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EZEQUIEL

Capítulo 1

1 Sucedió en el quinto día del mes cuarto del año 30, estando yo en medio de

los cautivos, junto al río Quebar, que fueron abiertos los cielos, y vi visiones de

Dios. 2 En el quinto día del mes (en el quinto año de la cautividad del rey Joaquín),

3 vino la palabra de Jehovah al sacerdote Ezequiel hijo de Buzi, en la tierra de los

caldeos, junto al río Quebar. Allí vino sobre mí la mano de Jehovah.

4 Miré, y he aquí que venía del norte un viento huracanado y una gran nube con

un fuego centelleante y un resplandor en torno de ella. En su interior había algo como

metal resplandeciente, en medio del fuego. 5 De su interior aparecía una forma de

cuatro seres vivientes. El aspecto de ellos tenía la forma de hombre, 6 pero cada uno

tenía cuatro caras y cuatro alas. 7 Sus piernas eran rectas, y sus pezuñas eran como

pezuñas de becerro que centelleaban como bronce bruñido. 8 Debajo de sus alas, a

sus cuatro lados, tenían manos de hombre. Los cuatro tenían sus caras y sus alas.

9 Sus alas se juntaban unas con otras. Y cuando se desplazaban, no se volvían, sino

que cada uno se desplazaba de frente hacia adelante. 10 La forma de sus caras era la

de una cara de hombre, con una cara de león en el lado derecho de los cuatro, una

cara de toro en el lado izquierdo de los cuatro, y una cara de águila en los cuatro.

11 Así eran sus caras. Sus alas estaban extendidas hacia arriba. Cada uno tenía dos

alas que se tocaban entre sí, y otras dos que cubrían sus cuerpos. 12 Cada uno se

desplazaba de frente hacia adelante. Iban adondequiera que el espíritu decidía ir, y

no viraban cuando se desplazaban. 13 En medio de los seres vivientes había algo

como carbones de fuego encendido que se desplazaban como antorchas entre los

seres vivientes. El fuego resplandecía, y del mismo salían relámpagos. 14 Y los seres

iban y volvían, como si fueran relámpagos.

15 Mientras yo miraba a los seres vivientes, he aquí que había una rueda en la

tierra, junto y al frente de cada uno de los cuatro seres vivientes. 16 La forma y el

aspecto de las ruedas era como crisólito. Las cuatro ruedas tenían la misma forma y

aspecto, y estaban hechas de manera que había una rueda dentro de otra rueda.

17 Cuando se desplazaban, lo hacían en cualquiera de las cuatro direcciones, y no

viraban cuando se desplazaban. 18 Sus aros eran altos y aterradores, y los aros

de las cuatro ruedas estaban llenos de ojos alrededor. 19 Cuando los seres vivientes

se desplazaban, también se desplazaban las ruedas que estaban junto a ellos.

Cuando los seres se elevaban de sobre la tierra, las ruedas también se elevaban.

20 Iban adondequiera que el espíritu fuese, y las ruedas también se elevaban junto

con ellos, pues el espíritu de cada ser viviente estaba también en las ruedas.

21 Cuando ellos se desplazaban, también ellas se desplazaban; cuando ellos se

detenían, también ellas se detenían. Y cuando ellos se elevaban de la tierra, también

las ruedas se elevaban junto con ellos, porque el espíritu de cada ser viviente estaba

también en las ruedas. 22 Sobre las cabezas de los seres vivientes había una bóveda

semejante a un cristal impresionante, extendido por encima de sus cabezas.

23 Debajo de la bóveda, sus alas se extendían rectas, la una hacia la otra. Y cada ser

tenía dos alas con que cubrían sus cuerpos. 24 Cuando se desplazaban, escuché el

ruido de sus alas como el ruido de muchas aguas, como la voz del Todopoderoso,

como el bullicio de una muchedumbre, como el bullicio de un ejército. Y cuando se

detenían, bajaban sus alas. 25 Entonces hubo un estruendo por encima de la bóveda

que estaba sobre la cabeza de ellos. (Y cuando se detenían, bajaban sus alas.)

26 Por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas, había la forma de un

trono que parecía de piedra de zafiro. Y sobre dicha forma de trono estaba alguien

semejante a un hombre. 27 Entonces vi algo semejante a metal que resplandecía con

la apariencia del fuego que lo perfilaba alrededor. Desde su cintura hacia arriba, y

desde su cintura hacia abajo, vi algo que parecía fuego y que tenía un resplandor

alrededor de él. 28 Como el aspecto del arco iris que está en las nubes en un día de

lluvia, así era el aspecto del resplandor alrededor. Este era el aspecto de la gloria de

Jehovah. Y cuando la vi, caí postrado sobre mi rostro y oí la voz de uno que

hablaba.

Capítulo 2

1 Y me dijo: “Oh hijo de hombre, ponte en pie, y hablaré contigo.” 2 Mientras él

me hablaba, entró en mí el Espíritu y me puso sobre mis pies, y oí al que me

hablaba. 3 Y me dijo: “Oh hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a una

nación de rebeldes que se ha rebelado contra mí. Tanto ellos como sus padres se

han rebelado contra mí hasta este mismo día. 4 Yo te envío a esta gente de rostro

endurecido y de corazón empedernido. Y les dirás: ‘Así ha dicho el Señor Jehovah.’

5 Ya sea que ellos escuchen o que dejen de escuchar (porque son una casa rebelde),

sabrán que ha habido un profeta entre ellos.

6 Pero tú, oh hijo de hombre, no temas; no temas de ellos ni de sus palabras.

Aunque te halles entre zarzas y espinos, y habites entre escorpiones, no temas de sus

palabras ni te atemorices ante ellos; porque son una casa rebelde. 7 Tú, pues, les

hablarás mis palabras, ya sea que escuchen o dejen de escuchar, porque son una

casa rebelde. 8 Pero tú, oh hijo de hombre, escucha lo que yo te hablo. No seas

rebelde como esa casa rebelde; abre tu boca y come lo que yo te doy.” 9 Entonces

miré, y he aquí una mano extendida hacia mí, y en ella había un rollo de pergamino.

10 Lo extendió delante de mí, y he aquí que estaba escrito por el derecho y por el

revés. En él estaban escritos lamentaciones, gemidos y ayes.

Capítulo 3

1 Entonces me dijo: “Oh hijo de hombre, come lo que has encontrado; come

este rollo y vé, habla a la casa de Israel.” 2 Abrí mi boca, y me dio a comer ese rollo.

3 Luego me dijo: “Oh hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tu estómago con

este rollo que yo te doy.” Lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel. 4 Entonces

me dijo: “Oh hijo de hombre, vé, acércate a la casa de Israel y háblales mis

palabras; 5 porque no eres enviado a un pueblo de habla misteriosa ni de lengua

difícil, sino a la casa de Israel; 6 no a muchos pueblos de habla misteriosa y de lengua

difícil, cuyas palabras no entiendes. Si a ellos te enviara, ellos sí te escucharían.

7 Pero los de la casa de Israel no te querrán escuchar, porque no me quieren

escuchar a mí. Pues todos los de la casa de Israel son de frente dura y tienen el

corazón empedernido. 8 He aquí, yo hago tu rostro tan duro como el rostro de ellos,

y hago tu frente tan dura como su frente. 9 Yo hago tu frente como el diamante, que

es más duro que el pedernal. Tú no les temerás, ni te atemorizarás ante ellos, porque

son una casa rebelde.” 10 Me dijo además: “Oh hijo de hombre, toma en tu corazón

todas mis palabras que te diga, y escucha con tus oídos. 11 Acércate a los cautivos,

a los hijos de tu pueblo, y háblales diciendo: ‘Así ha dicho el Señor Jehovah’, ya sea

que escuchen o que dejen de escuchar.” 12 Entonces el Espíritu me levantó, y oí

detrás de mí el ruido de un gran estruendo: “¡Bendita sea la gloria de Jehovah desde

su lugar!” 13 Era el ruido de las alas de los seres vivientes, que se rozaban unas con

otras, el ruido de las ruedas que estaban junto a ellos y el ruido de un gran

estruendo. 14 Luego el Espíritu me levantó y me tomó. Yo iba con amargura y con mi

espíritu enardecido, pero la mano de Jehovah era fuerte sobre mí. 15 Luego llegué a

los cautivos de Tel Abib, pues ellos habitaban allí, junto al río Quebar, y permanecí

allí entre ellos, atónito, durante siete días.

16 Aconteció al cabo de los siete días que vino a mí la palabra de Jehovah,

diciendo: 17 Oh hijo de hombre, yo te he puesto como centinela para la casa de

Israel. Oirás, pues, las palabras de mi boca y les advertirás de mi parte. 18 Si yo digo

al impío: ‘¡Morirás irremisiblemente!’, y tú no le adviertes ni le hablas para advertir al

impío de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su pecado; pero yo

demandaré su sangre de tu mano. 19 Pero si tú le adviertes al impío y él no se aparta

de su impiedad ni de su camino impío, él morirá por su pecado, pero tú habrás

librado tu vida. 20 Y si algún justo se aparta de su justicia y hace maldad, y yo pongo

tropiezo delante de él, él morirá; porque tú no le advertiste, morirá por su pecado.

Sus obras de justicia que había hecho no le serán tomadas en cuenta, y su sangre

demandaré de tu mano. 21 Pero si tú adviertes al justo para que no peque, y no

peca, ciertamente vivirá por haber aceptado la advertencia; y tú mismo te habrás

librado.”

22 Entonces vino allí sobre mí la mano de Jehovah y me dijo: “Levántate, vete al

valle, y allí hablaré contigo.” 23 Me levanté y fui al valle, y he aquí que se había

detenido allí la gloria de Jehovah, como la gloria que yo había visto junto al río

Quebar. Y me postré sobre mi rostro. 24 Entonces entró en mí el Espíritu, me puso

sobre mis pies y me habló diciendo: — Entra y enciérrate en tu casa. 25 Y en cuanto

a ti, oh hijo de hombre, he aquí que sobre ti pondrán cuerdas y te atarán con ellas, y

no podrás salir entre ellos. 26 Y haré que tu lengua se pegue a tu paladar, y quedarás

mudo. Así no serás para ellos un hombre que amonesta, porque son una casa

rebelde. 27 Pero cuando yo te haya hablado, abriré tu boca, y les dirás: “Así ha

dicho el Señor Jehovah.” El que escucha, que escuche; y el que deja de escuchar,

que deje de escuchar. Porque son una casa rebelde.

Capítulo 4

1 Y tú, oh hijo de hombre, toma una tableta de arcilla, ponla delante de ti y graba

sobre ella una ciudad: Jerusalén. 2 Luego pon asedio contra ella, construye contra

ella un muro de asedio y levanta contra ella un terraplén. Pon contra ella

campamentos y coloca arietes contra ella en derredor. 3 Y tú, toma una plancha de

hierro y ponla como muro de hierro entre ti y la ciudad. Luego afirma tu rostro

contra ella, y quedará bajo asedio. Tú la asediarás; es una señal para la casa de

Israel. 4 Y tú, acuéstate sobre tu costado izquierdo y pon sobre él el pecado de la

casa de Israel. Durante el número de días que estarás acostado así, cargarás con su

pecado. 5 Yo te he asignado un número de días equivalente a los años del pecado

de ellos: Durante 390 días cargarás con el pecado de la casa de Israel. 6 Y

cumplidos éstos, te acostarás nuevamente sobre tu costado derecho, y cargarás con

el pecado de la casa de Judá durante 40 días: Te he fijado un día por cada año.

7 Luego afirmarás tu rostro hacia el asedio de Jerusalén, y con tu brazo descubierto

profetizarás contra ella. 8 He aquí, yo pongo cuerdas sobre ti, y no te podrás dar

vuelta de un lado al otro, hasta que hayas cumplido los días de tu asedio.

9 Y tú, toma trigo, cebada, habas, lentejas, sorgo y centeno, y ponlos en una

vasija. Con ellos te harás pan para el número de los días que estés acostado de lado:

Durante 390 días comerás de él. 10 La comida que has de comer será racionada;

será de 20 siclos al día. De tiempo en tiempo la comerás. 11 También beberás el

agua por medida: la sexta parte de un hin. De tiempo en tiempo la beberás.

12 Comerás tortas de cebada; las cocerás sobre excremento humano, ante la vista

de ellos. 13 — Jehovah dijo además — : Así los hijos de Israel comerán su pan

inmundo, entre las naciones a donde los arrojaré. 14 Entonces yo dije: — ¡Ay, Señor

Jehovah! He aquí, yo nunca me he contaminado; desde mi juventud hasta ahora

nunca he comido carne de animal mortecino ni despedazado, ni nunca ha entrado a

mi boca carne inmunda. 15 Y él me respondió: — Mira, yo te concedo usar estiércol

de buey en lugar de excremento humano, sobre el cual cocerás tu pan. 16 — Y

añadió — : Oh hijo de hombre, he aquí yo quebrantaré la provisión de pan en

Jerusalén. Comerán pan racionado y con angustia, y beberán el agua por medida y

con horror. 17 Esto para que al faltarles el pan y el agua, queden desolados unos y

otros, y se pudran en su iniquidad.

Capítulo 5

1 Y tú, oh hijo de hombre, toma una cuchilla afilada, una navaja de barbero.

Tómala y hazla pasar sobre tu cabeza y sobre tu barba. Luego toma una balanza

para pesar y reparte los pelos. 2 Una tercera parte la quemarás con fuego en medio

de la ciudad, cuando se cumplan los días del asedio. Toma otra tercera parte, y

golpéala con la espada alrededor de la ciudad. Y la otra tercera parte espárcela al

viento. Y yo desenvainaré la espada tras ellos. 3 Toma también de ellos unos pocos

en número, y átalos en el extremo de tu manto. 4 Y de ellos toma otra vez algunos y

échalos dentro del fuego, y quémalos allí. Entonces saldrá fuego de ellos hacia toda

la casa de Israel.

5 Así ha dicho el Señor Jehovah: “Esta es Jerusalén; yo la puse en medio de las

naciones y de los países de su alrededor. 6 Pero ella se obstinó contra mis

decretos con mayor culpabilidad que las demás naciones, y contra mis estatutos,

más que los países que están alrededor de ella; porque desecharon mis decretos y

no anduvieron según mis estatutos. 7 Por tanto, así ha dicho el Señor Jehovah, por

haberos comportado con mayor turbulencia que las naciones que están alrededor de

vosotros, y porque no habéis andado según mis estatutos ni habéis cumplido mis

decretos, y ni siquiera habéis actuado según los decretos de las naciones que están a

vuestro alrededor; 8 por tanto, así ha dicho el Señor Jehovah, he aquí que yo

también estoy contra ti y ejecutaré actos justicieros en medio de ti, ante la vista de

las naciones. 9 A causa de todas tus abominaciones haré en medio de ti lo que nunca

he hecho, ni haré jamás cosa semejante. 10 Por tanto, en medio de ti los padres

comerán a sus hijos, y los hijos comerán a sus padres. Ejecutaré actos justicieros

contra ti, y esparciré a tus sobrevivientes hacia todos los vientos.” 11 Por tanto, dice

el Señor Jehovah: “¡Vivo yo, que porque has profanado mi santuario con todos tus

ídolos detestables y con todas tus abominaciones, también yo me apartaré; mi ojo

no tendrá lástima, ni tendré compasión. 12 Una tercera parte de ti morirá de peste y

será consumida de hambre en medio de ti. Otra tercera parte caerá a espada

alrededor de ti, y la otra tercera parte esparciré a todos los vientos y tras ellos

desenvainaré mi espada. 13 Así se consumará mi furor; haré que en ellos se asiente

mi ira, y tomaré satisfacción. Y cuando haya consumado en ellos mi ira, sabrán que

yo, Jehovah, he hablado en mi celo. 14 Además, te convertiré en ruinas y en afrenta

entre las naciones que están alrededor de ti, ante los ojos de todo el que pase.

15 Cuando yo ejecute actos justicieros contra ti con furor, con ira y con reprensiones

de mi ira, tú serás afrenta, escarnio, advertencia y objeto de horror a las naciones

que están alrededor de ti. Yo, Jehovah, he hablado. 16 Cuando yo arroje contra

vosotros las flechas malignas del hambre, que son para destrucción, las cuales

enviaré para destruiros, entonces aumentaré el hambre sobre vosotros y quebrantaré

vuestro sustento de pan. 17 Contra vosotros enviaré hambre y fieras dañinas que te

privarán de hijos. Peste y sangre pasarán por en medio de ti, y traeré contra ti la

espada. Yo, Jehovah, he hablado.”

Capítulo 6

1 Vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: 2 Oh hijo de hombre, pon tu rostro

hacia los montes de Israel y profetiza contra ellos. 3 Les dirás: ‘¡Oh montes de Israel,

escuchad la palabra del Señor Jehovah! Así ha dicho el Señor Jehovah a los montes

y a las colinas, a las quebradas y a los valles: He aquí, yo mismo traeré contra

vosotros la espada y destruiré vuestros lugares altos. 4 Vuestros altares serán

desolados, y vuestros altares de incienso destruidos. Haré que vuestros muertos

caigan delante de vuestros ídolos. 5 Pondré los cadáveres de los hijos de Israel

delante de sus ídolos, y esparciré vuestros huesos alrededor de vuestros altares. 6 En

todos los lugares donde habitéis, las ciudades serán destruidas, y los lugares altos

desolados. Vuestros altares serán destruidos y desolados; vuestros ídolos serán

rotos, y cesará su culto; vuestros altares de incienso serán destrozados, y vuestras

obras borradas. 7 Los muertos caerán en medio de vosotros, y sabréis que yo soy

Jehovah.

8 ‘Pero dejaré un remanente, de modo que tengáis entre las naciones algunos

que escapen de la espada, cuando seáis esparcidos por los países. 9 Entonces los

que de vosotros escapen se acordarán de mí en las naciones en las cuales hayan

sido hechos cautivos, de que yo quebranté su corazón adúltero que se apartó de mí,

y sus ojos que se prostituyeron tras sus ídolos. Ellos se detestarán a sí mismos a

causa de los males que hicieron, por todas sus abominaciones. 10 Así sabrán que yo

soy Jehovah. ¡No en vano he dicho que les haría este mal!’”

11 Así ha dicho el Señor Jehovah: “Golpea con tu mano y pisotea con tu pie, y

di: ‘¡Ay de todas las terribles abominaciones de la casa de Israel! Porque con

espada, hambre y peste caerán. 12 El que esté lejos morirá de peste, el que esté

cerca caerá a espada, y el que se quede y sea sitiado morirá de hambre.’ Así

agotaré en ellos mi ira. 13 Y sabréis que yo soy Jehovah, cuando sus muertos yazcan

en medio de sus ídolos y alrededor de sus altares, en toda colina alta y en todas las

cumbres de los montes, debajo de todo árbol frondoso y debajo de toda encina

coposa, lugares donde ofrecieron grato olor a todos sus ídolos. 14 Extenderé contra

ellos mi mano, y convertiré la tierra en desolación y asolamiento en todos los lugares

en que habitan, desde el desierto hasta Diblat. Y sabrán que yo soy Jehovah.”

Capítulo 7

1 Vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: 2 Y tú, oh hijo de hombre, di que

así ha dicho el Señor Jehovah a la tierra de Israel: ‘¡El fin! ¡El fin viene sobre los

cuatro extremos de la tierra! 3 Ahora viene el fin sobre ti. Enviaré sobre ti mi furor y

te juzgaré según tus caminos; pondré sobre ti todas tus abominaciones. 4 Mi ojo no

te tendrá lástima, ni tendré compasión. Más bien, pondré contra ti tus caminos, y tus

abominaciones estarán en medio de ti. Y sabréis que yo soy Jehovah.’” 5 Así ha

dicho el Señor Jehovah: “¡He aquí que viene desgracia tras desgracia! 6 ¡El fin viene!

¡Viene el fin! ¡Se ha suscitado contra ti! ¡He aquí que viene! 7 ¡Te ha llegado el

turno, oh habitante del país! ¡El tiempo viene, el día está cerca: día de pánico y no

de grito de alegría sobre los montes! 8 Ahora, pronto derramaré mi ira sobre ti y

agotaré mi furor en ti. Te juzgaré según tus caminos y pondré sobre ti todas tus

abominaciones. 9 Mi ojo no tendrá lástima, ni tendré compasión. Más bien, pondré

contra ti tus caminos, y tus abominaciones estarán en medio de ti. Y sabréis que yo,

Jehovah, soy el que castiga. 10 ¡He aquí el día! He aquí que viene; ha llegado el

desenlace. La vara ha echado brotes; ha reverdecido la arrogancia. 11 La violencia

ha llegado a ser una vara de impiedad; no quedará ninguno de ellos, nadie de esa

multitud, nada de sus riquezas, ni habrá para ellos reposo. 12 El tiempo ha venido; ha

llegado el día. El que compra no se alegre, y el que vende no haga duelo; porque la

ira está contra toda su multitud. 13 Porque el que vende no volverá a recuperar lo

vendido mientras ambos vivan. Porque la ira está contra toda su multitud; no será

revocada. A causa de su iniquidad, ninguno podrá retener su vida. 14 Tocarán trompeta

y prepararán todo, pero no habrá quien vaya a la batalla; porque mi ira está contra toda

su multitud. 15 Afuera habrá espada; y adentro, peste y hambre. El que esté en el

campo morirá a espada, y al que esté en la ciudad lo consumirán el hambre y la peste.

16 Los que de ellos escapen huirán y estarán sobre los montes como las palomas

en las quebradas, cada uno gimiendo a causa de su iniquidad. 17 Todas las manos se

debilitarán, y todas las rodillas se escurrirán como agua. 18 Se ceñirán con cilicio, y

los cubrirá el terror. En cada rostro habrá vergüenza; y en todas sus cabezas,

rapadura. 19 Arrojarán su plata a las calles, y su oro se convertirá en cosa

repugnante. Ni su plata ni su oro podrán librarlos en el día de la ira de Jehovah, ni

saciarán su apetito ni llenarán sus estómagos; porque esto ha sido ocasión para su

pecado. 20 Convirtieron en objeto de orgullo la belleza de sus ornamentos, e hicieron

con ellos las imágenes abominables de sus ídolos detestables. Por eso los convertiré

en cosa repugnante para ellos mismos. 21 Lo entregaré en mano de extraños para

ser saqueado, y a los más impíos de la tierra para ser botín; y lo profanarán.

22 Apartaré de ellos mi rostro, y mi lugar secreto será profanado, pues los que abran

brecha entrarán allí y lo profanarán.

23 Prepara cadenas, porque la tierra se ha llenado de juicios de sangre, y la

ciudad se ha llenado de violencia. 24 Por eso traeré a los más perversos de las

naciones, los cuales tomarán posesión de sus casas. Así haré cesar el orgullo de los

poderosos, y sus santuarios serán profanados. 25 ¡Viene la angustia! Buscarán la

paz, pero no la habrá. 26 Vendrá desastre sobre desastre, y habrá rumor tras

rumor. Buscarán una visión de parte del profeta. La ley desaparecerá del sacerdote;

el consejo, de los ancianos. 27 El rey estará de duelo, el gobernante se vestirá de

desolación, y se paralizarán las manos del pueblo de la tierra. Yo haré con ellos

conforme a sus caminos, y según sus propios juicios los juzgaré. Y sabrán que yo

soy Jehovah.”

Capítulo 8

1 Aconteció en el quinto día del mes sexto del sexto año, estando yo sentado en

mi casa y los ancianos de Judá también sentados delante de mí, que descendió allí

sobre mí la mano del Señor Jehovah. 2 Miré, y he aquí una forma como de hombre.

Desde su cintura hacia abajo era como de fuego, y desde su cintura hacia arriba era

como un resplandor, como un metal reluciente. 3 Entonces extendió algo semejante a

una mano y me tomó por un mechón de mi cabeza. Luego el Espíritu me elevó entre

el cielo y la tierra, y me llevó en visiones de Dios a Jerusalén, a la entrada de la

puerta interior que da hacia el norte, donde estaba el sitio de la imagen del celo, la

que provoca a celos. 4 Y he allí la gloria del Dios de Israel, como la visión que yo

había visto en el valle. 5 Entonces me dijo: “Oh hijo de hombre, levanta tus ojos en

dirección al norte.” Levanté mis ojos en dirección al norte, y he aquí que al norte de

la puerta del altar, en la entrada, estaba la imagen del celo. 6 Entonces me dijo: “Oh

hijo de hombre, ¿ves lo que hacen éstos, las grandes abominaciones que hacen aquí

los de la casa de Israel, para alejarme de mi santuario? Pero todavía volverás a ver

abominaciones aun mayores.”

7 Entonces me llevó a la entrada del atrio. Luego miré, y he aquí, un agujero en

la pared. 8 Y me dijo: “Oh hijo de hombre, cava en la pared.” Cavé en la pared, y he

aquí una entrada. 9 Y me dijo: “Entra y mira las perversas abominaciones que éstos

hacen aquí.” 10 Entré y miré, y he allí toda clase de figuras de reptiles y de

cuadrúpedos detestables. Todos los ídolos de la casa de Israel estaban grabados

alrededor, en la pared. 11 Delante de ellos estaban de pie setenta hombres de los

ancianos de la casa de Israel, y Jazanías hijo de Safán estaba de pie entre ellos.

Cada uno tenía en su mano su incensario, y la fragancia del incienso subía como

nube. 12 Y me dijo: “Oh hijo de hombre, ¿has visto las cosas que hacen los ancianos

de la casa de Israel en la oscuridad, cada uno en su cámara adornada con

imágenes? Porque ellos dicen: ‘Jehovah no nos ve; Jehovah ha abandonado la

tierra.’”

13 Luego me dijo: “Todavía volverás a ver abominaciones aun mayores, que

ellos hacen.” 14 Luego me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Jehovah que

da al norte, y he aquí que estaban sentadas allí unas mujeres, llorando a Tamuz. 15 Y

me dijo: “¿Has visto, oh hijo de hombre? Todavía volverás a ver abominaciones aun

mayores que éstas.” 16 Entonces me llevó al atrio interior de la casa de Jehovah. Y

he allí, en la entrada del templo de Jehovah, entre el pórtico y el altar, había unos

veinticinco hombres con sus espaldas vueltas hacia el templo de Jehovah y sus caras

hacia el oriente, postrándose ante el sol, hacia el oriente. 17 Y me dijo: “¿Has visto,

oh hijo de hombre? ¿Es cosa liviana para los de la casa de Judá hacer estas

abominaciones que hacen aquí? Porque han llenado la tierra de violencia y han

vuelto a provocarme a ira, y he aquí que llevan la rama de la vid a sus narices.

18 Pues yo también actuaré en mi ira: Mi ojo no tendrá lástima, ni tendré compasión.

Gritarán a mis oídos a gran voz, pero no los escucharé.”

Capítulo 9

1 Entonces proclamó con gran voz a mis oídos, diciendo: — ¡Acercaos los

verdugos de la ciudad, cada uno con su instrumento destructor en su mano! 2 Y he

aquí que seis hombres vinieron por el camino de la puerta superior que da hacia el

norte, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Pero entre ellos

había un hombre vestido de lino que llevaba al cinto los útiles de escriba. Y habiendo

entrado se detuvieron junto al altar de bronce. 3 Entonces la gloria del Dios de Israel

se elevó de encima del querubín sobre el cual había estado, hacia el umbral del

templo. Luego Dios llamó al hombre vestido de lino, que llevaba al cinto los útiles de

escriba. 4 Y le dijo Jehovah: — Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de

Jerusalén, y pon una marca en la frente de los hombres que suspiran y gimen a causa

de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.

5 Y a los otros les dijo, a mis oídos: — ¡Pasad por la ciudad, detrás de él, y

matad! Vuestro ojo no tenga lástima, ni tengáis compasión. 6 Matad a viejos, a

jóvenes, a muchachas, a niños y a mujeres, hasta exterminarlos. Pero no os

acerquéis a ninguno sobre el cual esté la marca. Habéis de comenzar desde mi

santuario. Comenzaron, pues, desde los hombres ancianos que estaban delante del

templo. 7 Y les dijo: — ¡Contaminad el templo y llenad los atrios con muertos!

¡Salid! Ellos salieron y comenzaron a matarlos en la ciudad. 8 Y aconteció que

mientras los mataban, y yo me quedaba solo, me postré sobre mi rostro y clamé

diciendo: — ¡Ay, Señor Jehovah! ¿Vas a destruir todo el remanente de Israel

al derramar tu ira sobre Jerusalén? 9 Y él me dijo: — La iniquidad de la casa de

Israel y de Judá es demasiado grande. La tierra está llena de hechos de sangre, y la

ciudad está llena de injusticias. Porque han dicho: “Jehovah ha abandonado la tierra;

Jehovah no ve.” 10 En cuanto a mí, mi ojo no tendrá lástima, ni tendré compasión.

Haré recaer su conducta sobre sus propias cabezas. 11 Y he aquí que el hombre

vestido de lino, y que llevaba al cinto los útiles de escriba, dio informe diciendo: —

He hecho conforme a lo que me has mandado.

Capítulo 10

1 Entonces miré; y he aquí, sobre la bóveda que estaba encima de la cabeza de

los querubines, apareció sobre ellos algo como una piedra de zafiro que tenía el

aspecto de un trono. 2 Y Dios dijo al hombre vestido de lino: — Entra en medio de

las ruedas, debajo de los querubines, llena tus manos con carbones encendidos de

entre los querubines, y espárcelos sobre la ciudad. El entró ante mi vista. 3 Y cuando

entró aquel hombre, los querubines estaban de pie en el lado sur del templo, y la

nube llenaba el atrio interior. 4 Entonces la gloria de Jehovah se elevó de encima de

los querubines, hacia el umbral del templo. Y el templo fue llenado por la nube, y el

atrio se llenó del resplandor de la gloria de Jehovah. 5 El ruido de las alas de los

querubines se escuchaba hasta el atrio exterior, como la voz del Dios Todopoderoso

cuando habla. 6 Y aconteció que cuando mandó al hombre vestido de lino, diciendo:

“Toma fuego de entre las ruedas de en medio de los querubines”, éste entró y se

puso de pie al lado de una rueda. 7 Entonces un querubín extendió su mano de entre

los querubines hacia el fuego que había en medio de los querubines, tomó de él y lo

puso en las manos del que estaba vestido de lino. Y éste lo tomó y salió.

8 Los querubines parecían tener debajo de sus alas algo semejante a una mano

de hombre. 9 Miré, y he aquí que había cuatro ruedas junto a los querubines; al lado

de cada querubín había una rueda. El aspecto de las ruedas era como de piedra de

crisólito. 10 En cuanto a su aspecto, las cuatro eran de una misma forma, como si una

rueda estuviera dentro de otra rueda. 11 Cuando se desplazaban, iban en cualquiera

de las cuatro direcciones, y no viraban cuando se desplazaban, sino que al lugar a

donde se dirigía la principal, las otras iban detrás de ella; y no viraban cuando se

desplazaban. 12 Todo el cuerpo de ellos, sus espaldas, sus manos, sus alas y también

las ruedas (las cuatro ruedas) estaban llenos de ojos alrededor. 13 A las ruedas, ante

mis oídos, se les gritaba: “¡Rueda!” 14 Cada uno tenía cuatro caras. La primera

tenía cara de querubín; la segunda, cara de hombre; la tercera, cara de león; y la

cuarta, cara de águila. 15 Luego los querubines se elevaron. Estos son los seres

vivientes que vi junto al río Quebar. 16 Cuando los querubines se desplazaban,

también se desplazaban las ruedas que estaban junto a ellos. Cuando los querubines

levantaban sus alas para elevarse de la tierra, las ruedas no se separaban de ellos.

17 Cuando ellos se detenían, las ruedas también se detenían; y cuando se elevaban,

éstas se elevaban junto con ellos; porque el espíritu de los seres vivientes estaba en

ellas. 18 Entonces la gloria de Jehovah salió de sobre el umbral del templo y se

colocó encima de los querubines. 19 Los querubines alzaron sus alas y ante mi vista

se elevaron de la tierra. Cuando ellos salieron, también salieron las ruedas que

estaban junto a ellos, y se detuvieron a la entrada de la puerta oriental de la casa de

Jehovah. Y la gloria del Dios de Israel estaba por encima, sobre ellos. 20 Estos eran

los seres vivientes que vi debajo del Dios de Israel en el río Quebar, y me di cuenta

de que eran querubines. 21 Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas; y debajo de

sus alas había algo semejante a manos de hombre. 22 La forma de sus caras era

como la de las caras que vi junto al río Quebar; tenían el mismo aspecto. Cada uno

se desplazaba de frente hacia adelante.

Capítulo 11

1 Entonces el Espíritu me elevó y me llevó a la puerta oriental de la casa de

Jehovah, la que da hacia el este. Y he allí, en la entrada de la puerta había veinticinco

hombres, entre los cuales vi a Jazanías hijo de Azur y a Pelatías hijo de Benaías,

magistrados del pueblo. 2 Luego me dijo: “Oh hijo de hombre, éstos son los

hombres que maquinan perversidad y dan mal consejo en esta ciudad. 3 Ellos dicen:

‘No está cercano el tiempo de edificar casas. Esta ciudad será la olla, y nosotros la

carne.’ 4 Por tanto, profetiza contra ellos. ¡Profetiza, oh hijo de hombre!” 5 Entonces

descendió sobre mí el Espíritu de Jehovah y me dijo: “Diles que así ha dicho

Jehovah: ‘Así habéis hablado, oh casa de Israel, y yo he sabido los pensamientos

que suben de vuestros espíritus. 6 Vosotros habéis multiplicado vuestros muertos en

esta ciudad; habéis llenado de muertos sus calles. 7 Por tanto, así dice el Señor

Jehovah, vuestros muertos que habéis dejado en medio de ella, ellos serán la carne;

y ella la olla. Pero a vosotros yo os sacaré de en medio de ella. 8 Teméis la espada,

y espada traeré sobre vosotros, dice el Señor Jehovah. 9 Os sacaré de en medio de

ella, os entregaré en mano de extraños y entre vosotros ejecutaré actos justicieros.

10 ¡A espada caeréis! Os juzgaré en la frontera de Israel, y sabréis que yo soy

Jehovah. 11 Esta ciudad no os servirá de olla, ni vosotros seréis la carne dentro de

ella. ¡En la frontera de Israel os habré de juzgar! 12 Y sabréis que yo soy Jehovah,

que no habéis andado en mis leyes ni habéis cumplido mis decretos; sino que habéis

actuado según los decretos de las naciones que están a vuestro alrededor.’” 13 Y

mientras yo profetizaba, aconteció que murió Pelatías hijo de Benaías. Entonces caí

postrado sobre mi rostro y exclamé a gran voz, diciendo: “¡Ay, Señor Jehovah!

¿Exterminarás al remanente de Israel?”

14 Y vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: 15 Oh hijo de hombre, tus

mismos hermanos — los hombres que están contigo en la cautividad y toda la casa

de Israel, todos ellos — son aquellos a quienes los habitantes de Jerusalén han

dicho: ‘¡Permaneced lejos de Jehovah! ¡Es a nosotros a quienes ha sido dada la

tierra como posesión!’ 16 Por tanto, diles que así ha dicho el Señor Jehovah:

‘Aunque los he arrojado lejos entre las naciones y aunque los he dispersado por los

países, por un breve tiempo he sido para ellos un santuario en los países a donde

han llegado.’ 17 Por tanto, di que así ha dicho el Señor Jehovah: ‘Yo os reuniré de

entre los pueblos y os recogeré de los países en los cuales habéis sido dispersados,

y os daré la tierra de Israel.’ 18 Allá volverán, y quitarán de ella todas sus cosas

detestables y todas sus cosas abominables. 19 Les daré otro corazón, y pondré un

espíritu nuevo dentro de ellos. De la carne de ellos quitaré el corazón de piedra y les

daré un corazón de carne, 20 para que anden según mis estatutos y guarden mis

decretos y los pongan por obra. Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios. 21 Pero

haré que la conducta de aquellos, cuyo corazón anda tras sus cosas detestables y

sus abominaciones, recaiga sobre sus cabezas”, dice el Señor Jehovah.

22 Entonces los querubines alzaron sus alas, con las ruedas que estaban junto a

ellos. Y la gloria del Dios de Israel estaba por encima, sobre ellos. 23 Luego la gloria

de Jehovah ascendió de en medio de la ciudad, y se detuvo sobre el monte que está

al oriente de la ciudad. 24 Luego el Espíritu me elevó y me volvió a llevar en visión

del Espíritu de Dios a Caldea, a los que estaban en la cautividad. Entonces la visión

que había visto se fue de mí. 25 Y comuniqué a los cautivos todas las cosas de

Jehovah que él me había mostrado.

Capítulo 12

1 Vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: 2 Oh hijo de hombre, tú habitas en

medio de una casa rebelde. Ellos tienen ojos para ver y no ven, y tienen oídos para

oír y no oyen, porque son una casa rebelde. 3 Por tanto, tú, oh hijo de hombre,

prepárate un equipaje de cautivo, y sal cautivo de día, ante su vista. Sal como

cautivo de tu lugar a otro lugar, ante su vista. Quizás lo consideren, porque son una

casa rebelde. 4 En pleno día, ante su vista, sacarás tu equipaje como si fuera

equipaje de cautivo, y te irás al anochecer ante su vista, como los que son sacados

en cautividad. 5 Perfora el muro ante su vista y sal por él. 6 Ante su vista llevarás el

equipaje sobre tus hombros. Saldrás en la penumbra; cubrirás tu cara para no ver la

tierra, porque te he puesto como señal para la casa de Israel.” 7 E hice así como me

fue ordenado: Saqué de día mi equipaje, como equipaje de cautivo, y al anochecer

perforé el muro con mis propias manos. Salí en la penumbra, y llevé mi equipaje

sobre los hombros, ante su vista. 8 Entonces, por la mañana, vino a mí la palabra de

Jehovah, diciendo: 9 Oh hijo de hombre, ¿no te han preguntado los de la casa de

Israel, esa casa rebelde, qué estás haciendo? 10 Diles que así ha dicho el Señor

Jehovah: ‘Esta profecía es para el gobernante en Jerusalén, y para toda la casa de

Israel que está en medio de ella.’ 11 Diles: ‘Yo soy una señal para vosotros; así

como yo he hecho, les será hecho a ellos. Irán en cautividad, en cautiverio.’ 12 El

gobernante que está en medio de ellos alzará sus cosas al hombro en la penumbra y

saldrá. Perforarán el muro para salir por él. Cubrirá su cara para no ver la tierra con

sus ojos. 13 Pero extenderé mi red sobre él, y quedará atrapado en mi trampa. Lo

traeré a Babilonia, a la tierra de los caldeos, pero no la verá, y allí morirá. 14 A todos

los que estén alrededor de él, sus ayudantes y todas sus tropas, los esparciré a

todos los vientos, y tras ellos desenvainaré la espada. 15 Y sabrán que yo soy

Jehovah, cuando los disperse entre las naciones y los esparza por los países. 16 Pero

haré que unos pocos de ellos escapen de la espada, del hambre y de la peste, para

que cuenten acerca de todas sus abominaciones entre las naciones a donde lleguen.

Y sabrán que yo soy Jehovah.”

17 Entonces vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: 18 Oh hijo de hombre,

come tu pan con temblor y bebe tu agua con estremecimiento y angustia. 19 Dirás al

pueblo de la tierra que así dice el Señor Jehovah a los habitantes de Jerusalén,

acerca de la tierra de Israel: ‘Comerán su pan con angustia, y beberán su agua con

horror, porque la tierra será desolada de su plenitud a causa de la violencia de todos

los que viven en ella. 20 Las ciudades habitadas serán arruinadas, y la tierra será una

desolación.’ Y sabréis que yo soy Jehovah.”

21 Entonces vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: 22 Oh hijo de hombre,

¿qué refrán es éste que tenéis vosotros acerca de la tierra de Israel, que dice: ‘Los

días se prolongan, y toda visión se desvanece’? 23 Por tanto, diles que así ha dicho el

Señor Jehovah: ‘Haré cesar este refrán, y no lo pronunciarán más en Israel.’

Más bien, diles que se han acercado los días y el cumplimiento de toda visión,

24 pues no habrá más falsa visión ni adivinación lisonjera en medio de la casa de

Israel. 25 Porque yo, Jehovah, hablaré; la palabra que hablaré se cumplirá. No habrá

más dilación, pues en vuestros días, oh casa rebelde, diré la palabra y la cumpliré”,

dice el Señor Jehovah. 26 Y vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: 27 Oh hijo de

hombre, he aquí que los de la casa de Israel dicen: ‘La visión que éste ha visto es

para después de muchos días; éste profetiza para tiempos remotos.’ 28 Por tanto,

diles que así ha dicho el Señor Jehovah: ‘No habrá más dilación para ninguna de mis

palabras. La palabra que hable se cumplirá’”, dice el Señor Jehovah.

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