Menú del Antiguo Testamento
JOB
Capítulo 1
1 Hubo un hombre en la tierra de Uz, que se llamaba Job. Aquel hombre era
íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. 2 Le nacieron siete hijos y tres
hijas. 3 Poseía 7.000 ovejas, 3.000 camellos, 500 yuntas de bueyes, 500 asnos y
muchísimos siervos. Y aquel hombre era el más grande de todos los orientales.
4 Sus hijos iban y celebraban un banquete en la casa de cada uno, en su día, y
mandaban a llamar a sus tres hermanas, para que comiesen y bebiesen con ellos. 5 Y
cuando habían transcurrido los días de banquete, sucedía que Job mandaba a
llamarlos y los purificaba. Levantándose muy de mañana, ofrecía holocaustos
conforme al número de todos ellos. Pues decía Job: “Quizás mis hijos habrán
pecado y habrán maldecido a Dios en sus corazones.” De esta manera hacía
continuamente.
6 Aconteció cierto día que vinieron los hijos de Dios para presentarse ante
Jehovah, y entre ellos vino también Satanás. 7 Y Jehovah preguntó a Satanás: —
¿De dónde vienes? Satanás respondió a Jehovah diciendo: — De recorrer la tierra y
de andar por ella. 8 Y Jehovah preguntó a Satanás: — ¿No te has fijado en mi siervo
Job, que no hay otro como él en la tierra: un hombre íntegro y recto, temeroso de
Dios y apartado del mal? 9 Y Satanás respondió a Jehovah diciendo: — ¿Acaso
teme Job a Dios de balde? 10 ¿Acaso no le has protegido a él, a su familia y a todo
lo que tiene? El trabajo de sus manos has bendecido, y sus posesiones se han
aumentado en la tierra. 11 Pero extiende, por favor, tu mano y toca todo lo que tiene,
¡y verás si no te maldice en tu misma cara! 12 Y Jehovah respondió a Satanás: — He
aquí, todo lo que él tiene está en tu poder. Solamente no extiendas tu mano contra
él. Entonces Satanás salió de la presencia de Jehovah.
13 Aconteció cierto día, cuando sus hijos y sus hijas estaban comiendo y
bebiendo vino en la casa de su hermano, el primogénito, 14 que un mensajero llegó a
Job y le dijo: — Estando los bueyes arando, y las asnas paciendo cerca de ellos,
15 cayeron de sorpresa los sabeos y se los llevaron. Y a los criados mataron a filo de
espada. Sólo yo escapé para darte la noticia. 16 Todavía estaba éste hablando,
cuando llegó otro y le dijo: — ¡Fuego de Dios cayó del cielo, y quemó las ovejas
y consumió a los criados! Sólo yo escapé para darte la noticia. 17 Todavía estaba
éste hablando, cuando llegó otro y le dijo: — Los caldeos formaron tres
escuadrones, arremetieron contra los camellos y se los llevaron. Y mataron a los
criados a filo de espada. Sólo yo escapé para darte la noticia. 18 Todavía estaba éste
hablando, cuando llegó otro y le dijo: — Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y
bebiendo vino en la casa de su hermano, el primogénito. 19 Y he aquí que un fuerte
viento vino del otro lado del desierto y golpeó las cuatro esquinas de la casa, la cual
cayó sobre los jóvenes, y murieron. Sólo yo escapé para darte la noticia.
20 Entonces Job se levantó, rasgó su manto y se rapó la cabeza; se postró a
tierra y adoró. 21 Y dijo: — Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré
allá. Jehovah dio, y Jehovah quitó. ¡Sea bendito el nombre de Jehovah! 22 En todo
esto Job no pecó ni atribuyó a Dios despropósito alguno.
Capítulo 2
1 Aconteció cierto día que vinieron los hijos de Dios para presentarse ante
Jehovah, y entre ellos vino también Satanás, para presentarse ante Jehovah.
2 Jehovah preguntó a Satanás: — ¿De dónde vienes? Y Satanás respondió a
Jehovah: — De recorrer la tierra y de andar por ella. 3 Jehovah preguntó a Satanás:
— ¿No te has fijado en mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra: un
hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal; y que todavía se
aferra a su integridad a pesar de que tú me incitaste contra él para que lo arruinara
sin motivo? 4 Y Satanás respondió a Jehovah diciendo: — ¡Piel por piel! Todo lo
que el hombre tiene lo dará por su vida. 5 Pero extiende, pues, tu mano y toca sus
huesos y su carne, y verás si no te maldice en tu misma cara. 6 Y Jehovah respondió
a Satanás: — He aquí, él está en tu poder; pero respeta su vida.
7 Entonces Satanás salió de la presencia de Jehovah e hirió a Job con unas llagas
malignas, desde la planta de sus pies hasta su coronilla. 8 Tomaba un pedazo de
tiesto para rascarse con él, y estaba sentado en medio de las cenizas. 9 Entonces su
mujer le dijo: — ¿Todavía te aferras a tu integridad? ¡Maldice a Dios, y muérete!
10 Pero él le respondió: — ¡Has hablado como hablaría cualquiera de las mujeres
insensatas! Recibimos el bien de parte de Dios, ¿y no recibiremos también el mal?
En todo esto Job no pecó con sus labios.
11 Entonces tres amigos de Job — Elifaz el temanita, Bildad el sujita y Zofar el
namatita — se enteraron de todo el mal que le había sobrevenido y vinieron, cada
uno de su lugar. Convinieron juntos en ir a él para expresarle su condolencia y para
consolarle. 12 Y cuando alzaron los ojos desde lejos y no le pudieron reconocer,
alzaron su voz y lloraron. Cada uno rasgó su manto, y esparcieron polvo hacia el
cielo, sobre sus cabezas. 13 Luego se sentaron en tierra con él por siete días y siete
noches. Y ninguno de ellos le decía una sola palabra, porque veían que el dolor era
muy grande.
Capítulo 3
1 Después de esto Job abrió su boca y maldijo su día. 2 Tomó Job la palabra y
dijo: 3 — Perezca el día en que nací, y la noche en que se dijo: “¡Un varón ha sido
concebido!” 4 Sea aquel día tinieblas. Dios no pregunte por él desde arriba, ni
resplandezca la claridad sobre él. 5 Reclámenlo para sí las tinieblas y la densa
oscuridad; repose sobre él una nube, y cáusele terror el oscurecimiento del día.
6 Apodérese de aquella noche la oscuridad. No sea contada junto con los días del
año ni aparezca en el cómputo de los meses. 7 ¡He aquí, sea aquella noche estéril; no
penetren en ella los gritos de júbilo! 8 Maldíganla los que maldicen el día, los que se
aprestan a instigar al Leviatán. 9 Oscurézcanse sus estrellas matutinas. Espere la luz,
pero no le llegue, ni vea los destellos de la aurora; 10 porque no cerró las puertas de
la matriz, para esconder de mis ojos el sufrimiento.
11 ¿Por qué no morí en las entrañas, o expiré al salir del vientre? 12 ¿Por qué me
recibieron las rodillas? ¿Para qué los pechos que mamé? 13 Pues ahora yacería y
estaría en quietud. Dormiría y tendría reposo 14 junto con los reyes y los consejeros
de la tierra, que reedificaron ruinas para sí; 15 o con los príncipes que poseían el oro
y que llenaban de plata sus casas. 16 ¡Oh! ¿Por qué no fui escondido como un
abortivo, como las criaturas que nunca vieron la luz? 17 Allí los impíos dejan de
perturbar; allí descansan los de agotadas fuerzas. 18 Los prisioneros están juntos en
descanso y no escuchan la voz del capataz. 19 Tanto el pequeño como el grande
están allí; y el esclavo, ya libre de su amo.
20 ¿Para qué darle luz al que sufre, y vida a los de alma amargada; 21 a los que
esperan la muerte, y no llega, aunque la busquen más que a tesoros enterrados; 22 a
los que se alegran ante el gozo y se regocijan cuando hallan el sepulcro; 23 al hombre
cuyo camino está escondido, y a quien Dios ha cercado? 24 Porque antes de mi pan
viene mi suspiro, y mis gemidos corren como el agua. 25 El miedo que presentía
me ha sobrevenido; lo que me daba terror me ha acontecido. 26 No tengo
tranquilidad; no tengo quietud; no tengo sosiego; más bien, me viene la
desesperación.
Capítulo 4
1 Entonces intervino Elifaz el temanita y dijo: 2 — Si alguien intentara hablarte,
¿te impacientarías? Pero, ¿quién podrá reprimir las palabras? 3 He aquí, tú instruías a
muchos y afirmabas las manos debilitadas. 4 Tus palabras levantaban al que
tropezaba; y fortalecías las rodillas que se doblaban. 5 Pero ahora te sucede a ti y te
impacientas; ha llegado a ti, y te turbas. 6 ¿Acaso tu confianza no es tu devoción; y la
integridad de tus caminos, tu esperanza?
7 Recuerda, por favor, ¿quién ha perecido por ser inocente? ¿Dónde han sido
destruidos los rectos? 8 Como he visto, los que aran iniquidad y siembran sufrimiento
cosechan lo mismo. 9 Perecen por el aliento de Dios, y por el soplo de su ira son
consumidos. 10 El rugido del león, el gruñido del cachorro, y los dientes de los
leoncillos son quebrantados. 11 El león perece por falta de presa, y los hijos de la
leona se dispersan.
12 Un mensaje me ha sido traído en secreto, y mi oído ha percibido un susurro
de ello: 13 En medio de los inquietantes pensamientos de las visiones nocturnas,
cuando el sueño profundo cae sobre los hombres, 14 me sobrevinieron espanto y
estremecimiento que aterraron todos mis huesos. 15 Entonces un fantasma pasó
frente a mí, e hizo que se erizara el vello de mi cuerpo. 16 Se detuvo, pero yo no
reconocí su semblante. Ante mis ojos había una imagen, y oí una voz apacible:
17 “¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más puro que su Hacedor?
18 Si Dios no se fía ni de sus siervos y aun en sus ángeles halla errores, 19 ¡cuánto
más los que habitan en casas de barro, cuyos fundamentos están en el polvo, serán
aplastados más pronto que la polilla! 20 De la mañana a la tarde son triturados; sin
que nadie los considere, se pierden para siempre. 21 ¿Acaso no serán arrancadas las
cuerdas de sus tiendas? En ellas mueren, pero sin sabiduría.”
Capítulo 5
1 ¡Clama, pues! ¿Habrá quien te responda? ¿A cuál de los santos acudirás?
2 Porque la angustia mata al necio, y el apasionamiento hace morir al simple.
3 Yo he visto al necio que echaba raíces y al instante maldije su morada. 4 Sus hijos
están lejos de toda salvación; en la puerta de la ciudad serán aplastados, y no habrá
quien los libre. 5 Lo que ellos cosechen lo comerá el hambriento, y aun de las espinas
lo tomará. Y los sedientos absorberán sus riquezas.
6 Ciertamente la aflicción no sale del polvo, ni el sufrimiento brota de la tierra.
7 Pero el hombre nace para el sufrimiento, así como las chispas vuelan hacia arriba.
8 Pero yo, en cambio, apelaría a Dios y a la Divinidad confiaría mi causa. 9 El hace
cosas grandes e inescrutables, y maravillas que no se pueden enumerar. 10 El da la
lluvia sobre la faz de la tierra y envía las aguas sobre la faz de los campos. 11 El pone
en alto a los humillados, y los enlutados logran gran liberación. 12 El frustra los planes
de los astutos, para que sus manos no logren su propósito. 13 El atrapa a los sabios
en sus argucias, y el designio de los sagaces es trastornado. 14 De día se encuentran
con las tinieblas, y a mediodía andan a tientas como de noche. 15 El libra al desolado
de la boca de ellos, y al pobre de la mano del fuerte. 16 Así habrá esperanza para el
necesitado, y la perversidad cerrará su boca.
17 ¡He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios disciplina! No
menosprecies la corrección del Todopoderoso. 18 Porque él hace doler, pero
también venda; él golpea, pero sus manos sanan. 19 En seis tribulaciones te librará; y
en siete no te tocará el mal. 20 En el hambre te redimirá de la muerte; y en la guerra,
del poder de la espada. 21 Serás escondido del azote de la lengua, y no temerás
cuando venga la destrucción. 22 De la destrucción y del hambre te reirás, y no
temerás las fieras de la tierra. 23 Pues aun con las piedras del campo tendrás alianza,
y los animales del campo tendrán paz contigo. 24 Sabrás que tu tienda está en paz;
revisarás tu morada, y nada echarás de menos. 25 Sabrás que tu descendencia es
mucha, que tu prole es como la hierba de la tierra. 26 Irás a la tumba lleno de vigor,
cual gavilla de trigo que se recoge a su tiempo. 27 Esto es lo que hemos investigado,
y así es. Escúchalo tú y conócelo para tu bien.
Capítulo 6
1 Entonces respondió Job y dijo: 2 — ¡Oh, si pudieran pesar mi angustia, y
pusiesen igualmente mi ruina en la balanza! 3 Ciertamente ahora pesarían más que la
arena de los mares. Por eso mis palabras han sido apresuradas; 4 porque las
flechas del Todopoderoso están en mí, y mi espíritu bebe su veneno. Me combaten
los terrores de parte de Dios. 5 ¿Acaso rebuzna el asno montés junto a la hierba?
¿Acaso muge el buey junto a su forraje? 6 ¿Se comerá lo insípido sin sal? ¿Habrá
gusto en la baba de la malva? 7 Mi alma rehúsa tocarlos, pero ellos están como mi
repugnante comida.
8 ¡Quién hiciera que se cumpliese mi petición, y que Dios me concediese mi
anhelo; 9 que Dios se dignara aplastarme; que soltara su mano y acabara conmigo!
10 Aun esto sería mi consuelo, y saltaría de gozo en medio de mi dolor sin tregua: el
que no he negado las palabras del Santo. 11 ¿Qué fuerza tengo para esperar aún?
¿Qué meta tengo para alargar mi vida? 12 ¿Acaso mi fuerza es como la fuerza de las
piedras? ¿Acaso mi cuerpo es de bronce? 13 Ciertamente no tengo ayuda en mí
mismo, y los recursos han sido alejados de mí.
14 Un desesperado debe contar con la lealtad de su amigo, aunque abandone el
temor del Todopoderoso. 15 Pero mis hermanos me han decepcionado como un
torrente; han pasado como la corriente de los arroyos, 16 que son turbios por causa
del deshielo, y en ellos desaparece la nieve. 17 En el tiempo del calor son silenciados,
y al calentarse desaparecen de su lugar. 18 Las caravanas se apartan de su ruta;
desaparecen en el vacío y perecen. 19 Las caravanas de Temán ponen su mira en
ellos; en ellos esperan los viajeros de Saba. 20 Pero son confundidos por haber
confiado; cuando llegan a ellos, quedan defraudados. 21 Ciertamente, ahora habéis
llegado a ser así; habéis visto el horror y tenéis miedo.
22 ¿Acaso yo os he dicho: “Traedme algo”, o: “De vuestros recursos ofreced
algo en mi favor”, 23 o: “Libradme de la mano del enemigo”, o: “Rescatadme de la
mano de los violentos”? 24 Enseñádmelo, y yo me callaré; hacedme entender en qué
he errado. 25 ¡Cuán fuertes son las palabras de rectitud! Pero vosotros, ¿qué es lo
que pretendéis reprender? 26 ¿Pensáis reprender las palabras y los dichos de un
desesperado, como si fueran viento? 27 Vosotros seríais capaces de rifar a un
huérfano y de especular sobre vuestro amigo. 28 Ahora pues, dignaos prestarme
atención, pues ciertamente no mentiré ante vuestra cara. 29 Por favor, desistid, y que
no haya iniquidad. Sí, desistid, pues está en juego mi reivindicación. 30 ¿Acaso hay
iniquidad en mi lengua? ¿Acaso mi paladar no puede discernir las calamidades?
Capítulo 7
1 ¿Acaso no es una milicia lo que tiene el hombre en la tierra? ¿No son sus días
como los días de un asalariado? 2 Como el esclavo que anhela la sombra, o como el
asalariado que espera su paga, 3 así he tenido que heredar meses de futilidad, y me
han sido asignadas noches de sufrimiento. 4 Si estoy acostado, digo: “¿Cuándo me
levantaré?” Y por la noche me colmo de inquietudes hasta el alba. 5 Mi carne se ha
vestido de gusanos y de costras de tierra; mi piel resquebrajada se deshace. 6 Mis
días son más veloces que la lanzadera del tejedor y se acaban sin que haya
esperanza.
7 Acuérdate de que mi vida es un soplo; mis ojos no volverán a ver el bien. 8 El
ojo del que me ve no me verá más. Tu ojo se fijará en mí, y yo ya no estaré. 9 Como
la nube se deshace y se desvanece, así el que desciende al Seol no volverá a subir.
10 No volverá más a su casa, ni su lugar lo volverá a reconocer. 11 Por tanto, yo no
refrenaré mi boca. Hablaré en la angustia de mi espíritu; me quejaré en la amargura
de mi alma. 12 ¿Acaso soy yo el mar o el monstruo marino, para que me pongas
bajo guardia? 13 Cuando digo: “Mi cama me consolará, mi lecho aliviará mis quejas”,
14 entonces me aterras con sueños y me turbas con visiones. 15 Y así mi alma
prefiere la asfixia y la muerte, antes que estos mis huesos. 16 ¡Me deshago! No he de
vivir para siempre. ¡Déjame, pues mis días son vanidad!
17 ¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas y para que te preocupes de él;
18 para que lo visites cada mañana, y para que a cada instante lo pongas a prueba?
19 ¿Hasta cuándo no dejarás de observarme, ni me soltarás para que siquiera trague
mi saliva? 20 Si he pecado, ¿qué daño te hago a ti, oh Vigilante de los hombres?
¿Por qué me pones como tu blanco, y que yo sea una carga para mí mismo? 21 ¿O
por qué no perdonas mi rebelión y quitas mi iniquidad? Pues ahora yaceré en el
polvo, y si con diligencia me buscas, ya no estaré.
Capítulo 8
1 Entonces intervino Bildad el sujita y dijo: 2 — ¿Hasta cuándo hablarás tales
cosas, y las palabras de tu boca serán viento impetuoso? 3 ¿Acaso pervertirá Dios el
derecho? ¿El Todopoderoso pervertirá la justicia? 4 Si tus hijos pecaron contra él, él
los entregó en mano de su transgresión. 5 Si con diligencia buscaras a Dios
e imploraras la gracia del Todopoderoso, 6 si fueras limpio y recto, ciertamente
ahora él velaría por ti y te restauraría la morada que en justicia mereces. 7 Aunque tu
comienzo haya sido insignificante, tu porvenir se engrandecerá en gran manera.
8 Pues indaga, por favor, en las generaciones del pasado; investiga lo que sus
padres han descubierto. 9 Pues nosotros somos tan sólo de ayer y nada sabemos;
nuestros días sobre la tierra son una sombra. 10 ¿No te enseñarán ellos y te hablarán,
y de su corazón sacarán palabras? 11 ¿Crece el papiro donde no hay pantano?
¿Crece el junco sin agua? 12 Y estando aún en su tallo, sin ser cortado, se seca antes
que toda hierba. 13 Así son las sendas de todos los que se olvidan de Dios, y la
esperanza del impío perecerá. 14 El objeto de su confianza es como tul de verano y
aquello en que confía es como tela de araña: 15 Si se apoya sobre su tela, no le
sostendrá; si se agarra de ella, no le resistirá. 16 Así es él: Lleno de savia delante del
sol, sus retoños sobresalen del huerto. 17 Sus raíces se entretejen sobre un montón
de piedras, y vive entre los pedregales. 18 Si alguien intenta arrancarlo de su lugar,
éste le niega diciendo: “¡Nunca te he visto!” 19 He aquí, así es el gozo de su camino,
y otros brotarán del polvo.
20 He aquí, Dios no rechaza al íntegro ni sostiene la mano de los malhechores.
21 Aún llenará tu boca de risa, y tus labios con grito de júbilo. 22 Los que te
aborrecen se vestirán de vergüenza, y la morada de los impíos desaparecerá.
Capítulo 9
1 Entonces respondió Job y dijo: 2 — Ciertamente yo sé que es así. ¿Y cómo se
ha de justificar un hombre ante Dios? 3 Si uno quisiera contender con él, no le podría
responder una cosa entre mil. 4 El es sabio de corazón y poderoso en fuerza. ¿Quién
se ha endurecido contra él y ha quedado ileso? 5 El arranca las montañas de su lugar,
y ellas no saben que en su furor las trastorna. 6 El sacude la tierra de su lugar y
estremece sus columnas. 7 El manda al sol, y éste no brilla; y pone un sello a las
estrellas. 8 Por sí solo extiende los cielos y camina sobre las ondas del mar. 9 El hizo
la Osa Mayor, el Orión, las Pléyades y las constelaciones del sur. 10 El hace cosas
tan grandes que son inescrutables, y maravillas que no se pueden enumerar. 11 Si él
cruza junto a mí, yo no le veo; él pasa sin que yo lo comprenda. 12 Si él arrebata,
¿quién lo hará desistir? ¿Quién le dirá: “¿Qué haces?” 13 Dios no detendrá su ira;
bajo él se postran los que ayudan a Rahab.
14 ¿Cómo, pues, podré responderle? ¿Podré yo escoger mis palabras para con
él? 15 Aun siendo justo, no podría responder; más bien, pediría clemencia en mi
causa. 16 Si yo le invocara y él me respondiese, yo no podría creer que escuchara mi
voz. 17 Porque me aplasta con tormenta, y aumenta mis heridas sin causa. 18 No me
deja cobrar aliento, sino que me colma de amarguras. 19 Si se trata de fuerzas, ¡he
aquí que es poderoso! Si se trata de juicio, ¿quién le convocará? 20 Si me declaro
justo, mi boca me condena; si íntegro, él me declara culpable. 21 ¿Soy íntegro? Ni yo
mismo me conozco. ¡Desprecio mi vida!
22 Da lo mismo, por lo cual digo: “Al íntegro y al impío, él los consume. 23 Si el
azote mata de repente, él se ríe de la desesperación de los inocentes. 24 La tierra es
entregada en manos de los impíos, y él cubre el rostro de sus jueces. Si no es él,
entonces, ¿quién es?
25 Mis días son más veloces que un corredor; huyen sin lograr ver el bien.
26 Pasan como embarcaciones de junco, como un águila que se lanza sobre su
comida.” 27 Si digo: “Olvidaré mi queja; cambiaré mi semblante y estaré alegre”,
28 entonces me turban todos mis dolores; sé que no me tendrás por inocente. 29 Yo
he sido declarado culpable; entonces, ¿para qué fatigarme en vano? 30 Aunque me
bañe con jabón y limpie mis manos con lejía, 31 aun así me hundirás en el hoyo, y me
abominarán mis vestiduras. 32 Porque él no es hombre como yo para que le
responda, y para que juntos vengamos a juicio. 33 No hay entre nosotros un árbitro
que ponga su mano sobre ambos. 34 ¡Que quite de sobre mí su vara, y que no me
espante su terror! 35 Entonces yo hablaré y no le temeré; de otro modo, yo no soy
dueño de mí mismo.
Capítulo 10
1 Mi alma está hastiada de mi vida. Daré rienda suelta a mi queja; hablaré en la
amargura de mi alma. 2 Diré a Dios: No me condenes; hazme entender por qué
contiendes conmigo. 3 ¿Te parece bueno oprimir y desechar la obra de tus manos,
mientras resplandeces sobre el consejo de los impíos? 4 ¿Acaso tus ojos son
humanos? ¿Acaso ves como ve un hombre? 5 ¿Son tus días como los días de un
hombre; o tus años, como los días de un mortal, 6 para que indagues mi iniquidad
e inquieras por mi pecado? 7 Tú sabes que yo no soy culpable, y que no hay quien
libre de tu mano.
8 Tus manos me formaron y me hicieron, ¿y después, cambiando, me destruyes?
9 Acuérdate, por favor, de que tú me formaste como al barro, y que me harás volver
al polvo. 10 ¿Acaso no me derramaste como a la leche, y me cuajaste como al
queso? 11 De piel y de carne me vestiste, y me entretejiste con huesos y tendones.
12 Vida y misericordia me concediste, y tu cuidado guardó mi espíritu. 13 Estas cosas
tenías escondidas en tu corazón; yo sé que esto estaba en tu mente.
14 Si peco, entonces me vigilas, y no me declaras inocente de mi iniquidad. 15 Si
soy culpable, ¡ay de mí! Pero aun siendo justo, no levanto mi cabeza, pues estoy
harto de ignominia y de ver mi aflicción. 16 Si me levanto, me cazas como a león, y
vuelves a mostrar en mí tus proezas. 17 Traes de nuevo tus testigos contra mí, y
aumentas contra mí tu ira con tropas de relevo en mi contra. 18 ¿Por qué, pues, me
sacaste de la matriz? Hubiera yo expirado, y ningún ojo me habría visto. 19 Habría
sido como si nunca hubiera existido, conducido desde el vientre hasta la tumba.
20 ¿Acaso no son pocos los días de mi existencia? Apártate de mí, de modo que me
aliente un poco, 21 antes que me vaya, para no volver, a la tierra de oscuridad y de
tinieblas: 22 tierra lóbrega como la oscuridad, de densas tinieblas y desorden, donde
lo que brilla es como oscuridad.
Volver al Menú de la Biblia