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DEUTERONOMIO

Capítulo 1

1 Estas son las palabras que Moisés habló a todo Israel al otro lado del Jordán,

en el desierto, en el Arabá frente a Suf, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab.

2 Once días duró el viaje desde Horeb hasta Cades-barnea, por la ruta de la

región montañosa de Seír. 3 El primero del mes undécimo del año 40, Moisés habló

a los hijos de Israel conforme a todo lo que Jehovah le había mandado con respecto

a ellos, 4 después que derrotó a Sejón, rey de los amorreos que habitaba en

Hesbón, y a Og, rey de Basán que habitaba en Astarot y en Edrei. 5 Moisés empezó

a explicar esta ley en la tierra de Moab, al otro lado del Jordán, y dijo: 6 Jehovah

nuestro Dios nos habló en Horeb diciendo: ‘Bastante habéis permanecido en este

monte. 7 Volveos, marchad e id a la región montañosa de los amorreos y a todos sus

vecinos en el Arabá, en la región montañosa y en la Sefela, en el Néguev y por la

costa del mar, a la tierra de los cananeos y al Líbano, hasta el gran río, el río

Eufrates. 8 Mirad, yo he puesto la tierra delante de vosotros. Entrad y tomad

posesión de la tierra que Jehovah juró a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob,

que les daría a ellos y a sus descendientes después de ellos.’

9 En aquel tiempo yo os hablé diciendo: ‘Yo solo no puedo cargar con

vosotros. 10 Jehovah vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí que hoy sois tan

numerosos como las estrellas del cielo. 11 ¡Jehovah, Dios de vuestros padres, os

multiplique mil veces más, y os bendiga como os lo ha prometido! 12 Pero, ¿cómo

podré llevar yo solo vuestras preocupaciones, vuestras cargas y vuestros pleitos?

13 Proveeos entre vuestras tribus de hombres sabios, entendidos y experimentados,

para que yo los ponga como vuestros jefes.’ 14 Vosotros me respondisteis y dijisteis:

‘Está bien hacer lo que has dicho.’ 15 Entonces tomé a los jefes de vuestras tribus,

hombres sabios y experimentados, y los puse como vuestros jefes; como jefes de

mil, jefes de cien, jefes de cincuenta, jefes de diez y como oficiales de vuestras

tribus. 16 En aquel tiempo mandé a vuestros jueces diciendo: ‘Oíd la causa de

vuestros hermanos y juzgad con justicia entre un hombre y su hermano o el forastero

que está con él. 17 No hagáis distinción de personas en el juicio; oiréis tanto al

pequeño como al grande. No tengáis temor de nadie, porque el juicio es de

Dios. Pero la causa que os sea difícil la traeréis a mí, y yo la oiré.’ 18 Os mandé,

pues, en aquel tiempo todo lo que habíais de hacer.

19 Partimos de Horeb y fuimos por aquel desierto grande y terrible que habéis

visto, dirigiéndonos a la región montañosa de los amorreos, como Jehovah nuestro

Dios nos había mandado; y llegamos hasta Cades-barnea. 20 Entonces os dije:

‘Habéis llegado a la región montañosa de los amorreos, la cual nos da Jehovah

nuestro Dios. 21 Mira, Jehovah tu Dios te ha entregado la tierra que está delante de

ti. Sube y tómala en posesión, como Jehovah, Dios de tus padres, te ha dicho. ¡No

temas ni desmayes!’ 22 Todos vosotros os acercasteis a mí y dijisteis: ‘Enviemos

delante de nosotros hombres que nos reconozcan la tierra y nos traigan información

acerca del camino por donde hemos de ir y de las ciudades a las que habremos de

llegar.’ 23 Me pareció bien lo dicho, y tomé a doce hombres de vosotros, un hombre

por tribu. 24 Ellos se dirigieron y subieron a la región montañosa; llegaron hasta el

arroyo de Escol y reconocieron la tierra. 25 Tomaron en sus manos muestras del

fruto de la tierra y nos las trajeron. También nos dieron informes diciendo: ‘La tierra

que Jehovah nuestro Dios nos da es buena.’ 26 Sin embargo, no quisisteis subir.

Más bien, fuisteis rebeldes contra el mandato de Jehovah vuestro Dios, 27 y

murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: ‘Porque Jehovah nos aborrece, nos ha

sacado de la tierra de Egipto, para entregarnos en mano de los amorreos para

destruirnos. 28 ¿A dónde iremos? Nuestros hermanos han hecho desfallecer nuestros

corazones diciendo: Este pueblo es más grande y más alto que nosotros. Las

ciudades son grandes y fortificadas hasta el cielo, y también vimos allí a los

anaquitas.’ 29 Entonces os dije: ‘No os aterroricéis ni tengáis temor de ellos.

30 Jehovah, vuestro Dios, quien va delante de vosotros, él combatirá por vosotros

de la manera que lo hizo por vosotros en Egipto ante vuestros propios ojos, 31 como

también en el desierto, donde habéis visto que Jehovah vuestro Dios os ha traído,

como trae un hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta que

habéis llegado a este lugar.’ 32 Aun con esto no creísteis a Jehovah vuestro Dios,

33 quien iba delante de vosotros en el camino, con fuego de noche y con nube de

día, a fin de explorar el lugar donde habíais de acampar, y para mostraros el camino

a seguir. 34 Entonces Jehovah oyó la voz de vuestras palabras. Y se enojó y juró

diciendo: 35 ‘Ninguno de estos hombres de esta mala generación verá la buena tierra

que juré dar a vuestros padres, 36 excepto Caleb hijo de Jefone. El la verá; a él y a

sus hijos les daré la tierra que él pisó, porque siguió a Jehovah con integridad.’

37 Por causa de vosotros Jehovah se enfureció también contra mí, y dijo: ‘Tampoco

tú entrarás allá. 38 Josué hijo de Nun, que está delante de ti, él entrará allá.

Anímale, porque él hará que Israel la herede. 39 Pero vuestros pequeños, de quienes

dijisteis que serían una presa; vuestros hijos que hoy no distinguen entre lo bueno y

lo malo, ellos entrarán allá. A ellos la daré, y ellos tomarán posesión de ella. 40 Pero

vosotros, volveos y marchaos al desierto, rumbo al mar Rojo.’ 41 Entonces

respondisteis y me dijisteis: ‘Hemos pecado contra Jehovah. Nosotros subiremos y

pelearemos conforme a todo lo que Jehovah nuestro Dios nos ha mandado.’ “Os

ceñisteis cada uno sus armas y pensasteis que era cosa fácil subir a la región

montañosa. 42 Entonces Jehovah me dijo que os dijera: ‘No subáis ni peleéis, porque

yo no estoy entre vosotros. No seáis derrotados delante de vuestros enemigos.’

43 Yo os hablé, pero no escuchasteis. Al contrario, fuisteis rebeldes contra lo que

había dicho Jehovah; actuasteis con arrogancia y subisteis a la región montañosa.

44 Pero los amorreos que habitaban en aquella región montañosa salieron a vuestro

encuentro, os persiguieron como lo hacen las avispas, y os destrozaron desde Seír

hasta Horma. 45 Entonces volvisteis y llorasteis delante de Jehovah, pero Jehovah no

escuchó vuestra voz ni os prestó atención. 46 Así permanecisteis en Cades por

muchos días, según los días que permanecisteis allí.

Capítulo 2

1 Entonces nos volvimos y partimos hacia el desierto, rumbo al mar Rojo, como

Jehovah me había dicho; y rodeamos por muchos días la región montañosa de Seír.

2 Y Jehovah me habló diciendo: 3 ‘Bastante tiempo habéis rodeado estos montes;

dirigíos hacia el norte. 4 Manda al pueblo diciendo: Cuando vosotros paséis por el

territorio de vuestros hermanos, los hijos de Esaú que habitan en Seír, ellos tendrán

miedo de vosotros. Pero guardaos mucho; 5 no contendáis con ellos. Yo no os daré

de su tierra, ni aun la huella de la planta de un pie, porque he dado a Esaú como

posesión la región montañosa de Seír. 6 Les compraréis con dinero los alimentos que

comáis. También, adquiriréis de ellos con dinero el agua que bebáis.’ 7 Jehovah tu

Dios te ha bendecido en toda la obra de tus manos. El conoce tu caminar por este

gran desierto. Jehovah tu Dios ha estado contigo estos cuarenta años, y ninguna

cosa te ha faltado.

8 Pasamos de largo a nuestros hermanos, los hijos de Esaú que habitan en Seír,

por el camino del Arabá de Eilat y de Ezión-geber, y cambiando de dirección nos

dirigimos rumbo al desierto de Moab. 9 Entonces Jehovah me dijo: ‘No molestes a

Moab ni contiendas con ellos, porque no te daré posesión en su tierra. He dado Ar

como posesión a los hijos de Lot.’ 10 (Los emitas habitaron allí antes. Estos eran

un pueblo grande y numeroso; eran altos como los anaquitas. 11 Ellos, como los

anaquitas, también eran considerados como refaítas, pero los moabitas los llamaban

emitas. 12 También los horeos habitaban antes en Seír, pero los hijos de Esaú los

desalojaron y los destruyeron delante de ellos. Luego habitaron en su lugar, así

como ha hecho Israel en la tierra de su posesión que Jehovah les ha dado.)

13 ‘Levantaos, pues, y cruzad el arroyo de Zered.’ “Así cruzamos el arroyo de

Zered. 14 El tiempo que anduvimos desde Cades-barnea hasta que cruzamos el

arroyo de Zered fue de treinta y ocho años, hasta que se acabó toda la generación

de hombres de guerra de en medio del campamento, como Jehovah les había

jurado. 15 La mano de Jehovah también estuvo contra ellos para destruirlos de en

medio del campamento, hasta acabarlos. 16 Aconteció que cuando finalmente

murieron todos los hombres de guerra de entre el pueblo, 17 Jehovah me habló

diciendo: 18 ‘Tú pasarás hoy por el territorio de Moab, es decir, de Ar, 19 y te

acercarás a los hijos de Amón. Pero no los molestes ni contiendas con ellos, porque

no te he de dar posesión en la tierra de los hijos de Amón. La he dado como

posesión a los hijos de Lot.’ 20 (También esta tierra fue considerada tierra de los

refaítas. En otro tiempo habitaron en ella los refaítas, pero los amonitas los llamaban

zomzomeos. 21 Estos eran un pueblo grande y numeroso; eran altos como los

anaquitas. A éstos destruyó Jehovah delante de los amonitas que les sucedieron y

habitaron en su lugar, 22 como hizo también con los horeos, a los cuales destruyó

delante de los hijos de Esaú que habitan en Seír, quienes sucedieron a aquéllos y

habitaron en su lugar, hasta el día de hoy. 23 De la misma manera, los caftoreos que

habían salido de Caftor destruyeron a los aveos que vivían en aldeas hasta Gaza, y

habitaron en su lugar.)

24 ‘Levantaos, partid y cruzad el río Arnón. Mira, yo he entregado en tu mano a

Sejón el amorreo, rey de Hesbón, y su tierra. Comienza a tomar posesión de ella y

contiende con él en guerra. 25 Hoy comenzaré a infundir miedo y temor de ti entre

los pueblos debajo de todo el cielo. Ellos oirán tu fama, y temblarán y se

estremecerán a causa de ti.’ 26 Desde el desierto de Cademot envié mensajeros a

Sejón, rey de Hesbón, con un mensaje de paz, diciendo: 27 ‘Déjame pasar por tu

tierra. Iré sólo por el camino. No me apartaré ni a la derecha ni a la izquierda. 28 Me

venderás por dinero la comida que yo coma, y me darás por dinero el agua que yo

beba. Solamente permíteme pasar a pie, 29 como hicieron conmigo los hijos de Esaú

que habitan en Seír y los moabitas que habitan en Ar, hasta que yo cruce el Jordán

hacia la tierra que Jehovah nuestro Dios nos da.’ 30 Pero Sejón, rey de Hesbón, no

quiso que pasáramos por su territorio, porque Jehovah tu Dios había endurecido

su espíritu y obstinado su corazón para entregarlo en tu mano, como en el día de

hoy. 31 Entonces me dijo Jehovah: ‘Mira, yo he comenzado a entregar delante de ti

a Sejón y su tierra. Comienza a tomar posesión de su tierra.’ 32 Sejón salió a

nuestro encuentro, él con todo su pueblo, para combatir en Jahaz. 33 Pero Jehovah

nuestro Dios lo entregó delante de nosotros, y lo matamos a él, a sus hijos y a todo

su pueblo. 34 En aquel tiempo tomamos todas sus ciudades y las destruimos por

completo. No dejamos ningún sobreviviente de los hombres, las mujeres y los niños.

35 Sólo tomamos para nosotros los animales y el botín de las ciudades que

capturamos 36 desde Aroer, que está en la ribera del río Arnón, y la ciudad que está

en el valle, hasta Galaad. No hubo ciudad que fuera demasiado fuerte para nosotros;

Jehovah nuestro Dios las entregó todas delante de nosotros. 37 Solamente no te

acercaste a la tierra de los hijos de Amón, ni a todo lo que está junto al río Jaboc, ni

a las ciudades de la región montañosa, según todo lo que Jehovah nuestro Dios nos

había mandado.

Capítulo 3

1 Después nos volvimos y subimos rumbo a Basán. Entonces Og, rey de Basán,

salió a nuestro encuentro con todo su pueblo para combatir en Edrei. 2 Y Jehovah

me dijo: ‘No le tengas miedo, porque en tu mano he entregado a él, a todo su

pueblo y su tierra. Tú harás con él como hiciste con Sejón, rey de los amorreos, que

habitaba en Hesbón.’ 3 También Jehovah nuestro Dios entregó en nuestra mano a

Og, rey de Basán, y a todo su pueblo, al cual matamos hasta no dejarle ningún

sobreviviente. 4 Y tomamos entonces todas sus ciudades; no quedó ciudad que no

les tomásemos: sesenta ciudades, toda la tierra de Argob del reino de Og en Basán.

5 Todas estas ciudades estaban fortificadas con altas murallas, con puertas y

cerrojos, sin contar las muchísimas aldeas sin muros. 6 Como hicimos con Sejón rey

de Hesbón, destruimos por completo en toda ciudad a los hombres, a las mujeres y

a los niños. 7 Sólo tomamos para nosotros todos los animales y el botín de las

ciudades. 8 En aquel tiempo tomamos la tierra desde el río Arnón hasta el monte

Hermón, de mano de los dos reyes amorreos que estaban establecidos al otro lado

del Jordán. 9 (Al Hermón los sidonios lo llaman Sirión, y los amorreos lo llaman

Senir.) 10 Tomamos todas las ciudades de la meseta, todo Galaad y todo Basán

hasta Salca y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán. 11 Sólo Og, rey de Basán,

había quedado del resto de los refaítas. He aquí su cama, que era de hierro,

¿acaso no está en Rabá de los hijos de Amón? Ella tiene 9 codos de largo por 4

codos de ancho, conforme al codo de un hombre.

12 Esta tierra con sus ciudades que heredamos en ese tiempo desde Aroer en el

río Arnón, hasta la mitad de la región montañosa de Galaad, se la di a los rubenitas y

a los gaditas. 13 El resto de Galaad y todo Basán, que pertenecían al reino de Og, se

lo di a la media tribu de Manasés. (Toda la región de Argob, toda la de Basán, era

llamada la tierra de los refaítas.) 14 Jaír hijo de Manasés tomó toda la tierra de

Argob hasta la frontera de los de Gesur y de los de Maaca, y la llamó por su propio

nombre: Havot-jaír en Basán, hasta el día de hoy. 15 A Maquir le di Galaad. 16 Y a

los rubenitas y a los gaditas les di desde Galaad hasta el río Arnón, el medio del río

como frontera, y hasta el Jaboc, el río que marca la frontera de los hijos de Amón.

17 También les di el Arabá y el Jordán como límite, desde el Quinéret hasta el mar

del Arabá, o mar Salado, hasta las faldas del Pisga, al oriente. 18 En aquel tiempo

os mandé diciendo: ‘Jehovah vuestro Dios os ha dado esta tierra para que toméis

posesión de ella. Todos los valientes cruzaréis armados delante de vuestros

hermanos, los hijos de Israel. 19 Solamente vuestras mujeres, vuestros niños y

vuestros ganados (yo sé que tenéis mucho ganado), se quedarán en las ciudades que

os he dado, 20 hasta que Jehovah dé reposo a vuestros hermanos, así como a

vosotros, y ellos también tomen posesión de la tierra que Jehovah vuestro Dios les

da al otro lado del Jordán. Entonces volveréis cada uno a la heredad que yo os he

dado.’

21 También en aquel tiempo mandé a Josué diciendo: ‘Tus ojos han visto todo

lo que Jehovah tu Dios ha hecho a aquellos dos reyes. Así hará Jehovah a todos los

reinos por los cuales tú pasarás. 22 No los temáis, porque Jehovah vuestro Dios, él

es el que combate por vosotros.’ 23 En aquel tiempo supliqué a Jehovah, diciendo:

24 ‘Oh Señor Jehovah, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza y tu

mano poderosa. Porque, ¿qué dios hay en los cielos o en la tierra que haga como

tus obras y como tus proezas? 25 Te ruego que yo también cruce y vea aquella

buena tierra que está al otro lado del Jordán, aquella buena región montañosa y el

Líbano.’ 26 Pero Jehovah se había indignado contra mí por causa de vosotros y no

me escuchó. Jehovah me dijo: ‘¡Basta! No me hables más de este asunto. 27 Sube a

la cumbre del Pisga y alza tus ojos hacia el oeste, el norte, el sur y el este, y mírala

con tus ojos; porque tú no cruzarás este Jordán. 28 Pero comisiona a Josué;

fortalécelo e infúndele valor, porque él cruzará al frente de este pueblo y les hará

tomar posesión de la tierra que tú verás.’ 29 Así nos quedamos en el valle delante

de Bet-peor.

Capítulo 4

1 Ahora pues, oh Israel, escucha las leyes y decretos que yo os enseño que

hagáis, a fin de que viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que os da Jehovah,

Dios de vuestros padres. 2 No añadáis a las palabras que yo os mando, ni quitéis de

ellas, de modo que guardéis los mandamientos de Jehovah vuestro Dios, que yo os

mando. 3 Vuestros ojos han visto lo que Jehovah hizo con respecto al Baal de Peor,

cómo vuestro Dios destruyó de en medio de vosotros a todo hombre que fue tras el

Baal de Peor. 4 Pero vosotros, que fuisteis fieles a Jehovah vuestro Dios, todos

estáis vivos hoy. 5 Mirad, yo os he enseñado leyes y decretos, como Jehovah mi

Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra a la cual entraréis para

tomar posesión de ella. 6 Guardadlos, pues, y ponedlos por obra, porque esto es

vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales al oír

de todas estas leyes dirán: ‘¡Ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio y

entendido!’ 7 Porque, ¿qué nación hay tan grande, que tenga dioses tan cerca de

ella, así como lo está Jehovah nuestro Dios toda vez que le invocamos? 8 ¿Qué

nación hay tan grande que tenga leyes y decretos tan justos como toda esta ley que

yo pongo hoy delante de vosotros? 9 Solamente guárdate y guarda diligentemente tu

alma, no sea que te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni que se aparten de

tu corazón durante todos los días de tu vida. Las enseñarás a tus hijos y a los hijos

de tus hijos. 10 El día que estuviste delante de Jehovah tu Dios en Horeb, Jehovah

me dijo: ‘Reúneme al pueblo para que yo les haga oír mis palabras, las cuales

aprenderán para temerme todos los días que vivan en la tierra, y para enseñarlas a

sus hijos.’ 11 Y os acercasteis y os reunisteis al pie del monte. El monte ardía con

fuego hasta el corazón de los cielos, con densas nubes y oscuridad. 12 Entonces

Jehovah os habló de en medio del fuego. Vosotros oisteis el sonido de sus palabras,

pero aparte de oír su voz, no visteis ninguna imagen. 13 El os declaró su pacto, el

cual os mandó poner por obra: Los Diez Mandamientos. Y los escribió en dos

tablas de piedra. 14 En aquel tiempo Jehovah también me mandó a mí que os

enseñara las leyes y los decretos, para que los pusieseis por obra en la tierra a la

cual pasáis para tomar posesión de ella. 15 Por tanto, tened mucho cuidado de

vosotros mismos, pues ninguna imagen visteis el día que Jehovah os habló en Horeb

de en medio del fuego. 16 No sea que os corrompáis y os hagáis imágenes, o

semejanza de cualquier figura, sea en forma de hombre o de mujer, 17 ni en forma de

cualquier animal que esté en la tierra, ni en forma de cualquier ave alada que vuele en

los cielos, 18 ni en forma de cualquier animal que se desplace sobre la tierra, ni

en forma de cualquier pez que haya en las aguas debajo de la tierra. 19 No sea que al

alzar tus ojos al cielo y al ver el sol, la luna y las estrellas, es decir, todo el ejército

del cielo, seas desviado a postrarte ante ellos y a rendir culto a cosas que Jehovah tu

Dios ha asignado a todos los pueblos de debajo del cielo. 20 Pero a vosotros

Jehovah os ha tomado y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis

pueblo de su heredad como en el día de hoy. 21 Jehovah se airó contra mí por

causa de vuestras palabras, y juró que yo no cruzaría el Jordán ni entraría en la

buena tierra que Jehovah tu Dios te da por heredad. 22 Así que yo voy a morir en

esta tierra. Yo no cruzaré el Jordán, pero vosotros sí lo cruzaréis y tomaréis posesión

de aquella buena tierra. 23 Cuidaos, pues, no sea que olvidéis el pacto de Jehovah

vuestro Dios, que él ha establecido con vosotros, y os hagáis imágenes o cualquier

semejanza, como te ha prohibido Jehovah tu Dios. 24 Porque Jehovah tu Dios es fuego

consumidor, un Dios celoso. 25 Cuando hayáis engendrado hijos y nietos, y hayáis

envejecido en la tierra, y os corrompáis, y hagáis imágenes o cualquier semejanza, y

hagáis lo malo ante los ojos de Jehovah tu Dios, enojándole, 26 yo pongo hoy por

testigos a los cielos y a la tierra, que pronto pereceréis totalmente en la tierra hacia la

cual cruzáis el Jordán para tomar posesión de ella. No permaneceréis largo tiempo en

ella, sino que seréis completamente destruidos. 27 Jehovah os esparcirá entre los

pueblos, y quedaréis pocos en número entre las naciones a las cuales os llevará

Jehovah. 28 Allí serviréis a dioses hechos por manos de hombre, de madera y de

piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen. 29 Pero cuando desde allí busques a

Jehovah tu Dios, lo hallarás, si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma.

30 En los postreros días, cuando estés en angustia y te sucedan todas estas cosas,

volverás a Jehovah tu Dios y obedecerás su voz. 31 Porque Jehovah tu Dios es Dios

misericordioso; no te abandonará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que juró a

tus padres. 32 Pues pregunta, por favor, a los días antiguos que te antecedieron,

desde el día que Dios creó al hombre sobre la tierra, y desde un extremo del cielo

hasta el otro, si se ha hecho cosa semejante a esta gran cosa, o si se ha oído de otra

como ella. 33 ¿Existe otro pueblo que haya oído la voz de Dios hablando de en

medio del fuego, como tú la has oído, y que haya seguido viviendo? 34 ¿O algún dios

ha intentado venir y tomar un pueblo para sí de en medio de otro pueblo, con

pruebas, señales, prodigios, guerra, mano poderosa, brazo extendido y grandes

terrores, como todo lo que hizo por vosotros Jehovah vuestro Dios en Egipto, ante

vuestros propios ojos? 35 A ti se te ha mostrado esto para que sepas que Jehovah es

Dios y que no hay otro aparte de él. 36 Desde los cielos te hizo oír su voz para

enseñarte, y sobre la tierra te mostró su gran fuego. Tú has oído sus palabras de en

medio del fuego. 37 Y por cuanto él amó a tus padres y escogió a sus descendientes

después de ellos, te sacó de Egipto con su presencia, con su gran poder.

38 Hizo esto para arrojar de delante de ti naciones más grandes y más fuertes que tú,

y para introducirte y darte su tierra por heredad, como en el día de hoy.

39 Reconoce, pues, hoy y considera en tu corazón que Jehovah es Dios arriba en los

cielos y abajo en la tierra, y no hay otro. 40 Guarda sus leyes y sus mandamientos

que yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y para

que prolongues los días sobre la tierra que Jehovah tu Dios te da para siempre.”

41 Entonces Moisés apartó tres ciudades al otro lado del Jordán, hacia donde se

levanta el sol, 42 para que huya allí el homicida que mate a su prójimo por accidente,

sin haberle tenido previamente aversión. Al huir a cualquiera de estas ciudades,

podrá salvar su vida. 43 Apartó a Beser, en el desierto, en la meseta, para los

rubenitas; a Ramot, en Galaad, para los gaditas; y a Golán, en Basán, para los de

Manasés. 44 Esta es la ley que Moisés puso ante los hijos de Israel. 45 Estos son los

testimonios, las leyes y los decretos que Moisés habló a los hijos de Israel cuando

habían salido de Egipto, 46 al otro lado del Jordán, en el valle que está frente a Betpeor,

en la tierra de Sejón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón. A éste

dieron muerte Moisés y los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto. 47 Así

tomaron posesión de su tierra y de la tierra de Og, rey de Basán. Estos dos reyes de

los amorreos habitaban al otro lado del Jordán, hacia donde se levanta el sol,

48 desde Aroer, que está sobre la ribera del río Arnón, hasta el monte Sirión, que es

el Hermón, 49 y en todo el Arabá, al otro lado del Jordán, hasta el mar del Arabá en

las faldas del Pisga.

Capítulo 5

1 Moisés llamó a todo Israel y les dijo: “Escucha, Israel, las leyes y decretos que

proclamo hoy a vuestros oídos. Aprendedlos y tened cuidado de ponerlos por obra.

2 Jehovah nuestro Dios hizo un pacto con nosotros en Horeb. 3 No fue sólo con

nuestros padres que Jehovah hizo este pacto, sino también con nosotros, nosotros

que estamos aquí hoy, todos vivos. 4 Cara a cara habló Jehovah con vosotros en el

monte, de en medio del fuego. 5 Yo estaba entonces entre Jehovah y vosotros, para

declararos la palabra de Jehovah; porque vosotros tuvisteis temor del fuego y no

subisteis al monte. Entonces él dijo:

6 ‘Yo soy Jehovah tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de

esclavitud: 7 ‘No tendrás otros dioses delante de mí. 8 ‘No te harás imagen ni

ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en

las aguas debajo de la tierra. 9 No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto; porque

yo soy Jehovah tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre

los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen.

10 Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis

mandamientos. 11 ‘No tomarás en vano el nombre de Jehovah tu Dios, porque

Jehovah no dará por inocente al que tome su nombre en vano. 12 ‘Guarda el día del

sábado para santificarlo, como te ha mandado Jehovah tu Dios. 13 Seis días

trabajarás y harás toda tu obra, 14 pero el séptimo día será sábado para Jehovah tu

Dios. No harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni

tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el forastero que está dentro de tus

puertas; para que tu siervo y tu sierva descansen como tú. 15 Acuérdate de que tú

fuiste esclavo en la tierra de Egipto y que Jehovah tu Dios te sacó de allí con mano

poderosa y brazo extendido. Por eso Jehovah tu Dios te ha mandado que guardes el

día del sábado. 16 ‘Honra a tu padre y a tu madre, como Jehovah tu Dios te ha

mandado, para que tus días se prolonguen y te vaya bien en la tierra que Jehovah tu

Dios te da. 17 ‘No cometerás homicidio. 18 ‘No cometerás adulterio. 19 ‘No

robarás. 20 ‘No darás falso testimonio contra tu prójimo. 21 ‘No codiciarás la

mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su siervo, ni

su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo.’ 22 Estas

palabras habló Jehovah a gran voz a toda vuestra congregación en el monte, de en

medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, y no añadió más. Luego las escribió

en dos tablas de piedra, y me las dio a mí.

23 Aconteció que cuando oisteis la voz de en medio de las tinieblas, mientras el

monte ardía en fuego, os acercasteis a mí todos los jefes de vuestras tribus y

vuestros ancianos. 24 Entonces dijisteis: ‘He aquí, Jehovah nuestro Dios nos ha

mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego. En

este día hemos visto que Dios habla al hombre, y que éste puede quedar vivo.

25 Pero, ¿por qué hemos de morir, ya que este gran fuego nos consumirá? Si

volvemos a oír la voz de Jehovah nuestro Dios, moriremos. 26 Porque, ¿quién es el

ser humano para que oiga, como nosotros, la voz del Dios vivo que habla de en

medio del fuego, y aún viva? 27 Acércate tú, y escucha todo lo que dice Jehovah

nuestro Dios. Luego tú nos dirás todo lo que Jehovah nuestro Dios te haya dicho, y

nosotros lo escucharemos y lo pondremos por obra.’ 28 Jehovah oyó vuestras

palabras cuando me hablabais, y me dijo: ‘He oído las palabras que te ha hablado

este pueblo. Está bien todo lo que han dicho. 29 ¡Oh, si tuviesen tal corazón que me

temiesen y guardasen todos mis mandamientos todos los días, para que les

fuera bien a ellos y a sus hijos para siempre! 30 Vé y diles: Volved a vuestras tiendas.

31 Pero tú, quédate aquí conmigo. Yo te diré todos los mandamientos, las leyes y los

decretos que les has de enseñar, para que los pongan por obra en la tierra que les

doy para que tomen posesión de ella.’ 32 Tened cuidado, pues, de hacer como

Jehovah vuestro Dios os ha mandado. No os apartéis a la derecha ni a la izquierda.

33 Andad en todo el camino que Jehovah vuestro Dios os ha mandado, para que

viváis y os vaya bien, y para que prolonguéis vuestros días en la tierra que vais a

tomar en posesión.

Capítulo 6

1 Estos, pues, son los mandamientos, las leyes y los decretos que Jehovah

vuestro Dios ha mandado que os enseñara, para que los pongáis por obra en la

tierra a la cual pasáis para tomarla en posesión. 2 Son para que temas a Jehovah tu

Dios, tú con tu hijo y el hijo de tu hijo, guardando todos los días de tu vida todas sus

leyes y sus mandamientos que yo te mando, a fin de que tus días sean prolongados.

3 Escucha, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien y

seas multiplicado grandemente en la tierra que fluye leche y miel, como te ha

prometido Jehovah, Dios de tus padres.

4 Escucha, Israel: Jehovah nuestro Dios, Jehovah uno es. 5 Y amarás a Jehovah

tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. 6 Estas

palabras que yo te mando estarán en tu corazón. 7 Las repetirás a tus hijos y

hablarás de ellas sentado en casa o andando por el camino, cuando te acuestes y

cuando te levantes. 8 Las atarás a tu mano como señal, y estarán como frontales

entre tus ojos. 9 Las escribirás en los postes de tu casa y en las puertas de tus

ciudades. 10 Sucederá que cuando Jehovah tu Dios te haya introducido en la tierra

que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, con ciudades grandes y

buenas que tú no edificaste, 11 con casas llenas de todo bien que tú no llenaste, con

cisternas cavadas que tú no cavaste, con viñas y olivares que tú no plantaste, y

cuando hayas comido y te hayas saciado, 12 entonces ten cuidado; no sea que te

olvides de Jehovah que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud. 13 A

Jehovah tu Dios temerás y a él servirás, y por su nombre jurarás. 14 No iréis tras

otros dioses, tras los dioses de los pueblos que están a vuestro alrededor; 15 porque

Jehovah tu Dios es un Dios celoso que está en medio de ti. No sea que se encienda

el furor de Jehovah tu Dios contra ti, y te destruya de la faz de la tierra. 16 No

pondréis a prueba a Jehovah vuestro Dios, como lo hicisteis en Masá.

17 Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehovah vuestro Dios y sus

testimonios y leyes que te ha mandado. 18 Harás lo recto y bueno ante los ojos de

Jehovah, a fin de que te vaya bien, y entres y tomes posesión de la buena tierra que

Jehovah juró a tus padres; 19 para que él eche a todos tus enemigos de delante de ti,

como Jehovah ha prometido. 20 En el futuro, cuando tu hijo te pregunte diciendo:

‘¿Qué significan los testimonios, las leyes y los decretos que Jehovah nuestro Dios

os mandó?’, 21 entonces responderás a tu hijo: ‘Nosotros éramos esclavos del

faraón en Egipto, pero Jehovah nos sacó de Egipto con mano poderosa. 22 Jehovah

hizo en Egipto señales y grandes prodigios contra el faraón y contra toda su familia,

ante nuestros propios ojos. 23 El nos sacó de allá para traernos y darnos la tierra que

juró a nuestros padres. 24 Y Jehovah nos mandó que pusiéramos por obra todas

estas leyes y que temiésemos a Jehovah nuestro Dios, para que nos fuera bien todos

los días y para conservarnos la vida, como en el día de hoy. 25 Y será para nosotros

justicia, si tenemos cuidado de poner por obra todos estos mandamientos delante de

Jehovah nuestro Dios, como él nos ha mandado.

Capítulo 7

1 Cuando Jehovah tu Dios te haya introducido en la tierra a la cual entrarás para

tomarla en posesión, y haya expulsado de delante de ti a muchas naciones (heteos,

gergeseos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos: siete naciones

mayores y más fuertes que tú), 2 y cuando Jehovah tu Dios las haya entregado

delante de ti y tú las hayas derrotado, entonces destrúyelas por completo. No harás

alianza con ellas ni tendrás de ellas misericordia. 3 No emparentarás con ellas: No

darás tu hija a su hijo, ni tomarás su hija para tu hijo. 4 Porque desviará a tu hijo de

en pos de mí, y servirá a otros dioses, de modo que el furor de Jehovah se

encenderá sobre vosotros y pronto os destruirá. 5 Ciertamente así habéis de

proceder con ellos: Derribaréis sus altares, romperéis sus piedras rituales, cortaréis

sus árboles de Asera y quemaréis sus imágenes en el fuego. 6 Porque tú eres un

pueblo santo para Jehovah tu Dios; Jehovah tu Dios te ha escogido para que le seas

un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra.

7 No porque vosotros seáis más numerosos que todos los pueblos, Jehovah os ha

querido y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los

pueblos. 8 Es porque Jehovah os ama y guarda el juramento que hizo a vuestros

padres, que os ha sacado de Egipto con mano poderosa y os ha rescatado de la

casa de esclavitud, de mano del faraón, rey de Egipto. 9 Reconoce, pues,

que Jehovah tu Dios es Dios: Dios fiel que guarda el pacto y la misericordia para con

los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones, 10 y que da

retribución en su misma cara al que le aborrece, destruyéndolo. El no tardará en

darla al que le aborrece; en su misma cara le retribuirá. 11 Guarda, pues, los

mandamientos, leyes y decretos que hoy te mando que cumplas.

12 Y será que por haber obedecido estos decretos, por guardarlos y ponerlos

por obra, Jehovah tu Dios guardará para contigo el pacto y la misericordia que juró

a tus padres. 13 El te amará, te bendecirá y te multiplicará. También bendecirá el

fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano y tu vino nuevo y tu aceite, la cría

de tus vacas y el incremento de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te

daría. 14 Serás más bendecido que todos los pueblos; no habrá hombre ni mujer

estéril en medio de ti, ni entre tus animales. 15 Jehovah quitará de ti toda dolencia y

todas las terribles enfermedades de Egipto, que tú conoces. No las pondrá sobre ti;

más bien, las pondrá sobre todos los que te aborrecen. 16 Destruirás todos los

pueblos que Jehovah tu Dios entrega en tus manos. Tu ojo no les tendrá lástima, ni

rendirás culto a sus dioses, porque eso te sería motivo de tropiezo. 17 Si dices en tu

corazón: ‘Estas naciones son más numerosas que yo; ¿cómo las podré desalojar?’,

18 no tengas temor de ellas. Acuérdate bien de lo que Jehovah tu Dios hizo con el

faraón y con todo Egipto; 19 de las grandes pruebas que vieron tus ojos, de las

señales y de los prodigios, de la mano poderosa y del brazo extendido con que

Jehovah tu Dios te sacó. Así hará Jehovah tu Dios con todos los pueblos de cuya

presencia temes. 20 Jehovah tu Dios también enviará contra ellos la avispa, hasta que

perezcan los que queden y los que se hayan escondido de ti. 21 No desmayes ante

ellos, porque Jehovah tu Dios está en medio de ti, Dios grande y temible.

22 Jehovah tu Dios expulsará estas naciones de delante de ti, poco a poco. No

podrás exterminarlas de inmediato, no sea que los animales del campo se

multipliquen contra ti. 23 Jehovah tu Dios las entregará delante de ti; él las arrojará

con gran destrozo, hasta que sean destruidas. 24 El entregará a sus reyes en tu mano,

y tú destruirás sus nombres de debajo del cielo. Nadie te podrá resistir, hasta que

los destruyas. 25 Quemarás en el fuego las imágenes de sus dioses. No codiciarás la

plata y el oro que estén sobre ellas, ni los tomarás para ti, para que no caigas en la

trampa por ello. Esto es abominación a Jehovah tu Dios. 26 No meterás en tu casa

ninguna cosa abominable, para que no seas anatema juntamente con ella. La

aborrecerás del todo y la abominarás, porque es anatema.

Capítulo 8

1 Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os mando hoy, para

que viváis y seáis multiplicados, y para que entréis y toméis posesión de la tierra que

Jehovah juró dar a vuestros padres. 2 Acuérdate de todo el camino por donde te ha

conducido Jehovah tu Dios estos cuarenta años por el desierto, con el fin de

humillarte y probarte, para saber lo que estaba en tu corazón, y si guardarías sus

mandamientos, o no. 3 El te humilló y te hizo sufrir hambre, pero te sustentó con

maná, comida que tú no conocías, ni tus padres habían conocido jamás. Lo hizo

para enseñarte que no sólo de pan vivirá el hombre, sino que el hombre vivirá de

toda palabra que sale de la boca de Jehovah. 4 Tu vestido nunca se ha envejecido

sobre ti, ni tu pie se te ha hinchado en estos cuarenta años. 5 Reconoce, pues, en tu

corazón, que como un hombre corrige a su hijo, así te corrige Jehovah tu Dios.

6 Guardarás los mandamientos de Jehovah tu Dios, andando en sus caminos y

teniendo temor de él. 7 Ciertamente Jehovah tu Dios te introduce en una buena

tierra: tierra de arroyos de agua, de manantiales y de fuentes del abismo que brotan

en los valles y en los montes; 8 tierra de trigo, de cebada, de vides, de higueras y de

granados; tierra de olivos ricos en aceite y de miel; 9 tierra en la cual no comerás el

pan con escasez, pues nada te faltará en ella; tierra cuyas piedras son de hierro y de

cuyas montañas extraerás cobre.

10 Comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehovah tu Dios por la buena tierra que

te habrá dado. 11 Cuídate de no olvidarte de Jehovah tu Dios, dejando de guardar

sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te mando hoy. 12 No sea que

cuando comas y te sacies, cuando edifiques buenas casas y las habites, 13 cuando se

multipliquen tus vacas y tus ovejas, cuando se multipliquen la plata y el oro, y cuando

se multiplique todo lo que tienes, 14 entonces se llegue a enaltecer tu corazón y te

olvides de Jehovah tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de

esclavitud. 15 El es quien te hizo caminar por un desierto grande y terrible, de

serpientes ardientes y de escorpiones; una tierra sedienta donde no había agua. El es

quien sacó para ti agua del duro pedernal. 16 El es quien te sustentó en el desierto

con maná, comida que no habían conocido tus padres, con el propósito de

humillarte y probarte para al final hacerte bien. 17 No sea que digas en tu corazón:

‘Mi fuerza y el poder de mi mano me han traído esta prosperidad.’ 18 Al contrario,

acuérdate de Jehovah tu Dios. El es el que te da poder para hacer riquezas, con el

fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día. 19 Pero

sucederá que si alguna vez llegas a olvidarte de Jehovah tu Dios, y caminas en pos

de otros dioses y les rindes culto postrándote ante ellos, entonces yo testifico hoy

contra vosotros que pereceréis totalmente. 20 Como las naciones que Jehovah

destruirá delante de vosotros, así pereceréis; porque no habréis escuchado la voz de

Jehovah vuestro Dios.

Capítulo 9

1 Escucha, Israel: Tú vas a cruzar hoy el Jordán para entrar a desalojar

naciones más grandes y más poderosas que tú, ciudades grandes y fortificadas hasta

el cielo, 2 un pueblo grande y alto, los anaquitas, de los cuales tú tienes conocimiento

y has oído decir: ‘¿Quién podrá permanecer delante de los hijos de Anac?’ 3 Y

sabrás hoy que Jehovah tu Dios es el que cruza delante de ti. El es fuego

consumidor. El los destruirá y los someterá delante de ti. Y tú los desalojarás y los

destruirás rápidamente, como Jehovah te ha prometido. 4 Cuando Jehovah tu Dios

los haya echado de delante de ti, no digas en tu corazón: ‘Por mi justicia Jehovah me

ha traído para tomar posesión de la tierra.’ Porque por la impiedad de estas

naciones es que Jehovah las echa de tu presencia. 5 No es por tu justicia, ni por la

rectitud de tu corazón, que entras a tomar posesión de su tierra. Es por la impiedad

de estas naciones que Jehovah tu Dios las echa de tu presencia, y para cumplir la

palabra que Jehovah juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob. 6 Sabrás, pues,

que no es por tu justicia que Jehovah tu Dios te da esta buena tierra para que la

tomes en posesión, puesto que tú eres un pueblo de dura cerviz.

7 Acuérdate; no te olvides que en el desierto provocaste a ira a Jehovah tu Dios.

Habéis sido rebeldes para con Jehovah desde el día en que salisteis de la tierra de

Egipto, hasta que llegasteis a este lugar. 8 Vosotros provocasteis a ira a Jehovah en

Horeb, y Jehovah se airó tanto contra vosotros como para destruiros. 9 Cuando subí

al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Jehovah hizo con

vosotros, estuve en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni

beber agua. 10 Y Jehovah me dio las dos tablas de piedra escritas con el dedo de

Dios. En ellas estaban todas las palabras que Jehovah os había hablado en el monte,

de en medio del fuego, el día de la asamblea. 11 Sucedió que, al final de los cuarenta

días y cuarenta noches, Jehovah me dio las dos tablas de piedra, las tablas del

pacto. 12 Y me dijo Jehovah: ‘Levántate, desciende pronto de aquí, porque tu

pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido. Se han apartado rápidamente del

camino que yo les mandé, y se han hecho una imagen de fundición.’ 13 Jehovah

me habló diciendo: ‘Yo he visto a este pueblo, y he aquí que es un pueblo de dura

cerviz. 14 Déjame que los destruya y borre su nombre de debajo del cielo, y de ti

haré una nación más poderosa y numerosa que ellos.’ 15 Di vuelta y descendí del

monte que ardía en fuego, con las dos tablas del pacto en mis dos manos. 16 Miré, y

he aquí que habíais pecado contra Jehovah vuestro Dios. Os habíais hecho un

becerro de fundición, apartándoos rápidamente del camino que Jehovah os había

mandado. 17 Entonces tomé las dos tablas, las arrojé de mis dos manos y las rompí

delante de vuestros ojos. 18 Luego me postré delante de Jehovah, como la primera

vez, cuarenta días y cuarenta noches. No comí pan ni bebí agua, a causa de todo

vuestro pecado que habíais cometido haciendo lo malo ante los ojos de Jehovah,

hasta enojarlo. 19 Ciertamente tuve mucho miedo a causa del furor y de la ira con

que Jehovah estaba tan enojado contra vosotros como para destruiros. Pero

Jehovah me escuchó también esta vez. 20 Jehovah también se enojó tanto contra

Aarón como para destruirlo. Y también oré por Aarón en aquella ocasión. 21 Yo

tomé vuestro pecado, el becerro que habíais hecho, y lo quemé en el fuego. Lo

desmenucé moliéndolo bien, hasta reducirlo a polvo, el cual arrojé a la quebrada que

descendía del monte. 22 También en Tabera, en Masá y en Quibrot-hataavah

provocasteis a ira a Jehovah. 23 Y cuando Jehovah os envió desde Cades-barnea,

diciendo: ‘Subid y tomad posesión de la tierra que yo os doy’, fuisteis rebeldes al

mandato de Jehovah vuestro Dios y no le creisteis ni obedecisteis su voz. 24 Habéis

sido rebeldes contra Jehovah desde el día en que yo os conocí. 25 Yo me postré

delante de Jehovah cuarenta días y cuarenta noches; me postré, porque Jehovah dijo

que os iba a destruir. 26 Oré a Jehovah diciendo: Oh, Señor Jehovah, no destruyas a tu

pueblo, a tu heredad que has rescatado por tu grandeza, al cual sacaste de Egipto con

mano poderosa. 27 Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob. No mires la

dureza de este pueblo, ni su impiedad ni su pecado. 28 No sea que los de la tierra de

donde nos sacaste digan: ‘Porque Jehovah no fue capaz de introducirlos en la tierra

que les había prometido, o porque los aborrecía, los sacó para matarlos en el desierto.’

29 Pero ellos son tu pueblo y tu heredad que sacaste con tu gran poder y con tu brazo

extendido.

Capítulo 10

1 En aquel tiempo Jehovah me dijo: ‘Lábrate dos tablas de piedra como las

primeras y sube hacia mí al monte. Haz también un arca de madera. 2 Yo escribiré

en esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que rompiste, y las

pondrás en el arca.’ 3 Entonces hice un arca de madera de acacia y labré dos

tablas de piedra como las primeras. Después subí al monte con las dos tablas en mi

mano. 4 Y él escribió en las tablas lo mismo que estaba escrito en las primeras: Los

Diez Mandamientos que Jehovah os había hablado en el monte, de en medio del

fuego, el día de la asamblea. Luego Jehovah me las dio. 5 Di vuelta y descendí del

monte, y puse las tablas en el arca que había hecho. Allí están, como Jehovah me

mandó. 6 Después los hijos de Israel partieron de Beerot-bene-jaacán hacia

Mosera. Allí murió Aarón, y allí fue sepultado. En lugar suyo asumió el sacerdocio

su hijo Eleazar. 7 De allí partieron hacia Gudgoda, y de Gudgoda hacia Jotbata, una

tierra de arroyos de agua. 8 En aquel tiempo Jehovah apartó la tribu de Leví para

llevar el arca del pacto de Jehovah, a fin de que estuviese delante de Jehovah para

servirle, y para que bendijese en su nombre hasta el día de hoy. 9 Por esto Leví no

ha tenido parte ni heredad entre sus hermanos: Jehovah es su heredad, como

Jehovah tu Dios se lo ha prometido. 10 Yo estuve en el monte como en los primeros

días, cuarenta días y cuarenta noches. Y Jehovah me escuchó también esta vez, y no

quiso Jehovah destruirte. 11 Y Jehovah me dijo: ‘Levántate, vé para ponerte en

marcha delante del pueblo, a fin de que entren y tomen posesión de la tierra que juré

a sus padres que les había de dar.’

12 Ahora pues, Israel, ¿qué pide Jehovah tu Dios de ti? Sólo que temas a

Jehovah tu Dios, que andes en todos sus caminos, que ames y sirvas a Jehovah tu

Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, 13 y que guardes los mandamientos de

Jehovah y sus estatutos que yo te prescribo hoy, para tu bien. 14 He aquí, de

Jehovah tu Dios son los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todo lo que en ella

hay. 15 Pero Jehovah se agradó sólo de vuestros padres para amarles, y después de

ellos eligió a su descendencia de entre todos los pueblos, es decir, a vosotros, como

en el día de hoy. 16 Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón y no

endurezcáis más vuestra cerviz. 17 Porque Jehovah vuestro Dios es Dios de dioses y

Señor de señores. Es Dios grande, poderoso y temible, que no hace distinción de

personas ni acepta soborno. 18 El hace justicia al huérfano y a la viuda, y también

ama al extranjero y le da pan y vestido. 19 Por tanto, amaréis al extranjero, porque

extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. 20 A Jehovah tu Dios temerás, y

a él servirás. A él serás fiel y por su nombre jurarás. 21 El es tu alabanza; él es tu

Dios que ha hecho por ti estas cosas grandes y temibles que tus ojos han visto.

22 Con setenta personas descendieron tus padres a Egipto, y ahora Jehovah tu Dios

te ha hecho tan numeroso como las estrellas del cielo.

Capítulo 11

1 Amarás, pues, a Jehovah tu Dios y guardarás su ordenanza, sus estatutos, sus

decretos y sus mandamientos, todos los días. 2 Hoy habéis de reconocer vosotros —

no vuestros hijos que no la han conocido ni visto — la disciplina de Jehovah vuestro

Dios: su grandeza, su mano poderosa y su brazo extendido, 3 sus señales y sus obras

que hizo en medio de Egipto al faraón rey de Egipto y a toda su tierra, 4 y lo que hizo al

ejército de Egipto, a sus caballos y a sus carros, cómo hizo que las aguas del mar Rojo

se precipitasen sobre ellos cuando venían tras vosotros, y cómo Jehovah los destruyó

hasta el día de hoy, 5 y lo que ha hecho con vosotros en el desierto hasta que habéis

llegado a este lugar, 6 y lo que hizo con Datán y Abiram, hijos de Eliab hijo de Rubén,

cómo la tierra abrió su boca y los tragó a ellos, a sus familias, sus tiendas y todo lo que

les pertenecía en medio de todo Israel. 7 Ciertamente son vuestros ojos los que han

visto toda la gran obra que Jehovah ha hecho.

8 Por tanto, guardad todos los mandamientos que yo os mando hoy, para que

seáis fuertes y lleguéis a tomar la tierra a la cual cruzáis para tomarla en posesión; 9 a

fin de que prolonguéis vuestros días en la tierra que Jehovah juró a vuestros padres

que les daría a ellos y a sus descendientes: una tierra que fluye leche y miel.

10 Ciertamente la tierra a la cual entras para tomarla en posesión no es como la

tierra de Egipto, de donde has salido, donde sembrabas tu semilla y la regabas con

tu pie como a huerto de hortalizas. 11 La tierra a la cual cruzas para tomarla en

posesión es una tierra de montes y de valles, que bebe el agua de la lluvia del cielo;

12 una tierra de la cual cuida Jehovah tu Dios. Los ojos de Jehovah tu Dios están

siempre sobre ella, desde el principio del año hasta el final de él. 13 Sucederá que si

obedecéis cuidadosamente mis mandamientos que hoy os mando, para amar a

Jehovah vuestro Dios y para servirle con todo vuestro corazón y con toda vuestra

alma, 14 entonces él dará la lluvia a vuestra tierra en su tiempo, tanto la lluvia

temprana como la lluvia tardía. Así podrás recoger tu grano, tu vino y tu aceite. 15 El

dará también hierba en tu campo para tu ganado. Así comerás y te saciarás.

16 Guardaos, pues, no sea que vuestro corazón se engañe y os apartéis y sirváis a

otros dioses, y os inclinéis a ellos. 17 No sea que se encienda el furor de Jehovah

contra vosotros y cierre los cielos y no haya lluvia, ni la tierra dé su fruto, y perezcáis

rápidamente sobre la buena tierra que Jehovah os da.

18 Por tanto, pondréis estas palabras mías en vuestro corazón y en vuestra

alma. Las ataréis a vuestra mano como señal, y estarán como frontales

entre vuestros ojos. 19 Las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas sentado en

tu casa o andando por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. 20 Las

escribirás en los postes de tu casa y en las puertas de tus ciudades, 21 para que

vuestros días y los días de vuestros hijos sobre la tierra que Jehovah juró a vuestros

padres que les había de dar, sean tan numerosos como los días de los cielos sobre la

tierra. 22 Porque si guardáis cuidadosamente todos estos mandamientos que yo os

mando para que los cumpláis, amando a Jehovah vuestro Dios, andando en todos

sus caminos y siendo fieles a él, 23 entonces Jehovah también echará todas estas

naciones de delante de vosotros, y desalojaréis naciones más grandes y más

poderosas que vosotros. 24 Todo lugar que pise la planta de vuestro pie será

vuestro. Vuestro territorio será desde el desierto hasta el Líbano, y desde el río, el

río Eufrates, hasta el mar occidental. 25 Nadie prevalecerá ante vosotros. Jehovah

vuestro Dios pondrá miedo y pavor de vosotros sobre la faz de toda la tierra que

piséis, como él os lo ha prometido.

26 Mira, pues; yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición:

27 la bendición, si obedecéis los mandamientos de Jehovah vuestro Dios que yo os

mando hoy; 28 y la maldición, si no obedecéis los mandamientos de Jehovah vuestro

Dios, sino que os apartáis del camino que yo os mando hoy, para ir en pos de otros

dioses que no habéis conocido. 29 Sucederá que cuando Jehovah tu Dios te

introduzca en la tierra a la cual vas para tomarla en posesión, pondrás la bendición

sobre el monte Gerizim y la maldición sobre el monte Ebal. 30 ¿Acaso no están éstos

al otro lado del Jordán, hacia donde se pone el sol, en la tierra de los cananeos que

habitan en el Arabá, frente a Gilgal, junto a la encina de Moré? 31 Ciertamente

vosotros vais a cruzar el Jordán para ir a tomar posesión de la tierra que os da

Jehovah vuestro Dios, y la tomaréis y habitaréis en ella. 32 Entonces cuidaréis de

poner por obra todas las leyes y decretos que yo pongo hoy delante de vosotros.

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