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HEBREOS

Capítulo 1

1 Dios, habiendo hablado en otro tiempo muchas veces y de muchas

maneras a los padres por los profetas, 2 en estos últimos días nos ha hablado

por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por medio de quien,

asimismo, hizo el universo. 3 El es el resplandor de su gloria y la expresión

exacta de su naturaleza, quien sustenta todas las cosas con la palabra de su

poder. Y cuando había hecho la purificación de nuestros pecados, se sentó a la

diestra de la Majestad en las alturas.

4 Fue hecho tanto superior a los ángeles, así como el nombre que ha

heredado es más excelente que el de ellos. 5 Porque, ¿a cuál de los ángeles dijo

Dios jamás: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy; y otra vez: Yo seré para

él, Padre; y él será para mí, Hijo? 6 Otra vez, al introducir al Primogénito en el

mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios. 7 Y de los ángeles dice: El

hace a sus ángeles vientos, y a sus servidores llama de fuego; 8 mientras que del

Hijo dice: Tu trono, oh Dios, es por los siglos de los siglos; cetro de rectitud es

el cetro de tu reino. 9 Amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te

ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría, más que a tus compañeros. 10 Y:

Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. 11 Ellos

perecerán, pero tú permaneces; todos ellos se envejecerán como un vestido. 12 Como a

manto los enrollarás, y serán cambiados como vestido. Pero tú eres el mismo, y tus

años no se acabarán. 13 ¿Y a cuál de sus ángeles ha dicho jamás: Siéntate a mi

diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? 14 ¿Acaso no son

todos espíritus servidores, enviados para ministrar a favor de los que han de

heredar la salvación?

Capítulo 2

1 Por lo tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas

que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2 Pues si la palabra dicha por los

ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,

3 ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?

Esta salvación, que al principio fue declarada por el Señor, nos fue confirmada

por medio de los que oyeron, 4 dando Dios testimonio juntamente con ellos con

señales, maravillas, diversos hechos poderosos y dones repartidos por el

Espíritu Santo según su voluntad.

5 Porque no fue a los ángeles a quienes Dios sometió el mundo venidero del

cual hablamos. 6 Pues alguien dio testimonio en un lugar, diciendo: ¿Qué es el

hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que tengas

cuidado de él? 7 Le has hecho por poco tiempo menor que los ángeles; le

coronaste de gloria y de honra; 8 todas las cosas sometiste debajo de sus pies.

Al someter a él todas las cosas, no dejó nada que no esté sometido a él. Pero

ahora no vemos todavía todas las cosas sometidas a él. 9 Sin embargo, vemos a

Jesús, quien por poco tiempo fue hecho menor que los ángeles, coronado de

gloria y honra por el padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios

gustase la muerte por todos.

10 Porque le convenía a Dios — por causa de quien y por medio de quien

todas las cosas existen — perfeccionar al Autor de la salvación de ellos, por

medio de los padecimientos, para conducir a muchos hijos a la gloria. 11 Pues

tanto el que santifica como los que son santificados, todos provienen de uno.

Por esta razón, él no se avergüenza de llamarlos hermanos, 12 diciendo:

Anunciaré a mis hermanos tu nombre; en medio de la congregación te alabaré.

13 Y otra vez: Yo pondré mi confianza en él. Y otra vez: He aquí, yo y los hijos

que Dios me dio.

14 Por tanto, puesto que los hijos han participado de carne y sangre, de igual

manera él participó también de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al

que tenía el dominio sobre la muerte (éste es el diablo), 15 y para librar a los que

por el temor de la muerte estaban toda la vida condenados a esclavitud.

16 Porque ciertamente él no tomó para sí a los ángeles, sino a la descendencia

de Abraham. 17 Por tanto, era preciso que en todo fuese hecho semejante a sus

hermanos, a fin de ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en el servicio

delante de Dios, para expiar los pecados del pueblo. 18 Porque en cuanto él

mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son

tentados.

Capítulo 3

1 Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial,

considerad a Jesús, el apóstol y sumo sacerdote de nuestra confesión. 2 El era

fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios.

3 Pero él ha sido estimado digno de una gloria superior a la de Moisés, por

cuanto aquel que ha construido una casa tiene mayor dignidad que la casa.

4 Porque toda casa es construida por alguien, pero el constructor de todas las

cosas es Dios. 5 Moisés fue fiel como siervo en toda la casa de Dios, para dar

testimonio de lo que se había de decir después. 6 En cambio, Cristo es fiel como

Hijo sobre su casa. Esta casa suya somos nosotros, si de veras retenemos la

confianza y el gloriarnos de la esperanza.

7 Por eso, como dice el Espíritu Santo: Si oís hoy su voz, 8 no endurezcáis

vuestros corazones como en la provocación, en el día de la prueba en el

desierto, 9 donde vuestros padres me pusieron a gran prueba y vieron mis obras

durante cuarenta años. 10 Por esta causa me enojé con aquella generación y dije:

“Ellos siempre se desvían en su corazón y no han conocido mis caminos.”

11 Como juré en mi ira: “¡Jamás entrarán en mi reposo!” 12 Mirad, hermanos,

que no haya en ninguno de vosotros un corazón malo de incredulidad que os

aparte del Dios vivo. 13 Más bien, exhortaos los unos a los otros cada día,

mientras aún se dice: “Hoy”, para que ninguno de vosotros se endurezca por el

engaño del pecado. 14 Porque hemos llegado a ser participantes de Cristo, si de

veras retenemos el principio de nuestra confianza hasta el fin, 15 entre tanto se

dice: Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones como en la

provocación. 16 Porque ¿quiénes fueron aquellos que habiendo oído le

provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto con Moisés? 17 ¿Y

con quiénes se disgustó durante cuarenta años? ¿No fue precisamente con los

que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? 18 ¿Y a quiénes juró que no

entrarían en su reposo, sino a aquellos que no obedecieron? 19 Y vemos que

ellos no pudieron entrar debido a su incredulidad.

Capítulo 4

1 Temamos, pues, mientras permanezca aún la promesa de entrar en su

reposo, no sea que alguno de vosotros parezca quedarse atrás. 2 Porque

también a nosotros, como a ellos, nos han sido anunciadas las buenas nuevas;

pero a ellos de nada les aprovechó oír la palabra, porque no se identificaron por

fe con los que la obedecieron. 3 Pero los que hemos creído sí entramos en el

reposo, como él ha dicho: Como juré en mi ira: “¡Jamás entrarán en mi reposo!”

aunque sus obras quedaron terminadas desde la fundación del mundo. 4 Porque

en cierto lugar ha dicho así del séptimo día: Y reposó Dios en el séptimo día de

todas sus obras. 5 Y otra vez dice aquí: “¡Jamás entrarán en mi reposo!”

6 Puesto que falta que algunos entren en el reposo, ya que aquellos a quienes

primero les fue anunciado no entraron a causa de la desobediencia, 7 Dios ha

determinado otra vez un cierto día, diciendo por medio de David: “Hoy”,

después de tanto tiempo, como ya se ha dicho: Si oís hoy su voz, no endurezcáis

vuestros corazones. 8 Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no se hablaría

después de otro día. 9 Por tanto, queda todavía un reposo sabático para el

pueblo de Dios. 10 El que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus

obras, así como Dios de las suyas.

11 Hagamos, pues, todo esfuerzo para entrar en aquel reposo, no sea que

alguien caiga en el mismo ejemplo de desobediencia. 12 Porque la Palabra de

Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos. Penetra

hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los

pensamientos y las intenciones del corazón. 13 No existe cosa creada que no sea

manifiesta en su presencia. Más bien, todas están desnudas y expuestas ante los

ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. 14 Por tanto, teniendo un gran sumo

sacerdote que ha traspasado los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra

confesión. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no puede compadecerse

de nuestras debilidades, pues él fue tentado en todo igual que nosotros, pero sin

pecado. 16 Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia para que

alcancemos misericordia y hallemos gracia para el oportuno socorro.

Capítulo 5

1 Pues todo sumo sacerdote que es tomado de entre los hombres es

constituido para servicio a favor de los hombres delante de Dios, para que

ofrezca ofrendas y sacrificios por los pecados. 2 El puede sentir compasión de

los ignorantes y de los extraviados, ya que él también está rodeado de debilidad.

3 Y por causa de esta debilidad debe ofrecer sacrificio, tanto por sus propios

pecados como por los del pueblo. 4 Y nadie toma esta honra para sí,

sino porque ha sido llamado por Dios, como lo fue Aarón. 5 Así también Cristo

no se glorificó a sí mismo para ser hecho sumo sacerdote, sino que le glorificó el

que le dijo: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy. 6 Como también dice en

otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

7 Cristo, en los días de su vida física, habiendo ofrecido ruegos y súplicas con

fuerte clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído por su

temor reverente. 8 Aunque era Hijo, aprendió la obediencia por lo que padeció.

9 Y habiendo sido perfeccionado, llegó a ser Autor de eterna salvación para

todos los que le obedecen,

10 y fue proclamado por Dios sumo sacerdote según el orden de

Melquisedec. 11 De esto tenemos mucho que decir, aunque es difícil de explicar,

porque habéis llegado a ser tardos para oír. 12 Debiendo ser ya maestros por el

tiempo transcurrido, de nuevo tenéis necesidad de que alguien os instruya desde

los primeros rudimentos de las palabras de Dios. Habéis llegado a tener

necesidad de leche y no de alimento sólido. 13 Pues todo el que se alimenta de

leche no es capaz de entender la palabra de la justicia, porque aún es niño.

14 Pero el alimento sólido es para los maduros, para los que por la práctica

tienen los sentidos entrenados para discernir entre el bien y el mal.

Capítulo 6

1 Por tanto, dejando las doctrinas elementales de Cristo, sigamos adelante

hasta la madurez, sin poner de nuevo el fundamento del arrepentimiento de

obras muertas, de la fe en Dios, 2 de la doctrina de bautismos, de la imposición

de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. 3 Y esto

haremos si es que Dios lo permite. 4 Porque es imposible que los que fueron una

vez iluminados, que gustaron del don celestial, que llegaron a ser participantes

del Espíritu Santo, 5 que también probaron la buena palabra de Dios y los

poderes del mundo venidero, 6 y después recayeron, sean otra vez renovados

para arrepentimiento; puesto que crucifican de nuevo para sí mismos al Hijo de

Dios y le exponen a vituperio. 7 Porque la tierra, que bebe la lluvia que muchas

veces cae sobre ella y produce hierba para el provecho de aquellos que la

cultivan, recibe la bendición de Dios. 8 Pero la que produce espinos y abrojos es

desechada, está cercana a la maldición, y su fin es ser quemada.

9 Pero aunque hablamos así, oh amados, en cuanto a vosotros estamos

persuadidos de cosas mejores que conducen a la salvación. 10 Porque Dios no

es injusto para olvidar vuestra obra y el amor que habéis demostrado por su

nombre, porque habéis atendido a los santos y lo seguís haciendo. 11 Pero

deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma diligencia para ir

logrando plena certidumbre de la esperanza hasta el final, 12 a fin de que no seáis

perezosos, sino imitadores de los que por la fe y la paciencia heredan las

promesas. 13 Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, puesto que no

podía jurar por otro mayor, juró por sí mismo 14 diciendo: De cierto te

bendeciré con bendición y te multiplicaré en gran manera. 15 Y así Abraham,

esperando con suma paciencia, alcanzó la promesa. 16 Porque los hombres juran

por el que es mayor que ellos, y para ellos el juramento para confirmación pone

fin a todas las controversias. 17 Por esto Dios, queriendo demostrar de modo

convincente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo,

interpuso juramento 18 para que, por dos cosas inmutables en las cuales es

imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos

acudido para asirnos de la esperanza puesta por delante. 19 Tenemos la

esperanza como ancla del alma, segura y firme, y que penetra aun dentro del

velo, 20 donde entró Jesús por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote

para siempre según el orden de Melquisedec.

Capítulo 7

1 Porque este Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo,

salió al encuentro de Abraham que volvía de derrotar a los reyes, y le bendijo.

2 Asimismo, le dio Abraham los diezmos de todo. En primer lugar, su nombre

significa “rey de justicia”, y también era rey de Salem, que significa “rey de paz”.

3 Sin padre ni madre ni genealogía, no tiene principio de días ni fin de vida; y en

esto se asemeja al Hijo de Dios, en que permanece sacerdote para siempre.

4 Mirad, pues, cuán grande fue aquel a quien aun el patriarca Abraham le dio los

diezmos del botín. 5 Ciertamente, aquellos descendientes de Leví que han

recibido el sacerdocio tienen, según la ley, mandamiento de recibir los diezmos

del pueblo, es decir, de sus hermanos, aunque ellos también son descendientes

de Abraham. 6 Pero aquel, cuya genealogía no es contada entre ellos, recibió los

diezmos de Abraham y bendijo al que tenía las promesas. 7 Indiscutiblemente, el

que es menor es bendecido por el mayor. 8 Aquí los hombres que mueren

reciben los diezmos, mientras que allí los recibe aquel acerca de quien se ha

dado testimonio de que vive. 9 Y por decirlo así, en la persona de Abraham

también Leví, el que recibe los diezmos, dio el diezmo. 10 Porque él todavía

estaba en el cuerpo de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

11 Ahora bien, si fuera posible lograr la perfección por medio del sacerdocio

levítico (porque bajo éste el pueblo ha recibido la ley), ¿qué necesidad habría

aún de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melquisedec, y que no

fuese llamado según el orden de Aarón? 12 Porque de haber cambio de

sacerdocio, es necesario que también se haga cambio de ley. 13 Pues aquel de

quien se dice esto es de otra tribu, de la cual nadie ha servido en el altar.

14 Porque es evidente que nuestro Señor nació de la tribu de Judá, sobre la cual

Moisés no dijo nada en cuanto al sacerdocio. 15 Esto es aun más evidente si otro

sacerdote se levanta a la semejanza de Melquisedec, 16 quien no ha sido

constituido conforme al mandamiento de la ley acerca del linaje carnal, sino

según el poder de una vida indestructible. 17 Pues de él se da este testimonio: Tú

eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. 18 A la verdad, el

mandamiento anterior fue abrogado por ser ineficaz e inútil, 19 porque la ley no

perfeccionó nada. Sin embargo, se introduce una esperanza mejor, por la cual

nos acercamos a Dios. 20 Y esto no fue hecho sin juramento. 21 Los otros fueron

hechos sacerdotes sin juramento, mientras que éste lo fue por el juramento del

que le dijo: Juró el Señor y no se arrepentirá: “Tú eres sacerdote para siempre.”

22 De igual manera, Jesús ha sido hecho fiador de un pacto superior. 23 A la

verdad, muchos fueron hechos sacerdotes, porque debido a la muerte no podían

permanecer. 24 Pero éste, porque permanece para siempre, tiene un sacerdocio

perpetuo. 25 Por esto también puede salvar por completo a los que por medio

de él se acercan a Dios, puesto que vive para siempre para interceder por ellos.

26 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, puro, apartado de

los pecadores y exaltado más allá de los cielos. 27 El no tiene cada día la

necesidad, como los otros sumos sacerdotes, de ofrecer sacrificios, primero por

sus propios pecados y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez

para siempre, ofreciéndose a sí mismo. 28 La ley constituye como sumos

sacerdotes a hombres débiles; pero la palabra del juramento, posterior a la ley,

constituyó al Hijo, hecho perfecto para siempre.

Capítulo 8

1 En resumen, lo que venimos diciendo es esto: Tenemos tal sumo sacerdote

que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, 2 ministro del

lugar santísimo y del verdadero tabernáculo que levantó el Señor y no el

hombre. 3 Porque todo sumo sacerdote es puesto para ofrecer ofrendas y

sacrificios; de ahí que era necesario que él también tuviera algo que ofrecer. 4 Si

estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, porque ya hay sacerdotes

que presentan ofrendas según la ley. 5 Ellos sirven a lo que es figura y sombra de

las cosas celestiales, como se le había advertido a Moisés cuando estaba por

acabar el tabernáculo, diciendo: Mira, harás todas las cosas conforme al modelo

que te ha sido mostrado en el monte.

6 Pero ahora Jesús ha alcanzado un ministerio sacerdotal tanto más

excelente por cuanto él es mediador de un pacto superior, que ha sido

establecido sobre promesas superiores. 7 Porque si el primer pacto hubiera sido

sin defecto, no se habría procurado lugar para un segundo. 8 Porque

reprendiéndoles dice: “He aquí vienen días,” dice el Señor, “en que concluiré

con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto; 9 no como el pacto

que hice con sus padres en el día en que los tomé de la mano para sacarlos de la

tierra de Egipto. Porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo dejé de

preocuparme por ellos,” dice el Señor. 10 “Porque éste es el pacto que haré con

la casa de Israel después de aquellos días,” dice el Señor. “Pondré mis leyes en

la mente de ellos y en sus corazones las inscribiré. Y yo seré para ellos Dios, y

para mí ellos serán pueblo. 11 Nadie enseñará a su prójimo, ni nadie a su

hermano, diciendo: ‘Conoce al Señor’; porque todos me conocerán, desde el

menor de ellos hasta el mayor. 12 Porque seré misericordioso en cuanto a sus

injusticias y jamás me acordaré de sus pecados.” 13 Al decir “nuevo”, ha

declarado caduco al primero; y lo que se ha hecho viejo y anticuado está a

punto de desaparecer.

Capítulo 9

1 Ahora bien, el primer pacto tenía reglamentos acerca del culto y del

santuario terrenal. 2 El tabernáculo fue dispuesto así: En la primera parte, en lo

que llaman el lugar santo, estaban las lámparas, la mesa y los panes de la

Presencia. 3 Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo que se

llama el lugar santísimo. 4 Allí estaba el incensario de oro y el arca del pacto

enteramente cubierta con oro. En ella estaban un vaso de oro que contenía el

maná, la vara de Aarón que reverdeció y las tablas del pacto. 5 Sobre ella, los

querubines de la gloria cubrían el propiciatorio. De todas estas cosas no

podemos hablar ahora en detalle. 6 Estas cosas fueron dispuestas así: En la

primera parte del tabernáculo entraban siempre los sacerdotes para realizar los

servicios del culto. 7 Pero en la segunda, una vez al año, entraba el sumo

sacerdote solo, no sin sangre, la cual ofrecía por sí mismo y por los pecados que

el pueblo cometía por ignorancia.

8 Con esto el Espíritu Santo daba a entender que todavía no había sido

mostrado el camino hacia el lugar santísimo, mientras estuviese en pie la primera

parte del tabernáculo. 9 Esto es una figura para el tiempo presente, según la cual

se ofrecían ofrendas y sacrificios que no podían hacer perfecto, en cuanto a la

conciencia, al que rendía culto. 10 Estas son ordenanzas de la carne, que

consisten sólo de comidas y bebidas y diversos lavamientos, impuestas hasta el

tiempo de la renovación. 11 Pero estando ya presente Cristo, el sumo sacerdote

de los bienes que han venido, por medio del más amplio y perfecto tabernáculo

no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 12 entró una vez para siempre

en el lugar santísimo, logrando así eterna redención, ya no mediante sangre de

machos cabríos ni de becerros, sino mediante su propia sangre. 13 Porque si la

sangre de machos cabríos y de toros, y la ceniza de la vaquilla rociada sobre los

impuros, santifican para la purificación del cuerpo, 14 ¡cuánto más la sangre de

Cristo, quien mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a

Dios, limpiará nuestras conciencias de las obras muertas para servir al Dios vivo!

15 Por esta razón, también es mediador del nuevo pacto, para que los que

han sido llamados reciban la promesa de la herencia eterna, ya que intervino

muerte para redimirlos de las transgresiones bajo el primer pacto. 16 Porque

donde hay un testamento, es necesario que se presente constancia de la muerte

del testador. 17 El testamento es confirmado con la muerte, puesto que no tiene

vigencia mientras viva el testador. 18 Por esto, ni aun el primer testamento fue

inaugurado sin sangre. 19 Porque habiendo declarado Moisés todos los

mandamientos según la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de

los machos cabríos junto con agua, lana escarlata e hisopo, y roció al libro

mismo y también a todo el pueblo, 20 diciendo: Esta es la sangre del pacto, el

cual Dios os ha ordenado. 21 Y roció también con la sangre el tabernáculo y

todos los utensilios del servicio; 22 pues según la ley casi todo es purificado con

sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón.

23 Era, pues, necesario purificar las figuras de las cosas celestiales con estos

ritos; pero las mismas cosas celestiales, con sacrificios mejores que éstos.

24 Porque Cristo no entró en un lugar santísimo hecho de manos, figura del

verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora delante de Dios a

nuestro favor. 25 Tampoco entró para ofrecerse muchas veces a sí mismo, como

entra cada año el sumo sacerdote en el lugar santísimo con sangre ajena. 26 De

otra manera, le habría sido necesario padecer muchas veces desde la fundación

del mundo. Pero ahora, él se ha presentado una vez para siempre en la

consumación de los siglos, para quitar el pecado mediante el sacrificio de sí

mismo. 27 Entonces, tal como está establecido que los hombres mueran una sola

vez, y después el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para

quitar los pecados de muchos. La segunda vez, ya sin relación con el pecado,

aparecerá para salvación a los que le esperan.

Capítulo 10

1 Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros y no la forma

misma de estas realidades, nunca puede, por medio de los mismos sacrificios

que se ofrecen continuamente de año en año, hacer perfectos a los que se

acercan. 2 De otra manera, ¿no habrían dejado de ser ofrecidos? Porque los que

ofrecen este culto, una vez purificados, ya no tendrían más conciencia de

pecado. 3 Sin embargo, cada año se hace memoria del pecado con estos

sacrificios, 4 porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede

quitar los pecados. 5 Por lo tanto, entrando en el mundo, él dice: Sacrificio y

ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo. 6 Holocaustos y sacrificios

por el pecado no te agradaron;

7 entonces dije: “¡Heme aquí para hacer, oh Dios, tu voluntad!” como en el

rollo del libro está escrito de mí. 8 Habiendo dicho arriba: Sacrificios, ofrendas y

holocaustos por el pecado no quisiste ni te agradaron (cosas que se ofrecen

según la ley), 9 luego dijo: ¡Heme aquí para hacer tu voluntad! El quita lo primero

para establecer lo segundo. 10 Es en esa voluntad que somos santificados,

mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.

11 Todo sacerdote se ha presentado, día tras día, para servir en el culto y

ofrecer muchas veces los mismos sacrificios que nunca pueden quitar los

pecados. 12 Pero éste, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados, se

sentó para siempre a la diestra de Dios, 13 esperando de allí en adelante hasta

que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. 14 Porque con una

sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los santificados. 15 También el

Espíritu Santo nos da testimonio, porque después de haber dicho: 16 “Este es el

pacto que haré con ellos después de aquellos días”, dice el Señor; “pondré mis

leyes en sus corazones, y en sus mentes las inscribiré”, 17 él añade: “Nunca más

me acordaré de los pecados e iniquidades de ellos.” 18 Pues donde hay perdón

de pecados, no hay más ofrenda por el pecado.

19 Así que, hermanos, teniendo plena confianza para entrar al lugar santísimo

por la sangre de Jesús, 20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través

del velo (es decir, su cuerpo), 21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de

Dios, 22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe,

purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua

pura. 23 Retengamos firme la confesión de la esperanza sin vacilación, porque fiel

es el que lo ha prometido. 24 Considerémonos los unos a los otros para

estimularnos al amor y a las buenas obras. 25 No dejemos de congregarnos,

como algunos tienen por costumbre; más bien, exhortémonos, y con mayor

razón cuando veis que el día se acerca. 26 Porque si pecamos voluntariamente,

después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más

sacrificio por el pecado, 27 sino una horrenda expectativa de juicio y de fuego

ardiente que ha de devorar a los adversarios. 28 El que ha desechado la ley de

Moisés ha de morir sin compasión por el testimonio de dos o tres testigos.

29 ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que ha pisoteado al Hijo de

Dios, que ha considerado de poca importancia la sangre del pacto por la cual

fue santificado y que ha ultrajado al Espíritu de gracia? 30 Porque conocemos al

que ha dicho: “Mía es la venganza; yo daré la retribución.” Y otra vez: “El Señor

juzgará a su pueblo.” 31 ¡Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo!

32 Traed a la memoria los días del pasado en los cuales, después de haber sido

iluminados, soportasteis gran conflicto y aflicciones. 33 Por una parte, fuisteis

hechos espectáculo público con reproches y tribulaciones. Por otra parte,

fuisteis hechos compañeros de los que han estado en tal situación. 34 También os

compadecisteis de los presos y con gozo padecisteis ser despojados de vuestros

bienes, sabiendo que vosotros mismos tenéis una posesión mejor y perdurable.

35 No desechéis, pues, vuestra confianza, la cual tiene una gran recompensa.

36 Porque os es necesaria la perseverancia para que, habiendo hecho la voluntad

de Dios, obtengáis lo prometido; 37 porque: Aún un poco, en un poco más el

que ha de venir vendrá y no tardará. 38 Pero mi justo vivirá por fe; y si se vuelve

atrás, no agradará a mi alma. 39 Pero nosotros no somos de los que se vuelven

atrás para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma.

Capítulo 11

1 La fe es la constancia de las cosas que se esperan y la comprobación de

los hechos que no se ven. 2 Por ella recibieron buen testimonio los antiguos.

3 Por la fe comprendemos que el universo fue constituido por la palabra de

Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

4 Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio superior al de Caín. Por ella

recibió testimonio de ser justo, pues Dios dio testimonio al aceptar sus ofrendas.

Y por medio de la fe, aunque murió, habla todavía. 5 Por la fe Enoc fue

trasladado para no ver la muerte y no fue hallado, porque Dios le había

trasladado. Antes de su traslado, recibió testimonio de haber agradado a Dios.

6 Y sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca

a Dios crea que él existe y que es galardonador de los que le buscan. 7 Por la fe

Noé, habiendo sido advertido por revelación acerca de cosas que aún no habían

sido vistas, movido por temor reverente, preparó el arca para la salvación de su

familia. Por la fe él condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que es

según la fe. 8 Por la fe Abraham, cuando fue llamado, obedeció para salir al

lugar que había de recibir por herencia; y salió sin saber a dónde iba. 9 Por la fe

habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, viviendo en

tiendas con Isaac y Jacob, los coherederos de la misma promesa; 10 porque

esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

11 Por la fe, a pesar de que Sara misma era estéril, él recibió fuerzas para

engendrar un hijo cuando había pasado de la edad; porque consideró que el que

lo había prometido era fiel. 12 Y por lo tanto, de uno solo, y estando éste muerto

en cuanto a estas cosas, nacieron hijos como las estrellas del cielo en multitud, y

como la arena innumerable que está a la orilla del mar. 13 Conforme a su fe

murieron todos éstos sin haber recibido el cumplimiento de las promesas. Más

bien, las miraron de lejos y las saludaron, y confesaron que eran extranjeros

y peregrinos en la tierra. 14 Los que así hablan, claramente dan a entender que

buscan otra patria. 15 Pues si de veras se acordaran de la tierra de donde

salieron, tendrían oportunidad de regresar. 16 Pero ellos anhelaban una patria

mejor, es decir, la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de llamarse el Dios

de ellos, porque les ha preparado una ciudad. 17 Por la fe Abraham, cuando fue

probado, ofreció a Isaac. El que había recibido las promesas ofrecía a su hijo

único, 18 de quien se había dicho: En Isaac te será llamada descendencia. 19 El

consideraba que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertos. De

allí que, hablando figuradamente, lo volvió a recibir. 20 Por la fe Isaac bendijo a

Jacob y a Esaú respecto al porvenir. 21 Por la fe Jacob, cuando moría, bendijo a

cada uno de los hijos de José y adoró apoyado sobre la cabeza de su bastón.

22 Por la fe José, llegando al fin de sus días, se acordó del éxodo de los hijos de

Israel y dio mandamiento acerca de sus restos. 23 Por la fe Moisés, cuando

nació, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era

un niño hermoso y porque no temieron al mandamiento del rey. 24 Por la fe

Moisés, cuando llegó a ser grande, rehusó ser llamado hijo de la hija del Faraón.

25 Prefirió, más bien, recibir maltrato junto con el pueblo de Dios que gozar por

un tiempo de los placeres del pecado. 26 El consideró el oprobio por Cristo

como riquezas superiores a los tesoros de los egipcios, porque fijaba la mirada

en el galardón. 27 Por la fe abandonó Egipto, sin temer la ira del rey, porque se

mantuvo como quien ve al Invisible. 28 Por la fe celebró la Pascua y el

rociamiento de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los

tocase a ellos. 29 Por la fe ellos pasaron por el mar Rojo como por tierra seca;

pero cuando lo intentaron los egipcios, fueron anegados. 30 Por la fe cayeron los

muros de Jericó después de ser rodeados por siete días. 31 Por la fe no pereció

la prostituta Rajab junto con los incrédulos, porque recibió en paz a los espías.

32 ¿Qué más diré? Me faltaría el tiempo para contar de Gedeón, de Barac,

de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel y de los profetas. 33 Por la fe éstos

conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de

leones, 34 sofocaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada,

sacaron fuerzas de la debilidad, se hicieron poderosos en batalla y pusieron en

fuga los ejércitos de los extranjeros. 35 Mujeres recibieron por resurrección a

sus muertos. Unos fueron torturados, sin esperar ser rescatados, para obtener

una resurrección mejor. 36 Otros recibieron pruebas de burlas y de azotes,

además de cadenas y cárcel. 37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a

prueba, muertos a espada. Anduvieron de un lado para otro cubiertos de pieles

de ovejas y de cabras; pobres, angustiados, maltratados. 38 El mundo no era

digno de ellos. Andaban errantes por los desiertos, por las montañas, por las

cuevas y por las cavernas de la tierra. 39 Y todos éstos, aunque recibieron buen

testimonio por la fe, no recibieron el cumplimiento de la promesa, 40 para que no

fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros; porque Dios había provisto algo

mejor para nosotros.

Capítulo 12

1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de

testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos enreda, y

corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los ojos

en Jesús, el autor y consumador de la fe; quien por el gozo que tenía por delante

sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se ha sentado a la diestra del trono de

Dios. 3 Considerad, pues, al que soportó tanta hostilidad de pecadores contra sí

mismo, para que no decaiga vuestro ánimo ni desmayéis.

4 Pues todavía no habéis resistido hasta la sangre combatiendo contra el

pecado. 5 ¿Y habéis ya olvidado la exhortación que se os dirige como a hijos?

Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor ni desmayes cuando seas

reprendido por él. 6 Porque el Señor disciplina al que ama y castiga a todo el

que recibe como hijo. 7 Permaneced bajo la disciplina; Dios os está tratando

como a hijos. Porque, ¿qué hijo es aquel a quien su padre no disciplina? 8 Pero

si estáis sin la disciplina de la cual todos han sido participantes, entonces sois

ilegítimos, y no hijos. 9 Además, teníamos a nuestros padres carnales que nos

disciplinaban y les respetábamos. ¿No obedeceremos con mayor razón al Padre

de los espíritus, y viviremos? 10 Ellos nos disciplinaban por pocos días como a

ellos les parecía, mientras que él nos disciplina para bien, a fin de que

participemos de su santidad. 11 Al momento, ninguna disciplina parece ser causa

de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que

por medio de ella han sido ejercitados. 12 Por lo tanto, fortaleced las manos

debilitadas y las rodillas paralizadas; 13 y enderezad para vuestros pies los

caminos torcidos, para que el cojo no sea desviado, sino más bien sanado.

14 Procurad la paz con todos, y la santidad sin la cual nadie verá al Señor.

15 Mirad bien que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que ninguna raíz

de amargura brote y cause estorbo, y que por ella muchos sean contaminados;

16 que ninguno sea inmoral ni profano como Esaú que por una sola comida

vendió su propia primogenitura. 17 Porque ya sabéis que fue reprobado, a pesar

de que después quería heredar la bendición, porque no halló más ocasión de

arrepentimiento, aunque lo buscó con lágrimas.

18 No os habéis acercado al monte que se podía tocar, al fuego encendido,

a las tinieblas, a la profunda oscuridad, a la tempestad, 19 al sonido de la

trompeta y al estruendo de las palabras, que los que lo oyeron rogaron que no

se les hablase más; 20 porque no podían soportar lo que se mandaba: Si un

animal toca el monte, será apedreado. 21 Y tan terrible era aquel espectáculo

que Moisés dijo: “¡Estoy aterrado y temblando!” 22 Más bien, os habéis

acercado al monte Sion, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén celestial, a la

reunión de millares de ángeles, 23 a la asamblea de los primogénitos que están

inscritos en los cielos, a Dios el juez de todos, a los espíritus de los justos ya

hechos perfectos, 24 a Jesús el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada

que habla mejor que la de Abel. 25 Mirad que no rechacéis al que habla. Porque

si no escaparon aquellos que en la tierra rechazaron al que advertía, mucho

menos escaparemos nosotros si nos apartamos del que advierte desde los

cielos. 26 Su voz estremeció la tierra en aquel entonces, y ahora ha prometido

diciendo: Todavía una vez más estremeceré no sólo la tierra, sino también el

cielo. 27 La expresión “todavía una vez más” indica con claridad que será

removido lo que puede ser sacudido, como las cosas creadas, para que

permanezca lo que no puede ser sacudido. 28 Así que, habiendo recibido un reino

que no puede ser sacudido, retengamos la gracia, y mediante ella sirvamos a Dios,

agradándole con temor y reverencia. 29 Porque nuestro Dios es fuego consumidor.

Capítulo 13

1 Permanezca el amor fraternal. 2 No os olvidéis de la hospitalidad, porque

por ésta algunos hospedaron ángeles sin saberlo. 3 Acordaos de los presos,

como si estuvieseis en cadenas junto con ellos; y de los afligidos, puesto que

también vosotros estáis en el cuerpo. 4 Honroso es para todos el matrimonio, y

pura la relación conyugal; pero Dios juzgará a los fornicarios y a los adúlteros.

5 Sean vuestras costumbres sin amor al dinero, contentos con lo que tenéis

ahora; porque él mismo ha dicho: Nunca te abandonaré ni jamás te

desampararé. 6 De manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi

socorro, y no temeré. ¿Qué me hará el hombre? 7 Acordaos de vuestros

dirigentes que os hablaron la palabra de Dios. Considerando el éxito de su

manera de vivir, imitad su fe. 8 ¡Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos!

9 No seáis llevados de acá para allá por diversas y extrañas doctrinas; porque

bueno es que el corazón haya sido afirmado en la gracia; no en comidas, que

nunca aprovecharon a los que se dedican a ellas. 10 Tenemos un altar del cual

los que sirven en el tabernáculo no tienen derecho a comer. 11 Porque los

cuerpos de aquellos animales, cuya sangre es introducida por el sumo sacerdote

en el lugar santísimo como sacrificio por el pecado, son quemados fuera del

campamento. 12 Por lo tanto, también Jesús padeció fuera de la puerta de la

ciudad para santificar al pueblo por medio de su propia sangre. 13 Salgamos

pues a él, fuera del campamento, llevando su afrenta. 14 Porque aquí no tenemos

una ciudad permanente, sino que buscamos la que ha de venir. 15 Así que, por

medio de él, ofrezcamos siempre a Dios sacrificio de alabanza, es decir, fruto de

labios que confiesan su nombre. 16 No os olvidéis de hacer el bien y de

compartir lo que tenéis, porque tales sacrificios agradan a Dios. 17 Obedeced a

vuestros dirigentes y someteos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas

como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría y sin quejarse,

pues esto no os sería provechoso.

18 Orad por nosotros, pues confiamos que tenemos buena conciencia y

deseamos conducirnos bien en todo. 19 Con mayor insistencia imploro que lo

hagáis, para que yo os sea restituido pronto. 20 Y el Dios de paz, que por la

sangre del pacto eterno levantó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el

gran Pastor de las ovejas, 21 os haga aptos en todo lo bueno para hacer su

voluntad, haciendo él en nosotros lo que es agradable delante de él por medio

de Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. 22 Os

ruego, hermanos, que recibáis bien esta palabra de exhortación; porque os he

escrito brevemente. 23 Sabed que nuestro hermano Timoteo ha sido puesto en

libertad. Si él viene pronto, yo iré a veros con él. 24 Saludad a todos vuestros

dirigentes y a todos los santos. Os saludan los de Italia. 25 La gracia sea con

todos vosotros.