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PROVERBIOS
Capítulo 1
1 Los proverbios de Salomón hijo de David, rey de Israel: 2 para conocer
sabiduría y disciplina; para comprender los dichos de inteligencia; 3 para adquirir
disciplina y enseñanza, justicia, derecho y equidad; 4 para dar sagacidad a los
ingenuos y a los jóvenes conocimiento y prudencia. 5 El sabio oirá y aumentará su
saber, y el entendido adquirirá habilidades. 6 Comprenderá los proverbios y los
dichos profundos, las palabras de los sabios y sus enigmas.
7 El temor de Jehovah es el principio del conocimiento; los insensatos desprecian
la sabiduría y la disciplina. 8 Escucha, hijo mío, la disciplina de tu padre, y no
abandones la instrucción de tu madre; 9 porque diadema de gracia serán a tu cabeza
y collares a tu cuello.
10 Hijo mío, si los pecadores te quisieran persuadir, no lo consientas. 11 Si te
dicen: “Ven con nosotros; estemos al acecho para derramar sangre y embosquemos
sin motivo a los inocentes; 12 los tragaremos vivos, como el Seol, enteros, como los
que descienden a la fosa; 13 hallaremos riquezas de toda clase; llenaremos nuestras
casas de ganancias; 14 echa tu suerte con nosotros; tengamos todos una sola
bolsa...” 15 Hijo mío, no andes en el camino de ellos; aparta tu pie de sus senderos,
16 porque sus pies corren al mal y se apresuran a derramar sangre. 17 Ciertamente en
vano se tiende la red ante los ojos de toda ave. 18 Pero ellos ponen acechanzas a su
propia sangre; a sus propias vidas ponen trampa. 19 Tales son las sendas de todo el
que es dado a la codicia, la cual quita la vida a los que la poseen.
20 La sabiduría llama en las calles; da su voz en las plazas. 21 Proclama sobre las
murallas, en las entradas de las puertas de la ciudad pronuncia sus dichos: 22 “¿Hasta
cuándo, oh ingenuos, amaréis la ingenuidad? ¿Hasta cuándo los burladores desearán
el burlarse, y los necios aborrecerán el conocimiento? 23 ¡Volveos ante mi
reprensión! ¡He aquí, yo os manifestaré mi espíritu y os haré saber mis palabras!
24 “ Pero, por cuanto llamé, y os resististeis; extendí mis manos, y no hubo quien
escuchara 25 (más bien, desechasteis todo consejo mío y no quisisteis mi reprensión),
26 yo también me reiré en vuestra calamidad. Me burlaré cuando os llegue lo
que teméis, 27 cuando llegue como destrucción lo que teméis, cuando vuestra
calamidad llegue como un torbellino y vengan sobre vosotros tribulación y angustia.
28 “Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán con diligencia y no me
hallarán, 29 por cuanto aborrecieron el conocimiento y no escogieron el temor de
Jehovah. 30 No quisieron mi consejo y menospreciaron toda reprensión mía.
31 Entonces comerán del fruto de su camino y se saciarán de sus propios consejos.
32 Porque su descarrío matará a los ingenuos, y su dejadez echará a perder a los
necios. 33 Pero el que me escuche habitará confiadamente y estará tranquilo, sin
temor del mal.”
Capítulo 2
1 Hijo mío, si aceptas mis palabras y atesoras mis mandamientos dentro de ti, 2 si
prestas oído a la sabiduría e inclinas tu corazón al entendimiento, 3 si invocas a la
inteligencia y al entendimiento llamas a gritos, 4 si como a la plata la buscas y la
rebuscas como a tesoros escondidos, 5 entonces entenderás el temor de Jehovah y
hallarás el conocimiento de Dios. 6 Porque Jehovah da la sabiduría, y de su boca
provienen el conocimiento y el entendimiento. 7 El atesora eficiente sabiduría para los
rectos; es el escudo de los que caminan en integridad. 8 Preserva las sendas del
juicio y guarda el camino de sus piadosos. 9 Entonces entenderás la justicia, el
derecho y la equidad: todo buen camino.
10 Cuando la sabiduría entre en tu corazón y el conocimiento sea agradable a tu
alma, 11 te guardará la sana iniciativa, y te preservará el entendimiento. 12 Te librará
del mal camino, de los hombres que hablan perversidades, 13 que abandonan las
sendas derechas para andar en caminos tenebrosos, 14 que se alegran haciendo el
mal y que se gozan en las perversidades del mal, 15 cuyos senderos son torcidos y
perversos sus caminos. 16 Te librará de la mujer ajena, de la extraña que halaga con
sus palabras, 17 que abandona al compañero de su juventud y se olvida del pacto de
su Dios. 18 Ciertamente su casa se hunde hacia la muerte, y sus sendas hacia los
muertos. 19 Todos los que con ella tengan relaciones no volverán, ni lograrán
alcanzar los senderos de la vida. 20 Hará que andes por el camino de los buenos y
guardes las sendas de los justos. 21 Porque los rectos habitarán la tierra, y los
íntegros permanecerán en ella. 22 Pero los impíos serán exterminados de la tierra, y
los traicioneros serán desarraigados de ella.
Capítulo 3
1 Hijo mío, no te olvides de mi instrucción, y guarde tu corazón mis
mandamientos; 2 porque abundancia de días y años de vida y bienestar te
aumentarán. 3 No se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu cuello.
Escríbelas en las tablas de tu corazón, 4 y hallarás gracia y buena opinión ante los
ojos de Dios y de los hombres. 5 Confía en Jehovah con todo tu corazón, y no te
apoyes en tu propia inteligencia. 6 Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará
tus sendas.
7 No seas sabio en tu propia opinión: Teme a Jehovah y apártate del mal,
8 porque será medicina para tu carne y refrigerio para tus huesos. 9 Honra a Jehovah
con tus riquezas y con las primicias de todos tus frutos. 10 Así tus graneros estarán
llenos con abundancia, y tus lagares rebosarán de vino nuevo. 11 No deseches, hijo
mío, la disciplina de Jehovah, ni te resientas por su reprensión; 12 porque Jehovah
disciplina al que ama, como el padre al hijo a quien quiere.
13 Bienaventurado el hombre que halla sabiduría y el que obtiene entendimiento;
14 porque su provecho es mayor que el de la plata, y su resultado es mejor que el
oro fino. 15 Es más valiosa que las perlas; nada de lo que desees podrá compararse
con ella. 16 Abundancia de días hay en su mano derecha; y en su izquierda, riquezas
y honra. 17 Sus caminos son caminos agradables, y en todas sus sendas hay paz.
18 Es árbol de vida a los que de ella echan mano; bienaventurados los que la
retienen. 19 Jehovah fundó la tierra con sabiduría; afirmó los cielos con
entendimiento. 20 Con su conocimiento fueron divididos los océanos, y los cielos
destilan rocío.
21 Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; guarda la iniciativa y la
prudencia, 22 y serán vida para tu alma y gracia para tu cuello. 23 Entonces andarás
confiadamente por tu camino, y tu pie no tropezará. 24 Cuando te acuestes, no
tendrás temor; más bien, te acostarás, y tu sueño será dulce. 25 No tendrás temor del
espanto repentino, ni de la ruina de los impíos, cuando llegue, 26 porque Jehovah
será tu confianza y él guardará tu pie de caer en la trampa.
27 No niegues un bien a quien es debido, teniendo poder para hacerlo. 28 No
digas a tu prójimo: “Anda y vuelve; mañana te lo daré”, cuando tienes contigo qué
darle. 29 No trames mal contra tu prójimo, estando él confiado en ti. 30 No
pleitees con alguno sin razón, si es que no te ha hecho agravio. 31 No envidies al
hombre violento, ni escojas ninguno de sus caminos; 32 porque Jehovah abomina al
perverso, pero su íntima comunión es con los rectos. 33 La maldición de Jehovah
está en la casa del impío, pero él bendice la morada de los justos. 34 Ciertamente él
se burlará de los que se burlan, pero a los humildes concederá gracia. 35 Los sabios
poseerán honra, pero los necios cargarán con la afrenta.
Capítulo 4
1 Oíd, hijos, la enseñanza de un padre; estad atentos para adquirir
entendimiento. 2 No abandonéis mi instrucción, porque yo os doy buena enseñanza.
3 Pues yo también fui hijo de mi padre, tierno y singular delante de mi madre. 4 Y él
me enseñaba y me decía: “Retenga tu corazón mis palabras; guarda mis
mandamientos y vivirás.” 5 ¡Adquiere sabiduría! ¡Adquiere entendimiento! No te
olvides ni te apartes de los dichos de mi boca. 6 No la abandones, y ella te guardará;
ámala, y te preservará. 7 ¡Sabiduría ante todo! ¡Adquiere sabiduría! Y antes que
toda posesión, adquiere entendimiento. 8 Apréciala, y ella te levantará; y cuando la
hayas abrazado, te honrará. 9 Diadema de gracia dará a tu cabeza; corona de
hermosura te otorgará. 10 Escucha, hijo mío, y recibe mis dichos, y se te
multiplicarán años de vida. 11 En el camino de la sabiduría te he instruido, y por
sendas de rectitud te he hecho andar. 12 Cuando camines, tus pasos no hallarán
impedimento; y si corres, no tropezarás. 13 Aférrate a la disciplina y no la sueltes;
consérvala, porque ella es tu vida.
14 No entres en el sendero de los impíos, ni pongas tu pie en el camino de los
malos. 15 Evítalo; no pases por él. Apártate de él; pasa de largo. 16 Porque ellos no
duermen si no han hecho mal; pierden el sueño si no han hecho caer a alguno.
17 Pues comen pan de impiedad, y beben vino de violencia. 18 Pero la senda de los
justos es como la luz de la aurora que va en aumento hasta que es pleno día. 19 El
camino de los impíos es como la oscuridad; no saben en qué tropiezan.
20 Hijo mío, pon atención a mis palabras; inclina tu oído a mis dichos. 21 No se
aparten de tus ojos; guárdalos en medio de tu corazón. 22 Porque ellos son vida a los
que los hallan, y medicina para todo su cuerpo. 23 Sobre toda cosa guardada,
guarda tu corazón; porque de él emana la vida. 24 Aparta de ti la perversidad de
la boca, y aleja de ti la falsedad de los labios. 25 Miren tus ojos lo que es recto, y
diríjase tu vista a lo que está frente a ti. 26 Considera la senda de tus pies, y todos tus
caminos sean correctos. 27 No te apartes ni a la izquierda ni a la derecha; aparta tu
pie del mal.
Capítulo 5
1 Hijo mío, pon atención a mi sabiduría, y a mi entendimiento inclina tu oído;
2 para que guardes la sana iniciativa, y tus labios conserven el conocimiento. 3 Los
labios de la mujer extraña gotean miel, y su paladar es más suave que el aceite;
4 pero su fin es amargo como el ajenjo, agudo como una espada de dos filos. 5 Sus
pies descienden a la muerte; sus pasos se precipitan al Seol. 6 No considera el
camino de la vida; sus sendas son inestables, y ella no se da cuenta. 7 Ahora pues,
hijos, oídme y no os apartéis de los dichos de mi boca. 8 Aleja de ella tu camino y no
te acerques a la puerta de su casa, 9 no sea que des a otros tu honor y tus años a
alguien que es cruel; 10 no sea que los extraños se sacien con tus fuerzas, y los frutos
de tu trabajo vayan a dar a la casa de un desconocido. 11 Entonces gemirás al final
de tu vida, cuando tu cuerpo y tu carne se hayan consumido. 12 Y dirás: “¡Cómo
aborrecí la disciplina, y mi corazón menospreció la reprensión! 13 No escuché la voz
de mis maestros, y a los que me enseñaban no incliné mi oído. 14 Casi en todo mal
he estado, en medio de la sociedad y de la congregación.”
15 Bebe el agua de tu propia cisterna y de los raudales de tu propio pozo. 16 ¿Se
han de derramar afuera tus manantiales, tus corrientes de aguas por las calles?
17 ¡Que sean para ti solo y no para los extraños contigo! 18 Sea bendito tu manantial,
y alégrate con la mujer de tu juventud, 19 como una preciosa cierva o una graciosa
gacela. Sus pechos te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre.
20 ¿Por qué, hijo mío, andarás apasionado por una mujer ajena y abrazarás el seno
de una extraña? 21 Los caminos del hombre están ante los ojos de Jehovah, y él
considera todas sus sendas. 22 Sus propias maldades apresarán al impío, y será
atrapado en las cuerdas de su propio pecado. 23 El morirá por falta de disciplina. y a
causa de su gran insensatez se echará a perder.
Capítulo 6
1 Hijo mío, si diste fianza por tu prójimo y estrechaste la mano con un extraño,
2 te has enredado con tus palabras, y has quedado atrapado con los dichos de tu
boca. 3 Ahora pues, haz esto, hijo mío, para quedar libre, ya que has caído en las
manos de tu prójimo: Anda, humíllate, importuna a tu prójimo; 4 no des sueño a tus
ojos ni dejes dormitar tus párpados. 5 Escapa como el venado de mano del cazador,
como ave de mano del que tiende la red.
6 Vé a la hormiga, oh perezoso; observa sus caminos y sé sabio. 7 Ella no tiene
jefe, ni comisario, ni gobernador; 8 pero prepara su comida en el verano, y guarda su
sustento en el tiempo de la siega. 9 Perezoso: ¿Hasta cuándo has de estar acostado?
¿Cuándo te levantarás de tu sueño? 10 Un poco de dormir, un poco de dormitar y un
poco de cruzar las manos para reposar. 11 Así vendrá tu pobreza como un
vagabundo, y tu escasez como un hombre armado.
12 El hombre depravado, el hombre inicuo, anda en la perversidad de boca,
13 guiña los ojos, hace señas con sus pies e indica con sus dedos. 14 Perversidades
hay en su corazón; en todo tiempo anda pensando el mal, provocando discordia.
15 Por eso, su calamidad vendrá de repente; súbitamente será quebrantado, y no
habrá remedio. 16 Seis cosas aborrece Jehovah, y aun siete abomina su alma: 17 Los
ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos que derraman sangre inocente, 18 el
corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies que se apresuran a correr al
mal, 19 el testigo falso que habla mentiras y el que provoca discordia entre los
hermanos.
20 Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no abandones la instrucción
de tu madre. 21 Atalos siempre a tu corazón, y enlázalos en tu cuello. 22 Te guiarán
cuando camines; te guardarán cuando te acuestes, y hablarán contigo cuando te
despiertes. 23 Porque el mandamiento es antorcha, y la instrucción es luz. Y las
reprensiones de la disciplina son camino de vida. 24 Te guardarán de la mala mujer,
de la suavidad de lengua de la extraña. 25 En tu corazón no codicies su hermosura, ni
te prenda ella con sus ojos; 26 porque por una prostituta el hombre es reducido a un
bocado de pan, y la mujer ajena caza una vida valiosa. 27 ¿Tomará el hombre fuego
en su seno sin que se quemen sus vestidos? 28 ¿Andará el hombre sobre las brasas
sin que se le quemen los pies? 29 Así sucede con el que se enreda con la mujer de su
prójimo; no quedará impune ninguno que la toque. 30 ¿Acaso no desprecian
al ladrón, aunque robe para saciar su apetito cuando tiene hambre, 31 y si es
sorprendido, pagará siete veces y entregará todo lo que posee en su casa? 32 Así
también el que comete adulterio con una mujer es falto de entendimiento; el que hace
tal cosa se destruye a sí mismo. 33 Heridas e ignominia encontrará, y su afrenta no
será borrada; 34 porque los celos del hombre son su furor, y él no perdonará en el
día de la venganza. 35 No aceptará ninguna restitución; ni consentirá, aunque sea
grande tu soborno.
Capítulo 7
1 Hijo mío, guarda mis palabras y atesora mis mandamientos dentro de ti.
2 Guarda mis mandamientos y vivirás; guarda mi enseñanza como a la niña de tus
ojos. 3 Atalos a tus dedos; escríbelos en la tabla de tu corazón. 4 Di a la sabiduría:
“Tú eres mi hermana”, y a la inteligencia llama: “Mi pariente.” 5 Te guardará de la
mujer ajena, de la extraña que halaga con sus palabras.
6 Mirando yo por la ventana de mi casa, por entre mi celosía, 7 vi entre los
ingenuos y observé entre los jóvenes a uno falto de entendimiento. 8 El pasaba por la
plaza, cerca de la esquina, y caminaba en dirección a la casa de ella. 9 Era al
anochecer; ya oscurecía. Sucedió en medio de la noche y en la oscuridad. 10 Y he
aquí que una mujer le salió al encuentro con vestido de prostituta y astuta de
corazón. 11 Ella es alborotadora y obstinada; sus pies no pueden estar en casa.
12 Unas veces está afuera; otras veces por las plazas, acechando por todas las
esquinas. 13 Se prendió de él, lo besó y descaradamente le dijo: 14 “ Sacrificios de
paz había prometido, y hoy he pagado mis votos. 15 Por eso he salido a tu
encuentro, a buscarte, y te he encontrado. 16 He preparado mi cama con colchas; la
he tendido con lino de Egipto. 17 He perfumado mi cama con mirra, áloe y canela.
18 Ven, saciémonos de caricias hasta la mañana; deleitémonos en amores. 19 Porque
el marido no está en casa; partió para un largo viaje. 20 Llevó consigo una bolsa de
dinero; el día de la luna llena volverá a su casa.” 21 Lo rindió con su mucha
persuasión; lo sedujo con la suavidad de sus labios. 22 En seguida se va tras ella,
como va el buey al matadero, como un cordero al que lo ata; va como un venado,
23 hasta que una flecha le atraviesa el hígado; como el ave que se apresura a la red, y
no sabe que le costará la vida.
24 Ahora pues, hijos, oídme; prestad atención a los dichos de mi boca. 25 No se
aparte tu corazón tras sus caminos, ni te descarríes por sus sendas. 26 Porque a
muchos ha hecho caer muertos; los que ella ha matado son innumerables. 27 Su casa
está en los caminos del Seol que descienden a las cámaras de la muerte.
Capítulo 8
1 ¿Acaso no llama la sabiduría, y alza su voz el entendimiento? 2 Sobre los
lugares prominentes junto al camino, en las encrucijadas de las rutas se pone de pie.
3 Junto a las puertas, ante la ciudad, en el acceso a las entradas da voces: 4 “¡Oh
hombres, a vosotros llamo! Mi voz se dirige a los hijos del hombre. 5 Entended,
ingenuos, la sagacidad; y vosotros, necios, disponed el corazón. 6 Escuchad, porque
hablaré cosas excelentes, y abriré mis labios para decir cosas rectas. 7 Porque mi
boca hablará la verdad, y mis labios abominan la impiedad. 8 Justas son todas las
palabras de mi boca; no hay en ellas cosa torcida ni perversa. 9 Todas ellas son
correctas al que entiende, y rectas a los que han hallado el conocimiento. 10 Recibid
mi corrección antes que la plata, y el conocimiento antes que el oro escogido.
11 Porque la sabiduría es mejor que las perlas; nada de lo que desees podrá
compararse con ella.
12 “ Yo, la sabiduría, habito con la sagacidad, y me hallo con el conocimiento de
la discreción. 13 El temor de Jehovah es aborrecer el mal. Aborrezco la soberbia, la
arrogancia, el mal camino y la boca perversa. 14 Míos son el consejo y la eficiente
sabiduría; mía es la inteligencia, y mía la valentía. 15 Por mí reinan los reyes, y los
magistrados administran justicia. 16 Por mí gobiernan los gobernantes, y los nobles
juzgan la tierra. 17 Yo amo a los que me aman, y me hallan los que con diligencia me
buscan. 18 Conmigo están las riquezas y la honra, los bienes duraderos y la justicia.
19 Mejor es mi fruto que el oro, que el oro fino; mis resultados son mejores que la
plata escogida. 20 Camino por la senda de la justicia, por los senderos del derecho;
21 para hacer que los que me aman hereden un patrimonio, y para que yo colme sus
tesoros.
22 “Jehovah me creó como su obra maestra, antes que sus hechos más antiguos.
23 Desde la eternidad tuve el principado, desde el principio, antes que la tierra.
24 Nací antes que existieran los océanos, antes que existiesen los manantiales
cargados de agua. 25 Nací antes que los montes fuesen asentados, antes que
las colinas. 26 No había hecho aún la tierra ni los campos, ni la totalidad del polvo
del mundo. 27 Cuando formó los cielos, allí estaba yo; cuando trazó el horizonte
sobre la faz del océano, 28 cuando afirmó las nubes arriba, cuando reforzó las
fuentes del océano, 29 cuando dio al mar sus límites y a las aguas ordenó que no
traspasasen su mandato. Cuando establecía los cimientos de la tierra, 30 con él
estaba yo, como un artífice maestro. Yo era su delicia todos los días y me
regocijaba en su presencia en todo tiempo. 31 Yo me recreo en su tierra habitada, y
tengo mi delicia con los hijos del hombre.
32 “Ahora pues, hijos, oídme: Bienaventurados los que guardan mis caminos.
33 Escuchad la corrección y sed sabios; no la menospreciéis. 34 Bienaventurado el
hombre que me escucha velando ante mis entradas cada día, guardando los postes
de mis puertas. 35 Porque el que me halla, halla la vida y obtiene el favor de Jehovah.
36 Pero el que me pierde se hace daño a sí mismo; todos los que me aborrecen
aman la muerte.”
Capítulo 9
1 La sabiduría edifica su casa, labra sus siete columnas, 2 mata sus animales,
mezcla su vino y pone su mesa. 3 Envía a sus criadas, y llama desde lo más alto de la
ciudad: 4 “ ¡Si alguno es ingenuo, que venga acá!” Y a los faltos de entendimiento
dice: 5 “Venid, comed mi pan y bebed mi vino que yo he mezclado. 6 Dejad la
ingenuidad y vivid; poned vuestros pies en el camino de la inteligencia.” 7 El que
corrige al burlador se acarrea vergüenza, y el que reprende al impío se acarrea
afrenta. 8 No reprendas al burlador, porque te aborrecerá; corrige al sabio, y te
amará. 9 Da al sabio, y será más sabio; enseña al justo, y aumentará su saber. 10 El
comienzo de la sabiduría es el temor de Jehovah, y el conocimiento del Santísimo es
la inteligencia. 11 Porque por mí se aumentarán tus días, y años de vida te serán
añadidos. 12 Si eres sabio, para ti lo serás; pero si eres burlador, sufrirás tú solo.
13 La mujer necia es alborotadora; es libertina y no conoce la vergüenza. 14 Ella
se sienta en una silla a la puerta de su casa, en lo alto de la ciudad, 15 para llamar a
los que pasan por el camino, a los que van directo por sus sendas: 16 “ ¡Si alguno es
ingenuo, que venga acá!” Y a los faltos de entendimiento dice: 17 “Las aguas
hurtadas son dulces, y el pan comido en oculto es delicioso.”
18 No saben ellos que allí están los muertos, que sus invitados están en lo profundo
del Seol.
Capítulo 10
1 Proverbios de Salomón: El hijo sabio alegra a su padre, pero el hijo necio es
tristeza de su madre.
2 Los tesoros de impiedad no son de provecho, pero la justicia libra de la
muerte. 3 Jehovah no deja padecer hambre al justo, pero impide que se sacie el
apetito de los impíos.
4 La mano negligente empobrece, pero la mano de los diligentes enriquece.
5 El que recoge en el verano es un hijo sensato; pero el que duerme en el tiempo
de la siega es un hijo que avergüenza.
6 Bendiciones vendrán sobre la cabeza del justo, pero la boca de los impíos
encubre la violencia.
7 La memoria del justo será bendita, pero el nombre de los impíos se pudrirá.
8 El sabio de corazón aceptará los mandamientos, pero el de labios insensatos
será arruinado.
9 El que camina en integridad anda confiado, pero el que pervierte sus caminos
será descubierto.
10 El que guiña el ojo causa tristeza, pero el que abiertamente reprende hace la
paz.
11 Fuente de vida es la boca del justo, pero la boca de los impíos encubre la
violencia.
12 El odio despierta contiendas, pero el amor cubre todas las faltas.
13 En los labios del entendido se halla sabiduría, pero la vara es para las
espaldas del falto de entendimiento.
14 Los sabios atesoran el conocimiento, pero la boca del insensato es calamidad
cercana.
15 Las riquezas del rico son su ciudad fortificada, y la calamidad de los
necesitados es su pobreza.
16 La obra del justo es para vida, pero el logro del impío es para pecado.
17 El que guarda la disciplina está en el camino de la vida, pero el que descuida
la reprensión hace errar.
18 El que aplaca el odio es de labios justos, pero el que suscita la calumnia es
necio.
19 En las muchas palabras no falta pecado, pero el que refrena sus labios es
prudente.
20 Plata escogida es la lengua del justo, pero el corazón de los impíos no vale
nada. 21 Los labios del justo apacientan a muchos, pero los insensatos mueren por
falta de entendimiento.
22 La bendición de Jehovah es la que enriquece y no añade tristeza con ella.
23 El hacer perversidades es un deporte para el necio, pero para el hombre de
entendimiento lo es la sabiduría.
24 Lo que el impío teme, eso le vendrá; pero a los justos les será dado lo que
desean. 25 Como cuando pasa la tempestad, así el impío no permanece; pero el justo
tiene fundamentos eternos.
26 Como es el vinagre a los dientes y el humo a los ojos, así es el perezoso a los
que lo envían.
27 El temor de Jehovah aumentará los días, pero los años de los impíos serán
acortados. 28 La expectativa de los justos es alegría, pero la esperanza de los impíos
perecerá.
29 Jehovah es la fortaleza del íntegro de camino, pero es espanto para los que
obran maldad. 30 El justo no será removido jamás, pero los impíos no habitarán la
tierra.
31 La boca del justo producirá sabiduría, pero la lengua perversa será cortada.
32 Los labios del justo saben hablar lo que agrada, pero la boca de los impíos habla
perversidades.