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JEREMÍAS

Capítulo 40

1 La palabra que vino a Jeremías de parte de Jehovah, después que

Nabuzaradán, capitán de la guardia, le envió desde Ramá, cuando le tomó, estando

aprisionado con grilletes en medio de todos los cautivos de Jerusalén y de Judá que

eran llevados cautivos a Babilonia. 2 El capitán de la guardia tomó interés en

Jeremías y le dijo: “Jehovah tu Dios pronunció este mal contra este lugar, 3 y Jehovah

lo ha traído y ha hecho según lo había dicho. Porque pecasteis contra Jehovah y no

escuchasteis su voz; por eso os ha venido esto. 4 Ahora, he aquí yo te libero de los

grilletes que tienes en tus manos. Si te parece bien venir conmigo a Babilonia, ven, y

yo cuidaré de ti. Pero si te parece mal venir conmigo a Babilonia, déjalo. Mira, toda

la tierra está delante de ti; vé adonde mejor y más conveniente te parezca.” 5 Como

aún no se volvía, le dijo: “Regresa a Gedalías hijo de Ajicam, hijo de Safán, a quien

el rey de Babilonia ha puesto a cargo de las ciudades de Judá. Habita con él en

medio del pueblo, o vé adonde te parezca más conveniente.” El capitán de la

guardia le dio provisiones y obsequios, y lo despidió. 6 Entonces Jeremías se fue a

Gedalías hijo de Ajicam, a Mizpa; y vivió con él en medio del pueblo que había

quedado en el país.

7 Todos los jefes de los soldados que estaban en el campo, ellos y sus hombres,

oyeron que el rey de Babilonia había puesto a Gedalías hijo de Ajicam sobre la

tierra, y que le había encomendado los hombres, las mujeres, los niños y los

pobres de la tierra que no fueron llevados cautivos a Babilonia. 8 Luego fueron a

Gedalías en Mizpa: Ismael hijo de Netanías, Johanán y Jonatán hijo de Carea,

Seraías hijo de Tanjumet, los hijos de Efai, de Netofa, y Jazanías hijo de cierto

hombre de Maaca. Fueron ellos y sus hombres. 9 Entonces Gedalías hijo de Ajicam,

hijo de Safán, les juró a ellos y a sus hombres, diciendo: “No tengáis temor de servir

a los caldeos. Habitad en la tierra y servid al rey de Babilonia, y os irá bien. 10 En

cuanto a mí, he aquí que yo habito en Mizpa para servir a los caldeos que vengan a

nosotros. Pero vosotros, tomad vino, frutas de verano y aceite; ponedlo en vuestras

vasijas y habitad en las ciudades que habéis tomado.” 11 Asimismo, todos los judíos

que estaban en Moab, entre los hijos de Amón y en Edom, y los que estaban en

todos los países, cuando oyeron decir que el rey de Babilonia había dejado a Judá

un remanente y que había puesto frente a ellos a Gedalías hijo de Ajicam, hijo de

Safán, 12 entonces todos estos judíos volvieron de todas las partes a donde habían

sido expulsados. Se fueron a la tierra de Judá, a Gedalías, en Mizpa, y recolectaron

vino y muchísimas frutas de verano. 13 Entonces Johanán hijo de Carea y todos los

oficiales de los soldados que estaban en el campo fueron a Gedalías en Mizpa, 14 y

le dijeron: — ¿Sabes que Baalis, rey de los hijos de Amón, ha enviado a Ismael hijo

de Netanías para matarte? Pero Gedalías hijo de Ajicam no les creyó. 15 Entonces

Johanán hijo de Carea habló a Gedalías en secreto, en Mizpa, diciendo: — Permite

que yo vaya y mate a Ismael hijo de Netanías, y nadie lo sabrá. ¿Por qué te ha de

quitar la vida, de modo que todos los judíos que se han agrupado alrededor de ti

sean dispersados y perezca el remanente de Judá? 16 Pero Gedalías hijo de Ajicam

dijo a Johanán hijo de Carea: — ¡No hagas tal cosa, porque es falso lo que tú dices

acerca de Ismael!

Capítulo 41

1 Aconteció en el mes séptimo que Ismael hijo de Netanías, hijo de Elisama, de

la descendencia real y de los oficiales del rey, fue con diez hombres a Gedalías hijo

de Ajicam, en Mizpa. Y comieron juntos en Mizpa. 2 Entonces se levantó Ismael hijo

de Netanías, con los diez hombres que estaban con él, e hirieron a espada a

Gedalías hijo de Ajicam, hijo de Safán. Así dieron muerte a aquel a quien el rey de

Babilonia había puesto a cargo de la tierra. 3 Asimismo, Ismael mató a todos los

judíos que estaban en Mizpa con Gedalías. Ismael también mató a los hombres de

guerra caldeos que se encontraban allí. 4 Y sucedió que un día después que se había

dado muerte a Gedalías, cuando todavía nadie lo sabía, 5 unos hombres llegaron

de Siquem, de Silo y de Samaria: ochenta hombres con sus barbas rapadas, sus

ropas rasgadas y sus cuerpos arañados. Y traían consigo ofrendas vegetales e

incienso para llevarlos a la casa de Jehovah. 6 Entonces desde Mizpa Ismael hijo de

Netanías les salió al encuentro, llorando mientras iba. Y cuando les encontró, les

dijo: — Venid a Gedalías hijo de Ajicam. 7 Y sucedió que cuando llegaron al centro

de la ciudad, Ismael hijo de Netanías y los hombres que estaban con él los

degollaron y los echaron en la cisterna. 8 Pero entre aquéllos había diez hombres que

dijeron a Ismael: — No nos mates, porque tenemos escondidos en el campo tesoros

de trigo, cebada, aceite y miel. Así que desistió, y no los mató como a sus

compañeros. 9 La cisterna en que Ismael echó todos los cuerpos de los hombres que

mató era la cisterna grande que había hecho el rey Asa, por causa de Baasa, rey de

Israel. Ismael hijo de Netanías la llenó de muertos. 10 Después Ismael llevó cautivo a

todo el remanente del pueblo que estaba en Mizpa, desde las hijas del rey hasta

todo el pueblo que había quedado en Mizpa y que Nabuzaradán, capitán de la

guardia, había encargado a Gedalías hijo de Ajicam. Ismael hijo de Netanías los

llevó cautivos y se fue para pasarse a los hijos de Amón.

11 Entonces Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de los soldados que

estaban con él oyeron de todo el mal que había hecho Ismael hijo de Netanías. 12 Y

tomaron a todos los hombres y fueron para combatir contra Ismael hijo de Netanías,

y le encontraron junto al gran estanque que hay en Gabaón. 13 Aconteció que

cuando todo el pueblo que estaba con Ismael vio a Johanán hijo de Carea y a todos

los oficiales de los soldados que estaban con él, se alegraron. 14 Entonces todo el

pueblo que Ismael había traído cautivo de Mizpa volvió y se pasó a Johanán hijo de

Carea. 15 Pero Ismael hijo de Netanías, con ocho hombres, se escapó de Johanán y

se pasó a los hijos de Amón. 16 Entonces Johanán hijo de Carea y todos los jefes de

los soldados que estaban con él tomaron de Mizpa a todo el remanente del pueblo

que había recuperado de Ismael hijo de Netanías, después que éste había dado

muerte a Gedalías hijo de Ajicam. Tomaron a los valientes, hombres de guerra, a las

mujeres, a los niños y a los funcionarios que Johanán había hecho volver de Gabaón.

17 Entonces fueron y se quedaron en Gerut-quimjam, que está cerca de Belén, con

el fin de ir y entrar en Egipto, 18 por causa de los caldeos. Pues tenían miedo de

ellos, porque Ismael hijo de Netanías había matado a Gedalías hijo de Ajicam, a

quien el rey de Babilonia había puesto a cargo del país.

Capítulo 42

1 Todos los oficiales de los soldados, Johanán hijo de Carea, Jezanías hijo de

Osaías y todo el pueblo, desde el menor hasta el mayor, se acercaron 2 y dijeron al

profeta Jeremías: — Por favor, llegue nuestro ruego a tu presencia, y ora por

nosotros a Jehovah tu Dios, por todo este remanente (pues de muchos hemos

quedado unos pocos, como tus ojos nos ven), 3 para que Jehovah tu Dios nos

enseñe el camino por donde debemos ir y lo que hemos de hacer. 4 Entonces el

profeta Jeremías les dijo: — He oído. He aquí que voy a orar a Jehovah vuestro

Dios, conforme a vuestra petición. Todo lo que Jehovah os responda os lo

declararé; nada os ocultaré. 5 Ellos dijeron a Jeremías: — Jehovah sea entre

nosotros testigo fiel y verdadero de que conforme a todo aquello para lo cual

Jehovah tu Dios te envíe a nosotros, así haremos. 6 Sea bueno o malo,

obedeceremos la voz de Jehovah nuestro Dios, a quien nosotros te enviamos. Para

que nos vaya bien, ciertamente obedeceremos la voz de Jehovah nuestro Dios.

7 Aconteció que al cabo de diez días vino la palabra de Jehovah a Jeremías.

8 Este llamó a Johanán hijo de Carea, a todos los oficiales de los soldados que

estaban con él y a todo el pueblo, desde el menor hasta el mayor; 9 y les dijo: — Así

ha dicho Jehovah Dios de Israel, a quien me enviasteis para que presentase vuestra

súplica delante de él: 10 Si decididamente permanecéis en esta tierra, os edificaré y

no os destruiré. Os plantaré y no os arrancaré, porque he desistido del mal que os

he hecho. 11 No temáis al rey de Babilonia, de quien tenéis miedo. No le temáis, dice

Jehovah, porque yo estoy con vosotros para salvaros y para libraros de su mano.

12 Os mostraré misericordia, de manera que él se compadecerá de vosotros y os

hará volver a vuestra tierra. 13 Pero si decís: ‘No habitaremos en esta tierra’,

desobedeciendo así la voz de Jehovah vuestro Dios, 14 y si decís: ‘No, sino que nos

iremos a la tierra de Egipto, en la cual no veremos guerra ni oiremos el sonido de la

corneta, ni tendremos hambre de pan, y allí habitaremos’, 15 entonces oíd la palabra

de Jehovah, oh remanente de Judá: Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos, Dios de

Israel: Si vosotros habéis decidido ir a Egipto y os vais allá para residir, 16 sucederá

que allí en la tierra de Egipto os alcanzará la espada que teméis. Allá en Egipto os

acosará el hambre que os preocupa, y allí moriréis. 17 Sucederá que todos los

hombres que han decidido ir a Egipto para residir allí, morirán por la espada, por el

hambre y por la peste. No habrá quien quede vivo de ellos, ni quien escape ante el

mal que yo traeré sobre ellos. 18 Porque así ha dicho Jehovah de los Ejércitos, Dios

de Israel: Como se derramó mi furor y mi ira sobre los habitantes de Jerusalén, así

se derramará mi ira sobre vosotros cuando entréis en Egipto. Seréis objeto de

imprecación, de horror, de maldición y de oprobio; y no volveréis a ver este lugar.”

19 Oh remanente de Judá, Jehovah ha dicho de vosotros: “No entréis en Egipto.”

Sabed ciertamente que hoy os lo he advertido. 20 Os habéis descarriado a costa de

vuestras propias vidas, porque vosotros mismos me habéis enviado a Jehovah

vuestro Dios, diciendo: “Ora por nosotros a Jehovah nuestro Dios; y todo lo que

Jehovah nuestro Dios declare, háznoslo saber, y lo pondremos por obra.” 21 Pues os

lo he declarado hoy, pero no habéis obedecido la voz de Jehovah vuestro Dios en

nada de lo que me envió a deciros. 22 Ahora pues, sabed ciertamente que por la

espada, por el hambre y por la peste moriréis en el lugar a donde deseáis entrar para

residir allí.

Capítulo 43

1 Aconteció que cuando Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo todas las

palabras que Jehovah, el Dios de ellos, le había enviado a decirles, 2 Azarías hijo de

Osaías, Johanán hijo de Carea y todos los hombres arrogantes dijeron a Jeremías:

— ¡Dices mentiras! No te ha enviado Jehovah nuestro Dios, para decir: “No entréis

a Egipto para residir allí”; 3 sino que Baruc hijo de Nerías te incita contra nosotros,

para entregarnos en mano de los caldeos, a fin de que nos maten o que nos lleven

cautivos a Babilonia. 4 Así que Johanán hijo de Carea, todos los oficiales de los

soldados y todo el pueblo no obedecieron la voz de Jehovah, para quedarse en la

tierra de Judá. 5 Más bien, Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de los

soldados tomaron a todo el remanente de Judá (los que habían regresado, para

residir en la tierra de Judá, de todas las naciones a donde habían sido echados), 6 a

hombres, a mujeres, a niños, a las hijas del rey y a toda persona que Nabuzaradán,

el capitán de la guardia, había dejado con Gedalías hijo de Ajicam, hijo de Safán, y

también al profeta Jeremías y a Baruc hijo de Nerías. 7 Entraron en la tierra de

Egipto, porque no obedecieron la voz de Jehovah; y llegaron hasta Tafnes.

8 Entonces vino la palabra de Jehovah a Jeremías, en Tafnes, diciendo: 9 Toma

en tus manos piedras grandes, escóndelas en la mezcla del pavimento de ladrillos a

la entrada de la casa del faraón en Tafnes, a vista de los hombres judíos, 10 y diles

que así ha dicho Jehovah de los Ejércitos, Dios de Israel: ‘He aquí que yo enviaré y

tomaré a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y pondré su trono sobre

estas piedras que he escondido, y él extenderá su pabellón sobre ellas. 11 Vendrá

y golpeará la tierra de Egipto: los que a muerte, a muerte; los que a cautividad, a

cautividad; los que a espada, a espada. 12 Prenderá fuego a las casas de los dioses

de Egipto y las incendiará, y a ellos los llevará cautivos. Limpiará la tierra de Egipto,

como un pastor limpia su ropa, y saldrá de allí en paz. 13 Además, romperá los

obeliscos de Heliópolis, la cual está en la tierra de Egipto, e incendiará los templos

de los dioses de Egipto.’”

Capítulo 44

1 La palabra que vino a Jeremías con respecto a todos los judíos que habitaban

en la tierra de Egipto, que habitaban en Migdol, en Tafnes, en Menfis y en la tierra

de Patros, diciendo: 2 — Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos, Dios de Israel:

“Vosotros habéis visto todo el mal que he traído sobre Jerusalén y sobre todas las

ciudades de Judá. He aquí, en el día de hoy están en ruinas y no hay habitantes en

ellas, 3 a causa de la maldad que ellos cometieron, provocándome a ira, ya que

fueron a quemar incienso y a servir a otros dioses que ni ellos, ni vosotros ni

vuestros padres conocieron. 4 Persistentemente os envié todos mis siervos los

profetas, para deciros: ‘¡Por favor, no hagáis esta cosa abominable que yo

aborrezco!’ 5 Pero no escucharon ni inclinaron su oído para volverse de su maldad,

para dejar de quemar incienso a otros dioses. 6 Por tanto, se derramó mi ira, y se

encendió mi furor en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén; y fueron

convertidas en ruina y en desolación, como en este día.” 7 Ahora pues, así ha dicho

Jehovah Dios de los Ejércitos, Dios de Israel: “¿Por qué hacéis un mal tan grande

contra vosotros mismos, para que de en medio de Judá sean destruidos el hombre,

la mujer, el niño y el lactante, sin que os quede remanente alguno? 8 ¿Por qué me

provocáis a ira con las obras de vuestras manos, ofreciendo incienso a otros dioses

en la tierra de Egipto, a donde habéis entrado para residir, de modo que seáis

exterminados y que seáis objeto de maldición y de oprobio entre todas las naciones

de la tierra? 9 ¿Habéis olvidado las maldades de vuestros padres, las maldades de

los reyes de Judá, las maldades de sus mujeres, las maldades vuestras y las

maldades de vuestras mujeres, que hicieron en la tierra de Judá y en las calles de

Jerusalén? 10 Hasta el día de hoy no se han humillado, ni han tenido temor, ni han

caminado en mi ley ni en mis estatutos que puse delante de vosotros y delante de

vuestros padres.” 11 Por tanto, así ha dicho Jehovah de los Ejércitos, Dios de Israel:

“He aquí que yo pongo mi rostro contra vosotros para mal y para destruir a todo

Judá. 12 Tomaré al remanente de Judá que decidió ir a la tierra de Egipto para

residir allí, y serán exterminados todos en la tierra de Egipto. Caerán por la espada y

por el hambre; serán exterminados, desde el menor hasta el mayor. Por la espada y

por el hambre morirán, y llegarán a ser objeto de imprecación, de horror, de

maldición y de oprobio. 13 Yo, pues, castigaré a los que habitan en la tierra de

Egipto, como castigué a Jerusalén: por la espada, por el hambre y por la peste. 14 Y

del remanente de Judá que entró en la tierra de Egipto para residir allí, no habrá

quien escape, ni quien sobreviva para volver a la tierra de Judá, a la cual ellos

suspiran por regresar, para habitar allí. Porque no regresarán sino los que escapen.”

15 Entonces todos los hombres que sabían que sus mujeres quemaban incienso a

otros dioses, y todas las mujeres que estaban presentes y una gran concurrencia,

todo el pueblo que habitaba en Patros en tierra de Egipto, respondieron a Jeremías

diciendo: 16 — La palabra que nos has hablado en nombre de Jehovah, no te la

escucharemos. 17 Más bien, pondremos por obra toda palabra que ha salido de

nuestra boca, para quemar incienso a la Reina del Cielo y para derramarle

libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros

magistrados, tanto en las ciudades de Judá como en las calles de Jerusalén. Pues

fuimos saciados de pan, nos fue bien y no vimos mal alguno. 18 Pero desde que

dejamos de quemar incienso a la Reina del Cielo y de derramarle libaciones, nos

falta de todo, y somos exterminados por la espada y por el hambre. 19 Y las mujeres

dijeron: — Cuando nosotras quemábamos incienso a la Reina del Cielo y le

derramábamos libaciones, ¿acaso era sin el conocimiento de nuestros maridos que le

hacíamos tortas, reproduciendo su imagen, y le derramábamos libaciones?

20 Entonces Jeremías habló a todo el pueblo, a los hombres, a las mujeres y a

todo el pueblo que le había respondido esto, diciendo: 21 — ¿No se habrá acordado

Jehovah, o no habrá venido a su mente el incienso que quemasteis en las ciudades

de Judá y en las calles de Jerusalén, vosotros y vuestros padres, vuestros reyes,

vuestros magistrados y el pueblo de la tierra? 22 Jehovah no pudo soportaros más, a

causa de la maldad de vuestras obras y a causa de las abominaciones que habíais

hecho. Por tanto, vuestra tierra ha sido convertida en ruinas, en horror y en

maldición, hasta no quedar habitantes, como en este día. 23 Porque quemasteis

incienso y pecasteis contra Jehovah y no obedecisteis la voz de Jehovah, ni

anduvisteis en su ley, ni en sus estatutos, ni en sus testimonios. Por eso ha venido

sobre vosotros este mal, como en este día. 24 Jeremías dijo además a todo el pueblo

y a las mujeres: — Oíd la palabra de Jehovah, todos los de Judá que estáis en la

tierra de Egipto. 25 Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos, Dios de Israel: “Vosotros

y vuestras mujeres habéis hablado con vuestras bocas y lo habéis realizado con

vuestras manos, diciendo: ‘Sin falta cumpliremos nuestros votos que hemos hecho,

de quemar incienso a la Reina del Cielo y de derramarle libaciones.’ ¡De veras que

confirmáis vuestros votos y ponéis vuestros votos por obra!” 26 Por tanto, oíd la

palabra de Jehovah, todos los de Judá que habitáis en la tierra de Egipto: “He aquí,

ha dicho Jehovah, he jurado por mi gran nombre que no será invocado más mi

nombre en toda la tierra de Egipto por la boca de ningún hombre de Judá, diciendo:

‘¡Vive el Señor Jehovah!’ 27 He aquí que yo vigilo sobre ellos para mal, y no para

bien. Todos los hombres de Judá que están en la tierra de Egipto serán

exterminados por la espada y por el hambre, hasta que perezcan del todo. 28 Los

que escapen de la espada regresarán de la tierra de Egipto a la tierra de Judá, en

número reducido. Y todo el remanente de Judá, que ha entrado en Egipto para

residir allí, sabrá de quién es la palabra que ha de prevalecer: si la mía o la de ellos.

29 Esto tendréis por señal, dice Jehovah, de que os castigaré en este lugar, para que

sepáis que ciertamente mis palabras prevalecerán sobre vosotros para mal. 30 Así ha

dicho Jehovah: He aquí que yo entrego al faraón Hofra, rey de Egipto, en mano de

sus enemigos y en mano de los que buscan su vida, como entregué a Sedequías, rey

de Judá, en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo que buscaba su

vida.”

Capítulo 45

1 La palabra que habló el profeta Jeremías a Baruc hijo de Nerías, cuando

escribía en un libro estas palabras, al dictado de Jeremías, en el cuarto año de

Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo: 2 Así ha dicho Jehovah Dios de Israel,

acerca de ti, oh Baruc: 3 Tú dijiste: ‘¡Ay de mí! Porque Jehovah ha añadido tristeza a

mi dolor. Estoy exhausto de gemir y no he hallado descanso.’ 4 Le has de decir que

así ha dicho Jehovah: ‘He aquí que yo destruyo lo que edifiqué, y arranco lo que

planté, es decir, toda esta tierra. 5 ¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques,

porque he aquí que yo traigo mal sobre todo mortal, dice Jehovah, pero a ti te daré

tu vida por botín, en todos los lugares a donde vayas.’”

Capítulo 46

1 La palabra de Jehovah que vino al profeta Jeremías acerca de las naciones.

2 En cuanto a Egipto, contra el ejército del faraón Necao, rey de Egipto, el cual

estaba en Carquemis, cerca del río Eufrates, y al cual derrotó Nabucodonosor, rey

de Babilonia, en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá: 3 Alistad

escudo y defensa; acercaos a la batalla. 4 Uncid los caballos y subid vosotros,

oh jinetes. Presentaos con cascos, pulid las lanzas, vestíos de cota de malla. 5 ¿Por

qué los veo medrosos, volviéndose atrás? Sus valientes han sido deshechos; han

huido buscando refugio, sin mirar atrás. ¡El terror está por todas partes!, dice

Jehovah. 6 No huya el veloz, ni escape el valiente. En el norte tropezaron y cayeron,

junto a la ribera del Eufrates. 7 ¿Quién es este que sube como el Nilo y cuyas aguas

se agitan como ríos? 8 Egipto, que se alza como el Nilo, y cuyas aguas se agitan

como ríos, dijo: ‘Subiré, cubriré la tierra; destruiré las ciudades y sus habitantes.’

9 Subid, caballos; corred, carros, como locos; salid, valientes, los de Etiopía y los de

Libia que toman escudo, y los de Lidia que toman y entesan el arco. 10 Pero ese día

será día de venganza para el Señor Jehovah de los Ejércitos, para vengarse de sus

enemigos. La espada devorará y se saciará; se embriagará con la sangre de ellos.

Porque el Señor Jehovah de los Ejércitos tendrá un sacrificio en la tierra del norte,

junto al río Eufrates. 11 Sube a Galaad y toma bálsamo, oh virgen hija de Egipto. En

vano has multiplicado las medicinas; no hay curación para ti.

12 Las naciones oyeron de tu afrenta, y tu clamor llenó la tierra; porque el fuerte

tropezó con el fuerte, y cayeron ambos al mismo tiempo.” 13 La palabra que habló

Jehovah al profeta Jeremías, acerca de la venida de Nabucodonosor, rey de

Babilonia, para herir la tierra de Egipto: 14 Anunciad en Egipto y hacedlo saber en

Migdol; hacedlo saber en Menfis y en Tafnes. Decid: ‘Preséntate y prepárate,

porque la espada va a devorar tus fronteras.’ 15 ¿Por qué ha huido Apis? Tu buey

no pudo mantenerse en pie, porque Jehovah lo derribó. 16 Hizo tropezar a muchos;

sí, cada uno cayó sobre su compañero. Y dijeron: ‘Levántate, y volvamos a nuestro

pueblo; volvamos a la tierra de nuestro nacimiento, por causa de la espada

opresora.’ 17 Allí gritaron: ‘¡El faraón, rey de Egipto, es sólo ruido! ¡Dejó pasar la

oportunidad!’ 18 Vivo yo, dice el Rey, cuyo nombre es Jehovah de los Ejércitos,

que como el Tabor entre los montes y como el Carmelo junto al mar, así vendrá.

19 Prepara tu equipaje para la cautividad, oh moradora hija de Egipto, porque

Menfis será convertida en ruinas; será devastada hasta no quedar habitantes. 20 Una

vaquilla hermosísima es Egipto, pero del norte ciertamente vendrá el moscardón.

21 También sus mercenarios, en medio de ella, son como terneros engordados.

También ellos se volverán y a una huirán, sin detenerse. Porque sobre ellos ha

venido el día de su calamidad, el tiempo de su castigo. 22 Su sonido es como el de

una serpiente que se va. Ciertamente avanzan con un ejército; vienen a ella con

hachas, como leñadores. 23 Cortarán su bosque, dice Jehovah, aunque sea

impenetrable; porque son más que las langostas; son innumerables. 24 La hija de

Egipto es avergonzada; es entregada en manos del pueblo del norte.” 25 Jehovah de

los Ejércitos, Dios de Israel, ha dicho: “He aquí que yo castigo a Amón en Tebas; al

faraón, a Egipto, a sus dioses y a sus reyes; al faraón y a los que en él confían. 26 Y

los entregaré en mano de los que buscan sus vidas; en mano de Nabucodonosor,

rey de Babilonia, y en mano de sus servidores. Pero después Egipto será habitada

como en los días pasados, dice Jehovah. 27 Pero tú no temas, oh siervo mío Jacob,

ni desmayes, oh Israel. Porque he aquí, yo soy el que te salva desde lejos; y a tu

descendencia, de la tierra de su cautividad. Jacob volverá y estará tranquilo; estará

confiado, y no habrá quien lo atemorice. 28 Tú no temas, oh siervo mío Jacob,

porque yo estoy contigo, dice Jehovah. Ciertamente haré exterminio en todas las

naciones a las cuales te he expulsado; pero en ti no haré exterminio, sino que te

castigaré con justicia. De ninguna manera te daré por inocente.”

Capítulo 47

1 La palabra de Jehovah que vino al profeta Jeremías acerca de los filisteos,

antes que el faraón destruyese Gaza. 2 Así ha dicho Jehovah: “He aquí, avanzan

aguas del norte, se convierten en torrente e inundan la tierra y su plenitud, la ciudad y

sus habitantes. Entonces los hombres gritan, y gime todo habitante de la tierra, 3 por

el estruendo del galope de los cascos de sus corceles, por el retumbo de sus carros

y por el chirrido de sus ruedas. Por la debilidad de sus manos, los padres no se

vuelven a mirar a sus hijos, 4 a causa del día que viene para destruir a todos los

filisteos; para exterminar a Tiro, a Sidón y a todo aliado que haya quedado con vida.

Porque Jehovah destruirá a los filisteos, a los sobrevivientes de la isla de Caftor.

5 Sobre Gaza ha venido rapadura de cabeza; Ascalón ha sido silenciada. Oh

sobrevivientes de los gigantes, ¿hasta cuándo os sajaréis? 6 Oh espada de Jehovah,

¿hasta cuándo no te aquietarás? Vuélvete a tu vaina, reposa y sosiégate. 7 ¿Cómo se

aquietará? Pues Jehovah le ha dado órdenes para ir a Ascalón y a la costa del mar;

la ha designado para ir allí.”

Capítulo 48

1 En cuanto a Moab, así ha dicho Jehovah de los Ejércitos, Dios de Israel: “¡Ay

de Nebo, porque es destruido! Quiriataim es avergonzada y capturada; la ciudadela

es avergonzada y arrasada. 2 No hay más alabanza para Moab. En Hesbón

planearon el desastre contra ella, diciendo: ‘Venid, eliminémosla de entre las

naciones.’ Tú también, Madmena, serás silenciada; la espada irá en pos de ti.

3 Voz de clamor proviene de Horonaim: ‘¡Destrucción y gran quebranto!’ 4 Moab

ha sido quebrantado; oíd el griterío de sus pequeños. 5 Por la cuesta de Lujit sube

con llanto continuo; por la bajada de Horonaim los enemigos oyen el clamor del

quebranto. 6 Huíd, salvad vuestras vidas y sed como el asno montés en el desierto.

7 Por cuanto confiaste en tus obras y tesoros, tú también serás tomado. Quemós

será llevado en cautividad, junto con sus sacerdotes y principales. 8 Vendrá el

destructor a cada ciudad, y ninguna escapará. También será arruinado el valle, y

será destruida la llanura, como ha dicho Jehovah. 9 Dad alas a Moab, porque se irá

volando. Sus ciudades serán desoladas hasta no quedar en ellas habitante.

10 ¡Maldito el que haga con negligencia la obra de Jehovah! ¡Maldito el que retraiga

su espada de la sangre! 11 Tranquilo estaba Moab desde su juventud; sobre sus

sedimentos ha estado reposado. No ha sido vaciado de vaso en vaso, ni ha ido en

cautividad. Por eso ha quedado en él su sabor, y su olor no se ha mutado. 12 Por

tanto, he aquí que vienen días, dice Jehovah, en que yo le enviaré quienes lo hagan

vaciar, y lo vaciarán. Dejarán vacías sus vasijas y destrozarán sus tinajas. 13 Moab

se avergonzará de Quemós, como la casa de Israel se avergonzó de Betel, en la cual

puso su confianza.

14 ¿Cómo diréis: ‘Somos valientes y hombres fuertes para la guerra’?

15 Destruido está Moab; han escalado sus ciudades. La flor de su juventud

descendió al degolladero, dice el Rey, cuyo nombre es Jehovah de los Ejércitos.

16 El desastre de Moab está próximo a venir, y su calamidad se apresura mucho.

17 Compadeceos de él todos los que estáis alrededor suyo; todos los que conocéis

su nombre, decid: ‘¡Cómo se ha roto el poderoso cetro, la vara gloriosa!’

18 Desciende de la gloria; siéntate sobre tierra sedienta, oh moradora de Dibón;

porque el destructor de Moab ha subido contra ti y ha destruido tus fortalezas.

19 Ponte de pie en el camino y mira, oh moradora de Aroer. Pregunta al que va

huyendo y di a la que se escapa: ‘¿Qué ha acontecido?’ 20 Moab ha sido

avergonzado, porque es arrasado. Lamentad y gritad; anunciad junto al Arnón que

Moab es destruido, 21 y que ha venido juicio a la tierra de la llanura; a Holón, a

Jahaz, sobre Mefaat; 22 sobre Dibón, sobre Nebo y sobre Bet-diblataim; 23 sobre

Quiriataim, sobre Bet-gamul y sobre Bet-maón; 24 sobre Queriot, sobre Bosra y

sobre todas las ciudades de la tierra de Moab; las de lejos y las de cerca.

25 Cortado es el poder de Moab, y su brazo es quebrantado, dice Jehovah.

26 Embriagadlo, porque contra Jehovah se engrandeció; Moab se revolcará en su

propio vómito, y también él será objeto de burla. 27 ¿Acaso no te sirvió de

burla Israel, como si le hubiesen sorprendido entre ladrones? Porque desde que de

él has hablado, has movido la cabeza. 28 Dejad las ciudades y habitad en peñascos,

oh habitantes de Moab. Sed como la paloma que hace su nido en los bordes del

precipicio. 29 Hemos oído de la soberbia de Moab, que es muy soberbio; de su

altanería, de su soberbia, de su arrogancia y de la altivez de su corazón. 30 Yo

conozco su cólera, dice Jehovah; pero vano es aquello de que se jacta, y vano es lo

que hacen. 31 Por tanto, lamentaré sobre Moab; clamaré sobre todo Moab, y gemiré

por los hombres de Quir-jaréset. 32 Lloraré por ti más que por Jazer, oh vid de Sibma.

Tus brotes pasaban las aguas y llegaban hasta las aguas de Jazer. Sobre tus frutos de

verano y sobre tu vendimia ha caído el destructor. 33 La alegría y el regocijo han sido

quitados del campo fértil, de la tierra de Moab. He hecho cesar el vino de los

lagares; nadie los pisa con grito de júbilo. No hay grito de júbilo. 34 El clamor de

Hesbón llega hasta Eleale; hasta Jahaz dan su voz. Desde Zoar hasta Horonaim y

Eglat-selisiyá; porque también las aguas de Nimrim quedan desoladas. 35 Haré cesar

en Moab a quien ofrezca holocaustos en un lugar alto, y a quien ofrezca incienso a

sus dioses, dice Jehovah. 36 Por tanto, mi corazón gime como flautas por Moab.

Asimismo, mi corazón gime como flautas por los hombres de Quir-jaréset, pues

perecieron las riquezas que había adquirido. 37 Porque toda cabeza ha sido rapada, y

toda barba rasurada. Sobre todas las manos hay sajaduras; y sobre los lomos,

cilicio. 38 Todo es llanto sobre todas las azoteas y plazas de Moab, porque he

quebrantado a Moab como a vasija despreciada, dice Jehovah. 39 ¡Cómo ha sido

destruido! ¡Cómo lamentan! ¡Cómo ha vuelto Moab la espalda, avergonzado!

Moab ha sido convertido en objeto de burla y de horror para todos los que están en

su alrededor. 40 Porque así ha dicho Jehovah: He aquí que como águila remontará

vuelo, y hacia Moab extenderá las alas. 41 Las ciudades serán tomadas, y sus

fortificaciones capturadas. En aquel día el corazón de los valientes de Moab será

como el corazón de una mujer en angustia. 42 Moab será destruido y dejará de ser

pueblo, porque se engrandeció contra Jehovah. 43 Terror, fosa y trampa hay contra

ti, oh habitante de Moab, dice Jehovah. 44 El que huya del terror caerá en la fosa; el

que salga de la fosa quedará atrapado en la trampa. Porque yo traeré sobre él,

sobre Moab, el año de su castigo, dice Jehovah. 45 A la sombra del Hesbón, los

que huyen se detienen por falta de fuerzas. Porque fuego salió de Hesbón, y llama

de en medio de Sejón; consumió las sienes de Moab y la coronilla de los hijos

revoltosos. 46 ¡Ay de ti, oh Moab! ¡Ha perecido el pueblo de Quemós! Porque tus

hijos son tomados en cautividad, y tus hijas en cautiverio. 47 Sin embargo, al final de

los tiempos restauraré a Moab de la cautividad”, dice Jehovah. Hasta aquí es el

juicio contra Moab.

Capítulo 49

1 En cuanto a los hijos de Amón, así ha dicho Jehovah: “¿Acaso Israel no tiene

hijos? ¿No tiene heredero? ¿Por qué ha tomado Milcom a Gad, por heredad, y su

pueblo habitó en las ciudades de éste? 2 Por tanto, he aquí, vienen días, dice

Jehovah, en que haré oír grito de guerra en Rabá de los hijos de Amón. Será

convertida en un desolado monte de escombros, sus aldeas arderán en el fuego, e

Israel poseerá lo que tomaron de él, ha dicho Jehovah. 3 Lamenta, oh Hesbón,

porque Hai es destruida. Gritad, hijas de Rabá, ceñíos con cilicio y haced duelo, y

deambulad por los vallados, porque Milcom va en cautividad junto con sus

sacerdotes y oficiales. 4 ¿Por qué te glorías de tus valles, de tu valle que fluye, oh hija

descarriada que confías en tus tesoros? Dices: ‘¿Quién vendrá contra mí?’ 5 He aquí,

de todos tus alrededores traeré terror sobre ti, dice el Señor Jehovah de los Ejércitos.

Seréis empujados, cada uno delante de sí, y no habrá quien acoja al errante.

6 Después de esto restauraré de la cautividad a los hijos de Amón”, dice Jehovah.

7 En cuanto a Edom, así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: “¿Acaso no hay más

sabiduría en Temán? ¿Ha perecido el consejo de los entendidos? ¿Se ha corrompido su

sabiduría? 8 Huid, volved, habitad en lugares profundos, oh habitantes de Dedán;

porque la ruina de Esaú traeré sobre él en el tiempo en que lo he de castigar. 9 Si los

vendimiadores vinieran contra ti, ¿no dejarían siquiera rebuscos? Si los ladrones

vinieran de noche, destruirían sólo lo que les bastara. 10 Pero yo he despojado a Esaú;

he dejado al descubierto sus escondrijos, y no podrá esconderse. Será destruida su

descendencia; sus hermanos y sus vecinos dejarán de ser. 11 Deja tus huérfanos; yo les

mantendré con vida. Y en mí confiarán tus viudas.” 12 Porque así ha dicho Jehovah:

“He aquí, los que no estaban sentenciados a beber de la copa, de todos modos la

bebieron. Y tú, ¿serás absuelto del todo? ¡De ninguna manera serás absuelto, sino que

ciertamente la beberás! 13 Porque por mí mismo he jurado, dice Jehovah, que Bosra

será convertida en horror, en oprobio, en ruina y en maldición. Todas sus ciudades

serán convertidas en unas ruinas perpetuas.” 14 He escuchado de parte de Jehovah la

noticia de que ha sido enviado un mensajero a las naciones, diciendo: “¡Reuníos y venid

contra ella! ¡Levantaos para la batalla ! 15 Porque he aquí que te empequeñeceré

entre las naciones, y serás menospreciado entre los hombres. 16 El terror que

inspiras y la soberbia de tu corazón te han engañado, a ti que habitas en las

hendiduras de la peña y que te has apoderado de la altura de la montaña. Aunque

eleves tu nido como el águila, de allí te haré descender, dice Jehovah. 17 Edom

será convertida en una desolación; todo el que pase por ella quedará horrorizado y

silbará por causa de todas sus plagas. 18 Como cuando fueron trastornadas Sodoma

y Gomorra, y las ciudades vecinas, ha dicho Jehovah, no morará allí nadie, ni la

habitará hijo de hombre. 19 He aquí que subirá como un león desde la espesura del

Jordán, contra el pastizal perenne. Pero de pronto le haré correr de allí, y la

encargaré a quien sea escogido. Porque, ¿quién es como yo? ¿Quién me

convocará? ¿Quién será aquel pastor que pueda prevalecer delante de mí?” 20 Por

tanto, oíd la decisión que Jehovah ha tomado contra Edom, los planes que ha hecho

contra los habitantes de Temán. Ciertamente hasta los más pequeños del rebaño

serán arrastrados; ciertamente su pastizal será devastado junto con ellos. 21 La tierra

temblará por el estruendo de su caída. Gritará, y su voz se oirá hasta el mar Rojo.

22 He aquí que como águila subirá y remontará vuelo, y contra Bosra extenderá sus

alas. En aquel día el corazón de los valientes de Edom será como el corazón de una

mujer en angustia.

23 En cuanto a Damasco: “Hamat y Arfad fueron avergonzadas, porque oyeron

malas noticias. Se derritieron en un mar de ansiedad que no puede sosegarse.

24 Damasco se debilitó, se volvió para huir, y el pánico se apoderó de ella. Angustia

y dolores se apoderaron de ella, como de una mujer que da a luz. 25 ¿Cómo es que

no ha sido abandonada la gloriosa ciudad, la villa de mi regocijo? 26 Por tanto, sus

jóvenes caerán en sus plazas; todos sus hombres de guerra serán silenciados en

aquel día, dice Jehovah de los Ejércitos. 27 Prenderé fuego al muro de Damasco, el

cual devorará los palacios de Ben-hadad.”

28 En cuanto a Quedar y a los reinos de Hazor, los cuales derrotó

Nabucodonosor, rey de Babilonia, Jehovah ha dicho así: “¡Levantaos, subid contra

Quedar! ¡Destruid a los hijos del oriente! 29 Sus tiendas y sus rebaños serán

tomados; asimismo, sus carpas y todos sus enseres. Se llevarán sus camellos, y a

causa de ellos clamarán: ‘¡El terror está por todas partes!’ 30 Huid, emigrad lejos,

oh habitantes de Hazor; habitad en lugares profundos, dice Jehovah, pues

Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha tomado una decisión contra vosotros, y

contra vosotros ha hecho un plan. 31 Levantaos, dice Jehovah; subid contra una

nación confiada que vive tan segura que no tiene puertas ni cerrojos, y que vive

solitaria. 32 Sus camellos serán tomados como despojo, y la multitud de sus ganados

como botín. Esparciré por todos los vientos a los que se rapan las sienes. Por todos

lados les traeré ruina, dice Jehovah. 33 Hazor será morada de chacales, perpetua

desolación. No morará allí nadie, ni la habitará hijo de hombre.”

34 Acerca de Elam vino la palabra de Jehovah al profeta Jeremías, en el principio

del reinado de Sedequías, rey de Judá, diciendo 35 que así ha dicho Jehovah de los

Ejércitos: “He aquí que yo quiebro el arco de Elam, el principio de su poder.

36 Sobre Elam traeré los cuatro vientos de los cuatro extremos del cielo, y los

dispersaré en todas las direcciones. No habrá nación a donde no vayan los

desplazados de Elam. 37 Haré que Elam se aterrorice delante de sus enemigos y

delante de los que buscan su vida. Traeré sobre ellos el mal y el furor de mi enojo,

dice Jehovah. Enviaré tras ellos la espada, hasta que los acabe. 38 Sobre Elam

pondré mi trono y destruiré allí al rey y a los magistrados, dice Jehovah. 39 Pero en

los últimos días acontecerá que restauraré a Elam de la cautividad”, dice Jehovah.

Capítulo 50

1 La palabra que Jehovah habló por medio del profeta Jeremías acerca de

Babilonia y acerca de la tierra de los caldeos: 2 Anunciad en las naciones y

proclamad. Levantad bandera; anunciadlo y no lo encubráis. Decid: ‘Tomada es

Babilonia, Bel es avergonzado, Marduc es hecho pedazos. Sus imágenes son

avergonzadas, y sus ídolos hechos pedazos. 3 Porque desde el norte subirá contra

ella una nación, la cual convertirá su tierra en objeto de horror. No habrá nadie que

la habite. Tanto los hombres como los animales huirán; se irán. 4 En aquellos días y

en aquel tiempo, dice Jehovah, vendrán los hijos de Israel, junto con los hijos de

Judá. Irán andando y llorando, y buscarán a Jehovah su Dios. 5 Preguntarán por el

camino de Sion, hacia donde volverán sus caras, y vendrán y se unirán a Jehovah en

pacto eterno que jamás será echado al olvido.’ 6 Ovejas perdidas fueron mi pueblo;

sus pastores las hicieron errar. Las descarriaron por las colinas; anduvieron de

monte en colina, y se olvidaron de sus prados de reposo. 7 Todos los que los

hallaban los devoraban. Y sus enemigos decían: ‘No somos culpables, por cuanto

son ellos los que han pecado contra Jehovah, su morada de justicia; contra Jehovah,

la esperanza de sus padres.’ 8 Huid de en medio de Babilonia y salid de la tierra de

los caldeos. Sed como los carneros que van delante del rebaño.

9 Porque he aquí que yo levanto y hago subir contra Babilonia una asamblea de

grandes naciones de la tierra del norte. Dispondrán batalla contra ella, y desde allí

será tomada. Sus flechas, como las de un diestro guerrero, no volverán vacías.

10 Caldea será para despojo. Todos los que la despojen quedarán saciados, dice

Jehovah. 11 Aunque os alegráis y gozáis, oh saqueadores de mi heredad; aunque

brincáis como ternera en el pastizal y relincháis como corceles, 12 vuestra madre se

avergonzará sobremanera. Se volverá pálida la que os dio a luz. He aquí, será la

última de las naciones: desierto, sequedal y tierra árida. 13 Por causa de la ira de

Jehovah no será habitada, y quedará totalmente desolada. Toda persona que pase

por Babilonia se asombrará y silbará por causa de todas sus plagas. 14 Disponed

batalla contra Babilonia, alrededor de ella, todos los que entesáis el arco. Tirad

contra ella, no escatiméis flechas; porque ha pecado contra Jehovah. 15 Gritad

contra ella en derredor: ‘¡Se ha rendido!’ Han caído sus torres; sus muros han sido

derribados, porque ésta es la venganza de Jehovah. Tomad venganza contra ella;

hacedle como ella hizo. 16 Eliminad de Babilonia al sembrador y al que toma la hoz

en el tiempo de la siega. Ante la espada opresora, cada cual mirará hacia su propio

pueblo, y cada cual huirá a su propio país. 17 Oveja descarriada es Israel; los

leones la ahuyentaron. Primero la devoró el rey de Asiria; y finalmente la deshuesó

Nabucodonosor, rey de Babilonia. 18 Por tanto, así ha dicho Jehovah de los

Ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo castigo al rey de Babilonia y a su tierra,

como castigué al rey de Asiria. 19 A Israel traeré de nuevo a su pastizal, y pacerá en

el Carmelo y en Basán. En los montes de Efraín y en Galaad se saciará su alma.

20 En aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehovah, será buscada la maldad de

Israel, y no aparecerá; los pecados de Judá, y no serán hallados más. Porque

perdonaré al remanente que yo haya dejado.

21 Sube contra la tierra de Merataim, y contra los habitantes de Pecod.

Desvasta y destruye tras ellos, dice Jehovah; haz conforme a todo lo que yo te he

mandado. 22 Estruendo de guerra hay en la tierra, y gran quebrantamiento. 23 ¡Cómo

fue cortado y quebrado el martillo de toda la tierra! ¡Cómo ha sido convertida

Babilonia en objeto de horror en medio de las naciones! 24 Te puse trampas, oh

Babilonia. Fuiste tomada, ¡y tú no lo supiste! Fuiste hallada y también fuiste

apresada, porque contendiste contra Jehovah. 25 Jehovah ha abierto su arsenal y ha

sacado las armas de su furor, porque ésta es obra de Jehovah Dios de los Ejércitos

en la tierra de los caldeos. 26 Venid contra ella desde los confines. Abrid sus

graneros; convertidla en montones y destruidla por completo. ¡Que no le queden

sobrevivientes! 27 Destruid todos sus toros. ¡Que desciendan al matadero! ¡Ay de

ellos! Porque ha venido su día, el tiempo de su castigo. 28 ¡Voz de los que huyen y

escapan de la tierra de Babilonia, para anunciar en Sion la venganza de Jehovah

nuestro Dios, la venganza por su templo! 29 Convocad contra Babilonia a los

arqueros, a todos los que entesan el arco. Asentad campamentos contra ella en

derredor. No haya en ella quien escape; retribuidle según su obra. Haced con ella

conforme a todo lo que hizo; porque contra Jehovah se insolentó, contra el Santo de

Israel. 30 Por tanto, sus jóvenes caerán en sus plazas, y todos sus hombres de guerra

serán silenciados en aquel día, dice Jehovah. 31 He aquí, yo estoy contra ti, oh

soberbio, dice el Señor Jehovah de los Ejércitos; porque ha llegado tu día, el tiempo

en que te he de castigar. 32 El soberbio tropezará y caerá, y no tendrá quien lo

levante. Encenderé fuego en sus ciudades, el cual devorará todos sus alrededores.”

33 Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: “Oprimidos están los hijos de Israel y

los hijos de Judá. Todos los que les tomaron cautivos los retuvieron; no los quisieron

soltar. 34 Pero su Redentor es fuerte; Jehovah de los Ejércitos es su nombre.

Ciertamente abogará por la causa de ellos para hacer reposar la tierra y turbar a los

habitantes de Babilonia. 35 La espada viene contra los caldeos, dice Jehovah;

contra los habitantes de Babilonia, contra sus magistrados y contra sus sabios. 36 La

espada viene contra los adivinos, y serán entontecidos; la espada viene contra sus

valientes, y serán destrozados. 37 La espada viene contra sus caballos y sobre sus

carros; viene contra toda clase de gente que hay en medio de ella, y serán como

mujeres. La espada viene contra sus tesoros, y serán saqueados. 38 Sequedad viene

sobre sus aguas, y se secarán. Porque es tierra de imágenes, y por sus ídolos

horribles se enloquecen. 39 Por tanto, allí morarán las fieras del desierto con las

hienas; también habitarán en ella las avestruces. Nunca más será habitada, ni será

poblada de generación en generación. 40 Como cuando Dios trastornó a Sodoma, a

Gomorra y a las ciudades vecinas, dice Jehovah, no morará allí nadie, ni la habitará

hijo de hombre. 41 He aquí que viene un pueblo del norte; una gran nación y

muchos reyes se despertarán en los confines de la tierra. 42 Empuñan el arco y la

lanza. Son crueles; no tienen misericordia. Su estruendo resuena como el mar.

Montan sobre caballos y como un solo hombre se disponen para la batalla contra ti,

oh hija de Babilonia. 43 El rey de Babilonia oyó de su fama, y sus manos se

debilitaron. La angustia se apoderó de él, dolor como de mujer que da a luz. 44 He

aquí que subirá como un león desde la espesura del Jordán, contra el pastizal

perenne. Pero de pronto le haré correr de allí, y la encargaré a quien sea escogido.

Porque, ¿quién es como yo? ¿Quién me convocará? ¿Quién será aquel pastor que

pueda prevalecer delante de mí? 45 Por tanto, oíd la decisión que Jehovah ha

tomado contra Babilonia, los planes que ha hecho contra la tierra de los caldeos:

Ciertamente hasta los más pequeños del rebaño serán arrastrados; ciertamente su

pastizal será devastado junto con ellos. 46 Ante el grito de que Babilonia ha sido

tomada, la tierra se estremecerá, y su griterío se oirá entre las naciones.”

Capítulo 51

1 Así ha dicho Jehovah: “He aquí que yo levanto un viento destructor contra

Babilonia y contra los habitantes de Caldea. 2 Enviaré a Babilonia aventadores que la

avienten, y devastarán su tierra; porque en el día del mal estarán contra ella por

todos lados. 3 No entese su arco el arquero, ni toque su cota de malla. No

perdonaréis la vida a sus jóvenes. ¡Destruid por completo todo su ejército!

4 Caerán los muertos en la tierra de los caldeos, y los heridos en sus calles.

5 Porque Israel y Judá no han enviudado de su Dios, de Jehovah de los Ejércitos.

Ciertamente su tierra está llena de culpa contra el Santo de Israel. 6 ¡Huid de en

medio de Babilonia! Librad, cada uno su vida, para que no seáis silenciados a causa

de la maldad de ella. Porque es el tiempo de la venganza de Jehovah; él le dará su

retribución. 7 Una copa de oro fue Babilonia en las manos de Jehovah; una copa que

embriagó a toda la tierra. De su vino bebieron los pueblos, por lo cual se

enloquecieron las naciones. 8 De repente ha caído Babilonia y ha sido quebrantada.

Lamentad sobre ella; tomad bálsamo para su dolor. Quizás sanará. 9 Quisimos

curar a Babilonia, pero no ha sanado. Abandonadla y vayamos, cada uno a su país;

porque el juicio contra ella ha llegado hasta el cielo y se ha levantado hasta las

nubes. 10 Jehovah ha sacado a relucir nuestras justas demandas. ¡Venid y contemos

en Sion de la obra de Jehovah nuestro Dios! 11 Afilad las flechas; embrazad los

escudos. Jehovah ha despertado el espíritu de los reyes de Media; porque su

propósito es contra Babilonia, para destruirla. Porque es la venganza de Jehovah, la

venganza por su templo. 12 Levantad bandera contra los muros de Babilonia;

reforzad la guardia, poned centinelas, disponed las emboscadas. Porque Jehovah ha

hecho un plan y realizará lo que ha dicho acerca de los habitantes de Babilonia.

13 Oh, tú que habitas junto a muchas aguas, rica en tesoros, ha venido tu fin, el

colmo de tu codicia. 14 Jehovah de los Ejércitos ha jurado por sí mismo, diciendo:

‘Yo te llenaré de hombres como de langostas, y contra ti levantarán grito de

victoria.’ 15 El hizo la tierra con su poder; estableció el mundo con su sabiduría y

extendió los cielos con su inteligencia. 16 Cuando emite su voz, se produce un

tumulto de aguas en los cielos. Hace subir la neblina desde los extremos de la tierra.

Hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento de sus depósitos. 17 Todo

hombre se embrutece por falta de conocimiento. Todo platero es avergonzado a

causa de su ídolo. Porque sus ídolos de fundición son un engaño, y no hay espíritu

en ellos. 18 Son vanidad, obra ridícula; en el tiempo de su castigo perecerán. 19 No

es como ellos la Porción de Jacob; porque él es el Hacedor de todo, e Israel es

la tribu de su heredad. ¡Jehovah de los Ejércitos es su nombre! 20 Una maza y un

arma de guerra eres tú para mí. Por medio de ti destrozo naciones; por medio de ti

destruyo reinos; 21 por medio de ti destrozo el caballo y a su jinete; por medio de ti

destrozo el carro y a su conductor. 22 Por medio de ti destrozo al hombre y a la mujer;

por medio de ti destrozo al anciano y al niño; por medio de ti destrozo al joven y a la

joven. 23 Por medio de ti destrozo al pastor y su rebaño. Por medio de ti destrozo al

labrador y su yunta; por medio de ti destrozo a los gobernadores y a los dirigentes.

24 Ante vuestros ojos retribuiré a Babilonia y a todos los habitantes de Caldea, por

todo el mal que ellos hicieron a Sion, dice Jehovah. 25 He aquí, yo estoy contra ti, oh

monte destructor, dice Jehovah, que destruyes toda la tierra. Extenderé mi mano

contra ti y te haré rodar de las peñas. Te convertiré en monte quemado. 26 Nadie

tomará de ti piedra para esquina ni piedra para cimiento, porque serás perpetua

desolación, dice Jehovah. 27 Alzad la bandera en la tierra y tocad corneta en las

naciones. Reunid contra ella a las naciones; convocad contra ella a los reinos de

Ararat, de Mini y de Asquenaz. Comisionad contra ella al capitán; haced subir

caballos como langostas erizadas. 28 Reunid contra ella a las naciones, a los reyes de

Media y a sus gobernadores, a todos sus dirigentes y a la tierra de su señorío. 29 La

tierra tiembla y se retuerce; porque se ha cumplido todo el plan de Jehovah contra

Babilonia, para convertir a Babilonia en una soledad, sin ningún habitante. 30 Los

valientes de Babilonia han dejado de combatir y han quedado en sus fortalezas. Se

ha agotado su valor; se han vuelto como mujeres. Han incendiado sus casas, y sus

cerrojos han sido rotos. 31 Un correo sale al encuentro de otro correo, y un heraldo

al encuentro de otro heraldo, para informar al rey de Babilonia que su ciudad es

tomada de extremo a extremo. 32 Los vados han sido tomados, los carrizales han

sido quemados a fuego, y los hombres de guerra están aterrados. 33 Porque así ha

dicho Jehovah de los Ejércitos, Dios de Israel: La hija de Babilonia es como una era.

Ya es tiempo de trilla. Dentro de poco le vendrá el tiempo de la siega.

34 ‘Nabucodonosor, rey de Babilonia, me ha devorado, me ha causado confusión.

Me ha dejado como un vaso vacío; me ha tragado como un monstruo acuático. Ha

llenado su estómago con mis delicadezas y a mí me ha expulsado. 35 ¡Caiga sobre

Babilonia la violencia hecha contra mí y mi carne!’, dirá la moradora de Sion.

‘¡Caiga mi sangre sobre los habitantes de Caldea!’, dirá Jerusalén. 36 Por tanto, así

ha dicho Jehovah: He aquí que yo juzgo tu causa y llevaré a cabo tu venganza.

Secaré las aguas de ella y haré que queden secas sus fuentes. 37 Babilonia será

convertida en montones de escombros, en morada de chacales, en objeto de horror

y de rechifla, sin ningún habitante. 38 A una rugirán como leones; gruñirán como

cachorros de león. 39 Cuando estén en pleno calor les serviré sus banquetes;

haré que se embriaguen, de modo que se alegren. Dormirán el sueño eterno y no se

despertarán, dice Jehovah. 40 Los haré descender como corderos al matadero, como

los carneros con los machos cabríos. 41 ¡Cómo ha sido tomada Sesac y fue capturada

la que era alabada por toda la tierra! ¡Cómo ha llegado Babilonia a ser objeto de horror

entre las naciones! 42 Las aguas han subido sobre Babilonia, y ha sido cubierta por el

tumulto de sus olas. 43 Sus ciudades se han convertido en desolación, en tierra seca y

desierta. Es una tierra en la cual nadie habitará; ni hijo de hombre pasará por ella .

44 Castigaré a Bel en Babilonia, y sacaré de su boca lo que ha tragado. Las naciones

no afluirán más a él. ¡El muro de Babilonia ha caído! 45 ¡Salid de en medio de ella,

oh pueblo mío! Librad, cada uno su vida del ardor de la ira de Jehovah. 46 No sea

que desmaye vuestro corazón y temáis a causa del rumor que se oye en la tierra.

Dentro de un año vendrá un rumor, y después de otro año, otro rumor. La violencia

cunde en la tierra, y gobernante contiende con gobernante. 47 Por tanto, he aquí

vienen días en que castigaré los ídolos de Babilonia. Toda su tierra será

avergonzada, y en medio de ella caerán todos sus muertos. 48 Los cielos y la tierra, y

todo lo que en ellos hay, gritarán de alegría por lo de Babilonia; porque del norte

vendrán contra ella los destructores, dice Jehovah. 49 Babilonia misma caerá por

causa de los muertos de Israel; como por causa de Babilonia han caído los muertos

en toda la tierra. 50 Los que escapasteis de la espada, ¡marchaos; no os detengáis!

Acordaos de Jehovah desde lejos, y esté Jerusalén en vuestra memoria: 51 ‘Estamos

avergonzados porque oímos la afrenta; el oprobio ha cubierto nuestros rostros,

porque vinieron extranjeros contra los santuarios de la casa de Jehovah.” 52 Por

tanto, he aquí que vienen días, dice Jehovah, en que yo castigaré sus ídolos, y en

toda su tierra gemirán los heridos. 53 Aunque Babilonia suba hasta el cielo, y aunque

fortifique en alto su baluarte, hasta ella llegarán de mi parte los destructores, dice

Jehovah. 54 Estruendo de griterío hay en Babilonia; gran quebrantamiento, en la

tierra de los caldeos. 55 Porque Jehovah destruye Babilonia y quita de ella el gran

bullicio. Sus olas rugen como caudalosas aguas, y resuena el estruendo de sus

voces. 56 Porque el destructor ha venido contra ella, contra Babilonia, y sus valientes

son tomados prisioneros. Su arco ha sido hecho pedazos, porque Jehovah es un

Dios de retribución. Ciertamente él dará la recompensa. 57 Embriagaré a sus

magistrados, a sus sabios, a sus gobernadores, a sus dirigentes y a sus valientes.

Dormirán el sueño eterno y no despertarán, dice el Rey, cuyo nombre es Jehovah de

los Ejércitos. 58 Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: La ancha muralla de Babilonia

será demolida por completo. Sus puertas altas arderán en el fuego. Los pueblos

habrán trabajado para nada, y las naciones se habrán fatigado sólo para el fuego.”

59 Estas son la palabras que envió el profeta Jeremías a Seraías hijo de Nerías,

hijo de Maasías, cuando iba con Sedequías, rey de Judá, a Babilonia, en el cuarto

año de su reinado. Seraías era el jefe de campamento. 60 Jeremías escribió en un

libro acerca de todo el mal que había de venir sobre Babilonia, todas las palabras

que están escritas contra Babilonia. 61 Jeremías dijo a Seraías: “Cuando llegues a

Babilonia, cumple en leer todas estas palabras. 62 Y dirás: ‘¡Oh Jehovah, tú has

dicho de este lugar que lo habrías de destruir, hasta que no quede en él quien lo

habite, desde los hombres hasta los animales, y que sería una perpetua desolación.’

63 Cuando acabes de leer este libro, le atarás una piedra y lo arrojarás al Eufrates,

64 diciendo: ‘Así se hundirá Babilonia y no se levantará, a causa del mal que yo

traigo sobre ella, de manera que serán abatidos.’” Hasta aquí son las palabras de

Jeremías.

Capítulo 52

1 Sedequías tenía 21 años cuando comenzó a reinar, y reinó 11 años en

Jerusalén. El nombre de su madre era Hamutal hija de Jeremías, de Libna. 2 El hizo

lo malo ante los ojos de Jehovah, conforme a todo lo que había hecho Joacim.

3 Ciertamente el furor de Jehovah estaba sobre Jerusalén y Judá, hasta que los echó

de su presencia. Sedequías se rebeló contra el rey de Babilonia. 4 Y aconteció el 10

del mes décimo del noveno año de su reinado que Nabucodonosor, rey de

Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalén. Luego acamparon contra ella,

y construyeron muros de asedio contra ella en derredor. 5 La ciudad estuvo sitiada

hasta el año 11 del rey Sedequías. 6 En el noveno día del mes cuarto, prevaleció el

hambre en la ciudad, y no había alimentos para el pueblo de la tierra. 7 Entonces se

abrió una brecha en la ciudad, y huyeron todos los hombres de guerra. Salieron de

noche de la ciudad, por la puerta que había entre los dos muros, junto al jardín del

rey, mientras los caldeos estaban junto y alrededor de la ciudad. Se dirigieron hacia

el Arabá, 8 pero el ejército de los caldeos persiguió al rey Sedequías y lo alcanzó en

las llanuras de Jericó; y todo su ejército fue dispersado de su lado. 9 Entonces

prendieron al rey y lo llevaron ante el rey de Babilonia, en Ribla, en la tierra de

Hamat, y éste pronunció sentencia contra aquél. 10 El rey de Babilonia degolló a los

hijos de Sedequías en su presencia, y también degolló en Ribla a todos los

magistrados de Judá. 11 Y a Sedequías le sacó los ojos y le aprisionó con cadenas

de bronce. El rey de Babilonia lo hizo llevar cautivo a Babilonia y lo puso en la

cárcel hasta el día en que murió.

12 El 10 del mes quinto del año 19 del reinado de Nabucodonosor, rey de

Babilonia, entró en Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia, que servía en la

presencia del rey de Babilonia. 13 Incendió la casa de Jehovah, la casa del rey y

todas las casas de Jerusalén; incendió todo edificio grande. 14 Todo el ejército de los

caldeos que estaba con el capitán de la guardia demolió todos los muros alrededor

de Jerusalén. 15 Nabuzaradán, capitán de la guardia, hizo llevar cautivos a algunos de

la gente empobrecida y al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, a los

desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de los artesanos.

16 Sin embargo, Nabuzaradán, capitán de la guardia, hizo quedar una parte de la

gente más pobre de la tierra, como viñadores y labradores. 17 Los caldeos

destrozaron las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehovah, así como las

bases de las pilas móviles y la fuente de bronce que estaba en la casa de Jehovah; y

se llevaron todo el bronce a Babilonia. 18 También se llevaron las ollas, las palas, las

despabiladeras, los cucharones y todos los utensilios de bronce con que servían.

19 El capitán de la guardia se llevó también las copas, los incensarios, los tazones

para la aspersión, las ollas, los candelabros, las cucharas y las tazas, tanto los de oro

como los de plata. 20 En cuanto a las dos columnas, la fuente y los doce bueyes de

bronce que estaban debajo de ella, y las bases de las pilas móviles que había hecho

el rey Salomón en la casa de Jehovah, no hubo manera de pesar el bronce de todos

estos objetos. 21 En cuanto a las columnas, la altura de cada columna era de 18

codos, y su circunferencia era de 12 codos. Eran huecas, y el espesor de sus

paredes era de 4 dedos. 22 El capitel de bronce que había sobre ella era de 5 codos

de alto. Y sobre el capitel alrededor había una red de granadas, toda de bronce. La

segunda columna, con sus granadas, tenía una labor semejante. 23 Había 96

granadas en cada hilera. Todas ellas sumaban 100, encima y alrededor de la red.

24 El capitán de la guardia tomó también a Seraías, el sacerdote principal; a

Sofonías, el segundo sacerdote; y a tres guardias de la puerta. 25 Y de la ciudad

tomó a un funcionario que estaba encargado de los hombres de guerra, a siete

hombres de los más íntimos del rey que se hallaban en la ciudad, al escriba principal

de la milicia, quien reclutaba al pueblo de la tierra, y a sesenta hombres del pueblo

de la tierra que se hallaban dentro de la ciudad. 26 Nabuzaradán, capitán de la

guardia, los tomó y los llevó al rey de Babilonia, en Ribla. 27 Y el rey de Babilonia

los hirió y los mató en Ribla, en la tierra de Hamat. Así fue llevada cautiva Judá lejos

de su tierra. 28 Este es el número del pueblo que Nabucodonosor llevó en cautividad:

En el séptimo año hizo llevar cautivos a 3.023 judíos. 29 En el año 18,

Nabucodonosor llevó cautivos a 832 personas de Jerusalén. 30 Y en el año 23 de

Nabucodonosor, Nabuzaradán, capitán de la guardia, llevó cautivos 745 personas

de los judíos. Todas las personas fueron 4.600.

31 Aconteció el 25 del mes duodécimo del año 37 de la cautividad de Joaquín,

rey de Judá, que Evil-merodac, rey de Babilonia, en el primer año de su reinado,

indultó a Joaquín, rey de Judá, y lo sacó de la cárcel. 32 Habló con Joaquín

amigablemente y puso su sitial más alto que los sitiales de los reyes que estaban con

él en Babilonia. 33 Cambió su ropa de prisión, y Joaquín comía en la presencia del

rey siempre, todos los días de su vida. 34 Continuamente le fue dada su ración de

parte del rey de Babilonia, cada cosa en su día, todos los días de su vida, hasta el

día de su muerte.

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