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ISAÍAS

Capítulo 1

1 Visión de Isaías hijo de Amoz, que vio acerca de Judá y de Jerusalén en los

días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá:

2 Oíd, cielos; y escucha, tierra, porque habla Jehovah: “Crié hijos y los

engrandecí, pero ellos se rebelaron contra mí. 3 El buey conoce a su dueño, y el asno

el pesebre de su amo; pero Israel no conoce; mi pueblo no entiende.” 4 ¡Ay, nación

pecadora, pueblo cargado de iniquidad, descendencia de malhechores, hijos

depravados! Han abandonado a Jehovah, han despreciado al Santo de Israel y se

han vuelto atrás. 5 ¿Para qué habréis de ser golpeados aún? Pues todavía persistiréis

en rebelaros. Toda cabeza está dolorida, y todo corazón está enfermo. 6 Desde la

planta del pie hasta la cabeza no hay en ella parte sana, sino heridas, golpes y llagas

recientes. No han sido curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. 7 Vuestra

tierra es desolada, vuestras ciudades son incendiadas; vuestro suelo es devorado

por extraños ante vuestra misma presencia, y es desolado como cuando es destruido

por extraños. 8 La hija de Sion ha quedado como una cabaña en una viña, como una

choza en un melonar, como una ciudad sitiada. 9 Si Jehovah de los Ejércitos no nos

hubiera dejado unos pocos sobrevivientes, seríamos ya como Sodoma y nos

pareceríamos a Gomorra.

10 Escuchad la palabra de Jehovah, oh gobernantes de Sodoma. Escucha la ley

de nuestro Dios, oh pueblo de Gomorra. 11 Dice Jehovah: “¿De qué me sirve la

multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y del

sebo de animales engordados. No deseo la sangre de toros, de corderos y de

machos cabríos. 12 Cuando venís a ver mi rostro, ¿quién pide esto de vuestras

manos, para que pisoteéis mis atrios? 13 No traigáis más ofrendas vanas. El incienso

me es una abominación; también las lunas nuevas, los sábados y el convocar

asambleas. ¡No puedo soportar iniquidad con asamblea festiva! 14 Mi alma aborrece

vuestras lunas nuevas y vuestras festividades. Me son una carga; estoy cansado de

soportarlas. 15 Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis

ojos. Aunque multipliquéis las oraciones, yo no escucharé. ¡Vuestras manos están

llenas de sangre!

16 Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras acciones de delante de mis

ojos. Dejad de hacer el mal. 17 Aprended a hacer el bien, buscad el derecho,

reprended al opresor, defended al huérfano, amparad a la viuda. 18 Venid, pues,

dice Jehovah; y razonemos juntos: Aunque vuestros pecados sean como la grana,

como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, vendrán

a ser como blanca lana. 19 Si queréis y obedecéis, comeréis de lo mejor de la tierra.

20 Pero si rehusáis y os rebeláis, seréis consumidos por la espada; porque la boca de

Jehovah ha hablado.”

21 ¡Cómo se ha convertido en prostituta la ciudad fiel! Llena estaba de derecho,

y en ella habitaba la justicia; pero ahora la habitan homicidas. 22 Tu plata se ha

convertido en escoria; tu vino está adulterado con agua. 23 Tus magistrados son

rebeldes y compañeros de ladrones; cada uno ama el soborno y va tras las

recompensas. No defienden al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda. 24 Por

tanto, dice el Señor Jehovah de los Ejércitos, el Fuerte de Israel: “¡Ah! Tomaré

satisfacción de mis adversarios y me vengaré de mis enemigos. 25 Volveré mi mano

contra ti; te limpiaré de tus escorias como con lejía y quitaré toda tu impureza.

26 Luego restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como al

comienzo. Y después serás llamada Ciudad de Justicia, Urbe Fiel.” 27 Sion será

redimida con el derecho, y sus arrepentidos con la justicia. 28 Pero los rebeldes y los

pecadores serán quebrantados a una; los que abandonan a Jehovah serán

consumidos. 29 Entonces os avergonzaréis de los robles que habéis amado, y

tendréis afrenta a causa de los jardines que habéis escogido. 30 Porque seréis como

la encina de hojas secas y como el jardín al que le faltan las aguas. 31 El fuerte se

convertirá en estopa, y su trabajo en chispa. Ambos arderán juntos, y no habrá

quien los apague.

Capítulo 2

1 La palabra que Isaías hijo de Amoz recibió en visión con respecto a Judá y a

Jerusalén: 2 Acontecerá en los últimos días que el monte de la casa de Jehovah será

establecido como cabeza de los montes, y será elevado más que las colinas; y

correrán a él todas las naciones. 3 Muchos pueblos vendrán y dirán: “Venid,

subamos al monte de Jehovah, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe

sus caminos, y nosotros caminemos por sus sendas.” Porque de Sion saldrá la ley, y

de Jerusalén la palabra de Jehovah. 4 El juzgará entre las naciones y arbitrará

entre muchos pueblos. Y convertirán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en

podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la

guerra. 5 ¡Oh casa de Jacob, venid y caminemos a la luz de Jehovah!

6 Ciertamente tú has rechazado a tu pueblo, la casa de Jacob, porque ellos están

llenos de costumbres orientales y de adivinos, como los filisteos; y hacen tratos con

los hijos de extranjeros. 7 Su tierra se ha llenado de plata y de oro, y sus tesoros no

tienen fin. También su tierra se ha llenado de caballos, y sus carros son

innumerables. 8 Además, su tierra se ha llenado de ídolos. Adoran la obra de sus

manos, lo que sus dedos han hecho. 9 Así se ha postrado el hombre; el ser humano

se ha rebajado. Por tanto, no los perdones.

10 Métete en la roca; escóndete en el polvo ante la temible presencia de Jehovah

y ante el esplendor de su majestad. 11 Los ojos altivos del hombre serán humillados,

y la soberbia del ser humano será postrada. Sólo Jehovah será enaltecido en aquel

día. 12 Porque el día de Jehovah de los Ejércitos vendrá contra todo arrogante y

altivo, y contra todo el que se ha enaltecido, el cual será humillado. 13 Vendrá contra

todos los cedros del Líbano, altos y erguidos, y contra todas las encinas de Basán.

14 Vendrá contra todas las altas montañas y contra todas las colinas elevadas.

15 Vendrá contra toda torre alta y contra todo muro fortificado, 16 contra todas las

naves de Tarsis y contra todos los barcos lujosos. 17 La altivez del hombre será

postrada; la soberbia del ser humano será humillada. Sólo Jehovah será enaltecido

en aquel día, 18 y los ídolos desaparecerán por completo. 19 Los hombres se meterán

en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, a causa de la temible

presencia de Jehovah y del esplendor de su majestad, cuando se levante para hacer

temblar la tierra. 20 En aquel día los hombres arrojarán a los topos y a los

murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro que habían hecho para adorarlos,

21 a fin de meterse en las grietas de las rocas y en las hendiduras de las peñas, a

causa de la temible presencia de Jehovah y del esplendor de su majestad, cuando

Jehovah se levante para hacer temblar la tierra. 22 Dejad de confiar en el hombre,

cuyo hálito está en su nariz; pues, ¿de qué estima es digno?

Capítulo 3

1 Porque he aquí que el Señor Jehovah de los Ejércitos quitará de Jerusalén y de

Judá la provisión y el sustento: toda provisión de pan y toda provisión de agua.

2 Quitará al valiente y al hombre de guerra, al juez y al profeta, al adivino y al

anciano, 3 al jefe de cincuenta y al hombre respetable, al consejero y al

excelente artesano, y al experto encantador. 4 Les pondré muchachos por

magistrados, y los caprichosos se enseñorearán de ellos. 5 En medio del pueblo el

hombre oprimirá al hombre, y cada cual a su prójimo. El joven será insolente con el

anciano, y el ruin con el noble. 6 Cuando alguno eche mano de su hermano en la casa

de su padre y le diga: “Tú que tienes ropa, sé nuestro jefe y toma en tus manos esta

ruina”, 7 él alzará la voz en aquel día diciendo: “Yo no seré sanador, pues en mi casa

no hay comida ni vestido. No me pongáis por jefe del pueblo.” 8 Porque Jerusalén

ha tropezado, y Judá ha caído; pues la lengua de ellos y sus obras son contrarias a

Jehovah y desafían la presencia de su majestad.

9 Su parcialidad los acusa. Como Sodoma, expresan su pecado y no lo

disimulan. ¡Ay de ellos, porque para sí mismos han producido el mal! 10 Decid a los

justos que les irá bien, que comerán del fruto de sus hechos. 11 ¡Ay de los impíos!

Les irá mal, porque les será hecho conforme a las obras de sus manos. 12 ¡Oh

pueblo mío! Sus opresores son muchachos, y mujeres se enseñorean de él. Pueblo

mío, los que te guían te hacen errar y confunden el rumbo de tus caminos. 13 Jehovah

está de pie para litigar; está a punto de juzgar a su pueblo. 14 Jehovah entrará en

juicio contra los ancianos y contra los magistrados de su pueblo. “Porque vosotros

habéis consumido la viña, y el despojo del pobre está en vuestras casas. 15 ¿Qué

motivos tenéis para aplastar a mi pueblo y moler las caras de los pobres?”, dice el

Señor Jehovah de los Ejércitos.

16 Asimismo dijo Jehovah: “Por cuanto las hijas de Sion son altivas, andan con el

cuello erguido, lanzan miradas seductoras, caminan zapateando y hacen resonar los

adornos de sus pies, 17 el Señor pelará con tiña la cabeza de las hijas de Sion;

Jehovah desnudará sus frentes.” 18 En aquel día el Señor quitará los adornos de los

tobillos, las diademas, las lunetas, 19 los aretes, los brazaletes, los velos, 20 los

adornos de la cabeza, los adornos de los pies, las cintas, los frasquitos de perfume,

los amuletos, 21 los anillos, los joyeles de la nariz, 22 las ropas festivas, los mantos,

los pañuelos, los bolsos, 23 los espejos, la ropa íntima, los turbantes y las mantillas.

24 Y sucederá que habrá hediondez en lugar de los perfumes, soga en lugar de

cinturón, rapadura en lugar de los arreglos del cabello. En lugar de ropa fina habrá

ceñidor de cilicio; porque en lugar de belleza habrá vergüenza. 25 Tus hombres

caerán a espada, y tu poderío caerá en la batalla. 26 Sus puertas lamentarán y se

enlutarán; y abandonada, ella se sentará en tierra.

Capítulo 4

1 En aquel tiempo siete mujeres echarán mano de un hombre y le dirán:

“Nosotras comeremos nuestro propio pan y vestiremos nuestras propias ropas;

solamente permite que seamos llamadas por tu nombre. Quita nuestra afrenta.”

2 En aquel día el retoño de Jehovah será hermoso y glorioso, y el fruto de la

tierra será el orgullo y el esplendor de los sobrevivientes de Israel. 3 Acontecerá que

el que se quede en Sion, como el que sea dejado en Jerusalén, será llamado santo;

todos los que estén inscritos para la vida en Jerusalén. 4 Así será cuando el Señor

lave la inmundicia de las hijas de Sion, y elimine la sangre de en medio de Jerusalén,

con espíritu de juicio y con espíritu consumidor. 5 Entonces sobre todo lugar del

monte Sion y sobre sus asambleas, Jehovah creará nube y humo de día, y

resplandor de fuego llameante de noche. Porque sobre todos habrá una cubierta de

gloria, 6 y habrá de día un cobertizo para dar sombra ante el calor abrasador, y para

refugio y protección de la tormenta y del aguacero.

Capítulo 5

1 Cantaré a mi amigo la canción de mi amado acerca de su viña: Mi amigo tenía

una viña en una fértil ladera. 2 La había desherbado y despedregado. Luego había

plantado en ella vides escogidas. Había edificado en ella una torre y también había

labrado un lagar. Esperaba que diese uvas buenas, pero dio uvas silvestres. 3 Ahora

pues, oh habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, juzgad entre mí y mi viña.

4 ¿Qué más se podía haber hecho por mi viña que yo no haya hecho en ella? ¿Por

qué, pues, esperando yo que diese uvas buenas, ha dado uvas silvestres? 5 Ahora

pues, os daré a conocer lo que yo haré a mi viña: Quitaré su cerco, y será

consumida; romperé su vallado, y será pisoteada. 6 La convertiré en una desolación;

no será podada ni cultivada. Crecerán espinos y cardos, y mandaré a las nubes que

no derramen lluvia sobre ella.” 7 Ciertamente la viña de Jehovah de los Ejércitos es la

casa de Israel, y los hombres de Judá son su placentero vergel. Esperaba el

derecho, y he aquí la vileza; esperaba la justicia, y he aquí el clamor.

8 ¡Ay de los que juntan casa con casa y acercan campo con campo, hasta que

ya no queda más espacio, y así termináis habitando vosotros solos en medio de la

tierra! 9 Jehovah de los Ejércitos ha jurado en mis oídos: “Ciertamente muchas

casas han de quedar desoladas; casas grandes y hermosas quedarán sin habitantes.

10 Una viña de diez yugadas producirá tan sólo un bato, y un homer de semilla

producirá tan sólo un efa.” 11 ¡Ay de los que se levantan muy de mañana para ir tras

la bebida, y siguen hasta la noche, hasta que el vino los enciende! 12 En sus

banquetes hay arpas, liras, tamboriles, flautas y vino; pero no consideran lo que

Jehovah ha realizado ni miran la obra de sus manos. 13 Por eso mi pueblo es llevado

cautivo, por falta de entendimiento. Sus nobles están muertos de hambre, y su

multitud reseca de sed. 14 Por eso el Seol ensanchó su garganta y abrió su boca sin

medida. Allá caerá el esplendor de ella, su multitud, su bullicio y aquel que se

divertía en ella. 15 El hombre se ha postrado, y el ser humano se ha rebajado. Los ojos

de los altivos serán humillados. 16 Pero Jehovah de los Ejércitos será exaltado en el

juicio; el Dios santo será reconocido como santo por su justicia. 17 Los corderos serán

apacentados en su pastizal, y los cabritos comerán entre las ruinas de los ricos.

18 ¡Ay de los que arrastran la iniquidad con cuerdas de vanidad, y el pecado

como con coyundas de carreta! 19 Ellos dicen: “Dese prisa; apresúrese su obra para

que la veamos. Acérquese y venga el plan del Santo de Israel, para que lo

conozcamos.” 20 ¡Ay de los que a lo malo llaman bueno; y a lo bueno, malo!

Consideran las tinieblas como luz, y la luz como tinieblas. Consideran lo amargo

como dulce, y lo dulce como amargo. 21 ¡Ay de los que son sabios ante sus propios

ojos, y de los que son prudentes según ellos mismos! 22 ¡Ay de los que son valientes

para beber vino, y hombres fuertes para mezclar licor; 23 y de los que por soborno

declaran justo al culpable, y al justo le quitan su justicia! 24 Por tanto, como la lengua

de fuego devora la paja y la llama doblega el rastrojo, así la raíz de ellos será como

cosa putrefacta, y su flor se desvanecerá como el polvo. Porque han desechado la

ley de Jehovah de los Ejércitos, y han despreciado la palabra del Santo de Israel.

25 Por esta causa se enciende el furor de Jehovah contra su pueblo; extiende contra

él su mano y lo golpea. Los montes se estremecen, y sus cadáveres son como

basura en medio de las calles. A pesar de todo esto, no ha cesado su furor, y su

mano todavía está extendida. 26 El alzará la bandera a una nación lejana. Le silbará

para que venga desde los confines de la tierra, y he aquí que vendrá rápida y veloz.

27 No hay entre ellos quien se canse ni tropiece; nadie se adormece ni se duerme. A

ninguno se le desata el cinturón de su cintura, ni se le rompe la correa de sus

sandalias. 28 Sus flechas están afiladas, y todos sus arcos preparados. Los cascos de

sus caballos parecen como de pedernal, y las ruedas de sus carros son como

torbellino. 29 Su rugido es como de león; ruge como los cachorros. Gruñe, arrebata

la presa y se la lleva sin que nadie la libre. 30 En aquel día rugirá sobre la presa

como el rugido del mar. Entonces mirará hacia esta tierra, y he aquí tinieblas de

tribulación. Aun la luz se convertirá en oscuridad a causa de los nubarrones.

Capítulo 6

1 En el año que murió el rey Uzías, vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y

sublime; y el borde de sus vestiduras llenaba el templo. 2 Por encima de él había

serafines. Cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus

pies y con dos volaban. 3 El uno proclamaba al otro diciendo: — ¡Santo, santo,

santo es Jehovah de los Ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria! 4 Los

umbrales de las puertas se estremecieron con la voz del que proclamaba, y el templo

se llenó de humo.

5 Entonces dije: — ¡Ay de mí, pues soy muerto! Porque siendo un hombre de

labios impuros y habitando en medio de un pueblo de labios impuros, mis ojos han

visto al Rey, a Jehovah de los Ejércitos. 6 Entonces voló hacia mí uno de los

serafines trayendo en su mano, con unas tenazas, un carbón encendido tomado del

altar. 7 Y tocó con él mi boca, diciendo: — He aquí que esto ha tocado tus labios; tu

culpa ha sido quitada, y tu pecado ha sido perdonado. 8 Entonces escuché la voz del

Señor, que decía: — ¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros? Y yo respondí:

— Heme aquí, envíame a mí.

9 Y dijo: — Vé y di a este pueblo: “Oíd bien, pero no entendáis; y mirad bien,

pero no comprendáis.” 10 Haz insensible el corazón de este pueblo; ensordece sus

oídos y ciega sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda

con su corazón, y se vuelva a mí, y yo lo sane. 11 Yo dije: — ¿Hasta cuándo, Señor?

Y él respondió: — Hasta que las ciudades queden desoladas y sin habitantes, y no

haya hombres en las casas, y la tierra quede devastada; 12 hasta que Jehovah haya

echado lejos a los hombres y sea grande el abandono en medio de la tierra. 13 Pero

aunque quede en ella la décima parte, volverá a ser consumida como la encina o el

roble de los cuales, después de ser derribados, aún les queda el tronco. Su tronco

es la simiente santa.

Capítulo 7

1 Aconteció en los días de Acaz hijo de Jotam, hijo de Uzías y rey de Judá, que

Rezín rey de Siria y Pécaj hijo de Remalías y rey de Israel, subieron a Jerusalén para

hacerle la guerra, pero no pudieron vencerla. 2 Entonces se le informó a la casa

de David, diciendo: “Los sirios acampan en Efraín.” Y se le estremeció el corazón y

el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del bosque a causa del

viento. 3 Entonces Jehovah dijo a Isaías: — Sal al encuentro de Acaz, tú y tu hijo

Sear-yasuv, al extremo del acueducto del estanque de arriba, en el camino del

Campo del Lavador, 4 y dile: “Cuídate y ten calma. No temas, ni se acobarde tu

corazón a causa de estos dos cabos de tizón que humean: por el furor de la ira de

Rezín y de Siria, y del hijo de Remalías. 5 Porque con Efraín y el hijo de Remalías, Siria

ha planeado contra ti el mal, diciendo: 6 ‘Vamos contra Judá, y desmembrémosla ;

abrámonos una brecha y en medio de ella pongamos por rey al hijo de Tabeel.’ 7 Así

ha dicho el Señor Jehovah: No sucederá, ni será así. 8 Porque la capital de Siria es

Damasco, y el caudillo de Damasco es Rezín; pero dentro de sesenta y cinco años

Efraín será destrozado hasta dejar de ser pueblo. 9 Asimismo, la capital de Efraín es

Samaria, y el caudillo de Samaria es el hijo de Remalías. Si vosotros no creéis,

ciertamente no permaneceréis firmes.”

10 Jehovah volvió a hablar a Acaz diciendo: 11 — Pide para ti una señal de parte

de Jehovah tu Dios; de abajo en el Seol, o de arriba en lo alto. 12 Acaz respondió:

— No pediré ni probaré a Jehovah. 13 Entonces Isaías dijo: — Escuchad, oh casa

de David: ¿Os es poco el ser molestos a los hombres, para que también seáis

molestos a mi Dios? 14 Por tanto, el mismo Señor os dará la señal: He aquí que la

virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. 15 El comerá

leche cuajada y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.

16 Ciertamente, antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra

de los dos reyes a quienes tienes miedo será abandonada.

17 Entonces Jehovah hará venir sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa de tu

padre, días como no los ha habido desde el día en que Efraín se separó de Judá;

esto es, al rey de Asiria. 18 Acontecerá en aquel día que Jehovah silbará a la mosca

que está en el extremo de los ríos de Egipto y a la abeja que está en la tierra de

Asiria. 19 Y vendrán y se asentarán todos en las quebradas escarpadas, en las

hendiduras de las peñas, en todos los espinos y en todos los lugares de aguas. 20 En

aquel día, con navaja alquilada de más allá del Río, es decir, con el rey de Asiria, el

Señor rasurará la cabeza y el vello de las piernas, y quitará también la barba.

21 Acontecerá en aquel día que un hombre criará una vaca y dos ovejas. 22 Y

sucederá que a causa de la abundancia de leche, comerá leche cuajada. Porque

todo aquel que quede en medio del país comerá leche cuajada y miel. 23 Acontecerá

también en aquel día que el lugar donde había mil vides, que valían mil siclos de

plata, será para los espinos y para los cardos. 24 Con flechas y arco irán allá,

pues toda la tierra será espinos y cardos. 25 Y en cuanto a todos los montes que

eran labrados con la azada, no podrás ir allá por temor de los espinos y de los

cardos. Sólo servirán como lugar para soltar los bueyes y para ser hollados por las

ovejas.

Capítulo 8

1 Entonces me dijo Jehovah: “Toma una tabla grande y escribe en ella con

punzón de hombre, tocante a Maher-salal-jas-baz.” 2 Llamé a mi lado, como fieles

testigos, al sacerdote Urías y a Zacarías hijo de Jeberequías. 3 Me llegué a la

profetisa, y ella concibió y dio a luz un hijo. Y Jehovah me dijo: “Ponle por nombre

Maher-salal-jas-baz, 4 porque antes que el niño sepa decir ‘mi papá’ y ‘mi mamá’,

la riqueza de Damasco y el botín de Samaria serán llevados ante el rey de Asiria.”

5 Otra vez Jehovah volvió a hablarme diciendo: 6 Por cuanto este pueblo desechó

las aguas de Siloé, que corren mansamente, y se alegró con Rezín y con el hijo de

Remalías, 7 he aquí que por ello el Señor hace subir sobre ellos las impetuosas y

abundantes aguas del Río, es decir, al rey de Asiria con toda su gloria. El se

desbordará por todos sus cauces y pasará sobre todas sus riberas. 8 Pasará por

Judá inundando y creciendo; llegará hasta el cuello. Con sus alas extendidas llenará

la amplitud de tu tierra. ¡Oh Emanuel!”

9 Sabedlo, oh pueblos, y llenaos de terror. Prestad atención, todos los confines

de la tierra: ¡Ceñíos y llenaos de terror! ¡Ceñíos y llenaos de terror! 10 Tomad

consejo, pero será anulado; proferid palabra, pero no se realizará, porque Dios está

con nosotros. 11 Pues así me ha hablado Jehovah con mano fuerte, y me ha instruido

para que no camine por el camino de este pueblo, diciendo: 12 No llaméis

conspiración a todo lo que este pueblo llama conspiración. No temáis lo que ellos

temen, ni os aterroricéis. 13 ¡A Jehovah de los Ejércitos, a él tratad como santo! Y si

él es vuestro temor, y si él es vuestro temblor, 14 entonces él será vuestro santuario;

pero será piedra de tropiezo y roca de escándalo para las dos casas de Israel, red y

trampa para los habitantes de Jerusalén. 15 De entre ellos muchos tropezarán y

caerán, y serán quebrantados. Quedarán atrapados y apresados.

16 Ata el testimonio y sella la ley entre mis discípulos.” 17 Aguardaré, pues, a

Jehovah, quien ha escondido su rostro de la casa de Jacob. En él esperaré. 18 He

aquí, yo y los hijos que Jehovah me ha dado somos señales y prodigios en Israel, de

parte de Jehovah de los Ejércitos, quien habita en el monte Sion.

19 Y cuando os dicen: “Consultad a los que evocan a los muertos y a los adivinos

que susurran y murmuran al hablar”, responded: “¿Acaso no consultará un pueblo a

su Dios? ¿Consultará a los muertos a favor de los vivos? 20 ¡A la ley y al testimonio!

Si ellos no hablan de acuerdo con esta palabra, es que no les ha amanecido. 21 Y

pasarán por la tierra oprimidos y hambrientos. Y acontecerá que teniendo hambre se

indignarán y maldecirán a su rey y a su Dios. Alzarán la vista 22 y mirarán a la tierra,

y he allí tribulación y oscuridad de angustia. Y serán arrojados a las tinieblas.

Capítulo 9

1 Sin embargo, no tendrá oscuridad la que estaba en angustia. En tiempos

anteriores él humilló la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí; pero en tiempos

posteriores traerá gloria a Galilea de los gentiles, camino del mar y el otro lado del

Jordán. 2 El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz. A los que habitaban en

la tierra de sombra de muerte, la luz les resplandeció. 3 Le aumentaste la gente y

acrecentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como

se gozan cuando reparten el botín. 4 Porque como en el día de Madián, tú has

quebrado el yugo que cargaba, la vara de su hombro y el cetro del que lo oprime.

5 Todo calzado del que marcha con estruendo y el manto revolcado en sangre serán

para quemar, pasto para el fuego. 6 Porque un niño nos es nacido, un hijo nos es

dado, y el dominio estará sobre su hombro. Se llamará su nombre: Admirable

Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. 7 Lo dilatado de su dominio

y la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino, para afirmarlo y

fortalecerlo con derecho y con justicia, desde ahora y para siempre. El celo de

Jehovah de los Ejércitos hará esto.

8 El Señor envió una palabra a Jacob, y ella cayó en Israel. 9 Todo el pueblo lo

supo; Efraín y los habitantes de Samaria que con soberbia y altivez de corazón

decían: 10 Cayeron los ladrillos, pero edificaremos con bloques de piedra; fueron

cortadas las higueras silvestres, pero en su lugar pondremos cedros.” 11 Jehovah

hace surgir contra él a sus adversarios, es decir, a Rezín; e incita a sus enemigos:

12 los sirios del oriente y los filisteos del occidente, que a boca llena devoran a Israel.

A pesar de todo esto, no ha cesado su furor, y su mano todavía está extendida.

13 Pero el pueblo no se ha vuelto a quien lo golpeó, ni han buscado a Jehovah de los

Ejércitos. 14 Por eso en un mismo día Jehovah cortará de Israel la cabeza y la cola,

la palmera y el junco. 15 El hombre anciano y respetado es la cabeza, y el

profeta que enseña mentira es la cola. 16 Los que guían a este pueblo lo hacen errar,

y los que por ellos son guiados están confundidos. 17 Por tanto, el Señor no se

compadecerá de sus jóvenes, ni tendrá misericordia de sus huérfanos ni de sus

viudas. Porque cada uno es impío y malhechor, y toda boca habla insensatez. A

pesar de todo esto, no ha cesado su furor, y su mano todavía está extendida. 18 La

maldad arde como fuego y devora espinos y cardos. Se enciende en la espesura del

bosque y se levanta en remolinos de humo. 19 A causa de la ira de Jehovah de los

Ejércitos, la tierra es quemada, y el pueblo es pasto para el fuego. El hombre no

tiene piedad de su hermano. 20 Cada uno devora a la derecha, pero tiene hambre; y

come a la izquierda, pero no se sacia. Cada cual devora la carne de su prójimo.

21 Manasés devora a Efraín, y Efraín a Manasés; y ambos se levantan contra Judá.

A pesar de todo esto, no ha cesado su furor, y su mano todavía está extendida.

Capítulo 10

1 ¡Ay de los que establecen leyes inicuas y dictan decretos opresivos, 2 para

apartar del juicio a los pobres, para privar de sus derechos a los afligidos de mi

pueblo, para hacer de las viudas su botín y para despojar a los huérfanos! 3 ¿Qué

haréis en el día del castigo y de la devastación que vendrá de lejos? ¿A quién huiréis

a pedir auxilio, y dónde dejaréis vuestra gloria? 4 No queda más que agacharse entre

los prisioneros y caer entre los muertos. A pesar de todo esto, no ha cesado su

furor, y su mano todavía está extendida.

5 ¡Ay de Asiria, la vara de mi ira! Pues en su mano está puesto el garrote de mi

furor. 6 La mandaré contra una nación impía, y la enviaré contra el pueblo que es

objeto de mi indignación, a fin de que capture botín y tome despojos, a fin de que lo

ponga para ser pisoteado como el lodo de las calles. 7 Pero ella no lo imaginará así,

ni su corazón lo pensará de esta manera. Más bien, la intención de su corazón será

destruir y exterminar no pocas naciones. 8 Porque él dice: ‘Mis príncipes, ¿no son

todos reyes? 9 ¿No es Calne como Carquemis? ¿No es Hamat como Arfad? ¿No

es Samaria como Damasco? 10 Como mi mano alcanzó los reinos de los dioses, a

pesar de que sus imágenes talladas eran más que las de Jerusalén y de Samaria;

11 como hice a Samaria y a sus dioses, ¿no haré así a Jerusalén y a sus ídolos?’”

12 Pero acontecerá que después que el Señor haya acabado toda su obra en el

monte Sion y en Jerusalén, castigará también el fruto del corazón soberbio del rey de

Asiria y la gloria de sus ojos altivos. 13 Porque ha dicho: “Con el poder de mi

mano y con mi sabiduría lo he hecho, porque soy inteligente. He eliminado las

fronteras de los pueblos, he saqueado sus tesoros y he derribado como hombre

fuerte a sus habitantes. 14 Mi mano halló como en un nido las riquezas de los

pueblos; y como se juntan los huevos abandonados, así junté yo a toda la tierra. No

hubo quien moviese un ala o abriese el pico para chirriar.” 15 ¿Se jactará el hacha

contra el que corta con ella? ¿Se ensoberbecerá la sierra contra el que la maneja?

¡Como si el bastón manejase al que lo levanta! ¡Como si la vara levantase al que no

es madera! 16 Por tanto, el Señor Jehovah de los Ejércitos enviará enfermedad a sus

robustos, y debajo de su gloria encenderá una hoguera como fuego abrasador. 17 La

Luz de Israel será por fuego; y su Santo por llama que consume y devora en un día sus

cardos y sus espinos. 18 Consumirá desde el alma hasta la carne, la gloria de su bosque

y de su campo fértil; y vendrá a ser como cuando desfallece un enfermo. 19 Los

árboles que queden en su bosque serán tan pocos que hasta un niño los podrá contar.

20 Acontecerá en aquel día que el remanente de Israel y los de la casa de Jacob

que hayan escapado nunca más se apoyarán en el que los golpeó, sino que

verdaderamente se apoyarán en Jehovah, el Santo de Israel. 21 ¡Un remanente

volverá; un remanente de Jacob volverá al Dios fuerte! 22 Aunque tu pueblo, oh

Israel, sea como la arena del mar, sólo un remanente volverá. La destrucción está

decidida, desbordando justicia. 23 Pues el Señor Jehovah de los Ejércitos ejecutará

en medio de todo el país el exterminio que está decidido.

24 Por tanto, así ha dicho el Señor Jehovah de los Ejércitos: “Pueblo mío,

habitante de Sion, no temas a Asiria. Con vara te golpeará y contra ti alzará su

garrote, como en Egipto. 25 Porque de aquí a muy poco tiempo se acabará mi ira, y

mi furor será para su destrucción.” 26 Jehovah de los Ejércitos levantará el látigo

contra él, como en la matanza de Madián junto a la peña de Oreb. Alzará su vara

sobre el mar, como en Egipto. 27 Sucederá en aquel tiempo que su carga será

quitada de tu hombro y su yugo de tu cuello. El yugo será destruido a causa de tu

unción. 28 Viene contra Ayat, pasa por Migrón, y en Micmas pasa revista a sus

armas. 29 Pasa el vado y se aloja en Geba. Ramá tiembla; Gabaa de Saúl huye.

30 ¡Grita a gran voz, oh hija de Galim! ¡Escucha, oh Lais! ¡Pobrecita Anatot!

31 Madmena divaga; los habitantes de Gebim buscan refugio. 32 Ahora mismo se

detendrá en Nob y agitará su mano contra el monte de la hija de Sion, la colina de

Jerusalén. 33 Pero he aquí que el Señor Jehovah de los Ejércitos desgajará el ramaje

con violencia; los de gran altura serán talados, y los altos serán abatidos. 34 El

cortará con hierro la espesura del bosque, y el Líbano caerá ante el Poderoso.

Capítulo 11

1 Un retoño brotará del tronco de Isaí, y un vástago de sus raíces dará fruto.

2 Sobre él reposará el Espíritu de Jehovah: espíritu de sabiduría y de inteligencia,

espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de temor de Jehovah.

3 El se deleitará en el temor de Jehovah. No juzgará por lo que vean sus ojos, ni

arbitrará por lo que oigan sus oídos; 4 sino que juzgará con justicia a los pobres, y

con equidad arbitrará a favor de los afligidos de la tierra. Golpeará la tierra con la

vara de su boca, y con el aliento de sus labios dará muerte al impío. 5 La justicia será

el cinturón de sus lomos, y la fidelidad lo será de su cintura. 6 Entonces el lobo

habitará con el cordero, y el leopardo se recostará con el cabrito. El ternero y el

cachorro del león crecerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. 7 La vaca y la

osa pacerán, y sus crías se recostarán juntas. El león comerá paja como el buey.

8 Un niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra, y el recién destetado

extenderá su mano sobre el escondrijo de la víbora. 9 No harán daño ni destruirán en

todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento de Jehovah,

como las aguas cubren el mar.

10 Acontecerá en aquel día que las naciones buscarán a aquel que es la raíz de

Isaí y que estará en pie como una bandera para los pueblos, y su morada será

gloriosa. 11 Asimismo, acontecerá en aquel día que Jehovah volverá a poner su mano

para recobrar el remanente que habrá quedado de su pueblo, desde Asiria, Egipto,

Patros, Etiopía, Elam, Sinar, Hamat y las costas del mar. 12 El levantará bandera

para las naciones, y juntará a los desterrados de Israel. Reunirá a los dispersos de

Judá desde los cuatro extremos de la tierra. 13 Entonces se disiparán los celos de

Efraín, y los que hostilizan a Judá serán exterminados. Efraín no tendrá más celos de

Judá, ni Judá hostilizará a Efraín. 14 Volarán sobre los hombros de los filisteos al

occidente, y juntos saquearán a los hijos del oriente. Edom y Moab estarán bajo su

sujeción, y los hijos de Amón les obedecerán. 15 Jehovah secará la lengua del mar

de Egipto. Con el poder de su Espíritu agitará su mano contra el Río; lo partirá en

siete brazos y hará que pasen por él con sandalias. 16 Entonces habrá un camino

para el remanente de su pueblo que quedó en Asiria, como lo hubo para Israel en el

día que subió de la tierra de Egipto.

Capítulo 12

1 En aquel día dirás: “¡Te doy gracias, oh Jehovah! Aunque te enojaste contra

mí, tu ira se apartó, y me has consolado. 2 ¡He aquí, Dios es mi salvación! Confiaré y

no temeré, porque Jehovah es mi fortaleza y mi canción; él es mi salvación.” 3 Con

regocijo sacaréis agua de los manantiales de la salvación.

4 En aquel día diréis: “¡Dad gracias a Jehovah! ¡Invocad su nombre! Dad a

conocer entre los pueblos sus hazañas; recordad que grande es su nombre.

5 ¡Cantad salmos a Jehovah, porque ha hecho cosas magníficas! Sea esto conocido

en toda la tierra. 6 Grita y canta, oh habitante de Sion, pues el Santo de Israel es

grande en medio de ti.”

Capítulo 13

1 Profecía acerca de Babilonia, que Isaías hijo de Amoz recibió en visión:

2 Levantad bandera sobre un monte desnudo. Alzad a ellos la voz; agitad la mano

para que entren por las puertas de los nobles. 3 Yo he dado órdenes a mis

consagrados; asimismo, he llamado a mis valientes, a los que se regocijan en mi

triunfo, para que ejecuten mi ira.” 4 Un murmullo de multitud se oye sobre los

montes, como de mucho pueblo, un rumor de reinos y de naciones congregadas.

Jehovah de los Ejércitos pasa revista al ejército para la batalla. 5 Jehovah y los

instrumentos de su ira vienen de una tierra lejana, del extremo de los cielos, para

destruir toda la tierra.

6 Lamentad, porque cercano está el día de Jehovah; vendrá como destrucción

de parte del Todopoderoso. 7 Por tanto, todas las manos se debilitarán, y todo

corazón humano desfallecerá. 8 Se llenarán de terror; convulsiones y dolores se

apoderarán de ellos. Tendrán dolores como de mujer que da a luz. Cada cual mirará

con asombro a su compañero; sus caras son como llamaradas. 9 He aquí que viene

el día de Jehovah, implacable, lleno de indignación y de ardiente ira, para convertir la

tierra en desolación y para destruir en ella a sus pecadores. 10 Porque las estrellas de

los cielos y sus constelaciones no irradiarán su luz. El sol se oscurecerá al salir, y la

luna no dará su luz. 11 Castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su

iniquidad. Haré que cese la arrogancia de los soberbios, y humillaré la altivez de los

tiranos. 12 Haré al ser humano más preciado que el oro fino, y al hombre más que

el oro de Ofir. 13 Por eso haré estremecer los cielos, y la tierra será removida de su

lugar, a causa de la indignación de Jehovah de los Ejércitos en el día de su ardiente

ira. 14 Como gacela acosada y como rebaño que no tiene quien lo junte, cada cual

mirará hacia su propio pueblo, y cada cual huirá a su propio país. 15 Todo el que sea

hallado será atravesado, y todo el que sea tomado caerá a espada. 16 Sus niños

serán estrellados ante sus ojos; sus casas serán saqueadas, y sus mujeres violadas.

17 He aquí que yo incito contra ellos a los medos, que no estiman la plata ni desean

el oro. 18 Sus arcos desbaratarán a los jóvenes; no tendrán misericordia del fruto del

vientre, ni sus ojos tendrán lástima de los hijos.

19 Y Babilonia, el más hermoso de los reinos, la gloria y el orgullo de los

caldeos, será como cuando Dios trastornó a Sodoma y a Gomorra. 20 Nunca más

será habitada, ni será poblada de generación en generación. El árabe no pondrá allí

su tienda, ni los pastores harán recostar allí sus rebaños. 21 Pero allí se recostarán las

fieras del desierto, y sus casas se llenarán de búhos. Allí habitarán las avestruces, y

allí danzarán los chivos salvajes. 22 En sus palacios aullarán las hienas, y los chacales

en las lujosas mansiones. Su tiempo está cercano para llegar, y sus días no se

prolongarán.”

Capítulo 14

1 Ciertamente Jehovah tendrá misericordia de Jacob y volverá a escoger a

Israel. El les hará reposar en su propia tierra, y a ellos se unirán extranjeros, los

cuales se adherirán a la familia de Jacob. 2 Los pueblos los tomarán y los llevarán a

su lugar, y la casa de Israel tomará posesión de ellos en la tierra de Jehovah, como

siervos y criadas. Así tomarán cautivos a los que los habían tomado cautivos, y se

enseñorearán de sus opresores. 3 Y sucederá que el día en que Jehovah te dé tregua

de tu dolor, de tu desesperación y de la dura servidumbre a la que fuiste sometido,

4 pronunciarás esta sentencia contra el rey de Babilonia, y dirás: “¡Cómo ha

cesado el opresor; cómo ha cesado la prepotencia! 5 Jehovah ha roto la vara de los

impíos, el cetro de los gobernantes, 6 que con indignación golpeaba sin tregua a los

pueblos y se enseñoreaba de las naciones con furor, persiguiéndolas sin contenerse.

7 Toda la tierra se ha sosegado y está tranquila; han prorrumpido en cánticos. 8 Aun

los cipreses y los cedros del Líbano se alegraron a causa de ti, diciendo: ‘Desde que

tú pereciste, no ha subido contra nosotros el talador.’ 9 El Seol abajo se estremeció

a causa de ti, y despertó a los muertos, para que en tu venida fueran a tu encuentro.

Hizo levantar de sus tronos a todos los caudillos de la tierra, a todos los reyes de

las naciones. 10 Todos ellos responderán y te dirán: ‘¿También tú te has debilitado

como nosotros y has llegado a ser como nosotros?’ 11 Tu ostentación y el sonido

de tus liras han sido derribados hasta el Seol. Los gusanos serán tu cama debajo de

ti, y las larvas tus cobertores. 12 ¡Cómo has caído del cielo, oh lucero, hijo de la

mañana! Has sido derribado al suelo, tú que debilitabas a las naciones. 13 Tú has

dicho en tu corazón: ‘Subiré al cielo en lo alto; hasta las estrellas de Dios levantaré

mi trono y me sentaré en el monte de la asamblea, en las regiones más distantes del

norte. 14 Subiré sobre las alturas de las nubes y seré semejante al Altísimo.’ 15 Pero

has sido derribado al Seol, a lo más profundo de la fosa. 16 Los que te vean te

contemplarán; reflexionarán ante ti diciendo: ‘¿Es éste aquel hombre que hacía

temblar la tierra, que sacudía los reinos, 17 que convirtió el mundo en un desierto,

que destruía sus ciudades y que a sus prisioneros nunca les abrió la cárcel?’

18 Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honra, cada uno en su

morada. 19 Pero tú has sido echado de tu sepulcro como vástago abominable, como

ropa de muertos atravesados a espada, los cuales han descendido a las losas de la

fosa como cadáver pisoteado. 20 No serás unido con ellos en el sepelio, porque

destruiste tu propia tierra y mataste a tu propio pueblo. La descendencia de los

malhechores jamás será nombrada. 21 Preparad el matadero para sus hijos, a causa

de la maldad de sus padres. No sea que se levanten y posean la tierra, y llenen la faz

del mundo con ciudades. 22 ‘Entonces yo me levantaré contra ellos, dice Jehovah de

los Ejércitos, y raeré de Babilonia el nombre y los sobrevivientes, los descendientes

y la posterioridad, dice Jehovah. 23 La convertiré en posesión de erizos y en

pantanos. La barreré con la escoba de la destrucción’”, dice Jehovah de los

Ejércitos.

24 Jehovah de los Ejércitos ha jurado diciendo: “Ciertamente será como lo he

pensado, y se realizará como lo he decidido, 25 para quebrantar al asirio en mi tierra;

sobre mis montes lo pisotearé. Entonces se quitará de ellos su yugo, y será quitada

de sus hombros su carga.” 26 Este es el plan que está decidido contra toda la tierra;

ésta es la mano extendida contra todas las naciones. 27 Porque Jehovah de los

Ejércitos lo ha decidido; ¿quién lo invalidará? Su mano está extendida; ¿quién la

hará volver atrás? 28 En el año que murió el rey Acaz vino esta profecía: 29 No te

alegres tú, toda Filistea, por haberse roto la vara que te hiere; porque de la raíz de la

culebra saldrá la víbora, y su fruto será una serpiente voladora. 30 Entonces pacerán

los primogénitos de los pobres, y los necesitados descansarán confiadamente. Pero

a tu descendencia haré morir de hambre y mataré a tus sobrevivientes.

31 ¡Gime, oh puerta; clama, oh ciudad! Tú te derrites, toda Filistea, porque del norte

viene humo, y no hay nadie en sus filas que quede rezagado.” 32 ¿Y qué se

responderá a los mensajeros de las naciones? Que Jehovah ha cimentado a Sion, y

que en ella se refugiarán los afligidos de su pueblo.

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