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JEREMÍAS

Capítulo 1

1 Las palabras de Jeremías hijo de Hilquías, de los sacerdotes que estaban en

Anatot, en la tierra de Benjamín. 2 La palabra de Jehovah le vino en los días de

Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año 13 de su reinado. 3 También le vino en

los días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, hasta el final del año 11 de Sedequías

hijo de Josías, rey de Judá, es decir, hasta la cautividad de Jerusalén en el mes

quinto.

4 Vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: 5 — Antes que yo te formase en el

vientre, te conocí; y antes que salieses de la matriz, te consagré y te di por profeta a

las naciones. 6 Y yo dije: — ¡Oh Señor Jehovah! He aquí que no sé hablar, porque

soy un muchacho. 7 Pero Jehovah me dijo: — No digas: “Soy un muchacho”;

porque a todos a quienes yo te envíe tú irás, y todo lo que te mande dirás. 8 No

tengas temor de ellos, porque yo estaré contigo para librarte, dice Jehovah.

9 Entonces Jehovah extendió su mano y tocó mi boca. Y me dijo Jehovah: — He

aquí, pongo mis palabras en tu boca. 10 Mira, en este día te he constituido sobre

naciones y sobre reinos, para arrancar y desmenuzar, para arruinar y destruir, para

edificar y plantar.

11 Entonces vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: — ¿Qué ves, Jeremías?

Y respondí: — Veo una vara de almendro. 12 Y Jehovah me dijo: — Has visto bien,

porque yo vigilo sobre mi palabra para ponerla por obra. 13 Vino a mí la palabra de

Jehovah por segunda vez, diciendo: — ¿Qué ves? Y respondí: — Veo una olla

hirviente que se vuelca desde el norte. 14 Entonces Jehovah me dijo: — Del norte se

desatará el mal sobre todos los habitantes del país. 15 Porque he aquí que yo

convoco a todas las familias de los reinos del norte, dice Jehovah. Ellos vendrán, y

cada uno pondrá su trono a la entrada de las puertas de Jerusalén, junto a todos sus

muros alrededor y en todas las ciudades de Judá. 16 Y proferiré mis juicios contra

ellos por toda su maldad con que me abandonaron, pues ofrecieron incienso a otros

dioses y se postraron ante la obra de sus propias manos. 17 Tú, pues, ciñe tus lomos

y levántate; tú les dirás todo lo que yo te mande. No te amedrentes delante de ellos,

no sea que yo te amedrente delante de ellos. 18 Porque he aquí que yo te he

puesto hoy como una ciudad fortificada, como una columna de hierro y como un

muro de bronce contra todo el país; tanto para los reyes de Judá, como para sus

magistrados, para sus sacerdotes y para el pueblo de la tierra. 19 Lucharán contra ti,

pero no te vencerán; porque yo estaré contigo para librarte, dice Jehovah.

Capítulo 2

1 Vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: 2 Vé, proclama a los oídos de

Jerusalén y diles que así ha dicho Jehovah: ‘Me acuerdo de ti, de la lealtad de tu

juventud, del amor de tu noviazgo, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en

una tierra no sembrada. 3 Santo era Israel para Jehovah, primicia de su cosecha.

Todos los que le devoraban eran culpables, y el mal recaía sobre ellos’, dice

Jehovah.” 4 ¡Oíd la palabra de Jehovah, oh casa de Jacob y todas las familias de la

casa de Israel! 5 Así ha dicho Jehovah: “¿Qué maldad hallaron en mí vuestros

padres, para que se hayan alejado de mí y se hayan ido tras la vanidad, haciéndose

vanos ellos mismos? 6 No dijeron: ‘¿Dónde está Jehovah, que nos hizo subir de la

tierra de Egipto y nos condujo por el desierto, por una tierra árida y de hoyos, por

una tierra reseca y de densa oscuridad, por una tierra por la cual ningún hombre ha

pasado, ni habitó allí hombre alguno?’ 7 Yo os introduje en una tierra fértil, para que

comierais de su fruto y de lo bueno de ella. Pero cuando entrasteis, contaminasteis

mi tierra y convertisteis mi heredad en abominación. 8 Los sacerdotes no dijeron:

‘¿Dónde está Jehovah?’ Los que se ocupaban de la ley no me conocieron. Los

pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal y

anduvieron tras lo que no aprovecha.

9 Por tanto, dice Jehovah, aún contenderé contra vosotros; contra los hijos de

vuestros hijos contenderé. 10 Pasad a las costas de Quitim y observad. Enviad a

Quedar y considerad cuidadosamente. Ved si acaso se ha hecho algo semejante a

esto. 11 ¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses, a pesar de que ellos no son

dioses? Sin embargo, mi pueblo ha cambiado su gloria por lo que no aprovecha.

12 ¡Espantaos, oh cielos, y horrorizaos por esto! Temblad en gran manera, dice

Jehovah. 13 Porque dos males ha hecho mi pueblo: Me han abandonado a mí, que

soy fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas rotas que no

retienen el agua.

14 ¿Acaso es Israel un esclavo, o uno nacido en casa? ¿Por qué ha llegado a

ser una presa? 15 Los leones rugieron contra él, emitieron su voz e hicieron de su

tierra una desolación. Sus ciudades están devastadas y sin habitantes. 16 Aun los

hijos de Menfis y de Tafnes te rompieron el cráneo. 17 ¿No te ha sobrevenido esto

porque abandonaste a Jehovah tu Dios cuando él te conducía por el camino?

18 Ahora pues, ¿qué tienes tú que ver con el camino de Egipto, para que bebas las

aguas del Nilo? ¿Y qué tienes que ver con el camino de Asiria, para que bebas las

aguas del Río?” 19 El Señor Jehovah de los Ejércitos dice: “Tu maldad te castigará, y

tu apostasía te condenará. Reconoce, pues, y ve cuán malo y amargo es el haber

abandonado a Jehovah tu Dios y el no haberme temido.

20 Porque desde hace mucho quebraste tu yugo y rompiste tus coyundas. Dijiste:

‘¡No serviré!’ Ciertamente sobre toda colina alta y debajo de todo árbol frondoso

te echabas tú, oh prostituta. 21 Yo te planté como una vid escogida, como una

simiente del todo verdadera. ¿Cómo, pues, te me has convertido en una cosa

repugnante, en una vid extraña?” 22 El Señor Jehovah dice: “Aunque te laves con

lejía y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá delante de

mí. 23 ¿Cómo puedes decir: ‘No estoy contaminada; nunca anduve tras los Baales’?

Mira tu proceder en el valle; reconoce lo que has hecho, oh camellita liviana que

entrecruza sus caminos. 24 Eres un asna montés, acostumbrada al desierto, que en el

ardor de su deseo olfatea el viento. Estando en su celo, ¿quién la detendrá? Todos

los que la busquen no tendrán que fatigarse, pues la hallarán en su ardor. 25 ¡Evita

que tus pies anden descalzos y que tu garganta tenga sed! Pero dijiste: ‘¡No, es

inútil! Porque amo a los extraños, y tras ellos he de ir.’ 26 Como el ladrón se

avergüenza cuando es sorprendido, así se avergonzarán los de la casa de Israel —

ellos, sus reyes, sus magistrados, sus sacerdotes y sus profetas — , 27 los que dicen

a un árbol: ‘Tú eres mi padre’, y a una piedra: ‘Tú me has dado a luz.’ “Ciertamente

me han dado las espaldas y no la cara, pero en el tiempo de su angustia dicen:

‘¡Levántate y líbranos!’ 28 Pero, ¿dónde están tus dioses que te hiciste? ¡Que se

levanten, si te han de librar en el tiempo de tu desgracia! Porque según el número de

tus ciudades, oh Judá, han sido tus dioses.

29 ¿Por qué contendéis conmigo? Todos vosotros os habéis rebelado contra mí,

dice Jehovah. 30 En vano he azotado a vuestros hijos; ellos no han recibido

corrección. Vuestra espada ha devorado a vuestros profetas como un león

destructor. 31 ¡Oh generación, considerad la palabra de Jehovah! ¿Acaso he sido

para Israel como un desierto o como una tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho mi

pueblo: ‘Somos libres; nunca más volveremos a ti’? 32 ¿Se olvida acaso la virgen de

sus joyas, o la novia de su atavío? Sin embargo, mi pueblo se ha olvidado de mí por

innumerables días. 33 ¡Qué bien dispones tus caminos para buscar amor!

Ciertamente aun a las malas mujeres enseñaste tus caminos

34 Hasta en tus faldas se ha encontrado la sangre de las personas pobres e

inocentes. No los hallaste forzando la entrada. Sin embargo, en todo esto 35 tú dices:

‘Soy inocente; ciertamente él ha apartado su ira de mí.’ Porque dijiste: ‘No he

pecado’, he aquí que yo entraré en juicio contra ti. 36 ¡Cuán frívola eres para

cambiar tus caminos! También serás avergonzada por Egipto, como fuiste

avergonzada por Asiria. 37 También de allí saldrás con las manos sobre tu cabeza.

Porque Jehovah ha desechado los objetos de tu confianza, y no prosperarás con

ellos.”

Capítulo 3

1 Se dice: “Si alguno despide a su mujer, y ella se va de él y se casa con otro

hombre, ¿podrá él después volver a ella? ¿No habrá sido esa tierra del todo

profanada? “Tú te has prostituido con muchos amantes; pero, ¡vuelve a mí!, dice

Jehovah. 2 Alza tus ojos a los cerros y mira: ¿En qué lugar no se han acostado

contigo? En los caminos te sentabas para ellos, como un árabe en el desierto. Con

tus prostituciones y con tu maldad has profanado la tierra. 3 Por esta causa han sido

detenidos los aguaceros, y ha faltado la lluvia tardía. Sin embargo, tuviste el descaro

de una prostituta y no quisiste tener vergüenza. 4 ¿Acaso no me llamas ahora: ‘Padre

mío’, o ‘Tú eres el amigo de mi juventud’? 5 ‘¿Guardará enojo para siempre?

¿Eternamente lo guardará?’ He aquí que has hablado así, pero has hecho cuantas

maldades podías.”

6 Jehovah me dijo en los días del rey Josías: “¿Has visto lo que ha hecho la

apóstata Israel? Ella ha ido a todo monte alto; y bajo todo árbol frondoso, allí se ha

prostituido. 7 Y dije: ‘Después que ella hizo todo esto, volverá a mí.’ Pero no volvió;

y lo vio su hermana, la desleal Judá. 8 Ella vio que precisamente porque la apóstata

Israel había cometido adulterio, yo la había despedido y le había dado carta de

divorcio. Pero su hermana, la desleal Judá, no tuvo temor; más bien, fue y se

prostituyó ella también. 9 Y sucedió que a causa de que su prostitución le era liviana,

se prostituyó con la piedra y con el árbol, y profanó la tierra. 10 Con todo esto, su

hermana, la desleal Judá, no volvió a mí con todo su corazón, sino con falsedad”,

dice Jehovah. 11 Jehovah me dijo además: “Más justa es el alma de la apóstata Israel

que la de la desleal Judá.

12 Vé y proclama estas palabras hacia el norte. Dirás: ‘Vuelve, oh apóstata

Israel, dice Jehovah. No haré caer mi ira sobre vosotros, porque soy

misericordioso, dice Jehovah. No guardaré enojo para siempre. 13 Sólo reconoce

tu maldad, porque contra Jehovah tu Dios te has rebelado, has repartido tus favores

a los extraños bajo todo árbol frondoso y no has escuchado mi voz,’ dice Jehovah.

14 ¡Volveos, oh hijos rebeldes, porque yo soy vuestro señor!, dice Jehovah. Os

tomaré, uno por ciudad y dos por familia, y os traeré a Sion. 15 Os daré pastores

según mi corazón, y ellos os pastorearán con conocimiento y discernimiento. 16 Y

acontecerá, dice Jehovah, que cuando os multipliquéis y seáis fecundos en la tierra,

en aquellos días, no dirán más: ‘¡El arca del pacto de Jehovah!’ No vendrá a la

mente, ni se acordarán de ella, ni la echarán de menos, ni la volverán a hacer. 17 En

aquel tiempo a Jerusalén le llamarán Trono de Jehovah. Todas las naciones se

congregarán en Jerusalén por causa del nombre de Jehovah, y no andarán más

según la dureza de su malvado corazón. 18 En aquellos tiempos la casa de Judá

caminará con la casa de Israel, y vendrán juntas de la tierra del norte a la tierra que

hice heredar a vuestros padres. 19 Yo decía: ‘¿Cómo te he de poner entre los hijos y

te he de dar la tierra deseable, la heredad más bella de las huestes de las naciones?’ Y

yo mismo decía: ‘Me llamarás Padre Mío y no te apartarás de en pos de mí.’

20 Pero como la mujer que traiciona a su compañero, así me habéis traicionado,

oh casa de Israel”, dice Jehovah. 21 Una voz fue oída en los cerros: Es el llanto de

los ruegos de los hijos de Israel, porque han pervertido su camino y se han olvidado

de Jehovah su Dios. 22 — ¡Volveos, oh hijos rebeldes, y os sanaré de vuestras

rebeliones! — Henos aquí; nosotros venimos a ti, porque tú eres Jehovah nuestro

Dios. 23 Ciertamente para engaño son las colinas y el bullicio en los montes.

Ciertamente en Jehovah nuestro Dios está la salvación de Israel. 24 Lo vergonzoso

ha consumido desde nuestra juventud el esfuerzo de nuestros padres: sus ovejas y

sus vacas, sus hijos y sus hijas. 25 Yacemos en nuestra vergüenza, y nuestra

desgracia nos cubre; porque nosotros y nuestros padres hemos pecado contra

Jehovah nuestro Dios desde nuestra juventud hasta este día. No hemos escuchado la

voz de Jehovah nuestro Dios.

Capítulo 4

1 — Si has de volver, oh Israel, vuelve a mí, dice Jehovah. Si quitas tus

abominaciones de mi presencia, y no divagas; 2 y si juras con verdad, con derecho y

con justicia, diciendo, “¡Vive Jehovah!”, entonces en él serán benditas las naciones,

y en él se gloriarán.

3 Porque así ha dicho Jehovah a los hombres de Judá y de Jerusalén: — Abríos

surcos y no sembréis entre espinos. 4 Circuncidaos para Jehovah; quitad el

prepucio de vuestro corazón, oh hombres de Judá y habitantes de Jerusalén. No sea

que por la maldad de vuestras obras mi ira salga como fuego y arda, y no haya quien

la apague.

5 Declarad en Judá y hacedlo oír en Jerusalén, diciendo: “¡Tocad la corneta en el

país! Pregonad a plena voz y decid: ‘¡Reuníos y entremos en las ciudades

fortificadas! 6 ¡Alzad bandera hacia Sion; buscad refugio y no os detengáis!’ Porque

yo hago venir del norte calamidad y gran quebrantamiento. 7 El león sale de su

espesura; se ha puesto en marcha el destructor de las naciones. Ha salido de su

lugar para convertir tu tierra en desolación. Tus ciudades serán devastadas y dejadas

sin habitantes. 8 Por eso, ceñíos de cilicio. Lamentad y gemid, porque el ardor de la

ira de Jehovah no se ha apartado de nosotros. 9 Y sucederá en aquel día que

desfallecerá el corazón del rey y el corazón de los magistrados, dice Jehovah. Los

sacerdotes se quedarán horrorizados, y los profetas quedarán atónitos.” 10 Entonces

dije: “¡Oh Señor Jehovah! De veras has engañado a este pueblo y a Jerusalén,

diciendo: ‘Tendréis paz’, mientras que la espada penetra hasta el alma.” 11 En aquel

tiempo se dirá a este pueblo y a Jerusalén: “Un viento caliente viene desde los cerros

del desierto en dirección de la hija de mi pueblo, pero no para aventar ni para

limpiar. 12 Un viento más fuerte que éstos viene de parte mía. Ahora también yo

declararé juicios contra ellos.” 13 He aquí que subirá como las nubes, y sus carros

son como torbellino. Sus caballos son más veloces que las águilas. ¡Ay de nosotros,

porque somos devastados! 14 Lava de maldad tu corazón, oh Jerusalén, para que seas

salva. ¿Hasta cuándo dejarás permanecer en medio de ti tus planes de iniquidad?

15 Porque ya se oye la voz del que trae las noticias desde Dan y del que informa de la

calamidad desde la región montañosa de Efraín. 16 Anunciad a las naciones; he aquí,

haced oír en Jerusalén: “Vienen guardias de tierra lejana y alzarán su voz contra las

ciudades de Judá. 17 Como guardias de campo estarán alrededor de ella, porque se

rebeló contra mí”, dice Jehovah. 18 Tu camino y tus transgresiones te han acarreado

esto. Esta es tu desgracia. ¡Cuán amargo! Porque llegó hasta tu corazón.

19 ¡Ay, mis entrañas, mis entrañas! Me duelen las paredes de mi corazón. Se

conmociona mi corazón dentro de mí. No callaré, oh alma mía, porque lo que has

oído es el sonido de la corneta, el pregón de guerra. 20 Quebranto sigue a

quebranto, porque toda la tierra es devastada. ¡De repente son devastadas mis

moradas; en un momento, mis tiendas! 21 ¿Hasta cuándo habré de ver la bandera y

tendré que oír el sonido de la corneta? 22 Porque mi pueblo es insensato; no me

conocen. Son hijos ignorantes y carentes de entendimiento. Son expertos para hacer

el mal, pero no saben hacer el bien. 23 Miré la tierra, y he aquí que estaba sin

orden y vacía. Miré los cielos, y no había en ellos luz. 24 Miré las montañas, y he

aquí que temblaban; todas las colinas se estremecían. 25 Miré, y he aquí que no había

hombre, y todas las aves del cielo habían huido. 26 Miré, y he aquí que la tierra fértil

era un desierto. Todas sus ciudades habían sido devastadas ante la presencia de

Jehovah, ante el ardor de su ira. 27 Porque así ha dicho Jehovah: “Todo el país será

desolado, aunque no lo consumiré del todo. 28 Por esto se enluta la tierra, y se

oscurecen los cielos arriba; porque he hablado, lo he planeado y no cambiaré de

parecer, ni desistiré de ello.” 29 Todas las ciudades huyen del estruendo de los

jinetes y de los arqueros. Se meten en la espesura de los bosques y suben a los

peñascos. Todas las ciudades están abandonadas; nadie habita en ellas. 30 Y tú, oh

devastada, ¿qué harás? Aunque te vistas de grana y te adornes con adornos de oro,

aunque te agrandes los ojos con pintura, en vano te embelleces. Tus amantes te

despreciarán; lo que ellos buscan es tu vida. 31 Porque oí una voz como de mujer

que tiene dolores de parto, angustia como de primeriza. Es la voz de la hija de Sion

que gime y extiende sus manos, diciendo: “¡Ay de mí, pues mi alma desfallece ante

los asesinos!”

Capítulo 5

1 Recorred las calles de Jerusalén; mirad, pues, y sabed. Buscad en sus plazas a

ver si halláis un solo hombre, a ver si hay alguno que practique el derecho y que

busque la fidelidad; y yo la perdonaré. 2 Pero aunque dicen: “¡Vive Jehovah!”,

ciertamente juran en falso. 3 Oh Jehovah, ¿no buscan tus ojos la fidelidad? Tú los

azotaste, y no les dolió; los consumiste, pero rehusaron recibir corrección.

Endurecieron sus caras más que la piedra y rehusaron volver. 4 Entonces dije:

“Ciertamente ellos son unos pobres; se han entontecido, porque no han conocido el

camino de Jehovah, el mandato de su Dios. 5 Me iré, pues, a los grandes y les

hablaré, porque ellos sí conocen el camino de Jehovah, el juicio de su Dios.” Pero

ellos también quebraron el yugo y rompieron las coyundas. 6 Por eso los herirá el

león del bosque, los destruirá el lobo de los sequedales, y el leopardo acechará sus

ciudades. Cualquiera que salga de ellas será despedazado; porque sus rebeliones se

han multiplicado, y se ha aumentado su apostasía. 7 ¿Por qué te he de perdonar por

esto? Tus hijos me abandonaron y juraron por lo que no es Dios. Yo los sacié, pero

ellos cometieron adulterio y frecuentaron casas de prostitutas. 8 Como caballos de

cría, excitados, cada cual relinchaba por la mujer de su prójimo.

9 ¿No habré de castigar por esto?, dice Jehovah. ¿No tomará venganza mi alma de

una nación como ésta?

10 Escalad las terrazas de sus vides y destruid, pero no la consumáis. Quitad

sus ramas, porque no son para Jehovah. 11 Porque resueltamente me han traicionado

la casa de Israel y la casa de Judá”, dice Jehovah. 12 Negaron a Jehovah y dijeron:

“El no existe. No vendrá el mal sobre vosotros, ni veremos espada ni hambre. 13 Los

profetas serán convertidos en viento, puesto que la palabra no está en ellos. Así se

ha de hacer con ellos.” 14 Por tanto, así ha dicho Jehovah Dios de los Ejércitos:

“Porque dijisteis estas palabras, he aquí que yo pongo mis palabras en tu boca como

fuego. Este pueblo será la leña, y el fuego los devorará. 15 He aquí, dice Jehovah, yo

traigo sobre vosotros, oh casa de Israel, una nación distante, una nación robusta,

una nación antigua, una nación cuya lengua ignoras; no entenderás lo que diga. 16 Su

aljaba es como sepulcro abierto; todos ellos son valientes. 17 Comerá tu mies y tu

pan; comerá a tus hijos y a tus hijas. Comerá tus ovejas y tus vacas; comerá tus

viñas y tus higueras. A espada destruirá tus ciudades fortificadas en las cuales

confías. 18 Sin embargo, dice Jehovah, no os consumiré del todo en aquellos días.

19 Sucederá que cuando pregunten: ‘¿Por qué nos hizo Jehovah nuestro Dios todas

estas cosas?’, entonces les responderás: ‘De la manera que me abandonasteis y

servisteis a dioses extraños en vuestra tierra, así serviréis a extranjeros en tierra

ajena.’

20 Anunciad esto en la casa de Jacob y hacedlo oír en Judá: 21 ‘Oíd esto,

pueblo insensato y sin entendimiento. Tienen ojos y no ven; tienen oídos y no oyen.

22 ¿A mí no me temeréis?, dice Jehovah. ¿No temblaréis delante de mí, que puse la

arena como límite del mar, por decreto eterno que no lo podrá traspasar? Se

levantarán sus olas, pero no prevalecerán; rugirán, pero no lo pasarán.’ 23 No

obstante, este pueblo tiene corazón obstinado y rebelde; se han apartado y se han

ido. 24 No dicen en su corazón: ‘Temamos, pues, a Jehovah nuestro Dios, que da en

su tiempo la lluvia temprana y la tardía, y nos guarda los tiempos establecidos para la

siega.’

25 Vuestras iniquidades han desviado estas cosas, y vuestros pecados os han

privado del bien. 26 Porque en mi pueblo se encuentran impíos que vigilan como

quien ha puesto una trampa. Ponen objetos de destrucción y atrapan hombres.

27 Como jaulas llenas de pájaros, así están sus casas llenas de fraude. Así se han

hecho grandes y ricos. 28 Se han puesto gordos y lustrosos. Incluso, sobrepasan las

obras del malo. En el juicio no defienden la causa del huérfano de modo que se

le haga prosperar, y no juzgan la causa de los necesitados. 29 ¿No habré de castigar

por esto?, dice Jehovah. ¿No tomará venganza mi alma de una nación como ésta?

30 Cosas espantosas y horribles suceden en la tierra: 31 Los profetas profetizan con

mentira, y los sacerdotes dirigen por su propia cuenta. Y mi pueblo así lo quiere.

¿Qué, pues, haréis cuando llegue su fin?

Capítulo 6

1 Oh hijos de Benjamín, huid de en medio de Jerusalén y tocad la corneta en

Tecoa. Levantad señales de humo sobre Bet-haquérem, porque del norte se ve venir

el mal y el gran quebrantamiento. 2 Como una deleitosa pradera es la hija de Sion.

3 Hacia ella vienen los pastores con sus rebaños. Alrededor de ella ponen sus

tiendas; cada cual apacienta en su lugar.” 4 ¡Haced guerra santa contra ella!

¡Levantaos y subamos a mediodía! ¡Ay de nosotros, porque el día va declinando, y

se extienden las sombras del anochecer! 5 ¡Levantaos, subamos de noche y

destruyamos sus palacios! 6 Porque así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: “¡Cortad

sus árboles y levantad un terraplén contra Jerusalén! Esta es la ciudad que ha de ser

castigada. Todo en ella es opresión. 7 Como la cisterna preserva frescas sus aguas,

así ella preserva fresca su maldad. En ella se oye hablar de violencia y destrucción;

continuamente hay enfermedad y heridas en mi presencia. 8 Corrígete, oh Jerusalén,

no sea que mi alma se aparte de ti; no sea que yo te convierta en desolación, en

tierra no habitada.”

9 Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: “Al remanente de Israel lo rebuscarán

como a una vid. Como un vendimiador, vuelve tu mano a las ramas.” 10 ¿A quién

tengo que hablar y amonestar, para que oigan? He aquí que sus oídos están sordos,

y no pueden oír. He aquí que la palabra de Jehovah les es afrenta, y no la desean.

11 Por tanto, estoy lleno de la ira de Jehovah; cansado estoy de contenerme.

“¡Derrámala sobre el niño en la calle, y sobre el círculo de los jóvenes! Porque tanto

el marido como la mujer serán apresados, y el anciano con el lleno de días. 12 Sus

casas serán traspasadas a otros; asimismo, sus campos y sus mujeres, dice Jehovah.

Porque extenderé mi mano contra los habitantes del país, 13 pues desde el menor

hasta el mayor de ellos, cada uno persigue las ganancias deshonestas. Desde el

profeta hasta el sacerdote, todos obran con engaño 14 y curan con superficialidad el

quebranto de mi pueblo, diciendo: ‘Paz, paz.’ ¡Pero no hay paz! 15 ¿Acaso se han

avergonzado de haber hecho abominación? ¡Ciertamente no se han avergonzado, ni

han sabido humillarse! Por tanto, caerán entre los que caigan; en el tiempo en que yo

los castigue, tropezarán”, ha dicho Jehovah. 16 Así ha dicho Jehovah: “Deteneos en

los caminos y mirad. Preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y

andad en él; y hallaréis descanso para vuestras almas.” Pero ellos dijeron: “¡No

andaremos en él!” 17 También puse sobre ellos centinelas que dijeran: ‘¡Escuchad el

sonido de la corneta!’ Pero dijeron: ‘No escucharemos.’

18 Por tanto, oíd, oh naciones; y conoce, oh congregación, lo que les sucederá.

19 Escucha, oh tierra: He aquí, yo traigo sobre este pueblo el mal, el fruto de sus

pensamientos. Porque no atendieron a mis palabras; y en cuanto a mi ley, la han

desechado. 20 ¿De qué vale que me traigáis este incienso de Saba y caña aromática

de tierra lejana? Vuestros holocaustos no son aceptables, ni vuestros sacrificios son

de mi agrado. 21 Por tanto, así ha dicho Jehovah, he aquí que yo pongo tropiezos a

este pueblo, y caerán en ellos los padres junto con los hijos; el vecino y su prójimo

perecerán.” 22 Así ha dicho Jehovah: “He aquí que viene un pueblo de la tierra del

norte; una gran nación se despertará en los confines de la tierra. 23 Empuñan el arco

y la lanza. Son crueles; no tienen misericordia. Su estruendo resuena como el mar.

Montan sobre caballos, y como un solo hombre se disponen para la batalla contra ti,

oh hija de Sion.” 24 Oímos de su fama, y nuestras manos se debilitaron. La angustia

se apoderó de nosotros, dolor como de mujer que da a luz. 25 No salgas al campo,

ni vayas por el camino; porque la espada del enemigo y el terror están por todas

partes. 26 Oh hija de mi pueblo, cíñete de cilicio y revuélcate en ceniza. Haz duelo

como por hijo único, llanto de amargura; porque súbitamente vendrá sobre nosotros

el destructor. 27 Te he puesto en la torre como un centinela en medio de mi pueblo.

Conoce, pues, y observa el camino de ellos. 28 Todos ellos son de lo más

obstinados y andan calumniando. Son bronce y hierro; todos ellos son corruptores.

29 El fuelle sopla, y el plomo es consumido por el fuego. En vano se esfuerza el

fundidor, pues los malos no se desprenden. 30 Los llaman Plata Desechada, porque

Jehovah los ha desechado.”

Capítulo 7

1 La palabra de Jehovah que vino a Jeremías, diciendo: 2 Ponte de pie junto a la

puerta de la casa de Jehovah y proclama allí esta palabra. Diles: Oíd la palabra de

Jehovah, todos los de Judá que entráis por estas puertas para adorar a Jehovah.

3 Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos, Dios de Israel: Corregid vuestros caminos y

vuestras obras, y os dejaré habitar en este lugar. 4 No confiéis en palabras de

mentira que dicen: ‘¡Templo de Jehovah, templo de Jehovah! ¡Este es el templo de

Jehovah!’ 5 Porque si realmente corregís vuestros caminos y vuestras obras, si

realmente practicáis lo justo entre el hombre y su prójimo, 6 si no oprimís al

forastero, al huérfano y a la viuda, si no derramáis sangre inocente en este lugar, y si

no vais tras otros dioses para vuestro propio mal, 7 entonces os dejaré habitar en

este lugar, en la tierra que desde siempre y para siempre di a vuestros padres. 8 He

aquí que vosotros estáis confiando en palabras de mentira que no aprovechan.

9 Después de robar, de matar, de cometer adulterio, de proferir falso testimonio, de

ofrecer incienso a Baal y de ir tras otros dioses que no conocisteis, 10 ¿vendréis para

estar delante de mí en este templo que es llamado por mi nombre y para decir:

‘Somos libres’ (para seguir haciendo todas estas abominaciones)? 11 ¿Acaso este

templo, que es llamado por mi nombre, es ante vuestros ojos una cueva de

ladrones? He aquí que yo también lo he visto, dice Jehovah. 12 Id, pues, a mi lugar

que estuvo en Silo, donde al principio hice morar mi nombre, y ved lo que le hice a

causa de la maldad de mi pueblo Israel. 13 Ahora pues, dice Jehovah, por cuanto

habéis hecho todas estas obras — y a pesar de que os hablé persistentemente, no

escuchasteis; y cuando os llamé, no respondisteis — , 14 por eso, como hice a Silo,

haré a este templo que es llamado por mi nombre y en el cual confiáis, a este lugar

que os di a vosotros y a vuestros padres. 15 Y os echaré de mi presencia como eché

a todos vuestros hermanos, a toda la descendencia de Efraín.

16 Tú, pues, no ores por este pueblo. No levantes por ellos clamor ni oración;

no intercedas ante mí, porque no te escucharé. 17 ¿No ves lo que hacen éstos en las

ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén? 18 Los hijos recogen la leña, y los

padres encienden el fuego. Las mujeres amasan la masa para hacer tortas a la Reina

del Cielo y para derramar libaciones a otros dioses, para ofenderme. 19 ¿Me

ofenderán a mí?, dice Jehovah. ¿Acaso no actúan, más bien, para su propia

vergüenza?” 20 Por tanto, así ha dicho el Señor Jehovah: “He aquí que mi furor y mi

ira se derraman sobre este lugar, sobre los hombres y sobre los animales, sobre los

árboles del campo y sobre los frutos de la tierra. Se encenderá y no se apagará.”

21 Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos, Dios de Israel: “Añadid vuestros

holocaustos a vuestros sacrificios y comed carne. 22 Porque el día en que los saqué

de la tierra de Egipto, no hablé con vuestros padres ni les mandé acerca de

holocaustos y sacrificios. 23 Más bien, les mandé esto diciendo: ‘Escuchad mi voz; y

yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. Andad en todo camino que os he

mandado, para que os vaya bien.’ 24 Pero no escucharon ni inclinaron su oído,

sino que caminaron en la dureza de su malvado corazón, según sus propios planes.

Caminaron hacia atrás y no hacia adelante. 25 Desde el día en que vuestros padres

salieron de la tierra de Egipto hasta este día, os envié todos mis siervos los profetas,

persistentemente, día tras día. 26 Pero no me escucharon ni inclinaron su oído; más

bien, endurecieron su cerviz y actuaron peor que sus padres. 27 Tú, pues, les dirás

todas estas palabras, pero no te escucharán; los llamarás, pero no te responderán.

28 Por tanto, les dirás: ‘Esta es la nación que no escuchó la voz de Jehovah su Dios

ni aceptó la corrección. La fidelidad se ha perdido; ha sido eliminada de sus bocas.’

29 Corta tu cabellera y arrójala. Prorrumpe en lamento sobre los cerros, pues

Jehovah ha rechazado y ha abandonado a la generación, objeto de su ira. 30 Porque

los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos, dice Jehovah. Han puesto sus

ídolos abominables en el templo que es llamado por mi nombre, contaminándolo.

31 Han edificado los lugares altos del Tófet, que están en el valle de Ben-hinom, para

quemar en el fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que no les mandé, ni me vino a la

mente. 32 Por tanto, dice Jehovah, he aquí vendrán días en que no se dirá más Tófet,

ni valle de Ben-hinom, sino valle de la Matanza. En el Tófet serán sepultados por no

haber más lugar. 33 Los cadáveres de este pueblo servirán de comida a las aves del

cielo y a los animales de la tierra, y no habrá quien los espante. 34 Haré cesar en las

ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén la voz de gozo y la voz de alegría, la

voz del novio y la voz de la novia; porque la tierra será arruinada.”

Capítulo 8

1 Jehovah dice: “En aquel tiempo sacarán fuera de los sepulcros los huesos de

los reyes de Judá, los huesos de sus magistrados, los huesos de los sacerdotes, los

huesos de los profetas y los huesos de los habitantes de Jerusalén. 2 Los extenderán

ante el sol, ante la luna y ante todo el ejército del cielo, a quienes amaron y rindieron

culto, a quienes siguieron y consultaron, y ante quienes se postraron. No serán

recogidos ni sepultados; quedarán como abono sobre la superficie de la tierra.

3 Preferible será la muerte que la vida para el resto de los sobrevivientes de esta

perversa familia, en todos los lugares a donde yo los arroje, dice Jehovah de los

Ejércitos.

4 Asimismo, les dirás que así ha dicho Jehovah: ‘¿No se levantan los que se

caen? ¿No vuelve el que es tomado cautivo? 5 ¿Por qué apostata este pueblo, oh

Jerusalén, con perenne apostasía? Se aferran al engaño; rehúsan volver.

6 Oí atentamente y escuché; no hablan con rectitud. No hay hombre que se

arrepienta de su maldad y que diga: ‘¿Qué he hecho?’ Cada cual se ha vuelto a su

carrera, como caballo que arremete en la batalla. 7 Hasta la cigüeña en el cielo

conoce sus tiempos determinados; la tórtola, la golondrina y la grulla guardan el

tiempo de sus migraciones. Pero mi pueblo no conoce el juicio de Jehovah. 8 ¿Cómo

diréis: ‘Nosotros somos sabios, y la ley de Jehovah está con nosotros’? Ciertamente

he aquí que la pluma engañosa de los escribas la ha convertido en engaño. 9 Los

sabios son avergonzados, se llenan de terror y son tomados prisioneros. He aquí que

han rechazado la palabra de Jehovah, ¿y qué clase de sabiduría les queda? 10 Por

tanto, daré a otros sus mujeres, y sus campos a los conquistadores; porque desde el

menor hasta el mayor, cada uno persigue las ganancias deshonestas. Desde el

profeta hasta el sacerdote, todos obran con engaño 11 y curan con superficialidad el

quebranto de la hija de mi pueblo, diciendo: ‘Paz, paz.’ ¡Pero no hay paz!

12 ¿Acaso se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se

han avergonzado, ni han sabido humillarse! Por tanto, caerán entre los que caigan;

en el tiempo de su castigo tropezarán, ha dicho Jehovah.

13 ¡De cierto acabaré con ellos!, dice Jehovah. No quedarán uvas en la vid, ni

higos en la higuera. Hasta las hojas se marchitarán, y lo que les he dado pasará de

ellos.” 14 ¿Por qué nos quedamos sentados? Reuníos, y entremos en las ciudades

fortificadas y perezcamos allí, porque Jehovah nuestro Dios nos ha hecho perecer.

Nos ha hecho beber aguas envenenadas, porque hemos pecado contra Jehovah.

15 Esperamos paz, y no hay tal bien; tiempo de sanidad, y he aquí, terror. 16 Desde

Dan se ha oído el relincho de sus caballos. Toda la tierra tiembla a causa del relincho

de sus corceles. Vienen y devoran la tierra y su plenitud, la ciudad y sus habitantes.

17 He aquí que yo envío sobre vosotros serpientes, víboras contra las cuales no

habrá encantamiento que valga. Y ellas os morderán”, dice Jehovah. 18 El dolor se

sobrepone a mí sin remedio; mi corazón está enfermo. 19 ¡He aquí, la voz del grito

de la hija de mi pueblo que viene de lejana tierra! ¿Acaso no está Jehovah en Sion?

¿Acaso no está en ella su Rey? ¿Por qué me han provocado a ira con sus imágenes

talladas, con las vanidades del extranjero? 20 Ha pasado la siega, se ha acabado el

verano, ¡y nosotros no hemos sido salvos! 21 Quebrantado estoy por el quebranto

de la hija de mi pueblo. Estoy enlutado; el horror se ha apoderado de mí. 22 ¿Acaso

no hay bálsamo en Galaad? ¿Acaso no hay allí médico? ¿Por qué, pues, no hay

sanidad para la hija de mi pueblo?

Capítulo 9

1 ¡Quién me diera que mi cabeza fuese agua y mis ojos manantial de lágrimas,

para que llorara día y noche por los muertos de la hija de mi pueblo! 2 ¡Quién me

diera una posada de caminantes en medio del desierto, para abandonar a mi pueblo

e irme de ellos! Porque todos ellos son unos adúlteros, una asamblea de traidores.

3 Dispusieron su lengua como arco; se hicieron fuertes en la tierra para el engaño, no

para la fidelidad. “Procedieron de mal en mal y no me han conocido, dice Jehovah.

4 ¡Cuídese cada uno de su prójimo! En ningún hermano tenga confianza; porque

todo hermano suplanta, y todo prójimo anda calumniando. 5 Cada uno engaña a su

prójimo, y no hablan verdad; enseñan su lengua para hablar mentira. Se han

pervertido hasta el cansancio. 6 Su morada está en medio del engaño. Y a causa del

engaño rehúsan conocerme”, dice Jehovah. 7 Por tanto, así ha dicho Jehovah de los

Ejércitos: “He aquí que yo los fundiré y los probaré. Pues, ¿de qué otro modo he de

proceder con la hija de mi pueblo? 8 Flecha asesina es la lengua de ellos; hablan

engaño. Con su boca habla de paz a su prójimo, pero dentro de sí pone emboscada.

9 ¿No habré de castigarles por esto?, dice Jehovah. ¿No tomará venganza mi alma

de una nación como ésta?” 10 Prorrumpiré en llanto y lamento por los montes, en

canto fúnebre por los pastizales del desierto. Porque han sido devastados hasta no

quedar quien pase, ni se escucha el mugido del ganado. Desde las aves del cielo

hasta el ganado huirán y se irán. 11 Yo convertiré a Jerusalén en montones de

piedras y en guarida de chacales. Convertiré las ciudades de Judá en una

desolación, sin habitantes.”

12 ¿Quién es el hombre sabio que entienda esto? ¿A quién ha hablado la boca

de Jehovah, de manera que lo pueda declarar? ¿Por qué ha perecido la tierra y ha

sido devastada cual desierto, de modo que nadie pase por ella? 13 Y Jehovah dijo:

“Porque dejaron mi ley, la cual puse delante de ellos. No obedecieron mi voz, ni

caminaron conforme a ella. 14 Más bien, fueron tras la porfía de sus corazones y tras

los Baales, como sus padres les enseñaron. 15 Por tanto, así ha dicho Jehovah de los

Ejércitos, Dios de Israel, he aquí que haré comer ajenjo a este pueblo; les haré

beber aguas envenenadas. 16 Los esparciré entre naciones que ni ellos ni sus padres

conocieron. Y enviaré tras ellos la espada, hasta que yo los extermine. 17 Así ha

dicho Jehovah de los Ejércitos: Considerad y llamad a las plañideras, y que vengan;

enviad a llamar a las más expertas, y que vengan.” 18 ¡Apresúrense y prorrumpan en

lamento por nosotros! Derramen lágrimas nuestros ojos; fluya agua de nuestros

párpados. 19 Porque en Sion se oye la voz de un lamento: ¡Cómo hemos

sido destruidos! En gran manera hemos sido avergonzados; porque hemos

abandonado la tierra, porque han derribado nuestras moradas. 20 Escuchad, oh

mujeres, la palabra de Jehovah; reciba vuestro oído la palabra de su boca. Enseñad

lamentos a vuestras hijas; cantos fúnebres, cada una a su compañera. 21 Porque la

muerte ha subido por nuestras ventanas y ha entrado en nuestros palacios, para

barrer a los niños de las calles y a los jóvenes de las plazas. 22 Diles que así dice

Jehovah: “Los cuerpos de los hombres muertos caerán como abono sobre la

superficie del campo. Como manojos caerán detrás del segador, y no habrá quien

los recoja.”

23 Así ha dicho Jehovah: “No se alabe el sabio en su sabiduría, ni se alabe el

valiente en su valentía, ni se alabe el rico en sus riquezas. 24 Más bien, alábese en

esto el que se alabe: en entenderme y conocerme que yo soy Jehovah, que hago

misericordia, juicio y justicia en la tierra. Porque estas cosas me agradan, dice

Jehovah. 25 He aquí, vienen días, dice Jehovah, en que traeré el castigo sobre todo

circuncidado y sobre todo incircunciso: 26 sobre Egipto, Judá, Edom, los hijos de

Amón y Moab, y sobre todos los que se rapan las sienes y habitan en el desierto.

Porque todas estas naciones son incircuncisas, y toda la casa de Israel es

incircuncisa de corazón.”

Capítulo 10

1 Oíd la palabra que ha hablado Jehovah acerca de vosotros, oh casa de Israel.

2 Así ha dicho Jehovah: “No aprendáis el camino de las naciones, ni tengáis temor de

las señales del cielo, aunque las naciones las teman. 3 Porque las costumbres de los

pueblos son vanidad: Cortan un árbol del bosque, y las manos del escultor lo labran

con la azuela. 4 Lo adornan con plata y oro; lo afirman con clavos y martillo para que

no se tambalee. 5 Son como un espantapájaros en un huerto de pepinos. No hablan;

son llevados, porque no pueden dar un paso. No tengáis temor de ellos, porque no

pueden hacer daño ni tampoco tienen poder para hacer bien.” 6 ¡No hay nadie

semejante a ti, oh Jehovah! Tú eres grande; grande es tu nombre en poder. 7 ¡Quién

no te temerá, oh Rey de las naciones! Porque a ti se te debe temer. Entre todos los

sabios de las naciones y en todos sus reinos, no hay nadie semejante a ti. 8 Son

torpes e insensatos a la vez. El mismo ídolo de madera es una lección de vanidades:

9 Traen plata laminada de Tarsis y oro de Ufaz, los cuales son trabajados por el

platero y por las manos del fundidor. Sus vestiduras son de material azul y de

púrpura; todas son obra de expertos. 10 Pero Jehovah es el verdadero

Dios; él es el Dios vivo y el Rey eterno. Ante su enojo tiembla la tierra; las naciones

no pueden resistir su furor. 11 Así les diréis: “Los dioses que no hicieron los cielos ni

la tierra desaparecerán de la tierra y de debajo de estos cielos. 12 El hizo la tierra

con su poder; estableció el mundo con su sabiduría y extendió los cielos con su

inteligencia. 13 Cuando él emite su voz, se produce un tumulto de aguas en los cielos.

El hace subir la neblina desde los extremos de la tierra. Hace los relámpagos para la

lluvia y saca el viento de sus depósitos.” 14 Todo hombre se embrutece por falta de

conocimiento. Todo platero es avergonzado a causa de su ídolo. Porque sus ídolos

de fundición son un engaño, y no hay espíritu en ellos. 15 Son vanidad, obra ridícula;

en el tiempo de su castigo perecerán. 16 No es como ellos la Porción de Jacob;

porque él es el Hacedor de todo, e Israel es la tribu de su heredad. ¡Jehovah de los

Ejércitos es su nombre!

17 Recoge del suelo tu equipaje, tú que habitas en un lugar bajo asedio.

18 Porque así ha dicho Jehovah: “He aquí que esta vez arrojaré con honda a los

habitantes del país, y he de afligirlos para que sean avergonzados.” 19 ¡Ay de mí, por

mi ruina! Mi herida es incurable. Sin embargo, dije: “Ciertamente ésta es mi

enfermedad, y debo sufrirla.” 20 Mi tienda es destruida, y todas mis cuerdas han sido

rotas. Mis hijos se me han ido, y ya no están. Ya no hay nadie que extienda mi

morada, ni quien levante mi tienda. 21 Porque los pastores se han embrutecido y no

han buscado a Jehovah. Por eso no prosperaron, y todo su rebaño se ha

dispersado. 22 He aquí que viene un rumor, y gran alboroto de la tierra del norte,

para convertir en desolación y en guarida de chacales todas las ciudades de Judá.

23 Reconozco, oh Jehovah, que el hombre no es señor de su camino, ni el hombre

que camina es capaz de afirmar sus pasos. 24 Corrígeme, oh Jehovah, pero con tu

juicio; no con tu furor, para que no me empequeñezcas. 25 Derrama tu ira sobre las

naciones que no te conocen y sobre las familias que no invocan tu nombre. Porque

han devorado a Jacob; lo han devorado y consumido, y han desolado su morada.

Capítulo 11

1 La palabra de Jehovah que vino a Jeremías, diciendo: 2 — Escuchad las

palabras de este pacto y hablad a los hombres de Judá y a los habitantes de

Jerusalén. 3 Tú les dirás que así ha dicho Jehovah Dios de Israel: “Maldito el hombre

que no obedece las palabras de este pacto 4 que mandé a vuestros padres el día en

que los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciéndoles: ‘Oíd mi voz y

haced conforme a todo lo que yo os mando. Así seréis mi pueblo, y yo seré vuestro

Dios; 5 para confirmar el juramento que hice a vuestros padres, de darles la

tierra que fluye leche y miel, como en este día.’” Yo respondí: — Así sea, oh

Jehovah. 6 Entonces Jehovah me dijo: — Proclama todas estas palabras en las

ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, diciendo: “Oíd las palabras de este

pacto y ponedlas por obra. 7 Porque bien advertí a vuestros padres el día en que los

hice subir de la tierra de Egipto y hasta el día de hoy, advirtiéndoles persistentemente

y diciendo: ‘Escuchad mi voz.’ 8 Pero no escucharon ni inclinaron su oído. Más bien,

se fueron cada uno tras la porfía de su malvado corazón. Por eso traeré sobre ellos

todas las palabras de este pacto que mandé que cumpliesen, pero que no

cumplieron.” 9 Además, Jehovah me dijo: — Se ha hallado conspiración entre los

hijos de Judá y entre los habitantes de Jerusalén. 10 Se han vuelto a las maldades de

sus primeros padres, quienes rehusaron escuchar mis palabras; se han ido tras otros

dioses para servirles. La casa de Israel y la casa de Judá han invalidado mi pacto

que concerté con sus padres.

11 Por tanto, así ha dicho Jehovah, he aquí que yo traigo sobre ellos un mal del

que no podrán escapar. Clamarán a mí, pero no los escucharé. 12 Las ciudades de

Judá y los habitantes de Jerusalén irán y clamarán a los dioses a los cuales queman

incienso, pero éstos de ninguna manera los podrán salvar en el tiempo de su

calamidad. 13 Porque según el número de tus ciudades, oh Judá, han sido tus dioses;

y según el número de tus calles, oh Jerusalén, habéis puesto altares a la vergüenza,

altares para quemar incienso a Baal. 14 Tú, pues, no ores por este pueblo. No

levantes por ellos clamor ni oración, porque yo no escucharé en el tiempo en que

clamen a mí, en el tiempo de su calamidad. 15 ¿Qué derecho tiene mi amada en mi

casa, después de haber hecho tantas intrigas? ¿Acaso los votos y la carne santa

podrán apartar tu mal de sobre ti? ¿Puedes entonces alegrarte? 16 Jehovah llamó tu

nombre: “Olivo verde de hermoso fruto y buen aspecto.” Pero con el estruendo de

gran tumulto él le prenderá fuego, y sus ramas quedarán arruinadas. 17 Jehovah de

los Ejércitos, que te plantó, ha decretado el mal contra ti, a causa de la maldad que

para sí mismos hicieron los de la casa de Israel y de la casa de Judá, al provocarme

a ira quemando incienso a Baal.

18 Jehovah me lo hizo saber, y lo supe; me hizo ver las obras de ellos. 19 Pero yo

era como un cordero manso que llevan a degollar, pues no entendía que contra mí

maquinaban planes diciendo: “Eliminemos el árbol en su vigor. Cortémoslo de la

tierra de los vivientes, y nunca más sea recordado su nombre.” 20 Pero, oh Jehovah

de los Ejércitos, que juzgas con justicia y escudriñas la conciencia y el corazón, deja

que yo vea tu venganza contra ellos; porque ante ti he expuesto mi causa. 21 Por

tanto, así ha dicho Jehovah acerca de los hombres de Anatot que buscan mi vida

y dicen: “No profetices en nombre de Jehovah, para que no mueras por nuestra

mano.” 22 Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: “He aquí que yo los castigaré; los

jóvenes morirán a espada, y sus hijos y sus hijas morirán de hambre. 23 No quedará

sobreviviente de ellos, porque yo traeré el mal sobre los hombres de Anatot en el

año de su castigo.”

Capítulo 12

1 — Justo eres tú, oh Jehovah, para que yo contienda contigo. Sin embargo,

hablaré contigo sobre cuestiones de derecho. ¿Por qué prospera el camino de los

impíos? ¿Por qué tienen tranquilidad todos los que hacen traición? 2 Tú los has

plantado, y han echado raíces; crecen y dan fruto. Cercano estás tú de sus bocas,

pero lejos de sus conciencias. 3 Sin embargo, oh Jehovah, tú me conoces. Tú me has

visto y has probado cómo es mi corazón para contigo. Sepáralos, como a ovejas

destinadas para el matadero; apártalos para el día de la matanza. 4 ¿Hasta cuándo ha

de estar de duelo la tierra, y se secará la hierba de todo campo? Por la maldad de

los que habitan en ella han perecido los animales y las aves; porque dijeron: “El no

verá nuestro final.” 5 — Si corriste con los de a pie y te cansaron, ¿cómo competirás

con los caballos? Y si en tierra de paz te caes al suelo, ¿qué harás en la espesura del

Jordán? 6 Porque aun tus hermanos y la casa de tu padre te han traicionado; aun

ellos gritan detrás de ti con fuerte voz. No les creas, aunque te hablen de bondades.

7 He abandonado mi casa, he desamparado mi heredad, he entregado lo que

amaba mi alma en mano de sus enemigos. 8 Mi heredad llegó a ser para mí como el

león en el bosque. Contra mí levantó su voz; por tanto, la aborrecí. 9 ¿Es para mí mi

heredad como una ave de rapiña pintada, contra la cual están alrededor otras aves

de rapiña? Id, reunid a todos los animales del campo; sean traídos para que la

devoren. 10 Muchos pastores han arruinado mi viña y han pisoteado mi heredad.

Han convertido mi preciosa heredad en un desierto desolado. 11 La han convertido

en una desolación. Por mí está de duelo, desolada; toda la tierra ha sido desolada,

porque nadie lo toma a pecho. 12 Sobre todos los cerros del desierto han venido los

destructores, porque la espada de Jehovah devora desde un extremo de la tierra

hasta el otro. No hay paz para ningún mortal. 13 Sembraron trigo y segaron espinas.

Están exhaustos, pero de nada les aprovecha. Se avergonzarán de sus cosechas, a

causa del ardor de la ira de Jehovah.

14 Así ha dicho Jehovah: — Con respecto a todos mis malos vecinos que atacan

la heredad que hice poseer a mi pueblo Israel, he aquí que yo los arrancaré de su

tierra. También arrancaré de en medio de ellos a la casa de Judá. 15 Pero sucederá

que después que los haya arrancado, volveré a tener misericordia de ellos y los haré

volver cada uno a su heredad, y cada cual a su tierra. 16 Y sucederá que si con

diligencia aprenden los caminos de mi pueblo para jurar en mi nombre, diciendo:

“¡Vive Jehovah!” (tal como enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal), entonces ellos

serán edificados en medio de mi pueblo. 17 Pero si no escuchan, yo arrancaré a tal

nación. La arrancaré y la destruiré, dice Jehovah.

Capítulo 13

1 Así me ha dicho Jehovah: “Vé, compra un cinto de lino, cíñete con él y no lo

metas en agua.” 2 Entonces compré el cinto, conforme a la palabra de Jehovah, y me

ceñí con él. 3 Luego vino a mí la palabra de Jehovah por segunda vez, diciendo:

4 Toma el cinto que has comprado y que tienes ceñido. Levántate y vé al Eufrates;

escóndelo allí, en la hendidura de una peña.” 5 Fui, pues, y lo escondí junto al

Eufrates, como me había mandado Jehovah. 6 Y sucedió que después de muchos

días Jehovah me dijo: “Levántate, vé al Eufrates y toma de allí el cinto que te mandé

que escondieses allá.” 7 Entonces fui al Eufrates y cavé. Tomé el cinto del lugar

donde lo había escondido, y he aquí que el cinto se había podrido, y no servía para

nada. 8 Entonces vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: 9 Así ha dicho Jehovah:

‘Así haré que se pudra la soberbia de Judá y la mucha soberbia de Jerusalén. 10 Este

pueblo malo, que rehúsa escuchar mis palabras, que anda en la porfía de su corazón

y va tras otros dioses para rendirles culto y para postrarse ante ellos, vendrá a ser

como este cinto que no sirve para nada. 11 Porque como el cinto se adhiere a los

lomos del hombre, dice Jehovah, así hice que se adhirieran a mí toda la casa de

Israel y toda la casa de Judá, para que me fuesen pueblo y para renombre, alabanza

y honra. Pero no escucharon.’

12 Entonces les dirás esta palabra que ha dicho Jehovah Dios de Israel: ‘Toda

tinaja ha de ser llenada con vino.’ Ellos te responderán: ‘¿Acaso no sabemos que

toda tinaja ha de ser llenada con vino?’ 13 Entonces les dirás que así ha dicho

Jehovah: ‘He aquí que yo lleno de embriaguez a todos los habitantes de esta tierra; a

los reyes que se sientan en el trono de David, a los sacerdotes, a los profetas y a

todos los habitantes de Jerusalén. 14 Yo los destrozaré, unos contra otros, a

los padres y a los hijos a la vez, dice Jehovah. No tendré compasión, no tendré

lástima ni tendré misericordia como para no destruirlos.’” 15 Oíd y prestad atención;

no seáis altivos, pues Jehovah ha hablado. 16 Dad gloria a Jehovah vuestro Dios,

antes que él haga que se oscurezca; antes que vuestros pies tropiecen contra

montañas tenebrosas y la luz que esperáis él os la vuelva densa oscuridad y la

convierta en tinieblas. 17 Pero si no escucháis esto, mi alma llorará en secreto a causa

de vuestra soberbia. Mis ojos llorarán amargamente y derramarán lágrimas, porque

el rebaño de Jehovah es tomado cautivo. 18 Di al rey y a la reina madre: “Humillaos,

sentaos en tierra, porque la corona de vuestra gloria caerá de vuestras cabezas.

19 Las ciudades del Néguev han sido cerradas, y no hay quien las abra. Todo Judá

es llevado cautivo, llevado cautivo del todo. 20 Alza tus ojos y observa a los que

vienen del norte. ¿Dónde está el rebaño que te fue dado, la grey de tu gloria?

21 ¿Qué dirás cuando Dios designe como jefes sobre ti a tus amigos, a quienes tú

misma enseñaste? ¿No te sobrevendrán dolores como de mujer que da a luz?

22 Cuando digas en tu corazón: ‘¿Por qué me ha sobrevenido esto?’, sabe que

por tu mucha maldad fueron levantadas tus faldas y fueron desnudados tus talones.

23 ¿Podrá el negro cambiar de piel y el leopardo sus manchas? Así tampoco

vosotros podréis hacer el bien, estando habituados a hacer el mal. 24 Por tanto, os

esparciré al viento del desierto como al tamo que pasa. 25 Esta es tu suerte, la

porción que recibes de mi parte por tu autosuficiencia, dice Jehovah; porque te

olvidaste de mí y confiaste en la mentira. 26 También yo levantaré tus faldas sobre tu

cara, y será vista tu vergüenza: 27 tus adulterios, tus relinchos, la infamia de tu

prostitución. Sobre las colinas en el campo he visto tus abominaciones. ¡Ay de ti, oh

Jerusalén! ¿Hasta cuándo no te purificarás en pos de mí?”

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