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JUECES
Capítulo 1
1 Aconteció, después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel consultaron
a Jehovah preguntando: — ¿Quién subirá primero por nosotros para combatir
contra los cananeos? 2 Y Jehovah respondió: — Judá subirá. He aquí que yo he
entregado la tierra en su mano. 3 Entonces Judá dijo a Simeón su hermano: — Sube
conmigo a mi territorio y combatamos contra los cananeos, y después yo también iré
contigo a tu territorio. Y Simeón fue con él. 4 Entonces subió Judá, y Jehovah
entregó en su mano a los cananeos y a los ferezeos; y derrotaron en Bezec a 10.000
hombres de ellos. 5 En Bezec hallaron a Adonibezec y combatieron contra él. Y
derrotaron a los cananeos y a los ferezeos. 6 Adonibezec huyó, pero lo persiguieron,
lo capturaron y le cortaron los pulgares de sus manos y de sus pies. 7 Entonces dijo
Adonibezec: “Setenta reyes con los pulgares de sus manos y de sus pies cortados
recogían las migajas debajo de mi mesa. Tal como yo hice, así me ha pagado Dios.”
Y lo llevaron a Jerusalén, donde murió. 8 Entonces los hijos de Judá combatieron
contra Jerusalén, la tomaron, la hirieron a filo de espada y prendieron fuego a la
ciudad.
9 Y después los hijos de Judá descendieron para combatir contra los cananeos
que habitaban en la región montañosa, en el Néguev y en la Sefela. 10 Luego marchó
Judá contra los cananeos que habitaban en Hebrón y derrotó a Sesai, a Ajimán y a
Talmai. (Antes el nombre de Hebrón era Quiriat-arba.) 11 De allí marchó contra los
habitantes de Debir. (Antes el nombre de Debir era Quiriat-séfer.) 12 Entonces
Caleb dijo: — Al que ataque y tome Quiriat-séfer, yo le daré por mujer a mi hija
Acsa. 13 Otoniel hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb, fue quien la tomó. Y
Caleb le dio por mujer a su hija Acsa. 14 Y aconteció que cuando ella llegó, le
persuadió a que pidiese a su padre un campo. Entonces ella hizo señas desde
encima del asno, y Caleb le preguntó: — ¿Qué quieres? 15 Ella le respondió: —
Hazme un favor: Ya que me has dado tierra en el Néguev, dame también fuentes de
aguas. Entonces Caleb le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo. 16 Los
descendientes del queneo, suegro de Moisés, subieron con los hijos de Judá de la
Ciudad de las Palmeras al desierto de Judá que está en el Néguev de Arad, y fueron
y habitaron con el pueblo. 17 Después fue Judá con su hermano Simeón, y
derrotaron a los cananeos que habitaban en Sefat, y la destruyeron. Y pusieron por
nombre a la ciudad Horma. 18 Judá también tomó Gaza con su territorio, Ascalón
con su territorio y Ecrón con su territorio. 19 Jehovah estaba con Judá, y éste tomó
posesión de la región montañosa. Pero no pudo echar a los habitantes del valle,
porque éstos tenían carros de hierro. 20 Después dieron Hebrón a Caleb, como
Moisés había dicho. Y él echó de allí a los tres hijos de Anac.
21 Pero los hijos de Benjamín no pudieron echar a los jebuseos que habitaban en
Jerusalén. Así que los jebuseos han habitado con los hijos de Benjamín en Jerusalén,
hasta el día de hoy. 22 También los de la casa de José subieron contra Betel, y
Jehovah estuvo con ellos. 23 Los de la casa de José hicieron un reconocimiento de
Betel. (Antes el nombre de la ciudad era Luz.) 24 Los espías vieron a un hombre que
salía de la ciudad y le dijeron: “Por favor, muéstranos la entrada de la ciudad, y
tendremos misericordia de ti.” 25 El les mostró la entrada de la ciudad, y ellos la
hirieron a filo de espada; pero dejaron libre a aquel hombre y a toda su familia. 26 El
hombre se fue a la tierra de los heteos y edificó una ciudad a la que llamó Luz; éste
es su nombre hasta el día de hoy. 27 Pero Manasés no pudo echar a los habitantes
de Bet-seán y sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus
aldeas, ni a los de Ibleam y sus aldeas, ni a los de Meguido y sus aldeas. Más bien,
los cananeos persistieron en habitar en aquella tierra. 28 Sin embargo, aconteció que
cuando Israel llegó a ser fuerte, sometió a los cananeos a tributo laboral, pero no los
echó del todo. 29 Tampoco Efraín pudo echar a los cananeos que habitaban en
Gezer, sino que los cananeos habitaron en medio de ellos, en Gezer. 30 Tampoco
Zabulón pudo echar a los habitantes de Quitrón ni a los habitantes de Nahalal. Los
cananeos habitaron en medio de ellos, pero fueron sometidos a tributo laboral.
31 Tampoco Aser pudo echar a los habitantes de Aco, ni a los habitantes de Sidón,
ni de Ajlab, ni de Acziv, ni de Helba, ni de Afec, ni de Rejob. 32 Los de Aser
vivieron entre los cananeos, habitantes de aquella tierra, porque no los pudieron
echar. 33 Tampoco Neftalí pudo echar a los habitantes de Bet-semes, ni a los de
Bet-anat, sino que habitó entre los cananeos que habitaban en la tierra. Los
habitantes de Bet-semes y los de Bet-anat fueron sometidos a tributo laboral. 34 Los
amorreos contuvieron a los hijos de Dan en la región montañosa, y no permitieron
que bajaran al valle. 35 Los amorreos persistieron en habitar en el monte Heres, en
Ajalón y en Saalbín. Pero al llegar a ser fuerte la casa de José, aquéllos fueron
sometidos a tributo laboral. 36 La frontera de los amorreos se extendía desde la
cuesta de Acrabim, desde Sela hacia arriba.
Capítulo 2
1 El ángel de Jehovah subió de Gilgal a Boquim, y dijo: — Yo os saqué de
Egipto y os introduje en la tierra acerca de la cual había jurado a vuestros padres
diciendo: “No invalidaré jamás mi pacto con vosotros, 2 con tal que vosotros no
hagáis una alianza con los habitantes de esta tierra, cuyos altares habréis de
derribar.” Pero vosotros no habéis obedecido mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto?
3 Por eso yo digo también: No los echaré de delante de vosotros, sino que os serán
adversarios, y sus dioses os servirán de tropiezo. 4 Aconteció que cuando el ángel
de Jehovah acabó de decir estas palabras a todos los hijos de Israel, el pueblo alzó
su voz y lloró. 5 Por eso llamaron a aquel lugar Boquim. Y ofrecieron allí sacrificios a
Jehovah.
6 Cuando Josué ya había despedido al pueblo, los hijos de Israel se fueron cada
uno a su heredad para tomar posesión de la tierra. 7 El pueblo sirvió a Jehovah todo
el tiempo de Josué y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué,
quienes habían visto todas las grandes obras que Jehovah había hecho por Israel.
8 Josué hijo de Nun, siervo de Jehovah, murió cuando tenía 110 años. 9 Y lo
sepultaron en el terreno de su heredad en Timnat-séraj, en la región montañosa de
Efraín, al norte del monte Gaas. 10 Y toda aquella generación fue también reunida
con sus padres. Después de ellos se levantó otra generación que no conocía a
Jehovah, ni la obra que él había hecho por Israel. 11 Los hijos de Israel hicieron lo
malo ante los ojos de Jehovah y sirvieron a los Baales. 12 Abandonaron a Jehovah,
el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras
otros dioses, entre los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los
cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehovah. 13 Abandonaron a Jehovah, y
sirvieron a Baal y a las Astartes. 14 El furor de Jehovah se encendió contra Israel, y
los entregó en mano de saqueadores que los saqueaban. Los abandonó en mano de
sus enemigos de alrededor, y ellos no pudieron resistir más ante sus enemigos.
15 Dondequiera que salían, la mano de Jehovah estaba contra ellos para mal, como
Jehovah les había dicho y como Jehovah les había jurado. Así los afligió en gran
manera. 16 Entonces Jehovah levantó jueces que los librasen de mano de los que les
saqueaban. 17 Pero tampoco escuchaban a sus jueces, sino que se prostituían tras
otros dioses a los cuales adoraban. Se apartaron pronto del camino por el que
habían andado sus padres, quienes habían obedecido los mandamientos de Jehovah.
Ellos no lo hicieron así. 18 Cuando Jehovah les levantaba jueces, Jehovah estaba
con el juez y los libraba de mano de sus enemigos todo el tiempo de aquel juez.
Porque Jehovah se conmovía ante sus gemidos, a causa de los que los oprimían y
afligían. 19 Pero acontecía que cuando moría el juez, ellos volvían atrás y se
corrompían más que sus padres, siguiendo a otros dioses para servirles y para
postrarse ante ellos. No se apartaban de sus obras ni de su obstinado camino.
20 Entonces el furor de Jehovah se encendió contra Israel, y dijo: “Puesto que este
pueblo ha quebrantado mi pacto que yo establecí con sus padres, y no ha
obedecido mi voz, 21 tampoco yo volveré a echar de delante de ellos a ninguna de
las naciones que Josué dejó cuando murió, 22 para que por medio de ellas yo pruebe
si Israel va a guardar o no el camino de Jehovah andando por él, como sus padres lo
guardaron.” 23 Por eso Jehovah dejó allí a aquellas naciones y no las arrojó de una
vez, ni las entregó en mano de Josué.
Capítulo 3
1 Estas son las naciones que Jehovah dejó para probar por medio de ellas a
Israel — a todos los que no habían conocido ninguna de las guerras de Canaán — ,
2 sólo para que las generaciones de los hijos de Israel conociesen la guerra y la
enseñasen a los que antes no la habían conocido: 3 los cinco jefes de los filisteos,
todos los cananeos, los sidonios y los heveos que habitaban en la región montañosa
del Líbano, desde el monte Baal-hermón hasta Lebo-hamat. 4 Estos estaban para
probar por medio de ellos a Israel, para saber si éste obedecería los mandamientos
que Jehovah había dado a sus padres por medio de Moisés. 5 Así es que los hijos de
Israel habitaban entre los cananeos, los heteos, los amorreos, los ferezeos, los
heveos y los jebuseos. 6 Además, tomaron a sus hijas por mujeres, dieron sus hijas a
los hijos de ellos y sirvieron a sus dioses. 7 Los hijos de Israel hicieron lo malo ante
los ojos de Jehovah. Olvidaron a Jehovah su Dios y sirvieron a los Baales y a las
Aseras.
8 Así que el furor de Jehovah se encendió contra Israel, y los abandonó en
manos de Cusán-risataim, rey de Siria mesopotámica. Los hijos de Israel sirvieron a
Cusán-risataim durante ocho años. 9 Pero cuando los hijos de Israel clamaron a
Jehovah, Jehovah levantó un libertador a los hijos de Israel, quien los libró. Este fue
Otoniel hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb. 10 El Espíritu de Jehovah vino
sobre él, y juzgó a Israel. Salió a la guerra, y Jehovah entregó en su mano a Cusánrisataim,
rey de Siria mesopotámica; y su mano prevaleció contra Cusán-risataim.
11 Así reposó la tierra durante cuarenta años. Y murió Otoniel hijo de Quenaz.
12 Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehovah. Y
Jehovah fortaleció a Eglón, rey de Moab, contra Israel, porque habían hecho lo
malo ante los ojos de Jehovah. 13 El rey reunió consigo a los hijos de Amón y de
Amalec, y fue y derrotó a Israel; y tomaron posesión de la Ciudad de las Palmeras.
14 Y los hijos de Israel sirvieron a Eglón, rey de Moab, durante dieciocho años.
15 Pero los hijos de Israel clamaron a Jehovah, y Jehovah les levantó un libertador:
Ehud hijo de Gera, un hombre de Benjamín, que era zurdo. Los hijos de Israel
enviaron con él un presente a Eglón, rey de Moab. 16 Ehud se había hecho un puñal
de doble filo y de un gomed de largo, y se lo ciñó debajo de su ropa, sobre su muslo
derecho. 17 El entregó el presente a Eglón, rey de Moab. Eglón era un hombre muy
obeso. 18 Aconteció que después de haber entregado el presente, Ehud despidió a la
gente que lo había traído. 19 Pero él se volvió desde los ídolos que están cerca de
Gilgal, y le dijo: — Oh rey, tengo un mensaje secreto para ti. Entonces él dijo: —
¡Calla! Luego salieron de su presencia todos los que estaban con él. 20 Y Ehud se
acercó a él, quien estaba sentado en una sala de verano que tenía para él solo. Ehud
le dijo: — Tengo un mensaje de Dios para ti. Entonces él se levantó de su silla,
21 pero Ehud extendió su mano izquierda, tomó el puñal de su muslo derecho y se lo
hundió en el vientre. 22 El mango entró tras la hoja, y la gordura cubrió la hoja,
porque no sacó el puñal de su vientre; y le salió por detrás. 23 Luego Ehud salió al
pórtico, cerró tras sí las puertas de la sala de verano y puso el cerrojo. 24 Cuando él
salió, fueron los siervos del rey y miraron; y he aquí que las puertas de la sala
estaban cerradas con cerrojo. Ellos dijeron: — Sin duda está haciendo sus
necesidades en el interior de la sala de verano. 25 Esperaron hasta quedar
desconcertados. Pero viendo que él no abría las puertas de la sala, tomaron la llave
y la abrieron. Y he aquí que su señor estaba caído sobre el suelo, muerto.
26 Mientras ellos esperaban, Ehud se escapó. Luego pasó los ídolos y se escapó
hacia Seirat. 27 Cuando llegó, tocó la corneta en la región montañosa de Efraín.
Entonces los hijos de Israel descendieron con él de los montes, y él iba delante de
ellos. 28 Después él les dijo: — ¡Seguidme, porque Jehovah ha entregado en vuestra
mano a vuestros enemigos, los moabitas! Ellos fueron tras él, tomaron los vados del
Jordán que conducen a Moab y no dejaron pasar a nadie. 29 En aquella ocasión
mataron como a 10.000 hombres de los moabitas, todos hombres robustos y
valientes. No escapó ninguno. 30 Así quedó Moab, aquel día, sometido bajo la mano
de Israel. Y la tierra reposó durante ochenta años.
31 Después de él vino Samgar hijo de Anat, quien mató a 600 hombres de los
filisteos con una aguijada de buey. El también libró a Israel.
Capítulo 4
1 Después de la muerte de Ehud, los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante
los ojos de Jehovah. 2 Entonces Jehovah los abandonó en mano de Jabín, rey de
Canaán, el cual reinaba en Hazor. El jefe de su ejército era Sísara, y habitaba en
Haroset-goím. 3 Los hijos de Israel clamaron a Jehovah, porque aquél tenía 900 carros
de hierro y había oprimido con crueldad a los hijos de Israel durante veinte años.
4 En aquel tiempo gobernaba a Israel Débora, profetisa, esposa de Lapidot. 5 Ella
solía sentarse debajo de la palmera de Débora, entre Ramá y Betel, en la región
montañosa de Efraín. Y los hijos de Israel acudían a ella para juicio. 6 Entonces ella
mandó llamar a Barac hijo de Abinoam, de Quedes de Neftalí, y le dijo: — ¿No te ha
mandado Jehovah Dios de Israel, diciendo: “Vé, toma contigo a 10.000 hombres de los
hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón, reúnelos en el monte Tabor, 7 y yo atraeré
hacia ti, al arroyo de Quisón, a Sísara, jefe del ejército de Jabín, con sus carros y sus
escuadrones, y lo entregaré en tu mano”? 8 Barac le respondió: — Si tú vas conmigo,
yo iré. Pero si no vas conmigo, no iré. 9 Ella le dijo: — ¡Ciertamente iré contigo! Sólo
que no será tuya la gloria, por la manera en que te comportas; porque en manos de una
mujer entregará Jehovah a Sísara. Débora se levantó y fue con Barac a Quedes.
10 Entonces Barac convocó a Zabulón y a Neftalí en Quedes, y le siguieron
10.000 hombres. Y Débora fue con él. 11 Heber el queneo se había apartado de los
queneos descendientes de Hobab, suegro de Moisés, y había ido instalando sus
tiendas hasta la encina de Zaananim, que está junto a Quedes. 12 Cuando
comunicaron a Sísara que Barac hijo de Abinoam había subido al monte Tabor,
13 Sísara reunió todos sus carros, 900 carros de hierro, con todo el pueblo que
estaba con él, desde Haroset-goím hasta el arroyo de Quisón. 14 Entonces Débora
dijo a Barac: — ¡Levántate, porque éste es el día en que Jehovah ha entregado a
Sísara en tu mano! ¿No ha salido Jehovah delante de ti? Barac descendió del monte
Tabor con los 10.000 hombres detrás de él. 15 Y Jehovah desbarató a filo de
espada a Sísara con todos sus carros y todo su ejército, delante de Barac. Sísara
mismo se bajó del carro y huyó a pie. 16 Entonces Barac persiguió los carros y al
ejército hasta Haroset-goím. Todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada hasta
no quedar ni uno.
17 Sísara huyó a pie a la tienda de Jael, mujer de Heber el queneo, porque había
paz entre Jabín, rey de Hazor, y la casa de Heber el queneo. 18 Jael salió para recibir
a Sísara y le dijo: — ¡Ven, señor mío! Ven a mí; no tengas temor. El entró
en la tienda con ella, y ella le cubrió con una manta. 19 Y él le dijo: — Por favor,
dame un poco de agua, porque tengo sed. Ella abrió un odre de leche y le dio de
beber, y lo volvió a cubrir. 20 Entonces él le dijo: — Quédate a la entrada de la
tienda, y si alguien viene y te pregunta diciendo: “¿Hay alguno aquí?”, responderás
que no. 21 Pero Jael, mujer de Heber, tomó una estaca de la tienda, y tomando un
mazo en su mano fue a él silenciosamente y le metió la estaca por las sienes,
clavándola en la tierra, mientras él estaba profundamente dormido y agotado. Así
murió. 22 Y he aquí que cuando Barac venía persiguiendo a Sísara, Jael salió a su
encuentro y le dijo: — Ven, y te mostraré al hombre que buscas. El entró con ella, y
he aquí que Sísara yacía muerto con la estaca clavada en su sien. 23 Así sometió
Dios aquel día a Jabín, rey de Canaán, ante los hijos de Israel. 24 Y la mano de los
hijos de Israel comenzó a endurecerse más y más contra Jabín, rey de Canaán, hasta
que lo destruyeron.
Capítulo 5
1 Aquel día cantó Débora con Barac hijo de Abinoam, diciendo: 2 “Por haberse
puesto al frente los caudillos en Israel, por haberse ofrecido el pueblo
voluntariamente, ¡bendecid a Jehovah! 3 “Oíd, oh reyes; escuchad, oh gobernantes:
Yo cantaré a Jehovah; cantaré salmos a Jehovah Dios de Israel. 4 “Oh Jehovah,
cuando saliste de Seír, cuando marchaste desde el campo de Edom, la tierra tembló;
también los cielos gotearon, y las nubes gotearon agua. 5 Los montes temblaron
delante de Jehovah; aquel Sinaí, delante de Jehovah Dios de Israel.
6 “ En los días de Samgar hijo de Anat, en los días de Jael, los caminos quedaron
abandonados, y los caminantes se apartaban por sendas retorcidas. 7 Quedaron
abandonadas las aldeas en Israel; quedaron abandonadas hasta que yo, Débora, me
levanté. ¡Me levanté como madre en Israel! 8 “Cuando escogían dioses nuevos, la
guerra estaba a las puertas; y no se veía ni lanza ni escudo entre cuarenta mil en
Israel. 9 ¡Mi corazón está con los jefes de Israel! Los que voluntariamente se
ofrecieron entre el pueblo: ¡Bendecid a Jehovah! 10 “Los que cabalgáis sobre asnas
blancas, los que os sentáis sobre tapices, y los que vais por el camino, considerad
11 la voz de los que cantan junto a los abrevaderos, donde recitan los justos hechos
de Jehovah, los justos hechos de sus aldeanos que moran a campo abierto en Israel.
Entonces descendió a las puertas el pueblo de Jehovah.
12 “ ¡Despierta, despierta, oh Débora! ¡Despierta, despierta! ¡Entona un cántico!
¡Levántate, oh Barac! ¡Lleva tus cautivos, oh hijo de Abinoam! 13 Entonces
descendió el remanente de los poderosos, y el pueblo de Jehovah vino a mí con los
valientes. 14 “ De Efraín vinieron algunos cuyas raíces estaban en Amalec; detrás
viniste tú, oh Benjamín, con tu pueblo; de Maquir descendieron los jefes; de Zabulón
vinieron los que llevan la vara de mando. 15 Los jefes de Isacar fueron con Débora.
Así como Barac, también fue Isacar. Fue traído tras él en el valle. “En las divisiones
de Rubén hubo grandes deliberaciones del corazón. 16 ¿Por qué te quedaste entre
los rediles para escuchar los balidos de los rebaños? ¡En las divisiones de Rubén
hubo grandes deliberaciones del corazón! 17 “ Galaad se quedó al otro lado del
Jordán. Y Dan, ¿por qué se quedó junto a los navíos? También Aser se mantuvo en
la costa del mar, y se quedó habitando en sus bahías. 18 “Zabulón es el pueblo que
expuso su vida hasta la muerte; Neftalí también, en las alturas del campo.
19 “Vinieron los reyes y combatieron; entonces combatieron los reyes de Canaán en
Taanac, junto a las aguas de Meguido, ¡pero no se llevaron botín de plata!
20 “ Desde los cielos combatieron las estrellas; desde sus órbitas combatieron contra
Sísara. 21 El torrente de Quisón los arrastró, el antiguo torrente, el torrente de
Quisón. ¡Marcha, oh alma mía, con poder! 22 Entonces resonaron los cascos de los
caballos, por el continuo galope de sus corceles. 23 “ ‘¡Maldecid a Meroz!’, dijo el
ángel de Jehovah. ‘Maldecid severamente a sus moradores, porque no vinieron en
ayuda de Jehovah, en ayuda de Jehovah con los valientes.’
24 “ ¡Bendita entre las mujeres sea Jael, mujer de Heber el queneo. Sea bendita
entre las mujeres que habitan en tiendas. 25 El pidió agua, y ella le dio leche; en taza
de nobles le sirvió nata. 26 Con su mano tomó la estaca, y con su derecha el mazo de
obrero. Golpeó a Sísara, machacó su cabeza, perforó y atravesó su sien. 27 A los
pies de ella se encorvó y cayó; quedó tendido. A los pies de ella se encorvó y cayó.
Donde se encorvó, allí cayó extenuado. 28 “La madre de Sísara se asoma a la
ventana, y mirando por la celosía, dice a gritos: ‘¿Por qué tarda su carro en venir?
¿Por qué se detienen las ruedas de sus carros?’ 29 Las más sabias de sus damas le
responden, y ella se repite a sí misma las palabras: 30 ‘¿No habrán capturado botín?
¿No lo estarán repartiendo? Para cada hombre una joven, o dos; un botín de ropas
de colores para Sísara; un botín de bordados de colores, bordados por ambos
lados, para mi cuello... ¡Qué botín!’ 31 “ ¡Perezcan así todos tus enemigos, oh
Jehovah! Pero los que te aman sean como el sol cuando se levanta en su poderío.”
Y la tierra reposó durante cuarenta años.
Capítulo 6
1 Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehovah. Entonces
Jehovah los entregó en mano de Madián durante siete años, 2 y la mano de Madián
prevaleció contra Israel. Por causa de los madianitas los hijos de Israel se hicieron
escondrijos en las montañas, y cuevas y lugares fortificados. 3 Porque sucedía que
cuando Israel sembraba, subían contra él los madianitas, los amalequitas y los hijos
del oriente. 4 Y acampando contra ellos, arruinaban las cosechas de la tierra hasta
cerca de Gaza. No dejaban qué comer en Israel: ni ovejas, ni toros, ni asnos;
5 porque venían con sus ganados y con sus tiendas, siendo como langostas por su
multitud. Ellos y sus camellos eran innumerables; así venían a la tierra para
devastarla. 6 Israel era empobrecido en gran manera por causa de los madianitas. Y
los hijos de Israel clamaron a Jehovah.
7 Y sucedió que cuando los hijos de Israel clamaron a Jehovah a causa de los
madianitas, 8 Jehovah envió a los hijos de Israel un profeta, que les dijo: — Así ha
dicho Jehovah Dios de Israel: “Yo os hice subir de Egipto y os saqué de la casa de
esclavitud. 9 Os libré de mano de los egipcios y de mano de todos los que os
oprimían, a los cuales eché de delante de vosotros y os di su tierra. 10 Y os dije: ‘Yo
soy Jehovah vuestro Dios; no veneréis a los dioses de los amorreos en cuya tierra
habitáis.’ Pero no habéis obedecido mi voz.”
11 Entonces el ángel de Jehovah fue y se sentó debajo de la encina que está en
Ofra, que pertenecía a Joás el abiezerita. Su hijo Gedeón estaba desgranando el
trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. 12 Y se le apareció el ángel de
Jehovah, y le dijo: — ¡Jehovah está contigo, oh valiente guerrero! 13 Y Gedeón le
respondió: — ¡Oh, señor mío! Si Jehovah está con nosotros, ¿por qué nos ha
sobrevenido todo esto? ¿Dónde están todas sus maravillas que nuestros padres nos
han contado diciendo: “¿No nos sacó Jehovah de Egipto?” Ahora Jehovah nos ha
desamparado y nos ha entregado en mano de los madianitas. 14 Jehovah le miró y le
dijo: — Vé con esta tu fuerza y libra a Israel de mano de los madianitas. ¿No te
envío yo? 15 Entonces le respondió: — ¡Oh, Señor mío! ¿Con qué podré yo librar a
Israel? He aquí que mi familia es la más insignificante de Manasés, y yo soy el más
pequeño en la casa de mi padre. 16 Pero Jehovah le dijo: — Ciertamente yo estaré
contigo, y tú derrotarás a los madianitas como a un solo hombre. 17 Y él le
respondió: — Si he hallado gracia ante tus ojos, dame, por favor, una señal de que
eres tú el que hablas conmigo. 18 Te ruego que no te vayas de aquí, hasta que
yo vuelva a ti y traiga mi presente y lo ponga delante de ti. El respondió: — Yo me
quedaré hasta que vuelvas. 19 Gedeón entró, y preparó un cabrito y panes sin
levadura de un efa de harina. Puso la carne en una canasta y puso el caldo en una
olla; luego se los trajo y se los presentó debajo de la encina. 20 Y el ángel de Dios le
dijo: — Toma la carne y los panes sin levadura; ponlos sobre esta peña y vierte el
caldo. El lo hizo así. 21 Entonces el ángel de Jehovah extendió el cayado que tenía en
la mano, y con la punta tocó la carne y los panes sin levadura, y subió fuego de la
peña, que consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehovah
desapareció de su vista. 22 Dándose cuenta Gedeón de que era el ángel de Jehovah,
exclamó: — ¡Ay, Señor Jehovah! ¡Pues he visto cara a cara al ángel de Jehovah!
23 Jehovah le dijo: — La paz sea contigo. No temas; no morirás. 24 Entonces
Gedeón edificó allí un altar a Jehovah, y lo llamó Jehovah-shalom. Este permanece
hasta el día de hoy en Ofra de los abiezeritas.
25 Aconteció aquella misma noche que Jehovah le dijo: — Toma un toro del
hato que pertenece a tu padre, y un segundo toro de siete años. Luego derriba el
altar de Baal que tiene tu padre, y corta el árbol ritual de Asera que está junto a él.
26 Edifica ordenadamente un altar a Jehovah tu Dios en la cumbre de este peñasco.
Luego toma el segundo toro y sacrifícalo en holocausto sobre la leña del árbol ritual
de Asera que habrás cortado. 27 Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus
siervos e hizo como Jehovah le había dicho. Pero sucedió que temiendo hacerlo de
día, por causa de la casa de su padre y de los hombres de la ciudad, lo hizo de
noche. 28 Cuando por la mañana se levantaron los hombres de la ciudad, he aquí que
el altar de Baal había sido derribado, el árbol ritual de Asera que estaba junto a él
había sido cortado, y el segundo toro había sido ofrecido en holocausto sobre el
altar edificado. 29 Entonces se preguntaban unos a otros: — ¿Quién ha hecho esto?
Cuando indagaron y buscaron, dijeron: — Gedeón hijo de Joás ha hecho esto.
Entonces los hombres de la ciudad dijeron a Joás: 30 — Saca fuera a tu hijo, para
que muera; porque ha derribado el altar de Baal y ha cortado el árbol ritual de
Asera que estaba junto a él. 31 Joás respondió a todos los que estaban frente a él: —
¿Contenderéis vosotros por Baal? ¿Vosotros lo defenderéis? ¡El que contienda por
Baal, que muera antes de mañana! Si es un dios, que contienda por sí mismo,
porque alguien ha derribado su altar. 32 Aquel día Gedeón fue llamado Jerobaal, que
quiere decir: “Que Baal contienda con él”, por cuanto derribó su altar.
33 Todos los madianitas, los amalequitas y los hijos del oriente se reunieron, y
cruzando el río acamparon en el valle de Jezreel. 34 Entonces
Gedeón fue investido por el Espíritu de Jehovah. El tocó la corneta, y los de Abiezer
acudieron para ir tras él. 35 Envió mensajeros por todo Manasés, y los de Manasés
también acudieron para ir tras él. Asimismo, envió mensajeros a Aser, a Zabulón y a
Neftalí, los cuales subieron a su encuentro. 36 Pero Gedeón dijo a Dios: — Si has de
librar a Israel por mi mano, como has dicho, 37 he aquí que yo pondré un vellón de
lana en la era. Si el rocío está sólo en el vellón y toda la tierra queda seca, entonces
sabré que librarás a Israel por mi mano, como has dicho. 38 Y aconteció así. Cuando
se levantó muy de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el rocío, una taza llena de
agua. 39 Pero Gedeón dijo a Dios: — No se encienda tu ira contra mí; permite que
hable una vez más. Sólo probaré una vez más con el vellón: Por favor, que sólo el
vellón quede seco y que el rocío esté sobre todo el suelo. 40 Y Dios lo hizo así
aquella noche. Sucedió que sólo el vellón quedó seco y que el rocío estuvo sobre
todo el suelo.
Capítulo 7
1 Jerobaal (es decir, Gedeón) se levantó muy de mañana con todo el pueblo que
estaba con él, y acamparon junto al manantial de Harod. El campamento de los
madianitas estaba al norte del suyo, cerca de la colina de Moré, en el valle. 2 Y
Jehovah dijo a Gedeón: — El pueblo que está contigo es demasiado numeroso para
que yo entregue a los madianitas en su mano. No sea que Israel se jacte contra mí
diciendo: “Mi propia mano me ha librado.” 3 Ahora pues, pregona a oídos del
pueblo, y di: “¡Quien tema y tiemble, que se vuelva!” Entonces Gedeón los probó, y
se volvieron 22.000 de ellos, y se quedaron 10.000. 4 Pero Jehovah dijo a Gedeón:
— El pueblo aún es demasiado numeroso. Hazlos descender a las aguas y allí te los
probaré. Del que yo te diga: “Este irá contigo”, ése irá contigo; pero de cualquiera
que yo te diga: “Este no irá contigo”, el tal no irá. 5 Entonces hizo descender el
pueblo a las aguas, y Jehovah dijo a Gedeón: — A todo el que lama el agua con su
lengua, como lame el perro, lo pondrás aparte. Asimismo, a cualquiera que se doble
sobre sus rodillas para beber. 6 El número de los hombres que lamieron el agua,
llevándola a su boca con la mano, fue de 300. Todo el resto del pueblo se dobló
sobre sus rodillas para beber agua. 7 Entonces Jehovah dijo a Gedeón: — Con los
300 hombres que lamieron el agua os libraré y entregaré a los madianitas en tu
mano. El resto del pueblo, que se vaya cada uno a su lugar. 8 Tomaron en sus manos
las provisiones del pueblo y las cornetas. Y él despidió a todos aquellos hombres de
Israel, cada uno a su morada; pero retuvo a los 300 hombres. El campamento de
Madián estaba abajo, en el valle.
9 Aconteció que aquella noche Jehovah le dijo: — Levántate y desciende contra el
campamento, porque yo lo he entregado en tu mano. 10 Y si tienes miedo de descender,
desciende al campamento tú con tu criado Fura, 11 y oirás lo que conversan. Luego tus
manos se fortalecerán, y descenderás contra el campamento. Entonces descendió él
con su criado Fura hasta uno de los puestos avanzados de la gente armada del
campamento. 12 Los madianitas, los amalequitas y todos los hijos del oriente se
extendían por el valle, numerosos como langostas. Sus camellos eran incontables,
numerosos como la arena que está a la orilla del mar. 13 Y cuando llegó Gedeón, he
aquí que un hombre estaba contando un sueño a su compañero y decía: — He aquí, he
tenido un sueño. Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián.
Llegó hasta la tienda, y la golpeó de tal manera que cayó. Le dio la vuelta de arriba
abajo, y la tienda cayó. 14 Su compañero respondió y dijo: — ¡Esto no es otra cosa que
la espada de Gedeón hijo de Joás, hombre de Israel! ¡Dios ha entregado en su mano a
los madianitas con todo el campamento! 15 Y aconteció que cuando Gedeón oyó el
relato del sueño y su interpretación, adoró. Después volvió al campamento de Israel y
dijo: — ¡Levantaos, porque Jehovah ha entregado el campamento de Madián en
vuestra mano!
16 Gedeón dividió los 300 hombres en tres escuadrones, puso en la mano de todos
ellos cornetas y cántaros vacíos con teas encendidas dentro de los cántaros, 17 y les
dijo: — Miradme a mí y haced lo que yo haga. Y he aquí que cuando yo llegue a las
afueras del campamento, lo que yo haga, hacedlo también vosotros. 18 Cuando yo
toque la corneta con todos los que están conmigo, vosotros que estaréis alrededor de
todo el campamento también tocaréis las cornetas y gritaréis: “¡Por Jehovah y por
Gedeón!” 19 Llegaron, pues, Gedeón y los 100 hombres que llevaba consigo a las
afueras del campamento, al comienzo de la vigilia intermedia, cuando acababan de
relevar los guardias. Entonces tocaron las cornetas y quebraron los cántaros que
llevaban en sus manos. 20 Los tres escuadrones tocaron las cornetas, y quebrando los
cántaros tomaron las teas con su mano izquierda mientras que con la derecha tocaban
las cornetas y gritaban: — ¡La espada por Jehovah y por Gedeón! 21 Cada uno
permaneció en su lugar alrededor del campamento. Pero todo el ejército echó a correr
gritando y huyendo. 22 Mientras los 300 hombres tocaban las cornetas, Jehovah puso la
espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento. El ejército huyó
hasta Bet-sita, hacia Zereda, y hasta el límite de Abel-mejola junto a Tabat.
23 Y una vez convocados, los israelitas de Neftalí, de Aser y de todo Manasés
persiguieron a los madianitas. 24 Entonces Gedeón envió mensajeros por toda la
región montañosa de Efraín, diciendo: “Descended al encuentro de los madianitas y
tomad antes que ellos los vados hasta Bet-bara y el Jordán.” Y convocados todos
los hombres de Efraín, tomaron los vados hasta Bet-bara y el Jordán. 25 Entonces
capturaron a dos jefes de los madianitas: a Oreb y a Zeeb. Mataron a Oreb en la peña
de Oreb, y a Zeeb lo mataron en el lagar de Zeeb. Siguieron persiguiendo a los
madianitas y trajeron a Gedeón las cabezas de Oreb y de Zeeb, al otro lado del Jordán.
Capítulo 8
1 Entonces los hombres de Efraín dijeron a Gedeón: — ¿Qué es esto que has
hecho con nosotros, de no llamarnos cuando ibas a combatir contra Madián?
Discutieron fuertemente con él. 2 Y les respondió: — ¿Qué he hecho yo ahora,
comparado con vosotros? ¿No ha sido mejor el rebusco de Efraín que la vendimia
de Abiezer? 3 Dios ha entregado en vuestra mano a Oreb y a Zeeb, jefes de
Madián. ¿Qué pude yo hacer comparado con vosotros? Después que él dijo estas
palabras, se aplacó el enojo de ellos contra él.
4 Gedeón llegó para cruzar el Jordán, él y los 300 hombres que traía consigo,
cansados, pero todavía persiguiendo. 5 Y dijo a los hombres de Sucot: — Dad, por
favor, tortas de pan a la gente que me acompaña, porque ellos están cansados. Yo
estoy persiguiendo a Zébaj y a Zalmuna, reyes de Madián. 6 Los jefes de Sucot le
respondieron: — ¿Están ya las manos de Zébaj y de Zalmuna en tu mano, para que
demos pan a tu ejército? 7 Y Gedeón les dijo: — Pues bien, cuando Jehovah haya
entregado en mi mano a Zébaj y a Zalmuna, azotaré vuestra carne con espinas y
cardos del desierto. 8 De allí subió a Peniel y les dijo las mismas palabras. Pero los
de Peniel le respondieron como le habían respondido los de Sucot. 9 Y él habló
también a los de Peniel, diciendo: — Cuando yo regrese en paz, derribaré esta
torre. 10 Zébaj y Zalmuna estaban en Carcor, y con ellos su ejército de unos 15.000
hombres, todos los que habían quedado de todo el campamento de los hijos del
oriente, porque los caídos habían sido 120.000 hombres que sacaban espada.
11 Entonces Gedeón subió por la ruta de los que habitan en tiendas, al este de Nóbaj
y Jogbea, y atacó el campamento cuando éste no estaba en guardia. 12 Zébaj y
Zalmuna huyeron, pero él los persiguió. Luego capturó a Zébaj y a Zalmuna, los dos
reyes de Madián, y causó pánico en todo el campamento. 13 Entonces Gedeón hijo
de Joás volvió de la batalla por la cuesta de Heres. 14 Y capturó a un joven de los
hombres de Sucot y le interrogó. El le dio por escrito los nombres de los jefes de
Sucot y de sus ancianos: setenta y siete hombres. 15 Luego fue a los hombres
de Sucot y dijo: — Aquí están Zébaj y Zalmuna, acerca de los cuales me
afrentasteis diciendo: “¿Están ya las manos de Zébaj y de Zalmuna en tu mano, para
que demos pan a tus hombres cansados?” 16 Entonces tomó a los ancianos de la
ciudad, y azotó con espinas y cardos del desierto a los hombres de Sucot.
17 Asimismo, derribó la torre de Peniel y mató a los hombres de la ciudad.
18 Luego preguntó a Zébaj y a Zalmuna: — ¿Qué aspecto tenían aquellos
hombres que matasteis en Tabor? Ellos respondieron: — Como tú, así eran ellos;
cada uno parecía ser hijo de rey. 19 El dijo: — ¡Eran mis hermanos, hijos de mi
madre! ¡Vive Jehovah, que si les hubierais perdonado la vida, yo no os mataría!
20 Entonces dijo a Jeter, su primogénito: — ¡Levántate y mátalos! Pero el joven no
desenvainó su espada, porque tenía temor, pues todavía era un muchacho.
21 Entonces Zébaj y Zalmuna dijeron: — Levántate tú y mátanos; porque como es el
hombre, así es su valentía. Entonces se levantó Gedeón y mató a Zébaj y a Zalmuna,
y tomó las lunetas que sus camellos traían al cuello.
22 Los israelitas dijeron a Gedeón: — Gobiérnanos tanto tú como tu hijo y tu
nieto, pues nos has librado de mano de Madián. 23 Pero Gedeón les respondió: —
Yo no os gobernaré a vosotros, ni tampoco os gobernará mi hijo. Jehovah os
gobernará. 24 — Y Gedeón añadió — : Quiero haceros una petición: que cada uno
me dé un arete de oro de su botín. Los madianitas llevaban aretes de oro, porque
eran ismaelitas. 25 Y ellos respondieron: — De buena gana te los daremos.
Tendieron un manto, y cada uno echó allí un arete de su botín. 26 El peso de los
aretes de oro que él pidió fue de 1.700 siclos de oro, sin contar las lunetas, los
pendientes y las vestiduras de púrpura que llevaban los reyes de Madián, ni los
collares que sus camellos traían al cuello. 27 Con ellos Gedeón hizo un efod, que
expuso en Ofra, su ciudad. Y todo Israel se prostituyó tras ese efod en aquel lugar,
y sirvió de tropiezo a Gedeón y a su familia. 28 Así fue sometido Madián ante los
hijos de Israel, y nunca más volvió a levantar cabeza. Y la tierra reposó durante
cuarenta años en los días de Gedeón.
29 Jerobaal hijo de Joás fue y habitó en su casa. 30 Gedeón tenía setenta hijos
que fueron sus descendientes directos, porque tuvo muchas mujeres. 31 También su
concubina que estaba en Siquem le dio a luz un hijo, y él le puso por nombre
Abimelec. 32 Gedeón hijo de Joás murió en buena vejez, y fue sepultado en el
sepulcro de su padre Joás, en Ofra de los abiezeritas. 33 Aconteció que cuando
murió Gedeón, los hijos de Israel volvieron a prostituirse tras los Baales, y
adoptaron por dios a Baal-berit. 34 Los hijos de Israel no se acordaron de
Jehovah su Dios que los había librado de mano de todos sus enemigos de alrededor,
35 ni correspondieron con bondad a la casa de Jerobaal, es decir, Gedeón, por todo
el bien que él había hecho a Israel.
Capítulo 9
1 Abimelec hijo de Jerobaal fue a Siquem, a los hermanos de su madre, y habló
con ellos y con toda la familia de la casa paterna de su madre, diciendo: 2 —
Hablad, por favor, a oídos de todos los señores de Siquem: “¿Qué es mejor para
vosotros: que todos los setenta hijos de Jerobaal os gobiernen, o que un solo
hombre os gobierne? Acordaos de que yo soy hueso vuestro y carne vuestra.” 3 Los
hermanos de su madre dijeron todas estas cosas a favor de él a oídos de todos los
señores de Siquem. Y el corazón de ellos se inclinó a favor de Abimelec, porque
decían: “Es nuestro hermano.” 4 Le dieron 70 piezas de plata del templo de Baalberit,
con las cuales Abimelec contrató a sueldo a hombres ociosos y temerarios,
que le siguieron. 5 El fue a la casa de su padre en Ofra y mató a sus hermanos, los
hijos de Jerobaal, setenta hombres, sobre una misma piedra. Pero quedó Jotam, el
hijo menor de Jerobaal, porque se escondió. 6 Entonces se reunieron todos los
señores de Siquem con todos los de Bet-milo. Y fueron y proclamaron a Abimelec
como rey, junto a la encina que está al lado de la piedra ritual en Siquem.
7 Cuando se lo dijeron a Jotam, él fue y se puso en la cumbre del monte Gerizim.
Y alzando su voz gritó diciéndoles: — ¡Escuchadme, oh señores de Siquem, y que
Dios os escuche a vosotros! 8 Los árboles iban a elegir un rey sobre ellos y dijeron
al olivo: “¡Reina sobre nosotros!” 9 Pero el olivo les respondió: “¿He de renunciar a
mi aceite con el cual son honrados Dios y los hombres, para ir a mecerme por
encima de los árboles?” 10 Luego dijeron los árboles a la higuera: “¡Ven tú, y reina
sobre nosotros!” 11 Pero la higuera les respondió: “¿He de renunciar a mi dulzura y a
mi buen fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles?” 12 Luego dijeron los
árboles a la vid: “¡Ven tú, y reina sobre nosotros!” 13 Pero la vid les respondió: “¿He
de renunciar a mi vino nuevo que alegra a Dios y a los hombres, para ir a mecerme
por encima de los árboles?” 14 Entonces todos los árboles dijeron a la zarza: “¡Ven
tú, y reina sobre nosotros!” 15 Pero la zarza respondió a los árboles: “Si en verdad
me ungís como rey sobre vosotros, venid y refugiaos a mi sombra. Y si no, ¡salga
fuego de la zarza y devore los cedros del Líbano!” 16 Ahora pues, si habéis
procedido de buena fe y con integridad al proclamar como rey a Abimelec; si
habéis actuado bien con Jerobaal y con su casa; si le habéis recompensado
conforme a la obra de sus manos 17 (pues mi padre luchó por vosotros arriesgando
su vida para libraros de mano de Madián, 18 pero vosotros os habéis levantado hoy
contra la casa de mi padre, habéis matado a sus hijos, a setenta hombres sobre una
misma piedra, y habéis puesto por rey sobre los señores de Siquem a Abimelec, el
hijo de su criada, porque él es vuestro hermano); 19 si pues de buena fe y con
integridad habéis procedido hoy con Jerobaal y con su casa, entonces gozad de
Abimelec, y que él también goce de vosotros. 20 Y si no, ¡que salga fuego de
Abimelec, y consuma a los señores de Siquem y a Bet-milo! ¡Y que salga fuego de
los señores de Siquem y de Bet-milo, y consuma a Abimelec! 21 Jotam huyó, se fugó
y se fue a Beer, donde vivió, por causa de su hermano Abimelec.
22 Después que Abimelec había gobernado a Israel tres años, 23 Dios envió un
mal espíritu entre Abimelec y los señores de Siquem. Y los señores de Siquem
traicionaron a Abimelec, 24 de modo que el crimen cometido contra los setenta hijos
de Jerobaal, es decir, su sangre, recayera sobre su hermano Abimelec que los mató,
y sobre los señores de Siquem que fortalecieron sus manos para que él matase a sus
hermanos. 25 Los señores de Siquem pusieron contra él, en las cumbres de los
montes, hombres al acecho, los cuales despojaban a todos los que pasaban junto a
ellos por el camino. Y le fue dado informe de ello a Abimelec. 26 También Gaal hijo
de Ebed fue con sus hermanos, y se pasaron a Siquem; y los señores de Siquem
pusieron su confianza en él. 27 Y salieron al campo, vendimiaron sus viñas, pisaron la
uva e hicieron una fiesta. Luego entraron en el templo de sus dioses, comieron y
bebieron, y maldijeron a Abimelec. 28 Gaal hijo de Ebed dijo: — ¿Quién es
Abimelec, y qué es Siquem para que nosotros le sirvamos? ¿No deberían el hijo de
Jerobaal y Zebul, su oficial, servir a los hombres de Hamor, padre de Siquem? ¿Por
qué, pues, hemos de servirle nosotros a él? 29 ¡Quién pusiera este pueblo bajo mi
mano! ¡Yo echaría a Abimelec! Le diría a Abimelec: “¡Aumenta tu ejército y sal!”
30 Cuando Zebul, alcalde de la ciudad, oyó las palabras de Gaal hijo de Ebed, se
encendió en ira 31 y envió astutamente mensajeros a Abimelec para decirle: “He aquí
que Gaal hijo de Ebed y sus hermanos han venido a Siquem, y están sublevando la
ciudad contra ti. 32 Por tanto, vete de noche, tú y la gente que está contigo, y pon
emboscadas en el campo. 33 Por la mañana, al salir el sol, levántate y ataca la
ciudad. Y he aquí que cuando él y la gente que está con él salgan contra ti, tú harás
con él según se te ofrezca.” 34 Abimelec y toda la gente que estaba con él se
levantaron de noche y pusieron una emboscada contra Siquem con cuatro
escuadrones. 35 Gaal hijo de Ebed salió y se detuvo a la entrada de la puerta de
la ciudad. Entonces Abimelec y toda la gente que estaba con él salieron de la
emboscada. 36 Al ver Gaal a la gente, dijo a Zebul: — ¡He allí gente que desciende
de las cumbres de las montañas! Y Zebul le respondió: — Tú ves la sombra de las
montañas, como si fueran hombres. 37 Pero Gaal volvió a hablar diciendo: — He allí
gente que desciende por Tabur-haárets y un escuadrón que viene por el camino de
la encina de los Adivinos. 38 Entonces Zebul le respondió: — ¿Dónde está, pues,
aquel hablar tuyo, cuando decías: “¿Quién es Abimelec, para que le sirvamos?” ¿No
es ésa la gente que tenías en poco? ¡Sal, pues, ahora y lucha contra él! 39 Gaal salió
al frente de los señores de Siquem y luchó contra Abimelec. 40 Pero Abimelec le
persiguió, y Gaal huyó de delante de él. Y muchos cayeron muertos, hasta la entrada
de la puerta. 41 Entonces Abimelec se quedó en Aruma, y Zebul echó fuera a Gaal y
a sus hermanos, para que no habitasen en Siquem. 42 Aconteció que al día siguiente
el pueblo salió al campo, y le informaron a Abimelec. 43 El tomó a la gente, la
repartió en tres escuadrones y puso emboscadas en el campo. Cuando vio que la
gente salía de la ciudad, se levantó contra ellos y los atacó. 44 Abimelec y el
escuadrón que iba con él acometieron con ímpetu y tomaron posiciones a la entrada
de la puerta de la ciudad. Los otros dos escuadrones acometieron contra todos los
que estaban en el campo y los mataron. 45 Abimelec combatió contra la ciudad todo
aquel día, tomó la ciudad y mató a la gente que estaba en ella. También demolió la
ciudad y la sembró de sal. 46 Cuando oyeron esto todos los señores que estaban en
la torre de Siquem, entraron en la fortaleza del templo del dios Berit. 47 E informaron
a Abimelec que todos los señores de la torre de Siquem estaban reunidos.
48 Entonces subió Abimelec al monte Salmón, él con toda la gente que estaba con él.
Abimelec tomó en su mano un hacha y cortó una rama de los árboles; la levantó, la
puso sobre su hombro y dijo a la gente que estaba con él: — ¡Lo que me habéis
visto hacer, hacedlo rápidamente vosotros de la misma manera! 49 Así que toda la
gente cortó también cada uno su rama, y siguieron a Abimelec. Las pusieron junto a
la fortaleza y con ellas prendieron fuego a la fortaleza, de modo que también
murieron todos los que estaban en la torre de Siquem, como unos mil hombres y
mujeres.
50 Después Abimelec fue a Tebes. Luego acampó contra Tebes y la tomó. 51 En
medio de aquella ciudad había una torre fortificada en la cual se refugiaron todos los
hombres y las mujeres, con todos los señores de la ciudad. Cerraron tras sí las
puertas, y subieron a la azotea de la torre. 52 Abimelec fue a la torre, la atacó y se
acercó a la puerta de la torre para prenderle fuego. 53 Pero una mujer dejó caer una
piedra de molino sobre la cabeza de Abimelec y le destrozó el cráneo. 54 Entonces
él llamó apresuradamente al joven, su escudero, y le dijo: — Saca tu espada y
mátame, para que no se diga de mí: “Una mujer lo mató.” Su escudero lo atravesó, y
él murió. 55 Y cuando los hombres de Israel vieron que Abimelec había muerto, se
fue cada uno a su lugar. 56 Así Dios devolvió a Abimelec el mal que él había hecho
contra su padre, cuando mató a sus setenta hermanos. 57 Dios hizo que toda la
maldad de los hombres de Siquem volviera sobre sus cabezas. Y cayó sobre ellos la
maldición de Jotam hijo de Jerobaal.
Capítulo 10
1 Después de Abimelec se levantó, para librar a Israel, Tola hijo de Fúa, hijo de
Dodo, hombre de Isacar. Habitaba en Samir, en la región montañosa de Efraín. 2 Y
juzgó a Israel durante veintitrés años. Entonces murió y fue sepultado en Samir.
3 Después de él se levantó Jaír el galadita, quien juzgó a Israel durante veintidós
años. 4 Este tuvo treinta hijos que montaban sobre treinta asnos, y tenían treinta
villas, que se llaman Havot-jaír, hasta el día de hoy, las cuales están en la tierra de
Galaad. 5 Entonces Jaír murió y fue sepultado en Camón.
6 Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehovah y
sirvieron a los Baales, a las Astartes, a los dioses de Siria, a los dioses de Sidón, a
los dioses de Moab, a los dioses de los hijos de Amón y a los dioses de los filisteos.
Abandonaron a Jehovah y no le sirvieron. 7 La ira de Jehovah se encendió contra
Israel, y él los entregó en mano de los filisteos y en mano de los hijos de Amón. 8 Y
en aquel tiempo, éstos castigaron y oprimieron durante dieciocho años a los hijos de
Israel, a todos los hijos de Israel que estaban al otro lado del Jordán, en la tierra de
los amorreos que está en Galaad. 9 Luego los hijos de Amón cruzaron el Jordán
para hacer también la guerra contra Judá, contra Benjamín y contra la casa de
Efraín; e Israel fue afligido en gran manera.
10 Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehovah diciendo: — Hemos pecado
contra ti, porque hemos abandonado a nuestro Dios y hemos servido a los Baales.
11 Y Jehovah respondió a los hijos de Israel: — Cuando erais oprimidos por Egipto,
por los amorreos, por los amonitas, por los filisteos, 12 por los de Sidón, por los de
Amalec y por los de Maón, y clamasteis a mí, ¿no os libré yo de su mano? 13 Pero
vosotros me habéis abandonado y habéis servido a otros dioses. Por eso, no os
libraré más. 14 ¡Id y clamad a los dioses que os habéis elegido! Que ellos os
libren en el tiempo de vuestra aflicción. 15 Y los hijos de Israel respondieron a
Jehovah: — Hemos pecado. Haz tú con nosotros todo lo que te parezca bien. Pero,
por favor, líbranos en este día. 16 Entonces quitaron de en medio de ellos los dioses
extraños y sirvieron a Jehovah. Y él no pudo soportar más la aflicción de Israel.
17 Entonces los hijos de Amón fueron convocados y acamparon en Galaad.
Asimismo, se reunieron los hijos de Israel y acamparon en Mizpa. 18 Y los jefes del
pueblo de Galaad se dijeron unos a otros: — Cualquiera que sea el hombre que
comience a combatir contra los hijos de Amón, él será el caudillo de todos los
habitantes de Galaad.
Capítulo 11
1 Jefté el galadita era un guerrero valiente. El era hijo de una mujer prostituta, y
el padre de Jefté era Galaad. 2 Pero la mujer de Galaad también le había dado hijos,
los cuales, cuando crecieron, echaron a Jefté y le dijeron: “Tú no heredarás en la
casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer.” 3 Entonces Jefté huyó de sus
hermanos y habitó en la tierra de Tob. Y se juntaron con Jefté hombres ociosos que
salían con él.
4 Aconteció después de un tiempo que los hijos de Amón hicieron la guerra
contra Israel. 5 Y cuando los hijos de Amón hicieron la guerra contra Israel, los
ancianos de Galaad fueron para traer a Jefté de la tierra de Tob. 6 Y dijeron a Jefté:
— Ven, y serás nuestro jefe, para que combatamos contra los hijos de Amón.
7 Pero Jefté respondió a los ancianos de Galaad: — ¿No sois vosotros los que me
odiasteis y me echasteis de la casa de mi padre? ¿Por qué, pues, venís a mí ahora,
cuando estáis en aflicción? 8 Los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: — Por
esta misma razón volvemos ahora a ti, para que vengas con nosotros, y combatas
contra los hijos de Amón y seas nuestro caudillo, el de todos los habitantes de
Galaad. 9 Entonces Jefté dijo a los ancianos de Galaad: — Si me hacéis volver para
que combata contra los hijos de Amón, y Jehovah los entrega en mi mano, yo seré
vuestro caudillo. 10 Y los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: — Jehovah sea
testigo entre nosotros, si no hacemos como tú dices. 11 Entonces Jefté fue con los
ancianos de Galaad, y el pueblo lo puso como su caudillo y jefe. Jefté repitió todas
sus palabras delante de Jehovah en Mizpa.
12 Jefté envió mensajeros al rey de los hijos de Amón, diciendo: “¿Qué hay entre
tú y yo, para que vengas a hacerme la guerra en mi tierra?” 13 Y el rey de los hijos
de Amón respondió a los mensajeros de Jefté: “Que Israel tomó mi tierra cuando
subía de Egipto, desde el Arnón hasta el Jaboc y el Jordán. Por eso, devuélvela
ahora en paz.” 14 Jefté volvió a enviar mensajeros al rey de los hijos de Amón. 15 Y
le dijeron: “Así ha dicho Jefté: Israel no tomó la tierra de Moab ni la tierra de los
hijos de Amón. 16 Porque cuando subieron de Egipto, Israel fue por el desierto hasta
el mar Rojo y llegó a Cades. 17 Entonces Israel envió mensajeros al rey de Edom,
diciendo: ‘Por favor, déjame pasar por tu tierra.’ Pero el rey de Edom no les
escuchó. Envió también al rey de Moab, y él tampoco quiso. Por eso Israel se
quedó en Cades. 18 Después, yendo por el desierto, rodeó la tierra de Edom y la
tierra de Moab, y viniendo por el lado oriental de la tierra de Moab, acampó al otro
lado del Arnón, sin entrar en el territorio de Moab, porque el Arnón era la frontera
de Moab. 19 Entonces Israel envió mensajeros a Sejón rey de los amorreos, rey de
Hesbón, y le dijo Israel: ‘Por favor, déjame pasar por tu tierra hasta mi lugar.’
20 Pero Sejón no se fio de Israel para darle paso por su territorio; sino que, reuniendo
Sejón a toda su gente, acampó en Jahaz y combatió contra Israel. 21 Pero Jehovah
Dios de Israel entregó a Sejón y a toda su gente en mano de Israel, que los derrotó. E
Israel tomó posesión de toda la tierra de los amorreos que habitaban en aquella región.
22 Y ellos tomaron posesión de todo el territorio de los amorreos desde el Arnón hasta
el Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán. 23 Ahora pues, lo que Jehovah Dios de
Israel quitó de los amorreos delante de su pueblo Israel, ¿vas a poseerlo tú? 24 ¿No
poseerás tú lo que Quemós, tu dios, te haga poseer? Nosotros, pues, poseeremos todo
lo que Jehovah nuestro Dios les quitó delante de nosotros. 25 Y ahora, ¿eres tú acaso
en algún sentido mejor que Balac hijo de Zipor, rey de Moab? ¿Tuvo él pleito con
Israel, o hizo la guerra contra él? 26 Israel ha estado habitando 300 años en Hesbón y
sus aldeas, en Aroer y sus aldeas y en todas las ciudades que están junto al Arnón.
¿Por qué no las has recuperado en este tiempo? 27 Así que yo no he pecado contra ti,
pero tú te comportas mal conmigo, haciéndome la guerra. Que Jehovah, el Juez, juzgue
hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón.” 28 Sin embargo, el rey de los hijos de
Amón no hizo caso del mensaje que Jefté le envió.
29 Entonces el Espíritu de Jehovah vino sobre Jefté, quien pasó por Galaad y
Manasés, y de allí pasó a Mizpa en Galaad, y de Mizpa en Galaad fue hacia los
hijos de Amón. 30 Y Jefté hizo un voto a Jehovah diciendo: “Si de veras entregas en
mi mano a los hijos de Amón, 31 cualquiera que salga de las puertas de mi casa a mi
encuentro, cuando yo vuelva en paz de los hijos de Amón, será de Jehovah; y lo
ofreceré en holocausto.” 32 Jefté fue hacia los hijos de Amón para combatir contra
ellos, y Jehovah los entregó en su mano. 33 El los venció con una gran derrota desde
Aroer hasta la entrada de Minit, veinte ciudades; y hasta Abel-queramim. Así fueron
sometidos los hijos de Amón por los hijos de Israel.
34 Entonces Jefté llegó a su casa en Mizpa. Y he aquí que su hija salió a su encuentro
con panderos y danzas. Ella era su única hija; aparte de ella no tenía hijo ni hija. 35 Y
sucedió que cuando él la vio, rasgó sus ropas y dijo: — ¡Ay, hija mía! ¡De veras me
has abatido y estás entre los que me afligen! Porque he abierto mi boca ante
Jehovah y no podré retractarme. 36 Entonces ella le respondió: — Padre mío, puesto
que has abierto tu boca ante Jehovah, haz conmigo de acuerdo con lo que salió de
tu boca, ya que Jehovah ha hecho venganza contra tus enemigos, los hijos de Amón.
37 — Además dijo a su padre — : Que se me conceda esta petición: Déjame sola
durante dos meses para que vaya y ande por los montes y llore mi virginidad, yo y
mis compañeras. 38 Y él dijo: — Vé. La dejó ir por dos meses. Y ella se fue con sus
compañeras por los montes, y lloró su virginidad. 39 Pasados los dos meses ella
volvió a su padre, y él cumplió con ella el voto que había hecho. Ella no conoció
varón. 40 De aquí proviene la costumbre en Israel, de que año tras año las jóvenes
de Israel van a entonar lamentos por la hija de Jefté el galadita,
cuatro días al año.
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