 11 Además, el asunto que el rey demanda es
difícil, y no hay delante del rey quien lo pueda declarar, salvo los dioses, cuya
morada no está con los mortales. 12 Por esto, el rey se enfureció y se airó
muchísimo, y mandó que matasen a todos los sabios de Babilonia. 13 Se promulgó el
decreto, para que los sabios fuesen llevados a la muerte. Y buscaron a Daniel y a
sus compañeros para que fuesen muertos.
14 Entonces Daniel se dirigió con prudencia y discreción a Arioc, capitán de la
guardia del rey, quien había salido para matar a los sabios de Babilonia. 15 Habló y
dijo a Arioc, oficial del rey: — ¿Cual es la causa por la que se ha promulgado este
decreto tan severo de parte del rey? Entonces Arioc declaró el asunto a Daniel.
16 Daniel entró y pidió al rey que le diese tiempo para que le declarase la
interpretación. 17 Luego Daniel fue a su casa y dio a conocer el asunto a Ananías,
Misael y Azarías, sus compañeros, 18 a fin de implorar misericordia del Dios de los
cielos con respecto a este misterio, para que Daniel y sus compañeros no pereciesen
junto con el resto de los sabios de Babilonia. 19 Entonces el misterio le fue revelado
a Daniel en una visión de noche, por lo cual Daniel bendijo al Dios de los cielos.
20 Daniel habló y dijo: “¡Sea bendito el nombre de Dios desde la eternidad hasta la
eternidad! Porque suyos son la sabiduría y el poder. 21 El cambia los tiempos y las
ocasiones; quita reyes y pone reyes. Da sabiduría a los sabios y conocimiento a los
entendidos. 22 El revela las cosas profundas y escondidas; conoce lo que hay en las
tinieblas, y con él mora la luz. 23 A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y te
alabo, porque me has dado sabiduría y poder. Y ahora me has dado a conocer lo
que te hemos pedido, pues nos has dado a conocer el asunto del rey.”
24 Después de esto, Daniel entró a la presencia de Arioc, a quien el rey había
comisionado para hacer perecer a los sabios de Babilonia. Fue y le dijo así: — No
hagas perecer a los sabios de Babilonia. Llévame a la presencia del rey, y yo
declararé al rey la interpretación. 25 Entonces Arioc llevó apresuradamente a Daniel
a la presencia del rey y le dijo así: — He hallado un hombre de los cautivos de Judá,
quien dará a conocer al rey la interpretación. 26 El rey habló y preguntó a Daniel,
cuyo nombre era Beltesasar: — ¿Podrás tú darme a conocer el sueño que tuve y su
interpretación? 27 Daniel respondió en presencia del rey diciendo: — El misterio
sobre el cual el rey pregunta, ni los sabios, ni los encantadores, ni los magos, ni los
adivinos lo pueden declarar al rey. 28 Pero hay un Dios en los cielos, quien revela los
misterios. El ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los
postreros días. Tu sueño y las visiones de tu cabeza en tu cama son éstos: 29 Estando
tú, oh rey, en tu cama, tus pensamientos se agitaban por saber lo que había de
suceder en el porvenir; y el que revela los misterios te ha hecho saber lo que ha de
suceder. 30 En cuanto a mí, me ha sido revelado este misterio, no porque la sabiduría
que hay en mí sea mayor que la de todos los vivientes, sino para que yo dé a
conocer al rey la interpretación y para que entiendas los pensamientos de tu
corazón.
31 Tú, oh rey, mirabas, y he aquí una gran estatua. Esta estatua, que era muy
grande y cuyo brillo era extraordinario, estaba de pie delante de ti; y su aspecto era
temible. 32 La cabeza de esta estatua era de oro fino; su pecho y sus brazos eran de
plata; su vientre y sus muslos eran de bronce; 33 sus piernas eran de hierro; y sus
pies en parte eran de hierro y en parte de barro cocido. 34 Mientras mirabas, se
desprendió una piedra, sin intervención de manos. Ella golpeó la estatua en sus pies
de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. 35 Entonces se desmenuzaron también
el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro; y se volvieron como el tamo
de las eras en verano. El viento se los llevó, y nunca más fue hallado su lugar. Y la
piedra que golpeó la estatua se convirtió en una gran montaña que llenó toda la
tierra. 36 Este es el sueño. Y su interpretación también la diremos en presencia del
rey: 37 Tú, oh rey, eres rey de reyes porque el Dios de los cielos te ha dado la
realeza, el poder, la fuerza y la majestad. 38 Todo lugar donde habitan los hijos del
hombre, los animales del campo y las aves del cielo, él los ha entregado en tus
manos y te ha dado dominio sobre todos ellos. Tú eres aquella cabeza de oro.
39 Después de ti se levantará otro reino inferior al tuyo, y otro tercer reino de
bronce, el cual dominará en toda la tierra. 40 El cuarto reino será fuerte como el
hierro; y como el hierro todo lo desmenuza y pulveriza, y como el hierro despedaza,
así demenuzará y despedazará a todos éstos. 41 Lo que viste de los pies y de los
dedos, que en parte eran de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, significa
que ese reino estará dividido; pero en él habrá algo de la firmeza del hierro, tal como
viste que el hierro estaba mezclado con el barro cocido. 42 Y por ser los dedos de
los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, así el reino será en parte
fuerte y en parte frágil. 43 En cuanto a lo que viste, que el hierro estaba mezclado con
el barro cocido, se mezclarán por medio de alianzas humanas, pero no se pegarán el
uno con el otro, así como el hierro no se mezcla con el barro. 44 Y en los días de
esos reyes, el Dios de los cielos levantará un reino que jamás será destruido, ni será
dejado a otro pueblo. Este desmenuzará y acabará con todos estos reinos, pero él
permanecerá para siempre. 45 De la manera que viste que de la montaña se
desprendió una piedra sin intervención de manos, la cual desmenuzó el hierro, el
bronce, el barro cocido, la plata y el oro, el gran Dios ha hecho saber al rey lo que
ha de acontecer en el porvenir. El sueño es verdadero, y su interpretación es fiel.
46 Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre su rostro y rindió homenaje
a Daniel. Mandó que le ofreciesen ofrendas e incienso. 47 El rey habló a Daniel y
le dijo: — Ciertamente vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de reyes. El revela
los misterios, pues tú pudiste revelar este misterio. 48 Entonces el rey engrandeció a
Daniel y le dio muchos y grandes regalos. Le dio dominio sobre toda la provincia de
Babilonia y le hizo intendente principal de todos los sabios de Babilonia. 49 Daniel
solicitó del rey, y él designó a Sadrac, a Mesac y a Abed-nego sobre la
administración de la provincia de Babilonia. Y Daniel permaneció en la corte del rey.
Capítulo 3
1 El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de 60 codos y
su anchura de 6 codos, y la levantó en la llanura de Dura, en la provincia de
Babilonia. 2 Y el rey Nabucodonosor mandó reunir a los sátrapas, los intendentes y
gobernadores, a los consejeros, los tesoreros, los jueces, los oficiales y a todos los
gobernantes de las provincias, para que viniesen a la dedicación de la estatua que el
rey Nabucodonosor había levantado. 3 Entonces fueron reunidos los sátrapas, los
intendentes y gobernadores, los consejeros, los tesoreros, los jueces, los oficiales y
todos los gobernantes de las provincias, para la dedicación de la estatua que el rey
Nabucodonosor había levantado. Mientras estaban de pie delante de la estatua que
había levantado el rey Nabucodonosor, 4 el heraldo proclamó con gran voz: “Se
ordena a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas, 5 que al oír el sonido de la
corneta, de la flauta, de la cítara, de la lira, del arpa, de la zampoña y de todo
instrumento de música, os postréis y rindáis homenaje a la estatua de oro que ha
levantado el rey Nabucodonosor. 6 Cualquiera que no se postre y rinda homenaje,
en la misma hora será echado dentro de un horno de fuego ardiendo.” 7 Por eso, tan
pronto como oyeron todos los pueblos el sonido de la corneta, de la flauta, de la
cítara, de la lira, del arpa, de la zampoña y de todo instrumento de música, todos los
pueblos, naciones y lenguas se postraron y rindieron homenaje a la estatua de oro
que había levantado el rey Nabucodonosor.
8 Por esto, en el mismo tiempo algunos hombres caldeos se acercaron y
denunciaron a los judíos. 9 Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: — ¡Oh rey,
para siempre vivas! 10 Tú, oh rey, has dado la orden de que todo hombre que oiga el
sonido de la corneta, de la flauta, de la cítara, de la lira, del arpa, de la zampoña y
de todo instrumento de música, se postre y rinda homenaje a la estatua de oro; 11 y
que el que no se postre y rinda homenaje sea echado dentro de un horno de fuego
ardiendo. 12 Hay, pues, unos hombres judíos, a quienes tú has designado sobre la
administración de la provincia de Babilonia (Sadrac, Mesac y Abed-nego); estos
hombres, oh rey, no te han hecho caso. Ellos no rinden culto a tus dioses ni dan
homenaje a la estatua de oro que tú has levantado. 13 Entonces Nabucodonosor dijo
con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, a Mesac y a Abed-nego. Luego estos
hombres fueron traídos a la presencia del rey. 14 Y Nabucodonosor habló y les dijo:
— ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no rendís culto a mi
dios, ni dais homenaje a la estatua de oro que he levantado? 15 Ahora pues, ¿estáis
listos para que al oír el sonido de la corneta, de la flauta, de la cítara, de la lira, del
arpa, de la zampoña y de todo instrumento de música os postréis y rindáis homenaje
a la estatua que he hecho? Porque si no le rendís homenaje, en la misma hora seréis
echados en medio de un horno de fuego ardiendo. ¿Y qué dios será el que os libre
de mis manos? 16 Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron y dijeron al rey: — Oh
Nabucodonosor, no necesitamos nosotros responderte sobre esto. 17 Si es así,
nuestro Dios, a quien rendimos culto, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y
de tu mano, oh rey, nos librará. 18 Y si no, que sea de tu conocimiento, oh rey, que
no hemos de rendir culto a tu dios ni tampoco hemos de dar homenaje a la estatua
que has levantado.
19 Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se alteró la expresión de su rostro
contra Sadrac, Mesac y Abed-nego. Ordenó que el horno fuese calentado siete
veces más de lo acostumbrado, 20 y mandó a hombres muy fornidos que tenía en su
ejército que atasen a Sadrac, a Mesac y a Abed-nego para echarlos en el horno de
fuego ardiendo. 21 Entonces estos hombres fueron atados, con sus mantos, sus
túnicas, sus turbantes y sus otras ropas, y fueron echados dentro del horno de fuego
ardiendo. 22 Porque la orden del rey era apremiante y el horno había sido calentado
excesivamente, una llamarada de fuego mató a aquellos que habían levantado a
Sadrac, a Mesac y a Abed-nego. 23 Y estos tres hombres, Sadrac, Mesac y Abednego,
cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo. 24 Entonces el rey
Nabucodonosor se alarmó y se levantó apresuradamente. Y habló a sus altos
oficiales y dijo: — ¿No echamos a tres hombres atados dentro del fuego? Ellos
respondieron al rey: — Es cierto, oh rey. 25 El respondió: — He aquí, yo veo a
cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego, y no sufren ningún daño.
Y el aspecto del cuarto es semejante a un hijo de los dioses. 26 Entonces
Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo y llamó diciendo:
— ¡Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid! Entonces
Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. 27 Y se reunieron los
sátrapas, los intendentes, los gobernadores y los altos oficiales del rey para mirar a
estos hombres; cómo el fuego no se había enseñoreado de sus cuerpos, ni se
había quemado el cabello de sus cabezas, ni sus mantos se habían alterado, ni el olor
del fuego había quedado en ellos.
28 Nabucodonosor exclamó diciendo: — Bendito sea el Dios de Sadrac, de
Mesac y de Abed-nego, que envió a su ángel y libró a sus siervos que confiaron en
él y desobedecieron el mandato del rey; pues prefirieron entregar sus cuerpos antes
que rendir culto o dar homenaje a cualquier dios, aparte de su Dios. 29 Luego, de mi
parte es dada la orden de que en todo pueblo, nación o lengua, el que hable mal contra
el Dios de Sadrac, de Mesac y de Abed-nego, sea descuartizado, y su casa sea
convertida en ruinas. Porque no hay otro dios que pueda librar así como él. 30 Entonces
el rey hizo prosperar a Sadrac, a Mesac y a Abed-nego en la provincia de Babilonia .
Capítulo 4
1 El rey Nabucodonosor, a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en
toda la tierra: Paz os sea multiplicada. 2 Me ha parecido bien declarar las señales y
milagros que el Dios Altísimo ha hecho para conmigo. 3 ¡Cuán grandes son sus
señales, y cuán poderosos sus milagros! Su reino es un reino eterno, y su señorío de
generación en generación.
4 Yo, Nabucodonosor, estaba tranquilo en mi casa y próspero en mi palacio.
5 Entonces tuve un sueño que me espantó, y las fantasías sobre mi cama y las
visiones de mi cabeza me turbaron. 6 Por esto di un decreto para traer a mi
presencia a todos los sabios de Babilonia, a fin de que me diesen a conocer la
interpretación del sueño. 7 Entonces vinieron los magos, los encantadores, los
caldeos y los adivinos, y yo conté el sueño delante de ellos, pero no me dieron a
conocer su interpretación. 8 Al final entró delante de mí Daniel (cuyo nombre es
Beltesasar, como el nombre de mi dios), en quien hay espíritu de los dioses santos.
Yo conté el sueño delante de él, diciendo: 9 Beltesasar, jefe de los magos, como
entiendo que en ti hay espíritu de los dioses santos y que ningún misterio está
escondido de ti, dime las visiones del sueño que he tenido y su interpretación.
10 Estas son las visiones de mi cabeza en mi cama: Yo miraba, y he aquí un árbol en
medio de la tierra, cuya altura era grande. 11 Este árbol crecía y se hacía fuerte; su
altura llegaba hasta el cielo, y era visible hasta los confines de toda la tierra. 12 Su
follaje era hermoso, y su fruto abundante. En él había sustento para todos. Debajo
de él se ponían a la sombra los animales del campo, y en sus ramas habitaban las
aves del cielo. Todo mortal tomaba sustento de él. 13 Estando en mi cama miraba
las visiones de mi cabeza, y he aquí que un vigilante, uno santo, descendía del cielo.
14 El proclamaba con gran voz y decía así: “¡Derribad el árbol y cortad sus ramas;
quitad su follaje y desparramad su fruto! ¡Huyan los animales que están debajo de
él, y las aves de sus ramas! 15 Pero dejad el tronco de sus raíces en la tierra, con
atadura de hierro y de bronce, entre el pasto del campo. Que él sea mojado con el
rocío del cielo y que con los animales tenga su parte entre la hierba de la tierra.
16 Sea cambiado su corazón de hombre; séale dado un corazón de animal, y pasen
sobre él siete tiempos.” 17 La sentencia fue por decreto de los vigilantes, y la
decisión por la palabra de los santos, para que los vivientes reconozcan que el
Altísimo es Señor del reino de los hombres, que lo da a quien quiere y que
constituye sobre él al más humilde de los hombres. 18 — Yo, el rey Nabucodonosor,
he tenido este sueño. Tú, pues, Beltesasar, di la interpretación, puesto que todos los
sabios de mi reino no han podido darme a conocer su interpretación. Pero tú sí
puedes, porque el espíritu de los dioses santos está en ti.
19 Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltesasar, quedó atónito por un
momento, y sus pensamientos le turbaban. El rey habló y dijo: — Beltesasar, no te
turben el sueño ni su interpretación. Y Beltesasar respondió y dijo: — ¡Oh señor
mío, que el sueño sea para tus enemigos, y su interpretación para tus adversarios!
20 El árbol que viste (que crecía y se hacía fuerte, y cuya altura llegaba hasta el cielo
y que era visible a toda la tierra; 21 cuyo follaje era hermoso y su fruto abundante, de
modo que en él había sustento para todos; debajo del cual habitaban los animales
del campo y en cuyas ramas las aves del cielo tenían su morada) 22 eres tú mismo,
oh rey, que has crecido y te has hecho fuerte. Tu grandeza ha crecido y ha llegado
hasta el cielo, y tu dominio hasta los confines de la tierra. 23 En cuanto a lo que vio el
rey (un vigilante, uno santo, que descendía del cielo y decía: “¡Derribad el árbol y
destruidlo; pero dejad el tronco de sus raíces en la tierra, con atadura de hierro y de
bronce, entre el pasto del campo. Que él sea mojado con el rocío del cielo y que
con los animales del campo tenga su parte, hasta que pasen sobre él siete tiempos”),
24 ésta es, oh rey, la interpretación: Es un decreto del Altísimo que ha caído sobre mi
señor el rey. 25 A ti te echarán de entre los hombres, y junto con los animales del
campo estará tu morada. Te darán de comer hierba, como a los bueyes, y serás
mojado con el rocío del cielo. Siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas
que el Altísimo es Señor del reino de los hombres y que lo da a quien quiere. 26 Y lo
que dijeron, que dejasen en la tierra el tronco de las raíces del árbol, significa que tu
reino continuará firme después que tú reconozcas que el señorío es de los cielos.
27 Por tanto, oh rey, que te sea grato mi consejo, y rompe con tus pecados mediante
la práctica de la justicia, y con tus iniquidades mediante obras de misericordia para
con los pobres. Tal vez esto resulte en la prolongación de tu tranquilidad.
28 Todo aquello le sobrevino al rey Nabucodonosor. 29 Al final de doce meses,
mientras se paseaba sobre la terraza del palacio real de Babilonia, 30 dijo el rey:
“¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué como residencia real, con la fuerza de
mi poder y para la gloria de mi majestad?” 31 Aún estaba la palabra en la boca del
rey, cuando descendió una voz del cielo: “A ti se te dice, oh rey Nabucodonosor,
que el reino ha sido quitado de ti. 32 Te echarán de entre los hombres, y junto con
los animales del campo será tu morada. Te darán de comer hierba como a los
bueyes. Siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo es
Señor del reino de los hombres y que lo da a quien quiere.” 33 En la misma hora se
cumplió la palabra acerca de Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres.
Comía hierba como los bueyes, y su cuerpo era mojado con el rocío del cielo, hasta
que su pelo creció como plumas de águilas y sus uñas como las de las aves.
34 “ Pero al cabo de los días, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo; y me
fue devuelta la razón. Entonces bendije al Altísimo; alabé y glorifiqué al que vive
para siempre. Porque su señorío es eterno, y su reino de generación en generación.
35 Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada. El hace según su
voluntad con el ejército del cielo y con los habitantes de la tierra. No hay quien
detenga su mano ni quien le diga: ‘¿Qué haces?’ 36 “En el mismo tiempo me fue
devuelta la razón, y mi dignidad y mi esplendor volvieron a mí para gloria de mi
reino. Mis altos oficiales y mis nobles me buscaron. Yo fui restituido a mi reino, y me
fue añadida aun mayor grandeza. 37 Ahora, yo, Nabucodonosor, alabo, exalto y
glorifico al Rey de los cielos, porque todas sus obras son verdad y sus caminos son
justicia. El puede humillar a los que andan con soberbia.”
Capítulo 5
1 El rey Belsasar hizo un gran banquete para mil de sus nobles, y estaba
bebiendo vino en presencia de los mil. 2 Belsasar, bajo el efecto del vino, mandó que
trajesen los utensilios de oro y de plata que su padre Nabucodonosor había tomado
del templo de Jerusalén, para que bebiesen de ellos el rey, sus nobles, sus mujeres y
sus concubinas. 3 Entonces fueron traídos los utensilios de oro que habían tomado
del santuario de la casa de Dios que estaba en Jerusalén; y bebieron de ellos el rey,
sus nobles, sus mujeres y sus concubinas. 4 Bebieron vino y alabaron a los dioses
de oro, de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra. 5 En aquella misma
hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, y escribían delante del
candelabro, sobre el yeso de la pared del palacio real. Y el rey veía la mano que
escribía. 6 Entonces el rey se puso pálido, y sus pensamientos le turbaron. Se
desencajaron las articulaciones de sus caderas, y sus rodillas se chocaban la una
contra la otra. 7 El rey gritó con gran voz que trajesen a los encantadores, a los
caldeos y a los adivinos. El rey habló a los sabios de Babilonia y dijo: — Cualquier
hombre que lea esta escritura y me declare su interpretación será vestido de
púrpura, tendrá un collar de oro en su cuello y gobernará como el tercero en el
reino. 8 Acudieron todos los sabios del rey, pero no pudieron leer la escritura ni dar
a conocer al rey su interpretación. 9 Entonces el rey Belsasar se turbó muchísimo y
se puso pálido. Sus nobles estaban desconcertados.
10 Debido a las palabras del rey y de sus nobles, entró la reina a la sala del
banquete. Y la reina habló y dijo: — ¡Oh rey, para siempre vivas! No te turben tus
pensamientos ni te pongas pálido. 11 En tu reino hay un hombre en quien mora el
espíritu de los dioses santos. En los días de tu padre, se halló en él luz, entendimiento y
sabiduría, como la sabiduría de los mismos dioses. A él, tu padre, el rey
Nabucodonosor, constituyó como jefe de los magos, los encantadores, los caldeos y los
adivinos; 12 por cuanto fueron hallados en él, es decir, en este Daniel, excelencia de
espíritu, conocimiento, entendimiento, interpretación de sueños, revelación de enigmas
y solución de problemas. El rey le puso por nombre Beltesasar. ¡Que Daniel sea
llamado, y él declarará la interpretación! 13 Entonces Daniel fue llevado a la presencia
del rey, y el rey dijo a Daniel: — ¿Eres tú aquel Daniel, uno de los cautivos de Judá,
que el rey mi padre trajo de Judá? 14 He oído de ti, que el espíritu de los dioses
santos está en ti, y que en ti se ha hallado luz, entendimiento y mayor sabiduría.
15 Ahora han sido traídos a mi presencia los sabios y los encantadores, para que
leyeran esta escritura y me dieran a conocer su interpretación; pero no han podido
declarar la interpretación del asunto. 16 Yo, pues, he oído de ti, que puedes
interpretar sueños y resolver problemas. Si ahora puedes leer esta escritura y me das
a conocer su interpretación, serás vestido de púrpura, tendrás un collar de oro en tu
cuello y gobernarás como tercero en el reino. 17 Entonces Daniel respondió delante
del rey y dijo: — Tus regalos sean para ti, y tus presentes dalos a otro. Sin embargo,
yo leeré la escritura al rey y daré a conocer su interpretación. 18 El Dios Altísimo, oh
rey, dio a tu padre Nabucodonosor la realeza, la grandeza, la majestad y el
esplendor. 19 Y por la grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas
temblaban y temían delante de él. Mataba al que quería y concedía la vida al que
quería. Engrandecía al que quería, y al que quería humillaba. 20 Pero cuando
su corazón se enalteció y su espíritu se endureció con arrogancia, fue depuesto de
su trono real, y su majestad le fue quitada. 21 Fue echado de entre los hijos del
hombre. Su corazón fue hecho semejante al de los animales, y con los asnos
monteses estaba su morada. Le daban de comer hierba, como a los bueyes, y su
cuerpo era mojado con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el Dios Altísimo
es Señor del reino de los hombres y que levanta sobre él a quien quiere. 22 Pero tú,
su hijo Belsasar, a pesar de que sabías todo esto, no has humillado tu corazón.
23 Más bien, te has levantado contra el Señor de los cielos y has hecho traer a tu
presencia los utensilios de su templo. En ellos habéis bebido vino tú, tus nobles, tus
mujeres y tus concubinas. Además de esto, has alabado a los dioses de plata, de
oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que no ven, ni oyen ni entienden.
Pero no has honrado al Dios en cuya mano está tu vida, y a quien pertenecen todos
tus caminos. 24 Entonces de su presencia fue enviada la mano que grabó esta
escritura. 25 La escritura que grabó dice: MENE, MENE TEQUEL U PARSIN.
26 Y ésta es la interpretación del asunto: MENE: Dios ha contado tu reino y le ha
puesto fin. 27 TEQUEL: Pesado has sido en balanza y has sido hallado falto.
28 PARSIN: Tu reino ha sido dividido, y será dado a los medos y a los persas.
29 Entonces, por mandato de Belsasar, vistieron a Daniel de púrpura y en su cuello
fue puesto un collar de oro. Y proclamaron que él era el tercer señor en el reino.
30 Aquella misma noche fue muerto Belsasar, rey de los caldeos. 31 Y Darío el
medo tomó el reino siendo de 62 años.
Capítulo 6
1 Pareció bien a Darío constituir sobre el reino a 120 sátrapas que estuviesen en
todo el reino, 2 y sobre ellos a tres ministros (de los cuales Daniel era uno), a quienes
rindiesen cuenta estos sátrapas, para que el rey no fuese perjudicado. 3 Pero Daniel
mismo se distinguía entre los ministros y los sátrapas, porque en él había excelencia
de espíritu. Y el rey pensaba constituirle sobre todo el reino. 4 Entonces los ministros
y los sátrapas buscaban hallar pretexto contra Daniel en los asuntos del reino, pero
no podían hallar ningún pretexto o corrupción, porque él era fiel. Ninguna negligencia
ni corrupción fueron halladas en él. 5 Entonces estos hombres dijeron: — No
hallaremos contra este Daniel ningún pretexto, si no lo hallamos contra él en relación
con la ley de su Dios.
6 Entonces estos ministros y sátrapas se reunieron delante del rey y le dijeron así:
— ¡Oh rey Darío, para siempre vivas! 7 Todos los ministros del reino, los
intendentes y los sátrapas, los altos oficiales y los gobernadores han acordado por
consejo que el rey promulgue un decreto y que ponga en vigencia el edicto de que
cualquiera que haga una petición a cualquier dios u hombre, fuera de ti, durante
treinta días, oh rey, sea echado al foso de los leones. 8 Ahora, oh rey, pon en vigencia
el edicto y firma el documento, para que no pueda ser cambiado, conforme a la ley de
medos y persas, la cual no puede ser abrogada. 9 Por tanto, el rey Darío firmó el
documento del edicto. 10 Cuando Daniel supo que el documento estaba firmado, entró
en su casa, y con las ventanas de su cámara abiertas hacia Jerusalén se hincaba de
rodillas tres veces al día. Y oraba y daba gracias a su Dios, como lo solía hacer antes.
11 Entonces aquellos hombres se reunieron y hallaron a Daniel rogando e
implorando delante de su Dios. 12 Luego se acercaron y hablaron delante del rey
acerca del edicto real: — ¿No has firmado el edicto de que cualquiera que pida a
cualquier dios u hombre, fuera a ti, durante treinta días, oh rey, sea echado al foso
de los leones? El rey respondió y dijo: — Es verdad el asunto, conforme a la ley de
medos y persas, la cual no puede ser abrogada. 13 Entonces respondieron y dijeron
delante del rey: — Ese Daniel, uno de los cautivos de Judá, no ha hecho caso de ti,
oh rey, ni del edicto que has firmado. Más bien, tres veces al día hace su oración.
14 Al oír el rey de este asunto, sintió un gran disgusto por ello y se propuso salvar a
Daniel. Hasta la puesta del sol se esforzó por librarlo. 15 Pero aquellos hombres se
reunieron cerca del rey y le dijeron: — Ten presente, oh rey, que es ley de medos y
persas, que ningún edicto o decreto que el rey pone en vigencia puede ser
cambiado. 16 Entonces el rey dio la orden, y trajeron a Daniel, y lo echaron al foso
de los leones. El rey habló y dijo a Daniel: — ¡Tu Dios, a quien tú continuamente
rindes culto, él te libre! 17 Una piedra fue traída y puesta sobre la entrada del foso, la
cual el rey selló con su anillo y con el anillo de sus nobles, para que el acuerdo
acerca de Daniel no fuese cambiado.
18 Después el rey fue a su palacio y pasó la noche sin comer. No fueron llevadas
diversiones a su presencia, y se le fue el sueño. 19 Entonces el rey se levantó al
amanecer, al rayar el alba, y fue apresuradamente al foso de los leones. 20 Cuando
se acercó al foso, llamó a voces a Daniel, con tono entristecido. El rey habló y dijo a
Daniel: — ¡Oh Daniel, siervo del Dios viviente! Tu Dios, a quien tú continuamente
rindes culto, ¿te ha podido librar de los leones? 21 Entonces Daniel habló con el rey:
— ¡Oh rey, para siempre vivas! 22 Mi Dios envió a su ángel, el cual cerró la boca de
los leones, para que no me hiciesen daño; porque delante de él he sido hallado
inocente. Tampoco delante de ti, oh rey, he hecho nada malo. 23 Entonces el rey se
alegró en gran manera a causa de él, y mandó que sacaran a Daniel del foso. Daniel
fue sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su
Dios. 24 Luego el rey dio la orden, y trajeron a aquellos hombres que habían
acusado a Daniel. Los echaron al foso de los leones, a ellos, a sus hijos y a sus
mujeres. Y aún no habían llegado al fondo del foso, cuando los leones se
apoderaron de ellos y trituraron todos sus huesos.
25 Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que
habitaban en toda la tierra: Paz os sea multiplicada. 26 De parte mía es dada la orden
de que en todo el dominio de mi reino tiemblen y teman delante del Dios de Daniel;
porque él es el Dios viviente, que permanece por la eternidad. Su reino es un reino
que no será destruido, y su dominio dura hasta el fin. 27 El salva y libra; él hace
señales y milagros en el cielo y en la tierra. El es quien libró a Daniel del poder de los
leones. 28 Este Daniel fue prosperado durante el reinado de Darío y durante el
reinado de Ciro el persa.
Capítulo 7
1 En el primer año de Belsasar, rey de Babilonia, Daniel tuvo un sueño y visiones
de su cabeza en su cama, y en seguida escribió el sueño. Este es el resumen del
asunto: 2 Daniel habló y dijo: “Estaba mirando en mi visión de noche, y he aquí que
los cuatro vientos del cielo agitaban el gran mar. 3 Y cuatro grandes bestias,
diferentes la una de la otra, subían del mar. 4 “ La primera era como un león y tenía
alas de águila. Yo estaba mirando, hasta que sus alas fueron arrancadas, y fue
levantada del suelo. Luego se quedó erguida sobre los pies, a manera de hombre, y
le fue dado un corazón de hombre. 5 “ Y he aquí que otra bestia, semejante a un oso,
se levantó a su lado. Tenía en su boca tres costillas entre sus dientes, y le fue dicho
así: ‘¡Levántate; devora mucha carne!’ 6 “ Después de esto yo miraba, y he aquí otra
bestia, como un leopardo, que tenía en sus espaldas cuatro alas de ave. Esta bestia
también tenía cuatro cabezas, y le fue dado dominio. 7 “Después de esto miraba las
visiones de la noche, y he aquí una cuarta bestia terrible y espantosa, fuerte en gran
manera. Esta tenía grandes dientes de hierro. Devoraba y desmenuzaba y pisoteaba
las sobras con sus pies. Era muy diferente de todas las bestias que habían aparecido
antes de ella, y tenía diez cuernos. 8 Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí
que otro cuerno, uno pequeño, crecía entre ellos, y delante de él fueron arrancados
tres de los cuernos anteriores. Y he aquí que en este cuerno había ojos, como ojos
de hombre, y una boca que hablaba arrogancias.
9 “ Estaba mirando hasta que fueron puestos unos tronos, y se sentó un Anciano
de Días. Su vestidura era blanca como la nieve, y el cabello de su cabeza era como
la lana limpia. Su trono era como llama de fuego; y sus ruedas, fuego ardiente. 10 Un
río de fuego procedía y salía de delante de él. Miles de miles le servían, y millones de
millones estaban de pie delante de él. “El tribunal se sentó, y los libros fueron
abiertos. 11 Entonces yo miraba, a causa del sonido de las palabras arrogantes que
hablaba el cuerno. Miré hasta que la bestia fue muerta, y su cuerpo fue destrozado y
entregado a las llamas del fuego. 12 También a las otras bestias les quitaron su
dominio, pero les fue dada prolongación de vida hasta un tiempo definido. 13 “Estaba
yo mirando en las visiones de la noche, y he aquí que en las nubes del cielo venía
alguien como un Hijo del Hombre. Llegó hasta el Anciano de Días, y le presentaron
delante de él. 14 Entonces le fue dado el dominio, la majestad y la realeza. Todos los
pueblos, naciones y lenguas le servían. Su dominio es dominio eterno, que no se
acabará; y su reino, uno que no será destruido.
15 “ En cuanto a mí, Daniel, mi espíritu se turbó a causa de esto, y las visiones de
mi cabeza me alarmaron. 16 Me acerqué a uno de los que estaban de pie y le
pregunté la verdad acerca de todo esto. El me habló y me dio a conocer la
interpretación de las cosas: 17 ‘Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se
levantarán en la tierra. 18 Pero los santos del Altísimo tomarán el reino y lo poseerán
por los siglos y por los siglos de los siglos.’ 19 “ Entonces quise saber la verdad
acerca de la cuarta bestia, que era tan diferente de todas las otras: terrible en gran
manera con sus dientes de hierro y sus garras de bronce. Devoraba, desmenuzaba y
pisoteaba las sobras con sus pies. 20 También quise saber de los diez cuernos que
tenía en su cabeza, y del otro que había crecido y delante del cual habían caído tres.
Este cuerno tenía ojos y una boca que hablaba arrogancias, y parecía ser más
grande que sus compañeros. 21 Yo veía que este cuerno hacía guerra contra los
santos y los vencía, 22 hasta que vino el Anciano de Días e hizo justicia a los santos
del Altísimo. Y llegado el tiempo, los santos tomaron posesión del reino. 23 “ Dijo así:
‘La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los
otros reinos. A toda la tierra devorará; la trillará y despedazará. 24 En cuanto a los
diez cuernos, de aquel reino se levantarán diez reyes. Tras ellos se levantará otro, el
cual será mayor que los primeros y derribará a tres reyes. 25 El hablará palabras
contra el Altísimo y oprimirá a los santos del Altísimo. Intentará cambiar las
festividades y la ley; en su mano serán entregadas durante un tiempo, tiempos y
la mitad de un tiempo. 26 Pero el tribunal se sentará, y le será quitado su dominio
para ser exterminado y destruido por completo. 27 Y la realeza, el dominio y la
grandeza de los reinos debajo de todo el cielo serán dados al pueblo de los santos
del Altísimo. Su reino será un reino eterno, y todos los dominios le servirán y le
obedecerán.’ 28 “ Aquí termina el asunto. En cuanto a mí, Daniel, mucho me turbaron
mis pensamientos, y me puse pálido. Pero guardé el asunto en mi corazón.”
Capítulo 8
1 En el tercer año del reinado del rey Belsasar, yo, Daniel, tuve una visión
después de aquella que había tenido anteriormente. 2 Cuando tuve esta visión, yo
estaba en Susa, que es la capital del reino, en la provincia de Elam. Tuve esta visión,
estando junto al río Ulay. 3 Alcé mis ojos y miré, y he aquí que había delante del río
un carnero, el cual tenía dos cuernos; pero aunque eran altos y uno de ellos más alto
que el otro, el más alto se erigió después. 4 Vi que el carnero golpeaba con sus
cuernos al oeste, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía prevalecer delante de
él, ni había quien escapase de su poder. El hacía conforme a su voluntad y se
engrandecía. 5 Mientras yo estaba considerando esto, he aquí que un macho cabrío
venía de la parte del oeste sobre la superficie de toda la tierra, pero sin tocar la
tierra. Aquel macho cabrío tenía un cuerno muy visible entre sus ojos. 6 Fue hasta el
carnero que tenía los dos cuernos, al cual yo había visto, que estaba de pie delante
del río, y corrió contra él con la ira de su fuerza. 7 Vi que llegó al carnero y se
enfureció contra él; lo golpeó y quebró sus dos cuernos, pues el carnero no tenía
fuerzas para quedar en pie delante de él. Por tanto, lo derribó a tierra y lo pisoteó.
No hubo quien librase al carnero de su poder. 8 Entonces el macho cabrío se
engrandeció sobremanera; y estando en su mayor poderío, aquel gran cuerno fue
quebrado, y en su lugar crecieron otros cuatro cuernos muy visibles, hacia los cuatro
vientos del cielo. 9 Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño que creció mucho
hacia el sur, hacia el este y hacia la tierra gloriosa. 10 Se engrandeció hasta el ejército
del cielo; y echó por tierra parte del ejército y de las estrellas, y las pisoteó. 11 Se
engrandeció contra el Jefe del ejército. Por él fue quitado el sacrificio continuo, y el
lugar de su santuario fue derribado. 12 Por medio de la rebelión le fue entregado el
ejército junto con el sacrificio continuo, y él echó por tierra la verdad; hizo cuanto
quiso y fue prosperado. 13 Entonces oí a un santo que hablaba, y otro de los santos
preguntó al que hablaba: — ¿Hasta cuándo será sólo visión el sacrificio continuo y
durará la rebelión desoladora, y serán pisoteados el santuario y el ejército? 14 Y él le
respondió: — Hasta 2.300 tardes y mañanas. Luego el santuario será restaurado.
15 Sucedió que estando yo, Daniel, meditando en la visión y procurando
entenderla, he aquí que alguien semejante a un hombre se puso de pie delante de mí.
16 Entonces oí una voz de hombre en medio del río Ulay, que gritó diciendo: —
¡Gabriel, explica a ése la visión! 17 Luego vino cerca de donde yo estaba. Y cuando
llegó, me atemoricé y me postré sobre mi rostro. Pero él me dijo: — Comprende,
hijo de hombre, porque la visión tiene que ver con el tiempo del fin. 18 Mientras él
hablaba conmigo, caí adormecido en tierra, sobre mi rostro. Pero él me tocó y me
puso en pie, 19 y me dijo: — He aquí que yo te mostraré lo que ha de venir al final
de la indignación, porque el final será en el tiempo señalado. 20 En cuanto al carnero
que has visto, que tenía cuernos, éstos son los reyes de Media y de Persia. 21 El
macho cabrío es el rey de Grecia. Y el cuerno grande que tenía entre sus ojos es el
primer rey. 22 El cuerno que ha sido quebrado, y en cuyo lugar han aparecido cuatro
cuernos, significa que cuatro reinos se levantarán de esa nación; pero no con la
fuerza de él. 23 Al final del imperio de ellos, cuando los transgresores hayan llegado a
su colmo, se levantará un rey de aspecto fiero y entendido en enigmas. 24 Su poder
se incrementará, pero no por su propio poder. El causará gran ruina, y prosperará.
Actuará arbitrariamente, y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos. 25 Con su
sagacidad hará prosperar en sus manos el engaño, y su corazón se engrandecerá.
Por sorpresa destruirá a muchos. Contra el Príncipe de los príncipes se levantará;
pero será quebrantado, aunque no por mano humana. 26 La visión de la tarde y de la
mañana, que ha sido declarada, es verídica. Guarda tú la visión, porque es para
muchos días. 27 Yo, Daniel, perdí las fuerzas y estuve enfermo algunos días. Cuando
me recuperé, atendí los negocios del rey. Yo estaba asombrado por la visión, y no
había quien la entendiese.
Capítulo 9
1 En el primer año de Darío hijo de Asuero, del linaje de los medos, el cual llegó
a ser rey sobre el reino de los caldeos; 2 en el primer año de su reinado, yo, Daniel,
entendí de los libros que, según la palabra de Jehovah dada al profeta Jeremías, el
número de los años que habría de durar la desolación de Jerusalén sería setenta
años. 3 Entonces volví mi rostro al Señor Dios, buscándole en oración y ruego, con
ayuno, cilicio y ceniza.
4 Oré a Jehovah mi Dios e hice confesión diciendo: “¡Oh Señor, Dios grande y
temible, que guarda el pacto y la misericordia para con los que le aman y guardan
sus mandamientos: 5 Hemos pecado; hemos hecho iniquidad; hemos actuado
impíamente; hemos sido rebeldes y nos hemos apartado de tus mandamientos y de
tus decretos. 6 No hemos obedecido a tus siervos los profetas que en tu nombre han
hablado a nuestros reyes, a nuestros gobernantes, a nuestros padres y a todo el
pueblo de la tierra. 7 Tuya es, oh Señor, la justicia; y nuestra es la vergüenza del
rostro, como en el día de hoy; de los hombres de Judá, de los habitantes de
Jerusalén, de todo Israel, de los de cerca y de los de lejos, en todas las tierras a
donde los has echado a causa de su rebelión con que se han rebelado contra ti. 8 Oh
Señor, nuestra es la vergüenza del rostro; de nuestros reyes, de nuestros
gobernantes y de nuestros padres; porque hemos pecado contra ti. 9 Del Señor
nuestro Dios son el tener misericordia y el perdonar, aunque nos hemos rebelado
contra él, 10 y no hemos obedecido la voz de Jehovah nuestro Dios, para andar en
sus leyes, las cuales él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los
profetas. 11 Todo Israel ha transgredido tu ley, apartándose para no escuchar tu voz.
Por ello han sido derramados sobre nosotros la maldición y el juramento que están
escritos en la ley de Moisés, siervo de Dios, porque hemos pecado contra él. 12 Y él
ha confirmado su palabra que habló contra nosotros y contra nuestros magistrados
que nos gobernaban, trayendo sobre nosotros tan grande mal. Porque nunca se
había hecho bajo el cielo un mal como el que se ha hecho a Jerusalén. 13 Como está
escrito en la ley de Moisés, todo este mal nos ha sobrevenido, y no hemos
implorado el favor de Jehovah nuestro Dios, volviéndonos de nuestras maldades y
prestando atención a tu verdad. 14 Por tanto, Jehovah ha tenido presente el hacer
este mal y lo ha traído sobre nosotros. Porque Jehovah nuestro Dios es justo en
todas las obras que ha hecho; sin embargo, no hemos obedecido su voz. 15 “Ahora
pues, oh Señor Dios nuestro — que con mano poderosa sacaste a tu pueblo de la
tierra de Egipto y te hiciste de renombre, como en este día — , hemos pecado;
hemos actuado impíamente. 16 Oh Señor, conforme a tu justicia, apártense, por
favor, tu ira y tu furor de sobre Jerusalén, tu ciudad, tu santo monte. Porque a causa
de nuestros pecados y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo han
sido entregados a la afrenta en medio de todos los que nos rodean. 17 Ahora pues,
oh Dios nuestro, escucha la oración de tu siervo y sus ruegos, y por amor de ti
mismo, oh Señor, haz que resplandezca tu rostro sobre tu santuario desolado.
18 Inclina, oh Dios mío, tu oído y escucha; abre tus ojos y mira nuestros lugares
desolados y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre. Porque no estamos
presentando nuestros ruegos delante de ti, confiados en nuestras obras de justicia,
sino en tu gran misericordia. 19 Escucha, oh Señor. Perdona, oh Señor. Atiende y
actúa, oh Señor. Por amor de ti mismo no pongas dilación, oh Dios mío; porque tu
ciudad y tu pueblo son llamados por tu nombre.”
20 Aún estaba yo hablando y orando — confesando mi pecado y el pecado de
mi pueblo Israel, presentando mi ruego delante de Jehovah mi Dios por el santo
monte de mi Dios — ; 21 aún estaba hablando en oración, cuando Gabriel, el
hombre al cual yo había visto en visión al principio, voló rápidamente y me tocó,
como a la hora del sacrificio del atardecer. 22 Vino y habló conmigo diciendo:
“Daniel, ahora he venido para iluminar tu entendimiento. 23 Al principio de tus ruegos
salió la palabra, y yo he venido para declarártela, porque tú eres muy amado.
Entiende, pues, la palabra y comprende la visión: 24 Setenta semanas están
determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar con la
transgresión, para acabar con el pecado, para expiar la iniquidad, para traer la
justicia eterna, para sellar la visión y la profecía, y para ungir el lugar santísimo.
25 Conoce, pues, y entiende que desde la salida de la palabra para restaurar y
edificar Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos
semanas; y volverá a ser edificada con plaza y muro, pero en tiempos angustiosos.
26 Después de las sesenta y dos semanas, el Mesías será quitado y no tendrá nada; y
el pueblo de un gobernante que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario. Con
cataclismo será su fin, y hasta el fin de la guerra está decretada la desolación. 27 Por
una semana él confirmará un pacto con muchos, y en la mitad de la semana hará
cesar el sacrificio y la ofrenda. Sobre alas de abominaciones vendrá el desolador,
hasta que el aniquilamiento que está decidido venga sobre el desolador.”
Capítulo 10
1 En el tercer año de Ciro, rey de Persia, fue revelada la palabra a Daniel, cuyo
nombre era Beltesasar. La palabra era verídica, y el conflicto grande. Comprendió la
palabra y tuvo entendimiento de la visión: 2 En aquellos días yo, Daniel, estaba de
duelo durante tres semanas. 3 No comí manjares delicados, ni carne ni vino entraron
en mi boca, ni me ungí con aceite, hasta que se cumplieron tres semanas. 4 En el día
24 del mes primero, estaba yo a la orilla del gran río Tigris. 5 Entonces alcé mis ojos
y miré, y he aquí un hombre vestido de lino, cuyos lomos estaban ceñidos con oro
de Ufaz. 6 Su cuerpo era como crisólito, y su rostro como el aspecto del relámpago.
Sus ojos eran como antorchas de fuego, y sus brazos y sus piernas como bronce
bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud.
7 Sólo yo, Daniel, vi la visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo. Sin
embargo, cayó sobre ellos gran temor, y huyeron para esconderse. 8 Yo, pues,
quedé solo y vi esta gran visión. No quedaron fuerzas en mí; más bien, mi vigor se
convirtió en debilidad, y no retuve mi fuerza. 9 Luego oí el sonido de sus palabras; y
al oír el sonido de sus palabras, caí adormecido sobre mi rostro, con mi rostro en
tierra.
10 Entonces he aquí, una mano me tocó e hizo que temblando me pusiese sobre
mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. 11 Y me dijo: — Daniel, hombre muy
amado, presta atención a las palabras que te hablaré. Ponte de pie, porque a ti he
sido enviado ahora. Mientras hablaba conmigo, me puse de pie temblando. 12 Y me
dijo: — Daniel, no temas, porque tus palabras han sido oídas desde el primer día
que dedicaste tu corazón a entender y a humillarte en presencia de tu Dios. Yo he
venido a causa de tus palabras. 13 El príncipe del reino de Persia se me opuso
durante veintiún días; pero he aquí que Miguel, uno de los principales príncipes, vino
para ayudarme; y quedé allí con los reyes de Persia. 14 He venido, pues, para
hacerte entender lo que ha de acontecer a tu pueblo en los últimos días; porque la
visión es aún para días. 15 Mientras hablaba conmigo tales palabras, puse mi rostro
en tierra y enmudecí. 16 Pero he aquí que alguien semejante a un hijo del hombre
tocó mis labios. Entonces abrí mi boca y hablé; dije a aquel que estaba delante de
mí: — Señor mío, junto con la visión me han sobrevenido dolores y no me han
quedado fuerzas. 17 ¿Cómo, pues, podrá el siervo de mi señor hablar con mi señor?
Porque desde ahora me faltan las fuerzas, y no me ha quedado aliento. 18 Entonces
aquel que era semejante a un hombre me tocó otra vez, y me fortaleció. 19 Y me
dijo: — Hombre muy amado, no temas; la paz sea contigo. Esfuérzate y sé valiente.
Mientras hablaba conmigo, recobré el vigor y dije: — Hable mi señor, porque me
has fortalecido. 20 Y dijo: — ¿Sabes por qué he venido a ti? Pues ahora tengo que
volver para combatir con el príncipe de Persia. Y cuando yo haya concluido, he aquí
que viene el príncipe de Grecia. 21 Pero te voy a declarar lo que está registrado en el
libro de la verdad. Ninguno hay que me apoye contra éstos, sino sólo Miguel,
vuestro príncipe.
Capítulo 11
1 Y yo, en el primer año de Darío de Media, me puse a su lado para apoyarle y
fortalecerle. 2 Ahora yo te declararé la verdad: He aquí que se levantarán tres reyes
más en Persia, y el cuarto se hará de grandes riquezas, más que todos. Y cuando se
haya fortalecido con sus riquezas, agitará a todos contra el reino de Grecia.
3 Entonces se levantará un rey valiente, el cual dominará con gran dominio y hará
según su propia voluntad. 4 Pero cuando haya prevalecido, su reino será
quebrantado y repartido por los cuatro vientos del cielo; pero no a sus
descendientes, ni según el dominio con que él había dominado, porque su reino será
arrancado y será para otros aparte de éstos.
5 El rey del sur se hará fuerte, pero uno de sus príncipes se hará más fuerte que
él y dominará con un dominio mayor que el de aquél. 6 Al cabo de unos años harán
alianza, y la hija del rey del sur irá al rey del norte para realizar el convenio. Pero ella
no podrá retener la fuerza de su brazo, ni tampoco prevalecerá él ni su
descendencia. Pero en aquel tiempo ella será entregada, junto con los que la habían
traído, y con su progenitor y sus partidarios. 7 Entonces un renuevo de las raíces de
ella se levantará en su lugar. Vendrá con un ejército y entrará en la fortaleza del rey
del norte. El hará con ellos según su deseo y predominará. 8 Y aun llevará cautivos a
Egipto los dioses de ellos, con sus imágenes y con sus utensilios preciosos de plata y
de oro. Durante algunos años él se mantendrá a distancia del rey del norte.
9 Entonces éste invadirá el reino del sur, pero se volverá a su propia tierra. 10 Luego
sus hijos se alistarán para la guerra y reunirán un ejército de una multitud de
soldados que vendrá con su gran fuerza. Inundará, pasará y volverá; llevará la guerra
hasta su fortaleza. 11 Por esto se enfurecerá el rey del sur y saldrá para combatir
contra el rey del norte. Este se pondrá en campaña con una gran multitud, pero toda
aquella gran multitud será entregada en su mano. 12 Y al llevar en cautiverio a la
multitud, su corazón se enaltecerá. Derribará a muchos miles, pero no prevalecerá.
13 El rey del norte volverá a poner en campaña una multitud mayor que la primera
vez, y al cabo de unos años vendrá con un gran ejército y con abundantes recursos.
14 En aquellos tiempos se levantarán muchos contra el rey del sur; y hombres
violentos de tu pueblo se rebelarán cumpliendo la visión, pero fracasarán. 15 Vendrá,
pues, el rey del norte, levantará terraplenes y tomará la ciudad fortificada. Las
fuerzas del sur no resistirán; ni siquiera sus tropas escogidas podrán resistir. 16 El que
vaya contra él hará según su voluntad; no habrá quien resista ante él. Estará en la
tierra gloriosa, la cual será consumida bajo su poder. 17 Luego se dispondrá para
venir con el poder de todo su reino y hará convenios con aquél. Le dará una hija de
las mujeres para destruirlo, pero no permanecerá ni tendrá resultado. 18 Después
volverá su rostro hacia las costas y tomará muchas de ellas, pero un gobernante
pondrá freno a su afrenta y volverá su afrenta sobre él. 19 Luego volverá su rostro
hacia las fortalezas de su tierra; pero tropezará y caerá, y no será hallado más.
20 Entonces le sucederá en el trono uno que hará pasar un exactor por lo mejor del
reino. Pero en pocos días será quebrantado, no con ira ni en batalla.
21 Le sucederá en su lugar un hombre vil, al cual no se ha dado el esplendor del
reino. Habiendo tranquilidad, vendrá y tomará el reino con intrigas. 22 Y las fuerzas
serán completamente arrasadas y quebrantadas delante de él, inclusive el príncipe
del pacto. 23 Y después que hayan hecho alianza con él, hará engaño: Subirá y saldrá
vencedor con poca gente. 24 Y habiendo tranquilidad, entrará en las partes más
fértiles de la provincia y hará lo que no hicieron sus padres, ni los padres de sus
padres: A sus soldados les repartirá despojo, botín y riquezas; y contra las fortalezas
maquinará planes, aunque sólo por un tiempo. 25 Despertará sus fuerzas y su corazón
contra el rey del sur, con un gran ejército. El rey del sur se alistará para la guerra con
un ejército grande y muy fuerte; pero no prevalecerá, porque le harán traición. 26 Aun
los que comen de su pan le quebrantarán. Su ejército será destruido, y muchos caerán
muertos. 27 El corazón de estos dos reyes estará dispuesto para hacer el mal, y en la
misma mesa hablarán mentira. Pero no servirá de nada, porque el final del tiempo
señalado aún no habrá llegado. 28 El volverá a su tierra con gran riqueza, y su
corazón estará contra el pacto santo. Hará su voluntad y se volverá a su tierra. 29 Al
tiempo señalado volverá al sur, pero esta vez no le sucederá como en la primera,
30 porque contra él vendrán naves de Quitim, y él se desanimará. Volverá y se
enfurecerá contra el pacto santo y hará su voluntad. Volverá, pues, y se las
entenderá con los que han abandonado el pacto santo. 31 Entonces se levantarán
tropas de su parte y contaminarán el santuario, la fortaleza. Quitarán el sacrificio
continuo y pondrán la abominación desoladora. 32 Con lisonjas hará pecar a los que
violan el pacto, pero el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará. 33 Los
sabios del pueblo darán sabiduría a muchos, pero caerán a espada y a fuego, en
cautividad y despojo por algunos días. 34 Y cuando caigan, serán ayudados con
poca ayuda; y muchos se juntarán a ellos con lisonjas. 35 Algunos de los sabios
caerán para ser purificados, limpiados y emblanquecidos hasta el tiempo señalado;
porque aún hay plazo para éstos. 36 El rey hará su voluntad. Se ensoberbecerá y se
engrandecerá sobre todo dios. Contra el Dios de dioses hablará cosas
sorprendentes. Será prosperado hasta que sea consumada la ira, porque lo que está
determinado se cumplirá. 37 No hará caso del dios de sus padres, ni del más
apreciado por las mujeres. No hará caso de dios alguno, porque se engrandecerá
sobre todo. 38 Más bien, honrará al dios de las fortalezas, dios que sus padres no
conocieron. Lo honrará con oro, plata, piedras preciosas y con cosas de gran
precio. 39 Con un dios extraño actuará contra las fortalezas más fuertes y hará
crecer en gloria a los que lo reconozcan. Les dará dominio sobre muchos, y por
precio repartirá la tierra. 40 Pero al cabo del tiempo, el rey del sur le atacará. Y el
rey del norte embestirá contra él como tempestad, con carros, gente de a caballo y
muchos navíos. Entrará por las tierras, inundará y pasará. 41 Entonces penetrará en
la tierra gloriosa, y muchas provincias caerán. Pero Edom, Moab y la mayoría de los
hijos de Amón escaparán de su mano. 42 Asimismo, extenderá su mano a las otras
tierras, y la tierra de Egipto no escapará. 43 Se apoderará de los tesoros de oro y de
plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto; y los de Libia y de Etiopía estarán a
sus pies. 44 Pero las noticias del oriente y del norte lo espantarán. Saldrá con gran ira
para destruir y aniquilar a muchos. 45 Instalará sus tiendas reales entre los mares, y
en el glorioso monte santo. Entonces llegará a su fin y no tendrá quien le ayude.
Capítulo 12
1 En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está del lado de los
hijos de tu pueblo. Será tiempo de angustia, como nunca fue desde que existen las
naciones hasta entonces. Pero en aquel tiempo tu pueblo será librado, todos
aquellos que se encuentren inscritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el
polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna y otros para vergüenza y
eterno horror. 3 Los entendidos resplandecerán con el resplandor del firmamento; y
los que enseñan justicia a la multitud, como las estrellas, por toda la eternidad. 4 Pero
tú, oh Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos
correrán de un lado para otro, y se incrementará el conocimiento.
5 Yo, Daniel, miré, y he aquí que dos estaban de pie, uno de este lado en la orilla
del río, y el otro al otro lado en la orilla del río. 6 Entonces dije al hombre vestido de
lino que estaba sobre las aguas del río: — ¿Cuándo será el final de estas cosas
sorprendentes? 7 Escuché al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del
río, quien alzó su mano derecha y su mano izquierda al cielo, y juró por el que vive
por los siglos, que será por un tiempo, tiempos y medio tiempo. Todas estas cosas
se cumplirán cuando se acabe el quebrantamiento de la fuerza del pueblo santo. 8 Yo
escuché, pero no entendí. Y dije: — Señor mío, ¿cuál será el final de estas cosas?
9 Y él dijo: — Anda, Daniel; estas cosas están cerradas y selladas hasta el tiempo
del fin. 10 Muchos serán limpiados, emblanquecidos y purificados; pero los impíos
obrarán impíamente, y ninguno de ellos entenderá. Pero los sabios, sí entenderán.
11 Desde el tiempo en que sea quitado el sacrificio continuo hasta la abominación
desoladora, habrá 1.290 días. 12 ¡Bienaventurado el que espere y llegue hasta 1.335
días! 13 Pero tú, continúa hasta el fin, y descansarás y te levantarás para recibir tu
heredad al fin de los días.
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