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JUECES

Capítulo 12

1 Los hombres de Efraín fueron convocados, cruzaron hacia Zafón y dijeron a

Jefté: — ¿Por qué fuiste a hacer la guerra contra los hijos de Amón y no nos

llamaste para que fuéramos contigo? ¡Nosotros incendiaremos tu casa, contigo

dentro! 2 Jefté les respondió: — Yo, juntamente con mi pueblo, he tenido una gran

contienda contra los hijos de Amón. Yo os convoqué, pero no me librasteis de su

mano. 3 Viendo, pues, que no me librabais, arriesgué mi vida y fui contra los hijos de

Amón, y Jehovah los entregó en mi mano. ¿Por qué, pues, habéis subido hoy contra

mí para combatir conmigo? 4 Entonces Jefté reunió a todos los hombres de Galaad y

combatió contra Efraín. Y los hombres de Galaad derrotaron a Efraín, porque

habían dicho: “Vosotros, los de Galaad, sois unos fugitivos de Efraín que estáis en

medio de Efraín y de Manasés.” 5 Luego los de Galaad tomaron los vados del

Jordán a los de Efraín. Y sucedió que cuando alguno de los fugitivos de Efraín decía:

“Dejadme cruzar”, los hombres de Galaad le preguntaban: “¿Eres tú efrateo?” Si

decía: “No”, 6 entonces le decían: “Por favor, di ‘Shibólet’.” Si él decía “Sibólet”,

porque no lo podía pronunciar correctamente, entonces lo capturaban y lo

degollaban junto a los vados del Jordán. En aquel tiempo perecieron 42.000 de

Efraín. 7 Jefté juzgó a Israel durante seis años. Luego murió Jefté el galadita y fue

sepultado en su ciudad, en Galaad.

8 Después de Jefté juzgó a Israel Ibzán, de Belén, 9 quien tenía treinta hijos y

treinta hijas. A éstas las casó con gente de fuera, y trajo de fuera treinta mujeres

para sus hijos. El juzgó a Israel durante siete años. 10 Entonces murió Ibzán y fue

sepultado en Belén. 11 Después de él juzgó a Israel Elón el zabulonita, quien juzgó a

Israel durante diez años. 12 Entonces murió Elón el zabulonita y fue sepultado en

Ajalón, en la tierra de Zabulón. 13 Después de él juzgó a Israel Abdón hijo de Hilel,

de Piratón. 14 El tenía cuarenta hijos y treinta nietos que montaban setenta asnos.

Juzgó a Israel durante ocho años. 15 Entonces murió Abdón hijo de Hilel, de Piratón.

y fue sepultado en Piratón, en la tierra de Efraín, en el monte de Amalec.

Capítulo 13

1 Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehovah, y los

entregó Jehovah en mano de los filisteos durante cuarenta años. 2 Había un hombre

de Zora, de la familia de los danitas, que se llamaba Manoa. Su mujer era estéril y

nunca había dado a luz. 3 Y el ángel de Jehovah se apareció a la mujer y le dijo: —

He aquí que tú eres estéril y no has dado a luz, pero concebirás y darás a luz un hijo.

4 Ahora, guárdate, por favor, y no bebas vino ni licor. Tampoco comas nada

inmundo, 5 porque he aquí que concebirás y darás a luz un hijo sobre cuya cabeza

no pasará navaja, porque el niño será nazareo de Dios desde el vientre de su madre.

El comenzará a librar a Israel de mano de los filisteos. 6 La mujer fue y se lo contó a

su marido diciendo: — Un hombre de Dios ha venido a mí, y su aspecto era como el

aspecto de un ángel de Dios, temible en gran manera. No le pregunté de dónde era,

y él no me dijo su nombre. 7 Pero me dijo: “He aquí que concebirás y darás a luz un

hijo. Ahora pues, no bebas vino ni licor; no comas nada inmundo, porque el niño

será nazareo de Dios desde el vientre de su madre hasta el día de su muerte.”

8 Entonces Manoa imploró a Jehovah y dijo: — Oh Señor, te ruego que aquel

hombre de Dios que enviaste venga de nuevo a nosotros y nos enseñe lo que

debemos hacer con el niño que ha de nacer. 9 Dios escuchó la voz de Manoa, y el

ángel de Dios volvió otra vez a la mujer, cuando ella estaba sentada en el campo,

pero Manoa su marido no estaba con ella. 10 La mujer se apresuró, corrió y avisó a

su marido diciéndole: — ¡He aquí que se me ha aparecido el hombre que vino a mí

el otro día! 11 Manoa se levantó y siguió a su mujer; y cuando llegó al hombre, le

preguntó: — ¿Eres tú el hombre que habló a la mujer? El respondió: — Sí, yo soy.

12 Entonces Manoa dijo: — Cuando tu palabra se cumpla, ¿cuál será la norma de

vida del niño, y qué se le ha de hacer? 13 Y el ángel de Jehovah respondió a Manoa:

— La mujer se guardará de todas las cosas que le dije: 14 Que no coma nada que

provenga de la vid, ni beba vino ni licor, ni coma nada inmundo. Ha de guardar todo

lo que le he mandado.

15 Entonces Manoa dijo al ángel de Jehovah: — Permítenos detenerte y

preparar para ti un cabrito del rebaño. 16 Y el ángel de Jehovah respondió a Manoa:

— Aunque me detengas, no comeré de tu comida. Pero si quieres ofrecer

holocausto, ofrécelo a Jehovah. Manoa no sabía que él era el ángel de Jehovah.

17 Entonces Manoa preguntó al ángel de Jehovah: — ¿Cuál es tu nombre, para que

te honremos cuando se cumpla tu palabra? 18 El ángel de Jehovah le respondió: —

¿Por qué preguntas por mi nombre? Es Admirable. 19 Manoa tomó un cabrito del

rebaño con su ofrenda vegetal, y lo sacrificó sobre la peña a Jehovah. Entonces él

hizo un prodigio ante la vista de Manoa y de su mujer. 20 Aconteció que mientras la

llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehovah subió en la llama del altar ante

la vista de Manoa y de su mujer, quienes se postraron en tierra sobre sus rostros.

21 El ángel de Jehovah no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces Manoa

se dio cuenta de que era el ángel de Jehovah, 22 y Manoa dijo a su mujer: —

¡Ciertamente moriremos, porque hemos visto a Dios! 23 Pero su mujer le respondió:

— Si Jehovah hubiera querido matarnos, no habría aceptado de nuestras manos el

holocausto y la ofrenda. No nos habría mostrado todas estas cosas, ni ahora nos

habría anunciado esto.

24 La mujer dio a luz un hijo y le puso por nombre Sansón. El niño creció, y

Jehovah lo bendijo. 25 El Espíritu de Jehovah comenzó a manifestarse en él en el

campamento de Dan, entre Zora y Estaol.

Capítulo 14

1 Entonces Sansón descendió a Timnat, y vio en Timnat a una mujer de las hijas

de los filisteos. 2 Cuando regresó, se lo contó a su padre y a su madre, diciendo: —

He visto en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos. Ahora pues, tomádmela

por mujer. 3 Pero su padre y su madre le dijeron: — ¿No hay una mujer entre las

hijas de tus parientes, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de

los filisteos incircuncisos? Pero Sansón dijo a su padre: — Tómala para mí, porque

ella me gusta. 4 Su padre y su madre no sabían que esto provenía de Jehovah, quien

buscaba un motivo contra los filisteos. En aquel tiempo los filisteos dominaban

sobre Israel. 5 Entonces Sansón descendió con su padre y su madre a Timnat.

Cuando llegaron a las viñas de Timnat, he aquí un cachorro de león venía rugiendo

hacia él. 6 Y el Espíritu de Jehovah descendió con poder sobre Sansón, quien, sin

tener nada en su mano, despedazó al león como quien despedaza un cabrito. Pero

no contó a su padre ni a su madre lo que había hecho. 7 Descendió, pues, y habló a

la mujer; y ella le agradó a Sansón. 8 Al regresar después de algunos días para

tomarla por mujer, se apartó para ver el cuerpo muerto del león. Y he aquí que en el

cadáver del león había un enjambre de abejas y miel. 9 El la recogió con sus manos,

y se fue comiéndola por el camino. Cuando alcanzó a su padre y a su madre, les dio

a ellos, y ellos comieron. Pero no les contó que había recogido la miel del cadáver

del león.

10 Su padre descendió a donde estaba la mujer. Luego Sansón hizo allí un

banquete, porque así lo solían hacer los novios. 11 Y sucedió que cuando le vieron,

trajeron a treinta compañeros para que estuviesen con él. 12 Y Sansón les dijo: —

Permitid que os proponga una adivinanza. Si en los siete días del banquete la

interpretáis acertadamente y me la descubrís, os daré treinta prendas de lino y treinta

vestidos finos. 13 Pero si no me la podéis interpretar, vosotros me daréis a mí las

treinta prendas de lino y los treinta vestidos finos. Ellos respondieron: — Dinos la

adivinanza, y la escucharemos. 14 Entonces les dijo: — Del que come salió comida, y

del fuerte salió dulzura. Ellos no pudieron interpretar la adivinanza en tres días. 15 Y

sucedió que en el cuarto día dijeron a la mujer de Sansón: — Persuade a tu marido

para que nos interprete la adivinanza. Si no, te quemaremos a ti y a la casa de tu

padre. ¿Será que nos habéis invitado aquí para despojarnos? 16 La mujer de Sansón

lloró delante de él y le dijo: — Tú sólo me odias y no me amas. Has propuesto una

adivinanza a los hijos de mi pueblo, y no me la has interpretado a mí. El le respondió:

— He aquí que ni a mi padre ni a mi madre se la he interpretado, y ¿te la había de

interpretar a ti? 17 Ella lloró delante de él los siete días que ellos tuvieron banquete. Y

aconteció que al séptimo día él se la interpretó, porque ella le presionaba. Entonces

ella explicó la adivinanza a los hijos de su pueblo. 18 Y al séptimo día, antes de la

puesta del sol, los hombres de la ciudad le contestaron: — ¿Qué cosa es más dulce

que la miel? ¿Y qué cosa es más fuerte que el león? El les respondió: — Si no

hubierais arado con mi vaquilla, no habríais descubierto mi adivinanza. 19 Entonces el

Espíritu de Jehovah descendió con poder sobre él. Y él bajó a Ascalón, mató a

treinta hombres de ellos, y tomando sus despojos, dio los vestidos finos a los que

habían interpretado la adivinanza. Encendido en ira, regresó a la casa de su padre.

20 Entonces la mujer de Sansón fue dada a su compañero que le había asistido en

sus bodas.

Capítulo 15

1 Después de algún tiempo, en los días de la siega del trigo, Sansón fue a visitar

a su mujer llevándole un cabrito del rebaño. Y pensó: “Me uniré a mi mujer en el

cuarto.” Pero el padre de ella no le dejó entrar. 2 El padre de ella dijo: — Pensé que

la aborrecías del todo y se la di a tu compañero. Pero su hermana menor, ¿no es

más hermosa que ella? Tómala, por favor, para ti en su lugar. 3 Sansón le respondió:

— ¡Esta vez yo quedaré sin culpa ante los filisteos, si les hago algún mal! 4 Sansón se

fue, atrapó 300 zorras, tomó teas, y atando las zorras por las colas, puso una tea

entre cada dos colas. 5 Después prendió fuego a las teas, soltó las zorras en los

trigales de los filisteos, y quemó las gavillas y la mies por segar, y hasta las viñas y

los olivares. 6 Entonces los filisteos preguntaron: — ¿Quién ha hecho esto? Y les

respondieron: — Sansón, el yerno del timnateo, porque éste le quitó su mujer y se la

dio a su compañero. Los filisteos fueron y quemaron a la mujer y a su padre.

7 Entonces Sansón les dijo: — Puesto que habéis actuado así, ¡ciertamente no

pararé hasta haberme vengado de vosotros! 8 Entonces les golpeó en el muslo y en

la cadera, con gran mortandad. Luego descendió y habitó en la cueva de la peña de

Etam.

9 Entonces los filisteos subieron y acamparon en Judá, extendiéndose hasta Leji.

10 Y los hombres de Judá les preguntaron: — ¿Por qué habéis subido contra

nosotros? Ellos respondieron: — Hemos subido para prender a Sansón, a fin de

hacerle lo mismo que él nos ha hecho. 11 Entonces bajaron 3.000 hombres de Judá a

la cueva de la peña de Etam y preguntaron a Sansón: — ¿No sabes tú que los

filisteos dominan sobre nosotros? ¿Qué es esto que nos has hecho? El les respondió:

— Lo mismo que ellos me han hecho a mí, eso les he hecho yo a ellos. 12 Entonces

le dijeron: — Hemos venido para prenderte y entregarte en mano de los filisteos. Y

Sansón les dijo: — Juradme que vosotros no me mataréis. 13 Le respondieron: —

No; de ninguna manera te mataremos. Sólo te ataremos bien y te entregaremos en

su mano. Entonces lo ataron con dos cuerdas nuevas y lo hicieron subir de la peña.

14 Cuando llegaba hasta Leji, los filisteos salieron a su encuentro con gritos de júbilo.

Entonces el Espíritu de Jehovah descendió con poder sobre él, las cuerdas que

estaban en sus brazos se volvieron como lino quemado al fuego, y las ataduras se

cayeron de sus manos. 15 Y hallando una quijada de asno todavía fresca, extendió

la mano, la tomó y mató con ella a mil hombres. 16 Entonces dijo Sansón: — Con

una quijada de asno los amontoné a montones; con una quijada de asno he matado a

mil varones. 17 Cuando acabó de hablar, arrojó la quijada de su mano. Y llamó a

aquel lugar Ramat-leji.

18 Teniendo mucha sed, Sansón clamó a Jehovah diciendo: — Tú has dado esta

gran liberación por mano de tu siervo; y ahora, ¿he de morir de sed y caer en mano

de los incircuncisos? 19 Entonces Dios abrió la hondonada que hay en Leji, y de allí

salió agua. El bebió, recobró su fuerza y se reanimó. Por eso llamó el nombre de

aquel lugar En-hacoré, que está en Leji hasta el día de hoy. 20 Sansón juzgó a Israel

durante veinte años, en los días de los filisteos.

Capítulo 16

1 Sansón fue a Gaza y vio allí a una mujer prostituta, y se unió a ella. 2 Y fue

dicho a los de Gaza: “Sansón ha venido acá.” Entonces ellos lo rodearon y lo

estuvieron acechando toda la noche, junto a la puerta de la ciudad. Estos estuvieron

en silencio toda la noche, diciendo: “Cuando aparezca la luz de la mañana, entonces

lo mataremos.” 3 Pero Sansón estuvo acostado solamente hasta la medianoche. Se

levantó a la medianoche, y tomando las puertas de la ciudad con sus dos postes, las

arrancó con cerrojo y todo. Las puso sobre sus hombros y las subió a la cumbre del

monte que mira hacia Hebrón.

4 Aconteció después de esto que Sansón se enamoró de una mujer del valle de

Sorec, cuyo nombre era Dalila. 5 Y fueron a ella los jefes de los filisteos y le dijeron:

— Persuádele y averigua en qué consiste su gran fuerza, y con qué lo podríamos

dominar para atarlo y atormentarlo. Entonces cada uno de nosotros te dará 1.100

piezas de plata. 6 Y Dalila dijo a Sansón: — Dime, por favor, en qué consiste tu gran

fuerza, y con qué podrías ser atado para ser atormentado. 7 Sansón le respondió: —

Si me atan con siete cuerdas de arco frescas que aún no estén secas, entonces me

debilitaré y seré como un hombre cualquiera. 8 Los jefes de los filisteos le llevaron

siete cuerdas de arco frescas que aún no estaban secas, y ella lo ató con ellas. 9 Ella

tenía personas acechando en un cuarto. Entonces ella le dijo: — ¡Sansón, los

filisteos sobre ti! Pero él rompió las cuerdas como un cordel de estopa se rompe

cuando toca el fuego. Y no se supo en qué consistía su fuerza. 10 Entonces Dalila

dijo a Sansón: — He aquí que te has burlado de mí y me has dicho mentiras. Ahora

dime, por favor, con qué podrías ser atado. 11 El le dijo: — Si me atan fuertemente

con sogas nuevas que no hayan sido usadas, entonces me debilitaré y seré como un

hombre cualquiera. 12 Luego Dalila tomó sogas nuevas y lo ató con ellas. Y le dijo:

— ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y había personas acechando en el cuarto. Pero él

rompió las sogas de sus brazos como un hilo. 13 Entonces Dalila dijo a Sansón: —

Hasta ahora te has burlado de mí y me has dicho mentiras. Dime, pues, con qué

podrías ser atado. El entonces le dijo: — Si tejes los siete mechones de mi cabellera

entre la urdimbre, y los aseguras con la clavija del telar contra la pared, me debilitaré

y seré como un hombre cualquiera. Dalila lo hizo dormir y tejió los siete mechones

de su cabellera entre la urdimbre. 14 Luego ella aseguró la clavija y le dijo: —

¡Sansón, los filisteos sobre ti! Pero al despertar de su sueño, él arrancó la clavija del

telar con la tela. 15 Y ella le dijo: — ¿Cómo, pues, dices: “Yo te amo”, siendo que tu

corazón no está conmigo? Ya son tres veces las que te has burlado de mí, y no me has

revelado en qué consiste tu gran fuerza. 16 Y aconteció que como ella le presionaba

todos los días con sus palabras y le importunaba, el alma de él fue reducida a mortal

angustia. 17 Entonces le descubrió todo su corazón y le dijo: — Nunca pasó una navaja

sobre mi cabeza, porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si soy

rapado, entonces mi fuerza se apartará de mí, me debilitaré y seré como un hombre

cualquiera.

18 Viendo Dalila que él le había descubierto todo su corazón, envió a llamar a los

jefes de los filisteos, diciendo: “Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su

corazón.” Entonces los jefes de los filisteos fueron a ella, llevando el dinero en la

mano. 19 Ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas. Llamó a un hombre, quien le

rapó los siete mechones de su cabeza. Entonces ella comenzó a atormentarlo, pues

su fuerza se había apartado de él. 20 Y ella le dijo: — ¡Sansón, los filisteos sobre ti!

El se despertó de su sueño y pensó: “Saldré como las otras veces y me escaparé.”

Pero no sabía que Jehovah ya se había apartado de él. 21 Entonces los filisteos le

echaron mano, le sacaron los ojos y lo llevaron a Gaza. Y lo ataron con cadenas de

bronce, para que moliese en la cárcel.

22 Sin embargo, después que fue rapado, el cabello de su cabeza comenzó a

crecer. 23 Entonces los jefes de los filisteos se reunieron para ofrecer un gran

sacrificio a Dagón su dios y para regocijarse. Y decían: — ¡Nuestro dios ha

entregado en nuestra mano a Sansón, nuestro enemigo! 24 Al verlo el pueblo, alabó a

su dios diciendo: — ¡Nuestro dios ha entregado en nuestra mano a nuestro enemigo,

al destructor de nuestra tierra, que había matado a muchos de los nuestros! 25 Y

aconteció que cuando el corazón de ellos estaba alegre, dijeron: — Llamad a

Sansón para que nos sirva de espectáculo. Llamaron a Sansón de la cárcel, y servía

de espectáculo delante de ellos. Lo pusieron entre las columnas. 26 Y Sansón dijo al

joven que le guiaba de la mano: — Déjame palpar las columnas sobre las cuales

descansa el edificio, para que me apoye en ellas. 27 El edificio estaba lleno de

hombres y mujeres. Todos los jefes de los filisteos estaban allí, y en la azotea había

como 3.000 hombres y mujeres que estaban mirando el espectáculo de Sansón.

28 Entonces Sansón clamó a Jehovah diciendo: — ¡Señor Jehovah, por favor,

acuérdate de mí! Dame, te ruego, fuerzas solamente esta vez, oh Dios, para que de

una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos. 29 En seguida Sansón palpó

las dos columnas de en medio, sobre las cuales descansaba el edificio; y se apoyó

contra ellas, contra una con su mano derecha y contra la otra con su mano izquierda.

30 Y dijo Sansón: — ¡Muera yo con los filisteos! Entonces empujó con fuerza, y el

edificio cayó sobre los jefes y sobre toda la gente que estaba en él. Y fueron más los

que mató al morir que los que había matado durante su vida. 31 Sus hermanos y toda la

casa de su padre fueron y lo recogieron. Luego lo llevaron y lo sepultaron entre Zora y

Estaol, en el sepulcro de su padre Manoa. El juzgó a Israel durante veinte años.

Capítulo 17

1 Había un hombre de la región montañosa de Efraín, que se llamaba Micaías.

2 Y éste dijo a su madre: — Las 1.100 piezas de plata que te fueron tomadas y por

las que tú maldecías y hablabas en mi presencia, he aquí que la plata está en mi

poder; yo la había tomado. Entonces su madre dijo: — ¡Jehovah te bendiga, hijo

mío! 3 Cuando él devolvió a su madre las 1.100 piezas de plata, su madre dijo: —

Solemne y espontáneamente he dedicado la plata a Jehovah, por mi hijo, para hacer

una imagen tallada y de fundición. Ahora pues, yo te la devuelvo. 4 Pero él devolvió

la plata a su madre. Y su madre tomó 200 piezas de plata y las dio al fundidor. Este

hizo con ellas una imagen tallada y de fundición, y fue puesta en la casa de Micaías.

5 Este hombre, Micaías, tenía un santuario. Mandó hacer un efod e ídolos

domésticos, e invistió a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote. 6 En aquellos

días no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que le parecía recto ante sus propios

ojos.

7 Había un joven de Belén de Judá, de la tribu de Judá, que era levita y vivía allí

como forastero. 8 Este hombre había partido de la ciudad de Belén de Judá para ir a

residir donde encontrase lugar. Y en su caminar por la región montañosa de Efraín,

llegó a la casa de Micaías. 9 Y Micaías le preguntó: — ¿De dónde vienes? El le

respondió: — Soy un levita de Belén de Judá, y voy a residir donde encuentre lugar.

10 Entonces le dijo Micaías: — Quédate conmigo y sé para mí como padre y

sacerdote. Yo te daré 10 piezas de plata por año, y tu ropa y tu comida. El levita

entró. 11 El levita convino en habitar con aquel hombre, y el joven llegó a ser para él

como uno de sus hijos. 12 Micaías invistió al levita, el cual le servía de sacerdote y

vivía en la casa de Micaías. 13 Micaías dijo: — ¡Ahora sé que Jehovah me

prosperará, porque un levita ha venido a ser mi sacerdote!

Capítulo 18

1 En aquellos días no había rey en Israel. También en aquellos días, la tribu de

Dan buscaba una heredad para sí, donde establecerse, porque hasta entonces no le

había tocado una heredad entre las tribus de Israel. 2 Entonces los hijos de Dan

enviaron de sus clanes a cinco hombres de entre todos ellos, hombres valientes de

Zora y de Estaol, para reconocer la tierra y para explorarla. Y les dijeron: — Id y

explorad la tierra. Ellos llegaron, en la región montañosa de Efraín, hasta la casa de

Micaías, y pasaron allí la noche. 3 Y cuando estaban junto a la casa de Micaías,

reconocieron la voz del joven levita. Se acercaron allí y le dijeron: — ¿Quién te ha

traído aquí? ¿Qué estás haciendo en este lugar? ¿Qué tienes que ver tú aquí? 4 Y él

les respondió: — De esta y de esta manera ha hecho conmigo Micaías, y me ha

empleado para que sea su sacerdote. 5 Ellos le dijeron: — Por favor, consulta a

Dios, para que sepamos si ha de prosperar el viaje que estamos haciendo. 6 Y el

sacerdote les respondió: — Id en paz, porque el viaje que estáis haciendo goza de la

aprobación de Jehovah.

7 Entonces partieron aquellos cinco hombres y llegaron a Lais. Y vieron que la

gente que habitaba en ella vivía segura, tranquila y confiada, a la manera de los

sidonios. No había en la tierra quien les hiciera ningún daño, ni quien les desplazara

ni oprimiera. Además, estaban lejos de los sidonios y no tenían trato con nadie.

8 Entonces se volvieron a sus hermanos en Zora y Estaol, y sus hermanos les

preguntaron: — ¿Qué hay? Ellos respondieron: 9 — ¡Levantaos, subamos contra

ellos, porque hemos visto la tierra, y he aquí que es muy buena! Vosotros, ¿por qué

os quedáis quietos? ¡No vaciléis para poneros en marcha a fin de entrar y tomar

posesión de la tierra! 10 Cuando vayáis allá, llegaréis a una gente confiada y a una

tierra extensa que Dios ha entregado en vuestra mano. Es un lugar donde no falta

ninguna cosa de lo que hay en la tierra. 11 Entonces 600 hombres de la familia de los

danitas, armados para la guerra, partieron de allí, de Zora y de Estaol. 12 Subieron y

acamparon en Quiriat-jearim, en Judá, por lo que aquel lugar fue llamado

Campamento de Dan, hasta el día de hoy. He aquí que está al oeste de

Quiriat-jearim. 13 De allí pasaron a la región montañosa de Efraín y llegaron hasta la

casa de Micaías.

14 Entonces intervinieron aquellos cinco hombres que habían ido a reconocer la

tierra de Lais, y dijeron a sus hermanos: — ¿Sabéis que en estas casas hay un efod,

ídolos domésticos y una imagen tallada y de fundición? Ahora pues, vosotros sabéis

lo que habéis de hacer. 15 Entonces se acercaron allí, llegaron a la casa del joven

levita, en casa de Micaías, y le saludaron deseándole paz. 16 Los 600 hombres de

los hijos de Dan, ceñidos con sus armas de guerra, estaban a la entrada de la puerta.

17 Mientras el sacerdote estaba a la entrada de la puerta con los 600 hombres

ceñidos con sus armas de guerra, los cinco hombres que habían ido a reconocer la

tierra subieron, entraron allí y tomaron la imagen tallada y de fundición, el efod y los

ídolos domésticos. 18 Y cuando entraron estos hombres en la casa de Micaías, y

tomaron la imagen tallada y de fundición, el efod, los ídolos domésticos, el sacerdote

les preguntó: — ¿Qué estáis haciendo? 19 Ellos le respondieron: — ¡Cállate! Pon la

mano sobre tu boca, vente con nosotros y sé para nosotros como padre y

sacerdote. ¿Es mejor que seas sacerdote de la casa de un solo hombre, o que seas

sacerdote de una tribu y de un clan de Israel? 20 Se alegró el corazón del sacerdote;

y tomó el efod, los ídolos domésticos y la imagen tallada, y se fue en medio de

aquella gente. 21 Ellos se volvieron y partieron, poniendo delante de ellos a los niños,

el ganado y las posesiones. 22 Cuando ya se habían alejado de la casa de Micaías,

los hombres que habitaban en las casas cercanas a la casa de Micaías fueron

convocados y alcanzaron a los hijos de Dan. 23 Entonces gritaron a los hijos de Dan,

quienes volvieron la cara y preguntaron a Micaías: — ¿Qué te pasa que has

convocado gente? 24 El respondió: — ¡Tomasteis mis dioses que yo hice y al

sacerdote, y os fuisteis! ¿Qué más me queda? ¿Por qué, pues, me preguntáis: “¿Qué

te pasa?” 25 Los hijos de Dan le dijeron: — ¡Que no se oiga tu voz entre nosotros!

No sea que los de ánimo colérico os acometan, y pierdas también tu vida y la vida

de los de tu familia. 26 Los hijos de Dan prosiguieron su camino. Y viendo Micaías

que ellos eran más fuertes que él, se volvió y regresó a su casa.

27 Los hijos de Dan se llevaron las cosas que había hecho Micaías, junto con el

sacerdote que tenía, y llegaron a Lais, a una gente tranquila y confiada. Los mataron

a filo de espada y prendieron fuego a la ciudad. 28 No hubo quien los socorriese,

porque estaban lejos de Sidón y no tenían tratos con nadie. La ciudad estaba en el

valle que hay cerca de Bet-rejob. Después ellos reedificaron la ciudad y habitaron

en ella. 29 Y llamaron el nombre de aquella ciudad Dan, según el nombre de su padre

Dan, que le había nacido a Israel; aunque antes la ciudad se llamaba Lais.

30 Los hijos de Dan erigieron para sí la imagen tallada; y Jonatán hijo de Gersón, hijo

de Moisés, él y sus hijos fueron sacerdotes de la tribu de Dan hasta el tiempo de la

cautividad de la tierra. 31 Así tuvieron instalada para ellos la imagen tallada que

Micaías había hecho, todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo.

Capítulo 19

1 En aquellos días, cuando no había rey en Israel, había un hombre de Leví que

habitaba como forastero en la parte más remota de la región montañosa de Efraín.

Este había tomado para sí como concubina a una mujer de Belén de Judá. 2 Su

concubina se enfadó con él y se fue de su lado para irse a la casa de su padre, a

Belén de Judá, y estuvo allá durante cuatro meses. 3 Su marido se levantó y la siguió

para hablarle amorosamente y hacerla volver. Llevó consigo a un criado suyo y un

par de asnos. Ella lo hizo entrar en la casa de su padre. 4 Y al verlo el padre de la

joven, salió a recibirlo gozoso. Su suegro, el padre de la joven, le insistió, y se

quedó con él tres días, comiendo, bebiendo y alojándose allí. 5 Y sucedió que al

cuarto día, cuando se levantaron muy de mañana, el levita se dispuso a partir. Pero

el padre de la joven dijo a su yerno: — Fortalécete con un poco de pan, y después

os iréis. 6 Se sentaron los dos juntos, y comieron y bebieron. Entonces el padre de la

joven dijo al hombre: — Quédate, por favor, a pasar la noche, y alégrese tu

corazón. 7 El hombre se levantó para irse, pero su suegro le insistió, y se quedó otra

vez a pasar la noche allí. 8 Al quinto día, se levantó muy de mañana para irse, y el

padre de la joven le dijo: — Por favor, fortalécete; y esperad hasta que decline el

día. Y comieron los dos. 9 Entonces se levantó el hombre para irse con su concubina

y su criado. Pero su suegro, el padre de la joven, le dijo: — He aquí que el día se

acaba, y está anocheciendo. Por favor, pasad aquí la noche, porque el día ya ha

declinado. Pasa aquí la noche y alégrese tu corazón. Mañana os levantaréis

temprano para vuestro viaje, y te irás a tu morada. 10 Pero el hombre no quiso pasar

la noche allí, sino que se levantó y partió. Llegó frente a Jebús, que es Jerusalén, con

su par de asnos aparejados y con su concubina. 11 Cuando estaban cerca de Jebús,

el día había declinado mucho. Entonces el criado dijo a su señor: — Ven, por favor,

vayamos a esta ciudad de los jebuseos y pasemos la noche en ella. 12 Su señor le

respondió: — No iremos a ninguna ciudad de extranjeros en la que no hay hijos de

Israel. Más bien, pasaremos hasta Gabaa. — Dijo además a su criado — : 13 Ven y

acerquémonos a uno de esos lugares para pasar la noche en Gabaa o en Ramá.

14 Pasando de largo, caminaron; y el sol se puso cuando estaban junto a Gabaa,

que pertenece a Benjamín. 15 Entonces allí se apartaron del camino para entrar y

pasar la noche en Gabaa. Entraron y se sentaron en la plaza de la ciudad, porque no

hubo quien los recibiese en su casa para pasar la noche.

16 Pero he aquí que al atardecer un anciano volvía de trabajar en el campo. Este

hombre era de la región montañosa de Efraín y habitaba como forastero en Gabaa,

pues los habitantes de aquel lugar eran de los hijos de Benjamín. 17 Alzando los ojos,

vio a aquel viajero en la plaza de la ciudad; y el anciano le preguntó: — ¿A dónde

vas y de dónde vienes? 18 El le respondió: — Pasamos de Belén de Judá hasta las

partes más remotas de la región montañosa de Efraín, de donde soy. Fui hasta Belén

de Judá y voy a mi casa, pero no hay quien me reciba en su casa. 19 No obstante,

nosotros tenemos paja y forraje para nuestros asnos, y también tenemos pan y vino

para mí, para tu sierva y para el criado que está con tus siervos. No nos falta nada.

20 El anciano dijo: — La paz sea contigo. Lo que te falte quede todo a mi cargo,

pero no pases la noche en la plaza. 21 Los hizo entrar en su casa y dio forraje a los

asnos. Y ellos se lavaron los pies, comieron y bebieron.

22 Cuando estaban alegrándose, he aquí que los hombres de la ciudad, hombres

pervertidos, rodearon la casa y golpearon la puerta diciendo al anciano, dueño de la

casa: — ¡Saca fuera al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos!

23 Aquel hombre, dueño de la casa, salió a ellos y les dijo: — ¡No, hermanos míos!

Por favor, no cometáis esta maldad, porque este hombre ha entrado en mi casa. No

cometáis esta vileza. 24 He aquí mi hija virgen y la concubina de él. Yo os las sacaré;

humilladlas y haced con ellas lo que os parezca bien. Pero no hagáis esta vileza a

este hombre. 25 Pero aquellos hombres no le quisieron escuchar; por lo cual,

tomando el hombre a su concubina, la sacó afuera. Ellos la violaron y abusaron de

ella toda la noche hasta el amanecer, y la dejaron cuando rayaba el alba. 26 Cuando

amanecía, la mujer vino y cayó delante de la puerta de la casa de aquel hombre

donde estaba su señor, hasta que fue de día. 27 Y levantándose de mañana su señor,

abrió las puertas de la casa y salió para seguir su camino. Y he aquí la mujer, su

concubina, estaba tendida delante de la puerta de la casa, con sus manos sobre el

umbral. 28 El le dijo: — Levántate, y vámonos. Pero no hubo respuesta. Entonces el

hombre la cargó sobre el asno, se puso en camino y se fue a su pueblo. 29 Cuando

llegó a su casa, tomó un cuchillo, y sujetando firmemente a su concubina, la

desmembró en doce pedazos y los envió por todo el territorio de Israel. 30 Y

sucedió que todo el que lo veía, decía: — ¡Jamás se ha hecho ni visto cosa

semejante, desde el día en que los hijos de Israel subieron de la tierra de Egipto,

hasta el día de hoy! ¡Consideradlo, deliberad y manifestaos!

Capítulo 20

1 Entonces todos los hijos de Israel salieron, desde Dan hasta Beerseba y la

tierra de Galaad, y la asamblea acudió como un solo hombre a Jehovah en Mizpa.

2 Los jefes de todo el pueblo, de todas las tribus de Israel, estaban presentes en la

reunión del pueblo de Dios, 400.000 hombres de infantería que sacaban espada. 3 Y

los hijos de Benjamín oyeron que los hijos de Israel habían subido a Mizpa.

Entonces dijeron los hijos de Israel: — Decid cómo fue cometido este crimen. 4 El

levita, marido de la mujer asesinada, respondió y dijo: — Yo llegué con mi

concubina a Gabaa de Benjamín para pasar la noche. 5 Entonces se levantaron

contra mí los hombres de Gabaa y rodearon la casa por causa mía, por la noche,

con la idea de matarme. Violaron a mi concubina de tal manera que ella murió.

6 Después sujeté a mi concubina, la corté en pedazos y los envié por todo el

territorio de la heredad de Israel, por cuanto habían cometido una infamia y una

vileza en Israel. 7 He aquí, todos vosotros, oh hijos de Israel, dad aquí vuestro

parecer y consejo. 8 Entonces todo el pueblo, como un solo hombre, se levantó y

dijo: — ¡Ninguno de nosotros irá a su morada, ni nadie regresará a su casa! 9 Y

ahora, esto es lo que haremos a Gabaa: Subiremos por sorteo contra ella. 10 De

todas las tribus de Israel tomaremos 10 hombres de cada 100 y 100 de cada 1.000

y 1.000 de cada 10.000, que lleven provisiones al pueblo, para que yendo a Gabaa

de Benjamín, le hagan conforme a toda la vileza que ha cometido en Israel. 11 Todos

los hombres de Israel se juntaron contra la ciudad, unidos como un solo hombre.

12 Y las tribus de Israel enviaron hombres por toda la tribu de Benjamín,

diciendo: — ¿Qué crimen es éste, que se ha cometido entre vosotros? 13 Ahora

pues, entregad a esos hombres perversos que están en Gabaa, para que los

matemos y extirpemos el mal de en medio de Israel. Pero los hijos de Benjamín no

quisieron escuchar la voz de sus hermanos, los hijos de Israel. 14 Más bien, los hijos

de Benjamín vinieron de sus ciudades y se reunieron en Gabaa para salir a la guerra

contra los hijos de Israel. 15 Aquel día fueron contados los hijos de Benjamín:

26.000 hombres de las ciudades, que sacaban espada, sin contar a los habitantes de

Gabaa, que fueron 700 hombres escogidos. 16 Entre toda aquella gente había 700

hombres escogidos que eran zurdos, todos los cuales tiraban una piedra con la

honda a un cabello, y no fallaban.

17 Fueron contados los hombres de Israel, excluyendo a los de Benjamín: 400.000

hombres que sacaban espada, todos hombres de guerra.

18 Luego se levantaron los hijos de Israel, subieron a Betel y consultaron a Dios

diciendo: — ¿Quién subirá primero por nosotros a la batalla contra los hijos de

Benjamín? Y Jehovah respondió: — Judá subirá primero. 19 Los hijos de Israel se

levantaron por la mañana y acamparon frente a Gabaa. 20 Salieron los hijos de Israel

a la batalla contra Benjamín. Y los hombres de Israel dispusieron la batalla contra

ellos junto a Gabaa. 21 Pero los hijos de Benjamín salieron de Gabaa y aquel día

dejaron muertos en tierra a 22.000 hombres de Israel. 22 Sin embargo, el pueblo se

fortaleció, y los hombres de Israel volvieron a disponer la batalla en el mismo lugar

donde la habían dispuesto el primer día. 23 Los hijos de Israel subieron y lloraron

delante de Jehovah hasta el atardecer, y consultaron a Jehovah diciendo: —

¿Volveremos a la batalla contra los hijos de Benjamín, nuestros hermanos? Y

Jehovah les respondió: — Subid contra ellos. 24 El segundo día, los hijos de Israel se

acercaron a los hijos de Benjamín. 25 Aquel segundo día los de Benjamín salieron de

Gabaa contra ellos y dejaron muertos en tierra a otros 18.000 de los hijos de Israel,

todos los cuales sacaban espada.

26 Entonces subieron todos los hijos de Israel y todo el pueblo, y fueron a Betel.

Lloraron, permanecieron allí delante de Jehovah, ayunaron aquel día hasta el

atardecer y ofrecieron holocaustos y sacrificios de paz delante de Jehovah. 27 Los

hijos de Israel consultaron a Jehovah. (El arca del pacto de Dios estaba allí en

aquellos días; 28 y Fineas hijo de Eleazar, hijo de Aarón, servía delante de ella en

aquellos días.) Ellos preguntaron: — ¿Volveremos a salir a la batalla contra los hijos

de Benjamín, nuestros hermanos; o desistiremos? Y Jehovah respondió: — Subid,

porque mañana yo los entregaré en vuestra mano. 29 Entonces Israel puso gente

emboscada alrededor de Gabaa. 30 Y el tercer día, cuando los hijos de Israel

subieron contra los hijos de Benjamín, dispusieron la batalla frente a Gabaa, como

las otras veces. 31 Los hijos de Benjamín salieron para enfrentar al pueblo y fueron

alejados de la ciudad. Como las otras veces, comenzaron a matar a algunos de ellos

en el campo, por los caminos, uno de los cuales sube a Betel y otro a Gabaa.

Habían matado a unos treinta hombres de Israel, 32 y los hijos de Benjamín decían:

“¡Son vencidos delante de nosotros, como la primera vez!” Pero los hijos de Israel

habían dicho: “Huiremos y los alejaremos de la ciudad, hasta los caminos.”

33 Entonces todos los hombres de Israel se levantaron de su lugar, y dispusieron la

batalla en Baal-tamar. La gente emboscada de Israel se lanzó desde su lugar, al

oeste de Gabaa, 34 y fueron ante Gabaa 10.000 hombres escogidos de todo

Israel. La batalla comenzó a arreciar, pero ellos no se daban cuenta de que el

desastre se les venía encima. 35 Jehovah derrotó a Benjamín ante Israel, y los hijos

de Israel mataron aquel día a 25.100 hombres de Benjamín, todos los cuales

sacaban espada. 36 Entonces los hijos de Benjamín vieron que estaban derrotados.

Los hombres de Israel habían cedido terreno a Benjamín, porque estaban confiados

en la gente emboscada que habían puesto contra Gabaa. 37 La gente de la

emboscada se apresuró y acometió contra Gabaa. La gente de la emboscada se

desplegó y mató a filo de espada a toda la ciudad. 38 Los hombres de Israel tenían

un acuerdo con los de la emboscada: que se hiciera subir una gran columna de humo

desde la ciudad. 39 Cuando los hombres de Israel retrocedieron en la batalla, los de

Benjamín comenzaron a derribar muertos a unos treinta hombres de Israel y decían:

“Ciertamente son vencidos delante de nosotros, como en la primera batalla.” 40 Pero

cuando la señal, una columna de humo, comenzó a subir de la ciudad, entonces

Benjamín miró hacia atrás, y he aquí que el fuego de la ciudad entera subía al cielo.

41 Entonces los hombres de Israel se volvieron, y los de Benjamín se aterrorizaron,

porque vieron que el desastre se les había venido encima. 42 Luego volvieron las

espaldas ante los hombres de Israel, hacia el camino del desierto. Pero la batalla los

alcanzó, y los que venían de las ciudades los destruían en medio de ellos. 43 Así

cercaron a los de Benjamín, los persiguieron desde Noja, y los acosaron hasta la

misma Gabaa, por el lado oriental. 44 Cayeron 18.000 hombres de Benjamín, todos

ellos hombres de valor. 45 Entonces se dirigieron hacia el desierto, y huyeron a la

peña de Rimón; y fueron muertos otros 5.000 hombres en los caminos. Continuaron

acosándolos hasta Gidom y mataron a otros 2.000 hombres de ellos. 46 Y todos los

que cayeron de Benjamín aquel día fueron 25.000 hombres que sacaban espada,

todos hombres de valor. 47 Pero 600 hombres se dirigieron al desierto y huyeron a la

peña de Rimón, y permanecieron en la peña de Rimón durante cuatro meses. 48 Los

hombres de Israel se volvieron contra los hijos de Benjamín y en las ciudades

hirieron a filo de espada tanto a hombres como animales, y todo lo que fue hallado.

Asimismo, prendieron fuego a todas las ciudades que hallaron.

Capítulo 21

1 Los hombres de Israel habían jurado en Mizpa, diciendo: “Ninguno de

nosotros dará su hija por mujer a los de Benjamín.” 2 Entonces el pueblo fue a Betel,

y ellos permanecieron allí, delante de Dios, hasta el atardecer. Y alzando su

voz lloraron amargamente y dijeron: 3 — Oh Jehovah Dios de Israel, ¿por qué ha

sucedido esto en Israel, que falte hoy una tribu de Israel? 4 Al día siguiente, el pueblo

se levantó muy de mañana. Edificaron allí un altar, y ofrecieron holocaustos y

sacrificios de paz. 5 Y los hijos de Israel dijeron: — ¿Quién de entre todas las tribus

de Israel no ha venido a la congregación, a Jehovah? Porque se había hecho un

juramento solemne contra quien no subiera ante Jehovah en Mizpa, diciendo:

“Morirá irremisiblemente.” 6 Los hijos de Israel se lamentaban por causa de

Benjamín su hermano, y decían: — ¡Una tribu ha sido cortada hoy de Israel! 7 ¿Qué

haremos en cuanto a conseguir mujeres para los que han quedado? Porque nosotros

hemos jurado por Jehovah que no les daremos por mujeres a nuestras hijas. 8 — Y

añadieron — : ¿Hay alguno de entre las tribus de Israel que no haya subido a

Jehovah, en Mizpa? Y he aquí, hallaron que ninguno de Jabes, en Galaad, había ido

al campamento, a la congregación. 9 Cuando el pueblo fue contado, he aquí que no

había allí ningún hombre de los habitantes de Jabes, en Galaad. 10 Entonces la

asamblea envió allá a 12.000 hombres de los valientes. Y les mandaron diciendo: —

Id y matad a filo de espada a los habitantes de Jabes, en Galaad, con las mujeres y

los niños. 11 Esto es lo que habéis de hacer: Eliminaréis a todo hombre, y a toda

mujer que haya tenido unión sexual con varón. 12 Entre los habitantes de Jabes, en

Galaad, hallaron a 400 muchachas vírgenes, que no habían tenido unión sexual con

varón; y las llevaron al campamento en Silo, en tierra de Canaán. 13 Entonces toda la

asamblea envió un mensaje a los hijos de Benjamín que estaban en la peña de

Rimón, y les proclamaron la paz. 14 En aquel tiempo volvieron los de Benjamín, y les

dieron por mujeres a las que habían conservado vivas de las mujeres de Jabes, en

Galaad. Pero éstas no fueron suficientes para ellos. 15 El pueblo se lamentaba por

causa de Benjamín, porque Jehovah había abierto una brecha en las tribus de Israel.

16 Entonces los ancianos de la asamblea dijeron: — ¿Qué haremos en cuanto a

conseguir mujeres para los que han quedado? Porque las mujeres de Benjamín han

sido exterminadas. 17 — Y dijeron — : Lo que era de Benjamín sea herencia de sus

sobrevivientes, para que no sea exterminada una tribu de Israel. 18 Pero nosotros no

les podemos dar mujeres de nuestras hijas. Porque los hijos de Israel habían jurado

diciendo: “¡Maldito el que dé mujer a los de Benjamín!” 19 Y dijeron: — He aquí

que cada año hay fiesta de Jehovah en Silo. Silo está al norte de Betel, al lado

oriental del camino que sube de Betel a Siquem, y al sur de Lebona. 20 Y mandaron

a los hijos de Benjamín, diciendo: — Id y poned emboscada en las viñas. 21 Mirad;

y he aquí que cuando las jóvenes de Silo salgan a bailar en círculos, vosotros

saldréis de las viñas y arrebataréis cada uno una mujer para sí de las jóvenes de

Silo, y os iréis a la tierra de Benjamín. 22 Y sucederá que cuando sus padres o sus

hermanos vengan a pleito ante nosotros, les diremos: “Hacednos el favor de

concedérnoslas, porque nosotros no conseguimos en la guerra mujeres para todos

ellos. Además, vosotros no sois culpables, porque no se las habéis dado.” 23 Los

hijos de Benjamín lo hicieron así, y tomaron mujeres, una cada uno, raptándolas de

entre las que danzaban. Después se fueron, volvieron a sus heredades, reedificaron

las ciudades y habitaron en ellas. 24 También los hijos de Israel partieron de allí, cada

uno a su tribu o clan; y se fueron de allí, cada uno a su heredad. 25 En aquellos días

no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que le parecía recto ante sus propios

ojos.

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