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É
XODO

Capítulo 1

1 Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto con Jacob,

cada uno con su familia: 2 Rubén, Simeón, Leví, Judá, 3 Isacar, Zabulón, Benjamín,

4 Dan, Neftalí, Gad y Aser. 5 Todas las personas descendientes directos de Jacob

eran setenta. José ya estaba en Egipto. 6 Murieron José y sus hermanos, y toda

aquella generación. 7 Pero los hijos de Israel fueron fecundos y se hicieron muy

numerosos; se multiplicaron y llegaron a ser muy poderosos. Y la tierra estaba llena

de ellos.

8 Después se levantó un nuevo rey en Egipto que no había conocido a José, el

cual dijo a su pueblo: 9 He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y

fuerte que nosotros. 10 Procedamos astutamente con él para que no se multiplique;

no suceda que, en caso de guerra, también se una a nuestros enemigos, luche contra

nosotros y se vaya del país.” 11 Entonces les impusieron jefes de tributo laboral que

los oprimiesen con sus cargas, y edificaron para el faraón las ciudades almacenes de

Pitón y Ramesés. 12 Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y se

propagaban, de manera que los egipcios se alarmaron a causa de los hijos de Israel.

13 Entonces los egipcios los hicieron trabajar con dureza, 14 y amargaron sus vidas

con el pesado trabajo de hacer barro y adobes, aparte de todo trabajo en el campo;

y en todos los tipos de trabajo les trataban con dureza.

15 También el rey de Egipto habló a las parteras de las hebreas, una de las

cuales se llamaba Sifra y la otra Fúa, y les dijo: 16 — Cuando asistáis a las mujeres

hebreas a dar a luz y veáis en la silla de parto que es niño, matadlo; pero si es niña,

dejadla vivir. 17 Pero las parteras temían a Dios y no hicieron como el rey de Egipto

les mandó, sino que dejaban con vida a los niños varones. 18 Entonces el rey de

Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: — ¿Por qué habéis hecho esto de dejar

con vida a los niños varones? 19 Las parteras respondieron al faraón: — Las mujeres

hebreas no son como las egipcias. Ellas son vigorosas y dan a luz antes de que llegue

a ellas la partera. 20 Dios favoreció a las parteras, y el pueblo se multiplicó y se

fortaleció muchísimo. 21 Y sucedió que, porque las parteras tuvieron temor de Dios,

él también les dio a ellas su propia familia. 22 Entonces el faraón mandó a decir a

todo su pueblo: “Echad al Nilo a todo niño que nazca, pero a toda niña conservadle

la vida.”

Capítulo 2

1 Cierto hombre de la tribu de Leví tomó por esposa a una mujer levita. 2 Esta

concibió y dio a luz un niño; y al ver que era hermoso, lo tuvo escondido durante

tres meses. 3 No pudiendo ocultarlo más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la

recubrió con asfalto y brea. Colocó en ella al niño y lo puso entre los juncos a la

orilla del Nilo. 4 Su hermana se mantuvo a distancia para ver lo que le acontecería.

5 Entonces la hija del faraón descendió al Nilo para bañarse. Y mientras sus

doncellas se paseaban por la ribera del Nilo, ella vio la arquilla entre los juncos y

envió a una sierva suya para que la tomase. 6 Cuando la abrió, vio al niño; y he aquí

que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: — Este es un niño de los

hebreos. 7 Entonces la hermana del niño preguntó a la hija del faraón: — ¿Iré a

llamar una nodriza de las hebreas para que te críe al niño? 8 La hija del faraón

respondió: — Vé. Entonces la muchacha fue y llamó a la madre del niño. 9 Y la hija

del faraón le dijo: — Llévate a este niño y críamelo. Yo te lo pagaré. La mujer tomó

al niño y lo crió. 10 Cuando el niño creció, ella se lo llevó a la hija del faraón. El vino

a ser para ella su hijo, y ella le puso por nombre Moisés, diciendo: “Porque de las

aguas lo saqué.”

11 Aconteció cierto día, cuando Moisés había crecido, que fue a sus hermanos y

les vio en sus duras tareas. Entonces vio a un egipcio que golpeaba a uno de los

hebreos, sus hermanos. 12 El miró a uno y otro lado, y viendo que no había nadie,

mató al egipcio y lo escondió en la arena. 13 Al día siguiente salió otra vez, y he aquí

que dos hebreos se estaban peleando. Entonces dijo al culpable: — ¿Por qué

golpeas a tu prójimo? 14 Y él le respondió: — ¿Quién te ha puesto a ti por jefe y

juez sobre nosotros? ¿Acaso piensas matarme como mataste al egipcio? Entonces

Moisés tuvo miedo y pensó: “Ciertamente el asunto ya es conocido.” 15 Cuando el

faraón se enteró de este hecho, procuró matar a Moisés. Pero Moisés huyó de la

presencia del faraón y se fue a la tierra de Madián, y se sentó junto a un pozo.

16 El sacerdote de Madián tenía siete hijas, quienes fueron a sacar agua para

llenar los abrevaderos y dar de beber a las ovejas de su padre. 17 Pero vinieron unos

pastores y las echaron. Entonces Moisés se levantó y las defendió, y dio de beber a

sus ovejas. 18 Cuando ellas volvieron a Reuel su padre, él les preguntó: — ¿Por qué

habéis vuelto tan pronto hoy? 19 Ellas le respondieron: — Un hombre egipcio nos

libró de mano de los pastores, y también nos sacó agua y dio de beber a las ovejas.

20 El preguntó a sus hijas: — ¿Y dónde está? ¿Por qué habéis abandonado a este

hombre? Llamadlo para que coma algo. 21 Moisés aceptó vivir con aquel hombre, y

él dio su hija Séfora a Moisés. 22 Ella dio a luz un hijo; y él le puso por nombre

Gersón, porque dijo: “Fui forastero en tierra extranjera.”

23 Aconteció después de muchos años que el rey de Egipto murió. Los hijos de

Israel gemían a causa de la esclavitud y clamaron a Dios, y el clamor de ellos a

causa de su esclavitud subió a Dios. 24 Dios oyó el gemido de ellos y se acordó de

su pacto con Abraham, con Isaac y con Jacob. 25 Dios miró a los hijos de Israel y

reconoció su condición.

Capítulo 3

1 Apacentando Moisés las ovejas de su suegro Jetro, sacerdote de Madián, guió

las ovejas más allá del desierto y llegó a Horeb, el monte de Dios. 2 Entonces se le

apareció el ángel de Jehovah en una llama de fuego en medio de una zarza. El

observó y vio que la zarza ardía en el fuego, pero la zarza no se consumía.

3 Entonces Moisés pensó: “Iré, pues, y contemplaré esta gran visión; por qué la

zarza no se consume.” 4 Cuando Jehovah vio que él se acercaba para mirar, lo llamó

desde en medio de la zarza diciéndole: — ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: —

Heme aquí. 5 Dios le dijo: — No te acerques aquí. Quita las sandalias de tus pies,

porque el lugar donde tú estás tierra santa es. 6 Yo soy el Dios de tus padres: el Dios

de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su cara,

porque tuvo miedo de mirar a Dios.

7 Y le dijo Jehovah: — Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en

Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues he conocido sus

sufrimientos. 8 Yo he descendido para librarlos de la mano de los egipcios y para

sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y amplia, una tierra que fluye leche y

miel, al lugar de los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. 9 Y

ahora, he aquí que el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí; también he

visto la opresión con que los oprimen los egipcios. 10 Pero ahora, vé, pues yo te

envío al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel.

11 Entonces Moisés dijo a Dios: — ¿Quién soy yo para ir al faraón y sacar de

Egipto a los hijos de Israel? 12 El respondió: — Ciertamente yo estaré contigo. Esto

te servirá como señal de que yo te he enviado: Cuando hayas sacado de Egipto al

pueblo, serviréis a Dios en este monte. 13 Moisés dijo a Dios: — Supongamos que

yo voy a los hijos de Israel y les digo: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a

vosotros.” Si ellos me preguntan: “¿Cuál es su nombre?”, ¿qué les responderé?

14 Dios dijo a Moisés: — YO SOY EL QUE SOY. — Y añadió — : Así dirás a los

hijos de Israel: “YO SOY me ha enviado a vosotros.” 15 — Dios dijo además a

Moisés — : Así dirás a los hijos de Israel: “JEHOVAH, el Dios de vuestros padres,

el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a

vosotros.” Este es mi nombre para siempre; éste será el nombre con que seré

recordado de generación en generación.

16 Vé, reúne a los ancianos de Israel y diles: “Jehovah, el Dios de vuestros

padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo: ‘De

cierto yo os he visitado y he visto lo que se os ha hecho en Egipto. 17 Y he dicho que

yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra de los cananeos, heteos, amorreos,

ferezeos, heveos y jebuseos; a una tierra que fluye leche y miel.’” 18 Ellos escucharán

tu voz, y tú irás con los ancianos de Israel al rey de Egipto, y le diréis: “Jehovah, el

Dios de los hebreos, ha venido a nuestro encuentro. Ahora permite que vayamos al

desierto, a tres días de camino, para ofrecer sacrificios a Jehovah nuestro Dios.”

19 Yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sin que una poderosa mano lo obligue.

20 Pero yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en

él, y después de esto os dejará ir. 21 También daré a este pueblo gracia ante los ojos

de los egipcios, de modo que cuando salgáis no os vayáis con las manos vacías.

22 Cada mujer pedirá a su vecina y a la que habita en su casa, objetos de plata,

objetos de oro y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos e hijas. Así

despojaréis a los egipcios.

Capítulo 4

1 Entonces respondió Moisés y dijo: — ¿Y si ellos no me creen ni escuchan mi

voz, sino que dicen: “No se te ha aparecido Jehovah”? 2 Jehovah le preguntó: —

¿Qué es eso que tienes en tu mano? El respondió: — Una vara. 3 Y él le dijo: —

Tírala al suelo. El la tiró al suelo, y se convirtió en una serpiente. Y Moisés huía de

ella. 4 Entonces Jehovah dijo a Moisés: — Extiende tu mano y agárrala por la cola.

El extendió su mano y la agarró, y volvió a ser vara en su mano. 5 — Esto es para

que crean que se te ha aparecido Jehovah, el Dios de sus padres, el Dios de

Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. 6 — Jehovah también le dijo — :

Mete tu mano en tu seno. El metió su mano en su seno, y al sacarla, he aquí que su

mano estaba leprosa, blanca como la nieve. 7 Entonces le dijo: — Vuelve a meter tu

mano en tu seno. El volvió a meter su mano en su seno; y al volver a sacarla de su

seno, he aquí que volvió a ser como el resto de su carne. 8 — Y sucederá que si no

te creen ni te escuchan a la primera señal, te creerán a la segunda señal. 9 Y

sucederá que si no te creen a estas dos señales ni escuchan tu voz, tomarás agua del

Nilo y la derramarás en tierra seca. El agua que tomarás del Nilo se convertirá en

sangre sobre la tierra seca.

10 Entonces Moisés dijo a Jehovah: — Oh Señor, yo jamás he sido hombre de

palabras, ni antes ni desde que tú hablas con tu siervo. Porque yo soy tardo de boca

y de lengua. 11 Jehovah le respondió: — ¿Quién ha dado la boca al hombre? ¿Quién

hace al mudo y al sordo, al que ve con claridad y al que no puede ver? ¿No soy yo,

Jehovah? 12 Ahora pues, vé; y yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que has de

decir. 13 Y él dijo: — ¡Oh Señor; por favor, envía a otra persona! 14 Entonces el

furor de Jehovah se encendió contra Moisés, y le dijo: — ¿No conozco yo a tu

hermano Aarón el levita? Yo sé que él habla bien. He aquí que él viene a tu

encuentro; y al verte, se alegrará en su corazón. 15 Tú le hablarás y pondrás en su

boca las palabras. Yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que habéis

de hacer. 16 El hablará por ti al pueblo y será para ti como boca, y tú serás para él

como Dios. 17 Lleva en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.

18 Entonces Moisés se fue y volvió a donde estaba su suegro Jetro y le dijo: —

Permite que yo vaya y vuelva a mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún

están vivos. Y Jetro dijo a Moisés: — Vé en paz. 19 Jehovah dijo también a Moisés

en Madián: — Vé, vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban

matarte. 20 Entonces Moisés tomó a su mujer y a sus hijos, los puso sobre un asno y

regresó a la tierra de Egipto. Moisés tomó también en su mano la vara de Dios. 21 Y

Jehovah dijo a Moisés: — Cuando estés de regreso en Egipto, haz en presencia del

faraón todas las señales que he puesto en tu mano. Sin embargo, yo endureceré su

corazón, y él no dejará ir al pueblo. 22 Entonces dirás al faraón: “Así ha dicho

Jehovah: ‘Israel es mi hijo, mi primogénito. 23 Yo te digo que dejes ir a mi hijo para

que me sirva. Si rehúsas dejarlo ir, he aquí que yo mataré a tu hijo, a tu

primogénito.’”

24 Aconteció en el camino, en una posada, que Jehovah le salió al encuentro y

procuró matarlo. 25 Entonces Séfora tomó un pedernal afilado, cortó el prepucio de

su hijo y tocó con él los pies de Moisés, diciendo: — ¡De veras, tú eres para mí un

esposo de sangre! 26 Entonces le dejó. Ella había dicho “esposo de sangre” a causa

de la circuncisión. 27 Entonces Jehovah dijo a Aarón: — Vé al desierto, al encuentro

de Moisés. El fue y lo encontró en el monte de Dios, y lo besó. 28 Entonces Moisés

refirió a Aarón todas las palabras que Jehovah le enviaba a decir y todas las señales

que le mandaba hacer. 29 Moisés y Aarón fueron, y reunieron a todos los ancianos

de los hijos de Israel. 30 Aarón relató todas las cosas que Jehovah había dicho a

Moisés, y éste hizo las señales ante los ojos del pueblo. 31 El pueblo creyó; y al oír

que Jehovah había visitado a los hijos de Israel y que había visto su aflicción, se

inclinaron y adoraron.

Capítulo 5

1 Después Moisés y Aarón fueron al faraón y le dijeron: — Jehovah, el Dios de

Israel, dice así: “Deja ir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto.”

2 Pero el faraón respondió: — ¿Quién es Jehovah para que yo escuche su voz y deje

ir a Israel? Yo no conozco a Jehovah, ni tampoco dejaré ir a Israel.

3 Ellos le dijeron: — El Dios de los hebreos ha venido a nuestro encuentro.

Permite que vayamos al desierto, a tres días de camino, para ofrecer sacrificios a

Jehovah nuestro Dios, no sea que nos castigue con peste o con espada. 4 Entonces

el rey de Egipto les dijo: — ¡Moisés y Aarón! ¿Por qué distraéis al pueblo de sus

labores? ¡Volved a vuestras tareas! 5 — Dijo también el faraón — : Ciertamente el

pueblo de la tierra es ahora numeroso; no obstante, vosotros les habéis hecho

suspender sus labores. 6 Aquel mismo día el faraón mandó decir a los capataces del

pueblo y a sus vigilantes: 7 — Ya no daréis paja al pueblo para hacer los adobes,

como hacíais antes. ¡Que vayan ellos y recojan por sí mismos la paja! 8 Sin

embargo, les impondréis la misma cantidad de adobes que hacían antes. No les

disminuiréis nada, porque están ociosos. Por eso gritan diciendo: “Vayamos y

ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios.” 9 Hágase más pesado el trabajo de los

hombres, para que se ocupen en él y no presten atención a palabras mentirosas.

10 Los capataces del pueblo y sus vigilantes salieron y hablaron al pueblo

diciendo: — Así ha dicho el faraón: “Yo no os daré paja. 11 Id y recoged por

vosotros mismos la paja donde la halléis, pero en nada se disminuirá vuestra tarea.”

12 Entonces el pueblo se dispersó por toda la tierra de Egipto para recoger rastrojo

en lugar de paja. 13 Y los capataces los apremiaban diciendo: — Terminad vuestra

tarea, lo de cada día en su día, como cuando se os daba paja. 14 Y azotaron a los

vigilantes de los hijos de Israel que habían sido puestos por los capataces del faraón,

y les dijeron: — ¿Por qué no habéis completado vuestra cantidad de adobes ni ayer

ni hoy, como antes?

15 Los vigilantes de los hijos de Israel fueron al faraón y se quejaron ante él

diciendo: — ¿Por qué procedes así con tus siervos? 16 No se da paja a tus siervos,

y con todo nos dicen: “¡Haced adobes!” He aquí, tus siervos son azotados, cuando

la culpa es de tu propio pueblo. 17 El respondió: — ¡Estáis ociosos! ¡Sí, ociosos!

Por eso decís: “Vayamos y ofrezcamos sacrificios a Jehovah.” 18 Id, pues, ahora y

trabajad. No se os dará paja, pero habréis de entregar la misma cantidad de

adobes. 19 Entonces los vigilantes de los hijos de Israel se vieron en aflicción, cuando

les dijeron: “No se disminuirá en nada vuestra cantidad diaria de adobes.” 20 Cuando

ellos salían del palacio del faraón, se encontraron con Moisés y Aarón, que estaban

esperándolos, 21 y les dijeron: — Jehovah os mire y os juzgue, pues nos habéis

hecho odiosos ante los ojos del faraón y los de sus servidores, poniendo en sus

manos la espada para que nos maten. 22 Entonces Moisés se volvió a Jehovah y le

dijo: — Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? 23 Porque

desde que fui al faraón para hablarle en tu nombre, él ha maltratado a este pueblo, y

tú no has librado a tu pueblo.

Capítulo 6

1 Jehovah respondió a Moisés: — Ahora verás lo que yo haré al faraón, porque

sólo a causa de una poderosa mano los dejará ir. A causa de una poderosa mano

los ha de echar de su tierra. 2 — Además, Dios dijo a Moisés — : Yo soy Jehovah.

3 Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso; pero con

mi nombre Jehovah no me di a conocer a ellos. 4 Yo también establecí mi pacto con

ellos, prometiendo darles la tierra de Canaán, la tierra en la cual peregrinaron y

habitaron como forasteros. 5 Asimismo, yo he escuchado el gemido de los hijos de

Israel, a quienes los egipcios esclavizan, y me he acordado de mi pacto. 6 Por tanto,

di a los hijos de Israel: “Yo soy Jehovah. Yo os libraré de las cargas de Egipto y os

libertaré de su esclavitud. Os redimiré con brazo extendido y con grandes actos

justicieros. 7 Os tomaré como pueblo mío, y yo seré vuestro Dios. Vosotros sabréis

que yo soy Jehovah vuestro Dios, que os libra de las cargas de Egipto. 8 Yo os

llevaré a la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y

a Jacob. Yo os la daré en posesión. Yo Jehovah.” 9 De esta manera habló Moisés a

los hijos de Israel, pero ellos no escucharon a Moisés, a causa del decaimiento de

ánimo y de la dura esclavitud.

10 Entonces Jehovah habló a Moisés diciendo: 11 — Vé al faraón rey de Egipto y

dile que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. 12 Y Moisés respondió a Jehovah

diciendo: — Si los hijos de Israel no me escuchan, ¿cómo, pues, me escuchará el

faraón, siendo yo falto de elocuencia? 13 Entonces Jehovah habló a Moisés y a

Aarón, y les dio mandamiento para los hijos de Israel y para el faraón rey de Egipto,

a fin de sacar a los hijos de Israel de la tierra de Egipto.

14 Estos son los jefes de sus casas paternas: Los hijos de Rubén, primogénito de

Israel, fueron: Hanoc, Falú, Hesrón y Carmi. Estos son los clanes de Rubén. 15 Los

hijos de Simeón fueron: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín, Zojar y Saúl, hijo de la

cananea. Estos son los clanes de Simeón. 16 Estos son los nombres de los hijos de

Leví, según sus generaciones: Gersón, Cohat y Merari. Los años de la vida de Leví

fueron 137. 17 Los hijos de Gersón fueron Libni y Simei, según sus clanes. 18 Los

hijos de Cohat fueron: Amram, Izjar, Hebrón y Uziel. Los años de la vida de Cohat

fueron 133. 19 Los hijos de Merari fueron Majli y Musi. Estos son los clanes de

Leví, según sus generaciones. 20 Amram tomó por mujer a Jocabed su tía, quien le

dio a luz a Aarón y a Moisés. Los años de la vida de Amram fueron 137. 21 Los

hijos de Izjar fueron: Coré, Néfeg y Zicri. 22 Los hijos de Uziel fueron: Misael,

Elzafán y Sitri. 23 Aarón tomó por mujer a Elisabet hija de Aminadab, hermana de

Najsón, quien le dio a luz a Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar. 24 Los hijos de Coré

fueron: Asir, Elcana y Abiasaf. Estos son los clanes de los coreítas. 25 Eleazar hijo de

Aarón tomó por mujer a una de las hijas de Putiel, la cual le dio a luz a Fineas. Estos

son los jefes de las casas paternas de los levitas, según sus clanes. 26 Estos son aquel

Aarón y aquel Moisés, a quienes Jehovah dijo: “Sacad a los hijos de Israel de la

tierra de Egipto, según sus ejércitos.” 27 Ellos son los que hablaron al faraón rey de

Egipto para sacar de Egipto a los hijos de Israel. Estos fueron Moisés y Aarón.

28 Sucedió esto el día en que Jehovah habló a Moisés en la tierra de Egipto.

29 Jehovah habló a Moisés diciendo: — Yo soy Jehovah. Di al faraón, rey de

Egipto, todas las cosas que yo te diga a ti. 30 Moisés respondió a Jehovah: — He

aquí que yo soy un hombre falto de elocuencia; ¿cómo, pues, me escuchará el

faraón?

Capítulo 7

1 Entonces Jehovah dijo a Moisés: — Mira, yo te he puesto como dios para el

faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. 2 Tú dirás todas las cosas que yo te

mande, y Aarón tu hermano hablará al faraón para que deje ir de su tierra a los hijos

de Israel. 3 Yo endureceré el corazón del faraón y multiplicaré mis señales y mis

prodigios en la tierra de Egipto. 4 El faraón no os escuchará. Pero yo pondré mi

mano sobre Egipto y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la

tierra de Egipto con grandes actos justicieros. 5 Así sabrán los egipcios que yo soy

Jehovah, cuando extienda mi mano sobre Egipto y saque a los hijos de Israel de en

medio de ellos. 6 Moisés y Aarón hicieron como Jehovah les mandó; así lo hicieron.

7 Moisés tenía 80 años y Aarón 83 años, cuando hablaron al faraón.

8 Jehovah habló a Moisés y a Aarón diciendo: 9 — Cuando el faraón os

responda y diga: “Mostrad señales”, tú dirás a Aarón: “Toma tu vara y arrójala

delante del faraón, y ella se transformará en una serpiente.” 10 Fueron, pues, Moisés

y Aarón al faraón, e hicieron como Jehovah les había mandado: Aarón echó su vara

delante del faraón y de sus servidores, y se convirtió en una serpiente. 11 El faraón

también llamó a los sabios y a los hechiceros, y también ellos, los magos de Egipto,

hicieron lo mismo con sus encantamientos. 12 Cada uno echó su vara, las cuales se

convirtieron en serpientes; pero la vara de Aarón se tragó las varas de ellos. 13 Y el

corazón del faraón se endureció, y no los escuchó, tal como Jehovah había dicho.

14 Entonces Jehovah dijo a Moisés: — El corazón del faraón se ha endurecido, y

rehúsa dejar ir al pueblo. 15 Vé por la mañana al faraón, cuando él salga al río. Ponte

frente a él a la orilla del Nilo. Toma en tu mano la vara que se transformó en

serpiente, 16 y dile: “Jehovah, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti para decirte:

‘Deja ir a mi pueblo para que me sirva en el desierto.’ Pero he aquí que hasta ahora

no has querido escuchar. 17 Así ha dicho Jehovah: ‘En esto conocerás que yo soy

Jehovah’; he aquí, con la vara que tengo en mi mano golpearé las aguas del Nilo, y

éstas se convertirán en sangre. 18 Los peces que hay en el Nilo morirán. El Nilo

apestará, y los egipcios tendrán asco de beber agua del Nilo.” 19 Jehovah dijo

también a Moisés: — Di a Aarón: “Toma tu vara y extiende tu mano sobre las aguas

de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus canales, sobre sus estanques y sobre todos sus

depósitos de agua; y ellas se convertirán en sangre.” Habrá sangre en toda la tierra

de Egipto, hasta en los baldes de madera y en las vasijas de piedra.

20 Moisés y Aarón hicieron como les mandó Jehovah. Alzó la vara y golpeó las

aguas del Nilo en presencia del faraón y de sus servidores, y todas las aguas del

Nilo se convirtieron en sangre. 21 Los peces que había en el Nilo murieron. Y el Nilo

apestaba, de modo que los egipcios no podían beber de él. Hubo sangre en toda la

tierra de Egipto. 22 Pero los magos de Egipto hicieron lo mismo con sus

encantamientos. Y el corazón del faraón se endureció, y no los escuchó, tal como

Jehovah lo había dicho. 23 Después se volvió el faraón y entró en su casa, y no quiso

prestar más atención al asunto. 24 Y todos los egipcios hicieron pozos alrededor del

Nilo para beber, porque no podían beber las aguas del Nilo. 25 Pasaron siete días

después que Jehovah golpeó el Nilo.

Capítulo 8

1 Entonces Jehovah dijo a Moisés: — Vé al faraón y dile que Jehovah ha dicho

así: “Deja ir a mi pueblo para que me sirva. 2 Y si rehúsas dejarlo ir, he aquí yo

castigaré todo tu territorio con una plaga de ranas. 3 El Nilo se llenará de ranas, las

cuales subirán y entrarán en tu casa y en tu dormitorio, y sobre tu cama. Entrarán en

las casas de tus servidores y de tu pueblo. Entrarán en tus hornos y en tus artesas de

amasar. 4 Las ranas subirán sobre ti, sobre tu pueblo y sobre todos tus servidores.” 5

— Jehovah dijo también a Moisés — : Di a Aarón: “Extiende tu mano con tu vara

sobre los ríos, sobre los canales y sobre los estanques; y haz subir ranas sobre la

tierra de Egipto.” 6 Entonces Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y

subieron ranas que cubrieron la tierra de Egipto. 7 Pero los magos hicieron lo mismo

con sus encantamientos, e hicieron subir ranas sobre la tierra de Egipto. 8 Entonces

el faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo: — Rogad a Jehovah para que quite

las ranas de mí y de mi pueblo, y dejaré ir al pueblo para que ofrezca sacrificios a

Jehovah. 9 Y Moisés dijo al faraón: — Dígnate indicarme cuándo he de rogar por ti,

por tus servidores y por tu pueblo, para que las ranas sean quitadas de ti y de tus

casas, y solamente queden en el Nilo. 10 Y él dijo: — Mañana. Y Moisés respondió:

— Se hará conforme a tu palabra, para que conozcas que no hay otro como

Jehovah nuestro Dios. 11 Las ranas se irán de ti, de tus casas, de tus servidores y de

tu pueblo, y solamente quedarán en el Nilo. 12 Entonces salieron Moisés y Aarón de

la presencia del faraón. Y Moisés clamó a Jehovah por el asunto de las ranas que

había mandado sobre el faraón. 13 Jehovah hizo conforme a la palabra de Moisés.

Murieron las ranas de las casas, de los patios y de los campos. 14 Las juntaron en

muchos montones, y la tierra apestaba. 15 Pero viendo el faraón que le habían dado

alivio, endureció su corazón y no los escuchó, tal como Jehovah lo había dicho.

16 Entonces Jehovah dijo a Moisés: — Di a Aarón: “Extiende tu vara y golpea el

polvo de la tierra para que se convierta en piojos en toda la tierra de Egipto.”

17 Ellos lo hicieron así. Aarón extendió su mano con su vara y golpeó el polvo de la

tierra, el cual se convirtió en piojos, tanto sobre los hombres como sobre los

animales. Todo el polvo de la tierra se convirtió en piojos, en toda la tierra de

Egipto. 18 Los magos también intentaron hacer piojos con sus encantamientos, pero

no pudieron. Había piojos tanto en los hombres como en los animales. 19 Entonces

los magos dijeron al faraón: — ¡Esto es el dedo de Dios! Pero el corazón del faraón

se endureció, y no los escuchó, tal como Jehovah lo había dicho.

20 Jehovah dijo a Moisés: — Levántate muy de mañana, preséntate ante el

faraón cuando él salga al río y dile que Jehovah ha dicho así: “Deja ir a mi pueblo

para que me sirva. 21 Porque si no dejas ir a mi pueblo, he aquí yo enviaré una nube

de moscas sobre ti y sobre tus servidores, sobre tu pueblo y dentro de tus casas. Y

las casas de los egipcios se llenarán de moscas, y asimismo la tierra donde ellos

estén. 22 Pero el mismo día yo excluiré la tierra de Gosén, donde habita mi pueblo,

para que no vaya allí la nube de moscas, a fin de que sepas que yo, Jehovah, estoy

en medio de la tierra. 23 Yo haré distinción entre mi pueblo y el tuyo. Mañana tendrá

lugar esta señal.” 24 Jehovah lo hizo así: Vino una densa nube de moscas sobre la

casa del faraón, sobre las casas de sus servidores, y sobre toda la tierra de Egipto.

La tierra quedó devastada a causa de ellas. 25 Entonces el faraón llamó a Moisés y a

Aarón, y les dijo: — Id, ofreced sacrificios a vuestro Dios, dentro del país.

26 Moisés respondió: — No conviene que lo hagamos así, porque ofreceríamos

como sacrificio a Jehovah lo que es una abominación a los egipcios. Si

sacrificáramos en presencia de los egipcios lo que para ellos es una abominación,

¿no nos apedrearían? 27 Iremos a tres días de camino por el desierto y ofreceremos

sacrificios a Jehovah, según él nos diga. 28 El faraón dijo: — Yo os dejaré ir para

que ofrezcáis sacrificios a Jehovah vuestro Dios en el desierto, con tal que no os

vayáis demasiado lejos. Rogad por mí. 29 Respondió Moisés: — He aquí, al salir yo

de tu presencia, rogaré a Jehovah, y él hará que mañana la nube de moscas se

aparte del faraón, de sus servidores y de su pueblo, con tal que el faraón no se

vuelva a burlar, no dejando ir al pueblo para ofrecer sacrificios a Jehovah.

30 Entonces Moisés salió de la presencia del faraón y oró a Jehovah. 31 Y Jehovah

hizo conforme a la palabra de Moisés y apartó del faraón, de sus servidores y de su

pueblo la nube de moscas, sin que quedara una sola. 32 Pero el faraón endureció

también esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.

Capítulo 9

1 Entonces Jehovah dijo a Moisés: — Vé al faraón y dile que Jehovah, el Dios

de los hebreos, ha dicho así: “Deja ir a mi pueblo para que me sirva. 2 Porque si

rehúsas dejarlos ir y los sigues deteniendo, 3 he aquí la mano de Jehovah traerá una

terrible peste sobre tu ganado que está en el campo: caballos, asnos, camellos,

vacas y ovejas. 4 Pero Jehovah hará distinción entre el ganado de Israel y el de

Egipto, de modo que no muera nada de todo lo que pertenece a los hijos de Israel.”

5 — Jehovah fijó un plazo diciendo — : Mañana Jehovah hará esto en el país. 6 Al

día siguiente Jehovah hizo esto, y murió todo el ganado de Egipto. Pero del ganado

de los hijos de Israel no murió ni un solo animal. 7 El faraón envió observadores, y he

aquí que del ganado de los hijos de Israel no había muerto ni un solo animal. Pero el

corazón del faraón se endureció, y no dejó ir al pueblo.

8 Jehovah dijo a Moisés y a Aarón: — Tomad puñados de hollín de un horno, y

que Moisés lo esparza hacia el cielo, en presencia del faraón. 9 Este se convertirá en

polvo sobre toda la tierra de Egipto, y ocasionará sarpullido que producirá úlceras,

tanto en los hombres como en los animales, en toda la tierra de Egipto. 10 Tomaron,

pues, el hollín del horno y se pusieron de pie delante del faraón. Moisés lo esparció

hacia el cielo, y éste se convirtió en sarpullido que producía úlceras, tanto en los

hombres como en los animales. 11 Y los magos no podían estar en presencia de

Moisés por causa de las úlceras, porque los magos tenían úlceras, como todos los

egipcios. 12 Pero Jehovah endureció el corazón del faraón. Y éste no los escuchó, tal

como Jehovah lo había dicho a Moisés.

13 Entonces Jehovah dijo a Moisés: — Levántate muy de mañana, preséntate

delante del faraón y dile que Jehovah, el Dios de los hebreos, dice así: “Deja ir a mi

pueblo para que me sirva. 14 Porque yo enviaré esta vez todas mis plagas sobre ti,

sobre tus servidores y sobre tu pueblo, para que entiendas que no hay otro como yo

en toda la tierra. 15 Porque hasta ahora yo podría haber extendido mi mano para

herirte a ti y a tu pueblo con una plaga tal que ya habrías sido eliminado de la tierra.

16 Pero por esto mismo te he dejado con vida, para mostrarte mi poder y para dar a

conocer mi nombre en toda la tierra. 17 ¿Todavía te insolentas contra mi pueblo para

no dejarlos ir? 18 He aquí, mañana a estas horas yo haré caer granizo tan pesado,

como nunca lo hubo en Egipto desde el día en que fue fundado, hasta ahora.

19 Ordena, pues, que recojan tu ganado y todo lo que tienes en el campo, en un

lugar seguro; porque el granizo caerá sobre todo hombre o animal que se halle en el

campo y que no haya sido recogido en casa, y morirá.” 20 De los servidores del

faraón, el que temió la palabra de Jehovah hizo que sus criados y su ganado huyeran

a casa. 21 Pero los que no tomaron en serio la palabra de Jehovah dejaron a sus

criados y sus ganados en el campo.

22 Jehovah dijo a Moisés: — Extiende tu mano hacia el cielo para que caiga

granizo sobre toda la tierra de Egipto, sobre los hombres, sobre los animales y sobre

toda la hierba del campo en la tierra de Egipto. 23 Moisés extendió su vara hacia el

cielo, y Jehovah envió truenos y granizo. El fuego se descargó sobre la tierra, y

Jehovah hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto. 24 Hubo, pues, granizo y fuego

centelleante mezclado con el granizo, y era tan pesado que nunca lo hubo como

aquél en toda la tierra de Egipto desde que comenzó a ser nación. 25 El granizo

destruyó en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, tanto los

hombres como los animales. El granizo también arruinó toda la hierba del campo y

destrozó todos los árboles del campo. 26 Sólo en la tierra de Gosén, donde

habitaban los hijos de Israel, no cayó granizo. 27 Entonces el faraón mandó llamar a

Moisés y a Aarón y les dijo: — He pecado esta vez. Jehovah es el justo; yo y mi

pueblo somos los culpables. 28 Rogad a Jehovah para que cesen los truenos de Dios

y el granizo, y yo os dejaré ir, y vosotros no os detendréis más. 29 Moisés le

respondió: — Al salir yo de la ciudad, extenderé mis manos a Jehovah, y los truenos

cesarán, y no habrá más granizo, para que sepas que la tierra es de Jehovah. 30 Pero

yo sé que ni tú ni tus servidores teméis todavía la presencia de Jehovah Dios. 31 El

lino y la cebada fueron destruidos, porque la cebada estaba en espiga y el lino en

flor. 32 Pero el trigo y el centeno no fueron destruidos, pues eran tardíos. 33 Después

de haber salido de la presencia del faraón y de la ciudad, Moisés extendió sus

manos a Jehovah, y cesaron los truenos y el granizo; y no cayó más lluvia sobre la

tierra. 34 Entonces, al ver que habían cesado la lluvia, el granizo y los truenos, el

faraón volvió a pecar. Tanto él como sus servidores endurecieron su corazón. 35 El

corazón del faraón se endureció, y no dejó ir a los hijos de Israel, tal como Jehovah

lo había dicho por medio de Moisés.

Capítulo 10

1 Jehovah dijo a Moisés: — Vé al faraón, porque yo he endurecido su corazón y

el corazón de sus servidores para manifestar entre ellos estas señales mías, 2 y para

que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, las señales que

yo hice en medio de ellos, para que sepáis que yo soy Jehovah. 3 Entonces Moisés y

Aarón fueron al faraón y le dijeron: — Jehovah, el Dios de los hebreos, ha dicho así:

“¿Hasta cuándo rehusarás humillarte ante mí? Deja ir a mi pueblo para que me sirva.

4 Si rehúsas dejarlo ir, he aquí mañana yo traeré la langosta a tu territorio; 5 y cubrirá

la superficie de la tierra, de modo que ésta no pueda verse. Devorará el resto de lo

que ha escapado, lo que os ha quedado del granizo. Devorará también todos los

árboles que crecen en el campo. 6 Y llenará tus casas, las casas de tus servidores y

las casas de todos los egipcios, como nunca vieron tus padres ni tus abuelos desde

que existieron sobre la tierra, hasta el día de hoy.” Moisés dio media vuelta y salió

de la presencia del faraón. 7 Entonces los servidores del faraón le dijeron: — ¿Hasta

cuándo ha de sernos éste una trampa? Deja ir a esos hombres para que sirvan a

Jehovah su Dios. ¿Todavía no te das cuenta de que Egipto está destruido? 8 Moisés

y Aarón volvieron a ser traídos ante el faraón, quien les dijo: — Id y servid a

Jehovah vuestro Dios. ¿Quiénes son los que han de ir? 9 Moisés respondió: —

Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros ancianos, con nuestros hijos y con

nuestras hijas; hemos de ir con nuestras ovejas y con nuestras vacas, porque

tendremos una fiesta de Jehovah. 10 Y él les dijo: — ¡Sea Jehovah con vosotros, si

yo os dejo ir a vosotros y a vuestros niños! ¡Ved cómo vuestras malas intenciones

están a la vista! 11 ¡No será así! Id vosotros los varones y servid a Jehovah, pues

esto es lo que vosotros habéis pedido. Y los echaron de la presencia del faraón.

12 Entonces Jehovah dijo a Moisés: — Extiende tu mano sobre la tierra de

Egipto, para que la langosta suba sobre la tierra de Egipto. Ella devorará toda la

hierba de la tierra y todo lo que ha dejado el granizo. 13 Moisés extendió su vara

sobre la tierra de Egipto, y Jehovah trajo un viento del oriente sobre el país, todo

aquel día y toda aquella noche. Al amanecer, el viento del oriente trajo la langosta.

14 Esta subió sobre toda la tierra de Egipto y se posó muy densamente en todos los

rincones del país. Nunca antes hubo tal plaga de langosta, ni la habrá después.

15 Cubrieron la superficie de toda la tierra, de modo que la tierra se oscureció.

Devoraron toda la hierba de la tierra y todo el fruto de los árboles que había dejado

el granizo. En toda la tierra de Egipto no quedó nada verde, ni en los árboles, ni en

la hierba del campo. 16 Entonces el faraón hizo llamar apresuradamente a Moisés y a

Aarón, y les dijo: — He pecado contra Jehovah vuestro Dios y contra vosotros.

17 Pero perdonad, por favor, mi pecado sólo una vez más y rogad a Jehovah vuestro

Dios para que él aparte de mí solamente esta mortandad. 18 Moisés salió de la

presencia del faraón y oró a Jehovah. 19 Jehovah hizo soplar un fortísimo viento del

occidente que llevó la langosta y la arrojó al mar Rojo. Ni una sola langosta quedó

en todo el territorio de Egipto. 20 Pero Jehovah endureció el corazón del faraón, y

éste no dejó ir a los hijos de Israel.

21 Jehovah dijo a Moisés: — Extiende tu mano hacia el cielo para que haya

tinieblas sobre la tierra de Egipto, tinieblas que hasta puedan ser palpadas. 22 Moisés

extendió su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas por toda la tierra de Egipto,

durante tres días. 23 No se podían ver unos a otros, ni nadie se movió de su lugar

durante tres días. Pero todos los hijos de Israel tenían luz en sus moradas. 24 Luego

el faraón hizo llamar a Moisés y le dijo: — Id y servid a Jehovah. Vayan también

vuestros niños con vosotros. Solamente que sean dejadas vuestras ovejas y vuestras

vacas. 25 Moisés respondió: — Entonces tú nos tendrás que dar animales para

sacrificar y ofrecer en holocausto a Jehovah nuestro Dios. 26 ¡También nuestro

ganado irá con nosotros! No quedará ni una pezuña de ellos, porque de ellos hemos

de tomar para servir a Jehovah nuestro Dios. No sabemos con qué hemos de servir

a Jehovah, hasta que lleguemos allá. 27 Pero Jehovah endureció el corazón del

faraón, y no quiso dejarlos ir. 28 Y el faraón dijo a Moisés: — ¡Retírate de mi

presencia! ¡Guárdate de volver a ver mi cara; porque el día en que veas mi cara,

morirás! 29 Y Moisés respondió: — Bien has dicho. ¡Jamás volveré a ver tu cara!

Capítulo 11

1 Jehovah dijo a Moisés: — Traeré una sola plaga más sobre el faraón y sobre

Egipto. Después de esto, él os dejará ir de aquí. Cuando os deje ir, él os echará de

aquí por completo. 2 Habla, pues, al pueblo para que cada hombre pida a su vecino,

y cada mujer a su vecina, objetos de plata y de oro. 3 Jehovah dio gracia al pueblo

ante los ojos de los egipcios. El mismo Moisés era considerado como un gran

hombre en la tierra de Egipto, tanto a los ojos de los servidores del faraón, como a

los ojos del pueblo.

4 Entonces dijo Moisés: — Así ha dicho Jehovah: “Como a la media noche yo

pasaré por en medio de Egipto. 5 Y todo primogénito en la tierra de Egipto morirá,

desde el primogénito del faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la

sierva que está detrás del molino, y todo primerizo del ganado. 6 Habrá un gran

clamor en toda la tierra de Egipto, como nunca lo hubo ni lo habrá. 7 Pero entre

todos los hijos de Israel, ni un perro les ladrará, ni a los hombres ni a los animales,

para que sepáis que Jehovah hace distinción entre los egipcios y los israelitas.”

8 Entonces vendrán a mí todos estos tus servidores, y postrados delante de mí dirán:

“Sal tú, y todo el pueblo que te sigue.” Y después de esto, yo saldré. Salió muy

enojado de la presencia del faraón. 9 Y Jehovah dijo a Moisés: — Faraón no os

escuchará, para que mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto. 10 Moisés y

Aarón hicieron todos estos prodigios delante del faraón. Pero Jehovah endureció el

corazón del faraón, y éste no dejó ir de su tierra a los hijos de Israel.

Capítulo 12

1 Jehovah habló a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: 2 — Este

mes os será el principio de los meses; será para vosotros el primero de los meses

del año. 3 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo que el 10 de este mes

cada uno tome para sí un cordero en cada casa paterna, un cordero por familia. 4 Si

la familia es demasiado pequeña como para comer el cordero, entonces lo

compartirán él y su vecino de la casa inmediata, de acuerdo con el número de las

personas. Según la cantidad que ha de comer cada uno, repartiréis el cordero. 5 El

cordero será sin defecto, macho de un año; tomaréis un cordero o un cabrito. 6 Lo

habréis de guardar hasta el día 14 de este mes, cuando lo degollará toda la

congregación del pueblo de Israel al atardecer. 7 Tomarán parte de la sangre y la

pondrán en los dos postes y en el dintel de las puertas de las casas en donde lo han

de comer. 8 Aquella misma noche comerán la carne, asada al fuego. La comerán con

panes sin levadura y con hierbas amargas. 9 No comeréis del cordero nada crudo, ni

cocido en agua; sino asado al fuego, con su cabeza, sus piernas y sus entrañas.

10 Nada dejaréis de él hasta la mañana. Lo que quede hasta la mañana habréis de

quemarlo en el fuego. 11 Así lo habréis de comer: con vuestros cintos ceñidos,

puestas las sandalias en vuestros pies y con vuestro bastón en la mano. Lo comeréis

apresuradamente; es la Pascua de Jehovah. 12 La misma noche yo pasaré por la

tierra de Egipto y heriré de muerte a todo primogénito en la tierra de Egipto, tanto

de los hombres como del ganado. Así ejecutaré actos justicieros contra todos los

dioses de Egipto. Yo, Jehovah. 13 La sangre os servirá de señal en las casas donde

estéis. Yo veré la sangre y en cuanto a vosotros pasaré de largo y cuando castigue la

tierra de Egipto, no habrá en vosotros ninguna plaga para destruiros.

14 Habréis de conmemorar este día. Lo habréis de celebrar como fiesta a Jehovah a

través de vuestras generaciones. Lo celebraréis como estatuto perpetuo. 15 Siete

días comeréis panes sin levadura. El primer día quitaréis de vuestras casas la

levadura, porque cualquiera que coma algo con levadura desde el primer día hasta el

séptimo, esa persona será excluida de Israel. 16 El primer día habrá asamblea

sagrada. También en el séptimo día habrá asamblea sagrada. Ningún trabajo haréis

en ellos, excepto la preparación de lo que cada uno haya de comer. Sólo eso

podréis hacer. 17 Guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este

mismo día habré sacado vuestros ejércitos de la tierra de Egipto. Por tanto,

guardaréis este día como estatuto perpetuo a través de vuestras generaciones.

18 Comeréis los panes sin levadura en el mes primero, desde el día 14 del mes al

atardecer, hasta el día 21 del mes al atardecer. 19 Durante siete días no se hallará en

vuestras casas nada que tenga levadura. Cualquiera que coma algo con levadura,

sea forastero o natural de la tierra, esa persona será excluida de la congregación de

Israel. 20 No comeréis ninguna cosa con levadura. En todo lugar donde habitéis

comeréis panes sin levadura.

21 Moisés convocó a todos los ancianos de Israel y les dijo: — Sacad y tomad

del rebaño para vuestras familias, y sacrificad el cordero pascual. 22 Tomad luego un

manojo de hisopo y empapadlo en la sangre que está en la vasija, y untad el dintel y

los postes de la puerta con la parte de la sangre que está en la vasija. Ninguno de

vosotros salga de la puerta de su casa hasta la mañana. 23 Porque Jehovah pasará

matando a los egipcios, y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes,

pasará de largo aquella puerta y no dejará entrar en vuestras casas al destructor

para matar. 24 Guardaréis estas palabras como ley para vosotros y para vuestros

hijos, para siempre. 25 Cuando hayáis entrado en la tierra que Jehovah os dará,

como lo prometió, guardaréis este rito. 26 Y cuando os pregunten vuestros hijos:

“¿Qué significa este rito para vosotros?”, 27 vosotros les responderéis: “Este es el

sacrificio de la Pascua de Jehovah, quien pasó de largo las casas de los hijos de

Israel cuando mató a los egipcios y libró nuestras casas.” Entonces el pueblo se

inclinó y adoró. 28 Los hijos de Israel fueron y lo hicieron; como Jehovah había

mandado a Moisés y a Aarón, así lo hicieron.

29 Aconteció que a la medianoche Jehovah mató a todo primogénito en la tierra

de Egipto, desde el primogénito del faraón que se sentaba en el trono, hasta el

primogénito del preso que estaba en la mazmorra, y todo primerizo del ganado.

30 Aquella noche se levantaron el faraón, todos sus servidores y todos los egipcios,

pues había un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un

muerto. 31 Entonces hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo: —

¡Levantaos y salid de en medio de mi pueblo, vosotros y los hijos de Israel! Id y

servid a Jehovah, como habéis dicho. 32 Tomad también vuestras ovejas y vuestras

vacas, como habéis dicho, e idos. Y bendecidme a mí también. 33 Los egipcios

apremiaban al pueblo, apresurándose a echarlos del país, porque decían: — ¡Todos

seremos muertos! 34 La gente llevaba sobre sus hombros la masa que aún no tenía

levadura y sus artesas envueltas en sus mantos. 35 Los hijos de Israel hicieron

también conforme al mandato de Moisés, y pidieron a los egipcios objetos de plata,

objetos de oro y vestidos. 36 Jehovah dio gracia al pueblo ante los ojos de los

egipcios, quienes les dieron lo que pidieron. Así despojaron a los egipcios.

37 Partieron, pues, los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, unos 600.000

hombres de a pie, sin contar los niños. 38 También fue con ellos una gran multitud de

toda clase de gente, y sus ovejas y ganado en gran número. 39 De la masa que

habían sacado de Egipto, cocieron panes sin leudar, porque no le habían puesto

levadura; ya que cuando fueron echados de Egipto, no pudieron detenerse ni para

preparar comida. 40 El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue de 430

años. 41 Pasados los 430 años, en el mismo día salieron de la tierra de Egipto todos

los escuadrones de Jehovah. 42 Esta es noche de guardar en honor de Jehovah, por

haberlos sacado de la tierra de Egipto. Todos los hijos de Israel, a través de sus

generaciones, deben guardar esta noche en honor de Jehovah.

43 Jehovah dijo a Moisés y a Aarón: — Este es el estatuto acerca de la Pascua:

Ningún extranjero comerá de ella. 44 Pero todo esclavo que alguien haya comprado

por dinero comerá de ella después que lo hayas circuncidado. 45 El que es

extranjero y mercenario no la comerá. 46 Será comida en una casa; no llevarás de

aquella carne fuera de la casa. Tampoco quebraréis ninguno de sus huesos. 47 Toda

la congregación de Israel la celebrará. 48 Si algún extranjero que reside entre

vosotros quisiera celebrar la Pascua de Jehovah, que sea circuncidado todo varón

de su familia. Entonces podrá celebrarla, y será como el natural de la tierra. Pero

ningún incircunciso comerá de ella. 49 La misma ley será para el natural y para el

extranjero que viva entre vosotros. 50 Así lo hicieron todos los hijos de Israel. Tal

como lo mandó Jehovah a Moisés y a Aarón, así lo hicieron. 51 Y sucedió que aquel

mismo día Jehovah sacó de la tierra de Egipto a los hijos de Israel, por sus ejércitos.

Capítulo 13

1 Jehovah habló a Moisés diciendo: 2 — Conságrame todo primogénito; todo el

que abre la matriz entre los hijos de Israel, tanto de los hombres como de los

animales, es mío. 3 Moisés dijo al pueblo: — Conmemorad este día en el cual habéis

salido de Egipto, de la casa de esclavitud; porque Jehovah os ha sacado de aquí con

mano poderosa. Por eso no comeréis nada que tenga levadura. 4 Vosotros salís hoy,

en el mes de Abib. 5 Y cuando Jehovah te haya llevado a la tierra de los cananeos,

heteos, amorreos y jebuseos, la cual juró a tus padres que te daría, una tierra que

fluye leche y miel, celebraréis este rito en este mes. 6 Durante siete días comeréis

panes sin levadura, y el séptimo día será fiesta para Jehovah. 7 Durante los siete días

se comerán los panes sin levadura, y no se verá contigo nada leudado ni levadura en

todo tu territorio. 8 Aquel día se lo contarás a tu hijo diciendo: “Esto se hace con

motivo de lo que Jehovah hizo conmigo cuando salí de Egipto. 9 Esto ha de ser para

ti como una señal sobre tu mano y como un memorial entre tus ojos, para que la ley

de Jehovah esté en tu boca, porque con mano poderosa Jehovah te sacó de Egipto.

10 Por tanto, guardarás esta ordenanza en el tiempo fijado, de año en año.”

11 Cuando Jehovah te haya introducido en la tierra de los cananeos, y te la haya

dado como te juró a ti y a tus padres, 12 apartarás para Jehovah todo primogénito

que abre la matriz, y también todo primerizo de las crías de tus animales; los machos

serán de Jehovah. 13 Rescatarás con un cordero todo primerizo de asno; y si no lo

rescatas, romperás su nuca. También rescatarás todo primogénito de entre tus hijos.

14 Y cuando mañana te pregunte tu hijo diciendo: “¿Qué es esto?”, le dirás: “Con

mano poderosa Jehovah nos sacó de Egipto, de la casa de esclavitud. 15 Cuando el

faraón se endureció para no dejarnos ir, Jehovah mató en la tierra de Egipto a todo

primogénito, desde el primogénito del hombre hasta el primerizo del animal. Por esta

razón yo ofrezco en sacrificio a Jehovah todo primerizo macho que abre la matriz y

rescato a todo primogénito de mis hijos.” 16 Esto ha de ser para ti como una señal

sobre tu mano y como un memorial entre tus ojos, ya que Jehovah nos sacó de

Egipto con mano poderosa.

17 Cuando el faraón dejó ir al pueblo, Dios no lo guió por el camino de la tierra

de los filisteos, aunque era más corto, porque dijo Jehovah: “No sea que al

enfrentarse con la guerra, el pueblo cambie de parecer y se vuelva a Egipto.” 18 Más

bien, Dios hizo que el pueblo diese un rodeo por el camino del desierto hacia el mar

Rojo. Los hijos de Israel salieron de la tierra de Egipto armados. 19 Moisés tomó

también consigo los restos de José, quien había hecho jurar a los hijos de Israel

diciendo: “Ciertamente Dios os visitará, y haréis llevar de aquí mis restos, con

vosotros.” 20 Salieron de Sucot y acamparon en Etam, al borde del desierto.

21 Jehovah iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el

camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que pudieran

caminar tanto de día como de noche. 22 La columna de nube nunca se apartó de día

de delante del pueblo, ni la columna de fuego de noche.

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