GÉNESIS
Capítulo 39
1 Aconteció en aquel tiempo que Judá dejó a sus hermanos y se dirigió a residir
con un hombre adulamita que se llamaba Jira. 2 Judá vio allí a la hija de un hombre
cananeo llamado Súa, y la tomó y se unió a ella. 3 Ella concibió y dio a luz un hijo, y
él llamó su nombre Er. 4 Ella concibió otra vez y dio a luz otro hijo, y ella llamó su
nombre Onán. 5 Volvió a concebir y dio a luz otro hijo, y ella llamó su nombre Sela.
El estaba en Quezib cuando ella lo dio a luz. 6 Judá tomó una mujer para Er, su
primogénito; ésta se llamaba Tamar. 7 Pero Er, el primogénito de Judá, era malo ante
los ojos de Jehovah, y Jehovah le quitó la vida. 8 Entonces Judá dijo a Onán: —
Unete a la mujer de tu hermano; cumple así con ella tu deber de cuñado, y levanta
descendencia a tu hermano. 9 Pero sabiendo Onán que el hijo que le naciera no sería
considerado suyo, sucedía que cada vez que se unía a la mujer de su hermano, vertía
en tierra para no dar descendencia a su hermano. 10 Pero lo que hacía era malo ante
los ojos de Jehovah, y también a él le quitó la vida. 11 Entonces habló Judá a Tamar
su nuera, diciendo: — Permanece viuda en la casa de tu padre hasta que crezca mi
hijo Sela. Porque pensaba: “No sea que muera él también como sus hermanos.” Y
Tamar se fue y permaneció en la casa de su padre.
12 Pasados muchos años, murió Bat-súa, la mujer de Judá. Cuando Judá se
había consolado, subió a Timnat, a los esquiladores de sus ovejas, él y su amigo Jira
el adulamita. 13 Y avisaron a Tamar diciendo: — He aquí que tu suegro sube a
Timnat a esquilar sus ovejas. 14 Entonces ella se quitó su vestido de viudez, se cubrió
con un velo, se envolvió con un manto y se sentó a la entrada de Enaim, que está
junto al camino de Timnat, porque veía que Sela había crecido, pero que ella no le
había sido dada por mujer. 15 Entonces la vio Judá y pensó que era una prostituta,
porque había cubierto su cara. 16 Y se apartó del camino hacia ella y le dijo: — Por
favor, deja que me una a ti. Pues no sabía que ella era su nuera. Y ella dijo: — ¿Qué
me darás si te unes a mí? 17 El respondió: — Yo te enviaré un cabrito del rebaño.
Ella le dijo: — Tienes que darme una prenda hasta que me lo envíes. 18 Y él le dijo:
— ¿Qué prenda te daré? Ella le respondió: — Tu anillo, tu cordón y el bastón que
llevas en la mano. El se los dio y se unió a ella, y ella concibió de él. 19 Luego ella se
levantó y se fue. Después se quitó el velo que tenía sobre sí y se vistió de nuevo con
su vestido de viudez. 20 Judá envió el cabrito del rebaño por medio de su amigo el
adulamita, para que recuperase la prenda de mano de la mujer, pero él no la halló.
21 Entonces preguntó a los hombres de aquel lugar diciendo: — ¿Dónde está la
prostituta de Enaim, junto al camino? Ellos le dijeron: — Aquí no hay ninguna
prostituta. 22 El se volvió a Judá y dijo: — No la he hallado. También los hombres
del lugar dijeron: “Aquí no hay ninguna prostituta.” 23 Y Judá dijo: — ¡Que se quede
con la prenda! No seamos objeto de burla. He aquí yo le he enviado este cabrito,
pero tú no la has hallado.
24 Aconteció que después de unos tres meses le informaron a Judá diciendo: —
Tu nuera Tamar ha cometido adulterio y está encinta a consecuencia del adulterio. Y
Judá dijo: — ¡Sacadla, y que sea quemada! 25 Cuando era sacada, ella envió a decir
a su suegro: — Del hombre a quien pertenecen estas cosas estoy encinta. — Y
añadió — : Mira, pues, de quién son estas cosas: el anillo, el cordón y el bastón.
26 Entonces Judá los reconoció y dijo: — Más justa es ella que yo, porque no se la
he dado a mi hijo Sela. Y no volvió a tener relaciones con ella. 27 Aconteció que al
tiempo de dar a luz, he aquí que había mellizos en el vientre de Tamar. 28 Y cuando
ella daba a luz, sucedió que uno de ellos sacó la mano. La partera la tomó y ató a su
mano un hilo rojo diciendo: — ¡Este salió primero! 29 Pero sucedió que cuando él
volvió a meter la mano, he aquí salió su hermano. Y ella exclamó: — ¡Cómo te
abriste brecha! Y llamó su nombre Fares. 30 Después salió su hermano, el que tenía
en su mano el hilo rojo, y llamó su nombre Zéraj.
Capítulo 40
1 Llevado José a Egipto, Potifar, un hombre egipcio, funcionario del faraón y
capitán de la guardia, lo compró de mano de los ismaelitas que lo habían llevado allá.
2 Pero Jehovah estuvo con José, y el hombre tuvo éxito. El estaba en la casa de su
señor, el egipcio, 3 quien vio que Jehovah estaba con él y que todo lo que él hacía,
Jehovah lo hacía prosperar en su mano. 4 Así halló José gracia ante los ojos de Potifar
y le servía. Potifar le puso a cargo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía.
5 Y sucedió que desde que le puso a cargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehovah
bendijo la casa del egipcio por causa de José. Y la bendición de Jehovah estaba sobre
todo lo que tenía, tanto en la casa como en el campo. 6 El dejó todo lo que tenía en
mano de José, y teniéndole a él no se preocupaba de nada, excepto del pan que comía.
José era de bella presencia y de hermoso semblante.
7 Y sucedió después de estas cosas, que la mujer de su señor puso sus ojos en
José y le dijo: — Acuéstate conmigo. 8 El rehusó y dijo a la mujer de su señor: —
He aquí que mi señor, teniéndome a mí, no se preocupa de nada de cuanto hay en la
casa. Ha puesto en mis manos todo cuanto tiene. 9 No hay otro superior a mí en esta
casa; y ninguna cosa se ha reservado, sino a ti, porque eres su mujer. ¿Cómo, pues,
haría yo esta gran maldad y pecaría contra Dios? 10 Sucedió que ella insistía a José
día tras día, pero éste no le hacía caso para acostarse con ella, ni para estar con ella.
11 Y sucedió que él entró un día en la casa para hacer su trabajo, y ninguno de los
hombres de la casa estaba allí en casa. 12 Entonces ella le agarró por su manto,
diciendo: — Acuéstate conmigo. Pero él dejó su manto en las manos de ella, se
escapó y salió afuera.
13 Y aconteció que al ver ella que el manto había quedado en sus manos y que él
había escapado afuera, 14 llamó a los de su casa y les habló diciendo: — ¡Mirad, nos
han traído un hebreo para que se burle de nosotros! Vino a mí para acostarse
conmigo, pero yo grité a gran voz. 15 Y él, viendo que yo alzaba la voz y gritaba,
dejó a mi lado su manto, se escapó y salió afuera. 16 Ella puso junto a sí el manto de
José hasta que su señor volvió a casa. 17 Entonces ella le repitió a él las mismas
palabras diciendo: — El esclavo hebreo que nos trajiste vino a mí para burlarse de
mí. 18 Entonces José respondió: — Esta es su interpretación: Las tres cestas son tres
días. 19 Dentro de tres días el faraón quitará tu cabeza de encima de ti. Te hará
colgar en la horca, y las aves comerán tus carnes.
20 Y sucedió que al tercer día fue el cumpleaños del faraón, y él dio un banquete
a todos sus servidores. Entonces levantó la cabeza del jefe de los coperos y la
cabeza del jefe de los panaderos, en medio de sus servidores. 21 Al jefe de los
coperos lo restituyó en su cargo de copero, y éste volvió a poner la copa en la mano
del faraón. 22 Pero hizo ahorcar al jefe de los panaderos, como José les había
interpretado. 23 Sin embargo, el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que
se olvidó de él.
Capítulo 41
1 Aconteció después de dos años completos que el faraón tuvo un sueño: He
aquí que él estaba de pie junto al Nilo; 2 y del Nilo subían siete vacas de hermoso
aspecto y gordas de carne, y pacían entre los juncos. 3 Pero he aquí que otras siete
vacas salían del Nilo, detrás de ellas, de mal aspecto y flacas de carne. Estas se
pusieron junto a las otras vacas a la orilla del Nilo. 4 Entonces las vacas de mal
aspecto y flacas de carne devoraron a las siete vacas de hermoso aspecto y gordas.
Y el faraón se despertó. 5 Se durmió de nuevo y soñó por segunda vez; y he aquí
que siete espigas subieron de un solo tallo, gruesas y hermosas. 6 Pero he aquí que
detrás de ellas brotaron otras siete espigas delgadas y quemadas por el viento del
oriente. 7 Entonces las espigas delgadas devoraron a las siete espigas gruesas y
llenas. El faraón se despertó, y he aquí que había sido un sueño. 8 Sucedió que por la
mañana su espíritu estaba perturbado, por lo que mandó llamar a todos los magos
de Egipto y a todos sus sabios. El faraón les contó sus sueños, pero no había quien
se los interpretase al faraón.
9 Entonces el jefe de los coperos habló al faraón diciendo: — Ahora haré
mención de una falta mía. 10 El faraón se enojó contra sus siervos y me echó en la
cárcel de la casa del capitán de la guardia, junto con el jefe de los panaderos. 11 En
una misma noche él y yo tuvimos un sueño, y cada sueño tenía su propia
interpretación. 12 Y estaba allí con nosotros un joven hebreo, esclavo del capitán de
la guardia. Se lo contamos, y él interpretó nuestros sueños; a cada uno le interpretó
su propio sueño. 13 Y aconteció que tal como él nos lo interpretó, así sucedió: A mí
el faraón me restableció en mi puesto y al otro lo hizo colgar. 14 Entonces el faraón
mandó llamar a José, y le hicieron salir apresuradamente de la cárcel. Se afeitó, se
cambió de ropa y vino al faraón. 15 Entonces el faraón dijo a José: — He tenido un
sueño, y no hay quien me lo interprete. Pero he oído hablar de ti, que escuchas
sueños y los interpretas. 16 José respondió al faraón diciendo: — No está en mí.
Dios responderá para el bienestar del faraón.
17 Entonces el faraón dijo a José: — En mi sueño yo estaba de pie a la orilla del
Nilo. 18 Y he aquí que del Nilo salían siete vacas gordas de carne y de hermoso
aspecto, y pacían entre los juncos. 19 Pero he aquí que otras siete vacas subían
detrás de ellas, delgadas, de muy feo aspecto y flacas de carne. Jamás he visto otras
tan feas como aquéllas en toda la tierra de Egipto. 20 Entonces las vacas flacas y feas
devoraron a las siete primeras vacas gordas. 21 Estas entraron en su interior, pero no
parecía que hubiesen entrado en ellas, porque su apariencia seguía siendo tan mala
como al comienzo. Y me desperté. 22 Vi también en mi sueño siete espigas que
subieron de un solo tallo, llenas y hermosas. 23 Pero he aquí que detrás de ellas
brotaron otras siete espigas, secas, delgadas y quemadas por el viento del oriente.
24 Entonces las espigas delgadas devoraron a las siete espigas hermosas. Se lo he
contado a los magos, pero no hay quien me lo interprete. 25 Entonces José
respondió al faraón: — El sueño del faraón es uno solo. Dios ha mostrado al faraón
lo que va a hacer: 26 Las siete vacas hermosas son siete años; y las siete espigas
hermosas también son siete años. Se trata de un mismo sueño. 27 Las siete vacas
flacas y feas que salían detrás de las primeras son siete años, y las siete espigas
delgadas y quemadas por el viento del oriente son siete años de hambre. 28 Como
dije al faraón, Dios ha mostrado al faraón lo que va a hacer. 29 He aquí que vienen
siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto, 30 pero después de ellos
vendrán siete años de hambre. Toda la abundancia anterior será olvidada en la tierra
de Egipto. El hambre consumirá la tierra, 31 y aquella abundancia pasará
desapercibida en la tierra, debido al hambre que vendrá después, porque será muy
grave. 32 El hecho de que el sueño del faraón haya sucedido dos veces significa que
la cosa está firmemente decidida de parte de Dios, y que Dios se apresura a
ejecutarla.
33 Por tanto, provéase el faraón de un hombre entendido y sabio y póngalo a
cargo de la tierra de Egipto. 34 Haga esto el faraón: Ponga funcionarios a cargo del
país que recauden la quinta parte del producto de la tierra de Egipto durante los
siete años de abundancia. 35 Que ellos acumulen todos los alimentos de estos años
buenos que vienen, que almacenen el trigo bajo la supervisión del faraón, y que los
guarden en las ciudades para sustento. 36 Sean guardados los alimentos como
reserva para el país, para los siete años de hambre que vendrán sobre la tierra de
Egipto. Así el país no será arruinado por el hambre. 37 El plan le pareció bien al
faraón y a todos sus servidores. 38 Entonces el faraón dijo a sus servidores: —
¿Podremos hallar otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios? 39 El
faraón dijo a José: — Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay nadie
tan entendido ni sabio como tú. 40 Tú estarás a cargo de mi casa, y todo mi pueblo
será gobernado bajo tus órdenes. Solamente en el trono seré yo superior a ti. 41 —
El faraón dijo además a José — : He aquí, yo te pongo a cargo de toda la tierra de
Egipto. 42 Entonces el faraón se quitó el anillo de su mano y lo puso en la mano de
José. Le vistió con vestiduras de lino fino y puso un collar de oro en su cuello.
43 Luego lo hizo subir en su segundo carro, y proclamaban delante de él: “¡Doblad la
rodilla!” Así lo puso a cargo de toda la tierra de Egipto, 44 y el faraón dijo a José: —
Yo soy el faraón, y sin tu autorización ninguno alzará su mano ni su pie en toda la
tierra de Egipto. 45 El faraón llamó a José Zafenat-panéaj, y le dio por mujer a
Asenat hija de Potifera, sacerdote de On. Y José salió a recorrer toda la tierra de
Egipto.
46 José tenía 30 años cuando empezó a servir al faraón, rey de Egipto. Saliendo
José de la presencia del faraón, recorrió toda la tierra de Egipto. 47 La tierra produjo
a montones en aquellos siete años de abundancia. 48 El juntó todas las provisiones
de aquellos siete años en la tierra de Egipto y almacenó los alimentos en las
ciudades, llevando a cada ciudad las provisiones de los campos cercanos. 49 José
acumuló trigo como la arena del mar, tantísimo que dejó de calcularlo, porque era
incalculable. 50 Antes del primer año de hambre, le nacieron a José dos hijos, los
cuales le dio a luz Asenat hija de Potifera, sacerdote de On. 51 José llamó el nombre
del primogénito Manasés, porque dijo: “Dios me ha hecho olvidar todo mi
sufrimiento y toda la casa de mi padre.” 52 Al segundo lo llamó Efraín, porque dijo:
“Dios me ha hecho fecundo en la tierra de mi aflicción.” 53 Se terminaron los siete
años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto, 54 y comenzaron a llegar los
siete años de hambre, tal como José había anunciado. Había hambre en todos los
países, pero en toda la tierra de Egipto había qué comer. 55 Pero cuando el hambre
se sentía en toda la tierra de Egipto, el pueblo clamaba al faraón por alimentos.
Entonces el faraón dijo a todos los egipcios: “Id a José y haced lo que él os diga.”
56 El hambre se extendió a todos los rincones del país. Entonces José abrió todos
los depósitos de grano y vendía provisiones a los egipcios, porque el hambre se
había intensificado en la tierra de Egipto. 57 También de todos los países venían a
Egipto para comprar provisiones a José, porque el hambre se había intensificado en
toda la tierra.
Capítulo 42
1 Viendo Jacob que había provisiones en Egipto, dijo a sus hijos: — ¿Por qué os
estáis mirando unos a otros? 2 — Y añadió — : He aquí, he oído que en Egipto hay
provisiones. Descended allá y comprad para nosotros de allí, para que vivamos y no
muramos. 3 Diez de los hermanos de José descendieron a comprar trigo en Egipto.
4 Pero Jacob no envió con sus hermanos a Benjamín, hermano de José, porque dijo:
— No suceda que le acontezca alguna desgracia. 5 Fueron, pues, los hijos de Israel
entre los que iban a comprar provisiones, porque había hambre en la tierra de
Canaán. 6 Y José era el gobernador de la tierra, el que vendía provisiones a todos
los pueblos de la tierra. Entonces llegaron los hermanos de José y se postraron ante
él con el rostro a tierra.
7 Y al ver José a sus hermanos los reconoció, pero simuló serles extraño y les
habló con dureza. Luego les preguntó: — ¿De dónde habéis venido? Ellos le
respondieron: — De la tierra de Canaán, para comprar alimentos. 8 José reconoció
a sus hermanos, pero ellos no le reconocieron a él. 9 Entonces José se acordó de los
sueños que había tenido acerca de ellos y les dijo: — ¡Sois espías! Para ver los
lugares desprotegidos del país habéis venido. 10 Ellos le respondieron: — No, señor
nuestro. Tus siervos hemos venido para comprar alimentos. 11 Todos nosotros
somos hijos de un mismo hombre. Somos hombres honestos; tus siervos no somos
espías. 12 El les dijo: — No, sino que para ver los lugares desprotegidos del país
habéis venido. 13 Ellos respondieron: — Tus siervos somos doce hermanos, hijos de
un mismo hombre de la tierra de Canaán; pero el menor se ha quedado ahora con
nuestro padre, y el otro ya no está con nosotros. 14 José les dijo: — Eso es lo que
he dicho al afirmar que sois espías. 15 En esto seréis probados: ¡Vive el faraón que
no saldréis de aquí, sino cuando venga aquí vuestro hermano menor! 16 Enviad a uno
de vosotros y que traiga a vuestro hermano, y vosotros quedad presos. Así se
comprobarán vuestras palabras, si la verdad está en vosotros. Y si no, ¡vive el
faraón, que sois espías! 17 Los puso en la cárcel por tres días, 18 y al tercer día José
les dijo: — Haced esto y viviréis. Yo temo a Dios. 19 Si sois hombres honestos,
quede preso en vuestra celda uno de vuestros hermanos. El resto id, llevad las
provisiones para saciar el hambre de vuestras casas. 20 Pero habéis de traerme a
vuestro hermano menor. Así serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis. Ellos
lo hicieron así.
21 Y se decían el uno al otro: — Verdaderamente somos culpables con respecto a
nuestro hermano, pues a pesar de ver la angustia de su alma cuando nos pedía
compasión, no le escuchamos. Por eso ha venido sobre nosotros esta desgracia.
22 Entonces Rubén les respondió diciendo: — ¿No os hablé yo, diciendo: “No pequéis
contra el muchacho”, y no me escuchasteis? He aquí, también su sangre nos es
demandada. 23 Ellos no sabían que José les entendía, porque él hablaba con ellos por
medio de un intérprete. 24 Y apartándose de ellos, lloró. Después volvió a ellos y les
habló; y tomando de entre ellos a Simeón, lo tomó preso a la vista de ellos. 25 Después
José ordenó que llenaran sus costales de trigo y que a cada uno le devolviesen su
dinero, colocándolo en su costal. También ordenó que les diesen comida para el
camino. Y así se hizo con ellos. 26 Ellos pusieron sus provisiones sobre sus asnos y se
fueron de allí. 27 Pero al abrir uno de ellos su costal en la posada, para dar comida a su
asno, vio su dinero en la boca de su costal, 28 y dijo a sus hermanos: — ¡Mi dinero me
ha sido devuelto! ¡He aquí, está en mi costal! Se les sobresaltó el corazón y temblando
se dijeron unos a otros: — ¿Qué es esto que nos ha hecho Dios?
29 Habiendo venido a Jacob su padre, en la tierra de Canaán, le contaron todo
lo que les había acontecido, diciendo: 30 — Aquel hombre, el señor de la tierra, nos
habló con dureza y nos tomó por espías del país. 31 Nosotros le dijimos: “Somos
hombres honestos; no somos espías. 32 Somos doce hermanos, hijos de un mismo
padre; uno ya no está con nosotros, y el menor está hoy con nuestro padre en la
tierra de Canaán.” 33 Y aquel hombre, el señor de la tierra, nos dijo: “En esto
conoceré si sois hombres honestos: Dejad conmigo a uno de vuestros hermanos,
tomad provisiones para saciar el hambre de vuestras casas e id. 34 Pero traedme a
vuestro hermano, el menor, para que yo sepa que no sois espías sino hombres
honestos. Entonces os devolveré a vuestro hermano, y podréis negociar en el país.”
35 Y aconteció que al vaciar ellos sus costales, he aquí en el costal de cada uno
estaba su bolsa de dinero. Al ver ellos y su padre las bolsas de dinero, tuvieron
temor. 36 Entonces Jacob su padre les dijo: — Vosotros me estáis privando de mis
hijos: José ya no está con nosotros, ni Simeón tampoco. Y ahora os llevaréis a
Benjamín. ¡Contra mí son todas estas cosas! 37 Rubén habló a su padre diciendo: —
Haz morir a mis dos hijos si no te lo traigo de vuelta. Entrégalo en mi mano, que yo
te lo traeré de vuelta. 38 Y él dijo: — No irá mi hijo con vosotros; pues su hermano
está muerto, y sólo éste me ha quedado. Si le aconteciera alguna desgracia en el
camino por donde vais, haríais descender mis canas con dolor a la sepultura.
Capítulo 43
1 El hambre era grande en la tierra. 2 Y aconteció que cuando acabaron de
consumir las provisiones que trajeron de Egipto, les dijo su padre: — Volved y
comprad para nosotros un poco de alimento. 3 Y Judá le respondió diciendo: —
Aquel hombre nos advirtió enfáticamente diciendo: “No veréis mi cara a no ser que
vuestro hermano esté con vosotros.” 4 Si dejas ir a nuestro hermano con nosotros,
iremos y te compraremos alimentos. 5 Pero si no lo dejas ir, no iremos; porque aquel
hombre nos dijo: “No veréis mi cara a no ser que traigáis a vuestro hermano con
vosotros.” 6 Y dijo Israel: — ¿Por qué me habéis hecho tanto mal, declarándole a
aquel hombre que teníais otro hermano? 7 Ellos respondieron: — Aquel hombre nos
preguntó expresamente por nosotros y por nuestra familia, diciendo: “¿Vive aún
vuestro padre? ¿Tenéis algún otro hermano?” Nosotros respondimos conforme a
estas preguntas. ¿Cómo podíamos saber que nos iba a decir: “Haced venir a vuestro
hermano”? 8 Entonces Judá dijo a Israel su padre: — Deja ir al muchacho conmigo.
Así nos levantaremos e iremos, para que vivamos y no muramos nosotros, tú y
nuestros niños pequeños. 9 Yo saldré como fiador. A mí me pedirás cuentas de él. Si
no te lo traigo y lo pongo delante de ti, seré ante ti el culpable para siempre. 10 Si no
nos hubiéramos detenido, ahora ya habríamos vuelto dos veces.
11 Entonces Israel su padre les respondió: — Si tiene que ser así, haced esto:
Tomad de lo mejor del país en vuestros equipajes y llevadlo a aquel hombre como
un presente: un poco de bálsamo, algo de miel, perfumes, mirra, nueces y almendras.
12 Tomad con vosotros el doble del dinero, y devolved personalmente el dinero que
os fue devuelto en la boca de vuestros costales; quizás fue un error. 13 Tomad
también a vuestro hermano. Levantaos y volved a aquel hombre. 14 ¡Que el Dios
Todopoderoso os conceda hallar misericordia delante de aquel hombre, y libere a
vuestro otro hermano y a Benjamín! Y si yo he de ser privado de mis hijos, que lo
sea.
15 Entonces los hombres tomaron el presente. Tomaron también con ellos el
doble del dinero, y a Benjamín. Se levantaron y descendieron a Egipto, y se
presentaron ante José. 16 Cuando José vio a Benjamín con ellos, dijo al
administrador de su casa: — Lleva a esos hombres a casa. Mata un animal y
prepáralo, porque estos hombres comerán conmigo al mediodía.
17 El hombre hizo como dijo José y llevó a los hombres a la casa de José. 18 Los
hombres tuvieron temor cuando fueron llevados a la casa de José, y decían: — Por
el dinero que fue devuelto en nuestros costales la primera vez nos han traído aquí,
para buscar ocasión contra nosotros, para caer sobre nosotros y tomarnos como
esclavos, junto con nuestros asnos. 19 Entonces se acercaron al administrador de la
casa de José y le hablaron a la entrada de la casa, 20 diciendo: — ¡Por favor, señor
mío! Nosotros en verdad vinimos la primera vez para comprar alimentos. 21 Y
aconteció que cuando llegamos a la posada, abrimos nuestros costales, y he aquí el
dinero de cada uno estaba en la boca de su costal: nuestro dinero en su justo valor.
Lo hemos traído de vuelta con nosotros. 22 También hemos traído más dinero con
nosotros para comprar alimentos. Nosotros no sabemos quién puso nuestro dinero
en nuestros costales. 23 El respondió: — Paz a vosotros; no temáis. Vuestro Dios, el
Dios de vuestro padre, os puso el tesoro en vuestros costales, puesto que vuestro
dinero llegó a mi poder. Luego les sacó a Simeón. 24 Así que el hombre llevó a los
hombres a la casa de José. Les dio agua, y ellos se lavaron los pies. Luego dio
forraje a sus asnos. 25 Por su parte, ellos prepararon el presente mientras José venía
al mediodía, porque habían oído que iban a comer allí.
26 Cuando José llegó a casa, ellos le llevaron el presente que habían traído
personalmente a la casa y se postraron a tierra ante él. 27 El les preguntó cómo
estaban y les dijo: — Vuestro padre, el anciano que mencionasteis, ¿está bien?
¿Vive todavía? 28 Ellos respondieron: — Tu siervo, nuestro padre, está bien. El vive
todavía. Ellos se inclinaron ante él y se postraron. 29 Y alzando sus ojos, él vio a su
hermano Benjamín, hijo de su madre. Y les preguntó: — ¿Es éste vuestro hermano
menor de quien me habíais hablado? — Y añadió — : Dios tenga misericordia de ti,
hijo mío. 30 Entonces José se dio prisa, porque se conmovió profundamente a causa
de su hermano y estuvo a punto de llorar. Entró en su habitación y lloró allí. 31 Luego
se lavó la cara, salió fuera y conteniéndose dijo: — Servid la comida. 32 A José le
sirvieron aparte. Y sirvieron por separado a ellos y a los egipcios que habían de
comer allí, pues los egipcios no pueden comer con los hebreos, porque esto a los
egipcios les es una abominación. 33 Se sentaron en su presencia de esta manera: el
primogénito de acuerdo con su rango hasta el más jóven de acuerdo con su edad. Y
los hombres se miraban atónitos unos a otros. 34 El tomó porciones de delante de sí
para ellos, e hizo que la porción de Benjamín fuese cinco veces mayor que la de los
demás. También bebieron y se alegraron con él.
Capítulo 44
1 Después ordenó José al administrador de su casa diciendo: — Llena de
alimentos los costales de estos hombres, todo lo que puedan llevar. Pon el dinero de
cada uno en la boca de su costal. 2 Pon también mi copa, la copa de plata, en la
boca del costal del menor, junto con el dinero de su trigo. El hizo como le dijo José.
3 Cuando rayó el alba, fueron despedidos los hombres con sus asnos. 4 Cuando ellos
habían salido de la ciudad y antes de que se alejaran mucho, José dijo al que estaba
a cargo de su casa: — Levántate y sigue a esos hombres. Cuando los alcances,
diles: “¿Por qué habéis pagado mal por bien? ¿Por qué me habéis robado la copa
de plata? 5 ¿No es ésta la copa que mi señor usa para beber y por la que suele
adivinar? Habéis actuado mal al hacer esto.” 6 Cuando él los alcanzó, les repitió
estas palabras; 7 y ellos le respondieron: — ¿Por qué dice mi señor tales cosas? ¡Tus
siervos jamás harían tal cosa! 8 Si el dinero que hallamos en la boca de nuestros
costales te lo volvimos a traer desde la tierra de Canaán, ¿cómo, pues, íbamos a
robar plata u oro de la casa de tu señor? 9 Aquel de tus siervos en cuyo poder sea
hallada la copa, que muera; y nosotros seremos esclavos de mi señor. 10 El dijo: —
Sea también ahora conforme a lo que decís: Aquel en cuyo poder se halle será mi
esclavo. Los demás quedaréis libres. 11 Entonces ellos se apresuraron a bajar a
tierra cada uno su costal, y cada uno abrió su costal. 12 El buscó, comenzando por el
del mayor y terminando por el del menor, y la copa fue hallada en el costal de
Benjamín. 13 Ellos rasgaron sus vestiduras, y después de cargar cada cual su asno,
volvieron a la ciudad. 14 Judá vino con sus hermanos a la casa de José, quien aún
estaba allí, y se postraron a tierra ante él. 15 Y José les dijo: — ¿Qué es esto que
habéis hecho? ¿No sabéis que un hombre como yo ciertamente sabe adivinar?
16 Entonces dijo Judá: — ¿Qué podemos decir a mi señor? ¿Qué hablaremos?
¿Con qué nos justificaremos? Dios ha descubierto la culpa de tus siervos. He aquí,
somos esclavos de mi señor, tanto nosotros como aquel en cuyo poder fue hallada la
copa. 17 El respondió: — ¡Nunca haga yo tal cosa! Aquel en cuyo poder fue hallada
la copa será mi esclavo. Los demás volveos en paz a vuestro padre.
18 Entonces Judá se acercó a él y le dijo: — ¡Ay, señor mío! Permite que hable
tu siervo una palabra a oídos de mi señor. No se encienda tu ira contra tu siervo,
puesto que tú eres como el mismo faraón. 19 Mi señor preguntó a sus siervos
diciendo: “¿Tenéis padre o hermano?” 20 Y nosotros respondimos a mi señor:
“Tenemos un padre anciano y un muchacho pequeño que le nació en su vejez. Un
hermano suyo murió. Sólo él ha quedado de su madre, y su padre lo ama.” 21 Tú
dijiste a tus siervos: “Traédmelo para que lo vea.” 22 Y nosotros dijimos a mi señor:
“El joven no puede dejar a su padre; porque si le deja, su padre morirá.” 23 Y dijiste
a tus siervos: “Si vuestro hermano menor no viene con vosotros, no veréis más mi
cara.” 24 Aconteció, pues, que cuando fuimos a tu siervo, mi padre, le contamos las
palabras de mi señor. 25 Y nuestro padre dijo: “Volved a comprarnos un poco más
de alimentos.” 26 Nosotros respondimos: “No podemos ir, a menos que nuestro
hermano menor vaya con nosotros. Porque no podemos ver la cara de aquel
hombre si nuestro hermano menor no está con nosotros.” 27 Entonces tu siervo, mi
padre, nos dijo: “Vosotros sabéis que mi mujer me dio dos hijos, 28 y que uno de
ellos partió de mi presencia y pienso que de cierto fue despedazado, pues hasta
ahora no lo he vuelto a ver. 29 Si tomáis también a éste de mi presencia y le acontece
alguna desgracia, haréis descender mis canas con aflicción a la sepultura.” 30 Ahora
pues, cuando llegue yo a tu siervo, mi padre, si el joven no está conmigo, como su
vida está tan ligada a la de él, 31 sucederá que cuando vea que no está con nosotros
el muchacho, morirá. Así tus siervos habremos hecho descender las canas de tu
siervo, nuestro padre, con dolor, a la sepultura. 32 Como tu siervo salió por fiador
del joven ante mi padre, diciendo: “Si no te lo traigo de vuelta, entonces yo seré
culpable ante mi padre para siempre”, 33 permite ahora que tu siervo quede como
esclavo de mi señor en lugar del muchacho, y que el muchacho regrese con sus
hermanos. 34 Porque, ¿cómo volveré yo a mi padre si el muchacho no está conmigo?
¡No podré, para no ver la desgracia que sobrevendrá a mi padre!
Capítulo 45
1 José ya no podía contenerse más delante de todos los que estaban en su
presencia, y gritó: — ¡Que salgan todos de mi presencia! Nadie quedó con él
cuando se dio a conocer a sus hermanos. 2 Entonces se puso a llorar a gritos, y lo
oyeron los egipcios. Y fue oído también en la casa del faraón. 3 José dijo a sus
hermanos: — Yo soy José. ¿Vive aún mi padre? Sus hermanos no pudieron
responderle, porque estaban aterrados delante de él. 4 Entonces José dijo a sus
hermanos: — Acercaos a mí, por favor. Ellos se acercaron, y él les dijo: — Yo soy
José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. 5 Ahora pues, no os
entristezcáis ni os pese el haberme vendido acá, porque para preservación de vida
me ha enviado Dios delante de vosotros. 6 Ya han transcurrido dos años de hambre
en medio de la tierra, y todavía quedan cinco años en que no habrá ni siembra ni
siega. 7 Pero Dios me ha enviado delante de vosotros para preservaros posteridad
en la tierra, y para daros vida mediante una gran liberación. 8 Así que no me
enviasteis vosotros acá, sino Dios, que me ha puesto como protector del faraón,
como señor de toda su casa y como gobernador de toda la tierra de Egipto.
9 Apresuraos, id a mi padre y decidle: “Así dice tu hijo José: ‘Dios me ha puesto
como señor de todo Egipto. Ven a mí; no te detengas. 10 Habitarás en la zona de
Gosén, y estarás cerca de mí, tú, tus hijos, los hijos de tus hijos, tus rebaños, tus
vacas y todo lo que tienes. 11 Allí proveeré para ti, pues todavía faltan cinco años de
hambre; para que no perezcáis de necesidad tú, tu casa y todo lo que tienes.’” 12 He
aquí que vuestros ojos y los ojos de mi hermano Benjamín ven que es mi boca la
que os habla. 13 Informad a mi padre acerca de toda mi gloria en Egipto y de todo lo
que habéis visto. Apresuraos y traed a mi padre acá. 14 Entonces se echó sobre el
cuello de Benjamín su hermano y lloró. También Benjamín lloró sobre su cuello.
15 Besó a todos sus hermanos y lloró sobre ellos. Después de esto, sus hermanos
hablaron con él.
16 Se oyó la noticia en el palacio del faraón: “Los hermanos de José han venido.”
Esto agradó al faraón y a sus servidores, 17 y el faraón dijo a José: — Di a tus
hermanos: “Haced lo siguiente: Cargad vuestros animales y volved a la tierra de
Canaán. 18 Tomad a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí. Yo os daré lo
mejor de la tierra de Egipto, y comeréis sus productos más preciados.” 19 Y tú dales
la orden siguiente: “Haced esto: Tomad de la tierra de Egipto carretas para vuestros
niños y para vuestras mujeres. Y tomad a vuestro padre y venid. 20 No echéis de
menos vuestras pertenencias, porque lo mejor de toda la tierra de Egipto será
vuestro.” 21 Así lo hicieron los hijos de Israel. José les dio carretas, conforme a las
órdenes del faraón, y les dio provisiones para el camino. 22 A cada uno de ellos les
dio un vestido nuevo; y a Benjamín le dio 300 piezas de plata y 5 vestidos nuevos.
23 Para su padre envió lo siguiente: 10 asnos cargados de lo mejor de Egipto y 10
asnas cargadas de trigo, pan y otros alimentos para su padre, para el camino.
24 Cuando despidió a sus hermanos, y ellos se iban, José les dijo: — No riñáis en el
camino.
25 Subieron de Egipto y llegaron a la tierra de Canaán, a su padre Jacob. 26 Y le
dieron la noticia diciendo: — ¡José vive aún! El es el gobernador de toda la tierra de
Egipto. Pero él se quedó pasmado, porque no les podía creer. 27 Ellos le contaron
todas las cosas que José les había dicho. Y al ver las carretas que José enviaba para
llevarlo, el espíritu de Jacob su padre revivió. 28 Entonces dijo Israel: — Basta.
¡José, mi hijo, vive todavía! Iré y le veré antes de que yo muera.
Capítulo 46
1 Así partió Israel con todo lo que tenía y llegó a Beerseba, donde ofreció
sacrificios al Dios de su padre Isaac. 2 Y Dios habló a Israel en visiones de noche y
le dijo: — Jacob, Jacob. Y él respondió: — Heme aquí. 3 Le dijo: — Yo soy Dios,
el Dios de tu padre. No temas descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran
nación. 4 Yo descenderé contigo a Egipto y ciertamente yo también te haré subir de
allí. Y la mano de José cerrará tus ojos.
5 Partió Jacob de Beerseba, y los hijos de Israel hicieron subir a su padre Jacob,
a sus niños y a sus mujeres en las carretas que el faraón había enviado para llevarlo.
6 Tomaron también sus ganados y sus posesiones que habían adquirido en la tierra
de Canaán. Fueron a Egipto Jacob y toda su descendencia con él. 7 Llevó consigo a
Egipto a toda su descendencia: a sus hijos y a los hijos de sus hijos, a sus hijas y a
las hijas de sus hijos. 8 Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en
Egipto: Jacob y sus hijos: Rubén, el primogénito de Jacob; 9 y los hijos de Rubén:
Hanoc, Falú, Hesrón y Carmi. 10 Los hijos de Simeón: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín,
Zojar y Saúl, hijo de la cananea. 11 Los hijos de Leví: Gersón, Cohat y Merari.
12 Los hijos de Judá: Er, Onán, Sela, Fares y Zéraj. (Er y Onán habían muerto en la
tierra de Canaán.) Los hijos de Fares fueron Hesrón y Hamul. 13 Los hijos de Isacar:
Tola, Fúa, Jasub y Simrón. 14 Los hijos de Zabulón: Sered, Elón y Yajleel. 15 Estos
fueron los hijos de Lea, que dio a luz a Jacob en Padan-aram, y su hija Dina. El total
de las personas de sus hijos y de sus hijas era treinta y tres. 16 Los hijos de Gad:
Zifión, Hagui, Suni, Ezbón, Eri, Arodi y Areli. 17 Los hijos de Aser: Imna, Isva, Isvi,
Bería y su hermana Sera. Los hijos de Bería fueron Heber y Malquiel. 18 Estos
fueron los hijos de Zilpa, sierva que Labán dio a su hija Lea, y que dio a luz estos
hijos a Jacob: dieciséis personas. 19 Los hijos de Raquel, mujer de Jacob, fueron
José y Benjamín. 20 A José le nacieron, en la tierra de Egipto, Manasés y Efraín, que
le dio a luz Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On. 21 Los hijos de Benjamín
fueron: Bela, Bequer, Asbel, Gera, Naamán, Eji, Ros, Mupim, Hupim y Ard.
22 Estos fueron los hijos de Raquel que le nacieron a Jacob: catorce personas en
total. 23 Los hijos de Dan: Husim. 24 Los hijos de Neftalí: Yajzeel, Guni, Jezer y
Silem. 25 Estos fueron los hijos de Bilha, la que Labán dio a su hija Raquel, y dio a
luz estos hijos a Jacob: siete personas en total. 26 Todas las personas que fueron con
Jacob a Egipto, sus descendientes directos, sin contar las mujeres de los hijos de
Jacob, todas las personas fueron sesenta y seis. 27 Los hijos de José que le nacieron
en Egipto, fueron dos; así todos los miembros de la familia de Jacob que entraron en
Egipto fueron setenta.
28 Entonces Jacob envió a Judá delante de él a llamar a José para que viniese a
encontrarle en Gosén. Mientras tanto, ellos llegaron a la tierra de Gosén. 29 José hizo
preparar su carro y fue a Gosén para recibir a Israel su padre. El se dio a conocer, y
echándose sobre su cuello lloró mucho tiempo sobre su cuello. 30 Entonces Israel
dijo a José: — ¡Ahora ya puedo morir, puesto que he visto tu cara, y que vives
todavía! 31 Después José dijo a sus hermanos y a la familia de su padre: — Subiré y
lo haré saber al faraón. Le diré: “Mis hermanos y la familia de mi padre que estaban
en la tierra de Canaán han venido a mí. 32 Los hombres son pastores de ovejas,
porque poseen ganados. Han traído sus ovejas y sus vacas y todo lo que tienen.”
33 Cuando el faraón os llame y os diga: “¿Cuál es vuestro oficio?”, 34 entonces le
diréis: “Tus siervos hemos sido hombres de ganadería desde nuestra juventud hasta
ahora, lo mismo nosotros que nuestros padres.” Esto diréis para que habitéis en la
tierra de Gosén, porque los egipcios abominan a todo pastor de ovejas.
Capítulo 47
1 José fue y lo hizo saber al faraón diciendo: — Mi padre y mis hermanos, con
sus ovejas y sus vacas y todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canaán, y he
aquí que están en la tierra de Gosén. 2 Luego tomó a cinco de entre sus hermanos y
los presentó ante el faraón. 3 Y el faraón preguntó a sus hermanos: — ¿Cuál es
vuestro oficio? Ellos respondieron al faraón: — Tus siervos somos pastores de
ovejas, lo mismo nosotros que nuestros padres. 4 — Dijeron, además, al faraón — :
Hemos venido para residir en esta tierra, porque no hay pasto para las ovejas de tus
siervos y el hambre en la tierra de Canaán es grave. Por eso, permite que tus siervos
habiten en la tierra de Gosén. 5 Entonces el faraón habló a José diciendo: — Tu
padre y tus hermanos han venido a ti; 6 la tierra de Egipto está delante de ti. En lo
mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; habiten en la tierra de
Gosén. Y si juzgas que hay entre ellos hombres aptos, ponlos como mayorales de mi
ganado. 7 Después José trajo a su padre Jacob y se lo presentó al faraón. Jacob
bendijo al faraón. 8 Y el faraón preguntó a Jacob: — ¿Cuántos años tienes? 9 Y
Jacob respondió al faraón: — Los años de mi peregrinación son 130 años. Pocos y
malos son los años de mi vida, y no alcanzan al número de los años de la vida de mis
padres en su peregrinación. 10 Jacob bendijo al faraón; después salió de su
presencia. 11 Así José hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión
en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramesés, como mandó
el faraón. 12 Y José proveía de alimentos a su padre, a sus hermanos y a toda la casa
de su padre, según el número de los niños pequeños.
13 Ya no había alimentos en toda la tierra; y el hambre se había agravado, por lo
que desfallecía de hambre tanto la tierra de Egipto como la tierra de Canaán.
14 Entonces José recaudó todo el dinero que se hallaba en la tierra de Egipto y en la
tierra de Canaán, a cambio de los alimentos que le compraban, y trajo José el dinero
al palacio del faraón. 15 Y cuando se acabó el dinero en la tierra de Egipto y en la
tierra de Canaán, todo Egipto vino a José diciendo: — Danos de comer. ¿Por qué
hemos de morir en tu presencia por habérsenos terminado el dinero? 16 José les dijo:
— Dad vuestros ganados. Si se os ha terminado el dinero, yo os daré alimentos a
cambio de vuestros ganados. 17 Ellos llevaron sus ganados a José. Y José les dio
alimentos a cambio de los caballos, el ganado ovejuno, el ganado vacuno y los
asnos. Aquel año les proveyó alimento a cambio de todos sus ganados. 18 Cuando
se acabó aquel año, fueron a él el segundo año y le dijeron: — No necesitamos
encubrir a nuestro señor que se ha acabado el dinero y que el ganado ya es de
nuestro señor. Nada ha quedado delante de nuestro señor, excepto nuestros
cuerpos y nuestras tierras. 19 ¿Por qué hemos de perecer en tu presencia, tanto
nosotros como nuestras tierras? Cómpranos a nosotros y nuestras tierras a cambio
de alimentos, y nosotros y nuestras tierras seremos siervos del faraón. Sólo danos
semillas para que sobrevivamos y no muramos, y que la tierra no quede desolada.
20 Así compró José toda la tierra de Egipto para el faraón, porque los egipcios
vendieron cada uno su tierra, ya que el hambre se había agravado sobre ellos. Así la
tierra vino a ser del faraón. 21 Y él redujo al pueblo a servidumbre, desde un
extremo a otro del territorio de Egipto. 22 Solamente no compró la tierra de los
sacerdotes, porque los sacerdotes tenían ración de parte del faraón. Como ellos
comían de la ración que les daba el faraón, por eso no tuvieron que vender sus
tierras. 23 Entonces José dijo al pueblo: — He aquí, hoy os he comprado, para el
faraón, a vosotros y vuestras tierras. Aquí tenéis semilla; sembrad la tierra. 24 Y
sucederá que de los productos daréis la quinta parte al faraón. Las cuatro partes
serán vuestras para sembrar las tierras, para vuestro sustento, para los que están en
vuestras casas y para que coman vuestros niños. 25 Ellos respondieron: — ¡Nos has
dado la vida! Hallemos gracia ante los ojos de nuestro señor y seremos siervos del
faraón. 26 Entonces José instituyó como ley en la tierra de Egipto, hasta el día de
hoy, que la quinta parte pertenece al faraón. Solamente la tierra de los sacerdotes no
llegó a ser del faraón.
27 Habitó, pues, Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén, y se
establecieron en ella. Allí fueron fecundos y se multiplicaron mucho. 28 Jacob vivió en
la tierra de Egipto 17 años; y los días de Jacob, los años de su vida, fueron 147
años. 29 Cuando se acercó el día de la muerte de Israel, éste llamó a su hijo José y le
dijo: — Si he hallado gracia ante tus ojos, por favor, pon tu mano debajo de mi
muslo y muéstrame misericordia y verdad; te ruego que no me sepultes en Egipto,
30 sino que cuando repose con mis padres, me llevarás de Egipto y me sepultarás en
el sepulcro de ellos. José respondió: — Yo haré como tú dices. 31 Y él dijo: —
¡Júramelo! El se lo juró. Entonces Israel se postró sobre la cabecera de la cama.
Capítulo 48
1 Sucedió que después de estas cosas se le informó a José: “He aquí, tu padre
está enfermo.” Entonces él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín. 2 Y se lo
comunicaron a Jacob diciendo: — He aquí que tu hijo José ha venido a ti. Entonces
Israel se esforzó y se sentó sobre la cama. 3 Y Jacob dijo a José: — El Dios
Todopoderoso se me apareció en Luz, en la tierra de Canaán y me bendijo
4 diciéndome: “He aquí, yo te haré fecundo y te multiplicaré, y haré que llegues a ser
una multitud de naciones. Yo daré esta tierra como posesión perpetua a tu
descendencia después de ti.” 5 Y ahora, tus dos hijos, Efraín y Manasés, que te
nacieron en la tierra de Egipto antes de que yo viniese a ti en la tierra de Egipto,
serán míos; como Rubén y Simeón serán míos. 6 Pero tus descendientes que
engendres después de ellos serán tuyos, y en sus heredades serán llamados según el
nombre de sus hermanos. 7 Porque cuando yo venía de Padan-aram, se me murió
Raquel en la tierra de Canaán, en el camino, a corta distancia de Efrata; y allí la
sepulté en el camino de Efrata, es decir, de Belén.
8 Entonces Israel vio a los hijos de José y preguntó: — ¿Quiénes son éstos?
9 José respondió a su padre: — Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí. Y él dijo:
— Por favor, acércamelos para que los bendiga. 10 Los ojos de Israel estaban tan
debilitados por la vejez que no podía ver. Hizo, pues, que ellos se acercaran a él; y
él los besó y los abrazó. 11 Y dijo Israel a José: — Yo no esperaba ver tu cara, ¡y
he aquí que Dios me ha hecho ver también a tus hijos! 12 Entonces José los apartó
de entre sus rodillas, y se postró con su rostro a tierra. 13 Luego tomó José a ambos:
a Efraín a su derecha (a la izquierda de Israel), y a Manasés a su izquierda (a la
derecha de Israel); y los acercó a él. 14 Luego Israel extendió su mano derecha y la
puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su izquierda la puso sobre la
cabeza de Manasés, cruzando sus manos a propósito, a pesar de que el primogénito
era Manasés. 15 Y bendijo a José diciendo: — El Dios en cuya presencia anduvieron
mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me pastorea desde que nací hasta el día
de hoy, 16 el Angel que me redime de todo mal, bendiga a estos jóvenes. Sean ellos
llamados por mi nombre y por los nombres de mis padres Abraham e Isaac, y
multiplíquense abundantemente en medio de la tierra. 17 Al ver José que su padre
ponía su mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le pareció mal, y tomó la mano de
su padre para pasarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés. 18 José dijo a
su padre: — Así no, padre mío, porque éste es el primogénito. Pon tu diestra sobre
su cabeza. 19 Pero su padre rehusó y dijo: — Lo sé, hijo mío, lo sé. También él
llegará a ser un pueblo y también será engrandecido. Pero su hermano menor será
más grande que él, y sus descendientes llegarán a ser una multitud de naciones. 20 Y
los bendijo aquel día diciendo: — Israel bendecirá en vuestro nombre, diciendo:
“Dios te haga como a Efraín y como a Manasés.” Así nombró a Efraín antes que a
Manasés. 21 Luego Israel dijo a José: — He aquí yo estoy a punto de morir, pero
Dios estará con vosotros y os hará volver a la tierra de vuestros padres. 22 Yo te
doy a ti una parte más que a tus hermanos, la cual yo tomé de mano del amorreo
con mi espada y con mi arco.
Capítulo 49
1 Entonces Jacob llamó a sus hijos y les dijo: “Reuníos, y os declararé lo que os
ha de acontecer en los días postreros. 2 Reuníos y escuchad, hijos de Jacob;
escuchad a vuestro padre Israel: 3 “ Rubén, mi primogénito: Tú eres mi fortaleza y el
principio de mi vigor; principal en dignidad y principal en poder. 4 Porque fuiste
inestable como el agua, no serás el principal. Porque subiste a la cama de tu padre, y
al subir a mi lecho lo profanaste.
5 “ Simeón y Leví son hermanos; sus armas son instrumentos de violencia. 6 No
participe mi alma en su consejo, ni mi honor se adhiera a su asamblea. Porque en su
furor mataron hombres, y en su desenfreno lisiaron bueyes. 7 Maldito sea su furor,
porque fue fiero, y su ira, porque fue cruel. Yo los dispersaré en Jacob, y los
esparciré en Israel.
8 “ Judá, tus hermanos te alabarán. Tu mano estará sobre el cuello de tus
enemigos, y los hijos de tu padre se postrarán ante ti. 9 Eres un cachorro de león, oh
Judá; vuelves de cazar, hijo mío. Se agacha y se recuesta cual león; y como leona,
¿quién lo despertará? 10 El cetro no será quitado de Judá, ni la vara de autoridad de
entre sus pies, hasta que venga Siloh; y le obedecerán los pueblos. 11 Atando a la vid su
borriquillo y a la cepa la cría de su asna, lava en vino su vestidura y en sangre de uvas
su manto. 12 Sus ojos están brillantes por el vino, y sus dientes blancos por la leche.
13 “ Zabulón habitará las costas de los mares. Será puerto de navíos, y su
extremo llegará hasta Sidón. 14 “ Isacar es un asno de fuertes huesos, echado entre
dos alforjas. 15 Vio que el lugar de descanso era bueno y que la tierra era placentera,
e inclinó sus hombros para cargar y se sometió al tributo laboral. 16 “Dan juzgará a
su pueblo como una de las tribus de Israel. 17 Dan será como serpiente junto al
camino, como víbora junto al sendero, que muerde los cascos del caballo de modo
que su jinete caiga hacia atrás. 18 “ ¡Espero tu salvación, oh Jehovah! 19 “Gad: Un
batallón lo atacará; pero él les atacará por su espalda. 20 “Aser: Sus alimentos son
suculentos; él producirá manjares dignos de un rey. 21 “ Neftalí es una venada suelta
que tendrá hermosos venaditos.
22 “ José es un retoño fructífero, retoño fructífero junto a un manantial; sus ramas
trepan sobre el muro. 23 Los arqueros le causaron amargura; le fueron hostiles los
flecheros. 24 Pero su arco permaneció firme, y sus brazos se hicieron ágiles, por las
manos del Fuerte de Jacob; por el nombre del Pastor, la Roca de Israel; 25 por el
Dios de tu padre, el cual te ayudará; y por el Todopoderoso, quien te bendecirá:
con bendiciones del cielo arriba, con bendiciones del océano que se extiende abajo;
con bendiciones de los senos y de la matriz. 26 Las bendiciones de tu padre
sobrepasan a las de las montañas eternas, y a los deleites de las colinas antiguas. Sean
sobre la cabeza de José, sobre la coronilla del príncipe de sus hermanos. 27 “Benjamín
es un lobo rapaz: Por la mañana come la presa, y al atardecer reparte el botín.”
28 Todos éstos llegaron a ser las doce tribus de Israel, y esto fue lo que su padre
les dijo al bendecirlos; a cada uno lo bendijo con su respectiva bendición. 29 Luego
les mandó diciendo: “Yo voy a ser reunido con mi pueblo. Sepultadme con mis
padres en la cueva que está en el campo de Efrón el heteo; 30 en la cueva que está
en el campo de Macpela, frente a Mamre, en la tierra de Canaán, la cual compró
Abraham a Efrón el heteo, junto con el campo, para posesión de sepultura. 31 Allí
sepultaron a Abraham y a Sara su mujer, allí sepultaron a Isaac y a Rebeca su
mujer, y allí sepulté yo a Lea. 32 El campo y la cueva que está en él fueron
adquiridos de los hijos de Het.” 33 Cuando acabó de dar instrucciones a sus hijos,
recogió sus pies en la cama y expiró. Y fue reunido con sus padres.
Capítulo 50
1 Entonces José se echó sobre la cara de su padre, lloró sobre él y lo besó.
2 José mandó a sus servidores, los médicos, que embalsamaran a su padre, y los
médicos embalsamaron a Israel. 3 Cumplieron con él cuarenta días, tiempo que
duraba el proceso de embalsamamiento, y los egipcios guardaron luto por él setenta
días. 4 Y pasados los días de su duelo, José habló a los de la casa del faraón
diciendo: — Si he hallado gracia ante vuestros ojos, por favor, haced llegar a oídos
del faraón lo siguiente: 5 “ Mi padre me hizo jurar diciendo: ‘He aquí, que yo voy a
morir; en el sepulcro que cavé para mí en la tierra de Canaán, allí me sepultarás.’
Permite, pues, que suba yo ahora, sepulte a mi padre y regrese.” 6 El faraón le
respondió: — Sube y sepulta a tu padre, como él te hizo jurar.
7 Entonces José subió a sepultar a su padre. Y con él subieron todos los
servidores del faraón, los dignatarios de su corte y todos los dignatarios de la tierra
de Egipto, 8 toda la familia de José, sus hermanos y la familia de su padre. Solamente
dejaron en la tierra de Gosén a sus niños, sus ovejas y sus vacas. 9 Subieron también
con él carros y gente de a caballo, formando un numeroso cortejo. 10 Llegaron hasta
la era de Atad, que estaba al otro lado del Jordán, y allí tuvieron una lamentación
grande y muy fuerte. José hizo duelo por su padre durante siete días. 11 Al ver los
habitantes de la tierra, los cananeos, el duelo en la era de Atad, dijeron: “¡Grande es
este duelo de los egipcios!” Por eso fue llamado Abel-mizraim el nombre de ese
lugar, que está al otro lado del Jordán. 12 Hicieron, pues, sus hijos con él, según les
había mandado Jacob. 13 Sus hijos lo llevaron a la tierra de Canaán y lo sepultaron
en la cueva del campo de Macpela, frente a Mamre, la cual, junto con el campo,
Abraham había comprado a Efrón el heteo, como una propiedad para sepultura.
14 Después que había sepultado a su padre, José volvió a Egipto junto con sus
hermanos y todos los que fueron con él para sepultar a su padre.
15 Y viendo los hermanos de José que su padre había muerto, dijeron: — Quizás
José nos tenga rencor y nos devuelva todo el mal que le ocasionamos. 16 Y enviaron
a decir a José: — Tu padre nos mandó antes de su muerte que te dijéramos: 17 “Así
diréis a José: ‘Por favor, perdona la maldad de tus hermanos y su pecado, porque te
trataron mal.’” Por eso, te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios
de tu padre. José lloró mientras le hablaban. 18 Entonces lloraron también sus
hermanos, y postrándose delante de él le dijeron: — Aquí nos tienes como siervos
tuyos. 19 Pero José les respondió: — No temáis. ¿Estoy yo acaso en el lugar de
Dios? 20 Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo encaminó para bien, para
hacer lo que vemos hoy: mantener con vida a un pueblo numeroso. 21 Ahora pues,
no tengáis miedo. Yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así les confortó y
les habló al corazón.
22 José se quedó en Egipto con la familia de su padre. José vivió 110 años, 23 y
vio José a los hijos de Efraín hasta la tercera generación. También cuando nacieron
los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron puestos sobre las rodillas de José.
24 Luego José dijo a sus hermanos: — Yo voy a morir, pero Dios ciertamente os
visitará con su favor y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró dar a Abraham,
a Isaac y a Jacob. 25 Entonces José hizo jurar a los hijos de Israel, diciendo: —
Ciertamente Dios vendrá en vuestra ayuda; entonces vosotros haréis llevar de aquí
mis restos. 26 José murió a la edad de 110 años, y lo embalsamaron y lo pusieron en
un ataúd en Egipto.
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