Menú del Antiguo Testamento 
PROVERBIOS

Capítulo 22

1 Más vale el buen nombre que las muchas riquezas; y el ser apreciado, más que

la plata y el oro.

2 El rico y el pobre tienen esto en común: A todos ellos los hizo Jehovah.

3 El prudente ve el mal y se esconde, pero los ingenuos pasan y reciben el daño.

4 Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de

Jehovah.

5 Espinas y trampas hay en el camino del perverso; el que guarda su vida se

alejará de ellos.

6 Instruye al niño en su camino; y aun cuando sea viejo, no se apartará de él.

7 El rico domina a los pobres, y el que toma prestado es esclavo del que presta.

8 El que siembra iniquidad segará maldad, y la vara de su ira será destruida.

9 El de ojos bondadosos será bendito, porque de su pan da al necesitado.

10 Echa fuera al burlador, y se evitará la contienda; también cesarán el pleito y la

afrenta.

11 El rey ama al de corazón puro, y el que tiene gracia de labios será su amigo.

12 Los ojos de Jehovah custodian el conocimiento, pero él arruina las cosas de

los traicioneros.

13 Dice el perezoso: “¡Afuera hay un león! ¡En medio de la calle seré

descuartizado!”

14 Fosa profunda es la boca de la mujer extraña; aquel contra quien Jehovah

está airado caerá en ella.

15 La insensatez está ligada al corazón del joven, pero la vara de la disciplina la

hará alejarse de él.

16 El que para enriquecerse explota al pobre o da al rico, ciertamente vendrá a

pobreza.

17 Inclina tu oído y escucha las palabras de los sabios; dispón tu corazón a mi

conocimiento. 18 Porque es cosa placentera que las guardes en tu corazón, y que a la

vez se afirmen en tus labios. 19 Para que tu confianza esté en Jehovah te las hago

saber hoy también a ti. 20 ¿Acaso no he escrito para ti treinta dichos de consejos y

conocimiento? 21 Son para darte a conocer la certidumbre de las palabras de

verdad, a fin de que puedas responder palabras de verdad a los que te envían.

22 No robes al pobre, porque es pobre; ni oprimas al afligido en las puertas de la

ciudad. 23 Porque Jehovah defenderá la causa de ellos y despojará al alma de

quienes los despojan.

24 No hagas amistad con el iracundo, ni tengas tratos con el violento, 25 no sea

que aprendas sus maneras y pongas una trampa para tu propia vida.

26 No estés entre los que se dan la mano, entre los que dan fianza por deudas.

27 Si no tienes con que pagar, ¿por qué han de quitar tu cama de debajo de ti?

28 No cambies de lugar el lindero antiguo que establecieron tus padres.

29 ¿Has visto un hombre diligente en su trabajo? En la presencia de los reyes

estará. No estará en presencia de los de baja condición.

Capítulo 23

1 Cuando te sientes a comer con un gobernante, considera bien lo que está

delante de ti. 2 Pon cuchillo a tu garganta, si tienes gran apetito. 3 No codicies sus

manjares delicados, porque es pan de engaño.

4 No te afanes por hacerte rico; sé prudente y desiste. 5 ¿Has de hacer volar tus

ojos tras las riquezas, siendo éstas nada? Porque ciertamente se harán alas como de

águilas y volarán al cielo.

6 No comas pan con el de malas intenciones, ni codicies sus manjares delicados;

7 porque cual es su pensamiento en su mente, tal es él: “Come y bebe”, te dirá; pero

su corazón no está contigo. 8 Vomitarás tu parte que comiste y echarás a perder tus

suaves palabras.

9 No hables a oídos del necio, porque despreciará la prudencia de tus palabras.

10 No cambies de lugar el lindero antiguo, ni entres en los campos de los

huérfanos. 11 Porque su Redentor es fuerte; él defenderá contra ti la causa de ellos.

12 Aplica tu corazón a la enseñanza y tus oídos a las palabras del conocimiento.

13 No rehúses corregir al muchacho; si le castigas con vara, no morirá. 14 Tú lo

castigarás con vara y librarás su alma del Seol. 15 Hijo mío, si tu corazón es sabio,

también a mí se me alegrará el corazón. 16 Mis entrañas se regocijarán, cuando tus

labios hablen cosas rectas.

17 No tenga tu corazón envidia de los pecadores. Más bien, en todo tiempo

permanece tú en el temor de Jehovah. 18 Porque ciertamente hay un porvenir, y tu

esperanza no será frustrada.

19 Escucha tú, hijo mío, y sé sabio; endereza tu corazón en el camino. 20 No

estés con los bebedores de vino, ni con los comilones de carne. 21 Porque el

bebedor y el comilón empobrecerán, y el dormitar hará vestir harapos. 22 Escucha a

tu padre, que te engendró; y cuando tu madre envejezca, no la menosprecies.

23 Adquiere la verdad y no la vendas; adquiere sabiduría, disciplina e inteligencia.

24 Mucho se alegrará el padre del justo; el que engendró un hijo sabio se gozará con

él. 25 Alégrense tu padre y tu madre, y gócese la que te dio a luz. 26 Dame, hijo mío,

tu corazón, y observen tus ojos mis caminos. 27 Porque fosa profunda es la

prostituta; pozo angosto es la mujer extraña. 28 También ella acecha como asaltante,

y multiplica entre los hombres a los traicioneros.

29 ¿Para quién será el ay? ¿Para quién será el dolor? ¿Para quién serán las

rencillas? ¿Para quién los quejidos? ¿Para quién las heridas gratuitas? ¿Para quién lo

enrojecido de los ojos? 30 Para los que se detienen mucho sobre el vino; para los

que se lo pasan probando el vino mezclado. 31 No mires el vino cuando rojea,

cuando resplandece su color en la copa, cuando entra suavemente. 32 Al fin muerde

como serpiente, y envenena como víbora. 33 Tus ojos mirarán cosas extrañas, y tu

corazón hablará perversidades. 34 Serás como el que yace en medio del mar, o

como el que yace en la punta de un mástil. 35 Dirás: “Me golpearon, pero no me

dolió; me azotaron, pero no lo sentí. Cuando me despierte, lo volveré a buscar.”

Capítulo 24

1 No tengas envidia de los hombres malos, ni desees estar con ellos; 2 porque su

corazón trama violencia, y sus labios hablan iniquidad.

3 Con sabiduría se edifica la casa y con prudencia se afirma. 4 Con conocimiento

se llenan los cuartos de todo bien preciado y agradable. 5 Más vale el sabio que el

fuerte; y el hombre de conocimiento, que el de vigor. 6 Porque con estrategia harás

la guerra, y en los muchos consejeros está la victoria.

7 Muy alta está la sabiduría para el insensato; en la puerta de la ciudad no abrirá

su boca. 8 Al que planea hacer el mal le llamarán hombre de malas intenciones. 9 La

intención del insensato es pecado, y el burlador es abominación a los hombres.

10 Si desmayas en el día de la dificultad, también tu fuerza se reducirá.

11 Libra a los que son llevados a la muerte; no dejes de librar a los que van

tambaleando a la matanza. 12 Si dices: “En verdad, no lo supimos”, ¿no lo entenderá

el que examina los corazones? El que vigila tu alma, él lo sabrá y recompensará al

hombre según sus obras.

13 Come, hijo mío, de la miel, porque es buena; y del panal, que es dulce a tu

paladar. 14 Así aprópiate de la sabiduría para tu alma. Si la hallas, habrá un porvenir,

y tu esperanza no será frustrada.

15 Oh impío, no aceches la morada del justo, ni destruyas su lugar de reposo;

16 porque siete veces cae el justo y se vuelve a levantar, pero los impíos tropezarán

en el mal.

17 No te alegres cuando caiga tu enemigo; y cuando tropiece, no se regocije tu

corazón, 18 no sea que lo vea Jehovah, y le desagrade, y aparte de él su enojo.

19 No te enfurezcas a causa de los malhechores, ni tengas envidia de los impíos;

20 porque no habrá un buen porvenir para el malo, y la lámpara de los impíos será

apagada.

21 Hijo mío, teme a Jehovah y al rey, y no te asocies con los inestables.

22 Porque su calamidad surgirá de repente, y el castigo que procede de ambos,

¡quién lo puede saber!

23 También los siguientes dichos pertenecen a los sabios: No es bueno hacer

distinción de personas en el juicio. 24 Al que dice al impío: “Eres justo”, los pueblos

lo maldecirán; las naciones lo detestarán. 25 Pero los que lo reprenden serán

apreciados, y sobre ellos vendrá la bendición del bien. 26 Besados serán los labios

del que responde palabras correctas.

27 Ordena tus labores afuera; ocúpate en ellas en el campo. Y después edifícate

una casa.

28 No testifiques sin causa contra tu prójimo, ni le engañes con tus labios. 29 No

digas: “Como me hizo, así le haré a él; recompensaré al hombre según su acción.”

30 Pasé junto al campo de un hombre perezoso y junto a la viña de un hombre

falto de entendimiento. 31 Y he aquí que por todos lados habían crecido ortigas; los

cardos habían cubierto el área, y su cerco de piedra estaba destruido. 32 Yo observé

esto y lo medité en mi corazón; lo vi y saqué esta enseñanza: 33 Un poco de dormir,

un poco de dormitar y un poco de cruzar las manos para reposar. 34 Así vendrá tu

pobreza como un vagabundo, y tu escasez como un hombre armado.

Capítulo 25

1 También éstos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los hombres de

Ezequías, rey de Judá:

2 Es gloria de Dios ocultar una cosa, y es gloria del rey escudriñarla. 3 La altura

de los cielos, la profundidad de la tierra y el corazón de los reyes son inescrutables.

4 Quita las escorias de la plata, y saldrá un objeto para el fundidor. 5 Quita al

impío de la presencia del rey, y su trono se afirmará con justicia.

6 No te vanagloríes delante del rey, ni te entremetas en el lugar de los grandes;

7 porque mejor es que se te diga: “Sube acá”, antes que seas humillado delante del

noble. Cuando tus ojos hayan visto algo,

8 no entres apresuradamente en pleito. Porque, ¿qué más harás al final, cuando

tu prójimo te haya avergonzado? 9 Discute tu causa con tu prójimo y no des a

conocer el secreto de otro. 10 No sea que te deshonre el que te oye, y tu infamia no

pueda ser reparada.

11 Manzana de oro con adornos de plata es la palabra dicha oportunamente.

12 Como zarcillo de oro y joya de oro fino es el que reprende al sabio que tiene oído

dócil.

13 Como el frescor de la nieve en tiempo de siega es el mensajero fiel a los que

lo envían, pues da refrigerio al alma de su señor.

14 Como nubes y vientos sin lluvia, así es el hombre que se jacta de un regalo

que al fin no da.

15 Con larga paciencia se persuade al jefe, y la lengua blanda quebranta los

huesos.

16 ¿Hallaste miel? Come sólo lo suficiente, no sea que te hartes de ella y la

vomites.

17 Detén tu pie de la casa de tu vecino, no sea que se harte de ti y te aborrezca.

18 Mazo, espada y flecha dentada es el hombre que da falso testimonio contra su

prójimo.

19 Diente quebrado y pie que resbala es la confianza en el traicionero, en el día

de angustia.

20 El que canta canciones al corazón afligido es como el que quita la ropa en

tiempo de frío o el que echa vinagre sobre el jabón.

21 Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan; y si tiene sed, dale de beber

agua; 22 pues así carbones encendidos tú amontonas sobre su cabeza, y Jehovah te

recompensará.

23 El viento del norte trae la lluvia; y la lengua detractora, el rostro airado.

24 Mejor es vivir en un rincón de la azotea que compartir una casa con una mujer

rencillosa.

25 Como el agua fría al alma sedienta, así son las buenas nuevas de lejanas

tierras.

26 Como manantial turbio y fuente corrompida es el justo que vacila ante el

impío.

27 Comer mucha miel no es bueno, ni es gloria buscar la propia gloria.

28 Como una ciudad cuya muralla ha sido derribada, es el hombre cuyo espíritu

no tiene freno.

Capítulo 26

1 Como nieve en el verano y lluvia en la siega, así no le caen bien los honores al

necio.

2 Como escapa el ave y vuela la golondrina, así la maldición sin causa no se

realizará.

3 El látigo es para el caballo, y el freno para el asno, y la vara para la espalda de

los necios.

4 Nunca respondas al necio según su insensatez, para que no seas tú también

como él. 5 Responde al necio según su insensatez, para que no se estime sabio en su

propia opinión.

6 Se corta los pies y bebe violencia el que envía recado por medio de un necio.

7 Como las piernas del cojo, que cuelgan inútiles, es el proverbio en la boca de los

necios. 8 Como atar una piedra a la honda, así es dar honor al necio. 9 Como espina

que penetra en la mano del borracho, es el proverbio en la boca de los necios.

10 Como el arquero que hiere a todos, es el que contrata a necios y vagabundos.

11 Como perro que vuelve a su vómito, así es el necio que repite su insensatez.

12 ¿Has visto a un hombre sabio en su propia opinión? ¡Más esperanza hay del

necio que de él!

13 Dice el perezoso: “¡Hay un león en el camino! ¡Hay un león en medio de las

calles!”

14 Como las puertas giran sobre sus bisagras, así también el perezoso en su

cama.

15 El perezoso hunde su mano en el plato, y se cansa de volverla a su boca.

16 El perezoso es más sabio en su opinión que siete que responden con

discreción.

17 El que se entremete en pleito ajeno es como el que agarra de las orejas a un

perro que pasa.

18 Como el que enloquece y arroja dardos y flechas de muerte, 19 así es el

hombre que defrauda a su amigo y dice: “¿Acaso no estaba yo bromeando?”

20 Sin leña se apaga el fuego; y donde no hay chismoso, cesa la contienda. 21 El

carbón es para las brasas, la leña para el fuego, y el hombre rencilloso para

provocar peleas. 22 Las palabras del chismoso parecen suaves, pero penetran hasta

lo recóndito del ser.

23 Como escorias de plata arrojadas sobre un tiesto, son los labios enardecidos

y el corazón vil.

24 El que aborrece disimula con sus labios, pero en su interior trama el fraude.

25 Cuando hable amigablemente, no le creas; porque siete abominaciones hay en su

corazón. 26 Aunque con engaño encubra su odio, su maldad será descubierta en la

congregación.

27 El que cava fosa caerá en ella; y al que hace rodar una piedra, ésta le vendrá

encima.

28 La lengua mentirosa atormenta a su víctima, y la boca lisonjera causa la ruina.

Capítulo 27

1 No te jactes del día de mañana, porque no sabes qué dará de sí el día.

2 Que te alabe el extraño, y no tu propia boca; el ajeno, y no tus propios labios.

3 Pesada es la piedra; también la arena pesa. Pero el enojo del insensato es más

pesado que ambas. 4 Cruel es la ira e impetuoso el furor; pero, ¿quién podrá

mantenerse en pie delante de los celos?

5 Mejor es la reprensión manifiesta que el amor oculto. 6 Fieles son las heridas

que causa el que ama, pero engañosos son los besos del que aborrece.

7 La persona saciada desprecia el panal, pero para la hambrienta todo lo amargo

es dulce.

8 Como el ave que vaga lejos de su nido, así es el hombre que vaga lejos de su

lugar.

9 El aceite y el perfume alegran el corazón; y la dulzura de un amigo, más que el

consejo del alma. 10 No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre, y no vayas a

la casa de tu hermano en el día de tu infortunio; pues es mejor el vecino cerca que el

hermano lejos.

11 Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón; así tendré qué responder al que me

ultraja.

12 El prudente ve el mal y se esconde, pero los ingenuos pasan y reciben el

daño.

13 Quítale su ropa al que salió fiador del extraño, y tómale prenda al que se fía

de la mujer ajena.

14 Al que bendice a su prójimo en alta voz, madrugando de mañana, se le

contará por maldición.

15 Gotera continua en un día de lluvia y mujer rencillosa son semejantes;

16 sujetarla es sujetar al viento, o al aceite en la mano derecha.

17 El hierro con hierro se afila, y el hombre afina el semblante de su amigo.

18 El que cuida de su higuera comerá de su fruto, y el que atiende a su señor

logrará honra.

19 Como el agua refleja la cara, así el corazón del hombre refleja al hombre.

20 El Seol y el Abadón nunca se sacian; así nunca se sacian los ojos del hombre.

21 El crisol prueba la plata, la hornaza el oro; y al hombre, la boca del que lo

alaba.

22 Aunque machaques al insensato con el pisón de un mortero en medio del

grano, no se apartará de su insensatez.

23 Considera atentamente el estado de tu ganado; presta atención a tus rebaños.

24 Porque las riquezas no duran para siempre, ni se transmite una corona de

generación en generación. 25 Saldrá la grama, aparecerá la hierba, y serán recogidas

las plantas de las colinas. 26 Los corderos proveerán para tu vestido, y los machos

cabríos para el precio del campo. 27 La abundancia de la leche de las cabras será

para tu sustento y para el sustento de tu casa y de tus criadas.

Capítulo 28

1 Huye el impío sin que nadie lo persiga, pero los justos están confiados como un

león.

2 Por la rebelión del país se multiplican sus gobernantes, pero por el hombre de

entendimiento y de inteligencia permanecerá.

3 El hombre pobre que oprime a los más débiles es como lluvia torrencial que

deja sin pan.

4 Los que abandonan la ley alaban a los impíos, pero los que guardan la ley

contenderán con ellos.

5 Los hombres malos no entienden el derecho, pero los que buscan a Jehovah lo

entienden todo.

6 Mejor es el pobre que camina en su integridad que el de caminos torcidos,

aunque sea rico.

7 El que guarda la ley es hijo inteligente, pero el que se junta con glotones

avergüenza a su padre.

8 El que aumenta sus riquezas con usura e intereses acumula para el que se

compadece de los pobres.

9 El que aparta su oído para no oír la ley, aun su oración es abominable.

10 El que hace errar a los rectos por el mal camino, él caerá en su propia fosa;

pero los íntegros heredarán el bien.

11 El hombre rico es sabio en su propia opinión, pero el pobre que es inteligente

lo escudriña.

12 Cuando triunfan los justos, grande es la gloria; pero cuando se levantan los

impíos, se esconden los hombres.

13 El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y los

abandona alcanzará misericordia.

14 Bienaventurado el hombre que siempre teme, pero el que endurece su

corazón caerá en el mal.

15 León rugiente y oso que embiste es el gobernante impío sobre el pueblo

empobrecido.

16 El gobernante falto de entendimiento aumenta la extorsión, pero el que

aborrece las ganancias deshonestas alargará sus días.

17 El hombre que carga con un delito de sangre huirá hasta la fosa, y nadie lo

detendrá.

18 El que camina en integridad será salvo, pero el de caminos torcidos caerá en

una fosa.

19 El que cultiva su tierra se saciará de pan, pero el que persigue cosas vanas se

saciará de pobreza.

20 El hombre fiel tendrá muchas bendiciones, pero el que se apresura a

enriquecerse no quedará impune.

21 No es bueno hacer distinción de personas, pues un hombre puede delinquir

hasta por un bocado de pan.

22 El hombre de malas intenciones se apresura a enriquecerse, y no sabe que le

ha de venir escasez.

23 El que reprende al hombre hallará después mayor gracia que el que le lisonjea

con la lengua.

24 El que roba a su padre y a su madre, y dice que no es maldad, es compañero

del destructor.

25 El de ánimo altivo suscita contiendas, pero el que confía en Jehovah

prosperará.

26 El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que camina en

sabiduría estará a salvo.

27 Al que da al pobre no le faltará, pero el que cierra ante él sus ojos tendrá

muchas maldiciones.

28 Cuando se levantan los impíos, se ocultan los hombres; pero cuando perecen,

los justos se engrandecen.

Capítulo 29

1 El hombre que al ser reprendido endurece la cerviz, de repente será

quebrantado, y para él no habrá remedio.

2 Cuando los justos aumentan, el pueblo se alegra; pero cuando gobierna el

impío, el pueblo gime.

3 El hombre que ama la sabiduría alegra a su padre, pero el que se junta con

prostitutas malgasta sus bienes.

4 El rey con la justicia da estabilidad al país, pero el que lo abruma con

impuestos lo destruye.

5 El hombre que lisonjea a su prójimo le tiende red ante sus pasos.

6 El hombre malo cae en la trampa de su propia transgresión, pero el justo

cantará y se alegrará.

7 El justo se preocupa por la causa de los más necesitados, pero el impío no

entiende tal preocupación.

8 Los burladores agitan la ciudad, pero los sabios aplacan la ira.

9 Si el sabio pleitea con el necio, aunque se enoje o se ría, no tendrá reposo.

10 Los hombres sanguinarios aborrecen al íntegro, pero los rectos buscan su

bien.

11 El necio da rienda suelta a toda su ira, pero el sabio conteniéndose la

apacigua.

12 Si el gobernante atiende a palabras mentirosas, todos sus servidores serán

unos impíos.

13 El pobre y el opresor tienen esto en común: A ambos Jehovah les alumbra los

ojos.

14 El rey que juzga a los pobres según la verdad afirma su trono para siempre.

15 La vara y la corrección dan sabiduría, pero el muchacho dejado por su cuenta

avergüenza a su madre.

16 Cuando abundan los impíos, abunda la transgresión; pero los justos verán la

ruina de ellos.

17 Corrige a tu hijo, y te dará reposo; él dará satisfacciones a tu alma.

18 Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena; pero el que guarda la ley es

bienaventurado.

19 El siervo no se corrige sólo con palabras; porque entiende, pero no hace

caso.

20 ¿Has visto a un hombre apresurado en sus palabras? Más esperanza hay del

necio que de él.

21 El que mima a su siervo desde la niñez, a la postre, éste será su heredero.

22 El hombre iracundo suscita contiendas, y el furioso comete muchas

transgresiones.

23 La soberbia del hombre lo abate, pero al humilde de espíritu le sustenta la

honra.

24 El cómplice del ladrón aborrece su vida; aunque oiga las maldiciones, no lo

denunciará.

25 El temor al hombre pone trampas, pero el que confía en Jehovah estará a

salvo.

26 Muchos buscan el favor del gobernante, pero de Jehovah proviene el derecho

de cada uno.

27 Abominación es a los justos el hombre inicuo, y el de caminos rectos es

abominación al impío.

Capítulo 30

1 Las palabras de Agur hijo de Jaqué, de Masá: El hombre dice: “No hay Dios;

no hay Dios.” ¿Y acaso podré yo saber? 2 Ciertamente yo soy el más ignorante de

los hombres y no tengo entendimiento humano. 3 No he aprendido sabiduría para

conocer al Santo. 4 ¿Quién ha subido al cielo y ha descendido? ¿Quién reunió los

vientos en sus puños? ¿Quién contuvo las aguas en un manto? ¿Quién levantó todos

los extremos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si lo sabes?

5 Probada es toda palabra de Dios; él es escudo a los que en él se refugian.

6 No añadas a sus palabras, no sea que te reprenda, y seas hallado mentiroso.

7 Dos cosas te he pedido; no me las niegues antes que muera: 8 Vanidad y

palabra mentirosa aparta de mí, y no me des pobreza ni riqueza. Sólo dame mi pan

cotidiano; 9 no sea que me sacie y te niegue, o diga: “¿Quién es Jehovah?” No sea

que me empobrezca y robe, y profane el nombre de mi Dios.

10 No difames al siervo ante su señor; no sea que te maldiga, y seas hallado

culpable. 11 Hay generación que maldice a su padre y no bendice a su madre. 12 Hay

generación limpia en su propia opinión, a pesar de que no ha sido lavada de su

inmundicia. 13 Hay generación cuyos ojos son altivos y cuya vista es altanera. 14 Hay

generación cuyos dientes son espadas y cuyas mandíbulas son cuchillos, para

devorar a los pobres de la tierra y a los necesitados de entre los hombres.

15 La sanguijuela tiene dos hijas: Dame y Dame. 16 Tres cosas hay que nunca se

sacian, y la cuarta nunca dice: “¡Basta!” El Seol, la matriz estéril, la tierra que no se

sacia de agua y el fuego que jamás dice: “¡Basta!” 17 Al ojo que se burla de su padre

y menosprecia el obedecer a su madre, sáquenlo los cuervos de la quebrada, y

tráguenlo los polluelos del águila.

18 Tres cosas me son misteriosas, y tampoco comprendo la cuarta: 19 el rastro

del águila en el aire, el rastro de la serpiente sobre la peña, el rastro del barco en el

corazón del mar y el rastro del hombre en la joven. 20 La mujer adúltera procede así:

Come, limpia su boca y dice: “No he hecho ninguna iniquidad.” 21 Por tres cosas

tiembla la tierra, y la cuarta no puede soportar: 22 por el esclavo, cuando llega a ser

rey; por el vil, cuando se sacia de pan; 23 por la mujer aborrecida, cuando se casa; y

por una criada que hereda a su señora.

24 Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, y las mismas son más

sabias que los sabios: 25 las hormigas, pueblo no fuerte, pero en el verano preparan

su comida; 26 los conejos, pueblo no poderoso, pero tienen su casa en la roca; 27 las

langostas, que no tienen rey, pero salen por cuadrillas; 28 y la lagartija, que atrapas

con las manos, pero está en los palacios del rey.

29 Hay tres cosas de paso gallardo; y la cuarta camina muy bien: 30 el león, fuerte

entre todos los animales, que no vuelve atrás por nada; 31 el gallo erguido, el macho

cabrío; y el rey, a quien nadie resiste. 32 Si neciamente te has enaltecido y has

pensado el mal, pon tu mano sobre tu boca: 33 Ciertamente el que bate la leche

sacará mantequilla; el que con fuerza se suena la nariz sacará sangre, y el que

provoca la ira causará contienda.

Capítulo 31

1 Palabras de Lemuel, rey de Masá, que le enseñara su madre: 2 ¡Oh, hijo mío!

¡Oh, hijo de mi vientre! ¡Oh, hijo de mis votos! 3 No des a las mujeres tu fuerza, ni

tus caminos a las que destruyen a los reyes. 4 No es cosa de reyes, oh Lemuel, no es

cosa de reyes beber vino; ni de los magistrados, el licor. 5 No sea que bebiendo

olviden lo que se ha decretado y perviertan el derecho de todos los afligidos. 6 Dad

licor al que va a perecer, y vino a los de ánimo amargado. 7 Beban y olvídense de su

necesidad, y no se acuerden más de su miseria. 8 Abre tu boca por el mudo en el

juicio de todos los desafortunados. 9 Abre tu boca, juzga con justicia y defiende al

pobre y al necesitado.

10 Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su valor sobrepasa a las perlas.

11 Confía en ella el corazón de su marido, y no carecerá de ganancias. 12 Le

recompensará con bien y no con mal, todos los días de su vida. 13 Busca lana y lino

y con gusto teje con sus manos. 14 Es como un barco mercante que trae su pan de

lejos. 15 Se levanta siendo aún de noche, y da de comer a su familia y su diaria

ración a sus criadas. 16 Evalúa un campo y lo compra, y con sus propias manos

planta una viña. 17 Ciñe su cintura con firmeza y esfuerza sus brazos. 18 Comprueba

que le va bien en el negocio, y no se apaga su lámpara en la noche. 19 Su mano

aplica a la rueca, y sus dedos toman el huso. 20 Sus manos extiende al pobre y tiende

sus manos al necesitado. 21 No teme por su familia a causa de la nieve, porque toda

su familia está vestida de ropa doble. 22 Tapices hace para sí, y se viste de lino fino y

púrpura. 23 Es conocido su marido en las puertas de la ciudad, cuando se sienta con

los ancianos del país. 24 Telas hace y las vende; entrega cintas al mercader. 25 Fuerza

y honor son su vestidura, y se ríe de lo porvenir. 26 Su boca abre con sabiduría, y la

ley de la misericordia está en su lengua. 27 Considera la marcha de su casa y no

come pan de ociosidad. 28 Se levantan sus hijos y le llaman: “Bienaventurada.” Y su

marido también la alaba: 29 Muchas mujeres han hecho el bien, pero tú sobrepasas

a todas.” 30 Engañosa es la gracia y vana es la hermosura; la mujer que teme a

Jehovah, ella será alabada. 31 ¡Dadle del fruto de sus manos, y en las puertas de la

ciudad alábenla sus hechos!

Volver al Menú de la Biblia