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ZACARÍAS
Capítulo 1
1 En el mes octavo del segundo año de Darío, vino la palabra de Jehovah al
profeta Zacarías hijo de Berequías, hijo de Ido, diciendo: 2 “Jehovah se enojó en
gran manera contra vuestros padres. 3 Pero diles que así ha dicho Jehovah de los
Ejércitos: ‘Volveos a mí, ha dicho Jehovah de los Ejércitos, y yo me volveré a
vosotros’, ha dicho Jehovah de los Ejércitos. 4 No seáis como vuestros padres, a
quienes los antiguos profetas proclamaron diciendo que así ha dicho Jehovah de los
Ejércitos: ‘Volveos de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras’; pero no
me escucharon ni me atendieron, dice Jehovah. 5 Vuestros padres, ¿dónde están? Y
los profetas, ¿han de vivir para siempre? 6 Pero mis palabras y mis leyes que
encomendé a mis siervos los profetas, ¿acaso no alcanzaron a vuestros padres? Por
eso ellos se volvieron y dijeron: ‘Como Jehovah de los Ejércitos se propuso hacernos,
conforme a nuestros caminos y conforme a nuestras obras, así hizo con nosotros.’”
7 En el día 24 del mes undécimo, el mes de Sebat, del segundo año de Darío,
vino la palabra de Jehovah al profeta Zacarías hijo de Berequías, hijo de Ido, de
esta manera: 8 Tuve una visión de noche, y he aquí un hombre montado sobre un
caballo rojo que estaba entre los mirtos que había en una cañada. Detrás de él había
caballos rojos, bayos y blancos. 9 Entonces pregunté: — ¿Qué son éstos, señor
mío? Me dijo el ángel que hablaba conmigo: — Yo te mostraré qué son éstos. 10 Y
el hombre que estaba entre los mirtos respondió diciendo: — Estos son los que
Jehovah ha enviado para recorrer la tierra. 11 Ellos se dirigieron al ángel de Jehovah
que estaba entre los mirtos, y dijeron: — Hemos recorrido la tierra, y he aquí que
toda la tierra está reposada y tranquila. 12 Entonces el ángel de Jehovah se expresó
diciendo: “Oh Jehovah de los Ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás compasión de
Jerusalén y de las ciudades de Judá contra las cuales has estado airado durante
setenta años?” 13 Y Jehovah respondió palabras buenas y palabras de consuelo al
ángel que hablaba conmigo. 14 Entonces me dijo el ángel que me hablaba: —
Proclama diciendo que así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: “Tuve celo por
Jerusalén y gran celo por Sion, 15 y con gran enojo estoy airado contra las naciones
que están reposadas. Pues yo estaba un poco airado, pero ellas agravaron el
desastre. 16 Por tanto, así ha dicho Jehovah, yo me he vuelto hacia Jerusalén
con compasión. En ella será edificada mi casa, dice Jehovah de los Ejércitos, y el
cordel será tendido sobre Jerusalén.” 17 Proclama además diciendo que así ha dicho
Jehovah de los Ejércitos: “De nuevo se desbordarán mis ciudades por la abundancia
del bien; de nuevo consolará Jehovah a Sion y escogerá a Jerusalén.”
18 Después alcé mis ojos y miré, y he aquí cuatro cuernos. 19 Pregunté al ángel
que hablaba conmigo: — ¿Qué son éstos? Y me respondió: — Estos son los
cuernos que dispersaron a Judá, a Israel y a Jerusalén. 20 En seguida me mostró
cuatro herreros. 21 Y yo pregunté: — ¿Qué vienen a hacer éstos? Y me respondió:
— Aquéllos eran los cuernos que dispersaron a Judá, de tal manera que ninguno
pudo levantar su cabeza. Pero éstos han venido para hacerlos temblar, para derribar
los cuernos de las naciones que alzaron el cuerno contra la tierra de Judá, para
dispersarla.
Capítulo 2
1 Después alcé mis ojos y miré, y he aquí un hombre que tenía en su mano una
cuerda de medir. 2 Le pregunté: — ¿A dónde vas? Y él me respondió: — A medir a
Jerusalén, para ver cuál es su ancho y cuál es su largo. 3 Y he aquí, cuando salía el
ángel que hablaba conmigo, otro ángel le salió al encuentro 4 y le dijo: — Corre y di
a ese joven: “Jerusalén será habitada sin muros a causa de la multitud de la gente y
del ganado que habrá en medio de ella. 5 Y yo seré para ella un muro de fuego
alrededor y estaré en medio de ella como su Gloria, dice Jehovah.
6 ¡Ea, ea! Huid de la tierra del norte, dice Jehovah, pues que os esparcí por los
cuatro vientos de los cielos, dice Jehovah. 7 ¡Ea, Sion! Escápate tú que habitas con
la hija de Babilonia.” 8 Porque así ha dicho Jehovah de los Ejércitos, después que la
Gloria me enviara a las naciones que os despojaron (porque el que os toca, toca la
niña de su ojo): 9 “ Porque he aquí, alzo mi mano sobre ellos, y serán botín para los
que fueron sus esclavos.” Así sabréis que Jehovah de los Ejércitos me ha enviado.
10 “ ¡Canta y alégrate, oh hija de Sion, porque he aquí que vengo, y habitaré en
medio de ti!, dice Jehovah. 11 En aquel día se unirán a Jehovah muchas naciones, y
serán mi pueblo. Y habitaré en medio de ti.” Entonces conoceréis que Jehovah de
los Ejércitos me ha enviado a ti. 12 Jehovah poseerá a Judá como su heredad en la
tierra santa, y de nuevo escogerá a Jerusalén. 13 ¡Calle todo mortal delante de
Jehovah, porque él se ha despertado en su santa morada!
Capítulo 3
1 Después me mostró a Josué, el sumo sacerdote, el cual estaba delante del
ángel de Jehovah; y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. 2 Jehovah dijo
a Satanás: — Jehovah te reprenda, oh Satanás. Jehovah, quien ha escogido a
Jerusalén, te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del fuego? 3 Josué estaba
delante del ángel, vestido con vestiduras sucias. 4 Entonces el ángel habló y ordenó a
los que estaban delante de él, diciendo: — Quitadle esas vestiduras sucias. — Y a
Josué dijo — : Mira que he quitado de ti tu iniquidad y te visto con ropa de gala. 5
— También dijo — : Pongan sobre su cabeza un turbante limpio. Pusieron un
turbante limpio sobre su cabeza y le vistieron con sus vestiduras. El ángel de Jehovah
estaba de pie. 6 Y el ángel de Jehovah advirtió a Josué diciendo: 7 — Así ha dicho
Jehovah de los Ejércitos: “Si andas en mis caminos y guardas mi ordenanza, tú
también gobernarás mi casa y guardarás mis atrios; y yo te daré libre acceso entre
éstos que están de pie.
8 Escucha, pues, oh Josué, sumo sacerdote; tú, y tus amigos que se sientan
delante de ti, puesto que son hombres de carácter simbólico: He aquí yo traigo a mi
siervo, el Retoño. 9 Porque he aquí que yo mismo grabaré aquella piedra que he
puesto delante de Josué (sobre esta única piedra hay siete ojos), dice Jehovah de los
Ejércitos, y quitaré la iniquidad de la tierra en un solo día. 10 En aquel día, dice
Jehovah de los Ejércitos, cada uno de vosotros invitará a su amigo para estar debajo
de su vid y debajo de su higuera.”
Capítulo 4
1 El ángel que hablaba conmigo volvió y me despertó, como a un hombre que es
despertado de su sueño. 2 Y me preguntó: — ¿Qué ves? Yo respondí: — He aquí,
veo un candelabro hecho todo de oro, con un depósito encima, y en la parte
superior del candelabro están sus siete lámparas con sus siete conductos para las
mechas. 3 Sobre él hay dos olivos, uno a la derecha del depósito, y otro a su
izquierda. 4 — Proseguí y pregunté al ángel que hablaba conmigo — : ¿Qué son
éstos, señor mío? 5 Y el ángel que hablaba conmigo me respondió: — ¿No sabes
qué son éstos? Yo dije: — No, señor mío. 6 Entonces me explicó diciendo: — Esta
es la palabra de Jehovah para Zorobabel: “No con ejército, ni con fuerza, sino con
mi Espíritu, ha dicho Jehovah de los Ejércitos. 7 ¿Quién eres tú, oh gran montaña?
¡Delante de Zorobabel serás aplanada! El sacará la piedra principal con
aclamaciones de ‘¡Qué hermosa, qué hermosa!’” 8 Entonces vino a mí la palabra de
Jehovah diciendo: 9 “Las manos de Zorobabel pusieron los cimientos de este templo,
y sus mismas manos lo terminarán.” Así conoceréis que Jehovah de los Ejércitos me
ha enviado a vosotros. 10 ¿Quién despreció el día de las pequeñeces? ¡Se alegrarán
al ver la plomada en la mano de Zorobabel! (Aquellos siete ojos son los de Jehovah,
que recorren toda la tierra.)
11 Y le hablé diciendo: — ¿Qué significan estos dos olivos a la derecha y a la
izquierda del candelabro? 12 — Hablé de nuevo y le pregunté — : ¿Qué significan
las dos ramas de olivo que están al lado de los tubos de oro y que vierten de sí
aceite como oro? 13 Me respondió: — ¿No sabes qué son éstos? Yo dije: — No,
señor mío. 14 Y él dijo: — Estos son los dos que fueron ungidos con aceite y que
están delante del Señor de toda la tierra.
Capítulo 5
1 Volví a alzar mis ojos y miré. Y he aquí un rollo que volaba. 2 El me preguntó:
— ¿Qué ves? Yo respondí: — Veo un rollo que vuela, de 20 codos de largo por 10
codos de ancho. 3 Entonces me dijo: — Esta es la maldición que sale sobre la faz de
toda la tierra; porque todo aquel que roba (según consta en este lado del rollo) será
excluido de acuerdo con ella; y todo el que jura en vano (según consta en el otro
lado del rollo), será excluido de acuerdo con ella. 4 Dice Jehovah de los Ejércitos:
“Yo la he hecho aparecer, y entrará en la casa del ladrón y en la casa del que jura
falsamente en mi nombre. Permanecerá en medio de su casa y la consumirá junto
con su madera y sus piedras.”
5 Salió aquel ángel que hablaba conmigo y me dijo: — Por favor, alza tus ojos y
mira lo que aparece. 6 Pregunté: — ¿Qué es eso? Y él dijo: — Lo que aparece es
una caja de efa. — Dijo además — : Esta es la iniquidad de ellos en toda la tierra.
7 He aquí que se levantó la tapa de plomo, y había una mujer sentada dentro de la
caja. 8 Y él dijo: — Esta es la Maldad. Entonces la arrojó dentro de la caja y arrojó
la tapa de plomo sobre la abertura. 9 Alcé mis ojos y miré; y he aquí que aparecieron
dos mujeres con viento en sus alas, pues tenían alas como de cigüeña. Ellas
levantaron la caja entre la tierra y el cielo. 10 Yo pregunté al ángel que hablaba
conmigo: — ¿A dónde llevan la caja? 11 Y él me respondió: — A edificarle casa en
la tierra de Sinar. Y cuando esté lista, será puesta allá, en su lugar.
Capítulo 6
1 Volví a alzar mis ojos y miré. Y he aquí cuatro carros que salían de entre dos
montes. Aquellos montes eran de bronce. 2 En el primer carro había caballos rojos,
en el segundo carro caballos negros, 3 en el tercer carro caballos blancos y en el
cuarto carro caballos moteados y bayos. 4 Entonces pregunté al ángel que hablaba
conmigo: — Señor mío, ¿qué son éstos? 5 Y el ángel me respondió diciendo: —
Estos son los cuatro vientos de los cielos, que salen desde donde están, delante del
Señor de toda la tierra. 6 Los caballos negros uncidos al carro salen hacia la tierra
del norte; los blancos salen hacia el occidente; los moteados salen hacia la tierra del
sur, 7 y los bayos salen e intentan recorrer la tierra. — Entonces dijo — : ¡Id,
recorred la tierra! Y recorrieron la tierra. 8 Luego me llamó y me habló diciendo: —
Mira, los que salen hacia la tierra del norte han aplacado mi Espíritu en la tierra del
norte.
9 La palabra de Jehovah vino a mí diciendo: 10 “Tomarás una ofrenda de los del
cautiverio: de Heldai, de Tobías y de Jedaías, que han venido de Babilonia; y el
mismo día irás a la casa de Josías hijo de Sofonías. 11 Tomarás la plata y el oro, y
harás una corona. La pondrás sobre la cabeza del sumo sacerdote Josué hijo de
Josadac. 12 Y le hablarás diciendo que así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: ‘¡He
aquí el hombre cuyo nombre es el Retoño brotará de su lugar y edificará el templo
de Jehovah! 13 El edificará el templo de Jehovah. Tendrá gloria, se sentará en su
trono y gobernará. Habrá un sacerdote junto a su trono, y habrá consejo de paz
entre ambos.’” 14 Heldai, Tobías, Jedaías y el hijo de Sofonías tendrán coronas para
gracia y memorial en el templo de Jehovah. 15 Y los que están lejos vendrán y
edificarán el templo de Jehovah. Así conoceréis que Jehovah de los Ejércitos me ha
enviado a vosotros. Esto sucederá si escucháis atentamente la voz de Jehovah,
vuestro Dios.
Capítulo 7
1 Aconteció que en el cuarto día del mes noveno, es decir, en Quislev, del cuarto
año del rey Darío, vino la palabra de Jehovah a Zacarías. 2 Entonces enviaron a
Sarezer, a Reguem-melec y a sus hombres a la casa de Dios para implorar el favor
de Jehovah, 3 y para hablar con los sacerdotes que estaban en la casa de Jehovah
de los Ejércitos y con los profetas, a fin de preguntarles: “¿Debo hacer duelo en el
mes quinto y ayunar, como he hecho desde hace algunos años?” 4 Entonces vino a
mí la palabra de Jehovah de los Ejércitos, diciendo: 5 “ Habla a todo el pueblo de la
tierra y a los sacerdotes, diciendo: ‘Cuando ayunabais y hacíais duelo en los meses
quinto y séptimo durante estos setenta años, ¿acaso ayunabais para mí? 6 Y cuando
coméis y bebéis, ¿acaso no coméis y bebéis para vosotros mismos? 7 ¿No son éstas
las palabras que ha dado a conocer Jehovah por medio de los antiguos profetas,
cuando Jerusalén estaba habitada y en paz, y estaban habitadas las ciudades en sus
alrededores, y en el Néguev y en la Sefela?”
8 Vino la palabra de Jehovah a Zacarías, diciendo: 9 “Así ha dicho Jehovah de
los Ejércitos: ‘Juzgad conforme a la verdad; practicad la bondad y la misericordia,
cada uno con su hermano. 10 No extorsionéis a la viuda, al huérfano, al extranjero y
al pobre; ni ninguno piense en su corazón el mal contra su hermano.’ 11 Pero no
quisieron escuchar. Más bien, se encogieron de hombros rebeldemente y taparon
sus oídos para no oír. 12 Y endurecieron su corazón como un diamante para no oír la
ley ni las palabras que Jehovah de los Ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio
de los antiguos profetas. Por tanto, se desencadenó la gran ira de Jehovah de los
Ejércitos. 13 Aconteció que como llamé y ellos no escucharon, así ellos llamaron y yo
no escuché, dice Jehovah de los Ejércitos. 14 Más bien, los esparcí con vendaval por
todas las naciones que no conocían, y tras ellos la tierra fue desolada hasta no
quedar quien fuese ni viniese. Así convirtieron la tierra de las delicias en desolación.”
Capítulo 8
1 Vino a mí la palabra de Jehovah de los Ejércitos, diciendo: 2 “ Así ha dicho
Jehovah de los Ejércitos: ‘Yo tuve un gran celo por Sion; con gran enojo tuve celo
por ella.’ 3 Así ha dicho Jehovah: ‘Yo he vuelto a Sion y habitaré en medio de
Jerusalén. Jerusalén se llamará Ciudad de Verdad, y el monte de Jehovah de los
Ejércitos, Monte de Santidad.’ 4 Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: ‘Aún han de
sentarse los ancianos y las ancianas en las plazas de Jerusalén, cada uno con un
bastón en la mano por el gran número de sus días. 5 Y las calles de la ciudad estarán
repletas de niños y niñas jugando en ellas.’ 6 Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos:
‘Si esto parece milagroso ante los ojos del remanente de este pueblo en estos días,
¿habrá de ser también milagroso en mis ojos?’, dice Jehovah de los Ejércitos. 7 “Así
ha dicho Jehovah de los Ejércitos: ‘He aquí, yo salvaré a mi pueblo de la tierra del
oriente y de la tierra del poniente. 8 Los traeré, y habitarán en medio de Jerusalén.
Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios, en fidelidad y en justicia.’
9 Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: ‘Esfuércense vuestras manos, vosotros
que en estos días oís estas palabras de la boca de los profetas, desde el día en que
fueron puestos los cimientos de la casa de Jehovah de los Ejércitos para reedificarla.
10 Porque antes de estos días no había recompensa para el hombre, ni había
recompensa para el ganado, y a causa del enemigo no había paz para el que entraba
ni para el que salía. Yo arrojé a todo hombre, cada uno contra su prójimo. 11 Pero
ahora no haré esto con el remanente de este pueblo como en aquellos días pasados,
dice Jehovah de los Ejércitos. 12 Porque su semilla será paz; la vid dará su fruto, la
tierra su producto y los cielos su rocío. Y haré que el remanente de este pueblo
posea todo esto. 13 Sucederá que como fuisteis maldición entre las naciones, oh casa
de Judá y casa de Israel, así os libraré, y seréis bendición. No temáis; más bien,
esfuércense vuestras manos.’ 14 “ Porque así ha dicho Jehovah de los Ejércitos:
‘Como pensé haceros mal cuando vuestros padres me provocaron a ira, y no
cambié de parecer, ha dicho Jehovah de los Ejércitos, 15 así ahora he pensado
hacerle bien a Jerusalén y a la casa de Judá en estos días. No temáis. 16 Estas son
las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo. Juzgad en
vuestros tribunales con juicio de paz. 17 Ninguno de vosotros piense en su corazón el
mal contra su prójimo. No améis el falso juramento, porque yo aborrezco todas
estas cosas’”, dice Jehovah.
18 Entonces vino a mí la palabra de Jehovah de los Ejércitos, diciendo: 19 “ Así ha
dicho Jehovah de los Ejércitos: ‘Los ayunos del mes cuarto, del quinto, del séptimo
y del décimo serán convertidos en ocasiones de gozo, alegría y buenas festividades
para la casa de Judá. Amad, pues, la verdad y la paz.’” 20 Así ha dicho Jehovah de
los Ejércitos: “Aún vendrán gentes y habitantes de muchas ciudades. 21 Los
habitantes de una ciudad irán a otra y dirán: ‘¡Vayamos a implorar el favor de
Jehovah, a buscar a Jehovah de los Ejércitos! ¡Yo también voy!’ 22 Y vendrán
muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehovah de los Ejércitos en Jerusalén,
para implorar el favor de Jehovah. 23 Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos:
Acontecerá en aquellos días que diez hombres de las naciones de todos los idiomas
se asirán del manto de un judío y le dirán: ‘¡Dejadnos ir con vosotros, porque hemos
oído que Dios está con vosotros!’”
Capítulo 9
1 Profecía: La palabra de Jehovah contra la tierra de Hadrac y Damasco, el lugar
de su reposo. Porque a Jehovah pertenecen el ojo del hombre y todas las tribus de
Israel; 2 también Hamat, que colinda con ella; y Tiro y Sidón, aunque se hayan hecho
muy sabias. 3 Tiro se edificó una fortaleza y acumuló plata como el polvo, y oro
como el lodo de las calles. 4 Pero he aquí que el Señor se apoderará de ella y
destruirá en el mar su poderío, y ella será consumida con fuego. 5 “ Ascalón lo verá y
temerá. Gaza también temblará en gran manera; lo mismo Ecrón, porque su
esperanza ha sido avergonzada. Dejará de haber rey en Gaza, y Ascalón no será
habitada. 6 En Asdod se sentará un bastardo, y destruiré la soberbia de los filisteos.
7 Apartaré la sangre de su boca y las abominaciones de sus dientes. El será también
convertido en un remanente para nuestro Dios, y será como una familia más en Judá.
Y Ecrón será como el jebuseo. 8 Yo defenderé mi casa del que acampa, del que
pasa y del que vuelve. El opresor no pasará más sobre ellos, porque ahora yo vigilo
por ella con mis propios ojos.”
9 ¡Alégrate mucho, oh hija de Sion! ¡Da voces de júbilo, oh hija de Jerusalén!
He aquí, tu rey viene a ti, justo y victorioso, humilde y montado sobre un asno, sobre
un borriquillo, hijo de asna. 10 “ Destruiré los carros de Efraín y los caballos de
Jerusalén. También serán destruidos los arcos de guerra, y él hablará de paz a las
naciones. Su dominio será de mar a mar y desde el Río hasta los confines de la
tierra. 11 Y a ti también, por la sangre de tu pacto libertaré a tus prisioneros de la
cisterna sin agua.
12 Volveos a la fortaleza, oh prisioneros llenos de esperanza. También hoy os
anuncio que os restituiré el doble. 13 Pues he preparado a Judá como mi arco; lo he
cargado con Efraín como flecha. E incitaré a tus hijos, oh Sion, contra tus hijos, oh
Grecia; y te blandiré como espada de valiente.” 14 Jehovah será visto sobre ellos, y
su flecha saldrá como relámpago. El Señor Jehovah tocará la corneta y avanzará con
los torbellinos del sur. 15 Jehovah de los Ejércitos los protegerá, y ellos devorarán y
pisotearán las piedras de la honda. Beberán sangre como si fuera vino, y se llenarán
como un tazón y como los bordes del altar. 16 En aquel día Jehovah su Dios los
salvará; como a rebaño pastoreará a su pueblo. Serán sobre su tierra como piedras
preciosas de una diadema. 17 ¡Cuánta es su bondad, y cuánta su hermosura! El trigo
hará florecer a los jóvenes, y el vino nuevo a las jóvenes.
Capítulo 10
1 ¡Pedid a Jehovah la lluvia de la estación tardía! Jehovah produce relámpagos y
hace llover. El da pan al hombre, y hierba en el campo. 2 Pero los ídolos domésticos
prometen en vano. Los adivinos ven mentiras y refieren sueños falsos; vano es su
consuelo. Por eso el pueblo vaga como ovejas; fue afligido por falta de pastor. 3 “Mi
ira se ha encendido contra los pastores, y castigaré a los machos cabríos. Porque
Jehovah de los Ejércitos visitará con su favor a su rebaño, a la casa de Judá, y los
convertirá en su corcel de honor en la batalla. 4 De él saldrá la piedra angular, de él
la estaca, de él el arco de guerra y de él también el gobernante.
5 Serán como los valientes que en la batalla pisotean al enemigo en el lodo de la
calle. Combatirán, porque Jehovah estará con ellos, y los que montan a caballo
serán avergonzados. 6 “ Porque yo fortaleceré la casa de Judá y libraré la casa de
José. Los haré volver, porque tendré misericordia de ellos. Serán como si no los
hubiera rechazado, porque yo soy Jehovah su Dios que les oiré. 7 Los de Efraín
serán como un héroe, y el corazón de ellos se alegrará como por el vino. Sus hijos
también lo verán y se alegrarán; su corazón se gozará en Jehovah. 8 Les llamaré con
un silbido y los reuniré, porque los he redimido; y serán tan numerosos como lo fueron
antes. 9 Aunque los sembraré entre los pueblos, aun en la lejanía se acordarán de mí;
criarán a sus hijos y regresarán. 10 Porque los haré volver de la tierra de Egipto, y los
recogeré de Asiria. Los traeré a la tierra de Galaad y al Líbano, y no les bastará.
11 Pasarán por el mar de la angustia golpeando sus olas, y se secarán todas las
profundidades del Nilo. La soberbia de Asiria será derribada, y haré cesar el cetro de
Egipto. 12 Les fortaleceré en Jehovah, y caminarán en su nombre”, dice Jehovah.
Capítulo 11
1 ¡Abre tus puertas, oh Líbano, y que el fuego consuma tus cedros! 2 Gime, oh
ciprés, porque ha caído el cedro; porque los poderosos son destruidos. Aullad, oh
encinas de Basán, porque es derribado el bosque impenetrable. 3 Se oye un gemido
de pastores, porque su esplendor es desolado. Se oye el rugido de los cachorros de
león, porque la espesura del Jordán es destruida.
4 Así ha dicho Jehovah mi Dios: “Apacienta las ovejas destinadas al matadero,
5 a las cuales matan los que las compran y no se sienten culpables. El que las vende
piensa: ‘¡Bendito sea Jehovah, porque me he enriquecido!’ Ni sus pastores tienen
lástima de ellas. 6 Por tanto, dice Jehovah, no tendré más compasión de los
habitantes de la tierra. He aquí, yo entregaré a los hombres, cada uno en mano de su
prójimo y en mano de su rey. Así desmenuzarán la tierra, y no los libraré de sus
manos.” 7 Apacenté, pues, las ovejas destinadas al matadero, a cuenta de los
comerciantes de ovejas. Entonces tomé dos cayados; al uno le puse por nombre
Gracia, y al otro, Vínculo. Y apacenté las ovejas. 8 Eliminé a tres pastores en un
mes. Mi alma se impacientó por causa de ellos, y también el alma de ellos se hastió
de mí. 9 Entonces dije: “No os apacentaré más. ¡La que muere, que muera; la que se
descarría, que se descarríe; y las que queden, que devore cada una a su
compañera!” 10 Entonces tomé mi cayado Gracia y lo quebré para anular mi pacto
que hice con todos los pueblos. 11 En aquel día fue anulado; y los que comerciaban
con ovejas y que me observaban, reconocieron que era palabra de Jehovah. 12 Y les
dije: “Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo.” Y pesaron por salario
mío treinta piezas de plata. 13 Entonces Jehovah me dijo: “Echalo al tesoro.
¡Magnífico precio con que me han apreciado!” Yo tomé las treinta piezas de plata y
las eché en el tesoro, en la casa de Jehovah. 14 Y quebré luego mi segundo cayado
Vínculo para romper la fraternidad entre Judá e Israel.
15 Entonces Jehovah me dijo: “Toma además la bolsa de un pastor insensato,
16 porque he aquí yo levanto en la tierra a un pastor que no atenderá a la descarriada,
ni buscará a la perdida, ni curará a la perniquebrada. No mantendrá a la que está en
pie, sino que se comerá la carne de la engordada y romperá sus pezuñas. 17 ¡Ay del
pastor inútil que abandona el rebaño! La espada hiera su brazo y su ojo derecho.
Séquese del todo su brazo, y oscurézcase por completo su ojo derecho.”
Capítulo 12
1 Profecía: La palabra de Jehovah acerca de Israel. Jehovah, que extiende los
cielos, que pone los cimientos de la tierra y forma el espíritu del hombre dentro de
él, dice: 2 “ He aquí, yo haré de Jerusalén una copa de vértigo para todos los pueblos
de alrededor. Pero también será contra Judá durante el asedio contra Jerusalén.
3 Sucederá en aquel día que yo haré de Jerusalén una piedra pesada para todos los
pueblos; todos los que la levanten de hecho quedarán lacerados. Y todas las
naciones de la tierra se juntarán contra ella. 4 “En aquel día golpearé con pánico todo
caballo, y con locura al que cabalga en él, dice Jehovah. Tendré mis ojos abiertos
sobre la casa de Judá, pero heriré con ceguera todo caballo de los pueblos. 5 Y los
gobernantes de Judá dirán en su corazón: ‘¡Los habitantes de Jerusalén tienen fuerza
en su Dios, Jehovah de los Ejércitos!’ 6 En aquel día convertiré a los dirigentes de
Judá en brasero de fuego entre la leña y en tea de fuego entre las gavillas.
Consumirán a derecha y a izquierda a todos los pueblos de alrededor, pero
Jerusalén será habitada otra vez en su mismo lugar. 7 Y Jehovah librará primero las
moradas de Judá, para que la gloria de la casa de David y de los habitantes de
Jerusalén no se engrandezca sobre Judá. 8 “ En aquel día Jehovah defenderá a los
habitantes de Jerusalén. El que sea débil entre ellos, en aquel día será delante de
ellos como David. Y la casa de David será delante de ellos como Dios, como el
ángel de Jehovah.
9 “ En aquel día sucederá que buscaré destruir a todos los pueblos que vengan
contra Jerusalén. 10 Y derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de
Jerusalén un espíritu de gracia y de súplica. Mirarán al que traspasaron y harán duelo
por él con duelo como por hijo único, afligiéndose por él como quien se aflige por un
primogénito. 11 “ En aquel día habrá gran duelo en Jerusalén, como el duelo de
Hadad-rimón, en el valle de Meguido. 12 La tierra lamentará, familia por familia: la
familia de la casa de David aparte, y sus mujeres aparte; la familia de la casa de
Natán aparte, y sus mujeres aparte; 13 la familia de la casa de Leví aparte, y sus
mujeres aparte; la familia de Simei aparte, y sus mujeres aparte. 14 Todas las otras
familias lo harán también, familia por familia, y sus mujeres aparte.
Capítulo 13
1 “ En aquel día habrá un manantial abierto para la casa de David y para los
habitantes de Jerusalén, a fin de limpiar el pecado y la impureza. 2 “ En aquel día
sucederá que eliminaré de la tierra los nombres de los ídolos, y nunca más vendrán a
la memoria, dice Jehovah de los Ejércitos. Y eliminaré de esta tierra, tanto a los
profetas, como al espíritu de impureza. 3 Sucederá que cuando alguno vuelva a
profetizar, su padre y su madre que lo engendraron le dirán: ‘¡No vivirás, porque has
hablado mentira delante de Jehovah!’ Y cuando profetice, su padre y su madre que
lo engendraron lo traspasarán con lanza. 4 “ En aquel día sucederá que todos los
profetas se avergonzarán de su visión cuando profeticen. Nunca más se vestirán con
manto de pelo para engañar. 5 Y dirá uno de ellos: ‘Yo no soy profeta; soy labrador
de la tierra, pues la tierra es mi ocupación desde mi juventud.’ 6 Le preguntarán:
‘¿Qué heridas son éstas en tus manos?’ Y él responderá: ‘Con ellas fui herido en la
casa de mis amigos.’
7 “¡Levántate, oh espada, contra mi pastor y contra el hombre compañero mío,
dice Jehovah de los Ejércitos. Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas, y volveré
mi mano contra los pequeños. 8 Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehovah, que las
dos partes serán exterminadas en ella, y se perderán; pero una tercera parte quedará
viva en ella. 9 Y meteré a aquel tercio en el fuego; los fundiré como se funde la plata,
y los probaré como se prueba el oro. Ellos invocarán mi nombre, y yo les escucharé.
Yo diré: ‘¡Pueblo mío!’; y él dirá: ‘¡Jehovah es mi Dios!’
Capítulo 14
1 “ He aquí que viene el día de Jehovah, y tus despojos serán repartidos en
medio de ti. 2 Porque yo reuniré a todas las naciones en batalla contra Jerusalén. La
ciudad será tomada, las casas saqueadas y las mujeres violadas. La mitad de la
ciudad irá en cautividad, pero el resto del pueblo no será eliminado de la ciudad.”
3 Entonces saldrá Jehovah y combatirá contra aquellos pueblos, como combatió en
el día de la batalla. 4 En aquel día sus pies se asentarán sobre el monte de los Olivos,
que está frente a Jerusalén, al lado oriental. El monte de los Olivos se partirá por la
mitad, de este a oeste, formando un valle muy grande, pues la mitad del monte se
apartará hacia el norte y la otra mitad hacia el sur. 5 Y el valle de los montes será
rellenado, porque el valle de los montes llegará hasta Azal. Y huiréis como huisteis a
causa del terremoto que hubo en los días de Uzías, rey de Judá. Así vendrá Jehovah
mi Dios, y todos sus santos con él. 6 Acontecerá que en aquel día no habrá luz, ni
frío, ni helada. 7 Será un día único, conocido por Jehovah. No será ni día ni noche;
más bien, sucederá que al tiempo del anochecer habrá luz.
8 Acontecerá también en aquel día que de Jerusalén saldrán aguas vivas. La
mitad de ellas irá hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, tanto
en verano como en invierno. 9 Entonces Jehovah será rey sobre toda la tierra. En
aquel día Jehovah será único, y Unico será su nombre. 10 Toda la tierra se volverá
como llanura desde Geba hasta Rimón, al sur de Jerusalén. Esta será elevada y
habitada en su mismo lugar, desde la puerta de Benjamín hasta el lugar de la puerta
Primera y hasta la puerta de las Esquinas; y desde la torre de Hananeel hasta los
lagares del rey. 11 Habitarán en ella, y no volverá a ocurrir una completa destrucción;
sino que Jerusalén será habitada en seguridad. 12 Esta será la plaga con que Jehovah
golpeará a todos los pueblos que acamparán con sus ejércitos contra Jerusalén:
Hará que se pudra su carne, aun estando ellos sobre sus pies. También sus ojos se
pudrirán en sus cuencas, y su lengua se pudrirá en sus bocas. 13 Acontecerá en
aquel día que se apoderará de ellos un gran pánico de parte de Jehovah. Cada cual
se asirá de la mano de su compañero, y la mano de cada cual se levantará contra la
de su prójimo. 14 También Judá combatirá en Jerusalén. Y serán reunidas las
riquezas de todos los pueblos de alrededor: oro, plata y ropa, en gran abundancia.
15 Semejante será la plaga de los caballos, de los mulos, de los camellos, de los
asnos y de todos los animales que se encuentren en aquellos campamentos.
16 Todos los que queden de los pueblos que hayan subido contra Jerusalén
subirán de año en año para adorar al Rey, Jehovah de los Ejércitos, y para celebrar
la fiesta de los Tabernáculos. 17 Acontecerá que sobre aquellas familias de la tierra
que no suban a Jerusalén para adorar al Rey Jehovah de los Ejércitos, no vendrá la
lluvia. 18 Y si la familia de Egipto no sube ni acude, vendrá sobre ellos la plaga con
que Jehovah golpeará a los pueblos que no suban a celebrar la fiesta de los
Tabernáculos. 19 Tal será el castigo de Egipto y el castigo de todos los pueblos que
no suban a celebrar la fiesta de los Tabernáculos. 20 En aquel día estará grabado
sobre las campanillas de los caballos: “Consagrado a Jehovah.” Las ollas de la casa
de Jehovah serán como los tazones del altar. 21 Toda olla en Jerusalén y en Judá
estará consagrada a Jehovah de los Ejércitos. Todos los que sacrifiquen vendrán, las
tomarán y cocinarán en ellas. Y en aquel día no habrá más mercaderes en la casa de
Jehovah de los Ejércitos.
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